En un solo quite por chicuelinas Juan Ortega había borrado toda la tarde. Toda la crónica. Todas las letras del abecedario. Ido el sol, caída la noche, la luz se hizo. Fue la escultura a Chicuelo y su deslumbrante broche un anuncio, el momento exacto en que Ortega sacó la escoba. Y luego brindó al público la gloria. Pues gloriosa fue la faena. Desde que acarició por alto los ayudados. Que barrían sedosos el lomo de Basurilla, el toro más fino, el más lindo, el de más clase. A calidad más calidad. Y esa brotó de las muñecas paroxísticas de Juan. Para inmortalizar el toreo, reducirlo a las esencias de la naturalidad. Donde todo es cadencia, y lentitud, y armonía. Había poesía la torería desnuda de toda alharaca. La ligazón del natural con el de pecho, tal como los cantaba Belmonte, vertían el cuenco de las maravillas. Qué despacio discurrió todo y qué pronto pasó. Después de tanta espera. Después de tanta nada. Al fin, el todo.
Juan Ortega enterró la espada en el segundo viaje. Y estalló la plaza, desgañitada, afónica ya por entonces. Ronca de jalear el sueño del toreo. Cayeron las dos orejas con una fuerza atronadora, borrando todos los demás trofeos conquistados. Y los recuerdos amargos con el hondo toro tercero que se agarró a la tierra como un buque varado. Ortega barrió todo con su escoba. Como el lomo de Basurilla, arrastrado en una vuelta al ruedo por el pañuelo azul.
Zabala de la Serna, "Hasta que Juan Ortega sacó la escoba" en El Mundo. 17.09.2020
La gran estocada de Juan Ortega a Basurilla de Victoriano del Río
El toreo de Juan Ortega en Jaén
Música: Adagio en G menor. Albinoni / Imágenes: Movistar plus
Castella con Drosero-47 de Victoriano del Río (EFE)
Cuando salta el toro a la arena la fiesta cobra todo su sentido. Se me dirá que toros salen todas las tardes y no deja de ser verdad pero cuando el aficionado habla de "un toro", quiere decir algo más.
No se trata de volumen ni del peso, ese que tanto confunde a algunos que, cuando ven la tablilla con menos de 550 kgs., ya están hablando de novillos. Y no es eso, los toros de ayer de Victoriano del Río andaban entre los 480 y los 524 (solo el sobrero de Benjumea fue la excepción) que es un peso suficiente cuando los toros tienen edad y trapío. La corrida estuvo bien presentada.
Eso por lo que respecta a la presentación que, por lo que hace al comportamiento, las cosas son más complicadas pues si lo ideal es el toro bravo y noble, en la variedad está el interés de la fiesta. En la corrida de ayer y dentro de una tónica de buena casta (que es el santo y seña de esta gran ganadería) vimos esa variedad que va del manso sexto, rajado y huido (ese que decían los viejo aficionados que quería sacar agua de la noria) al bravo, bravísimo cuarto, un toro encastado y fiero de esos que tanto gustaban a esos viejos aficionados y que tan poco les gustan a los toreros.
Sobre ese toro cuarto (Drosero-47) hay que hacer punto y aparte pues fue un toro al que, en varas donde hizo buena pelea, sangraron mucho, tanto que temimos que no llegara con bríos suficientes al último tercio pero, sorpresa, el toro se vino arriba, desbordante de casta y alegría. Un toro difícil por lo encastado y bravo. La suerte fue que le tocara a Sebastián Castella, que ayer vino crecido (tan encastado y bravo como el toro, como se vio en la tremenda réplica que, en su primero, dio a un buen quite de Talavante). Si le llega a tocar a otro torero, todavía está el toro en la arena y el diestro huyendo. Castella, no. Castella estuvo muy firme y muy decidido, consiguiendo meter en la canasta al fiero toro de Victoriano del Río.
Fue faena con la mano derecha que es la indicada para este tipo de toro porque es la mano con la que se domina. Con esa mano es con la que toreaba Domingo Ortega que es quien más les ha podido a los toros. Pero como Castella es Castella y por eso está donde está, también se puso con la izquierda, lado por el que el toro estaba intratable, derrotando y pegando hachazos. Los naturales no fueron limpios, no podían serlo, pero la firmeza del torero y su apuesta, hay que apuntarla en su haber. De remate mató jugándosela en un toma y daca emocionante. El toro salió muerto de la estocada y le dieron una oreja aunque le pidieron dos. Se las hubiera merecido pues su tarde, desde que salió su toro, el primero, había sido de Puerta Grande (¿Para cuando queda abrir la Puerta Grande de la Malagueta?).
Se me olvidaba, con el capote en ese toro también me gustó mucho pues llevó muy toreado al toro que, repito, no era fácil de torear.
La estocada de Castella
Roca creo que equivocó el planteamiento de faena al último de la tarde, el manso de libro del que antes hablábamos, pues empezó por estatuarios y el toro se le iba. Se le acabó yendo del todo. Pero con estos toros cualquiera sabe cual es el planteamiento correcto. Lo probable es que, le hiciera lo que le hiciera, se le hubiera acabado yendo. Dicen que todos los toros tienen su lidia pero con estos toros, la única lidia posible es correr tras ellos (lo que, por supuesto, es mucho mejor a que sea el toro el que corra tras uno).
En el otro, al contrario, Roca Rey se justificó de sobras. El sobrero de Benjumea, muy grandote y pesado, se movía y estos grandes toreros de ahora tienen tal capacidad que, cuando el toro se mueve, sea bien o mal, tienen ya un hilo para tirar del ovillo. Y Roca tiró. Bien por el peruano.
