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viernes, 23 de agosto de 2019

Juan Ortega, las chicuelinas en el aire de Chicuelo

Por Jose Morente
Una de las chicuelinas del excepcional quite que dio Juan Ortega en Málaga por este palo mirándose en el espejo de su creador (Foto: Hugo Cortés)
Una chicuelina de Chicuelo (Foto: Archivo Dinastía Chicuelo)

El pasado día 20 de agosto, el diestro Juan Ortega entró en los carteles de la feria de Málaga en sustitución de Sebastián Castella ante una mansa corrida del Puerto de San Lorenzo. Su actuación, muy torera estuvo plagada de múltiples detalles entre los que me apetece destacar un sensacional quite por chicuelinas, mirándose en el espejo del torero de la Alameda, al sexto toro de la tarde. Puede verse aquí a partir del minuto 6:18.

De Chicuelo a la fecha muchas son las chicuelinas que se han dado y muchas las que uno ha podido ver. Chicuelinas de todos los colores, formas y estilos. La chicuelina, el lance que puso en pie Chicuelo a partir de la vieja Navarra, ante la inesperada acometida de un toro, es hoy por hoy un lance recurrente que prolifera por doquier. Chicuelinas de frente y de perfil; esperando al toro o echando el capote adelante; garbosas (tal cual las daba Manolo González) o tremendas (¡Ay, aquellas de Manolete en la corrida de Coaxamalucan con Pepe Luis en México); hondas o ligeras; a toro parado o de salida; a pie firme o al paso... buenas y malas. 

Tanto se han visto, este y otros lances similares, que Corrochano llegó, en pública y pretendidamente jocosa denuncia, a indicar que, viviendo en época de grandes inventos, todos los terminados en "ina" menos la penicilina eran invento los toreros. Antibióticos del toreo, les llamaba.



Era una crítica a los inventos, a las nuevas suertes. Pero se equivocaba de plano el dogmático crítico de ABC, pues la valía y mérito de una suerte está al fin y al cabo no en su antigüedad, sino en su esencia y, sobre todo, en quien y como la practica y su profusión es únicamente indicio de que satisface los gustos del público. Hoy y siempre, la chicuelina ha sido y será piedra de toque de los buenos toreros. Ahí es nada atreverse con un lance creado por un torero tan genial como Manuel Jiménez Chicuelo y que han practicado otros toreros no menos geniales que su inventor. ¡Vivan las chicuelinas!

Aquí como prueba un ramillete de ellas...

Chicuelo. El modelo original. Arte en estado puro. La fuente en la que tienen que beber todos los que se acerquen a este lance. Chicuelo citaba con las manos altas y en posición de tres cuartos.
Manolo Bienvenida. Oro puro de ley en una chicuelina para la posteridad con las manos algo más bajas. Así también las daba Chicuelo.

Antonio Bienvenida. Estética indiscutible en una chicuelina con las manos muy bajas. Tan bajas que exige un toque para desplazar al toro.
Paco Camino. Citando con las manos altas pero de frente al toro y trayéndole muy toreado. El de Camas siempre aportó algo nuevo a todas las suertes que ejecutaba.
Manzanares padre. Clasicismo en vena de un torero en el que se miraban los otros toreros. Estética y personalidad a raudales.
Morante. Miles de registros en el torero de los mil matices. Un ideal de torería indiscutible pero discutido.
José Tomás. La novedad del cite con el compás abierto. Ensanchando el toreo.
Lance sutil, la chicuelina puede también cantarse por lo jondo. Registro dramático en una ajustadísima chicuelina de Saúl Jiménez Fortes.

lunes, 25 de abril de 2016

Postales taurinas (XVIII) Manzanares. Soñar el toreo

Muletazo soñado de Jose Mari Manzanares en la plaza de Ronda (Fotografía de 6 Toros 6)

Esencialmente y de forma simplificada (muy simplificada) podríamos decir que existen (coexisten) dos modos diferentes de torear. Dos tipos o escuelas de toreo que forman dos mundos diferentes. Cada uno con sus propias leyes, con sus propias reglas, con su propio lenguaje.

