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viernes, 12 de octubre de 2018

URDIALES

Por Fernando Cámara

Diego Urdiales

Urdiales firmó en Madrid, lo que sin duda, serán una de las faenas más importantes de la temporada.

Realizó una labor rabiosamente ortodoxa y pulcra ante dos toros colaboradores de Fuente Ymbro, encaste Domecq. Perfecta colocación y compostura en armonía con las formas de los engaños cuyas sutiles siluetas parecían hechas para una perfecta simbiosis de movimientos ante la pujante bravura de los de los astados. 

Aparecían estímulos y formas donde los trayectos tranqueados de los toros seguían fielmente la muñecas del que realiza la obra. Un lunático influenciado por el romanticismo y la seducción de embestidas que proporcionen el compás necesario para la preciosa y templada realización de la música en el ruedo. 

Toreo reunido y redondeado, añejo, antiguo y lleno de lo que pudiera ser una performance vintage a la vanguardia de los tiempos. Perfecta interpretación de la intimidad de un sentimiento torero y de la dignidad ornamental que pedía a gritos un acto de comprensión. En pocas palabras, un toreo imposible de definir con palabras y más allá del recuerdo que dejó en el alma de casi todos los que allí se congregaron. 

Toreo renacentista y basado en lo esencial, sin aspavientos, íntimo y arrancado del llanto del alma en su deseo de expresar sus emociones y sentimientos ante un público ajeno totalmente a la pasión del torero, pero no al margen de las cloacas del sistema. 

Urdiales reivindicó su postura, su estilo y su filosofía de lo que, para él, es ejecutar e imponer el toreo de todos los tiempos en una obra contemporánea donde todos fuimos testigos, excepto algunos, de la esquizofrénica locura que representa una inocente tarde de toros y fiesta...

viernes, 13 de enero de 2017

Torear a toro parado

Por "Los Vázquez"

Pepín Martín Vazquez (Coloreado de fotografía publicada en El Ruedo)

Nota de la razón Incorpórea.
Hoy se incorpora a este blog un aficionado de campanillas. De esos que conocen y, sin embargo, sueñan el toreo. De los que no alardean de nada y que, por no presumir, prefiere mantener el anonimato que nosotros vamos a respetar escrupulosamente. Un aficionado cabal, enamorado de Pepe Luís, de Pepín y del encaste vazqueño. Un aficionado que sabe lo que dice y por qué lo dice.

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El otro día, conversando con un amigo, me recordó una frase del gran Pepe Alameda: "el toreo empieza cuando se para el toro". Parece mentira, pero así es, tanto para el toro como para el torero.

Para el toro; porque considero mucho más difícil que, desde parado, arranque con los riñones, eche el morro al suelo y empuje el engaño hasta el final. En vez de pasar por pura inercia.

Para el torero; porque meterle el engaño en el morro, tirar de la embestida, mandarlo y soltarlo es más complejo que aprovechar la inercia del toro y acompañarlo en una sucesión ininterrumpida de lances.

Por ello, estoy buscando vídeos de Pepín Martín Vázquez. Porque está en la línea de los toreros que enganchan, tiran y sueltan. Porque en todo este proceso, además, juega con el pecho, como si tuviera un medallón colgando del cuello el cual le va ofreciendo al toro en todo momento. Porque la cintura es el eje a través del cual construye la faena. Porque no necesita encorvar la figura y estirar el brazo para soltar y alargar la embestida, sino que manda con las muñecas. Y porque juega con los codos, dándole esa gracia especial a sus obras.

Para mí, hoy en día sólo tres toreros permiten o prefieren que se les paren los toros: Morante, Urdiales y José Tomás.

Por supuesto, no le quito mérito al resto de toreros, sólo expreso lo que siento y las razones por las que busco a los toreros de esa línea.


lunes, 24 de octubre de 2016

Zahonería = torería

Por Jose Morente




Unas fotografías de Diego Urdiales toreando en la Malagueta el pasado sábado han causado sensación entre los aficionados. No solo por la calidad intrínseca del toreo del riojano sino también por un detalle que no ha pasado inadvertido. Esos zahones puestos sobre el traje corto. 

Y aunque no ha faltado algún aficionado al que parece que no acaban de gustarle los zahones, en general la reacción ha sido más que favorable. Y es que los zahones traen a la plaza un aire campero que tiene su enjundia.