Roca Rey con el sobrero de Benjumea. Esa forma tan perfecta de acucharar la muleta es la que hizo que el toro -una máquina de tirar derrotes- no se la enganchara.
Por cierto, un punto para la Presidencia en el toro devuelto. Lo habían ya picado y las protestas arreciaban. El palco hizo señas a los toreros para que movieran al toro y pudiéramos calibrar sus fuerzas. Los toreros -Roca y su peón- se quedaron impasibles y no se movieron como si quisieran que al toro lo echaran para atrás. La Presidenta no tuvo más remedio que sacar el pañuelo verde y devolverlo. Ese peón luego le daba un par de capotazos al toro que este tomó bien y, con la mirada, reprochaba la decisión de la Presidenta. Se equivocó. Yo no hubiera devuelto al toro pero el error fue suyo y de su torero.
Talavante pasó del frío al calor, de la faena académica pero fría y algo despegada (que difícil es torear con los vuelos) del toro segundo a la sinfonía del mejor toreo posible al natural que nos regaló en el quinto de la tarde. Probablemente, juguemos a profetas, una de las mejores faenas que podremos ver en la Feria. No es fácil describirla. Suerte que, hoy, con los videos no tenemos que conformarnos con lo que nos cuentan. Faena sobre la mano izquierda, con los vuelos desde arriba, con la elegancia y la suavidad con la que Talavante sabe torear. Un lujo y una delicia. Un deleite para el paladar del aficionado al buen toreo que es el que vimos hasta que el toro se rajó (Un inciso. Se rajaron varios toros, indicio de que la bravura tiene fecha de caducidad pero también indicio de que hay que medir más las faenas, algo que hoy no se hace). La lástima fue que no lo matara.
Talavante en el quinto toro. Generalmente la fotografía capta el momento central de las distintas suertes. Esta -más original- capta el remate. Gracias a eso, se puede apreciar perfectamente como el toro va toreado hasta el final del muletazo
Resumiendo, y como decían los antiguos, que la tarde fue buena, los toros bravos y los toreros valientes. Una gran tarde de toros y de guinda, Drosero-47, negro mulato, 480 Kg, nacido en octubre de 2012. Un toro bravo.
Roca Rey ya no es una promesa es una realidad. No sólo ha puesto en jaque a todo el escalafón, sino que además le viene marcando la pauta a los que vienen detrás y hoy dio otra dimensión de su toreo.
El valor de siempre para pisar terrenos comprometidos y la cabeza fría para decidir en la cara del toro, pero por sobre todo hoy hizo gala de toreo fundamental.
Al tercero (bis), que salió con el hierro de Toros de Cortés después que el titular fuera devuelto por débil, lo llevó largo y templado bajándole mucho la mano. Mandó en las embestidas del toro. Muleta poderosa para domeñar al encastado, pero con atisbos de manso que tuvo al frente. La tercera tanda fue magnífica corriendo bien la mano. Toreo profundo y despacioso por ambos pitones rematando las series con los de pecho de auténtico valor. No falló con el acero y el estocadón fue al encuentro.
Distraído y dormido fue el sexto al que Roca Rey le plantó cara y supo meter en la muleta. Embestidas defensivas del manso que se queda corto y rebaña. Atacó Roca Rey y le pudo. Manoletinas finales en una faena que se quedó sin premio porque la espada esta vez no fue su aliada.
Juan José Trujillo a quien vemos, en la foto, en el Patio de Cuadrillas junto a Alejamdro Talavante, antes de comenzar una corrida, protagonizó el pasado viernes la tercera charla del Toreo por dentro organizada junto a UTAMA y dedicada al Tercio de Banderillas. Muy sembrado y muy relajado, todo lo que dijo tuvo el máximo interés
Entre la tremenda dureza del tercio de varas y el seco enfrentamiento del tercio de muerte, el tercio de banderillas aparece a nuestro ojos como un tercio airoso, alegre y grácil.
Incluso los espectadores más sensibles y menos curtidos en tauromaquia encuentran en esta fase de la corrida, más motivos de relajo y diversión que en el resto de la lidia.
Sin embargo, tras esa simpática apariencia se esconde un tercio de mucho riesgo, no siempre evidente, pero siempre cierto.
Enfrentarse a cuerpo limpio sin engaños al toro para ganarle la cara a la carrera o burlarle con un hábil quiebro ha resultado siempre algo sorprendente para los espectadores que agradecen esa rotura de la tensión que las banderillas encarnan.
Sin embargo, tras esa fachada brillante y entretenida, acecha el peligro. En todos los toros y todas las tardes (en el ruedo siempre hay peligro) aunque acostumbrados a él, al final acabamos por no darle importancia a algunas cosas que tienen mucha.
Vídeo 1. Un traspiés puede surgir en cualquier momento Manolo Ortiz, maestro y primer referente de Juan José Trujillo, banderillea en Madrid con su habitual solvencia y poderío, pero tiene un traspiés a la salida del par, por fortuna sin resultar cogido.
Vídeo 2. Arruza en Sevilla. Cogida con fortuna
Carlos Arruza, torero valiente y poderoso donde los haya, sale cogido -sin consecuencias- de un par de banderillas en la plaza de Sevilla. Se levanta sin mirarse, pide otro par y se va hacia el toro... ¡Casta!
En la charla del pasado viernes, Juan José Trujillo, nos descubría los entresijos de la lidia y, entre ellos, esa sorpresa de que algunas ganaderías de las tenidas por fáciles (comerciales las llamamos algunas veces los aficionados) son muy duras y difíciles de banderillear. En concreto, citaba los toros del Pilar,Garcigrande yVictoriano del Río. A esta última, se refería por propia experiencia personal. Dura experiencia.
