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martes, 10 de noviembre de 2015

La suerte del Sr. Atienza (vulgo Carioca)

Por Jose Morente

Ramón y Miguel Atienza Caro. Ramón picó al toro que mató a Manolete, al que le hizo la carioca (pues fue toro que manseó), un invento de su hermano Miguel
Jose Moreno "Cagancho de Linares", el picador reserva de la corrida en la que murió Manolete y que le había dado el primer puyazo al toro que lo mató, comentaba como RamónAtienza el picador de la cuadrilla del diestro cordobés, además de meterle tres cuartos de palo y dejarle dentro el casquillo, le había hecho al toro la Carioca una suerte de recurso inventada por su hermano Miguel.

José Moreno "Cagancho de Linares". Estaba de reserva el día de la tragedia de Manolete. Gracias a su testimonio sabemos como fue la suerte de varas de Islero.
Un lector de este blog, nos preguntaba en facebook que era eso de "la carioca". Conocida de sobra por los aficionados que peinan canas, lo cierto es que el término se utiliza hoy muy poco por lo que la pregunta es pertinente. Vamos a dedicar esta entrada a este tema.


¿Qué es la Carioca?

Antes del peto picar a los toros mansos era misión imposible o casi. Taparles la salida era garantía de sufrir el arreón de los mansos, con el riesgo que eso conlleva.

A partir del peto, cambió radicalmente la situación y Miguel Atienza que picó en las mejores cuadrillas de su época, entre ellas la de Manolete, discurrió un sistema para que esos toros mansos no se fueran sin picar.

Según el propio piquero en una entrevista en el Ruedo (1950):
"La puse en práctica con el toro de Aleas "Vinagre" de nombre. Al empujarme con fuerza para las tablas y acertar yo a detenerle con el palo, el toro quedó frenado en seco, momento que aproveché para quitarle el caballo pero no la vara, pues el toro al volver a la carga, no me dió tiempo para sacarle la puya"
El entrevistador le replicaba que la suerte podría estar justificada en determinados toros pero no en todos y menos, decía, en los de aquellos años (recordemos que la entrevista es de 1950). Atienza replicaba:
"Ahora más  [justificada] que nunca (...) Ahora al preparar los ganaderos el toro para el lucimiento de la faena de muleta, los picadores tenemos que colaborar a este fin, que es el que desea la mayoría del público. Desaparecido el lucimiento de la suerte de varas, el picador se ha convertido en un lidiador de eficaz intervención, aún cuando no lo aparente. A nuevos estilos de torear, modernos estilos de picar"
"[La carioca] beneficia al torero al entregarle a su lucimiento un toro ahormado y no moribundo, como afirman mis detractores. El público se beneficia al presenciar una faena lucida, cuando no lo esperaba, en muchos toros que sin cerrarles la salida no hubieran sido picados"
Finalmente, para dejar todo claro, terminaba diciendo:
"Se equivoca usted si supone que 'la carioca' es barrenar a mansalva. Es, ni más ni menos, el único recurso para picar toros mansos"
Miguel Atienza en México practicando la Carioca con un manso repuchado (Fotografía publicada en el Ruedo)
La suerte del señor Atienza 

José María de Cossío, como buen tratadista, proponía que se rebautizase esa suerte con el nombre de "suerte del señor Atienza" en homenaje a su inventor, Miguel Atienza Caro, y siguiendo el ejemplo de las antiguas Tauromaquias (tal y como la nonata suerte del señor Zahonero)

Eso sí, Cossío era muy puntilloso en resaltar que esa suerte, justificada con los toros mansos, era del todo punto inaceptable con las demás reses y merecedora de la mayor de las repulsas en esos otros toros.

El Ruedo publicaba en 1950 está fotografía de Miguel Atienza con motivo de la entrevista de la que hemos transcrito algunos párrafos
¿Porqué Carioca?

Cariocos son los habitantes de Río de Janeiro y Carioca un número de baile de la película "Volando a Río" (1933) inspirado en la samba y con mexcla de maxixe, foxtrot y rumba. 

Un baile que causó sensación cuando se estrenó la cinta pues fue la primera vez que que bailaban juntos, en la pantalla, Fred Astaire y Ginger Togers.

Cartel de la película "Volando a Río" de Fred Astaire y Ginger Rogers nominada al Oscar de aquel año como mejor canción original precisamente por el baile de la Carioca (1933). El reclamo es sensacional ¡200 bellezas! ¡Ahí es nada!
La Carioca se baila juntando las frentes los dos miembros de la pareja bailadora, mientras giran y giran sin cesar. Algo que llamó mucho la atención en su tiempo cuando se estrenó la película.

Cuando poco después, Miguel Atienza sacó a la palestra de los ruedos la suerte de su invención haciendo girar al caballo y al toro juntos y al mismo ritmo al que giraban Fred Astaire y Ginger Roger, al público le faltó tiempo para bautizar como Carioca esa nueva suerte del toreo a caballo.