Joselito el Gallo, en un tentadero, toreando una vaca complicada con los zahones puestos

Identificados hoy con la indumentario de los rejoneadores, los zahones (léase "zajones") se han venido utilizando tradicionalmente por los caballistas, resultando imprescindibles en las faenas de campo. Cuando el torero que ha acosado a caballo, echa pie a tierra, los zahones evitan esos molestos varetazos y palotazos cuando no ese golpe en la rodilla que puede tener su peligro y sus consecuencias.

Antonio Bienvenida despliega su capote para colocar la becerra en suerte en un fotograma de la película "La Becerrada"

Luis Miguel citando para una gaonera en un tentadero en el campo (Del NO-DO)

Pero lo importante no es sólo eso sino ese aire de fiesta antigua y añeja, ese sabor a otra época, que transmiten determinados gestos, determinadas indumentarias. Algo que muchas veces resumimos con un vocablo: torería.

Una escena que rezuma torería de la buena.. Juan Belmonte en el campo
Joselito en el campo de cacería con los zahones puestos.

Diego Urdiales en Málaga, nos trajo el sábado a la memoria el recuerdo de todos esos toreros (Joselito, Belmonte, Bienvenida, Luis Miguel, Morante y tantos otros) a los que recordamos, ya sea por haberlos visto en directo, en las películas o en las antiguas fotografías de color sepia, con sus zahones puestos. En el campo o en la plaza. Lo dicho, torería.



Del campo a la plaza ¡Torería
(Fotografía de Urdiales del Blog La suerte natural. Fotografía de Morante facilitada por Christian Eduardo Franco)

sábado, 3 de octubre de 2015

López Simón. El triunfo del valor

Por Clarito

López Simón medita antes de torear. El toreo, cuando se hace como lo hace el torero de Barajas  es de una infinita exigencia y de una tremenda dureza (Fotografía de Javier Arroyo para Aplausos)

De Sevilla a Madrid en pos de López Simón

Veníamos de Sevilla de ver triunfar a López Simón y le encontramos en Madrid también triunfante. Un triunfo agridulce y con algo de sordina. Agridulce porque el torero salió de la plaza en hombros pero con una cornada de 15 centímetros. Con algo de sordina porque las Ventas, complicada plaza, no acabó por entregarse totalmente al torero madrileño, pese a su derroche de arrojo, valor y entrega. Difícil ser profeta en tu tierra. Más difícil aún si esa tierra es la Villa y Corte.

Pero vayamos por partes. La toreable corrida del Puerto de San Lorenzo había despertado cierta expectación pues junto a López Simón (dos Puertas Grandes en Madrid este año, además de la de ayer, lo que suman tres) se acartelaba -en mano a mano- Diego Urdiales que es -hoy por hoy- torero de culto.

No sé si a Urdiales le pudo la responsabilidad, el ambiente o los alardes de valor de su alternante pero el caso es que anduvo desdibujado y desaparecido toda la corrida, muy por debajo del nivel esperado y al que últimamente nos tenía acostumbrados. No obstante, suyas serán con toda seguridad las mejores fotos de la tarde pues a estética no le gana nadie. El público de Madrid que había ido a jalearle, se desencantó y en el desencanto se dio de bruces con López Simón.

Diego Urdiales. Suyas son siempre (o casi siempre) las mejores fotos. Ayer sin embargo anduvo alicaido.
En su primero, López Simón se puso en el sitio donde embisten todos los toros, corrió la mano con parsimonia, aguantó los parones del astado del Puerto y en el remate de una tanda, al preparar el de pecho, el toro se le quedó corto, le caló y se lo echó sobre los lomos

López Simón fue cogido al rematar una tanda y cuando citaba para el pase de pecho. El toro le mete el pitón al levantarlo (Fotografía de Javier Arroyo para Aplausos)
El de Barajas, no se arredró y herido continuo la faena. Fueron muy pocos los espectadores que se percataron en un primer momento de que el toro le había calado. Luego, con el público ya a favor, mató al toro. 

El Presidente sacó el pañuelo blanco cuando el diestro ya se encontraba en la enfermería. Enfermería de la que salió un momento para recoger la oreja en gesto de agradecimiento. Así de importantes son las orejas de Madrid para los toreros.

