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sábado, 25 de marzo de 2017

Galería de grandes "toreras"

Por Jose Morente

Marilyn torera por Eral Moran

En nuestro días, el animalismo gana la batalla en el mundo y los artistas de Hollywood participan de forma desinteresada en campañas contra el maltrato animal o contra lo que suponen maltrato, pero hace no tantos años, las cosas eran más bien diferentes.

En aquel entonces, Hollywood era un hervidero de divertidos librepensadores capaces de jugarse el tipo contra tipos como McCarthy, tan sólo por defender lo que era la base del sistema americano: la democracia y el derecho de todos a opinar libremente, algo que en la guerra fría no resultaba conveniente.

Manifestación contra McCarthy. Es triste cuando la libertad hay que pedirla. Hoy andamos en las mismas y el toreo sufre el acoso de los más intolerantes de nuestra sociedad
Al final, lo que se reclamaba era simplemente libertad. Libertad para pensar, libertad para elegir. Ya fuera para elegir representantes políticos en las cámaras o, simplemente, para elegir aficiones con las que entretenerse. Y es que hablando de aficiones, la gente de Hollywood, hubo una época que andaba loca por el toreo y eran frecuentes las excursiones a las ciudades cercanas de México (entonces a nadie se le ocurría levantar muros fronterizos) para ver corridas de toros.

La afición a los toros y la iconografía taurina hacían furor por lo que no era raro encontrarse a las grandes actrices vestidas de toreras, simulando lances toreros o, las más atrevidas, toreando vaquillas

En aquellos tiempos, Hollywood parecía Jerez.


Lauren Bacall

La siempre enigmática y sugestiva Lauren Bacall, posa con chaquetilla torera y delante de un cuadro taurino.  Hay quien ha dicho que la bravura del toro está en sus ojos, en su mirada. Y es cierto, pues en el toreo son claves las miradas, las del toro y las del torero. Y también las del público. Aquí, la Bacall tiene esa mirada profunda de quien se juega todo en cada envite. Es la verdad del toreo y la de la vida

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Marilyn Monroe

Aunque Pepe Alameda nos enseñara que el toreo no es graciosa huida sino apasionada entrega, el toreo -desde siempre- además de tragedia es fiesta y, desde Chicuelo al menos, la gracia es un activo que se cotiza alto. Y en esa senda, la de la gracia torera, se encuentra Marilyn que simula un cite con el capote con un punto de picardía que haría enrojecer a Curro Cúchares pero que hará las delicias de los espectadores.



Liz Taylor

En la misma senda que la Monroe, quizás con menos picaresca pero quizás también con más enjundia torera pues cita de frente y por derecho aparece esta elegante Liz Taylor que nos explica, toreando de salón, lo que es el arte del toreo. Con la figura erguida en airosa y elegante curva y el compás frontal y cerrado. Como mandan los cánones del toreo más puro y clásico. El toreo eterno.





Rita Hayworth

Si algo llama la atención al que asiste por primera vez a una corrida de toros es su espectacular colorido. Si además el toreo se hace con la Giralda al fondo, miel sobre hojuelas. Sobre todo si quien torea es nuestra compatriota Margarita Cansino, Rita en los carteles de todo el mundo, quien aquí nos deleita con un recorte al molinete. Le embiste Tyrone Power ¡casi ná!






Sofia Loren

Pero la verdad del toreo está en el ruedo. Sólo quien -de modo real o metafórico- pisa el albero (el de una plaza de toros o elde una placita de tientas) con la misma decisión que lo pisa Sofía, puede ponerse en la piel del torero y entender por lo que pasa y lo que le pasa. Lo que llama empatía, una empatía con los toreros que hoy -cuando todos empatizamos más con el toro- tanto se echa en falta.