Por si queda alguna duda, lo vemos.


domingo, 8 de noviembre de 2015

La dureza del toreo (XII) ¿Porqué murió Manolete?

Por Jose Morente

Manolete, sonriente, saluda al público en Linares

Las causas de la muerte de Manolete

Sobre las causas de la muerte de Manolete se ha dicho y escrito mucho. Quizás, demasiado.

¿Un amor fou? ¿Una especie de hastío vital, de agotamiento mental, de cansancio físico? ¿La espiral en la que se había metido el propio torero acostumbrando a los públicos a esperar de él lo máximo tarde tras tarde? ¿La inquina de los públicos y, en particular, la de los anti-manoletistas? ¿Un error de su apoderado llevándole -sin necesidad- a torear miuras a final de temporada en una plaza como la de Linares? ¿O el error de su médico de cabecera al ordenar una transfusión de un plasma noruego en deficiente estado y que ya se había cobrado bastantes víctimas en Cádiz cuando la explosión de los astilleros?

Todo esas causas se han barajado y todas ellas pudieron influir, es evidente, en la muerte del "monstruo". Cierto es y mucho lo que se ha dicho y escrito sobre las mismas pero poco, muy poco, sobre las razones técnicas o propiamente taurinas de la cogida que le causó la muerte. Causas taurinas que podemos resumir en sólo dos: Su forma de ejecutar la suerte suprema y las condiciones con las Islero llegó a ese momento de la estocada.

 
La forma de estoquear de Manolete

Sobre la forma de estoquear de Manolete ya comentamos algo en su día en este blog: Recapitulamos.

Fuentes Bejarano, gran estoqueador madrileño decía:
"Manolete se perfilaba muy en corto y al pitón contrario. Arrancaba lento y con serena consciencia de que el toro humillaría porque con la muleta le había bajado mucho la mano. Lo que le admiraba en sus estocadas era como se doblaba  en el pitón. Lo hacía con una verdad insuperable".
Aunque Fuentes Bejarano destacaba lo de humillar el toro y bajar la mano y aunque es posible que ocurriera así en bastantes ocasiones, lo cierto es que Pepe Alameda a la vista de sus propios recuerdos y de las fotografías disponibles, señalaba lo contrario y decía que Manolete a la hora de la estocada, a veces, no bajaba la mano sino que la encogía, lo que generaba una situación de peligro. Alameda añadía que eso daba mucha emoción a sus estocadas. 


"Hacía la suerte suprema con tanta lentitud, que a mí me parecía que la hacía a velocidad de dos kilómetros por hora" (Pepe Luís Vázquez).
Manolete al matar encogía la mano izquierda y la pegaba al cuerpo. Al fondo, Alfredo David su peón de confianza sale del burladero preocupado. Siempre decía que con esa forma de matar, algún día podría ocurrirle una desgracia.


Una foto histórica y curiosa. El Espartero dando una estocada. Como se puede apreciar, ejecuta la suerte de forma muy similar a como lo hacía Manolete: encogiendo el brazo izquierdo que se pega al cuerpo.

Las condiciones con las que llegó Islero al último tercio

Por lo que respecta a las condiciones con las que Islero llegó al momento de la estocada, son también dos circunstancias las que podemos destacar. Una, la querencia que demostró ese toro de Miura durante la faena de muleta. Algo que ya se ha comentado en varios libros y en algunos artículos. La otra, de la que no se ha hablado casi nada, es el hecho de haberse partido el palo en un puyazo, quedándose el casquillo de la puya dentro del cuerpo del toro


La importancia de las querencias

En una entrada reciente, Jack Coursier explicaba como en la lidia moderna (desde Manolete acá) las querencias tienen menos relevancia. No es que no importen pues siguen siendo importantes pero el toreo de hoy no se subordina como ocurría en el toreo de antes, a las querencias que puedan presentar las reses. Hoy día (desde Manolete acá) se torea en redondo o sea, mediante tandas de muletazos sobre el mismo pitón, por lo que a un muletazo a favor de querencia sigue necesariamente otro contra la misma.

Es lo que parece que ocurrió en Linares con el 5º toro, Islero. El toro acusó cierta querencia a empujar hacia las afueras pero Manolete, como era en él habitual, lo toreó en redondo. Con los muletazos que el toro tomaba por fuera (a favor de querencia) no había problemas pero, en los que tomaba por dentro, el toro empujaba hacia las afueras poniendo en apuros al torero cordobés.


En los muletazos en los que el toro iba por las afueras (caso de la foto de arriba), no había problemas pues se daban a favor de querencia. Sin embargo, en los muletazos dados con el toro por los adentros, este empujaba hacia las afueras, obligando al diestro a defenderse y a descomponer, a veces, la figura (como ocurre en la foto inferior). Las querencias siguen existiendo pero no se subordinan la faena ni los muletazos a ellas como se hacía en la lidia antigua. Hoy, en ese sentido, se asumen más riesgos que antes.
Un opinión muy particular

Cagancho de Linares, que fue picador reserva esa tarde, comentaba años después a Filiberto Mira como fue la suerte de varas del quinto de la tarde, de Islero.

