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miércoles, 30 de agosto de 2017

Escribano, con un Victorino en Bilbao, "hace" el toreo

Por Jose Morente

Magistral lección de Manuel Escribano en Bilbao con un buen toro, bravo y enclasado, de Victorino Martín (Foto: Arjona-Aplausos
Puede que todavía no repuesto totalmente del tremendo cornalón que un toro de Adolfo le pegó en Alicante hace ya un año, pero con el toreo metido en la cabeza y en el corazón, Manuel Escribano dio una magistral lección de como se deben torear los grises, los toros de ese encaste tan singular que es el encaste Albaserrada.

Decía José Carlos Arévalo que no es lo mismo hacer el toreo que decirlo. Hay toreros que dicen muy bien el toreo y otros que saben hacerlo. Tanto mérito tiene una cosa como la otra pero, si me dan a elegir, me quedo con la segunda. Con la faena pensada y realizada en función de las condiciones del toro, de las condiciones generales de su encaste y de las particulares de su singular embestida, pues cada toro es un mundo a explorar en el breve espacio de los veinte minutos que dura su lidia.

Hace tiempo traíamos a este blog la opinión de algunos diestros expertos sobre las claves del toro de Victorino. Un pequeño tratado de Tauromaquia gracias a quienes escriben, tarde tras tarde y toro tras toro en los ruedos la verdadera tauromaquia: los toreros.

Escribano, en Bilbao, con el toro Mecatero, siguió el guión marcado por esos maestros con fidelidad absoluta. Toreó de principio a fin tal y como se debe torear estos toros. Toreando en línea y sin obligar, que es lo que procedía y procede, a ese enclasado toro de Victorino para poder redondear los muletazos en las dos tandas finales que levantaron el clamor del público. Con toques suaves y nada bruscos, pulseando siempre ese andar humillado que es marca de la casa.

Esa es la mejor manera de conseguir que las reses de esta ganadería saquen lo mejor de si mismo, su buen fondo.  

Preciso y pulcro. Exacto y firme. Escribano en Bilbao "hizo" el toreo.

Hacer el toreo (Fotografía de Arjona para Aplausos)

miércoles, 20 de abril de 2016

Los paradigmas de la bravura: Jaquetón-Bravío-Cobradiezmos

Por José Morente

Una imagen emblemática. El morro y el pitón derecho haciendo surcos en la arena. La forma de colocar la cara, de humillar, de embestir, de "Cobradiezmos" de Victorino Martín, se ha convertido en el paradigma de la bravura del siglo XXI (Fotografía Maurice Berho-Mundotoro)

Si yo fuera político declararía. la bravura del toro de lidia, Bien de Interés Cultural igual que se hizo en 1999 con los registros sonoros, con la voz, de la Niña de los Peines.

No lo soy y, por tanto, me tengo que contentar con documentarla que es lo que vamos a hacer en esta entrada. Vamos a repasar la evolución de la bravura del toro a lo largo de la historia. Para ello hemos elegido tres toros emblemáticos y paradigmáticos que representan y simbolizan el concepto que, en cada siglo, se ha tenido de la bravura, esa cualidad tan necesaria para la pervivencia de la Fiesta.

Vayamos al grano. Los tres toros que, en mi opinión, mejor simbolizan la bravura, son Jaquetón (siglo XIX), Bravío (siglo XX) y Cobradiezmos, que, para mí, encarna el ideal de la bravura deseable en este siglo XXI.


Jaquetón. La bravura fiera del siglo XIX

Jaquetón. La bravura del siglo XIX (Detalle de una lámina de la Lidia publicada el 23 de mayo de 1887)

El tópico define y describe al XIX como el siglo de los toros fieros y los toreros machos. Una época donde se derramaba mucha sangre en los ruedos. Sobre todo, sangre de los caballos de los picadores y sangre de los toreros y menos, mucho menos (hoy dirían que ni para un análisis) de los toros lidiados.

En el XIX, La Fiesta era un espectáculo sangriento. La sangre de caballos y toreros corría copiosamente. La del toro. mucho menos (Detalle de la Lámina de la Lidia dedicada al toro Jaquetón)
Era aquel un espectáculo dantesco y sanguinario donde la idea de belleza estaba ausente. Las carencias médicas con el consiguiente riesgo de infecciones podían convertir un leve puntazo, en camino a la invalidez cuando no a la muerte. Pero no nos confundamos pues entonces la vida, también fuera de los ruedos, valía muy poco.

