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domingo, 21 de junio de 2020

Cuaderno de notas (CXXXVIII) El muletazo mirando al tendido, por Manolete

Por Manuel Rodríguez Manolete




"Quiero referirme a un pase que practico por mero accidente; en la Plaza Monumental de Barcelona, y para "tapar" un toro que, por designio del sorteo, me había tocado en suerte y que fué protestado ruidosamente desde su salida, quise aportar una nota de emoción que hiciese ver al público -a ese público que siempre tiene razón, pero que algunas veces es injusto en sus apreciaciones- además de mis buenas intenciones, los deseos que tenía de agradarle.

Así pues, observé la arrancada de lejos, y una vez iniciado el movimiento, levanté la vista al tendido, dando lugar a un pase que se ha popularizado y que ahora ejecuto citando, ya desde el primer momento, con la vista alta atento con el oído a la embestida de la res".

(Declaraciones de Manolete recogidas por QUIROGA ABARCA, Manuel en Manolete-El hombre y el torero, Editorial Montañesa, Madrid, 1945, pág. 11)





Nota de LRI: 
Vemos a Manolete en esos muletazos mirando al tendido (un muletazo que estrenó en Barcelona con un toro de Vicente Charro) en una tarde histórica: la de los toros de Coaxamalucan alternando con Pepe Luis Vázquez y Procuna. Las imágenes corresponden a la lidia del cuarto de la tarde, Platino, con el que hizo una de sus mejores faenas en México enloqueciendo al público de la plaza el Toreo como recordábamos hace unos días. 
En esos muletazos mirando al tendido, llama la atención el entusiasmo del empleado de la plaza que se encuentra entre barreras.

lunes, 26 de agosto de 2019

Cuaderno de notas (CXXXVII) La gran tarde de Ureña en Bilbao

Por Barquerito

A toro de terciopelo; toreo aterciopelado. Una versión de Ureña vertical y de brazo suelto muy acorde con los nuevos tiempos que corren

"Los dos toros de mejor nota de la corrida fueron tercero y sexto. Los dos, con el hierro de Vegahermosa y no el de su matriz Jandilla. Licencia textil: el uno fue de terciopelo; el otro, de algodón. Más terciado el tercero que el sexto, el de más serio escaparate de todos. Engatillado el tercero, algo ensillado el sexto, abierto de cuerna, las palas grises, bien afiladas las puntas. Los dos rodaron sin puntilla y se arrastraron sin las orejas (...)

No fueron `protagonistas visibles los toros, sino quien los tuvo delante y se fajó con ellos en muletazos de alto voltaje por su ajuste, y quien los hizo rodar sin puntilla. Paco Ureña, sembrado, entregado, desatado, arropado por tal clamor que cuesta recordar nada parecido en Bilbao. Con un hilo común de fondo –la verticalidad, el encaje sin renuncios, la soltura de brazos-, las dos faenas, celebradas y subrayadas como acontecimientos singulares, fueron bastante distintas. De rango y razón mayores la del toro de terciopelo, de frondosas embestidas. Más aparatosa y hasta teatral la del sexto, de otro nivel, menor categoría (...)"

Barquerito

El Ureña de siempre, muy encajado en un derechazo con mucho mando

miércoles, 14 de agosto de 2019

Cuaderno de notas (CXXXVI) El duelo de los cuñados

Por Antonio M. Romero

Luis Miguel y Ordoñez. Frente a frente


Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez protagonizaron un histórico mano a mano en 1959, que Ernest Hemingway plasmó en uno de sus libros

«Fue una de las mejores corridas que he visto; Luis Miguel y Ordóñez actuaron como si fuese lo más serio de su vida». Así se expresa el escritor estadounidense Ernest Hemingway en su obra 'El verano peligroso' y resume uno de los acontecimientos taurinos más destacados que ha visto La Malagueta en sus 142 años de historia: el mano a mano entre dos de las grandes figuras del toreo, los cuñados Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez. La efeméride tuvo lugar en Málaga el 14 de agosto de 1959.



No fue la única vez que ambos se batieron en duelo sobre la arena de una plaza en aquel año. Antes lo hicieron en Valencia y Zaragoza, donde comenzó un enfrentamiento que luego se repetiría en cosos como los de Ciudad Real y San Sebastián, entre otras plazas. Testigo de excepción de aquella temporada fue Hemingway. Su biógrafo, Andrés Arenas, recordó hace unos años en una charla en Málaga que el escritor «planteó ese verano como una lucha a muerte entre los dos, con una visión para los 'guiris' americanos de que Dominguín y Ordóñez iban a morir en el ruedo para ver quién cogía el número uno. Era una visión un poco de ficción, porque no olvidemos que los dos toreros eran cuñados». Efectivamente, el rondeño se casó con una hermana de Dominguín, Carmen, el 19 de octubre de 1953.

La corrida de Málaga estaba incluida dentro de la feria para el 8 de agosto. Sin embargo, las cogidas que sufrieron Luis Miguel Dominguín, en Valencia, y Antonio Ordóñez, en Palma de Mallorca, obligaron a aplazar el esperado mano a mano. Éste se celebró fuera del ciclo, en una corrida benéfica extraordinaria organizada por la Diputación Provincial.


Ese aplazamiento no hizo más que acrecentar la expectación que ya habían levantado los dos toreros. Fotografías y testimonios de aquella tarde evidencian que en el coso del paseo de Reding, y a pesar del fuerte calor, no cabía un alfiler. Había, incluso, espectadores colgados de las columnas de los pisos superiores de la plaza. Los tendidos numerados se llenaron casi una hora antes del inicio del festejo, que fue a las 18.15 horas. Y mucho antes, las localidades no numeradas. Nadie quería perderse tan magno acontecimiento.




«¡Al fin solos! Al fin hemos visto, solos, a Luis Miguel y Antonio Ordóñez, tras una esperanza que se nos hacía demasiado larga y casi interminable. ¡Al fin solos! Es la palabra que precede a la luna de miel, la nuestra, la de los millares de aficionados, que llenaron ayer tarde el circo de La Malagueta». De esta manera empezaba su crónica Juan de Málaga, histórico crítico taurino de SUR.