Y es que, a veces, muchas veces, las apariencias engañan...
Vídeo 3. Una cogida de gravísimas consecuencias
En Sevilla, en el año 2013, un toro muy fiero y agresivo de Garcigrande coge e hiere de gravedad al Niño de Leganes en la suerte de banderillas. El torero tuvo que abandonar la profesión tras esa terrible cornada. Todavía hoy ver esas imágenes me pone la piel de gallina.
Vídeo 4. Ni en el callejón te libras
Tras un par en Murcia, un toro de Victoriano del Río persigue a Juan José Trujillo hasta la barrera, y cuando este la está saltando, el toro lo "atrapa", lo tira al ruedo intentando y, ahí, intenta cornearle con saña...
Cayetano hizó ayer en Málaga derroche de valentía y casta toreras recordando a su padre, Francisco Rivera "Paquirri" (Foto de Alex Zea para la Opinión de Málaga)
Es Cayetano Rivera Ordoñez, torero de gusto y empaque. Por eso de los dos hermanos Rivera es el que más recuerda a su abuelo, Antonio Ordoñez y, sobre todo, a ese otro Cayetano, el Niño de la Palma que tantas expectativas despertó cuando debutó en Madrid.
Sin embargo, Cayetano, además de esas cualidades atesora y desborda casta, mucha casta. La misma casta que tenía y derrochaba su padre, Francisco Rivera, el llorado "Paquirri".
Así le vimos en la goyesca de Ronda el pasado año y así le hemos visto ayer en la Malagueta, con toros de Victoriano del Río, con la misma ambición, valentía y casta de su padre, al que nos lo recordó durante toda la tarde.
Ayer, en Málaga, no toreó Cayetano. Ayer, en la Malagueta, toreó Paquirri.
Nota de LRI. José Ramón García es un aficionado cabal que sigue a José Tomás allí donde toree. Igual que nosotros pero el más veces y con mayor constancia y empeño.
Tiene además la gentileza de difundir entre los amigos las filmaciones de las faenas del diestro de Galapagar, lo que nos permite seguir su temporada con pleno conocimiento de causa. Algo que nunca le agradeceremos lo suficiente a José Ramón. Y a José Tomás, por supuesto.
Hoy me ha parecido oportuno dejar testimonio en el blog de su empeño y subir estas dos faenas de Huelva, dos faenas con mucha enjundia, lo que nos permitirá además opinar sobre ellas sin estar condicionados o mediatizados por el juicio de los afortunados que estuvieron en la plaza.
Pase de trinchera de José Tomás en Huelva, la técnica y el valor al servicio del dominio (Foto de Maurice Berho para Mundotoro)
¿Como estuvo José Tomás en Huelva?
Cuando uno vuelve de viaje de ver torear a José Tomás, lo primero que te preguntan los amigos es saber como estuvo el torero de Galapagar. El que lo vio en Jerez, inquiere si estuvo mejor que en Jerez, el que estuvo en Alicante quiere saber si lo que hizo tuvo más mérito que la meritoria faena de Alicante a un toro con tantas teclas que tocar.
Complejas preguntas pues no es nada fácil jerarquizar faenas. Y es que el toreo no es sólo cuestión de lucimiento, de resultados,sino también de ajuste a las condiciones del toro. Conocimiento de las suertes pero también y sobre todo, conocimiento de las reses. De capacidad del torero de dar respuesta a los problemas que plantea el toro. Cuestión capital en Huelva pues problemas y muchos fueron los que plantearon los toros que Victoriano del Río envió a esa plaza.
El toreo con la izquierda de José Tomás. Manejo exquisito de los vuelos (Foto Arjona para Aplausos)
Pureza y entrega
Repasando su historia, tuvo José Tomás una primera o primeras etapas en las que andaba muy preocupado por la forma de torear. Por el concepto. Por lograr el toreo perfecto, el trazo más ajustado y exigente del muletazo. Y ello, fuese como fuese el toro y, muchas veces, contra las condiciones del toro. Era una época dramática, pues no siempre el toro acepta de buen grado la perfección. Hubo años de muchas cogidas, de mucha sangre pero de enorme pureza y exigencia donde el torero no se permitía concesión alguna. Su planteamiento, visto desde fuera, pasaba por imponer su toreo al toro. Un planteamiento de una tremenda dureza consigo mismo.
Los toreros evolucionan y Tomás que, sin perder su esencia y su concepto, su pureza y su exigencia, siempre fiel a su estilo, es uno de los que más buscan y rebuscan, prueban y ensaya, ha acabado encontrando y exhibiendo en las plazas una rara maestría. Un plácido dominio.
Esta temporada, Tomás, en la línea que ya venía anunciando desde hace un par de años, esta toreando con la misma entrega de siempre pero con exquisita precisión, con tremenda seguridad. Con un sentimiento desgarrado pero nada melodramático.
Igual que en su día le ocurriera a Juan Belmonte, a quien llamaron el trágico y acabaron por llamarle maestro, el toreo de José Tomás transmite maestría. Verle, ya no provoca susto ni zozobra sino que asombra e impresiona por justo, por medido, por adecuado. Los pitones eso sí, le siguen pasando a milímetros de la taleguilla pero su toreo provoca admiración, no miedo. José Tomás es ya (lo era hace tiempo) un consumadomaestro. Una maestría que se impone por encima del valor desmedido y de la más depurada técnica que, sin embargo, siguen presentes. Muy presentes.