López Simón salió de la enfermería para recoger la oreja de su primero en gesto de agradecimiento al público. Para los toreros las orejas tienen vital importancia pues son el premio a su labor. Una labor que es, siempre, exigente, dura y peligrosa como ayer se vió (Foto de Javier Arroyo para Aplausos)
Se corrió el turno para que, tras una primera cura de urgencia pudiese salir a lidiar sus otros dos toros que fueron, por tanto, el quinto y el sexto de la tarde. 

Sin alharacas pero dándole a su cogida toda la importancia que tienen las cogidas y que parte del público no le dio, salió López Simón a matar los toros quinto y sexto de la tarde en pos del éxito y de la gloria (Fotografía de Javier Arroyo para Aplausos).
El sexto se lastimó una pata (según los veterinarios de la plaza por rotura de ligamentos) por lo que no hubo -no pudo haber faena- pero antes en el quinto, se había alcanzado el punto de mayor emoción.

López Simón, en ese toro, lógicamente mermado de facultades, se colocó sin embargo, otra vez, en el sitio donde todos los toros embisten y, otra vez, corrió la mano, aguanto parones y vencimientos, jaló con mucho mando y temple las embestidas de un manso que buscaba las tablas y al que mató recibiendo en terrenos de toriles, cual si se tratara de Frascuelo redivivo. Le cortó otra merecida oreja que le abría, también merecidamente, la Puerta Grande de las Ventas. ¡Gloria al héroe!.

López Simón con la muleta en el quinto de la tarde ya cogido. Excelente colocación, mucho temple y, sobre todo, mucho mando (hijos del valor) fueron las claves del buen toreo que desarrolló el madrileño (Fotografía de Javier Arroyo para Aplausos)
Epílogo

Vinimos de Sevilla en pos de López Simón y  nos encontramos en Madrid al diestro que habíamos venido a ver. Un diestro en formación y, por tanto, todavía con algunas lógicas carencias pero y esto es lo importante, engrandecido, con sobrada ambición, con las ideas muy claras, con todas las ganas de ser gente en esto, cueste lo que cueste y, sobre todo, derrochando valor. 

Un valor puesto al servicio del buen toreo pues valor es pasarse los toros por el frente, no por el costado, lo más despacio posible y ligando los muletazos en un palmo de terreno; en el terreno que pisa este torero. 

Y es que esa es, a fin de cuentas, la exigente técnica del toreo en redondo, la que exige más templanza de los toreros. La que exige más valor. La que más vale.

Lo dicho: ¡El triunfo del valor!

López Simón. 3 Puertas Grandes en las Ventas este año: El triunfo del valor o el valor del triunfo (Fotografía de Javier Arroyo para Aplausos)

jueves, 9 de julio de 2015

Los imponderables

Por Juan Antonio Polo

Una terna atractiva, bonita e, incluso, original (Foto de Javier Arroyo-Aplausos)


Pamplona. Segunda de Feria. 8 de julio 2015

El cartel anunciado —Urdiales, Morenito de Aranda y Fortes, con reses de El Tajo y la Reina— era atractivo, bonito e incluso original. Sin embargo —ya se sabe—, de la ilusión a la decepción hay sólo un paso y ese paso, lamentablemente, se dio en la tarde de ayer. Las cosas no salieron como se deseaba. ¿Fue culpa de los toros? ¿Fue culpa de los toreros? No se sabe, pero siendo que ninguno de estos interrogantes tiene una respuesta inequívoca, personalmente optamos por salirnos por la tangente y culpar del desaguisado —antes era muy corriente— a los imponderables.

Y no me hagan ustedes que entre en el significado de la palabreja, pero lo cierto es que el fracaso del festejo no se puede cargar exclusivamente sobre las espaldas del ganadero. Los pupilos de Joselito, muy bien armados todos ellos, en realidad no presentaron dificultades insuperables. Varios de ellos, es cierto, se pararon en el último tercio, pero la mayoría “se dejaron” y hubo uno, el primero, que quizás mereció mejor suerte.