Vuelta al ruedo de los dos toreros con el ganadero Juan Pedro Domecq


Hoy cuando se cumplen exactamente 60 años desde aquella inolvidable tarde, no está de más recordarla de la mano de mi amigo Antonio Montilla, en este artículo publicado en el Diario Sur el domingo, 10 junio 2018 en la sección Historias de la Malagueta

domingo, 11 de agosto de 2019

Cuaderno de notas (CXXXV) A Ignacio en su Centenario

Por Pepe Luis Trujillo del Real

Dibujo de Martínez de León de la cogida de Ignacio en Manzanares (publicado en Crónica el 19 de agosto de 1934)

¿Qué tienen en común el Real Betis Balompié con el Guernica de Picasso, con la Argentinita o con Sinrazón, con Rafael Alberti -Verte y no verte- y Pontevedra, el Graff Zeppelin con Juan Belmonte, la Esperanza y Joselito, el Ateneo con Pino Montano, Federico  y Nueva York, la pila bautismal de San Lorenzo o con la localidad manchega Manzanares ...?

Hay un nexo de unión entre todos ellos, un nombre poliédrico que se escribe con letras de oro, y no es otro que el del torero Ignacio Sánchez Mejías. Un nombre cuyo triángulo decora el correspondiente al Presidente n° 12 del Villamarín, alguien del que hay quien dice que si en vez de haber sido español hubiera sido británico o americano su vida hubiera sido llevada a la literatura y seguro que a la gran pantalla y del que en estos días que se cumple el centenario de su alternativa en Valencia.

Sánchez Mejías fue a nivel futbolístico quien puso la simiente a finales de los años 20 y principios de los 30 del gran equipo que obtuvo los laureles del triunfo del balompié de la época, pero también fue el torero valiente y arrollador que tenía una deuda con la tauromaquia, pues muerto Joselito la silla del toreo estaba vacante, y él era el Guardián del Vaticano de la tauromaquia, quien asumió la púrpura traspasada aquella tarde de Talavera ... Pero además Ignacio fue el hombre que destacó en otras facetas, ya fuera la empresarial, la aviación, la deportiva o la literatura.

Hoy 100 años después de su alternativa es de justicia recordar a este genio con aquello de Lorca en su universal llanto ante el héroe muerto -aires de Roma andaluza-, que el granadino supo descubrir, pues tardará mucho en nacer si es que nace un andaluz tan claro, tan rico de aventura, y recordarlo siempre en algo que nunca podremos olvidar en Bético - y como dijo Gerardo Diego- cómo un torero... (porque así es como te quiero, como lo que eres, Ignacio, siempre tú, banderillero.).

Viva siempre el Betis!!!!

Me ha parecido interesante rescatar hoy, cuando se cumplen años de la cogida que le causó la muerte, este artículo de Pepe Luis Trujillo del Real publicado en el magnífico blog "El soberao de Pepe Luís" en marzo de 2019, al cumplirse el centenario de la alternativa del torero.

lunes, 22 de julio de 2019

Cuaderno de notas (CXXXIV) Nosotros los gallistas

Por el Cachetero


El 16 de mayo de 1945, el Ruedo publicaba un artículo sobre Joselito a los 25 años de su muerte firmado por el Cachetero y titulado "Nosotros, los gallistas" y subtitulado "Confesiones de un admirador que no vió a Joselito" algunos de cuyos comentarios que extractamos los suscribimos nosotros con devoto entusiasmo.

Permítaseme confesar inicialmente que la presente tarea es la más difícil que se me presentó en mi corta vida de escritor taurino ¡Ahí es nada confesar un fervor absoluto y una filiación taurina sin vacilaciones, cuando la verdad es que mis cortos años me privaron de ver la majestad torera de Joselito el Gallo!

Nosotros los gallistas -me gusta empezar así y añadirme, sólo por milagro de fe, al gallismo militante- somos así. Somos de los que creemos que la fiesta de los toros aún anda con las tocas de la viudez, que se encendieron como llama de funeral de ébano una tarde en Talavera, veinticinco años hace.

Aquella tarde se perdieron con Joselito muchas cosas que no han vuelto a aparecer por las arenas donde los toros salen a poder con los toreros. Una de ellas el freno sabio, la contraposición que hacía que la revolución que el otro gran torero de la mejor época que conocieron los toros fuese positiva y se cuajase de adiciones. Todo ello era posible porque Belmonte había descubierto genialmente que la teoría de los terrenos taurinos admitía un plus ultra. Pero allí estaba José para que esa adición no se sumase al toreo, restando, al par, sus dimensiones inmutables.

Si la herejía puede recaer sobre el que es más papista que el Papa, la herejía actual del toreo es ser más belmontista que Belmonte. Si fuera posible que éste, con el mejor vigor de sus años y en su mejor "forma" taurina pudiese alternar con los actuales belmontistas, que han elevado la escuela a un punto, quizás, bellísimo, de decadencia, como fruta deliciosa y viciosamente sazonada, podría verse con los ojos de la cara lo que Joselito fué en los toros.

Uno ha encontrado ya la fiesta viuda. Y por eso, el estudio atento del pasado, tan próximo, de la leyenda y del mito taurino de Gallito, señaló el camino sin duda alguna. Uno es gallista desde entonces, y con tal filiación me confieso cuando ahora me preguntan sobre mi simpatía a este o a otro ismo actual. Yo no sé si estoy sólo entre mis coetáneos en tal postura, que a lo mejor me viene por herencia de un abuelo que fué lagartijista y de un padre cuya vida taurina empezó por Guerrita y acabó con Joselito, o si existen gentes en mis circunstancias. No lo sé, sino que grupo ha de formarse y aumentar inexorablemente el grupo de los que creen que la fiesta de los toros ha de salvarse por el gallismo y lo que representa.

Si esto, a los veinticinco años de morir, no sirve como el mejor homenaje a Joselito, no sé cual servirá. Hacer creyentes tras de la muerte, ganar batallas como la que ha de ganarse después de muerto, es privilegio de grandes héroes. Del gran héroe de los toreros que fué Joselito, el mejor torero que pisó los ruedos.




miércoles, 8 de agosto de 2018

Cuaderno de notas (CXXXIII) Sortéense los toreros

Por Hache


Simón Casas. Moderno sorteador de toreros.

Nota de LRI: Tiene aires de modernidad la interesante propuesta de Simón Casas de "sortear los toreros" en la próxima feria de Otoño. Pero curiosamente la idea no es tan moderna y ya hace algún tiempo hablaba de ella en estas páginas nuestro amigo Luis Miguel López-Rojas. 