Ava Gadner

Y si te pones, no te quites. El toreo se basa en decisiones rápidas, casi instintivas. Delante de la cara del burel, aunque poco tiempo a pensar. Y eso, pese a la ayuda de la cuadrilla, simbolizada aquí por ese Luis Miguel Dominguín que tanto hizo por difundir el toreo y popularizarlo entre quienes como Ava Gadner (aquí erguida y majestuosa) tan bien podían difundirlo fuera de sus fronteras naturales. ¡Gracias, Luis Miguel! ¡Gracias, Ava!


Virna Lisi

Hemos llegado al final. La cuadrilla ha terminado su labor y ya ha sonado el clarín que anuncia el cambio de tercio. El torero queda sólo frente al astado. Es la hora de la verdad. Del todo o nada. Del triunfo o del fracaso. De la vida o la muerte. Hace falta mucho valor -no sólo físico sino también moral- para exponerse de ese modo y ante la escrutadora mirada del público. 

Fue Joselito el Gallo quien nos enseñó que, una vez en esa tesitura (y el consejo vale para el toro como para la vida), lo más importante es dominar la situación y hacerle frente sin volver nunca la cara (ni al toro ni a la vida). 

Torear sin perderle la cara a la res -una vaca de suficiente trapío- es lo que hace -o intenta hacer- una valiente y decidida Virna Lisi.




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miércoles, 4 de noviembre de 2015

Cuaderno de notas (LXVI) Un jarro de agua fría sobre nuestro entusiasmo

 
Ava Gadener en la Maestranza de Sevilla, reacciona ante una cogida de Manolo González. Corría el año 1950. El disfrute del espectador, sus emociones, no deben verse empañados, bajo ningún concepto, por un mal entendido prurito técnico
 
"Los toros, o sea, la fiesta taurina, como sucede con todos los espectáculos y en general con todas las manifestaciones de arte, pueden considerarse desde dos punto de vista diferentes y hasta casi se podría decir antagónicos; uno es el del simple espectador aficionado; y otro el del profesional y por extensión el del aficionado práctico.
 
Para estos tienen los lances un valor técnico, mientras que para aquellos no lo tienen más que espectacular.
 
(...)
 
El torero y el que ve los toros con ojos de torero, no hay más remedio que repetirlo, da la máxima importancia a detalles y formas de ejecución en las suertes que el no profesional, el simple aficionado espectador, es muy difícil que aprecie, aun conociendo teóricamente y de memoria en que consisten.
 
El entusiasmo, la emoción, que le haga experimentar un determinado lance, por su belleza, por su gallardía, por su elegancia, por lo que haya puesto de personal, y por lo tanto, de nuevo e imprevisto, el diestro que lo realiza, distraerá su atención hasta el punto de olvidar en que terreno, con que ventaja o desventaja, etc. se ha llevado a cabo.
 
El profesional, por el contrario, eso es lo que tendrá en cuenta; y sobre nuestro entusiasmo verterá un jarro de agua fría, haciéndonos saber que aquello hubiera tenido mérito un poco más fuera del tercio, bajando otro poco más el capote, adelantando la pierna contraria, etc., etcétera, también.
 
Total, que el aficionado espectador que estaba la mar de contento con el buen rato que el tal torero le había dado, so pena de confesar su ignorancia, ha de renunciar a la impresión recibida y trocarla por la ajena.
 
(...)
 
Lo que yo trato, con los reparos expuestos, es de evitar que un exceso de técnica perturbe al aficionado, lo desoriente, lo desconcierte, acabando por no saber qué es lo que le gusta o qué es lo que le debe de gustar o no gustar."
 
Tomas Orts y Ramos "Uno al Sesgo" El arte de ver los toros (Nueva edición ilustrada, corregida y notablemente aumentada, Barcelona, Ediciones de la Fiesta Brava, 1928. Páginas 7-11)

 
El punto de vista del torero es muy distinto al del espectador. Pepín Martín Vázquez, en la misma tarde, ve la corrida mezclado entre el público. El conocimiento de la técnica es positivo si nos lleva a entender mejor lo que ocurre en el ruedo sin mermar nuestro entusiasmo pero cuando la técnica sólo sirve como jarro de agua fría para enfriar nuestras emociones, es preferible prescindir de ella.