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domingo, 5 de octubre de 2025

Madrid 3 de octubre. Polémica Puerta Grande

 Por Clarito (fotografías de Plaza 1 y Andrew Moore)

Salida a hombros de Emilio de Justo acompañado por un centenar de chavales. La genete joven ha vuelto a las plazas y eso es una muy buena noticia

Me pide mi buen amigo Jose Morente que retome las crónicas o reseñas o notas o como quieran llamarse sobre este abono corto del otoño madrileño de 2025 y así lo intentaremos cumplir.

Venimos a Madrid con la ilusión de la plaza grande e importante que da y quita a los toreros. Donde los ganaderos se esfuerzan por enviar, no el toro de mejor nota que ese si no tiene tamaño no pasa el fielato del reconocimiento, sino el de mayor volumen, tenga las hechuras que tenga. Es lástima porque esta plaza merece mejor trato. Merece toros finos, vareados, con articulaciones pronunciadas, bien conformados de pitones. O sea con trapío. Un tipo de toro que aquí, empeñados en el toro de Bilbao (el más grande y basto) cuesta ver.

Y es importante esta reflexión porque en el toro está la clave de todo. En todas las plazas, el éxito del torero está condicionado por el comportamiento de la res que le cae en suerte. Son contados los capaces de mejorar un toro malo. Algunos más los que consiguen estropear un toro que, en otras manos, hubiera dado mejor juego. Pero son mayoría los toreros cuyo éxito depende del toro. De la profundidad y clase de su embestida. 

En Madrid, este requisito se agudiza respecto a otras plazas porque el toro, la continuidad y profundidad de las arrancadas determina de manera brutal las posibilidades de éxito de los diestros que vienen a esta plaza. Si el toro repite, el torero torea y el público olea. Si el toro se para o carece de ritmo aparecen los bocinazos de los partidarios del unitoreo. Ya lo decía el que más sabía de esto, Joselito el Gallo: ¡Ojalá me salga un toro como este en Madrid un día sin viento!

El sexto de la tarde. Un toro válido para triunfar en Madrid

Subrayemos lo de un toro como este (o sea, un buen toro), y subrayemos lo del viento, casi siempre omnipresente en esta plaza aunque lo cierto es que en este primer finde otoñal no ha molestado como suele molestar. Albricias.

La corrida de Victoriano del Río (cuya calidad mejora con el recuerdo) se vio ayudada por la actitud de los toreros, Emilio de Justo, Borja Jiménez y Tomás Rufo. Hablemos de ellos en orden inverso.

Me gustó Tomás Rufo muy fino y elegante, quien dio una extraordinaria tanda de naturales a un buen toro burraco. Pero al que desde el sector de siempre, le reventaron la faena. Una faena que, como el toro, se fue diluyendo poco a poco. En su segundo, muy firme y decidido ante un toro que no dio opciones.

Natural extraordinario de Tomás Rufo. Algunos le recriminaron el pico, pero ¿saben los vociferantes lo que es el pico? Me temo que no y sobre todo me temo que no tienen ningún interés en saberlo.

Borja Jiménez estuvo como es Borja, animoso y entregado toda la tarde con su toreo enfrontilado, que ese si gusta más en esta plaza. En su primero, con clase, le sacó naturales muy arrebujados. Aunque alargó la faena. En su segundo, un toro descompuesto en la embestida, se plantó y peleó sin mayor respuesta del público.

Borja siempre entregado, siempre dispuesto a todo

La tarde se la llevó Emilio de Justo, cogido dramáticamente de salida por el primero. Un toro con mucho sentido. Parecía que llevaba cornada pero todo quedó en fracturas de costillas. Que no es poco. El extremeño que no se arredrá nunca pidió salir de la enfermería, lo que hizo -entre una fuerte ovación- cuando acabó la lidia del quinto. Lo recibió con una larga cambiada de rodillas y con unas verónicas con mucha tensión y entrega. Con el capote levantó a la plaza y a la tarde.

Manos por delante del sexto. Luego embistiría con prontitud y longitud

Con la muleta el planteamiento de la faena a ese manso toreable con profundidad y clase en las embestidas fue brutal. Tiró la ayuda y desde el primer muletazo se lió a torear al natural, ora con la derecha, ora con la izquierda. Muy embrocado siempre (eso si que gusta en Madrid a todos) en una faena muy emocionante aunque algo atropellada por momentos por la tremenda entrega del torero. Emilio resolvió los achuchones con mucha torería, ora un molinete, ora un afarolado, ora un pase de pecho. Estuvo enorme.