Sin embargo, no hemos sido nosotros -ni mucho menos- los primeros en proponer el sorteo de toreros. Hace más de 100 años, Antonio Fernández de Heredia "Hache" en su Doctrinal Taurómaco (1906) proponía este sorteo de toreros y además citaba ejemplos más antiguos aún de propuestas parecidas, como las recogidas por Sánchez de Neira en su Diccionario. Lo de Neira que hablaba de un suceso de 1833 donde se sorteaba el orden de lidia, era otra cosa. pero lo de Hache, sorteando toreros en corridas de varias ganaderías, es idéntico a lo que propone Simón Casas.

La modernidad no es de hoy sino de ayer. O, mejor dicho, de antesdeayer. Leámos, pues, a Hache, el moderno...

---ooo0ooo---

Puesto que el sorteo no puede hacerse si se corren toros de distintas vacadas, allá va la solución más imparcial y que á nadie perjudica: después de enchiquerados los toros, que los espadas se sorteen entre sí el orden por el cual han de matar. Es lo más equitativo.

Sortéense los toreros.- La cosa trae miga pero será necesario ponerla en práctica. Así -escribía yo en La Lidia el año 1899- el ganadero dispone de lo que es suyo: ¡se descomponen esas supuestas cábalas! y el publico, que es quien sostiene el espectáculo -por tanto, el número UNO-, ve lidiar los toros en el orden señalado por el dueño, de lo cual depende en muchos casos el resultado de una corrida (...) 


Y para que veáis que no es extravagancia lo propuesto, acudo al maestro D. José [de Neira] (...) y en la pág. 742 del Diccionario leo lo que sigue y prueba que en la antigüedad ocurría sortearse los puestos los espadas; y conste, por el contrario, que nada leí respecto á sortear los toros:

"De ser cierto cuanto la tradición expresa, ya consta que en el siglo pasado hubo un sorteo, NO DE TOROS, sino de lidiadores para preferencia de puestos; y en el mismo sentido y con igual fin aparece reproducida la cuestión en 1833 (...)"


FERNÁNDEZ DE HEREDIA, Antonio "HACHE", Doctrinal taurómaco (1ª ed., Madrid,1906. Pág. 288)

Hache. El primero que habló de sortear toreros

lunes, 16 de abril de 2018

Cuaderno de notas (CXXXII) Se apareció la Virgen

Por Joaquín Vidal




Fotografías: Arjona y Maestranza

"Aquello de que a los toros hay que ir a divertirse es una falsedad. A los toros hay que ir dispuesto a sufrir; provisto de lupa para comprobar la casta y la fortaleza de las reses, la integridad de sus astas, el discurrir de la lidia, el mérito de los lidiadores, la calidad de los lances, el correcto estado de la cuestión. Y si algo de todo esto falta, el aficionado conspicuo lo exigirá con la vehemencia que sea del caso; y si se cumple cabalmente, lo celebrará gozoso e incluso puede que entre en trance y crea que se le ha aparecido la Virgen..."


lunes, 19 de febrero de 2018

Cuaderno de notas (CXXXI) La Beneficencia de Luis Miguel

Por Luis Miguel Dominguín

Luis Miguel sale a hombros por la Puerta Grande de las Ventas el día de la corrida de Beneficencia de 1946 (Fotografía publicada en El Ruedo el día siguiente)
Esto no impide que, por otra parte, haya días definitivos. Me acuerdo de la corrida de Beneficencia de Madrid, en que toreamos Álvaro Domecq, Antonio Bienvenida, Gitanillo de Triana, Manolete y yo. Fue en el año 1946. En esa corrida no había programación, había que salir a morirse. La plaza estaba abarrotada porque era la única corrida que toreaba Manolete, quien, por otra parte no solía torear conmigo. Tuve además, para estar en el cartel, que dar un donativo de cien mil pesetas. Yo que llevaba pocos años de matador de toros, no las tenía en el banco (...)

Bueno allí, ya no calculaba nada, ni esperaba a ver como era el toro (...) me dijo el chófer que iba a colocar el coche para poder salir más fácilmente al finalizar la corrida. Contesté: "Eso es un problema de la cuadrilla, porque yo, o voy a la enfermería, o voy a hombros a casa". Claro, eso se dice y se hace en los días claves (...) si uno va todos los días a por todas, un día se equivoca.

Aquella corrida cambió el destino de mi vida. Quería tener la cabeza clara, pero hacía el paseo y se me iban cayendo unas lágrimas... Salí a morirme. Esa tarde me pegaba un toro una cornada y hubiera seguido toreando, si no me partía los músculos y no pudiera andar, Así lo hice algunas veces.

(...) Recuerdo esa famosa corrida de Beneficencia porque fue un día definitivo. Tal era la fuerza que se desarrolló en aquellos momentos y el ambiente que agarró a la gente, que fuí un día al cine y en el No-Do ponían esa corrida. Había unos muletazos míos y en un desplante al toro, miré a la cámara sin saber que estaba allí, ¡El cine entero se levantó para aplaudir! Yo, que estaba escondido en las últimas filas, me quedé impresionado.

¡Lo que uno transmite cuando lo siente!

ZUMBIEHL, François. "La voz del toreo" (1ª ed., Madrid, Alianza Editorial, 2002)



Nota:
Luis Miguel no mira a la cámara como recordaba años después pero si que mira al tendido con gesto muy significativo en un desplante arrancando el aplauso del público de Madrid y el de toda España gracias al NO-DO. 

Luis Miguel torero largo, de dominio, en la cuerda de Gallito y Guerrita, transmitía seguridad.mucha seguridad. Algo que, a veces, se podía convertir en un inconveniente.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Cuaderno de notas (CXXX) Ronda

Por Aquilino Duque


Cráter de luna donde todo es luna,
era donde el trabajo es fiesta y rito,
rueda de la fortuna
petrificada contra el infinito,
esfera de reloj, cero absoluto,
que resume lo eterno en un minuto. 

Todo empezó a dar vueltas una tarde:
velador en lo oscuro, negra nube,
la pantera enjaulada del Botánico,
la columna que sube
al cielo soledad y el pánico
del caballo asombrado en el alarde
agrícola y marcial de la Maestranza. 

Trilla en que la pezuña, el casco, el viento,
el juego de la caña y de la lanza,
el lance alado y el pitón cruento
separaban el oro de la granza.
Era de oro, círculo amarillo.
Arena en que quedaba soterrado
el jurarnento de oro de un caudillo
por un señor perjuro desterrado. 