En el primero de ellos, el torero invade continuamente el terreno del toro pues se cruza de continuo. Es el toreo de Juan Belmonte o de Domingo Ortega. Un toreo salvaje y asilvestrado que alcanza su máxima expresión cuando se torea alternando los pitones (los expertos dirían que cuando se torea en ochos) y donde meter la pierna al toro se convierte en elemento clave y fundamental. Es un toreo basado en la lucha, en el enfrentamiento o en la confrontación entre el hombre y la bestia. 

Pero existe otro modo diferente, el de Joselito el Gallo, el de Chicuelo, el de Manolete, donde el torero no invade el terreno del toro sino que ocupa el suyo, el centro del círculo (toreo en redondo lo llaman los tratadistas), y desde allí y con los brazos y sin menear los pies, manda en la embestida del astado, al que hace deslizarse a su alrededor sin esfuerzo aparente, como si se tratara de un sueño. Porque, en ese concepto, torear no es pelear sino acariciar suavemente.

Es el toreo que enseña el maestro Manzanares en ese muletazo en la plaza de Ronda que abre este post.

El toreo soñado.

lunes, 10 de agosto de 2015

Honrarás a tu padre y a tu madre

Por Jose Morente 

Joselito el Gallo antes de iniciar el paseíllo en la Maestranza, de riguroso luto tras la muerte de su madre Gabriela Ortega. (Fotografía del Cossío. Tomo III)
En 1953 el prolífico Luís Bollaín publicaba otro de sus libros -¡uno más!- titulado "El decálogo de la buena fiesta" donde traducía los Mandamientos de la Iglesia Católica y los aplicaba al toreo. La cosa tenía su intríngulis y su gracia.


En "El decálogo de la buena Fiesta" de Luís Bollaín se traducen los mandamientos religiosos a mandamientos taurinos desde un punto de vista -no podía ser de otra forma- descaradamente belmontista. Así el primer mandamiento de esa Ley taurina sería: "Amar a Juan Belmonte -Dios del toreo- sobre todas las cosas taurinas". El segundo "No invocar su glorioso nombre -el de Belmonte- en vano". El tercero -y como era de esperar-: "Santificarás la Fiesta"... Y así sucesivamente hasta el décimo. En cualquier caso, lo importante es resaltar el carácter ritual y cuasi-religioso que, para muchos aficionados, puede tener el toreo.
Nosotros, sin traducir, vamos a recordar hoy el cuarto mandamiento. pero no el de Bollaín ("Honrar a los padres de la torería"), sino el auténtico, el de verdad. Aquel que dice: "Honrarás a tu padre y a tu madre". 

Y es que, en el toreo, igual que en el flamenco, el peso de la tradición y de la herencia familiar, el respeto a los mayores y a sus enseñanzas, es sustancial y vital. Por eso, aunque los toreros que no vienen de familia torera han aportado al toreo su pragmatismo y una inventiva no exenta a veces de interés, no hay duda que es en la línea medular del toreo (la que se desarrolla y sustenta en el seno de esas grandiosas familias) aquella que, a lo largo de la historia, ha sido y es eje y soporte de la mejor tradición y garantía de la pervivencia de lo más auténtico que pueda tener la Fiesta de los toros.

Familias como los Bienvenida, los Dominguines, los Romero de Ronda, los Costillares de Sevilla, los Ortega de Cádiz (los del gallinero y sus antepasados, los Marineros pero también sus ramificaciones en los Sánchez Mejías, los Cucos y los Martín Vazquez), los Valencia, los Posada, los Ordoñez, los Vázquez, los Paquirri, los Esplá y los Manzanares y tantas otras, son la mejor garantía para que el toreo de nuestros días siga pareciéndose en algo al toreo de hace doscientos años.

