Mostrando entradas con la etiqueta Paco Ojeda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paco Ojeda. Mostrar todas las entradas

viernes, 16 de octubre de 2026

Paco Ojeda: El saltito y su porqué

 Por José Morente

Estocada de Paco Ojeda con salto

Que Ojeda cambió el toreo de su época, es una obviedad, aunque no siempre se le haya valorado lo suficiente. Lo que no se ha comentado tanto es su forma de matar. Y es que Ojeda al matar lo hacía pegando un salto. El mismo salto que años después utilizó el Juli al que se le denostó duramente por ese "tranquillo" hasta el punto de que un aficionado (¿aficionado?) llegó a bautizar despectivamente esa forma de matar como "julipié".

Sin embargo, el Juli no fue el inventor del salto. Tampoco Ojeda ya que si nos remontamos un siglo atrás, nos topamos con la figura de Vicente Pastor, precursor en eso de Ojeda y el Juli. 

Estocada de Vicente Pastor con salto.

De la estocada con salto de Vicente Pastor ya hablamos en dos de las primeras entradas de este blog del año 2011:  La suerte de matar (I) Del Guerripié al Julipié y La suerte de matar (II) Un buen pinchazo en hueso es superior a una estocada mala.

No voy a volver sobre ello, pero si a puntualizar que tampoco creo que Pastor fuera el inventor del julipié pues al madrileño le enseñó a matar Valentín Martín que formaba parte de la cuadrilla de Frascuelo. Algún día habrá que seguir ese hilo.

Lo importante es lo que decía antes. Que al Juli le demonizaron por el julipié sin analizar las razones del salto y, aunque el propio Juli reconocía su falta de ortodoxia, me parece importante rescatar la explicación del "porqué" de esa forma de matar que da el maestro Ojeda en el capítulo dedicado al de Sanlúcar en el magnífico libro "Ases de espadas" de Manolo Guillén. Un libro de agradable lectura que recomiendo encarecidamente a todo aquel al que le interese documentarse en serio sobre esta compleja  y difícil suerte del toreo.

Ases de espadas de Manolo Guillén (Editorial Numancia, 2026)

Dice Ojeda que el nuevo modo de torear que su generación -con el a la cabeza- trajo a los ruedos, fue la que hizo que le costará mucho matar a los toros al modo digamos tradicional. Ojeda lo explica así:

Ese tipo de toro de aquella época no es el de hoy que embiste tanto. Entonces, cuando cogía a uno de aquellos y lo crujía, pues a la hora de entrar a matar, yo le echaba la muleta a la cara del toro, ¡y no andaba! ¡Los tenía que matar parados! 

Me encontré con ese problema con todos los toros a los que les formaba el lío gordo. Con todos los toros que cuajaba, tenia ese problema (...) y, claro, entences, a la hora de entrarle tú a matar , pues le entras con la muleta para que el toro humille y se arranque, pero ese animalito decía "¿Que quieres?¿Que me arranque ahora?" (...) Entonces me tuve que buscar la forma, porque como no humillaban, cuando yo le echaba la muleta y se quedaban igual. ¡Igual! ¡Con la cara ahí arriba! ¡No humillaban! Y tuve que pegar un "saltito", porque tenia que pasar el pitón. Cogí esa forma y los reventé ahí, pero me costó muchísimo trabajo acoplarme a esa forma de matar los toros.

Me ha parecido interesante traer a colación esta explicación de Paco Ojeda sobre el "porqué" de su peculiar forma de ejecutar la estocada. Esto del "porqué" de las suertes del toreo tiene su "aquel", porque nos aleja del tópico y del dogma algo necesario si queremos de verdad entender lo que ocurre en el ruedo.

Aunque a veces lo dudo...

Ojeda en Madrid. Esta foto explica muy bien el concepto del toreo de Ojeda. De ahí viene -según el sanluqueño- su forma de matar. Un recurso, ya que después de "desbravar" al toro de esa forma, la res, perdida su bravura renunciaba a acometer. 

lunes, 1 de agosto de 2016

Los toques básicos de muleta

Por Paco Carmona y Jose Morente


El torero ya está situado frente al toro. En un instante tendrá que citarlo y elegir el toque más apropiado a sus condiciones y a la distancia a la que se encuentra el burel (Fotografía de portada del libro "Ronda-50 goyescas soñando el toreo")

Algunas cuestiones previas

Veíamos en entradas anteriores, la importancia enorme de los toques. Toques que definíamos como sacudir o mover las telas para centrar la mirada y la atención del toro y dirigir su embestida hacia ese engaño y no hacia el cuerpo del torero,

Veíamos también que el ideal era torear sin toques lo que no siempre será posible (más bien al contrario). Por eso, lo que se procura es torear mediante toques dirigidos al toro pero que sean, al mismo tiempo, poco visibles para el espectador. Eso es posible porque el toro, ya lo decíamos, es un animal hipersensible al movimiento.

Respecto a la muleta hay que advertir (como saben los aficionados) que existe una enorme diferencia entre torear con una u otra mano. No es lo mismo el toreo con la mano derecha (muleta montada) que el toreo con la izquierda (muleta sin montar). Podríamos simplificar diciendo que con la derecha se domina al toro y con la izquierda se le torea.

En cualquier caso, son tantos y variados los matices que presenta el toreo con la mano izquierda que, para simplificar, nos vamos a centrar en el toreo de muleta con la derecha. A esa mano nos referimos en esta entrada.

Con la muleta en la izquierda se pueden hacer cosas impensables con la mano derecha (Fotografía de José Tomás en un remate de lujo)

3 toques, 3

Según Raúl Galindo ("El toreo, en teoría"), en el cite, hay tres toques básicos destinados a "llamar la atención" del toro o a "provocar" y/o "conducir" su arrancada en una determinada dirección.

Nosotros diríamos que hay un toque para fijar (tocar con todo), otro de adelantarse al toro (anticiparse por abajo con los vuelos) y otro  de esperar (tirar del toro). Galindo los llama, respectivamente, toque hacia abajo, toque hacia adelante y toque hacia atrás.

Tres toques, tres, que se aplican de forma diferente según la condiciones de cada astado y según la distancia a la que se encuentre el toro. Vamos a verlos.


El toque para fijar (El toque hacia abajo o en vertical)

Hay situaciones en as que un toque seco y enérgico se convierte en casi imprescindible.(Imagen de Paco Ojeda, ante un toro de Torrestrella, en la goyesca de Ronda de 1986)

Es el toque básico y fundamental. El más utilizado y habitual tanto en los cites como en casi cualquier situación.

Consiste en mover el engaño verticalmente de forma autoritaria (pues es un toque seco, vertical firme y contundente) para centrar la embestida del toro (fijar su mirada y/o provocar o retomar su arrancada).

