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lunes, 6 de febrero de 2017

Tercio de banderillas (IV) Una suerte con mucho peligro

Juan José Trujillo a quien vemos, en la foto, en el Patio de Cuadrillas junto a Alejamdro Talavante, antes de comenzar una corrida, protagonizó el pasado viernes la tercera charla del Toreo por dentro organizada junto a UTAMA y dedicada al Tercio de Banderillas. Muy sembrado y muy relajado, todo lo que dijo tuvo el máximo interés
Entre la tremenda dureza del tercio de varas y el seco enfrentamiento del tercio de muerte, el tercio de banderillas aparece a nuestro ojos como un tercio airoso, alegre y grácil.

Incluso los espectadores más sensibles y menos curtidos en tauromaquia encuentran en esta fase de la corrida, más motivos de relajo y diversión que en el resto de la lidia.

Sin embargo, tras esa simpática apariencia se esconde un tercio de mucho riesgo, no siempre evidente, pero siempre cierto.

Enfrentarse a cuerpo limpio sin engaños al toro para ganarle la cara a la carrera o burlarle con un hábil quiebro ha resultado siempre algo sorprendente para los espectadores que agradecen esa rotura de la tensión que las banderillas encarnan.

Sin embargo, tras esa fachada brillante y entretenida, acecha el peligro. En todos los toros y todas las tardes (en el ruedo siempre hay peligro) aunque acostumbrados a él, al final acabamos por no darle importancia a algunas cosas que tienen mucha.

Vídeo 1. Un traspiés puede surgir en cualquier momento

Manolo Ortiz, maestro y primer referente de Juan José Trujillo, banderillea en Madrid con su habitual solvencia y poderío, pero tiene un traspiés a la salida del par, por fortuna sin resultar cogido.



Vídeo 2. Arruza en Sevilla. Cogida con fortuna

Carlos Arruza, torero valiente y poderoso donde los haya, sale cogido -sin consecuencias- de un par de banderillas en la plaza de Sevilla. Se levanta sin mirarse, pide otro par y se va hacia el toro... ¡Casta!



En la charla del pasado viernes, Juan José Trujillo, nos descubría los entresijos de la lidia y, entre ellos, esa sorpresa de que algunas ganaderías de las tenidas por fáciles (comerciales las llamamos algunas veces los aficionados) son muy duras y difíciles de banderillear. En concreto, citaba los toros del Pilar, Garcigrande y Victoriano del Río. A esta última, se refería por propia experiencia personal. Dura experiencia.

Y es que, a veces, muchas veces, las apariencias engañan...


Vídeo 3. Una cogida de gravísimas consecuencias

En Sevilla, en el año 2013, un toro muy fiero y agresivo de Garcigrande coge e hiere de gravedad al Niño de Leganes en la suerte de banderillas. El torero tuvo que abandonar la profesión tras esa terrible cornada. Todavía hoy ver esas imágenes me pone la piel de gallina.



Vídeo 4. Ni en el callejón te libras  

Tras un par en Murcia, un toro de Victoriano del Río persigue a Juan José Trujillo hasta la barrera, y cuando este la está saltando, el toro lo "atrapa", lo tira al ruedo intentando y, ahí, intenta cornearle con saña...

jueves, 27 de octubre de 2016

Dos amigos: El Tormento y el Monstruo

Por Jose Morente

Manolete y Silverio (Del blog "La Aldea de Tauro")

A lo largo de la historia, la amistad sincera entre toreros que, cara a los públicos, sostenían una encarnizada competencia ha sido más frecuente de lo que, a primera vista, cabria pensar.

Poco sabemos de los toreros más antiguos pero desde Lagartijo y Frascuelo hasta nuestros días son muchos los casos en los que la lucha en la plaza se tornaba en fraternal relación fuera de ellas. 

Joselito y Belmonte, por ejemplo, se profesaban mutua admiración y viajaban en los mismos compartimentos de los trenes pero se separaban al llegar a las estaciones para que sus partidarios no los viesen juntos. 

Baste esta anécdota que nos recordaba hace unos días Vicent Climent en el blog gallista "La gracia toreadora", Convaleciente Belmonte de la cogida que le propinara un toro de Saltillo en Burgos, allá por junio del 15, José que viajaba de Valencia a Andújar donde pensaba estoquear 6 toros de Murube, hizo escala en Madrid para poder visitar al herido, al que hizo compañía durante un buen rato.

Lo mismo ocurrió con Manolete y Arruza, a partir de una famosa paella de arroz en Valencia que los hermanó. No obstante, en México, la relación más sentida que tuvo Manolete a quien la prensa internacional llamaba The Monster ("el Monstruo") fue la que sostuvo con ese extraño y mágico torero que se llamó Silverio Pérez "El Tormento de las mujeres".