El valor siempre presente(Foto de Arjona para Aplausos)
Un detalle de esa maestría creo que bastará. Andaba José Tomás toreando por naturales, de forma inmejorable al cuarto de la tarde. El toro que, como toda la corrida, era más bravucón que bravo, hizo un pequeño amago de rajarse. Tomás sin dudarlo cambió de registro y, en vez de seguir con el toreo en redondo que es el que más castiga a las reses, se puso a torear de frente. El toreo de frente tiene un trazo, por necesidad, mucho más corto y lineal y aunque fuerza la figura del torero en el remate, obliga menos al toro. Era lo adecuado y necesario y el toro no llegó a rajarse, lo que si que hicieron casi todos sus hermanos. Detalle de maestría.
La mano que no torea en una postura que, aunque habitual en Antonio Ordoñez, resulta inusual en José Tomás (Foto de Arjona para Aplausos)
Y ahora si que contesto a la pregunta del principio ¿Cual es la mejor faena de José Tomás?
La respuesta es bien simple: la última.
Epílogo con anécdota
Me cuenta mi buen amigo Javier García Baquero que, por la mañana en el enchiqueramiento, la cuadrilla de Tomás siguiendo instrucciones directas del maestro ofrecía a David de Miranda la posibilidad de elegir sin sorteo los toros que quisiese para su alternativa, en añeja y muy torera tradición.
La contestación del neófito, vía los toreros de su cuadrilla, fue también de antología y no tiene desperdicios: "Lo estábamos esperando. Nuestro torero agradece el gesto pero prefiere que se sorteen los toros: Que sea Dios quien reparta la suerte".
Eso es torería. Por ambas partes.
Luego en la plaza, por la tarde, llegaron las medidas y sentidas palabras del padrino que también rezumaron torería. Esa torería que algunos dicen que le falta al toreo moderno. Dicen.
Sellando la alternativa con un apretón de manos. Sabor de toreo antiguo (Fotografía de Arjona para Aplausos)
Triunfal salida a hombros de la terna. José Tomás, Lopez Simón y David de Miranda, estuvieron muy por encima del complejo e interesante encierro de Victoriano del Río que tuvo mucho que torear y mucho se le toreó. El público de Huelva supo leer correctamente todos los matices de esa gran corrida (Fotografía de Arjona para Aplausos)
Morante recibe con un farol a Amoscado-69 de Victoriano del Río.
Sevilla, 13 de mayo de 1855
El domingo 13 de mayo de 1855, tres años después de regresar de las Américas y dos antes de su gravísima cogida en el Puerto de Santa María, de la que quedaría tuerto, el diestro Manuel Domínguez conocido popularmente como Desperdicios, ejecutaba en Sevilla una suerte nueva de su invención.
Los toros de esa tarde, 5º de abono, eran de Miguel Martínez y con Desperdicios toreaban Antonio Sánchez "El Tato" y el popular Don Gil. En el 4º, de nombre Cucaracho, retinto claro, de poder y libras, Dominguez ejecutó la nueva suerte a la que denominó "de farol". Una suerte que repetiría en la última del abono sevillano de ese mismo año, que se celebró "el día del que nos abrirá las Puertas del Cielo cuando de este mundo vayamos" según decía el revistero de "El Enano". Una suerte que acabó incorporándo a su repertorio y exhibiendola en el resto de las plazas.
He aquí la reseña de la lidia de ese toro Cucaracho, según el citado periódico:
Reseña de la lidia de Cucaracho (Publicada en el Enano, el 22 de mayo de ese año)
La suerte, que gustó mucho (lo novedoso siempre gusta a los públicos) se describía así en la Tauromaquia de Guerrita:
"Se ejecuta en su primera parte como la de la verónica, pero en el momento de sacar el capote de la cara del toro se hace un movimiento como si se fuera a colocar sobre los hombros, dando con él una vuelta en derredor de la cabeza del diestro, y volviéndolo a su primitiva posición si ha de repetirla, o dejándolo sobre los hombros si quiere terminar la suerte galleando"
Lo esencial de la suerte es ese gesto de pasar el engaño por encima de la cabeza, que da nombre a la familia de los lances denominados afarolados.
Capeo. Suerte de farol segúnuna de las láminas de la serie "La Fiesta Española". La serie se publicaba en 1860, muy pocos años después de la invención del farol por el diestro Manuel Domínguez "Desperdicios"
Sevilla. 8 de abril de 2016
El pasado viernes en Sevilla, en la 7º de abono, Morante de la Puebla recibió a su segundo enemigo con un farol al estilo del señor Manuel Domínguez, volviendo el capote a su posición original para instrumentar a continuación una tanda de verónicas que remató con una media de las suyas.
Una de las medias verónicas de remate que Morante dio esa tarde (Fotografía de M. Serrano-ABC)
Aunque estamos habituados a recordar a Chicuelo, en Sevilla y en todas las plazas, gracias a las sempiternas chicuelinas que nunca faltan, resulta sorprendente que se recuperen suertes tan poco al uso como ese farol del diestro sevillano nacido en Gelves, el mismo pueblo que Joselito el Gallo.
Pero el caso es que Morante parece últimamente empeñado en rescatar y desempolvar del baúl del toreo antiguo estas añejas suertes, como ya vimos -por partida triple- el pasado Domingo de Resurrección en Sevilla y que también glosábamos en este blog
El coleo de Dominguez a Cucaracho
El coleo más famoso de la historia del toreo: Machaquito (Grupo escultórico de Mariano Benlliure)
Por si fuera poco, ese mismo día en que Morante nos deleitaba recuperando el farol, el diestro de la Puebla tuvo que colear a uno de los toros de la tarde, concretamente al bravísimo Impuesto-14 que correspondía al Juli y que estuvo casi siete minutos empujando al caballo de Diego Ortíz, uno de los mejores picadores de nuestros tiempos.