Decía ese picador que "Remache", en el primer puyazo, le había cogido los blandos y que el toro se había ido suelto a la puerta de arrastre donde Ramón Atienza le pegó otro puyazo en el mismo boquete del anterior. Atienza le hizo la carioca (no en balde era su "inventor") y le metió al toro el casquillo y tres cuartos de palo. Este se rompió, quedando el casquillo dentro.

Según la peculiar y particular versión de este picador que, en tiempos había sido vaquero en lo de Celso Pellón, los toros extrañan mucho las "picás" ya sea de los alambres de las cercas o de las garrochas que se utilizan en las plazas. Por eso, según él, el toro se encogió al sentir la estocada. La prueba es que también se había frenado al sentir el primer par de banderillas. Ese toro de Miura -decía- no se había olvidado en el último tercio de la "piquiña" que estaba sufriendo desde el primero por el casquillo de la puya dentro de su cuerpo.
Sea o no cierto, lo que es indudable es que lo que se hace en el primer tercio influye sobremanera en el comportamiento del toro a lo largo de toda su lidia.



Lo que se hace en el primer tercio, los errores que se cometen durante el mismo (siquiera no sean tan evidentes como el de la foto) influyen en el resto de la lidia (En la imagen, momento de un tercio de varas en las Ventas en 1946, según una fotografía del Ruedo publicada en Facebook por Jack Coursier)
La estocada mortal

Sea como fuere y, al margen de lo anterior, lo que ocurrió, en el ruedo, fue lo siguiente que copiamos de K-Hito:
"(...) Entonces vino lo sorprendente. Manolete se perfiló a poca distancia del miura. Lió la muleta, arrastró el pie izquierdo y centímetro por centímetros fue clavando el acero en el morrillo del toro. 
Duró aquello demasiado: Se le vieron marcar todos los tiempos de la suerte suprema. Ni entró a matar con el morlaco pegado a toriles, ni la res se le vino encima de modo que él no pudiera evitarlo. Nada de eso. Nada de eso. El toro tuvo tiempo de prenderlo por el muslo derecho. Lo elevó un polmo del suelo y Manolete, girando sobre el pitón cayó de cabeza. Cogida sin aparato. Quedó el espada entre las patas delanteras del miura, que optó por seguir un capote. 
Manolete, aún en el suelo, se llevó la mano a la herida. Toreros y asistencias acudieron con toda rapidez y lo tomaron en brazos. Equivocaron el camino de la enfermería y tuvieron que rectificar. Manolete iba pálido, intensamente pálido: 
En la arena habían quedado dos regueros de sangre."


Manolete matando a Islero de Miura, el toro que le mató. El diestro de Córdoba ejecuta la estocada en la suerte natural, precisamente donde más apretaba el toro. Después de cogerle, el toro le pasó por encima ignorándole. Ambos iban heridos de muerte.
Lo demás es ya es historia y leyenda.


El drama se va a consumar. Manolete, en brazos de toreros y asistencias (protagonistas directos), camino de la enfermería.  Camino de su trágico fin. En la arena habían quedado dos regueros de sangre.


El sino de Manolete

Para un andaluz, herencia árabe obliga, el destino -el sino- está ya escrito de antemano.

Manolete era hijo de torero, sobrino de toreros y nieto de toreros. A su tío-abuelo Pepete, lo mató un Miura en Madrid de una cornada certera en el corazón.

Por eso, es su última entrevista -premonitoria- el Caballero Audaz le preguntaba por su opinión sobre los toros de Miura. La contestación del torero, que no tiene desperdicio, la transcribo:
"¡A mí me da lo mismo torear un miura que torear ganado de Salamanca!, ¿sabes? La cuestión es que el toro sea bravo, y si no es bravo, hago lo que puedo, sin pensar jamás en huir el bulto. Está por la primera vez que yo haya hecho el ademán feo de demostrarle al público que un toro me da gindama y que desisto de dominarlo, acudiendo a ratimagos cuando llega la hora de matar. Por muy malo que sea un bicho, yo trato de sacar partido de él, y jamás pienso que pueda cogerme. Si la muerte me llega, nunca me cogerá en ese momento feo de la cobardía. sino con el gesto rabioso del luchador. Tú has escrito y yo lo he leído hace poco, que Sánchez Mejías había dicho: "El ideal de un torero es morir de una cornada en el corazón, instantáneamente, cuando está toreando a gusto". Bueno, pues yo también siento esa aspiración; si ha de venir la Muerte, que sea en una tarde de éxito."
Proféticas palabras pues, efectivamente, la muerte le llegó después de una estocada dada "con el gesto rabioso del luchador" y "en una tarde de éxito". Como él quería.