Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Aguado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Aguado. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de mayo de 2025

Seis faenas y media

Por Jose Morente

Forte

Hagamos recuento de cuatro días en Madrid. Del miércoles 21 al sábado 24. 

Me salen dos faenas de Fortes, una de Morenito de Aranda, otra de Emilio de Justo, otra de Tomás Rufo y otra de Aguado. Son seis faenas en cuatro días. A la que habría que añadiruna media faena de Castella, con inicio explosivo que se fue diluyendo hacia su final. Seis faenas y media en cuatro días no está nada mal en esa plaza y con ese público.

De Fortes ya hemos hablado en este blog y no es cuestión de repetirnos. Saúl puso el listón en lo alto y ha hecho cara esta feria con su toreo hondo y puro. Lo llevaba haciendo hacia años pero parece que lo que no pasa en Madrid no pasa.

Castella empezó de manera explosiva y acabó diluyendose. Me recordó a Antonio Fuentes, no por lo visto que a Fuentes no le pude ver por razones evidentes, sino por lo leído pues es fama que el sevillano iniciaba muy bien sus trasteos y estos iban de más a menos, generalmente. Lo mismo le ocurre a veces al fránces.

Castella

Morenito de Aranda estuvo muy valiente y muy decidido con un toro complicado de Arauz de Robles que le cogío a mitad de faena. También lo anotamos en su día. Me gustó mucho en ese toro.

Morenito de Aranda

Po lo que respecta a Emilio de Justo y Rufo es de justicia nombrarlos. El primero por entender a un toro interesante y complejo de Victoriano del Río y torearle por la izquierda con la solvencia que acostumbra y el segundo por torear con mucha suavidad y mucha ligazón a un gran toro noble y repetidor de esa tan exigente ganadería. Un gran toro al que supo torear con sutileza el joven diestro.


Emilio de Justo

Tomás Rufo

Inciso. Cerraba el cartel ese día Andrés Roca Rey al que le tocó el lote complicado y difícil y al que no quisieron dejarle torear. Mucho me temo que de aquí en adelante al peruano no le van a dejar expresar su concepto del toreo en esta plaza. Ha heredado la púrpura y eso pesa. Y es que en Madrid siempre ha pasado lo mismo. Que se lo digan si no a Lagartijo, Guerrita, Joselito, Luis Miguel o el Juli. Una plaza muy mala para toreros buenos. Lo bueno es que esa inquina madrileña alzaprima el caché de un torero y lo encumbra. Mientras más te chillen en Madrid, mejor torero eres, Andrés.

Queda para rematar la gran faena de ayer de Aguado con un sexto toro de Torrealta que salvó la tarde de los malos toros de Juan Pedro. Como dijo un joven aficionado detrás mía al arrastrar el quinto "mientras falte un toro hay esperanza". Lo clavó, porque la faena de Aguado fue un lujo tras una mala tarde en un mano a mano de artistas. Aguado sacó a pasear un toreo solvente y pinturero. Con muchos detalles de arte del bueno. Nada impostado. Faena interesantísima con naturales de excepción coronada por contundente espadazo y muerte espectacular del toro premiada con una justa oreja. Lo mejor esas gotas de sevillanía derramadas en territorio comanche. Un lujo que no fue apreciado ni valorado por todos.

Aguado

Al final el balance de la semana es bueno o muy bueno pues, en una plaza donde es dificil ver torear por diversas razones, hemos visto cuajar en cuatro días seis faenas... y media. Alguna de ellas excepcional.

A los toros siempre vamos con ilusión, pero no siempre se sale de la plaza con alegría. Sin embargo, esta vez regresamos a Málaga más que satisfechos.


domingo, 23 de mayo de 2021

Notas sobre un mano a mano

Por Jose Morente

Primera nota. Sobre las competencias 

Toda la historia del toreo clásico se ha basado en la competencia entre dos toreros punteros. Desde la de Pedro Romero y Pepe-Hillo hasta la de Joselito y Belmonte, las competencias han marcado el interés de cada época. El contraste de estilos y conceptos entre dos toreros punteros ha suscitado pasiones y provocado desencuentros y polémicas entre los partidarios de cada diestro en liza. 