Emilio resolvió muy bien los achuchones del toro.

Entró a matar a por todas, con mucha decisión, con su típico salto. La estocada quedó baja, muy baja, y le reprocharon, lógicamente, el bajonazo. Pese a ello y por la intensidad de la faena, el público pidió mayoritariamente la segunda oreja. El Presidente la concedió y Emilio salió por la Puerta Grande de las Ventas. Su quinta Puerta Grande.

Merecida Puerta Grande de Emilio de Justo pese al...bajonazo.

---oooOooo---

Una reflexión (distinta) sobre la estocada. El público moderno y bastantes aficionados le dan mucha importancia a la colocación. ¿Donde cae el estoque, donde cae la puya, donde caen las banderillas?. Eso de la colocación -del estoque, de la puya, de las banderillas- es muy fácil de ver. Lo dificil, y para mi lo más importante, es valorar la ejecución de la suerte. 

Hablemos de la estocada de Emilio de Justo. La de la polémica. Es cierto que hay veces que el torero busca el rincón para asegurar el éxito o la eficacia en la suerte. Hoy (vivimos dias de animalismo dentro y fuera de las plazas) y un pinchazo penaliza como no ha penalizado en la historia del toreo y algunos diestros prefieren asegurar. Pero, en general, la colocación de la estocada depende de multiples imponderables que no es el caso enumerar. Un inciso, Montes, el Joselito del XIX atravesaba los toros en la suerte de recibir por exceso de mando en la muleta, según decían sus contemporáneos. Y fue el Napoleón del toreo.

La ejecución es, sin embargo, lo que en mi opinión se debería apreciar y valorar. Y la ejecución de la estocada de Emilio fue irreprochable aunque la espada quedara baja, muy baja. 

Sin embargo. Para mi el bajonazo que debería penalizar es el de quien busca decididamente los bajos a traición y con alevosía. No es el caso de la estocada de Emilio de Justo. Las dos orejas y la Puerta Grande fueron más que merecidas.

Será discutible, pero es mi opinión.

Adenda. Para que no haya dudas publicamos por gentileza del genial fotógrafo Andrew Moore una secuencia de fotografías de la estocada de la polémica. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Fotografías de Andrew Moore


jueves, 2 de junio de 2016

Manzanares ¡Lloran los corazones!

Por Paco Carmona




"Los tormentos de mis negras duquelas,
no se los mando ni a mis enemigos.
Que yo soñaba con clavito y canela,
me despertaron pa´ darme castigo....
Romance de Juan de Osuna.
(León, Quintero y Quiroga)


Lloran los corazones...

Y Manzanares dijo ¡basta! Transformó el llanto en cante, el toreo se hizo carne y tanto estilismo y descrédito, lo ha convertido en arte.

De la amarga soledad, a los cuatro o cinco naturales, más hermosos y más naturales, que jamás antes pudo dar.

Ha llorado tanto este hombre, que le ha crecido el corazón. Pecho, cintura y compás. Y las camisas, que se parten de nuevo.

Cuando el toreo se hace con tanto arte, sufren hasta los ecos del cante.



Manzanares. Toreo de capote, muleta y estoque (Fotos de Mundotoro y Emilio Méndez -la segunda-)

Detrás de una gran faena siempre hay un gran toro. Esta vez el toro elegido para que Manzanares volviera a la vida fue Dalia de Victoriano del Río; Su muerte propició la resurrección del alicantino.

martes, 17 de mayo de 2016

Roca aspirante a Rey. Talavante, su majestad.

Por el Divino Calvo

Alejandro Talavante. Sobran las palabras y los comentarios (Foto:Julián López-Mundotoro


13 de mayo de 2016, primera corrida de relumbrón es este San Isidro 2016. Cuatro toros del hierro titular de Núñez del Cuvillo (1º, 2º, 3º y 5º) y dos remiendos del Conde de Mayalde (4º y 6º), para la confirmación de Andrés Roca Rey, con Sebastián Castella y Alejandro Talavante como padrino y testigo.