Es ese necesario respeto y veneración por sus mayores el que llevó a Joselito el Gallo a vestir de luto muchas tardes (hasta su muerte en Talavera) durante las temporadas de 1919 y 1920, tras el fallecimiento de su madre la bailaora Gabriela Ortega Feria. 

Es ese necesario respeto y veneración a los mayores el que lleva al torero Jose María Manzanares a vestir de luto todas las tardes durante esta temporada de 2015, en recuerdo y memoria de su padre el maestro José Mari Manzanares.

Lo dicho: ¡Honrarás a tu padre y a tu madre!

José María Manzanares, hace un par de domingos, en el Puerto de Santa María, de riguroso luto en memoria y recuerdo de su padre, el  maestro Manzanares (Fotografía de la web del propio torero)

domingo, 8 de marzo de 2015

La importancia de la técnica hoy (I) Los antecedentes

Por Jose Morente

 Magritte a friend of order

Mientras que para los impresionistas, la pintura tiene por objeto estimular el sentido de lo visual, para los surrealistas, la pintura debe estimular la capacidad de pensar. De igual modo, en el toreo, los toreros técnicos priman el conocimiento, la capacidad de pensar, sobre la épica o la estética (Cuadro de Magritte. A friend of order. 1964)

 

Una situación muy complicada

El toreo se encuentra en un momento muy complicado. Muy complicado, tanto dentro como fuera de las plazas.

Exteriormente y dado que el toreo no tiene ninguna presencia en los medios de comunicación de masas (fundamentalmente la TV), el toreo no existe.

Por eso, porque no existe, son muchas las personas a las que ya NO les importaría lo más mínimo que el toreo desaparezca. Que desaparezca algo que es invisible o no existe, no es importante ni preocupante para nadie.

2010-04-25 Telediario

Para la mayoría de la gente, el toreo no existe ya que su presencia en los medios de comunicación audiovisuales es nula salvo raras y contadas excepciones (En la imagen fotograma de una de esas excepciones. Telediario del 25 de abril de 2010 con la cogida de Tomás en Aguascalientes)

Por otro lado y si nos ceñimos al interior del denominado Planeta de los Toros y dejamos al margen a los públicos (cuyo nivel de asistencia a las plazas sigue siendo, pese a la crisis, más que aceptable), nos encontramos también con una situación complicada en la que el aficionado se ha ido distanciando, de una manera quizás excesiva, respecto al toreo que hoy se hace.

plaza_toros_Ventas

La distancia no sólo física sino sobre todo intelectual, con la que el aficionado percibe el toreo hoy día, resulta palpable y evidente (Vista general de la plaza de Madrid)

 

Un largo y complicado proceso

Ese distanciamiento, más evidente en unas plazas que en otras y que afecta a algunos aficionados más que a otros, no es reciente pues viene de lejos.

Es un proceso que se inició en los años 70, y que fue propiciado, sobre todo, por algunos revisteros y por un sector minoritario de abonados de la plaza de toros de las Ventas. Provocado, en parte, por ellos, el toro experimentó un drástico aumento en tamaño que se unió al de la edad que había impuesto el guarismo.

San Isidro 75 la feria de la apertura

Joaquín Vidal y Alfonso Navalón contaron en comandita y desde su particular punto de vista lo que había ocurrido en la Feria de San Isidro del año 1975. La feria de la apertura la llamaron pues era la época en la que, aún vivo Franco, se empezaba a hablar de la necesidad de una mínima apertura política en España. Los dos periodistas proponían también un cambio (apertura) en el mundo del toro.

El toro que se empezó a lidiar en esos años (y el toro que se lidia en nuestros días), es un toro de gran tamaño, alzada, peso y pitones y, además, es un toro de mucha edad, un toro muy viejo.

El primer problema que provocó ese aumento de tamaño, fue la falta de motor de ese toro. Algo lógico pues la casta que tenía el toro de los años 60 le valía para mover su  reducido esqueleto. Sin embargo, su pequeño motor resultaba insuficiente para el gran chasis que tenía que mover el nuevo toro.