Hace años que apoderados y empresarios rehúyen la fórmula y, por el contrario, procuran evitarla. Los empresarios porque si los toreros triunfan de verdad se encarecen los cachés, los apoderados por falta de confianza en sus toreros. Es curioso que las competencias desaparecieran cuando llegó a la fiesta la figura del apoderado moderno. Y eso que Camará (el primero de todos ellos) procuró buscarle competidores a Manolete, solo que Manolete no tenía ni podía tener parangón.

Bienvenidos sean estos mano a mano, propiciados por sus apoderados, de dos toreros jóvenes en busca de competencia.

La competencia entre dos toreros de estilos contrapuestos ha marcado la historia del toreo

Segunda nota. Sobre el público.

Cada uno va a los toros como le da la gana. Me refiero a la actitud con la que se va (¡y bueno fuera lo contrario!). Es el derecho que asiste a cada espectador, pero lo que resulta difícil de entender (y menos aún en estos tiempos de pandemia y pocos festejos) es que a los toros se pueda ir con la mosca detrás de la oreja y la escopeta cargada. Esa retranca del que niega el pan y la sal a lo evidente, recuerda a la de esos toros reservones que nunca, nunca se entregan. En Vistalegre el público estuvo frío, demasiado frío, sobre todo tras tantos meses de ostracismo taurino.

La actitud de algunos aficionados remeda mucho la de los mansos entablerados.

Tercera nota. Sobre las empresas

De las empresas de hoy, en general, poco bueno se puede decir. Que no dan una. Que no se enteran. Que los tiempos cambian y ellos no. Los precios de Vistalegre, excesivos, explican la poca asistencia de público a unos carteles más que atractivos. Hoy por hoy, en el toreo actual (pletórico en lo que toca a toros y toreros) los empresarios, la mayoría de los empresarios de hoy son, salvo notables excepciones, lo peorcito del panorama taurino. Unos empresarios que no parecen no tener arreglo. Lo malo es que las consecuencias de tan nefasta gestión las pagamos todos los demás.

Lo que me sugieren los actuales empresarios. Un futuro negro y agrietado por el tiempo. Malevich. Cuadrado Negro (1915)

Cuarta nota. Sobre Roca Rey

Roca Rey apabulla. No se puede tener más capacidad ni más claridad de ideas. Como a este corte de toreros hay que ponerles alguna pega, hay quien osa ponérsela (En Vistalegre se pudo oír un estentóreo e injustificado "¡Ponte bien!"). Roca está donde está porque sabe torear y porque tiene ambición. Destaca más en el toreo cambiado que practica con firmeza, seguridad y un desparpajo sorprendente. Aunque estéticamente y conceptualmente no se parezcan a mí, personalmente, me recuerda en algunas cosas a Carlos Arruza 

No sé porqué pero Roca me recuerda -en algunas cosas- a Carlos Arruza.

Roca Rey. Cumbre en el toreo cambiado (Foto: Cultoro)

Quinta nota. Sobre Pablo Aguado

Aguado tiene la moneda y puede cambiarla en cualquier momento. Aunque suene a tópico no tuvo suerte con su lote, pero las verónicas de recibo al cuarto ahí quedan. No se puede torear de salida a un toro ni más relajado ni más despacio. En esas verónicas, me acordé de lo que Corrochano le dijo una vez a Gitanillo de Triana "Dime, Curro Puya, ¿se te para el corazón cuando toreas?"

Corrochano. ABC. 18 de mayo de 1930


El capote de Aguado (Fotografía Andrew Moore)

Sexta (y última) nota. Sobre la verdad del toreo.

La única verdad del toreo está en el ruedo. Donde se muere - se puede morir- de verdad. El pasado día 19 la tragedia rondó por dos veces el coso de Vistalegre. En el primer toro, durante el segundo tercio, con la cogida tremenda y eterna del banderillero Juan José Domínguez que volvió a nacer. En el sexto, al entrar a matar, Pablo Aguado fue encampanado y corneado. Todavía hay quienes no quieren enterarse. Pero la verdad (o la mentira) del toreo no está ni en las plazas de primera, ni en los encastes minoritarios, ni en la pata 'alante, ni en el pico de la muleta, ni en esas otras simplificaciones que tanto gustan a algunos aficionados. 