Morante coleaba a Impuesto igual, exactamente igual, que hace más de siglo y medio, Manuel Domínguez,según recoge la reseña del Enano que hemos insertado, tenía que colear por dos veces a Cucaracho, el toro con el que había presentado al público sevillano la nueva suerte de farol,
Como entones no había petos, Cucaracho consiguió derribar y matar 6 caballos. Eran otros tiempos aunque yo, sinceramente y por muchos motivos, prefiero estos.
Morante coleando al bravísimo Impuesto, al igual que hace siglo y medio, en 1855, Domínguez tuviese que colear en Sevilla al bravo Cucaracho (Fotografía de Maurice Berho-Mundotoro)
Para el aficionado torerista (si es que existe ese tipo de aficionado) la culpa de que los toreros no triunfen con más frecuencia, la tienen los toros. Que si no embiste con clase, que si puntean, que si esto, que si lo otro...
Para el aficionado torista (si es que existe ese tipo de aficionado) nunca el comportamiento del toro (de las ganaderías que torean las figuras) es suficientemente satisfactorio. Siempre le falta un punto de emoción o picante... para su gusto, claro.
El aficionado (torista o torerista) es un perfeccionista y por eso nunca se conforma con lo que tiene. Al elogio le sigue inmediatamente el reparo, la queja, el matiz. Nunca estamos satisfechos con lo que vemos. Por eso miramos más al pasado que al presente.
Espìguito 116 de Victoriano del Río (2º de la tarde)
Una tarde emocionante
El viernes vivimos una emocionante e interesante tarde en la Maestranza. Tanto que a mí me recordó las corridas de los años 60 cuando las ovaciones se sucedían sin solución de continuidad,, Pero al salir de la plaza resulta que no, que la cosa había estado bien, incluso muy bien pero... pero que habían fallado los toros.
Que no hubo toro, que faltó toro, han llegado a decir algunos en letras de molde. Otros sin ser tan extremistas decían que a los toros de ayer les faltó fondo o clase o bravura o poder. Una opinión consecuente con el estado de opinión en el que estamos inmersos.
Si hubo toros
Es posible y puede que sea verdad pero también es posible que sin los toros que se lidiaron ayer, no hubiésemos visto ninguna de las faenas o de las lidias o las incidencias con las que ayer tanto disfrutamos y tanto nos emocionamos.
Dicho en plata, que, para mí, si que hubo toro. No el mejor toro posible, cierto. Pero si un toro bien presentado con tipo y hechuras. Un toro con comportamiento tan variado -ayer hubo de todo- que pone a prueba el conocimiento y el saber de los toreros.
El toro, simplemente el toro. Que no es ni el tremebundo toro de Colcos ni el animal tan fácil y tan dócil que a nadie emociona. Un toro con virtudes y defectos. Casi siempre con más defectos que virtudes lo que es lógico si se piensa que el toreo moderno es mucho más exigente con el animal, se le piden muchas más cosas, que en el esquemático toreo de hace un siglo.
El viernes hubo toros por eso la tarde tuvo el interés que tuvo.
Celoso 155 de Toros de Cortés (3º de la tarde)
Amoscado 69 de Victoriano del Río (4º de la tarde)
Impuesto 14 de Victoriano del Río (5º de la tarde y cinqueño)
Enarbolado 164 de Toros de Cortés (6º de la tarde)
Cuando una figura como el Juli se planta en la siempre complicada puerta de toriles de la Maestranza para una larga cambiada a porta gayola ¿Que tienen que hacer los que vienen detrás? (Fotografía de M. Serrano para ABC)
Ayer, viernes de preferia, volvíamos a Sevilla a ver toros. Una corrida de mucha expectación (se puso el cartel de "no hay billetes")pues se anunciaban Morante, Juli y Perera con toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés.
Al final, el resultado superaba las expectativas pues la corrida no fue sólo agradable o interesante o entretenida, sino que también tuvo mucha enjundia, mucho argumento y no hubo momento de respiro en toda la tarde.
La crónica que viene a continuación resulta, en realidad, innecesaria por no decir, superflua pues sobre lo acontecido ayer y salvo raras excepciones cuyas causas no vienen al caso ni tiene interés analizar, ha habido coincidencia casi absoluta en la Prensa sevillana y nacional, destacando la importancia del festejo.
Sin embargo, este blog tiene como objetivo, además de recuperar y revisar el pasado, documentar el discurrir del toreo actual pues disfrutamos, se diga lo que se diga,uno de los momentos más interesantes de toda la historia del toreo.
Hablemos pues de lo que vimos ayer en Sevilla.
Los toros de Victoriano del Río/Toros de Cortés
El toro es la base de la fiesta y, sin ser excepcionales los toros de Victoriano del Río (bajo sus dos hierros), propiciaron por su variado comportamiento en todos los tercios -unido a la buena disposición de los diestros- el éxito del festejo. Es cierto que la corrida sacó más mansedumbre que bravura -hubo un par de toros muy rajados en la muleta-pero también es cierto que tuvieron mucha movilidad y, sobre todo, que hicieron cosas que no suelen ser habituales, como esas persecuciones infatigables y con mucho peligro a los banderilleros o la pelea de ese toro quinto que se durmió en el peto en dos larguísimos e interminables puyazo, cinco o seis minutos, y que trajeron a la Maestranza aires de tentadero de machos.