 

1966-05-15 (p. 17 ER) Atrevido de Osborne - copia

El toro de los 60. En la imagen, del Ruedo, Atrevido de Osborne, el famoso “toro blanco” de Antoñete. Atrevido se lidió en Madrid el día de San Isidro de 1966. Pesó 486 Kg. y sólo tenía tres años como denunció la prensa de entonces.

1966-05-15 (p. 17 ER) Edad toros

Con tres años y poco peso, el toro podía moverse incluso aunque no anduviera sobrado de fuerzas ni casta (Recorte de la reseña del Ruedo publicada el día 17 sobre la edad de los toros de Osborne)

flota de coches

No es posible con el mismo motor mover una carrocería mucho más grande manteniendo la misma velocidad. Lo mismo ocurre con el toro. El toro de los 60 se movía mucho por su reducido esqueleto. Al aumentar el tamaño desaforadamente en los 70 (en pocos años se pasó de un toro 460-500 Kg, a un toro con 100-150 Kg. más), no era ya capaz de moverse con la misma agilidad que antes.

1982-06-03 (p. 04 ABC) Cogida Antoñete 1º - copia

Cogida de Antoñete por su primer toro, la tarde de su faena a Danzarín de Garzón el 3 de junio de 1982. El volumen del toro de esa década, ya no es el de los 60 (el de Atrevido). Ahora impresiona.

1982-06-03 (p, 04 ABC) Toros parados

Pese al éxito de Antoñete con Danzarín (que fue de Puerta Grande), Zabala en ABC destaca lo “parados” que salieron los toros. Algo que era lo habitual entonces.Vidal calificó de “inválido” a Danzarín.

Los 70 y los 80 fueron, por eso, una época durísima en la que los diestros intentaban resolver el problema de como torear a un toro (que salvo excepciones) era grande, parado y con pocas ganas de embestir. Sin embargo,  y como tantas veces ocurre, esa dureza no era percibida desde los tendidos pues al espectador lo que le emociona del toro es su movilidad y el toro de entonces tenía menos movilidad que el de décadas pasadas.

La prensa de la época jugó un papel muy negativo, pues no supo leer correctamente el proceso que se estaba produciendo delante de sus ojos: Demonizados y criminalizados los toreros punteros (igual que ocurre hoy pues es una postura que siempre ha dado prestigio a los denunciantes), la busca de nuevas y necesarias soluciones técnicas era vista, sin embargo, como la búsqueda de ventajas y ratimagos para eludir el riesgo.

Un repaso a las hemerotecas y la lectura de las crónicas de críticos como Vidal, Navalón o Zabala padre (aunque este último, se percató luego de su error y rectificó) confirma lo que decimos. Hoy, el airado e injustificado tono acre de esas crónicas para con las figuras de entonces (a las que por fin, un cuarto de siglo después, se las vuelve a reivindicar) producen sonrojo y vergüenza ajenas.

1977-04-28 El pais balance de Sevilla

La Feria de Sevilla de 1977 vista por Joaquín Vidal. Todos los tópicos del toreo actual (un camión cargado de ellos) se dan cita en este ya viejo artículo. De creerle, los grandes toreros de la época no sabían torear (o no querían torear lo que es peor). En realidad, el problema estaba en el desconocimiento del propio crítico sobre la correcta técnica del toreo, para él ventajista y mentirosa. Una visión errónea que –sin embargo- resultaba muy cómoda, por simplona, para el aficionado joven de la época (y para el de hoy). Vidal alcanzó un enorme aunque inmerecido prestigio de periodista íntegro (prestigio que hoy se mantiene) tanto por la aureola que confiere el medio en el que se escribe (en este caso, el diario El País) como por el hecho probado de que las afirmaciones tajantes y negativas, aunque sean falsas, siempre tienen mejor acogida y son más fácilmente aceptadas que las reflexiones matizadas y objetivas aunque sean verdaderas (Artículo publicado en el País, el día 28 de abril de 1977).