Tendidos de la Plaza de las Ventas. el 13 de mayo. Belleza aparente. Dureza real (Foto: Juan Pelegrín-Las Ventas)
La corrida empezó como tantas otras que tienen lugar en las Ventas, con baile de corrales y remiendos de otras ganaderías, especialmente si es cartel de figuras. Resulta cuanto menos chocante, que una ganadería con tantos toros como Cuvillo, no tenga seis en el campo para sacar una corrida completa por chiqueros. Aún con desconocimiento de lo que pudiera pasar en el/los reconocimiento/s, supongo que el ganadero renunciaría a traer más toros que, para ser aprobados, estuvieran fuera de tipo. De hecho, de los cuatro aprobados, sólo el tercero de Talavante, un precioso colorao, estaba en Cuvillo. Toro, que cómo no, fue protestado por el personal a su salida a la plaza. Va siendo hora de que tanto los veterinarios como los aficionados, seamos capaces de respetar la morfología propia de cada ganadería. De todos es sabido, o debería saberse, que los toros de Cuvillo, tiene no más de 520- 530 kilos, y pitones enseñando las puntas pero sin exageraciones…

El tercero de la tarde, primero de Talavante, un toro bonito con las hechuras de Cuvillo. El único (Foto: Juan Pelegrín-Las Ventas)

La confirmación de Roca Rey

De Cuvillo fue el de confirmación del peruano Roca Rey. Cortito, pero fuerte, enmorrillado, muy musculado. Fue recibido el limeño por el público venteño, con una exigencia y frialdad impropia para un confirmante. En este punto siempre tengo presente a nuestro amigo Paco:  “Bienaventurados los toreros que sean pitados en las Ventas, porque es signo inequívoco de figura del toreo”. Y así fue recibido Roca Rey, como figura del toreo. Quite de bienvenida por saltilleras de escalofrío, replica al quite de Castella por chicuelinas, que no perdonó en el toro de la ceremonia, porque también los toreros  le conceden trato de figura y no le dan la más mínima concesión.  Quite que debería haber hecho romper a la plaza y apenas supuso unas cicateras palmas. 

La valiente ligereza del toreo de capa. Roca Rey en un quite al toro de la confirmación (Foto: Juan Pelegrín-Las Ventas)

Ceremonia de confirmación. Brindis a otro Rey, D. Juan Carlos,  el que fuera de España, situado como ilustre aficionado en la meseta de toriles. Inicio con pases cambiados y pisando unos terrenosen los que donde otros se queman, él siente frío. Demuestra tanta facilidad, tanta capacidad, tal poderío, que hasta abusa de pases inverosímiles. Hace que lo excepcional, parezca fácil y repetitivo y hasta se pueda volver en su contra. La faena perdió eco a media que se acabó el fuelle del toro, incluso se escucharon ligeras protestas de desaprobación, que dejaron el resultado final de su notable actuación en ovación.


Roca Rey. Del alarde de valor al toreo más ortodoxo y estético (Foto: Julián López-Mundotoro)


Padrino y testigo

A partir de aquí la corrida cayó en una depresión y no por culpa de los toreros. Bien Castella con el Cuvillo de su lote. Inicio por estatuarios en terrenos del 5, mucho aire al toro entre serie y serie… y es que el francés ha elevado muchos enteros en el planteamiento de sus faenas. Atrás quedó aquel diestro que se empeñaba una y otra vez en buscar las cercanías. Extrajo todo lo que tenía en series limpias. Pero el fondo del toro no dio para más. Y muy bien con el del Conde de Mayalde que hizo cuarto. Toro brutote, que no transmitió al tendido todo el peligro que tenía. No venía metido en ningún momento en la muleta, peligro sordo, que fue dominado a base de valor. Al final, Sebastián se impuso. El toro se entregó, renunció a la batalla al sentirse podido. Quizás un único pero. El de alargar la faena, cuando aquello no daba para más. El resultado de su actuación no estuvo al nivel de su esfuerzo.