La intensidad de la sacudida va en función de las condiciones de la res y la distancia a la que nos encontremos. En el cite, este toque suele ser el prólogo de un segundo toque más sutil.

Se suele utilizar con toros tardos, con animales sin fijeza y en todos los momentos en los que necesitamos imponernos.

Vemos a Luís Miguel citando así a un toro que lo pedía.






Echar los vuelos al hocico del toro (el toque hacia adelante)


Pepe Luis Vazquez en Madrid, cita de frente, echando los vuelos de la muleta al hocico del toro (Imagen extraída de una cinta de Gan) 

El toque echando los vuelos hacia adelante se realiza generalmente a media-corta distancia.

Es un toque suave, con las muñecas, que busca enganchar al toro por abajo para intentar que la embestida nazca ya fija, templada y armónica, logrando así que el inicio del muletazo sea también rítmico y controlado.

Se utiliza en muy diferentes situaciones pero sobre todo, con toros que no responden a los toques bruscos y también cuando se quiere traer a los toros toreados desde adelante.

José Tomás en la histórica mañana de Nimes le echa los vuelos a su toro.





Esperar o jalar del toro (toque de tirón o toque hacia atrás)


Pepín Martín Vazquez iniciando un muletazo. Cuando se torea así, ajustando el inicio del movimiento de la muleta a la arrancada del toro, es muy difícil distinguir si hubo o no toque pero lo que está claro es que el muletazo surge suave y templado.

Consiste en tirar de la muleta hacia atrás (por eso se le llama toque de tirón) para así provocar la arrancada del toro.

En realidad, es un toque que casi no se ve. Difícil de apreciar en la plaza ya que, como advierte Raúl Galindo, a veces es el toro el que arranca antes del toque del torero.

Pero otras es el torero el que espera la arrancada, en cuyo caso tendrá que intuir el momento preciso en que esta se produzca. Cuando se pretende torear así, hay que hacerlo con mucho valor, muy convencido y entregado a la suerte, para tratar de alargar y dormir el muletazo.

Ese toreo asentado y tocando hacia atrás, jalando del toro como se dice en México, es una verdadera maravilla.

Vemos a Pepín Martín Vazquez iniciando el muletazo con esos toques invisibles. Con el toque que no se ve.




De la teoría a la práctica


Con todos los matices que se quiera pero combinando estos 3 toques (más el lanzar la muleta lateralmente para propiciar desplazamientos), los toreros van solucionando la mayor parte de los avatares que se presentan y que pueden resolverse con pequeños movimientos de la muleta.

La práctica siempre es más compleja, mucho más compleja, que la teoría. Pero la técnica básica de los toques es la que aquí hemos intentado explicar mediante nuestros textos y los vídeos de Luís Miguel, José Tomás y Pepín Martín Vazquez.


Aunque puede haber toreo sin toques, sin toques no habría toreo

domingo, 29 de mayo de 2016

El codilleo (II) En nuestros días

Por Jose Morente
La verónica de Juan Belmonte (años 13-20) Los brazos van desemparejados (a diferencia de la verónica antigua donde ambos brazos se movían a la par). La mano de salida, por encima del hombro, despide al toro. La de dentro, con el codo doblado (codilleando) lo sujeta.
Verónica de Gitanillo de Triana (Principios de los años 30). Al igual que en la verónica de Belmonte, Curro Puya lleva los brazos desemparejados y el de dentro con el codo pegado al cuerpo (codilleando) para conseguir que el toro pase lo más cerca posible del cuerpo del torero.
La mano de salida va sin embargo más baja que la de Juan, lo que le fue criticado por romper la ortodoxia belmontista. Sin embargo, esa verónica de mano más baja estaba prefigurando el moderno toreo de capa

Cuando lo negativo se vuelve positivo

Comentábamos en la anterior entrada que codillear, torear "con los codos pegados al cuerpo", era, a principios del siglo XX, un defecto pues se consideraba que ese movimiento, que traía causa en la torpeza (desconocimiento) o en el miedo (instinto defensivo), impide el adecuado control o gobierno de la embestida del toro.

Hoy, por el contrario, se codillea, de forma intencionada "a la mayor gloria del toreo". Exagerando, podríamos decir (Paco Carmona, dixit) que "sin codillear ya no se puede torear" 

¿Que ha ocurrido? ¿Porque y cuando se ha producido ese cambio tan radical? ¿En que momento lo que antes era defecto a evitar se convierte en un valor positivo a buscar?

Hemos buceado en nuestra biblioteca taurina así como en las impagables bibliotecas y hemerotecas virtuales, intentando seguir la pista de ese concepto y de su evolución. Y, en esa búsqueda, hemos encontrado un número razonable de referencias aisladas (algunas muy interesantes) pero ningún estudio serio y sistemático sobre el codilleo.

Desde que surgió nuestro interés por este tema, gracias a una conversación con Fernando Farfán, sólo han transcurrido veinticuatro horas. Poco tiempo para elaborar una tesis doctoral. Lo que sigue es pues una investigación tan apasionada como apresurada. Una primera lectura (bastante sugerente por cierto) que esperamos poder ir ampliando y reescribiendo a medida que aparezca nueva información que arrojen más luz sobre un tema que aquí sólo vamos a poder esbozar.

Pero no nos demoremos. Entremos en materia


Soplan vientos de cambio en el toreo


A principios del siglo XX, época de José y Juan, el toreo sufriría un cambio radical. El torero empieza a pararse ya intentar torear lo más cerca y más despacio posible del toro.

Será en la Edad de Plata, cuando estos cambios se consoliden. Son los años del parón (esa "paradhina" que hacían los toreros a mitad del lance, componiendo la figura y permitiendo espectaculares fotografías antes impensables) y son los años del toreo de muleta ligado y en redondo (cuando los públicos iban coreando los naturales que los toreros daban: ¡uno, dos, tres, cuatro,...!).

Una época emocionante, por las propuestas de los toreros y, al mismo tiempo, dramatica por mor de un toro todavía no adaptado a esas innovaciones

Hemos encontrado un texto clave de un testigo de excepción para explicar todos esos cambios. El testigo se llama Gregorio Corrochano y el texto, un artículo que se publicó en Blanco y Negro en junio del año 32 y que se titulaba "La ganadería de Miura en el laboratorio".

El artículo de Corrochano publicado el 26-06-1932 y que se puede leer e la Hemeroteca Digital del ABC
Es un texto muy interesante porque no sólo certifica el cambio de orientación del toreo sino que lo pone en relación con el necesario cambio en los criterios de selección del ganado de lidia. El toreo estaba cambiando y el tipo de toro también tenía que cambiar.