Pese a la reiterada denuncias de comodidad por parte de los periodistas, lo cierto es que el toreo vivió una etapa de tremenda dureza que se cerró con las trágicas muertes de Paquirri y Yiyo.

Aunque ahí se constató que las denuncias de la prensa eran, generalmente, infundadas por lo que los aficionados concedieron una pequeña tregua a los toreros, esta sólo duró hasta que, poco después, se olvidaron esas muertes.

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Las muertes de Paquirri y Yiyo en la prensa de la época.

La consecuencia de ese aumento de edad y tamaño, es que, como hemos dichos, el toro se paró y los toreros se encontraron con un grave problema técnico pues ya no podían aprovechar la movilidad y las inercias como se aprovechaban antes. Tenían que adaptar la técnica antigua para adaptarla a las condiciones de ese toro. Un toro al que ya no se le podía esperar sino que había que tirar de él.

 

1982-06-03 (p,Antoñete cite 4

Para resolver el problema de ese toro tan parado se fueron proponiendo diversas soluciones técnicas. Alguna de ellas como la distancia (que caracterizó al toreo de diestros tan interesantes como el maestro Antoñete o César Rincón) fueron recibidas con general beneplácito y alborozo pues ese cite exige frontalidad, lo que trae aromas de toreo añejo. La distancia era una buena opción para los inicios de faena, pues al propiciar arrancadas largas permitía conseguir esas inercias en los remates que el toro de entonces no tenía de suyo. El problema venía cuando el toro se iba parando y ya no aceptaba el cite de largo (En la fotografía, cite de Antoñete a Danzarín de Garzón en el inicio de faena. Detalle importante, el torero cita en los medios)

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Cuando el toro se iba parando y para resolver los finales de faena, otro torero, que también había reaparecido en esos años, el maestro Manolo Vázquez, rescató su personal cite de frente, también de sabor añejo pues es el verdadero cite clásico que describen las más viejas tauromaquias. El problema de ese cite es la casi imposibilidad de ligar los muletazos, lo que obliga a darlos de uno en uno. Sin embargo, Manolo Vázquez consiguió entusiasmarnos a todos, toreando así, gracias a su inmensa torería.

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Lo complicado venía cuando el toro se paraba, lo que ocurría casi todas las tardes, pues al espectador le daba tiempo de sacar escuadra y cartabón. Para resolver el toreo en redondo, al torero se le hacía necesario citar al hilo y con la pierna retrasada (como siempre se había hecho) lo que a algunos(pocos) se les perdonaba y a otros (la inmensa mayoría), no (Cite con la izquierda de Antoñete a Danzarín de Garzón, el 3 de junio de 1982)

 

Otra consecuencia de ese aumento en el tamaño del toro fue el aumento correlativo del tamaño y peso del caballo de picar y del peto. La cuadra de caballos fue bautizada (esta vez con mucho acierto) por Vidal como “la acorazada de picar”. El desequilibrio en la suerte de varas agravó el rechazo que ya venía provocando en los públicos ese tercio tan necesario por otra parte.

Son verdaderos blindados

El caballo y el peto aumentaron desaforadamente en los 70-80 hasta convertirse en verdaderos blindados (Como se denuncia en el Blog de Tarifa donde se publicó esta foto).

Finamente, otro daño colateral importante fue la expulsión de un gran número de encastes de las plazas. Determinadas ganaderías producían y producen ejemplares que son razonablemente toreables cuando tienen tres años pero que que con más edad (4 o 5 años) y más volumen, desarrollan un excesivo sentido para el ceñido toreo que hoy se exige. Es la misma causa que expulsó de las plazas, a finales del XVIII y principios del XX, a los toros de raza castellana. Su inadecuación a la evolución del toreo.