La verdadera verdad del toreo está en los pitones de los toros... De cualquier toro, en cualquier plaza.


La única verdad (incontestable) del toreo.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Volver a la pureza del toreo

Por Jose Morente

Pablo Aguado. Toreando con los vuelos de la muleta

Tengo para mí que estamos asistiendo a un cambio de ciclo taurino. Después de varias décadas de toreo centrados en la técnica, el toreo que llaman "de siempre" vuelve a estar de moda. De hecho, nunca ha dejado de estarlo.

Los síntomas son claros y evidentes. Y conste que hablo de los gustos del público. Siendo indiscutible el tirón taquillero de Andrés Roca Rey, el incontestable triunfo de Pablo Aguado en la feria de abril de 2018 fue ya un claro aviso de lo que afirmamos o intuimos. Las tardes de Juan Ortega en Linares o Jaén el pasado año, confirman esa tendencia.

Y no es el hecho en sí del triunfo. Hoy cualquier torero al que le embistan sus toros como le embistieron los jandillas a Aguado o el Victoriano del Río a Juan, puede torearlos a un nivel similar al de los dos toreros sevillanos, sino que me refiero más bien al alborozo con que ese toreo fue recibido en la plaza y en la calle. Y cuando hablo de la plaza y de la calle no me refiero solo a los aficionados conspicuos, siempre añorantes de esa forma de torear, sino del sentir común del público que es lo que realmente importa.

Llevábamos mucho tiempo con el toreo debatiéndose entre la técnica y la épica y donde el arte (la estética) aparecía solo como un plus añadido, un regalo que llegaba, cuando llegaba, después de dominar al toro (la técnica) o sobrevivir a sus acometidas (la épica). Eso ya parece cosa de un pasado cada vez más lejano por mor de la pandemia. Hoy parece que se impone nuevamente el toreo que se basa en el gusto por torear, por el placer de torear. Ponerse ante el toro de forma natural y relajada, vuelve a ser paradigma de nuestra época (¿Tendrá eso algo que ver con el cambio, también evidente, de ciclo económico o sanitario?).

Juan Ortega. Toreando con la mano derecha sin ayuda ¡también con los vuelos!

Un triunfo de la estética que llega -como siempre- tras una dura etapa de adaptación al toro. Muy similar a lo que ocurrió en la nunca bien ponderada edad de plata. Dura época. No lo olvidemos, pues en el toro, en su comportamiento, está siempre la clave de todo lo que pasa en los ruedos.

¿Cómo es el toro de hoy?

En mi opinión, perdidos en el estéril e inútil debate de ganaderías comerciales y ganaderías duras (tan rentable a veces para unas y otras, para unos y otros), no nos hemos percatado del importante y radical cambio de comportamiento del toro de lidia en las últimas décadas. 

El toro que hoy sale a las plazas, no es sólo uno de los más grandes, por edad y volumen, de la historia, sino que, aumentado su manoseo en las dehesas y entrenado los correderos, es también uno de los más complejos de torear.

Y no me refiero, es obvio, a esa dificultad obvia del toro manso de sentido que hace imposible el buen toreo por exceso de malicia, toro que hoy -por suerte- no abunda, sino a esa dificultad para redondear una faena plena que se deriva de la falta de entrega de la mayoría de los astados que hoy se lidian. Un toro que se siente tan fuerte y poderoso, no acaba nunca por entregarse totalmente.

La adaptación a ese toro ha sido muy dura (no podemos olvidar las muertes de Iván Fandiño y Víctor Barrios) y los toreros de nuestra época han tenido que recurrir a una técnica evidente y depurada para poder sobrevivir (las escuelas son una necesidad, no un fastidio como sostienen algunos).

Un periodo de adaptación duro, muy duro, pero que ha sido necesario para que hoy el toreo se pueda plantear cómo se está planteando para deleite de los aficionados ¡Puro arte o arte puro!

Morante en Córdoba, siempre puro arte, arte puro.


El año de Gallito (extraño año en todos los órdenes incluido el taurino) ha sido el del retorno de una manera intemporal o eterna (da igual) de entender el toreo.