Según Corrochano, en esos años ya no se valoraba -como antaño- "un toro que tirase cornadas y un torero que las esquivase con agilidad y recursos". Eso ya había pasado a la historia. Los ganaderos ya no seleccionaban las vacas que "se deshacían los cuernos contra el estribo del tentador".  Ni siquiera Miura lo hacía ya así.

Al toro antiguo con nervio, seleccionado para tirar cornadas, que se revuelve pronto, no se le puede codillear, exige un toreo de expulsión, hay que intentar despegarlo del cuerpo. El defecto mayor en el toreo antiguo, era lógicamente el de codillear.

Por el contrario, el toreo artístico y reunido que empezaba a imponerse, se basaba en hacer pasar al toro, ahora más pastueño y boyante, menos fiero (más doméstico dice Corrochano) lo más cerca posible del cuerpo del torero. Codillear se convierte en meritorio.

Son, según él, dos sistemas radicalmente diferentes: en uno, el sistema antiguo, el torero debe acoplarse al toro; en otro, el sistema moderno, es el toro el que debe acoplarse al torero. Corrochano, como buen crítico conservador, prefiere el sistema antiguo pero el cambio, le guste o no, se ha producido ya. Hemos pasado (como diría Pepe Alameda) del toro determinante al toro determinado. Y el codilleo se ha convertido en virtud.

Verónica de Manolo Bienvenida a un toro de Miura en la corrida que provocó el artículo de Corrochano que comentamos. Aunque la calidad de la reproducción no es nada buena, se aprecia como la verónica de Bienvenida es técnicamente la misma que la verónica de Curro Puya, siquiera la estética sea harto diferente (ABC)
Aunque menos evidente que en el capote, el codilleo llegó también, en los años 30, al toreo de muleta. En la imagen, impresionante natural de Curro Puya. Toda la esencia de la gitanería trianera condensada en un sólo muletazo. 

El codilleo en nuestros días

Por todo eso, aunque los aficionados conservadores e incluso algunos toreros de nuestros días, siguen considerando el codilleo como defecto, hoy se ha convertido en una técnica que se cultiva y propicia.

Creo que sólo dos testimonios son suficientes para demostrarlo.

Decía hace poco Benjamín Bentura Remacha que hoy "hay toreros que hasta se regodean con el codilleo y proporciona a su intérprete una especial cualidad emocionante y artística que se transmite al público".

Finito de Córdoba toreando en un tentadero con el codo del brazo de salida, intencionadamente pegado al cuerpo. Finito se regodea en un codilleo buscado "a mayor gloria del toreo" (Fotografía del blog de Enrique Romero, Toros para todos)
Y, hace unos tres años, Paco Ojeda declaraba en una entrevista al Diario de Sevilla, lo siguiente:
"Supongo que he aportado, entre otras cosas, un toreo muy cerquita, con quietud, con el parón. En la época en la que lo hice la década de los ochenta había muy pocos. Fue como una innovación. Arriesgué. En ese momento fui criticado y también admirado. Lo bueno es no parecerte a nadie. 
Yo fui fiel a mí mismo. Sentir ese calor del toro pasando cerca, codillear, fueron cosas que algunos quizás no lo entendieron en ese momento. Mis aportaciones más grandes han sido innovar y ser fiel a mí mismo. En aquel momento me pudieron crear dudas y que yo hubiera cogido el camino fácil, pero nunca dudé en seguir mi camino".


El toreo de cercanías y parón, como el de Paco Ojeda, obliga a codillear incluso en los cites, para colocar la muleta donde la pueda ver el toro.
(Continuará)

domingo, 22 de mayo de 2016

Un siglo apasionante (De Gallito a José Tomás)

Por Antonio Luís Aguilera



“En José estuvo el soplo
y en Juan la brasa:
y en los dos encendida,
la llamarada”
José Bergamín


Dicen que Juan Belmonte paró el toreo, pero quien de verdad se paró fue el genio de Triana, que conservando la quietud de plantas toreó a la verónica como nadie lo había hecho: cuadrando el capote para encelar, adelantándolo para citar, enganchando al toro antes de que llegara al terreno del torero y, atrayéndolo en un temple portentoso, llevarlo hacia detrás de la cadera, agotando el recorrido del brazo, para inmediatamente volver a presentarle la tela y ligar otra verónica que parecía continuación de la anterior. Y así, los lances se sucedían mientras el toro repetía, hasta ser abrochados con media verónica escultural, liándose el animal a la cintura, que liberaba la emoción contenida del público y provocaba su jubilosa manifestación ante un toreo nuevo, verdaderamente excepcional, que nacía de la quietud del torero en la suerte. 


La escultural media verónica de Juan Belmonte

Callan que Gallito, con un toro que había evolucionado e iba consintiendo que le disputasen su terreno, reveló la senda del toreo moderno, colocando la primera piedra de la técnica que con el tiempo permitiría la ligazón del toreo de muleta. Una aportación de enorme trascendencia histórica que no halló eco literario, pues mientras Belmonte se rodeó de intelectuales, cuyas glosas le atribuirían la paternidad del toreo moderno, Joselito, enamorado de su profesión y obsesionado por sujetar en solitario el cetro del toreo, frecuentó la vida campera para conocer al detalle todas las ganaderías y las reacciones de los diferentes encastes. De ahí que, a menor relación social, su toreo no encontrara idéntica repercusión literaria. No obstante, desde una perspectiva histórica, aquella segunda edad de oro del toreo –este título ya había rotulado la competencia entre Lagartijo y Frascuelo- no puede entenderse sin la solidaria y determinante influencia de José y Juan.


En el larguísimo pase natural de Joselito se encierran las claves del moderno toreo de muleta
Tras la muerte de Gallito en Talavera de la Reina, un discípulo suyo, Manuel Jiménez Chicuelo, otorgaría continuidad al pase natural revelado por su maestro, pero instrumentado con el aplomo manifestado por Juan. Y como el de la calle Betis estaba bendecido por la gracia del arte, su toreo asombró por la belleza. No lo hizo todas las tardes, pues ni todos los toros lo consentían ni su ánimo se prestaba a batallas, pero cuando manifestaba su arte “acababa con el cuadro”. Su toreo, por sosegado y ligado, era diferente a todos e inmediatamente encontró la cálida acogida del público, que maravillado por tan armónica ligazón comenzó a exigirla a los demás toreros. Para ello fue determinante la faena que Chicuelo llevó a cabo en Madrid el 24 de mayo de 1928, donde deslumbró ligando primorosamente el toreo en redondo por ambas manos a “Corchaíto”, bravo ejemplar de la ganadería de Graciliano Pérez Tabernero, al que formó un alboroto que sin lugar a dudas marcó un antes y un después en la historia del toreo.