Oro que luego de Ultramar trajeron
dríadas de la Sierra de las Nieves
que en mástiles pinsapos convirtieron
para llevar hasta las tierras de oro
de Ultramar y en los términos más breves
el caballo, el aceite, el vino, el toro
y traer de lastre un mítico tesoro
para acuñarlo. en el troquel del ruedo.

Quien pisa ese oro no conoce el miedo:
ostensorio del sol, crisol de luna,
ojo de arena, pétrea corona,
pozo de sombra y luz, tambor del cielo,
fondo agostado de laguna
que atraviesa la tarde, de amazona,
terciado el marsellés de terciopelo. 

Lo que fue luna helada es sol ardiente,
y ante la media luna de una frente,
caliente el corazón y el pulso frío,
envuelto en luces, un valiente
la media luna encela
desplegando un cartel de desafío
de seda, de percal y de franela.

La peonía y el romero,
la orquídea, la romúlea, el tovisco,
el jaguarzo morisco
y el verbasco,
los diamantes que levanta el casco
del caballo en que viene caballero
con su luna a la grupa el bandolero.
Si esta luna va al sol, otra en la sombra
toma asiento del brazo de un maestrante.
Todos conocen pero nadie nombra
al pregonero que entra con su amante
y en torno al redondel giran, despacio,
la luna del algar, la del palacio. 

Se abre el portón de las cuadrillas,
tímpano roto y pétreas barreras.
Bajo el escudo y el balcón de herraje
se paran carruaje y carruaje:
faetones, calesas, jardineras
desbordantes de peinas y mantillas.
Se desdobla un estribo, crujen muelles,
en una rueda se enganchó una falda,
y en lo alto, en su palco rojigualda,
saludan los retratos de los reyes. 

Chupa de paño azul y vueltas rojas,
áureos galones y botonaduras,
los jinetes deshojan y monturas
un trébol inicial de cuatro hojas
en cuadrillas, parejas, carruseles,
la geometría de la contradanza,
aspas, elipses, ruedas y luneles ...

Así se adiestra contra los infieles
y los herejes la Real Maestranza.
Porfía del caballo y el olivo:
la paz, la guerra y una sola fiesta.
Cintas, coronas, ramos, alcancías,
el sombrero que baja hasta el estribo,
la banderilla que tremola enhiesta
y una paloma en las balconerías.

Lo perfecto en el mundo es lo redondo,
y es vertical lo grande, lo imponente.
Ronda, que tiende sobre lo más hondo
del tajo la osadía de su puente,
alzó frente al vacío y su amenaza
la perfección redonda de su plaza. 

¿Quién aprendió de quién? ¿La arquitectura
a imagen nació en Ronda del toreo?
¿O fue el toreo el que en la mesura
y en la severidad del coliseo
su genio desubriendo y su figura,
en arte mucho y en esfuerzo poco,
dio un quiebro grácil a la línea pura,
clásica gravedad a lo barroco?

El horror al vacío
y el horror a la informe muchedumbre
dieron a Ronda estilo y señorío,
y su centro de arena, cumbre a cumbre,
en círculos calizos, onda a onda,
sierra a sierra, se abrió en la lontananza,
ganando altura y gravedad, redonda
y rotunda y profunda la Maestranza,
plaza, corona y corazón de Ronda.

DUQUE, Aquilino. "Oda a la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Ronda" (Sevilla, 1995, Revista de Estudios Taurinos nº 2, págs.127-132) 


lunes, 20 de noviembre de 2017

Cuaderno de notas (CXXIX) No toreeis jamás como Belmonte

Por Felipe Sassone
Juan Belmonte según Sebastián Miranda (publicado en Toros y toreros en 1916)
"Los intelectuales del arte, en general, los literatos que no sabían mucho de toros, los maestros de estética, Valle-Inclán y Pérez de Ayala, saludaban alborozados al prodigio de Triana. Precisamente porque no sabían de toros ni eran esclavos de un tecnicismo y de una escuela, les gustaba más aquello que se parecía menos al toreo. Y lo elogiaban sin hablar de toros; hablando de pintura, de literatura, hasta de teología. Hablaban de la transfiguración, y Valle-Inclán sacó a relucir el quietismo estético y espiritual de Miguel de Molinos. Los revisteros de toros a secas, que se pirraban por parecer literatos, seguían las huellas de los maestros que no sabían de toros, y descoyuntaban su prosa disparatándola de hipérboles. 

Joselito no tenía, en cambio, más panegíricos que los kikirikíes y los ¡ei carballeira! del gallego Pérez Lugín, que santa gloria haya y en eterna ociosidad permanezca para descanso suyo y de las letras castellanas. El público, todo hay que decirlo, se iba también con Belmonte. Claro, porque Belmonte era el débil y José el poderoso; Belmonte, víctima, torero que se entregaba, los hería en la cuerda sensible; cuando aplaudían a Juan tenían la sensación de conceder un premio al mérito; cuando aplaudían a José sufrían la humillación de pagar un tributo que se les arrebataba.

José era el conquistador; pero Belmonte era el héroe, y a nuestro público español, derrotista por temperamento, le molestaba la facilidad del vencedor seguro, y prefería las piernas de trapo de Belmonte a las piernas de acero de Gallito.

¿Y yo? ¿Qué pensaba yo, que sentía? Yo sabía torear; yo había aprendido a torear de una manera, y admiraba a Belmonte sin comprenderlo. ¿Me gustaba? Sí; me gustaba verlo torear; pero no aprobaba su toreo. Me gustaba lo imposible, y me asombraba y me divertía ver que pudiera hacer lo que yo pensaba que no se podía hacer. ¡Y no me convencía!

Yo tenía un espíritu de discípulo, y Joselito era el único profesor. Si yo hubiera tenido hijos con vocación de toreros, les dijera, mirad a Belmonte, admirad a Belmonte; pero no toreeis jamás como Belmonte."

SASSONE, Felipe. "Casta de toreros" (1ª ed., Madrid, Editorial Pueyo, 1934, págs. 77-78)

sábado, 9 de septiembre de 2017

Cuaderno de notas (CXXVIII) La historia de Enriqueta

Por Chema Camargo del Hoyo.

Enriqueta por Sevilla

Su historia parece sacada de una película. Había nacido en Camas, en 1920. Era la sexta de ocho hermanos. Siempre estuvo muy unida a su hermana Patrocinio (13 años mayor que ella), que, al comienzo de la guerra, se casó con un hombre que le sacaba 15 años. Al trasladarse el matrimonio a Sevilla, Enriqueta los acompañó: ayudaba en las tareas domésticas y trabajaba en una fábrica de azafrán. Murió Patrocinio en el parto de su segunda hija y Enriqueta, con las dos niñas, volvió a casa de su madre, en Isla Cristina. La madre y el viudo presionaban a Enriqueta para que se casara con él, en un «matrimonio blanco», para evitar que las niñas fueran a un colegio de huérfanos. 