El quinto se enceló en el caballo y se durmió en el peto en dos interminables encuentros que hicieron recordar los tentaderos de machos (Fotografía de M. Serrano para ABC)
Las cuadrillas
Vimos, como otras tardes, algún suerte de varas y algún tercio de banderillas de trámite pero también vimos un tercio para el recuerdo como ese en el que -tras un templadísimo y largo capotazo de Ambel- sonó la música para homenajear la valentía de Curro Javier.
La verdad de un par de banderillas de verdad (Fotografía de M. Serrano para ABC)
Los maestros
Y sobre todo vimos, por ellos fuimos a la plaza y por ellos, se llenó la plaza, a tres toreros diferentes. Cada uno con su verdad y sus misterios. Con mucha verdad y con algún misterio.
Para empezar, la tarde nos deparó un muy buen toreo de capote. El de Morante es proverbial y hasta se permitió el lujo de recibir a un toro de salida con el farol que inventara el señor Manuel Domínguez, en ese empeño del torero de la Puebla de ir sacando del baúl de la historia, el toreo más añejo. Juli dio la replica en un quite impresionante. Perera puso, también en quites, su nota de valor y quietud.
El toreo de capote de Morante es proverbial (Fotografía de Maurice Berho para Mundotoro)
Después vimos seis faenas de muleta muy diversas, muy diferentes, respondiendo a los diversos matices de bravura (o mejor dicho, mansura) que sacaron los toros. A sus variados comportamientos. Faenas en los medios o en las tablas. Donde lo pedía el toro o donde quería imponerla el torero. Los contrastes que dan luz al toreo.
Morante vino a torear con la misma disposición y grandeza con la que vino el Domingo de Resurrección y casi con la misma mala fortuna matando. Ayer escuchó dos avisos por alargar la faena al rajado cuarto. Pero antes desgranó unos naturales tremendos en tablas, marca de la casa. ¡Qué bien torea este torero que tan bien sabe torear!
Morante en su primero un burraco de bella estampa. Luego con la izquierda cuajaría naturales de ensueño al rajado cuarto (Fotografía de Glez. Arjona para Aplausos)
Lo del Juli fue cosa aparte. Mandón, perfecto, tremendo, entregado y con mucha verdad, muy auténtico en su regreso triunfal a Sevilla, puso la plaza boca abajo, en sus dos toros. Toros a los que entendió con la precisión que le caracteriza y a los que toreó con profundidad, suavidad y temple infinitos y, lo que es más importante, con mando. Juli llevó, en todo momento, muy toreados a sus dos toros. Por donde quiso y como quiso. Eso, y quizás nada más que eso, es torear. Además estuvo muy medido en sus faenas. Como siempre. Así que mientras Morante derrochabatorería y tiempo, Juli fue modelo de mesura e inteligencia torera.
Alarde de poderío del Juli (Fotografía M. Serrano para ABC)
Perera vino a por todas y fue capaz de sujetar a un toro -el tercero- que se rajó de manera escandalosa a las primeras de cambio y se le fue a tablas. Pisando el terreno del toro, metido en los terrenos del toro, sacó muletazos impensables de absoluto poderío en un terreno imposible. En el sexto se dio un arrimón que, por desgracia, no llegó a calar en el público.
Perera en tablas consiguió entusiasmar a los aficionados de la Maestranza (Fotografía de M. Serrano para ABC)
Lo importante es que, en toda la tarde, no hubo un momento de aburrimiento. A las palmas, sucedían las ovaciones y, a estas,les seguían los olés. Hubo muchos palmas, muchas ovaciones y muchos olés. Faenas musicadas y oleadas, como decían los antiguos, matizadas y subrayadas por los inevitables silencios de la Maestranza. Pero ayer hubo muchos más de aquellos que de estos. Muchos más olés que silencios.
¡Fue una gran tarde de toros!
PD Con fotografía ¿Qué es torear?
Torear es hacer que el toro vaya donde le mande el torero. El Juli en Sevilla mandando en la embestida del toro.. Fotografía de Maurice Berho para Mundotoro)
Por Paco Carmona Fotografías: Arjona (Aplausos)/Alberto de Jesús (Mundotoro)
Decíamos ayer
Decíamos en anterior entrada:
Primero.- Qué Roca Reyva a ser en el Toreo lo que le dé la gana
Segundo.- Qué el Juli ha sido, es y será en el Toreo lo que le dé la gana y
Y dejábamos en suspenso y con dos grandes interrogantes, el punto tercero. Hoy resolvemos el suspense.
y Tercero.- Que Talavante ha toreado, torea, y va a torear, como le venga en gana.
La grandeza de un torero. La grandeza del toreo.
Desde que Manolete impuso la quietud
Desde que Manolete impuso la quietud como norma inamovible para triunfar en los ruedos, es precisamente cuando el toreo más se mueve por dentro, sin dejar en ningún momento de evolucionar y me atrevo a decir, de mejorar.
El caso, es que para mí, después de estudiar en directo más de veinte años de toreo, no dejo de sorprenderme, y últimamente, de asombrarme.
Recuerdo un spot publicitario, que hablaba que llegados a este momento de perfección, había que desaprender, volver al origen sirviéndose de lo aprendido, de lo corregido, de lo mejorado durante décadas.
En el toreo, pasa algo similar a otras artes. Que después de pasar por los grandes clásicos y admirar por cuestión de edad y atrevimiento, otros estilos más efectistas, el artista debe acabar por comprender que para ser realmente importante en la materia, uno se debe castigar, revolver, buscar e indagar en lo más profundo de su alma. Y sobre todo, comprender aquello que mejor le va.
Saber que para ser único, hay que ser fiel, y que en el arte, como en el toreo, no existen las copias cotizadas a precio de obras originales.