1928. Chicuelo con Corchaíto. Un antes y un después en el toreo de muleta (aunque él "antes" ya había hecho lo mismo en México)
Un después que concluiría Manolete, figura indispensable para entender el toreo actual, porque representa el eslabón de la cadena que engarza la sabiduría plasmada por Guerrita en su Tauromaquia, con la portentosa técnica revelada por Joselito y la asombrosa quietud de Belmonte, para consolidar el toreo ligado en redondo, método que tras el reinado del espada cordobés sería aceptado por todos los toreros como la estructura necesaria para interpretar cualquier manifestación artística. Manolete acorta distancias y articula la ligazón de los pases para otorgar sentido de unidad a la faena de muleta.

Con escalofriante quietud y asombrosa regularidad añade los verbos “aguantar y ligar” a la trilogía “parar, templar y mandar”, para que adquiera validez un sistema donde el espada deja venir al toro por su terreno natural para llevarlo hacia atrás y hacia adentro. El monstruo cambia definitivamente el toreo: de la expulsión a la reunión, del distanciamiento al ajuste, del pase suelto uno aquí y otro allí al acoplamiento que facilita la ligazón y realza la expresividad artística.

1944- Natural de Manolete en Bilbao. Se consolida la estructura de la faena moderna de pases ligados en tandas.

Consolidado el toreo ligado en redondo, Manuel Benítez el Cordobés irrumpe en la Fiesta para dar un nuevo giro de tuerca al método. El de Palma del Río se impone a un maravilloso elenco de espadas, triunfa clamorosamente en todas las plazas y se convierte en la locomotora que remolca el toreo de su tiempo. También en el torero que más público ha movilizado en la historia del arte de Cúchares, otro heterodoxo histórico cuestionado por los escolásticos de su época. Excluyendo la puesta en escena de Manuel Benítez y analizando su obra, encontramos un torero que conectaba de inmediato con el público cuando sujetando muleta y espada, en los medios y centrado con el toro, lo dejaba venir por su terreno natural, y con espléndida flexibilidad de cintura y gran juego de muñecas lo llevaba hacia atrás, hacia el terreno de su espalda, donde una y otra vez volvía a engancharlo para ligar larguísimas y ajustadas series con las que rompió todos los moldes del toreo en redondo.

El Cordobés enganchaba al toro y lo llevaba hacia atrás con un gran juego de muñecas
Parecía imposible que otro espada pudiera torear más cerca. Sin embargo, la historia volvió a sorprender con Paco Ojeda, otro revolucionario que, en las distancias más cortas, daba los pases más largos, ligando el toreo de un pitón a otro sin variar la posición. El genio de Sanlúcar de Barrameda cambiaba la muleta de una a otra mano para coser redondos con naturales, mientras el toro trazaba “ochos” en sus idas y venidas alrededor del torero, que asombrosamente permanecía impasible en el ruedo hasta cerrar aquellas espeluznantes series con auténticos forzados de pecho. Ojeda dominaba primorosamente los toques, no sólo para fijar o alargar la embestida del toro, sino para obligarlo a describir una curva de más en el remate de la suerte, donde le exigía volver por el otro pitón sin que él rectificara su posición en la arena y mientras el público se ponía de pie al ver lo que ocurría en el ruedo. Paco Ojeda revolucionó la Fiesta desarmando todas las teorías sobre los terrenos del toro o del torero y proclamando un solo terreno: el del toreo.

En las idas y venidas del toro tras la muleta de Ojeda se produce el novedoso y sorprendente aporte del toreo cambiado pero con el torero quieto como eje de la faena.

De todas las fuentes citadas bebe la tauromaquia de José Tomás, y a todas honra con un toreo conmovedor que ha devuelto a la Fiesta la emoción que siempre le tributaron las grandes figuras. Pocas veces la historia del toreo ha registrado una reaparición más deseada por el público y con mayor poder de convocatoria. La afición añoraba la vuelta de José Tomás por su imperturbable quietud, por el sitio tan comprometido que pisa, por lo cerca que se pasa los toros, por su forma de sentir el toreo y porque sabe que está ante un torero histórico. De ahí que las localidades de sus actuaciones se agoten con increíble anticipación, la reventa maneje cifras increíbles y las peregrinaciones de aficionados se sucedan por las plazas donde el madrileño echa el paseíllo. Todos quieren ser testigos de ese toreo de manos bajas mecido por unas telas cuyo temple y mando otorgan majestuosidad y hondura a una reunión que por bragueta, pureza y belleza eriza el vello y pone un nudo en la garganta.

Casi cien años de historia han sido necesarios para la evolución, desarrollo y perfeccionamiento de un toreo apasionante: el ligado en redondo. Desde el soplo de Gallito en la brasa de Belmonte a la llamarada del gran Chicuelo, propagada tarde a tarde por la perseverancia de Manolete, que marca definitivamente el rumbo de la tauromaquia contemporánea, consolidando un sistema que todos los toreros adoptarán para interpretar su toreo. He aquí la síntesis histórica de cuatro figuras legendarias que al expresar el toreo enseñaron el camino que conducía a la ligazón de los pases y su estructura en series, estrechado angustiosamente por Manuel Benítez el Cordobés y Paco Ojeda. Es, en esa estrechez, donde ha brotado una nueva primavera de esplendor y emoción con José Tomás, en cuya manifestación artística confluye el curso de un apasionante siglo de tauromaquia.

José Tomás en Jerez este mismo años. Bragueta, pureza y belleza en el toreo al natural. Un toreo al natural donde confluyen cien años de historia (Fotografía Arjona)
Nota de LRI: Este artículo se escribió hace ya 8 años con motivo de la vuelta a los ruedos de José Tomás. La síntesis que hace de los cien años que llevamos de toreo moderno es sencillamente genial por lo que me ha parecido oportuno rescatarlo ya que al haberse publicado en una revista local concretamente "Toreros cordobeses" no había tenido la difusión que creo que se merece.

lunes, 2 de mayo de 2016

Dos pases de pecho muy diferentes: Antoñete y Ojeda

Por Jose Morente


El pase de pecho de Antoñete. Un pase de pecho de pitón a rabo respetando el viaje del toro en línea recta, La pureza del toreo de línea natural.

Dos toreos diferentes

Fue Cossío el primero que, al clasificar los pases de muleta distinguió entre los pases naturales (donde se da salida del toro por el mismo lado que la mano que lleva la muleta) y los cambiados (donde el toro sale por el lado contrario a la mano que lleva la muleta).

Fue Pepe Alameda, el primero que, de esa clasificación extrajo una conclusión genial. La de que existían dos modos de torear diferentes y contrapuestos. El toreo de línea natural y el toreo contrario o cambiado.

El primero, el toreo de línea natural, se basa en respetar el viaje natural del toro, en línea recta. Una línea recta que sólo se curva hacia dentro en los remates para poder repetir el pase por el mismo pitón. Por la trayectoria circular que describe el toro, se le llama toreo en redondo. Lagartijo, Guerrita, Joselito, Manolete son toreros de esa cuerda.