Toro de Luciano Cobaleda (Saber de toros)

Los toros de Luciano Cobaleda lidiados en Madrid en 1977 fueron muy terciados pero de enormes pitones y con un fiero comportamiento en el caballo. Como además fueron muy complicados y terroríficos en la muleta, entusiasmaron al público torista de las Ventas. Lo curioso del caso es que esos mismos toros (los patas blancas) eran, cuando se lidiaban en los años 60 (O sea, con 3 años de edad) muy noblotes y muy suavones (“jabonosos” decía en plan de crítica, Luis Fernández Salcedo, gran detractor de este encaste). En aquella época, debido a su poca edad, no desarrollaban malicia y como además gastaban su empuje en el caballo, eran toros muy cómodos para la muleta. De cuatreños, sin embargo, desarrollaban mucho sentido defensivo por lo que resultaban casi imposibles de torear (Foto de un toro de espectacular lámina de esa ganadería obtenida del blog “Saber de toros”)

Esa compleja situación que hemos descrito sucintamente es el punto de partida desde el que se llega al toreo de nuestros días. Pero eso lo contaremos en la siguiente entrega.

 

Pequeña adenda

Los toreros no aprenden el toreo en los libros de tauromaquia ni leyendo a los revisteros del momento, sino viendo torear a otros toreros.

Antoñete aprendió el toreo viendo torear a otros toreros, igual que Manzanares padre aprendió el toreo viendo torear a otros toreros,.

Algo que deberíamos tener siempre en cuenta.

La técnica del toreo de los años 50-60 fue la base de la técnica del toreo que vino después. Natural de Antoñete a Atrevido (Fotografía de El País)

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La técnica del toreo de muleta que se empezó a desarrollar en los años 70-80, se basaba en el mismo esquema técnico que se utilizaba en los años 50-60, aunque adaptada a la diferente condición del toro de esa época, más parado y reservón (Fotografía, facilitada por Paco Carmona, del diestro José Mari Manzanares padre).

(Continuará…)

sábado, 1 de noviembre de 2014

En busca de “Peleón”

Por Luis Miguel López-Rojas

 

Manzanares padre Foto dedicada

Un perfecto pase de trinchera de Josemari Manzanares (Fotografía dedicada al autor de este artículo)

 

Octubre, ese mes melancólico donde las hojas caen para recordarnos que el otoño entra de pleno. Octubre de últimos festejos y cierre de temporada. Octubre de búsqueda de nuevos horizontes, de vientos que nos lleven a América, en pos de embestidas lentas y gargantas rotas…octubre de vaca traicionera que segara la vida de Antonio Bienvenida. Un octubre también se marchó Chenel. Octubre, siempre octubre…

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En octubre, una vaca traicionera segó la vida del maestro Antonio Bienvenida (Fotografía de Conocida, publicada en ABC)

Cuando a punto estábamos de arrancar su hoja del calendario 2014 nos despertó violento, brusco, para recordarnos que todavía es octubre y que de forma inesperada, un genio del torero también le ha elegido para marcharse de entre nosotros. Josemari Manzanares parte en busca de ese natural eterno, del temple infinito, de la embestida perfecta, de ese arte natural, de la naturaleza del arte, del empaque absoluto, de la elegancia, de la cadencia, de la armonía plena…

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Josemari Manzanares citando para el pase natural eterno, infinito y perfecto (Dibujo de Diego Ramos uno de los artistas que mejor ha sabido captar la esencia y las formas del toreo)

Josemari ya encontraste el reloj inmóvil, ya conseguiste parar el tiempo. Parte al cielo torero donde alternar con los más grandes… con Joselito el Gallo, por siempre rey de los toreros, con el Pasmo de Triana, el Monstruo de Córdoba, su admirado Ordoñez, con el Yiyo, príncipe eterno del toreo… pues la plaza de este mundo, se le quedó pequeña.

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“Manzanares. El torero que se miró en Ordoñez y se pareció a Camino”  según afortunada expresión de Paco Carmona.

 

Recuerdo aun siendo niño, a finales de los ochenta, cuando empezaba mi afición taurina, varios reportajes en la revista TOROS´92. Sus actuaciones en solitario en la plaza de Ronda y ese indulto a “Peleón” de Guardiola, me marcaron. Algo que me pareció grandioso, mágico.