En esas condiciones, no tiene nada de extraño que se considerase más bravo, al toro más fiero, al que más veces acometiese a los caballos, al que los corneara con más saña e ímpetu. Dicho lisa y llanamente, se consideraba más bravo el toro que más caballos matase. Así de simple y así de trágico.

En el siglo XIX, la suerte de varas era primordial. Ahí era donde entonces se veía la bravura del toro. Una bravura que, en realidad convendría llamar fiereza (Detalle de la Lámina de la Lidia dedicada al toro Jaquetón)
En ese contexto, el ideal de bravura de ese siglo, lo encarna Jaquetón de la ganadería de Agustín Solís, el cura Solís, vecino de Trujillo (Cáceres) lidiado en Madrid el 24 de abril de 1887 por Currito (el hijo de Cúchares) que alternaba con Frascuelo y Ángel Pastor.

Su memoria está encerrada (y enterrada) en el Tomo I del Cossío (1943: 367-368) a donde hemos acudido a rescatarla.

Fue tan bravo e hizo tal pelea en varas que el público enardecido se opuso a que lo banderillease Pastor y pidió de forma clamorosa el indulto. Indulto que fue concedido aunque hubo que apuntillarle en el ruedo al no poder seguir a los mansos por las convulsiones que le provocó una de las varas. En el desolladero se comprobó que tenía reventado un pulmón por el esfuerzo realizado. Así lo contaban en la Lidia:


Y un detalle de importancia que desliza el revistero Don Jerónimo (Peña y Goñi) en la Apreciación final, casi sin darle importancia: El toro "llegó manso a la muerte". Muy bravo en el caballo, Jaquetón llegó manseando al último tercio.

Jaquetón llegó manso a la muerte lo que no importó a los aficionados de entonces, entusiasmados con su pelea en varas
Pese a ello, se le considera el toro más bravo de todo el siglo XIX, pues entonces, a lo que se ve, sólo importaba y se valoraba el comportamiento del toro en la suerte de varas. Tanto que los aficionados más conspicuos se marchaban de la plaza cuando tocaban a banderillas en el último de la tarde.

Eran otros tiempos.


Bravío. La bravura equilibrada del siglo XX.



A principios del siglo XX, los gustos están cambiando. Guerrita ha sido el primer torero en demorar el quite dejando que el toro romanee a los caballos con el fin de que pierda poder. Se trata ya de que llegue a la muleta en mejores condiciones para el toreo.

Además, la escabechina de la suerte de varas empieza a molestar a algunos aficionados que cada vez valoran más las faenas de muleta. Y es que no en balde, los grandes diestros de este principio de siglo se llaman nada más y nada menos que Joselito el Gallo, Juan Belmonte y Rafael el Gallo,... Gente que de verdad sabe torear.

Al toro se le empieza a pedir que mantenga su bravura hasta el final. Ya no valen esos toros de Colmenar o de Veragua que hacían salidas explosiva, comiéndose la osa mayor, pero que, en banderillas, se aconchaban en tablas. Por el contrario, se empieza a valorar el toro que, saliendo frío, va a más. Serán otros encastes de bravura más sostenida, los que toman el relevo en el gusto de los aficionados.

Será, por tanto, un toro de Santa Coloma, casta Vistahermosa, el que marcará la pauta de la bravura ideal del nuevo siglo. El toro se llama Bravío y se lidiará en Madrid un 11 de mayo de 1919.

Un toro que resulta bravo, muy bravo en varas pero también noble, muy noble en la muleta. Pese a su nobleza, la de Bravío, es todavía una bravura molesta y desbordante para su matador que no acabará de entenderlo. Y eso que Saleri II, que cargará con ese sambenito toda su carrera, estuvo sensacional en su otro toro. Pero eso no importa. Cuando sale un toro de bandera, el público se pone de parte del toro.

Corrochano en ABC destacaba la bravura y la nobleza de Bravío y es que, para el toreo, es condición necesaria la franqueza.
Y otro detalle importante. Las hechuras. Ya no valen los toros destartalados sino los "bien hechos" pues su tipo es garantía de su embestida. Bravío es un toro precioso a más de fino y terciado. Hablando en plata, un toro chico, tanto que los veterinarios querrán rechazarlo en el reconocimiento previo La amenaza del ganadero de retirar la corrida completa si el toro no se aprueba, permite que salte al ruedo de Madrid pudiendo demostrar toda su bravura.