El pase de pecho de Manolete. Un pase de pecho en línea recta, respetando el viaje natural del toro y sacando la muleta por el rabo. Aunque la estética es muy diferente, este es el espejo donde se miró Chenel para sus pases de pecho (Toledo, 1947)
El segundo, el toreo cambiado, se basa en desviar o desplazar hacia afuera la embestida del toro alternando los pitones. Por las idas y venidas que traza el toro en la arena se le llama toreo en ochos. Espartero, Antonio Montes, Belmonte, Domingo Ortega son toreros de esa cuerda.

El pase de pecho al hombro contrario de Domingo Ortega. El de Borox mete el pie en el terreno del toro intentando desviar su viaje (Fotografía publicada en el Ruedo en 1945)
Esa clasificación o distinción entre esos dos modos tan diferentes de torear es muy útil para entender cabalmente el toreo y para entender y valorar lo que hacen los toreros en la plaza. 


Dos toreros diferentes

Antoñete fue torero de línea natural. Antoñete se situaba en el centro y, desde allí, toreaba respetando el viaje del toro (¿Donde está el toro? ¡pues allí lo toreamos!). Su toreo en redondo está en la línea de Manolete al que admiraba

Antoñete citando al toro de Garzón en las Ventas en 1985.

Paco Ojeda, por el contrario, practicaba un toreo asilvestrado e intuitivo, de línea cambiada. Su toreo en ochos está en la línea de los toreros como Domingo Ortega formados en el campo o en las capeas, aunque Ojeda aportó la importante novedad de situarse también en el centro de las suertes pero manteniendo el concepto de ir alternando los pitones.

Cite de espaldas de Ojeda en Nimes en 1984.

El toreo de cada uno de ellos, está en las antípodas del toreo del otro. No tienen nada que ver. Son dos conceptos radicalmente diferentes que se traducen en modos y formas radicalmente diferentes de torear. Y cuando decimos esto no nos referimos sólo al estilo, que es cuestión distinta y personal, sino a la esencia de sus toreos.


La polémica.

El choque entre conceptos diferentes es lo que, a lo largo de la historia, ha ido dando lugar a las diferentes competencias. Competencias que han marcado el devenir de la fiesta.

En el caso de Antoñete y Ojeda, dicha competencia era, por muchas razones (entre otras, generacionales) imposible pero, en cambio, si se produjo un conato de polémica en los plazas y en la prensa que creo interesante recordar hoy para quienes no vivieron aquellos momentos.

Lo curioso es que, aunque Paco Ojeda salió del ostracismo gracias a una corrida madrileña y veraniega, la plaza de Madrid -feudo antoñetista- lo recibió de uñas cuando volvió ya convertido en figura del toreo. La actitud de Madrid con Ojeda fue encarnizada y detestable, impropia de la categoría de esa plaza. Vamos a obviar esa cuestión.

A mediados de los 70 comenzaba la guerra sucia contra las figuras en Madrid. Una guerra propiciada por un sector de la prensa y que todavía hoy día continúa (artículo de Vicente Zabala en ABC sobre una actuación de Paco Ojeda en las Ventas en 1984. El diestro fue recibido de forma airada por una parte del público y acabó siendo cogido) 
Por otra parte, la revista Aplausos (por vía de su director Salvador Pascual) terció en defensa de Ojeda y en contra de Antoñete. Como esa defensa y ese ataque se plantearon a partir de una reflexión sobre la técnica taurina, vamos a recordar los argumentos que se dieron en un artículo publicado después de finalizada la feria de San Isidro de 1985.


Aplausos publicaba esta fotografía de un pase de pecho de Antoñete (Fotografía inicialmente publicada en el País) para arremeter contra el diestro madrileño.
Después de insertar unas fotos infumables de Antoñete frente a otras magníficas de Ojeda (que es lo que hacen siempre -hoy también- quienes quieren criticar a un torero y ensalzar a otro) y de analizar aspectos estéticos del toreo de ambos, Salvador Pascual entraba en el meollo del asunto (los diferentes conceptos que ambos toreros tenían del toreo) al hilo del pase de pecho de dichos diestros. Como la polémica trajo más polémica (en forma de cartas a los lectores) Pascual rescató en un número posterior un texto de Luís Bollaín sobre el pase de pecho que había publicado años antes su libro El Toreo. 

Fragmento del texto de Luís Bollaín sobre el pase de pecho publicado en Aplausos en defensa de Paco Ojeda



Aprovechando la afición de Bollaín a los gráficos, Salvador Pascual elaboraba los suyos propios para demostrar geométricamente, que el pase de pecho de Ojeda era superior al pase de pecho de Antoñete.
Lo cosa tenía su lógica pues Bollaín, defensor y paladín de Juan Belmonte, era, por pura lógica, defensor y paladín del toreo cambiado o contrario, "en ochos". El pase de pecho del que habla Bollaín en su texto (el pase de pecho al hombro contrario) es el pase de pecho de Belmonte, de Domingo Ortega del Viti y es también el que practicaba el genial torero de Sanlúcar, Paco Ojeda.

Por contra, de Paco Ojeda seleccionaban este espectacular pase de pecho correspondiente a una faena de los Sanfermines del 83
Es un pase de pecho magnífico aunque muy diferente del también magnífico pase de pecho en línea recta (en línea natural) que ejecutaba Antonio Chenel "Antoñete" y, con él, todos los toreros de su cuerda. Un pase de pecho de pitón a rabo y donde la muleta se saca por la penca del toro como el que hemos insertado al inicio de esta entrada.


Conclusiones

Preferencias personales aparte, lo que está claro es que ambos muletazos (el pase de pecho al hombro contrario y el pase de pecho de pitón a rabo) son dos magníficos y extraordinarios muletazos y ambos tiene su importancia y su valor. Y, además, cada uno de ellos es coherente con el modo de torear en el que se incardinan.

Rechazar uno de ellos (en este caso, el de pitón a rabo, por ejemplo, como hacía Salvador Pascual) no tiene sentido salvo que estemos dispuestos a renunciar a la línea o cuerda del toreo natural que es a la que corresponde ese pase de pecho. Lo que es mucho renunciar.

Podemos discutir sobre nuestras preferencias y, en consecuencia, aquilatar a los toreros, en función de esas preferencias, en función de si su toreo se acerca más o menos a nuestro concepto del toreo.

Pero esa sería, en el fondo, una discusión sobre nuestros gustos, no sobre el mérito real de los diestros. Valorar negativamente a Antoñete porque su pase de pecho (de pitón a rabo) no sea el mismo pase de pecho del Viti o el de Paco Ojeda (al hombro contrario), me parece una simpleza y una estupidez. 