Un toro bravo y un torero se funden en el ruedo. El animal se gana el derecho a la vida y el torero la gloria. Una historia de leyenda hecha realidad. Fue el primer indulto del que tengo consciencia. Seguía con especial atención al artífice de lo que para mí era un milagro. La anunciación de la grandeza del toreo. José María Dols Abellán, José María Manzanares. Josemari Manzanares.

 

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Peleón peleando

 

Según progresaba en mi afición, todavía entre pañales, me di cuenta que entre los aficionados fue incomprendido y maltratado a la par que amado y admirado. Pero en cuanto preguntaban a los que se pone delante, siempre espejo. Espejo de toreros. Fuente donde mirarse, fuente donde beber. Torero de toreros. Esas opiniones, para mí las más importantes, defendían a mi héroe, al que indultó a Peleón y con ellas me quedé.

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Cuando sólo se miraba a él mismo. Luego todos estarían pendientes de su forma de torear.

No seré yo el que diga lo que fue, ha sido y será Josemari Manzanares en el toreo. No me siento capacitado, ni con ganas… por eso estas palabras en forma de homenaje, sólo pretenden agradecer lo que fue, ha sido y será en mi afición este torero. ¡Gracias torero!

 

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El agradecimiento de los toreros. Manzanares en Sevilla sale, a hombros de los toreros, por la Puerta del Príncipe el día de su retirada. 1 de mayo de 2006 (Foto publicada en el blog Sevillatoro de Carlos Crivell)

Quisiera terminar con unas palabras suyas extraídas de esas entrevistas en el TOROS´92 que quedaron grabadas en mi memoria:

“TOREAR ES HACER QUE EL TORO EMBISTA AL RITMO DE TU INSPIRACIÓN”

Sé que hoy partes en busca de Peleón para volver a torearlo al ritmo de tu inspiración, la que hoy te llevas, pero también la que, para siempre, nos dejas.

¡Hasta siempre, torero!

Luis Miguel López Rojas. 28 de octubre de 2014.

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El torero de los toreros y el maestro de los maestros, a hombros de sus compañeros por última vez.

 

 

TAUROTECA Manzanares en Ronda con Peleón de Guardiola

miércoles, 29 de octubre de 2014

Cuaderno de notas (XXXIII) 3 naturales, 3 de José Mari Manzanares

 

1987 La tauromaquia de JM Manzanares

José Mª Manzanares en el Palacio del Infantado de Guadalajara.

(Fotografía de Carlos Arévalo Nonclercq. Portada del libro “La tauromaquia de Jose Mª Manzanares” de José Carlos Arévalo y José Antonio del Moral)

Nota de LRI:

Ayer (28 de octubre de 2014) falleció en su finca de Cáceres el maestro José Mª Manzanares.

Decían que fue “torero de toreros”. Sin embargo, cuando esta expresión se utiliza sin ton ni son y se aplican a diestros que no hubieran servido para abrocharle las zapatillas al alicantino, creo que el mejor calificativo que se le puede dar es el de “maestro de maestros”.

En cualquier caso, pienso que el mejor homenaje posible a un diestro de tanta categoría es simplemente recordar su concepto del toreo, su forma de torear.

Por ello, hemos recuperado unos párrafos del librito que sobre su excepcional Tauromaquia escribieran, en 1987, José Carlos Arévalo y José Antonio del Moral, un libro de cabecera para aficionados…y toreros.

 

Natural número UNO

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Viene el toro raudo, de lejos, así le ha citado el torero porque su embestida es pegajosa y fuerte, encelada y corta, con tendencia a vencerse, y la muleta, siempre cogida por el centro del estaquillador, lo embarca, vibrante y templada, marcando ligeramente la salida hacia afuera para compensar el excesivo humillar del toro hacia adentro.