La actuación con capa y muleta del esperado Urdiales ante ese toro fue, sin duda, correcta, aunque si aquilatáramos un poco quizá debiéramos decir “solamente correcta”, ya que el de Arnedo, diestro bregado en las más complicadas plazas españolas, pareció abrumado por una responsabilidad que en Pamplona no existía y su faena pecó de rapidez y careció del asiento y el sosiego del que tantas veces ha hecho gala el riojano.

Tampoco estuvo muy inspirado Morenito de Aranda. Cierto que sus toros no le dieron facilidades, pero no es de recibo la falta de  recursos mostrada por el burgalés —otro tanto le ocurrió a Urdiales en el cuarto— ante unas reses muy paradas que pedían a gritos otro tipo de faena. Está claro que el insistir machaconamente para arrancarles un pase y, logrado esto, quitarles inmediatamente la muleta de la cara, no es el sistema.

Curiosamente, Jimenez Fortes, el menos bregado de la terna, fue el que despertó mayor interés. El malagueño evidenció haber olvidado el cornalón de Madrid y lució el angustioso valor de siempre —voltereta incluida—,  pero al propio tiempo puso de manifiesto unos importantes avances a la hora de estructurar sus faenas, especialmente en lo que respecta a su colocación, mando y parsimonia. Para Fortes no contaron los impoderables y al toro que cerró plaza le enjaretó varios muletazos templadísimos: los mejores sin duda de la tarde. Lástima de la espada le hizo perder la oreja.
Juan Antonio Polo


Gran muletazo de Saúl. Para Jimenez Fortes, los imponderables empiezan a no condicionar su toreo (Foto Javier Arroyo-Aplausos)

sábado, 6 de septiembre de 2014

Dos extraordinarios naturales

Por Jose Morente

Diego Urdiales 04 (2)

2014-08-30 Sn Sebastian de los Reyes El Juli

Dos extraordinarios naturales: Arriba, Diego Urdiales en Madrid con un toro de Adolfo Martín y abajo, el Juli en San Sebastián de los Reyes con un toro de Victoriano del Río.

 

El natural y el toreo de muleta

Si el toreo de muleta es la piedra de toque del toreo contemporáneo, el natural constituye, dentro de ese toreo de muleta, la clave o piedra angular de esa fase tan importante de la lidia.

Al sostener la muleta en la izquierda y la espada o la ayuda en la derecha, el engaño se reduce en tamaño y, lo que tiene más importancia, resulta mucho más voluble ante el aire. Conviene precisar que, en el toreo, al viento se le llama “aire”.

Por eso, por esa fragilidad que confiere al poderoso toreo de muleta cuando este se hace con la mano derecha, es por lo que, el toreo con la izquierda, tiene tanta enjundia, tanta importancia y tanto impacto. Tanto que, en el argot taurino, se le llama a esa mano, la izquierda, la mano “de los billetes”.

Lo mejor es que no hay un único pase natural, como no hay un único pase de trinchera o una verónica o un molinete, sino pases naturales, idénticos en su esencia pero muy diferentes en su contextura, en su concepto y en su calado.

Vemos dos de ellos. Magníficos los dos. El natural de Urdiales a un Adolfo en Madrid y el de Juli a un Victoriano del Río en San Sebastián de los Reyes.

Si nos fijamos atentamente en ambas fotos encontraremos que ambas son muy semejantes. La posición de los torsos y los brazos de los toreros, el vuelo de las muletas e incluso las embestida de ambos toros son prácticamente iguales. En resumen, son dos fotos ideales para jugar al juego de encontrar las diferencias.

Y, puestos a buscar diferencias, ambas fotos sólo varían realmente (pelaje de los toros aparte), en la posición de las piernas de los toreros. Muy poco para poder hablar con propiedad de dos naturales distintos. ¿Muy poco o, quizás, mucho?

 

El natural de Urdiales al toro de Adolfo

Diego Urdiales 04

El natural de Urdiales (Fotografía de Miguel Pérez Aradros). El natural cargando la suerte (con la pata ‘alante) y desplazando el toro hacia afuera después de cruzarse el torero en su camino. Algo que se refleja muy bien en esta foto de Diego Urdiales y, en concreto, en ese cuerpo del torero inclinado hacia el toro, como empujándole hacia afuera con todo el alma.