Una simpleza y una estupidez que los aficionados cometemos por desgracia con excesiva frecuencia



Postdata para los íntimos.

Lo que resulta descacharrante en esta historia es que, siendo Madrid plaza donde tantos partidarios tienen el cite de frente y la pata 'alante o sea, el toreo cambiado, se apostara allí de forma incondicional por Antoñete, torero de pura línea natural, frente a Paco Ojeda, torero de pura línea cambiada. Es una incongruencia tan grande o más que la de aquellos bombistas que se pasaron en masa a las filas belmontistas.

Y es que, en el fondo, somos esclavos de nuestras filias y nuestras fobias, de nuestras simpatías y nuestras antipatías y no tanto de nuestro concepto del toreo, el cual muchas veces no pasa de ser un mero pretexto para defender lo indefendible o atacar lo que no debiéramos atacar.





El pase de pecho de Antoñete. De pitón a rabo (no al hombro contrario.

martes, 22 de marzo de 2016

Sobre el manido julipié

Por Paco Carmona/Jose Morente

Contundente estocada del Juli
Introducción julista

La verdad en el toreo no es engañar a los demás diciendo que la pureza está sólo en una pierna adelantada o cosas por el estilo.

La verdad en el toreo está en no engañarse a uno mismo ni engañar a los demás. Algo que parece que a muchos mentirosos les molesta más de la cuenta.

Pregunta Benlloch al Juli, en el Aplausos de la pasada semana, por qué no es capaz de mejorar en la estocada, por qué no mata bien.

La respuesta del Juli es antológica por sincera:
"Porque es difícil. Porque no soy capaz. No te creas que no lo intento. Ni que desisto de lograrlo. Me digo quiero hacerlo así. Quiero meter la espada, pero no lo logro. Soy al menos, relativamente contundente, eso me consuela, pero no me siento. No alcanzo el grado de plenitud que quisiera. Aluna vez lo conseguí pero pocas"

Intermedio gallista 

La explicación del Juli es más o menos, lo que dió Joselito el Gallo, cuando Parmeno le preguntó como le había cogido la muerte a los toros, Joselito le respondió así:
"¿Y si le contestará a usted que no lo sé? Eso de que me criticaran por levantar la mano para matar me tenía rabioso [...] Pero como continuaban criticándome, yo, que tengo mucho amor propio y que creo que to se aprende, bajé la mano para herir... y empesé a chuparme una de disgustos que me quitaron el apetito [...]
Con la mano en el tupé mataba yo mas que el cólera y con la mano en el pecho mataba menos que un estornino. Ni hería en su sitio, ni ahondaba, ni cruzaba... Ya sabe usté que al meterse no se fija uno más que en el morriyo y que se mueve la mano isquierda istintivamente... Pos bien, yo, al cambiar la colocasión de la otra, no la podía mover o la movía mal, y figurese el resultao"

1917. Estocada de Joselito el Gallo en Sevilla (Monumental)

Desenlace ojedista

A los alumnos de su Escuela Taurina, les comentaba Juli en una ocasión:
"Al carro sería bueno que aprendierais a entrar a matar así (y simulaba la manera de hacerlo en el carretón), porque es la forma ortodoxa de hacerlo y porque además, de primeras hay que aprender a hacerlo bien".
 Uno de sus alumnos, hoy matador de toros, le replicó: 
"Pero usted, maestro, no entra así a matar los toros".
A lo que el Juli, contestó sincero:
"Que yo no mate así los toros, no quiere decir que vosotros no tengáis que aprender a hacerlo bien. Yo reconozco que no soy un buen ejemplo de cómo se debe hacer la suerte, aunque haya encontrado en mi forma de hacerla, una seguridad y una confianza que me sirva para poder triunfar".
Juli, añadimos nosotros, empezó matando muy bien a los novillos y a los toros en su primera época pero matar bien tiene mucho peligro y, sobre todo, es más fácil fallar, pinchar. Ojeda le habló en el campo del saltito y de otras más cosas, cuando el madrileño tanto hacía por parecerse al genio de Sanlúcar, y poco a poco le fue cogiendo esa manera. Hoy lo pasa regular al entrar a matar. 

Eso sí, cuando tiene que matar uno, lo mata.

Salto precursor. Estocada de Paco Ojeda (Del Blog Toreo en Red Hondo)
Epílogo (que debía ser prólogo) pastorista

Y cuidado que el primero que saltó no ha sido el Juli, ni Paco Ojeda sino Vicente Pastor, torero que fue el ídolo de los aficionados integristas, como Antonio Díaz Cañabate, en la época de Joselito y Belmonte (lo que tiene delito).

Pero de eso, del salto primigenio, del salto del torero de Embajadores (calle de), hablaremos en una próxima entrada.

Salto primigenio. Vicente Pastor en México en 1919 (Del Ruedo)

viernes, 28 de octubre de 2011

Antoñete

 

Copia (2) de Antoñete

Antoñete, con la izquierda.

 

Antoñete como referente de una generación de aficionados

Para los aficionados madrileños que llegaron a la fiesta a principios de los 80, Antoñete era un Dios.

Quizás no lo fuera tanto para aquellos que, aunque de la misma edad, ya llevábamos una década entera viendo toros. Pero sin embargo, también para nosotros, Antoñete ha sido sin duda uno de los mejores y más interesantes e importantes toreros que hemos tenido la fortuna de ver en las plazas.

Paco Parejo cuñado de Antoñete

Paco Parejo, mayoral de las Ventas y cuñado de Antoñete. Su mentor.

Y ello tanto por sus innegables cualidades como por una azarosa biografía que le da a su figura un encanto especial. Un gran torero al que, sobre todo en sus primeros años, le falto suerte para alcanzar el puesto que merecía.

Antoñete becerrista 01

Un jovencísimo Antoñete al que todavía las lesiones de huesos no le habían empezado a castigar.

El reconocimiento de los públicos (unánime en Madrid aunque quizás no tanto fuera de esa plaza) le llegó muy tarde, a principios de los 80, ya con avanzada edad.

Sin embargo, gracias a una afición -entonces bisoña- y al apoyo incondicional de parte de la prensa se le hizo al fin justicia. Puede incluso que por encima de sus propios méritos o, mejor dicho, por encima de sus escasas condiciones físicas (sus méritos fueron indiscutibles), ya mermadas entonces pues los años y la mala (buena) vida no pasan en balde para nadie.

antonete g

Incluso en sus últimas temporadas, muy mermadas ya sus condiciones físicas, su natural seguía siendo algo fuera de serie.

toros-antonete-el-traje-del-ultimo-triunfo-de-antonete-en-las-ventas-lucira-en-su-velatorio$599x0

También su pase de pecho (este lo dio en la plaza de Guadalajara) seguía siendo el mismo.