Movida por su cariño a ellas, accedió, por fin, a esa boda. Antes de un año, el marido reclamó sus derechos conyugales; al negarse Enriqueta, la maltrataba. Ella decidió escaparse, vendió a una vecina los pendientes que llevaba; con ese dinero, huyó a Sevilla, donde la recogió un párroco, que la alojó en un convento de monjas Adoratrices. A pesar de que un médico certificó su virginidad, no logró la nulidad matrimonial. Para alejarla del marido, las monjas la recomendaron a la hija de Juan Belmonte, que la contrató para el servicio, en el cortijo Gómez Cardeña.

Estamos en 1942, Enriqueta tiene 22 años; Belmonte, retirado de los ruedos, 50. Ella no le conoce ni sabe nada del mundo taurino. La ve Juan y pregunta: ¿De dónde ha salido este bicho tan feo?. Pero la joven no se corta ¡Anda que usté! ¡Como que no es feo! ¿Cuánto hace que no se mira al espejo?. Tienen que avisarla de que es el señor de la casa, el que se ríe a carcajadas.

Cuando enferma Enriqueta, la atiende el médico de cabecera de la familia, Joaquín Mozo Diagnostica dos manchas en el pulmón: necesita reposo, vitaminas y buena alimentación. Juan le busca un alojamiento, pagando él todo, con la promesa de que, cuando esté bien, le encontrará un trabajo. Vive ella dos años y medio en una casa de Higuera de la Sierra (Huelva). Allí la visita el médico, para las revisiones, y Belmonte, para hacerse cargo de los gastos.

Ya recuperada, Enriqueta le pide el trabajo prometido pero Juan se ha enamorado. (Él está separado de su mujer pero, en España, no existía el divorcio). Contaba ella que él se arrodilló a sus pies, con la cabeza en su regazo, y suplicó: ¡No me dejes, por favor! ¡Soy un hombre que está solo y te quiero!.

Así comienzan cerca de 15 años de convivencia... Estaban juntos pero hacían una vida discreta. Ella vivía en una casa de la calle San Vicente. Se veían a diario. Iban los dos a los toros pero a localidades distintas. Hubo etapas muy felices y también conflictos. A los cuatro años, se pelearon y Enriqueta lo dejó, se fue a Madrid: con el dinero que había ahorrado, montó una perfumería. Juan no aceptó renunciar a ella: la localizó y consiguió que volviese con él. Pero los tiempos más felices, quizá, ya habían pasado...

Contaba Enriqueta que, cuando se despedían, ella, en broma, solía lanzarle una zapatilla: él la guardaba para devólversela al llegar el día siguiente.

La mañana del 8 de abril de 1962, Juan, que estaba a punto de cumplir 70 años, la visitó por última vez. Le llevó un sobre con dinero, un maletín con objetos personales y varias fotografías dedicadas: «Cuando yo me muera, si necesitas dinero, véndelas a una revista extranjera, que te las pagarán bien». Ella replicó: «Estás más loco que cuando yo te conocí». Como tantas veces, ella le tiró una zapatilla, al despedirse, pero él ya no pudo devolvérsela...

Esa tarde, Belmonte recorrió a caballo su finca; acosó y derribó; quiso encerrar en la placita de tientas a un semental que pastaba en el campo. Lo contaba su amigo Andrés Martínez de León,¿Quiso despedirse de la vida enfrentándose a un toro de verdad? ¿Quería que el toro lo matara? Ya anocheciendo, casi a dos luces, en “la hora de Belmonte”, se encerró en su despacho, puso en marcha el ronroneo del pequeño motor que da luz al caserío y se pegó un tiro».

Enriqueta todavía no había cumplido los 42 años... Asistió, en Madrid, a un homenaje a Belmonte que le dedicaron sus amigos (que también lo eran de ella). Su vida dio un brusco giro. Logró un trabajo, fuera de España: durante una decena de años, cuidó a los hijos del actor Anthony Quinn. Por su alegre simpatía, él la llamaba «Torre del Oro».

Volvió luego a Sevilla, a su piso de la Avenida República Argentina. Rechazó ofertas sensacionalistas. Algunos han querido quitarle importancia; negar, incluso, su existencia. Además de algunos objetos, fotos y papeles, ella guardaba sus recuerdos... Su vida no fue fácil pero el destino le otorgó un gran regalo: haber sido el último amor de un genio, llamado Juan Belmonte.


Texto de Chema Camargo del Hoyo publicado en facebook el día 4 de septiembre de 2017



lunes, 4 de septiembre de 2017

Cuaderno de notas (CXXVII) El toreo por una rendija

Por Antonio Lorca
Juan Mora torea en Reservatauro la finca -santuario del toro bravo- de Rafael Tejada en Ronda (Fotografía de Jon Nazca-Reuters)
Ese que ven ahí, a lo lejos, a través de esa rendija, es un torero, un artista, un maestro; aunque vista un ajado pantalón vaquero y camisa celeste de manga larga en lugar del reluciente y vistoso traje de luces. Se le ve en el porte, la apostura, la naturalidad, la cadencia… Aunque solo muletee a una noble vaquilla en el tradicional examen campero en el que se prueba a las llamadas a ser madres de fieros y encastados toros bravos.

Eso que ven ahí es torería, por las formas y el fondo de quien acaricia la muleta y la fijeza bondadosa del animal.

Pero todo es pequeño, o se ve diminuto, a través de esa rendija de una pesada puerta metálica que luce un cerrojo de grandes dimensiones que no se sabe si está cerrado o abierto.

Pero es el tentadero —espejo de la fiesta de los toros— el que parece enjaulado, como una metáfora de la pretensión de quienes consideran la tauromaquia una práctica bárbara y execrable.

Pero no debe de ser esa la intención del autor de la fotografía, que se ha limitado a buscar un ángulo diferente para que, al final de ese túnel verdoso de un ventanuco, destaque la grandeza del toreo.

Dan miedo el portalón de hierro y el vistoso picaporte, pero no sirven más que para resaltar la intimista ceremonia que sucede solo unos metros más allá, en la que un animal nacido para la emoción se somete a la prueba de bravura que lo convertirá, sin duda, en cimiento y simiente de la ganadería. ¿Y el torero?