La misma tarde en la que Perera se entronizó, como nuevo Rey del toreo contemporáneo, un diestro riojano, con un toreo preciso y precioso, Diego Urdiales, al que desgraciadamente no le sobran oportunidades, se entretuvo en dibujar sobre el ruedo de las Ventas el natural en su versión más depurada.

Fueron los suyos unos naturales de una tremenda belleza, tanta que algún aficionado ha podido decir, como decía Santiago Navascués en facebook, al comentar esta fotografía, que ese natural “vale más que decenas de faenas enteras”.

Tiene razón ese buen aficionado. No sólo porque el natural de Urdiales es un bello, bellísimo muletazo, sino porque, además, se ajusta y responde al concepto que el aficionado de nuestros días tiene sobre lo que se entiende como cargar la suerte: echar la pata ‘alante.

Como el aficionado, tradicionalista de suyo, se emociona y se alboroza cuando ve torear conforme mandan los cánones del toreo o, mejor dicho, conforme a lo que el piensa o considera que mandan los cánones, esa faena provocó un inusitado entusiasmo entre los aficionados venteños que asistían a esa corrida. Lástima es que no provocase tanta emoción entre el resto del público, 

Y es que ese toreo “de frente” y “pata ‘alante” (toreo cambiado o contrario), que permite un mejor control de inicio del muletazo y propicia un embroque emocionante, dificulta o perjudica su remate. De frente es más difícil rematar bien los muletazos y, por tanto, es más complicado ligar cada natural con el siguiente, que es lo que el público de hoy más valora y agradece.

Los pases naturales de frente suelen resultar, como resultaron los de Urdiales, magníficos y tremendos aunque necesariamente de uno en uno. Y es que Urdiales sacrificó el resultado, la ligazón, en pos de la búsqueda de su concepto de pureza, de toreo puro.

 

Los naturales del Juli al de Victoriano

2014-08-30 Sn Sebastian de los Reyes El Juli

El natural del Juli representa el natural por antonomasia. O mejor dicho, los naturales. Es un natural hacia dentro donde la posición de perfil del torero resta algo de emoción al cite (aunque aparente) pero en beneficio de un mayor control del muletazo en su remate y, por tanto, facilitando la ligazón con el siguiente de la tanda. Es el toreo de línea natural o en redondo.

Es por eso, por esa dificultad para ligar bien los pases, por lo que el toreo de muleta se puso, a mediados del siglo pasado y con Manolete, de perfil (En el capote ya se había puesto el toreo de perfil, mucho antes. Concretamente, a fines del XIX con Guerrita)

De esa fuente, de la fuente manoletista, bebe el toreo de muleta contemporáneo (el toreo de línea natural o en redondo). Un toreo de muleta que ha optado por la colocación de perfil. Se pierde con ello control y seguridad en el inicio del muletazo y se pierde, también y en parte, el beneplácito del aficionado, sobre todo del más dogmático.

Pero esas carencias, se ven compensadas por un toreo mucho más largo y profundo. Y donde al facilitar el control del remate (el momento de soltar al toro) se facilita la ligazón que es lo que, quizás, más valoran los públicos de hoy. Los muletazos ya no se suceden de uno en uno, sino seguidos y continuados. En tandas.

Es lo que hace el Juli, en esa fotografía, colocarse de perfil para llevar al toro muy toreado hasta el remate.

 

Dos modos de torear frente a frente

Ya tenemos, frente a frente, dos modos distintos de torear. Sigamos con el análisis y empecemos por los cánones.

Cuando se torea como Urdiales, inmediatamente surge siempre algún aficionado que evoca y alaba el tema de la pureza y los cánones y la adecuación o no del toreo que se hace en las plazas a esos cánones.

Sin embargo, las cosas no son, a veces, lo que parecen y ese toreo de “pata ‘alante”, de cruzarse en el camino del toro para expulsar al toro del terreno del torero que tanto nos gusta, resulta que, en realidad, no responde a los cánones clásicos del toreo, como piensan los aficionados actuales, sino al concepto del toreo cambiado o en ochos. Lo que es muy diferente

Ese toreo contrario o cambiado es el torero de los toreros que aprendieron el toreo en las capeas y los cercados, como Juan Belmonte, Domingo Ortega o Paco Ojeda, con toros resabiados y corraleados de los que había que defenderse. Un toro que no permitía florituras y donde para dominar y poder al toro era y es imprescindible desplazarlo hacia afuera.