 

¿Antoñete=Belmonte+Manolete?

Se ha señalado reiteradamente que Antoñete fue digno heredero de Belmonte y Manolete. Que fundió el toreo manoletista con el canon o estética belmontista. Y será verdad, aunque también otros han pretendido silenciar u ocultar la parte de herencia manoletista que asumió Antoñete.

La Tauromaquia de Antoñete JC Arevalo Portada 001

En La Tauromaquia de Antoñete, (Editorial Akal, Madrid, 1987) pequeño pero gran libro, José Carlos Arévalo defiende la tesis de la doble herencia compartida de Belmonte y Manolete en Antonio Chenel.

Y es que Manolete, inexplicablemente, no ha gozado del afecto unánime ni de la crítica ni de la afición. Especialmente de las generaciones más recientes (los que no le vieron torear). Por ello, se contaba y se admitía (se cuenta y se admite incluso hoy) sólo como algo anecdótico que Manolete era uno de los toreros preferidos de Antoñete (junto con Rafael Ortega, faltaría más), pero nadie ahondaba al hablar de su magnífica técnica (la distancia, la forma de citar, la manera de acompañar la embestida) en explicar por qué el toreo de Antoñete suponía la continuidad respecto al toreo del gran diestro cordobés.

Antoñete becerrista 07

Más claro, imposible. Antoñete en sus primeros años de novillero remedando a  Manolete (¿A quién si no?).

Antoñete becerrista 06

Manoletismo también, y esto es más relevante, en la interpretación del pase natural, en el que el diestro de Madrid fue –igual que el de Córdoba- gente.

Imagen043

Un cite manoletista en el concepto -muleta a la altura del cuerpo que está de perfil con la pierna de salida retrasada- siquiera la estética –compás ligeramente abierto, cintura quebrada y pecho encarando al toro- le diferencia de Manolete. Pero la técnica es idéntica. Son los años 50 y estamos en la primera etapa del torero, el día de la faena al “toro blanco” (Por cierto, un toro –de Osborne- de nobleza infinita y de ganadería nada terrorífica).

1981-09-08 007

Muchos años después, en su reaparición a principios de los 80 (concretamente, el 8 de septiembre de 1981 en el Puerto de Santa María), se mantiene el mismo concepto de cite que 30 años antes. El torero está algo más cruzado pero el cuerpo sigue de perfil y la pierna de salida retrasada para profundizar el recorrido del toro que seguirá su viaje natural. (Tal y como decía Natalio Rivas que toreaba Lagartijo). Clasicismo puro corregido por la colocación de perfil que implantó en el toreo de muleta el simpar Manolete.

Eso por lo que respecta a la técnica, que por lo que hace a la estética el referente de Chenel dicen que fue Belmonte. Así se cita y ahí quedó su monumental media verónica homenaje enorme al trianero. En este caso, sin embargo, no hubo problemas ya que Belmonte siempre tuvo buena prensa por lo que los cantores del madrileño sí que pudieron glosar hasta el infinito y sin tapujos las influencias del trianero, quizás menores de lo que se dice.

MURIEL~1

Antoñete, al ejecutar la media verónica, decían que se buscaba en el recuerdo idealizado de Juan Belmonte (Foto de Muriel). En la foto el madrileño se “enrosca” el capote en la cintura.

 

Un referente: Cayetano Sanz

Puestos a buscar referencias podríamos ir más lejos. A mí personalmente me gusta pensar que Antoñete tiene su antecedente en Cayetano Sanz, el otro gran torero madrileño. Todo un personaje del toreo decimonónico, coetáneo del Chiclanero y Cúchares primero y de Lagartijo y Frascuelo después.

Cayetano Sanz

Cayetano Sanz, el gran torero madrileño. Muy elegante. Pura estampa torera del XIX.

La figura de Antoñete me recuerda más a la del torero madrileño del XIX que a la de Manolete (a quien seguía técnicamente pero cuya estética no compartía) o a la de Belmonte (cuya elegancia era de corte trágico mientras que la de Chenel era más castiza, más hondamente popular, muy madrileña).

Más allá de épocas, modas y estilos creo que ambos (Cayetano y Antoñete) coinciden en un cierto concepto común de lo que es la torería y que comparten una cualidad importante la enorme clase que tuvieron como toreros (de lo mejor que se despachaba en cada momento).

1953-06-16 Antoñete Beneficencia 07

Elegancia castiza y muy madrileña y, sobre todo, una enorme clase, la de Chenel en este pase con la derecha a un toro que embiste bien pero con la carita alta

También les une un cierto infortunio pues los dos fueron toreros malogrados, no por una muerte joven o una lesión irreparable sino por circunstancias que les impidieron rendir lo que tenían que haber rendido. En Cayetano su debilidad con el estoque y en Antonio su debilidad de huesos, les impidieron alcanzar las cotas a las que estaban destinados. Bien es cierto que Antoñete (mucho más valiente que Cayetano lo que le convertía en mejor matador) tuvo la oportunidad del desquite en los 80 y pudo darnos magníficos y esplendorosos cantos del cisne en cada una de sus sucesivas reapariciones.

retocada2

En la estocada, Antoñete demostraba el valor que tenía y del nunca hacía alarde.

Pero para mí y sobre todo lo anterior, lo que les ata y les une es la preferencia (quizás mejor sería decir debilidad) que por ellos tuvo la afición madrileña. Madrid, plaza a la que hay mucho que reprochar por su trato con los toreros, ha tenido en Cayetano Sanz y Antonio Chenel Antoñete sus dos grandes debilidades históricas que, en mi opinión, disculpan y justifican plenamente a esa afición. (En el interregno queda Vicente Pastor, otro mito de la afición madrileña aunque en tono menor).

Antoñete triunfo en Madrid 001

Antoñete aclamado por su público de Madrid.

 

Antoñete, maestro del toreo y torero de toreros.

A Antoñete se le etiquetó en su reaparición como el Maestro Chenel. Y como maestro le reconocimos todos.

Antoñete por bajo 001

Antoñete, magistral

Si bien, en una primera acepción, a todos los diestros por extensión se le moteja de maestros, no todos merecen en puridad tal calificativo. Un uso más ajustado de este término lo restringe a los toreros veteranos condición que cumplía sobradamente el diestro madrileño.

Pero tradicionalmente el calificativo de maestro se ha reservado (desde Paquiro acá) para el torero ecléctico que aúna conocimiento de las reses y conocimiento de las suertes.

Maestro es, por tanto en puridad, el torero de largo repertorio y de intuición genial para entender los toros. Maestros fueron por antonomasia Paquiro, Guerrita y Joselito y, en otra escala menor, Marcial Lalanda (el joven maestro) o Luís Miguel. Sin embargo, a nadie (salvo a sus panegiristas más alucinados) se le ocurriría motejar de maestros a Belmonte o Manolete con ser tan inmensos toreros. Son conceptos distintos.