Es un hombre maduro, digno y cabal, artista de los pies a la cabeza, un modelo para las nuevas generaciones. Sigue en activo, aunque no se prodigue ante los públicos. Pronto se cumplirán siete años de aquel 2 de octubre de 2010, cuando, en poco más de seis minutos, embelesó y cautivó a la plaza de Las Ventas, sublimó el toreo y dictó una inolvidable lección de catedrático emérito del toreo.

Y ahí sigue. Hasta en un tentadero, a través de una diminuta rendija, se vislumbra la gracia innata de quien nació torero. Su nombre, Juan Mora…

Este artículo de Antonio Lorca fue publicado en el blog de El País, el pasado 17 de agosto.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Cuaderno de notas (CXXVI) Refutación del toreo de frente

Por Guillermo Sureda Molina

Manolo Vázquez recuperó para el toreo el cite más clásico, el de las viejas Tauromaquias, el cite de frente, un cite de honda emoción dramática (Fotografía del libro "El toreo de frente" de Andrés Amorós)

Nota de LRI:
Recuperar y reinterpretar viejas suertes o modos de torear, enriquece al toreo. Por eso cuando Manolo Vázquez recuperó el viejo cite de frente. el cite clásico de las primeras Tauromaquias según recordaba el eslogan de la propaganda que se le hizo, los viejos aficionados y los críticos lo recibieron con júbilo y alborozo.
El cite de frente de Manolo Vázquez tenía y tiene su sitio y oportunidad, sobre todo en los inicios de faena cuando juegan las inercias y en los finales cuando el toro pierde gas y sus arrancadas se acortan. Sin embargo, planteado como alternativa al cite de perfil que había traído Manolete, resulta insostenible.
Y es que esos viejos aficionados y escritores taurinos no supieron entender que el cite de perfil era un eslabón más en la necesaria evolución técnico-histórica del toreo pues venía a resolver los problemas que planteaba el antiguo cite de frente en orden a conseguir una más perfecta ligazón de los muletazos.
Un joven escritor taurino de la época, Guillermo Sureda Molina, se atrevió a discutir la postura de esos viejos aficionados. Su tesis no iba contra la apuesta de Manolo Vázquez  sino que tenía por objeto encuadrar histórica y técnicamente el cite de frente y evidenciar las limitaciones y carencias que presentaba en orden a propiciar un adecuado remate del muletazo y, por consiguiente, en orden a posibilitar un correcto toreo ligado en redondo. Un toreo en redondo que ya entonces resultaba imparable. 
Hoy, cuando todavía existen muchos aficionados aferrados a los tópicos más trasnochados y que siguen anteponiendo sistemáticamente el toreo de frente al de perfil, no está de más rescatar este brillante y clarividente texto de Guillermo Sureda Molina que- repito- no va contra un torero sino contra una visión dogmática del toreo. Rescatar y reinterpretar suertes del toreo antiguo como hizo Manolo Vázquez siempre será positivo y elogiable. Negar la evolución del toreo es absurdo y supone condenarlo a su pronta desaparición.

"El toreo de perfil constituye, como digo, una técnica y es pura consecuencia de la evolución histórica del toreo, mientras que el toreo de frente de Manolo Vázquez quiere ser, por el contrario, una vuelta al pasado.

En el toreo de perfil se puede parar, se puede mandar y se puede templar, como han venido a demostrar, por ejemplo, Manolete, Luis Miguel, Parrita, Pepín Martín Vázquez, Arruza, y tantos otros toreros. En cambio, esto no puede hacerse en el toreo de frente, porque para que el torero pare, temple y mande, es decir, para que toree, es imprescindible que vea todo el pase que está realizando, desde su inicio hasta su remate.

En esta forma de torear, al pasar la muleta el plano del hombro del torero, este pierde de vista al toro y, por lo tanto no puede ni mandarle, ni mucho menos templarle. Ha de limitarse a seguir moviendo la muleta, al mismo ritmo hasta donde le permite la forzada extensión de su brazo, tenso hacia atrás como un arco de ballesta. Solo en ciertas ocasiones, cuando el toro lleve a lo largo del pase, el mismo ritmo, la misma velocidad, puede resultar hecho el pase aunque esto es cosa insólita.

La longitud del muletazo y la trayectoria del brazo de torear, son totalmente distintos en el toreo de frente y en el toreo de perfil. En el toreo de perfil, el brazo describe una trayectoria larga y entera, desde el plano de la pierna contraria hasta que la mano queda sesgada con el trozo de espalda del lado contrario al que se ha iniciado el pase.

En el toreo de frente, esta trayectoria es cortísima y va de delante a atrás, forzada y recta, de tal modo, que la enmienda es forzada y la ligazón de los pases, imposible. En esta postura el toreo no mira nunca las astas de su oponente sino su trasero, su cola. Y pongan una u donde hay una o y una o donde hay una a y sabrán Vds. con toda exactitud lo que mira el torero." 

SUREDA MOLINA, Guillermo. El toreo contemporáneo 1947-1954 
(1ª ed., Palma de Mallorca, s.e., 1955. Págs. 162-163)



El hermano menor de Pepe Luis en un magnífico muletazo de frente. Manolo Vázquez rescató y revalorizó una forma de citar que se estaba perdiendo (Fotografía de El Ruedo)

Aunque resulta innegable la "honda emoción dramática" del toreo de frente al natural, en ese modo de citar -según Guillermo Sureda Molina- no puede haber mando ni tampoco ligazón, por la evidente falta de control del muletazo en su remate, un remate que siempre resulta demasiado forzado.

lunes, 14 de agosto de 2017

Cuaderno de notas (CXXV) Morante se va

Por Jose Morente
Morante en Salamanca con un toro del Pilar en 2010 (Fotografía Ernesto Naranjo)

Lo cuenta Paco Mora en Aplausos. Morante se va. Dice que "harto del caballo con cuernos que sale en muchas plazas, al que considera, y con razón, fuera de tipo de lo que debe ser el toro bravo apto para la lidia". Y harto -hasta el gorro dice- de "presidentes incompetentes, que se creen señores de horca y cuchillo desde su limbo inaccesible". Harto de los "ataques a la Fiesta desde todos los ángulos posibles, ante la impasibilidad de las autoridades y la desunión y el “dolce far niente” de afición y profesionales".