Juan Belmonte natural (El tercio de muerte)

Un natural de Belmonte de su última etapa. Esa posición frontal del torero le da mucha emoción al embroque al ofrecer el pecho, pero también le confiere mucha rigidez a su postura en el remate que es forzosamente muy sesgado, corto y hacia afuera. Ese natural defensivo pero emocionante es el antecedente directo del natural de Urdiales. El toro de Urdiales humilla más que el de Belmonte y la postura del torero es más flexible y armónica pero el concepto es el mismo. Son dos naturales de la misma familia.

 

La otra cuerda. El toreo en redondo

Paradójicamente, no es el jaleado toreo cambiado sino el otro, el toreo en redondo, el toreo más clásico, el mas parecido al toreo que preconizan las viejas Tauromaquias. Es ese toreo en redondo, el torero de los toreros de Escuela, hijos de toreros, como Joselito el Gallo, Manolete o Chicuelo. Toreros de muy diferente estética pero con un mismo concepto del toreo de muleta. Toreros de una misma cuerda.

La preocupación del torero de esta línea no es ya tanto enfrentarse al toro y dejarlo pasar sino llevarle dominado, mandando en él desde el inicio hasta el final del pase.

Madrid Rafael Gallo Veragua

Aunque la fotografía no tiene mucha calidad, es muy interesante porque resalta a las claras el concepto del toreo de Rafael el Gallo (y el de todos los toreros de su cuerda) que es el concepto en el que se basa el toreo contemporáneo. La intención del torero en este natural no es enfrentarse al toro y demostrar a los espectadores lo valiente o arrogante que se puede ser sino (por eso Rafael está algo perfilado) llevar al toro toreado hasta el final del pase, hasta su remate. Un muletazo que parece que pide ser rematado con otro natural (tantos como aguanten el toro y el torero) igual que el natural en el toreo cambiado pide ser rematado con un pase por el otro pitón con un pase de pecho, por ejemplo.

El natural del Juli es herencia del natural de Rafael el Gallo, como el natural de Urdiales está entroncado directamente con el de Juan Belmonte. Son dos líneas del toreo, dos cuerdas diferentes, pero en las que se han alcanzado -en ambas- cotas altísimas.

 

Todos los conceptos. Todas las escuelas

Frente al totalitarismo ideológico de los aficionados dogmáticos que defienden con ahínco la existencia de cánones o normas únicas con validez universal, lo que caracteriza a nuestra época, tanto en el mundo del arte  como en el planeta de los toros, es el fin de las ideologías totalitarias (el fin de los manifiestos legitimadores que diría Danto) y la posibilidad de coexistencia de estilos diversos en un mismo tiempo y época.

Eso es lo que está ocurriendo hoy en el toreo. Y es que, frente a la unidad estilística de épocas pasadas (El parón en la Edad Plata; el verticalismo de la época manoletista; la consolidación del toreo en redondo de los 60; etc,) hoy pueden convivir en los ruedos, al mismo tiempo, estilos muy diferentes.

Así sucede que, en una misma temporada o en una misma feria e incluso en una misma tarde, podamos ver un natural de línea belmontista y, acto seguido, a veces al mismo torero, un natural en el concepto del toreo en redondo. El natural de Urdiales y el natural del Juli.

Sería deseable que esa misma diversidad de estilos de la que podemos disfrutar en los ruedos, fuese asumida también por los aficionados del tendido.

¡Los públicos ya lo han hecho!

Joselito - copiaBelmonte - copia

Joselito y Belmonte. Dos toreros de muy diferente cuerda. Dos toreros radicalmente distintos con un toreo diferente. Sin embargo, su convivencia (competencia) en los ruedos es lo que dio lustre, importancia e interés a la Edad de Oro.

No se entiende que hoy, algunos, quieran reducir el toreo (partirlo por la mitad) y expulsar del paraíso a la línea gallista representada por el toreo de muleta en redondo ¿O si se entiende?

(Fotografías de José y Juan facilitadas por Nicolás Sampedro Arrubia y extraidas del libro “El sabio y el fenómeno en la temporada de 1914” del Bachiller González de Rivera y Triquitraque)