Guerrita traje torero estudio 001

Guerrita, maestro indiscutible del toreo, junto a Paquiro y Joselito.

No entra Antoñete en ese concepto de la maestría. Su repertorio era corto (aunque intenso, muy intenso) y su conocimiento de las suertes superior a su conocimiento de las reses (pues atesoraba una depurada técnica en el manejo de los engaños y su concepto del toreo era puro, muy puro).

Antoñete becerrista 02

Su repertorio fue corto, pero quizás por elección propia. Aquí ejecuta una gaonera en su primera etapa de novillero. Muy valiente (siempre lo fue)

Por ello, como Juan y cuando se acoplaba al toro, fue torero de grandes faenas. Mejor aún, de faenas excepcionales. Faenas que jalonan toda su carrera (El toro blanco, el de Garzón, el de Félix Cameno, etc.).

1985-06-07 Garzon (2)

Antoñete en un pase de pecho el 7 de junio de 1985 en Madrid cuando le hizo una grandiosa faena a ese buen toro de Garzón.

Y sin embargo y pese a no responder al concepto tradicional del término creo que pocos toreros enseñaron tanto a tantos como el diestro de la Fuente del Berro. Torero de toreros y de buenos aficionados. Por eso creo que, pocas veces en la historia del toreo, el título de maestro se ha utilizado, a pesar de todo, con más justeza y con más justicia. Queda pues Antoñete como maestro del toreo, con todos los merecimientos.

Imagen054

La distancia. Práctica torera habitual de los años 50 (v.g. el litrazo de Litri) que ya se había olvidado en los 70. Enseñanza del maestro Chenel.

 

Su concepto del toreo. El toreo de línea natural.

Una de las contradicciones de la fiesta es que, a veces, se ensalzan en un torero cualidades de las que carece y se denigran aquellas que poseen. Culpa de los críticos desorientados.

Algo de eso pasó con Antoñete quien fue señalado como torero de línea contraria (cargar la suerte, expulsar al toro de su camino) cuando fue en sus primeros años (herencia manoletista ya indicada) un claro torero de línea natural. Y ese concepto lo mantuvo hasta sus últimas temporadas.

Imagen001

El toreo de línea natural y, en este caso, con los terrenos cambiados. Antoñete con el capote frente a Atrevido.

Ahí queda su pase de pecho. Tremendo y en línea donde en vez de llevar al toro al hombro contrario (como hacía, por ejemplo, ese otro gran torero que se llamó Santiago Martín el Viti) gustaba de sacar la franela por el rabo. En el pase de pecho de Antoñete, todo el toro pasaba por debajo de su muleta de pitón a rabo. Muy clásico el concepto y muy puro su toreo.

Imagen025

El pase de pecho de Antoñete. De pitón …

Imagen026

… a rabo

A veces gustaba de avanzar la pierna de salida, pero sólo en los primeros muletazos de cada tanda. Lo que exageraba mucho en sus últimos años, quizás más por razones de forma que de fondo.

Sin embargo, lo normal es que mantuviera el compás levemente abierto cargando la suerte (el peso del cuerpo) hacia el lado, sin avanzar la pierna. Si gustaba y solía en ocasiones adelantar la muleta en el cite (sobre todo en las larga y media distancia), lo que lo diferenciaba de Manolete, pero en corto citaba con el cáncamo a la altura del cuerpo.

Imagen040

Imagen041

Imagen042

Al natural con Atrevido. Sin mover la pierna de salida (ni la otra)

1985-06-07 Garzon (3)

1985-06-07 Garzon (4)

1985-06-07 Garzon (5)

A veces gustaba de avanzar –en sus últimos años de forma muy ostensible- hacia delante la pierna de salida (lo que algunos impropiamente confunden con cargar la suerte). Pero esto solo lo hacía en el primer pase de cada tanda (cuando lo hacía) y creo que más por razones de estilo que por motivos técnicos. Y hablando de detalles técnicos repárese en la posición de la muleta a la altura del cuerpo en el cite.

Cuando reapareció en 1981, ese estilo de toreo, el de los años 40 y 50, supuso una revelación para los aficionados, sobre todo los más jóvenes. Su contraste con el toreo cambiado y cruzado de Paco Ojeda era evidente.

ALTERNATIVA18

El estilo de toreo de la posguerra en uno de sus mejores representantes, Pepín Martín Vázquez (una de mis debilidades taurinas).

Paco Ojeda 001

Lo contrario. El toreo de línea contraria del genial Paco Ojeda (Otra debilidad)

Con Antoñete pasó entonces algo parecido a lo que cuenta Pepe Alameda que pasó cuando reapareció Belmonte y es que ambos habían mantenido sus respectivos estilos mientras que el toreo había seguido evolucionado por otros derroteros mientras ellos permanecían retirados.

Pese a ello, los públicos los aclamaron y nadie pensó que sus conceptos fueran anacrónicos. Antes al contrario, en esa primera mitad de la década, el toreo de los veteranos, Antoñete y Manolo Vázquez hizo furor en las plazas y se celebró con alborozo lo que la propuesta de ambos suponía como alternativa al toreo entonces imperante representado por los diestros más jóvenes. ¡Diversidad, sirena del mundo!

Manolo_Vazquez_torero[1]

Manolo Vazquez, otro veterano de moda en los 80.

Antoñete. Epílogo

En resumen, torería, la suya, de desgarro y mala vida. De torero transgresor que fuma cigarrillos entre barreras (tal que Manolete) como otros fuman puros en el paseíllo (El Pana o Morante). Donde el toreo se entiende no como ciencia sino como estética que es expresión vital. Pero que esconde o tras la que subyace (tal que en el caso de José Tomás) una enorme capacidad técnica y un tremendo valor.

chenel%20fuma%20de%20abc_es

Antoñete empezó a fumar en la plaza por imitación de Manolete (Foto del blog Opinión y Toros)

Y, sobre todo, el toreo entendido como apuesta a cara o cruz con o contra el toro. De ahí la perplejidad primero y la emoción después, que su toreo causó a los nuevos públicos en su (re)aparición en los ruedos. Una bomba torera que no podíamos entonces procesar en plenitud pero que si podíamos disfrutar hasta el límite.

Lo de Antoñete, en los primeros años de la década de los 80, fue una revelación. El descubrimiento (o reencuentro) con el toreo de siempre y que nos ha marcado a más de un aficionado para los restos.

Antoñete acuarela Jose Morente 001

Acuarela de Jose Morente para la portada y contraportada del magnífico libro de Antonio Gónzalez Pérez “San Isidro-50 ferias 50” de Editorial Rubiños. Madrid, 1997.

50-Ferias-50-San-Isidro-15833[1]