Sean o no esas sus razones, harto ya de estar harto, Morante se va.  

Y nosotros, ya sin Tomás que este año no torea y ahora también sin Morante que se va, nos quedamos un poco más huérfanos todavía si cabe.


sábado, 5 de agosto de 2017

Cuaderno de notas (CXXIV) El pase de pecho de Juan Belmonte (según Corrochano)


El pase de pecho de Belmonte. Juan ha citado de frente  con el compás abierto cargando la suerte sobre la pierna de salida, la muleta está barriendo los lomos del toro. El toreo cambiado en su más alta expresión.

"Pero ¿como era el pase de pecho de Juan Belmonte? El brazo izquierdo muy extendido hacia el toro. La muleta tocando el suelo, y cuando el toro tomaba los vuelos de la muleta se lo traía muy toreado y se lo pasaba hasta rozarse con la mano izquierda el hombro derecho, con lo que el toro embestía en semicírculo, en un movimiento parecido a la media verónica, y cuando estaba todo el toro pasado y el brazo izquierdo no daba más de sí, sacaba la muleta por encima de los cuernos y, barriendo los lomos, le peinaba la cola.

Estos pases, así iniciados, toreados, mandados, rematados y ligados suponen un quebranto del toro, que fácilmente se comprende que no resistan a muchos pases, y sobre todo ligados, sin romperse la continuidad, sin interrumpir el toreo, que este no interrumpir el toreo es lo eficaz, lo difícil, lo peligroso y lo torero".


CORROCHANO, Gregorio. "¿Qué es torear?-Introducción a la Tauromaquia de Joselito" (1ª ed. Madrid, revista de Occidente, pág. 236)

Belmonte cita encorvando el cuerpo hacia el toro pero con el brazo izquierdo extendido y la muleta tocando el suelo (publicado en La Lidia. 31 de mayo de 1920)

El embroque del pase de pecho de Juan Belmonte. El torero se ha estirado. La muleta está barriendo los lomos del toro. El brazo izquierdo extendido hasta no dar más de sí.

El remate. La muleta peina la cola (Fotografía publicada en Mundo Gráfico. 28 de abril de 1915).

martes, 20 de junio de 2017

Cuaderno de notas (CXXIII) La única verdad del toreo


La única verdad del toreo (Cornada mortal de Iván Fandiño. Fotografía de Iroz Gaizka-AFP)


"Todo el mundo se cree con derecho a decir lo que es verdad y lo que no, pero la única verdad del toreo es que los toros matan y los toreros mueren".

Luis Miguel Dominguín

viernes, 26 de mayo de 2017

Cuaderno de notas (CXXII) Para buenos catadores

Torear en función del toro es -según José Carlos Arévalo- sacrificar o renunciar a la perfección del canon en busca de una verdad que está más allá de lo aparente. Es poner el fondo por encima de las formas (Foto Javier Arroyo-Aplausos)
A esa verdad, a esa hondura sacrificó el Juli el trazo de su toreo. Porque Julián toreaba hace años con suma perfección, con un estilismo innato que ahora le estorba, le parece banal y hasta un punto frívolo. 

No quiere que la perfección del canon perturbe la verdad de su toreo, extraer en cada muletazo, en cada pase, toda la bravura del toro.

El Juli es un torero para buenos catadores, no para aficionados cursis.

ARÉVALO, José Carlos. "El mayor espectáculo del mundo" en Cuadernos de Tauromaquia número 31 (Sevilla, Cuadernos de Tauromaquia, S.L., primavera de 2017, página 22)

Economía de movimientos en un muletazo del Juli. Esa variedad de registros tan diferentes, ese antiformalismo tan acusado, incluso en los momentos más formalistas, puede llegar a descolocar -y descoloca- al aficionado de cartilla y catecismo (Foto de Javier Arroyo-Aplausos)

viernes, 5 de mayo de 2017

Cuaderno de notas (CXXI) Todo se confunde

Natural de Morante a un toro de Núñez del Cuvillo, el pasado jueves en Sevilla (Foto de Carlos Núñez para Cuadernos de Tauromaquia) 
Escribo a partir de una certeza y una incógnita: el toreo ha cambiado y no sé a dónde va. 

Desde un lugar en la Maestranza he contemplado, con pena, que todo se confunde: el arte con el artificio; el valor con el arrojo; la naturalidad con la afectación; lo clásico con lo hortera; el toreo con el no toreo. 

Salió un toro con casta y Morante de la Puebla, sorteando al viento, dibujó naturales que eran hondos y de seda, suaves como la última caricia. Y en redondo, muy profundo, aguantó el empuje del burel y ligó tandas bravías, porque el toro apretó y el maestro no cedió terreno. 

Fue todo muy puro y muy de verdad, de mucha entrega, y con ese valor que es el auténtico valor: seco, sin muecas, sin arrebatos. Para casi todos, invisible. Tras estocada y dos avisos no hubo mayoría de pañuelos, así que desde el palco se le negó el trofeo (...)

ACEVEDO, Álvaro. "La cosa está muy mala" (En la web de Cuadernos de Tauromaquia)

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Nota de LRI: Como siempre, Álvaro Acevedo ha vuelto a poner el dedo en la llaga. Mientras en el ruedo se siguen viendo cosas de importancia (otras, no tanto) el público sigue confundiendo las churras con las merinas y sigue sin darle importancia a lo que realmente la tiene. No sé cuales son las causas de esta situación. Tampoco Álvaro habla de ellas pues se limita a constatar ese hecho que, a algunos, nos tiene desconcertados y preocupados, pero me atrevo a aventurar una: la impunidad con la que desde las redes sociales se descalifica -con frivolidad, por sistema, sin conocimiento, sin pudor y sin vergüenza- a los mejores toreros, a los más solventes, ya se llamen José Tomás, el Juli o... Morante de la Puebla. Estas cosas, a la larga, se pagan.

sábado, 8 de abril de 2017

Cuaderno de notas (CXX) Morante. Del sueño a la quimera

Dice Morante en el último número de 6 TOROS 6 (cuya portada reproducimos), que "esa finura de Joselito y ese temple de Belmonte es el toreo que hoy deambula por las plazas 
Belmonte trajo el temple que no existía o no se percibía, debido también a su personalidad. Era un hombre un poco como perezoso pero también con mucha inteligencia, y al final llegó a ser un filósofo como cualquier otro de los grandes.