Castella. Del alarde de valor al toreo de poder: Toreando así los toros se entregan y rinden (Foto: Julián López-Mundotoro)

El único con aires de Cuvillo, fue el tercero, un precioso colorao, muy en tipo. Sin exageraciones, enseñando las puntas… de esos que parece que no pueden fallar. Pero al animal le faltó fondo y fuelle. Inicio Talavante su faena en los medios. Lo que parecía un cartucho de pescao, se transformó en una pedresina. Muleta a la izquierda y surgieron dos series de trazo limpio, con esas muñecas prodigiosas del extremeño. Falta de transmisión en las embestidas que hicieron que el eco en los tendidos decreciera en la misma medida que se apagaba el toro. Mal con la espada.

La buena arrancada de un Cuvillo al que le faltó fondo (Foto: Julián López-Mundotoro)
Y salió el quinto.

La corrida parecía irse por el despeñadero…, cuando salió el quinto de Cuvillo (al menos ese hierro llevaba marcado a fuego, pero, por el comportamiento, podía haber sido de miura). Jabonero sucio, alto como un caballo, con una culata más propia de un Limousin (raza cárnica) que de un toro de lidia. Casi seiscientos kilos… con rizos que le concedían una imagen propia de las estampas de la Lidia… Y embistió con era, bruto, con poder. Apretó en el caballo. A la salida, derrote seco y pechugazo que hace perder el equilibro a Juan José Trujillo. La violencia del derrote hizo que el toro se encelara con el capote lanzado al cielo. Perdonó  al malagueño que había quedado a su merced. Ni la condición del toro hizo desistir a Roca Rey de tu turno de quites, esta vez por tafalleras

El quinto de la tarde. Si que hay quinto malo. Malo y complicado (Foto: Juan Pelegrín-Las Ventas)
En banderillas, la violencia del toro era tal, que puso en muy serias dificultades a su lidiador, Juan José Truijillo. Señalo esto, no como demérito de este extraordinario torero de plata,   Dios me libre, del que seguramente es el mejor, y sin ningún tipo de dudas el más poderoso de los peones actuales. Lo digo para que se hagan una idea de la condición del toro. Si el mejor torero de plata, con un capote, pasa un quinario… 

El quinto toro, de Cuvillo, arrolló a Juan José Trujillo durante su lidia. Cuando el mejor de los de plata pasa esos apuros... (Fotografía: Julián López-Mundotoro)

En el momento de coger la muleta y espada, era un toro para irse a casa y meterse debajo de la cama tres días hasta que se lo hubieran llevado del ruedo, o en el mejor de los casos, aplicar la lidia que decía Corrochano del “conocimiento de las reses”. Macheteo y a quitarlo de en medio con un espadazo… Pero se enfrentaba a él un nuevo Talavante, ese que ha impresionado en Valencia, el que estuvo tremendo de Sevilla… Espadas en alto en una lucha sin cuartel. 

Principio de faena del quinto. Talavante y el jabonero frente a frente, cara a cara. Empieza la dura pelea (Fotografía: Juan Pelegrín-Las Ventas)


Talavante. Toreando al malo como si fuera bueno (Fotografía Juan Pelegrín-Las Ventas)

Presentación en un intento de primer pase por alto al hilo de las tablas. Respuesta del Cuvillo arrancando la muleta de sus manos. Primer estaquillador roto. Cambio de tela y nueva propuesta. Esta vez con doblones por abajo, que decantan el primer asalto a favor del extremeño. Muleta a la izquierda para continuar la batalla. Cada cite, cada pase, cada remate, no era lanzar la moneda al aire, sino la bolsa y la vida entera. Mirada por encima del estaquillador en el cite, con la vista del toro siempre en el torero. La única virtud del toro fue atender a ese toque preciso y fuerte en el momento de embarcar al embestida, y a partir de en ese punto, varios disparos en forma de derrotes… y vuelta en empezar. Emoción a raudales. Plaza casi enmudecida. Hasta en dos nuevas ocasiones, el toro volvió a hacer astillas el estaquillador de la muleta talavantina. Pero la misma propuesta, la misma tranquilidad. Sin una mueca, sin un gesto, sin una alharaca de cara a la galería. Con la naturalidad del que asume su misión en la vida, y en el toreo. Única serie por la derecha, peor pitón del toro, para volver a jugársela con la izquierda. Y surgió la magia en dos series prodigiosas.  Milagrosas diría yo. Limpias, emocionantes, con el toro hasta colocando la cara. Y Madrid rugió. 