Me van a perdonar, pero esta extensa introducción, es una manera de encuadrar a un torero sumamente camaleónico, original, a veces clásico y otras temerario. Les hablo de Alejandro Talavante.
Talavante. A veces, clásico...
... y, a veces, temerario
Talavante el Grande
Un torero considerado figura, y que las estadísticas desde sus inicios juegan tan a favor de él, como la propia evolución de su tauromaquia.
Porque Talavante, es un gran taurómaco, un gran estudioso de su arte, un torero en constante evolución, en una constante búsqueda de sí mismo y de su propia vida. Porque el toreo para quienes lo llevan a cabo, no es otra cosa que el hilo conductor de su propia vida.
Alejandro siempre fue un hombre con estrella, uno de esos artistas capaces de cambiar el destino con una sola moneda. Un artista que desde sus inicios, fue transformando su manera de entender su profesión, de la misma manera que ha ido cambiando su vida.
Este torero, considerado, para mí, una de las principales figuras de la actualidad, es aún más importante por aquello que le hace a los toros. Que por cierto, a los aficionados es lo único que nos debería preocupar.
Lo único realmente importante es lo que los toreros son capaces de hacerle a los toros
Hace ya un tiempo
Hace tiempo, que Talavante viene toreando sumamente bien, dos o tres temporadas en las que su tauromaquia ha vuelto mejorada. Como si regresara a aquellos tiempos novilleriles, cuando el torero aún fresco, y "ajosetomasado", toreaba con suma facilidad, a través de los ojos de un genio. El añorado, Antonio Corbacho.
Talavante, siempre fue una esponja, ha sabido beber de grandes fuentes en distinto tiempo. De su etapa sin caballos, era una mezcla entre Joselito y El Juli, del que más tarde, ya siendo figura, se chupó media tauromaquia suya. Después ha ido cogiendo de unos y otros, de aquí y de México, hasta que un día, después de aprender mucho y bien de una de las grandes debilidades para los toreros, Curro Vazquez, decidió que llegados a este punto, su condición de figura, iba a ir de la mano de su libertad como artista.
La libertad del artista. La libertad del arte
Total, que Talavante, al que he tenido manía durante algunas temporadas, porque pudiendo torear como quisiera, toreaba como uno más, ha firmado en la pasada Feria de Fallas, la que para mí, ha sido la mejor faena, la faena más sería, fiel a un estilo, la más entregada, de mayor responsabilidad y quizá de menor repercusión, de toda la Feria.
Valencia, ha supuesto después de Olivenza, la primera feria importante y el primer medidor de intenciones que hemos podido ver en directo, gracias a la tele.
Me encanta este renovado Talavante, un torero que como bien dice mi amigo Javi Hernández, juega desde hace varios años en otra liga. Alejandro, cada día más clásico, es un artista de vanguardia, capaz de soltarle a los toros los vuelos por abajo sin descomponer de arriba, muy capaz de pasarse los toros muy cerca y de mejorar cada tarde. Una tauromaquia lenta, ceñida, pausada y limpia, una tauromaquia muy fiel, muy pura por comprometida, que nace de un sentimiento interior, del sentimiento de querer no mirarse más en nadie, sino todo lo contrario, empezar a servir de guía para generaciones nuevas y próximas figuras, como es el ejemplo del elegido, Gines Marín.
Un toreo que puede servir de guía para las nuevas generaciones
Talavante está toreando para la Historia
Talavante está toreando para la Historia, porque con anterioridad seha estado mirando mucho en ella. Un torero conritmo, que maneja los tiempos perfecto, que tiene un embroque lento, capaz de variar las suertes sin perder el estilo. Cada vez mejor capotero, cada vez más suelto, más hermoso, más sutil.
Pecho, cintura y compás, y sobre todo, y por fin, personalidad.
Me atrevo a contar todo esto, primero porque me encandila el torero, segundo porque rectificar en manías también es de sabios y porque la apuesta para este año y la de cada vez más taurinos, tiene nombre propio, Alejandro Talavante. Quien dentro de unos días, toreará la afamada corrida de Resurrección en Sevilla, y para más INRI, al lado del último gran genio hispalense, Morante de la Puebla.
Sevilla es el siguiente objetivo del extremeño.
Addenda. Para quien tenga interés es seguir y comprobar la evolución en el último año de este grandioso torero, insertamos 3 vídeos de 3 actuaciones: Almería en 2015 y las tardes de Olivenza (con un toro muy "cabrón" de Garcigrande) y Valencia (con menor repercusión mediática de lo que sus tres faenas merecían)
Inicio de una tarde complicada y densa (Fotografía de Hugo Cortés para SURDigital)
Iba más que mediada la, hasta entonces, decepcionante tarde cuando -lesionados y devueltos a los corrales el toro de Daniel Ruiz (que se partió el cuerno derecho por la cepa en una voltereta) y el sobrero de Lagunajanda (inválido)- alguien decidió que en lugar del 4 tris saliera el quinto toro. El toro de Garcigrande.
Sabia decisión la de ese alguien. Sabia decisión -no sé si reglamentaria o no- pero muy acertada pues enderezó una corrida que, desde luego, no se desarrollaba conforme al guión previsto y/o programado por el torero.
Antes habían salido al ruedo tres toros infumables. Uno, primero, de Fuente Ymbro, bruto y renuente a embestir pero con el que Alejandro Talavante hizo un verdadero esfuerzo. Un segundo de Victoriano del Río, con movilidad pero rajadísimo desde el principio lo que deslucía todo lo que se le pudiera hacer y un tercero, sobrero de Jandilla, más brutote aún que el de Ricardo Gallardo, sustituto de un Juan Pedro de ensueño, un precioso jabonero tan bravo, noble y suave como ayuno de fuerzas.