Y quiebra mucho el diestro su cintura, y alarga el pase, con el fin de que sea completo, equilibradamente hondo, con la técnica escondida por dentro y el arte cantado por fuera.

 

Natural número DOS

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Pero cuando el toro, fijo, con son y acoplado, se somete noble a la flámula, el pase encuentra la tersura, la figura se estira con naturalidad, el mando resplandece nítido, y las formas todas –toro, torero y engaño-, comunicadas entres sí, esculpen la estructura canónica de la suerte, majestuosa en el cite, templada en el centro y sutilmente sesgada a la salida.

Precisamente, ese momento hondo, herido por un pellizco estético, es un esguince dramático del arte, que se inicia en la zapatilla y termina en la muñeca que resuelve la embestida.

 

Natural número TRES

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Otras veces, acoplados toro y torero, pastueñamente entregado el primero y lúcidamente embriagado el segundo, el natural discurre por un túnel. Sus cuerpos se funden como si fueran uno, aunque los pitones anuncien la muerte y la muleta su burla.

Toda la esencia del toreo en ese natural modélico que es la cima más alta de la tauromaquia.

 

De José Carlos Arévalo y José Antonio del Moral. La Tauromaquia de José Mª Manzanares. (1ª ed., Los Berrocales del Jarama, Ediciones AKAL, S.A., 1987. Págs. 136 a 141)

domingo, 30 de marzo de 2014

Cuaderno de notas (XXI) La (buena) técnica de Jose Mari Manzanares

 

Tauromaquia (7)

Pocos toreros han tenido un concepto de la técnica tan perfecto y depurado como Jose Mari Manzanares, un torero admirado por los diestros más ortodoxos y puros como, por ejemplo, Antonio Ordoñez o Rafael Ortega. Por suerte, para nosotros, y frente al inveterado mutismo de los toreros antiguos, los diestros de nuestros días no tienen empacho en explicar públicamente cuales son las “claves” de su toreo que, en este caso son las de un “buen” torero.

 

Tú no puedes ir en contra del toro y si…eres más bruto y quieres hacer al toro cosas que…¡Bueno…qué son…! ¡Que dice la gente que son muy puras!… pero hay una técnica y unas normas para ir sometiendo y dominando al toro y como tú te pongas en medio de la vía del tren, el toro te coge.

Vamos a ver, para poder ligar, donde se queda colocado un torero haciéndole las cosas con… ¡vamos, con toda la verdad! ¡como vamos!

Vamos a ver dónde me quedo colocado. Si me quedo “descruzao” o es físicamente posible quedarse otra vez… ligar y quedarse “cruzao”. No lo sé, vamos a ver.

[Manzanares torea de salón al carretón]

¡Jéee! ¡Despacio! ¡Ahí!

[Después del remate del primer muletazo se queda al hilo con la muleta adelantada. Es la imagen que encabeza esta entrada]

¿Donde me quedo? Estoy en la pala del pitón y la muleta… ¿Donde estoy? ¡Estoy exponiendo!

¡Jéee!

¡Párate!

[Después de ese muletazo vuelve a comentar]

¿Entonces qué hay que hacer? ¿así?

[Se cruza ostensiblemente y avanza dos pasos al pitón contrario]

Entonces si se liga no se está “cruzao”. ¡No se puede ligar sin dejarle la muleta en la cara a los toros!

Entonces, hay veces que… ¡Son ganas de reventar y de no querer ver las cosas como son!

Y ahí es donde está, cuando se queda uno ofreciendo la muleta por delante para ligarle, es donde está exponiendo de verdad.

Si te vuelves a colocar, nos vamos al famoso “uno a uno”. Que ese “uno a uno” no tiene ligazón, no tiene ritmo…

Y yo creo que todo lo que no sean cinco o seis muletazos ligados y luego con el de pecho, no es lo que llega a poder ser la perfección del toreo,..

¡Ni es el toreo!

Declaraciones de Jose Mari Manzanares en un programa de Televisión explicando su Tauromaquia.