Que a un toro así, se le pudiese torear así, causó el asombro y la admiración de las Ventas. La plaza rugió  (Foto: Juan Pelegrín_Las Ventas)
Y en ese momento me acordé de ese camino que inauguró José Tomás con un sobrero del Sierro en el 99. Torear al malo, como si fuera bueno. Jugarse la vida para imponer su concepto del toreo, sin importar su condición. Talavante hizo el toreo del siglo XXI a un toro del XIX. Un toro de salto atrás en la evolución. Un toro de los tiempos de Machaquito y Bombita. Gran estocada y el toro que rueda a los pies de un Talavante triunfante. Cicatería del presidente. Sacó su pañuelo apenas un segundo antes de que el toro fuera arrastrado por el tiro de mulillas y así evitó la petición de la puerta grande. Puerta grande a todas luces merecida, para premiar una faena histórica. ¡Y qué más da! La faena de Ponce a Lironcito, tampoco fue de puerta grande y es la más recordada

Porque Alejandro, como Magno, ha realizado una nueva conquista. Y recibirá la gloria de pervivir en el tiempo…

Fin de la lucha. El triunfo de Talavante no es su triunfo sino el triunfo del Toreo con mayúsculas (Foto: Juan Pelegrín-Las Ventas)

Roca Rey abre la puerta grande

Todavía estábamos con el impacto Talavante, cuando salió por chiqueros el sexto del Conde de Mayalde. Sin cuello, cuesta arriba, feo,  y como tal, no recibió ninguna muestra de desaprobación del público venteño, porque hoy en día se ha puesto de moda que sólo se pite al toro bien hecho. 

Nuevo quite de escalofrío de Roca Rey, ahora por gaoneras. Brindis al público. Inicio por estatuarios que sacan hilos de los alamares. Entremezclados con dos cambios por la espalda, en el segundo de los cuales el toro ya no sabe ni por donde puede pasar para no llevarse por delante al torero. 

Quite por gaoneras de infarto. El toreo de Roca Rey no es apto para cardíacos (Foto: Juan Pelegrín-Las Ventas)
Toro incierto, que tuvo la virtud de no pararse y transmitir el peligro al tendido, ahora mucho más sensibilizado por el “impacto Talavante”. Que dimensión, que poderío, que capacidad de un chaval que lleva diez minutos en esto y parece que llevara veinte años de alternativa… Con ambas manos. En la última por la derecha, ligada con un arrucina, tiene a toda la plaza en pie.

Y se tiró a matar o morir, en ese punto donde el triunfo y la cornada,  la vida y la muerte, se dan la mano. Y salió triunfante, con la taleguilla rota. Y ese niño que apenas dos horas antes había sido recibido por el público con trato de figura, se marchó en volandas por la puerta grande, camino de la calle de Alcalá, como lo que es y creo que ya nació: Figura del toreo. 

Matar o morir. Así se explica un triunfo a golpe cantado (Fotografía: Julián López-Mundotoro)

A hombros Roca, aspirante a Rey del toreo. A pie se machó Talavante, su majestad. Y nosotros a casa conscientes de haber sido testigos de la historia. 


El Divino Calvo



A hombros se marchó Roca Rey en pos de la gloria, de la fama, de la historia (Foto Juan Pelegrín-Las Ventas)




sábado, 3 de octubre de 2015

López Simón. El triunfo del valor

Por Clarito

López Simón medita antes de torear. El toreo, cuando se hace como lo hace el torero de Barajas  es de una infinita exigencia y de una tremenda dureza (Fotografía de Javier Arroyo para Aplausos)

De Sevilla a Madrid en pos de López Simón

Veníamos de Sevilla de ver triunfar a López Simón y le encontramos en Madrid también triunfante. Un triunfo agridulce y con algo de sordina. Agridulce porque el torero salió de la plaza en hombros pero con una cornada de 15 centímetros. Con algo de sordina porque las Ventas, complicada plaza, no acabó por entregarse totalmente al torero madrileño, pese a su derroche de arrojo, valor y entrega. Difícil ser profeta en tu tierra. Más difícil aún si esa tierra es la Villa y Corte.

Pero vayamos por partes. La toreable corrida del Puerto de San Lorenzo había despertado cierta expectación pues junto a López Simón (dos Puertas Grandes en Madrid este año, además de la de ayer, lo que suman tres) se acartelaba -en mano a mano- Diego Urdiales que es -hoy por hoy- torero de culto.