Precisamente, en la última entrevista que le hicieron a Manolete en Linares, la misma mañana de su mortal cogida, el diestro de Córdoba hablaba así de Silverio:
P- De los matadores mexicanos que han actuado con usted, ¿a cuál destacaría? 
R. A Silverio Pérez. Como torero tiene momentos sublimes y como persona es único. Recuerdo una ocasión en la que le obligaron a saludar al terminar el paseíllo y me propuso que compartiera la ovación. Yo le dije que no, que de ninguna manera, y él me dijo: “Pero hombre, nos vamos a pelear antes de empezar”
Estas declaraciones las recogía el propio periodista (K-Hito) en su libro póstumo "Manolete ya está muerto. Muerto está que yo lo ví".

Muchos años después y con motivo del cincuentenario de la muerte del Califa, entrevistaban al mexicano quien, sobre su compañero, decía lo siguiente:
"Su personalidad de él era su seriedad. Tenía una personalidad, seca, fuerte y... no se reía para nada. Pero ya entonces empezamos a tener más amistad, a frecuentar nuestras pláticas cuando íbamos a torear por fuera. 
Y ya inclusive me gastaba hasta bromas. Estábamos en la puerta de cuadrillas y me decía ¿Qué hay "Tormento"?. "Tormento" lo dice por el pasodoble que dice "Tormento de las mujeres". Entonces, yo le decía a él ¡"Monstruo"! pues sabe que le decían "El Monstruo de Córdoba".
 Entonces: ¿Qué tal "Monstruo", como estás? ¿Qué tal, "Tormento"?
Y así, sucesivamente". 


lunes, 19 de octubre de 2015

Cuaderno de notas (LXI) Condiciones que toda figura debe reunir

Por Jose Morente
 
Pase de trinchera de Paco Camino. Una auténtica figura del toreo, además de un torero de época
 
 
Las condiciones que toda figura debe reunir, a la vista de la dialéctica de la historia, son las siguientes:

1) Cuando se está en candelero durante cinco o más años, es decir, durante más de la mitad de lo que normalmente dura la vida profesional de una generación torera. De este modo, el torero logra lo más difícil dentro de su profesión, que no es, como todos ustedes saben ya, subir, ascender, con más o menos velocidad, sino durar, resistir una y otra temporada (...)

2) Esta persistencia en el escalafón de matadores de toros, debe reunir una característica esencial para que el protagonista de esta lucha pueda ser considerado como una figura. Nos referimos al número de corridas que toree anualmente. En efecto, toreros que duren más de cinco años en activo hay muchos. Pero son ya muchísimos menos los que durante estos años torean cada temporada un considerable número de corridas, por ejemplo, de cincuenta en adelante.

3) Para que esta duración tenga validez, en el sentido que nosotros le damos ahora, debe ir acompañada de una bien determinada característica de tipo económico. En el toreo, no solamente intervienen factores técnicos, estéticos, vocacionales, etc., sino también, y muy principalmente, económicos, los cuales han sido olvidados de un modo casi sistemático (...) Una figura auténtica debe cobrar sus corridas a un precio superior al de los otros toreros de su misma generación. No es necesario que esa diferencia sea grande. Basta con que sea notable.
 
4) Como consecuencia de lo dicho, es necesario que el torero tenga la aquiescencia y el favor del público. Esta actitud positiva del público será debida a una o varias causas y no solamente, como pueden pensar algunos, por la calidad intrínseca de la forma de torear del torero en cuestión. La historia, viva maestra de los desmemoriados, nos demuestra que ha habido figuras del toreo de muy discutible calidad artística. No tuvieron esa calidad, por ejemplo, Frascuelo, ni Machaquito, ni Arruza, ni Litri, ni Chicuelo II, ni Vicente Barrera, ni Vicente Pastor, ni Marcial Lalanda, ni la tiene ese Manuel Benítez de nuestras penas y nuestras alegrías. Hay muchas razones por las cuales el público incontrolable e intuitivo, apasionado y caprichoso, cruel y generoso ha refrendado las actuaciones de un torero: por su personalidad, por su valor, por su calidad, por su dominio, por su técnica, por su arte, por su inteligencia, por su honestidad profesional, etc., etc. Muchos son los caminos taurinos que conducen a la Roma del toreo. Conviene no limitar las cosas cuando ellas son generalmente tan amplías, complejas y variopintas.
 
Resumamos ¿Qué es, pues, una auténtica figura del toreo? Un torero que con el beneplácito del público ha toreado durante más de cinco años, actuando en cada uno de ellos en más de cincuenta corridas de toros a un precio superior al nivel medio de los restantes compañeros de su generación.
 
Ejemplos claros, entre todos los toreros de los años sesenta; Paco Camino, Diego Puerta, Santiago Martín "El Viti" y Manuel Benítez "EL Cordobés"
 
SUREDA MOLINA, GUILLERMO. "Paco Camino. En blanco y negro" (1ª ed., Palma de Mallorca, 1969. Páginas 10-13)