Yo soy más de Joselito porque era de una pureza más fina. Lo miro desde la lejanía y creo que Belmonte a veces era un poquito exagerado en sus ademanes. Pero esa finura de Joselito y ese temple de Belmonte es el toreo que actualmente deambula por las plazas de toros.

Belmonte puede ser más como un sueño y Joselito más una quimera. Es más difícil perseguir a Joselito que a Belmonte, porque soñar puede soñar cualquiera, aunque después no se realice igual, pero lo de Joselito es para mí inalcanzable, porque tenía unas dotes y una finura en sus quehaceres y una predisposición a hacerlo todo... hoy yo soy capaz de perseguir a Belmonte pero al que quiero perseguir es a Joselito.

Y no llego ni a verlo.

MORANTE DE LA PUEBLA. Entrevista de José Luis RAMÓN en la revista "6 toros 6" (número 1.188. 4 de abril de 2017. Páginas 12 y 13) 

Del sueño de Belmonte...  
Aunque a veces era un poquito exagerado, Belmonte trajo el temple que no existía o no se percibía (Declaraciones de Morante de la Puebla en 6 toros 6) 


A la quimera de Joselito...

Joselito -de quien decían que tenía obsesión por el conocimiento del toro- era de una pureza más fina (Declaraciones de Morante de la Puebla en 6 toros 6)

miércoles, 29 de marzo de 2017

Cuaderno de notas (CXIX) El problema de los encastes. El torismo


"La demagogia torista se queda en lo externo". 
Y, en efecto, en las plazas toristas, un toro se alaba y estima, principalmente, si tiene tamaño y pitones, sobre todo muchos pitones. En la imagen, un toro de Victoriano del Río lidiado en Madrid y que fue calificado por algunos aficionados como una fiera corrupia. En realidad, fue un toro bravo y noble. Muy noble, tan noble que se abría en los engaños. En ese caso los los árboles de los pitones no dejaron a algunos ver el bosque de la nobleza (Fotografía de Javier Arroyo para Aplausos)
NOTA de la LRI. Es evidente que donde está el toro, está la corrida y también que sin mirar al toro, es imposible entender lo que ocurre en la plaza. El toro es, pues, en la fiesta lo primero. Pero esa atención obsesiva por el toro, sin la cual nada se entiende, necesaria e imprescindible hasta el punto que caracteriza al aficionado fetén, no debe confundirse con el "torismo" que no es sino su vulgar remedo cuando no una burda caricatura de la afición cabal e interesada por el toro y por el toreo. 
Este texto de Joaquín López del Ramo, escrito hace 15 años, describe, muy bien, el perfil de ese tipo de aficionado y explica, con mucho acierto, esa deriva en la que aún seguimos inmersos.

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El "torismo" es una corriente de opinión utópica. irreal y regresiva, que parte de una distorsión interesada y preconcebida del concepto clásico de la bravura y el trapío del toro.

Su nacimiento se sitúa en Madrid a comienzos de los años setenta, de la mano de un sector de la crítica que ensalzaba al toro destartalado y bronco como paradigma de la autenticidad, y al torero de gestualidad garbosa pero superficial o corto de valor, como modelo de torería o esencia lidiadora.

Esta retórica, envuelta en tópicos y lugares comunes, envolvía una realidad de fondo muy diferente al supuesto "purismo" de sus impulsores: ese toro y ese torero resultaban mucho más baratos para los grandes empresarios, y mientras se vendieran como puros y auténticos, y la gente lo creyera, el negocio era redondo. 

Los demagogos tergiversaron la técnica y la historia del toreo, se inventaron como referente un "toro de antes" que nunca existió, y sus mensajes, por repetidos y lanzados a través de potentes altavoces, condicionaron a presidentes y veterinarios, que impusieron un baremo mastodóntico al que debieron amoldarse los ganaderos en las plazas importantes.

Desaparecieron de las ferias los contreras, los coquillas, los vega-villares y los santacolomas. Se agigantaron las demás estirpes y se hundieron los murubes, los condesos y los pablorromeros, todo ello, casualmente, al mismo tiempo (...)

La demagogia "torista" da una visión empobrecedora del toro y de su lidia, se queda en lo externo, es superficial y simplificadora. Así, establece como única referencia del trapío el tamaño y los pitones grandes, sin tener en cuenta las especificidades propias de cada estirpe; llama bravo al manso espectacular; equipara la raza al genio bronco y defensivo; niega la nobleza como cualidad básica del toro y trueca la emoción por el morbo.

"Un sector de la crítica ensalzaba al toro destartalado y bronco como paradigma de la autenticidad"
Aunque todo el mundo (incluido el ganadero) reconoció que la corrida de Saltillo de San Isidro de 2016 fue una mansada, no faltó quien quiso justificarla. No en la prensa, pero si en los blogs, se pudieron leer adjetivos como "admisibles", "emocionantes", "imprescindibles" y algunos más del mismo tenor, llegando algunos a proponerlos como paradigma y modelo del verdadero toro de lidia. Un dislate (Fotografía de Andrew Moore)
Ademas, tergiversa la lidia, pues impugna las figuras del toreo presentes y pasadas por el hecho de serlo; prefiere el toreo sobre los pies a la quietud y la ligazón; confunde el cite largo con la pureza; exalta más al trincherazo pinturero que el natural macizo; prefiere, en suma, el toreo detallista y accesorio al profundo y fundamental, ya que este no lo entiende.

A su falta de enjundia, el "torismo" une la arrogancia de sus formas, pues se manifiesta hosco, agresivo, prepotente, chllón y muchas veces insultante, quizás para tapar su corta sustancia argumental. Lo malo es que, desde hace veinticinco años esta tendencia se ha oficializado, manda en varias plazas importantes y sirve de modelo en otras, con el apoyo de los viejos mercaderes de la crítica que la crearon, de sus aprendices actuales, de muchos equipos veterinarios y de algunos empresarios que la siguen manteniendo en beneficio propio.

El torismo es, según Joaquín López del Ramo, hosco, agresivo, prepotente, chillón y muchas veces insultante (Aficionado protestón en Lima a principios de los 70)
Por ello, lejos de disminuir, todos los males que ha ocasionado se manifiestan hoy con la misma o mayor virulencia, y sus tópicos, de tan escuchados, se asumen por algunos como dogma de fe, tanto más en una esfera proclive a las ideas prefabricadas y a las frases hechas como es la taurina.

LÓPEZ DEL RAMO, Joaquín. Las claves del toro (1ª ed., Madrid, Espasa-Calpe, 2002. páginas 15 y 16)