No sé si a Urdiales le pudo la responsabilidad, el ambiente o los alardes de valor de su alternante pero el caso es que anduvo desdibujado y desaparecido toda la corrida, muy por debajo del nivel esperado y al que últimamente nos tenía acostumbrados. No obstante, suyas serán con toda seguridad las mejores fotos de la tarde pues a estética no le gana nadie. El público de Madrid que había ido a jalearle, se desencantó y en el desencanto se dio de bruces con López Simón.

Diego Urdiales. Suyas son siempre (o casi siempre) las mejores fotos. Ayer sin embargo anduvo alicaido.
En su primero, López Simón se puso en el sitio donde embisten todos los toros, corrió la mano con parsimonia, aguantó los parones del astado del Puerto y en el remate de una tanda, al preparar el de pecho, el toro se le quedó corto, le caló y se lo echó sobre los lomos

López Simón fue cogido al rematar una tanda y cuando citaba para el pase de pecho. El toro le mete el pitón al levantarlo (Fotografía de Javier Arroyo para Aplausos)
El de Barajas, no se arredró y herido continuo la faena. Fueron muy pocos los espectadores que se percataron en un primer momento de que el toro le había calado. Luego, con el público ya a favor, mató al toro. 

El Presidente sacó el pañuelo blanco cuando el diestro ya se encontraba en la enfermería. Enfermería de la que salió un momento para recoger la oreja en gesto de agradecimiento. Así de importantes son las orejas de Madrid para los toreros.

López Simón salió de la enfermería para recoger la oreja de su primero en gesto de agradecimiento al público. Para los toreros las orejas tienen vital importancia pues son el premio a su labor. Una labor que es, siempre, exigente, dura y peligrosa como ayer se vió (Foto de Javier Arroyo para Aplausos)
Se corrió el turno para que, tras una primera cura de urgencia pudiese salir a lidiar sus otros dos toros que fueron, por tanto, el quinto y el sexto de la tarde. 

Sin alharacas pero dándole a su cogida toda la importancia que tienen las cogidas y que parte del público no le dio, salió López Simón a matar los toros quinto y sexto de la tarde en pos del éxito y de la gloria (Fotografía de Javier Arroyo para Aplausos).
El sexto se lastimó una pata (según los veterinarios de la plaza por rotura de ligamentos) por lo que no hubo -no pudo haber faena- pero antes en el quinto, se había alcanzado el punto de mayor emoción.

López Simón, en ese toro, lógicamente mermado de facultades, se colocó sin embargo, otra vez, en el sitio donde todos los toros embisten y, otra vez, corrió la mano, aguanto parones y vencimientos, jaló con mucho mando y temple las embestidas de un manso que buscaba las tablas y al que mató recibiendo en terrenos de toriles, cual si se tratara de Frascuelo redivivo. Le cortó otra merecida oreja que le abría, también merecidamente, la Puerta Grande de las Ventas. ¡Gloria al héroe!.

López Simón con la muleta en el quinto de la tarde ya cogido. Excelente colocación, mucho temple y, sobre todo, mucho mando (hijos del valor) fueron las claves del buen toreo que desarrolló el madrileño (Fotografía de Javier Arroyo para Aplausos)
Epílogo

Vinimos de Sevilla en pos de López Simón y  nos encontramos en Madrid al diestro que habíamos venido a ver. Un diestro en formación y, por tanto, todavía con algunas lógicas carencias pero y esto es lo importante, engrandecido, con sobrada ambición, con las ideas muy claras, con todas las ganas de ser gente en esto, cueste lo que cueste y, sobre todo, derrochando valor. 

Un valor puesto al servicio del buen toreo pues valor es pasarse los toros por el frente, no por el costado, lo más despacio posible y ligando los muletazos en un palmo de terreno; en el terreno que pisa este torero. 

Y es que esa es, a fin de cuentas, la exigente técnica del toreo en redondo, la que exige más templanza de los toreros. La que exige más valor. La que más vale.

Lo dicho: ¡El triunfo del valor!

López Simón. 3 Puertas Grandes en las Ventas este año: El triunfo del valor o el valor del triunfo (Fotografía de Javier Arroyo para Aplausos)