Fueron tres toros imposibles. No, desde luego, para lidiarlos y torearlos, pero si para hacer ese toreo que todos esperábamos, el toreo que el extremeño llevaba en la cabeza.
Maticemos esta afirmación.
El toreo que el torero lleva en la cabeza
Básicamente a lo largo de la historia y en su relación con el toro, los toreros han adoptado dos posturas diferentes.
Uno, es la de los diestros lidiadores que se adaptan y responden en cada momento (o intentan responder) a las condiciones y problemas que les plantean los toros.
Otra postura, que viene de Juan Belmonte, es la de los toreros que, por el contrario, intentan imponer su forma de torear a los toros. Es la de aquellos diestros que pretenden que sea el toro el que se adapte a su toreo y no al revés.
En esa segunda línea se encuentran la mayoría de los toreros actuales. En esa línea se encuentra Alejandro Talavante.
Es un planteamiento válido y que no excluye la sorpresa (al menos, para el público) aunque el torero llegue a la plaza con la faena hecha, con la faena en su cabeza.
Eso se vio, por ejemplo, en el lance de recibo al suave toro de Juan Pedro. Toro que luego sería devuelto. Talavante lo recibió con una larga afarolada de pie. Una larga de ensueño. Con ese mismo lance, con una larga idéntica, recibió Talavante al sobrero de Jandilla, un toro bruto y áspero que no tenía nada que ver con el anterior.
Un mismo planteamiento para dos toros muy diferentes. Más que contradicción es el signo de los tiempos.
Así, de esa forma tan fantástica, recibía el extremeño al tercero bis. Antes había recibido de la misma guisa al toro de Juan Pedro (Fotografía: FIT)
El toro de Garcigrande
Ese planteamiento, que comparten la inmensa mayoría de los toreros actuales, es muy exigente para el toro pues no todos los toros "valen" para el exigente toreo moderno. Por eso es tan difícil hoy ser ganadero.
Ser ganadero puntero exige por tanto dar respuesta a la evolución del modo de torear. Exige capacidad visionaria para anticiparse a los derroteros por los discurre el toreo. Un toreo que cambia por momentos. Aunque a nosotros nos falte muchas veces perspectiva y distancia para poder apreciar cabalmente ese proceso.
Quienes si tienen clara esa evolución son los ganaderos punteros. Por eso, alguno de ellos ha dicho que mantener los mismos sementales durante muchos años es síntoma de mal ganadero (al contrario de lo que se ha pensado siempre) pues denota incapacidad de adaptación a un "mercado" cambiante.
En anticiparse a la evolución del toreo. En ser capaz de producir ese toro que "necesitan" los toreros, Garcigrande se lleva la palma. Por eso y solo por eso es la ganadería predilecta de las figuras.
Algo que ayer se pudo comprobar de forma palmaria y evidente
El toro de hoy tiene que responder a toques y trazos impensables hace unas décadas (Fotografía: Hugo Cortés-SUR Digital)
La faena del cuarto. Viva Talavante
El cuarto toro de la tarde, el toro de Garcigrande, el toro que cambió el signo de la corrida, fue un toro noble que manseó en el caballo (donde le pegaron poco) pero que regaló a su torero unas francas y bonancibles embestidas que le permitieron desarrollar todo su toreo y desplegar toda su capacidad e inventiva.
La buena embestida del toro de Garcigrande para el buen toreo de Alejandro Talavante (Fotografía: FIT)
Faena de ensueño, antes soñada, donde es difícil destacar algo pero que alcanzó momentos excepcionales en esa tanda postrera de rodillas.
No hay más allá, salvo lo que se le ocurra hacer a este torero la próxima tarde. Como dice un buen amigo mío. Talavante este año juega una liga distinta a la que juegan los demás diestros del escalafón. ¡Viva Talavante!
El toreo de muleta de Talavante de rodillas tuvo una hondura impresionante (Fotografía: Hugo Cortés para SUR Digital)
El doble epílogo
Cambiado el signo de la corrida. Reconvertido en éxito, lo que pudo haber sido fracaso. Talavante se relajó y la tarde discurrió ya por caminos diferentes a los del infortunio e impotencia que habían marcado la primera parte.
Así, al toro sexto, escaso de fuerzas, Talavante le dibujó líneas de precioso y preciso trazo, ya en el tercio, ya cerradísimo en tablas. Exquisitez talavantera para rematar la tarde.
Antes, en el quinto con un toro de la Quinta, el torero demostró que que no es cierta esa incapacidad que se achaca a las figuras de "no poder" con el toro de ciertas ganaderías. Antes bien, Talavante anduvo sobrado y su faena fue medida y perfecta. Magistral, además, en el sentido de enseñar como hay que torear (al vuelo de los vuelos y sin molestar) a los toros grises de encaste Santacoloma.
Inspirado desplante en el flojo pero noble sexto. La tarde se cerraba con tranquilidad en el torero y en el público (Fotografía: FIT)
Resumiendo
En resumen que partiendo de un planteamiento que, aunque común en el toreo moderno, es, en mi opinión, bastante equivocado, llegamos a un final relativamente placentero gracias a la innegable capacidad torera de un gran torero, Alejandro Talavante, y, sobre todo, a la capacidad ganadera de un gran ganadero: Domingo Hernández.
Y gracias también, bueno es decirlo, a la actitud siempre respetuosa y expectante del público de la Malagueta.
Talavante brindó el sexto toro al público -de forma harto respetuosa- en agradecimiento pos su actitud durante toda la corrida (Fotografía: FIT)