Casi 30 años después de la lidia de Bravío, el Ruedo recordaba a ese toro y a su criador, el Conde de Santa Coloma. Por cierto que algunos aficionados e incluso algunos toreros los consideraban toros fáciles sólo por el hecho de ser los preferidos de las figuras de entonces (Lo mismo que ocurre ahora)


Cobradiezmos. La bravura noble del siglo XXI

La brava embestida de Cobradiezmos, el toro de Victorino lidiado en Sevilla esta Feria de Abril (Fotografía de Maurice Berho-Mundotoro)
Casi cien años después de la lidia de Bravío, las cosas han vuelto a cambiar. En la suerte de varas, la víctima ya no es el caballo, protegido por el peto implantado en la Dictadura de Primo de Rivera sino el propio toro masacrado a placer desde unos pecherones cruzados, de gran alzada y poder y muy entrenados.

En consecuencia, la suerte de varas ha perdido la grandeza e importancia que tuvo en otras épocas pues lo que realmente importa a los públicos modernos es el toreo a pie. El de capote y, sobre todo, la muleta. A los públicos de ahora, ver sangre cada vez les gusta menos sobe todo, si se trata de la sangre de los animales.

Por contra, al toro se le exige mucho en el último tercio que ha crecido en duración e importancia. Y es que el toreo que se practica hoy somete a los astados a una dura prueba pues frente a la media docena de pases por alto y aliviados que componían la faena estándar del XIX, hoy se le pide al toro que llegue a la muleta con fuerza, bravura y nobleza suficientes para embestir infinidad de veces con humillación, fijeza, recorrido, ritmo y clase. 

"Cobradiezmos", de Victorino Martín, lidiado con solvencia por Manuel Escribano, el pasado miércoles en Sevilla es el nuevo paradigma de la bravura en este nuevo siglo. Una bravura encarnada por esas embestidas entregadas y excepcionales de las que hizo derroche. Es posiblemente, el toro al que mejor y con más duración he visto embestir en toda mi vida de aficionado. Un toro, huelga decirlo, de preciosas hechuras en la línea de su encaste. Un toro bravísimo u nobilísimo.

 Las perfectas hechuras de Cobradiezmos (Fotografía de Maurice Berho-Mundotoro)

La Maestranza, que así lo entendió, bramó de placer ante todas y cada una de sus incansables arrancadas en pos de la muleta de su hábil y eficaz lidiador.

 La Maestranza bramó en todas y cada una de las largas embestidas de Cobradiezmos (Fotografía de Maurice Berho-Mundotoro)
Un lidiador que, esa es otra característica de la bravura que hoy se pide, pudo triunfar con él. Y es que al contrario que el bravo del siglo XX, al que casi se le exigía  como condición necesaria para así catalogarlo, que estuviese por encima del torero, que le ganase la pelea, la nueva bravura de hoy, la bravura del siglo XXI, convierte al toro en el mejor colaborador posible del éxito del torero. Siempre, claro está, que el torero esté dispuesto a entregarse tanto como se le entrega el toro.

Y es que, el toreo ya no es lucha sin cuartel, ni una pelea a muerte entre dos aguerridos contrincantes, sino entrega máxima de ambos contendientes, del toro y del torero.

Una entrega cuya conjunción hace posible el milagro del toreo tal y como hoy lo entendemos.

"Cobradiezmos" ha señalado el camino por donde debe discurrir la auténtica bravura de este siglo.

Habrá que seguirlo

Cobradiezmos de vuelta en las Tiesas, la finca de Victorino Martín

jueves, 14 de abril de 2016

Una tarde para la historia

Por Mario García Santos

¡Indulto de un toro bravo! Debajo del palco, los buenos aficionados de Sevilla disfrutan y comentan. Esta es la Fiesta (Fotografía de Cultoro)
Nota de LRI:

Cuando se ven tardes como la de ayer, cuando se viven tarde como la de ayer, cuando salen toros como el de ayer, uno se da cuenta que la Fiesta esta viva, muy viva y que tiene futuro. Mucho futuro.

Los aficionados vivimos siempre mirando al pasado pero ahora no es el momento de hacerlo. Ahora es el momento de mirar el presente. Mejor aún, ahora hay que mirar al futuro, sólo al futuro.

Por eso, porque la embestida de "Cobradiezmos" es el símbolo del futuro de la Fiesta, hoy hemos querido que la reseña de la corrida donde se ha premiado esa excepcional embestida. la firme alguien que tiene todo el futuro por delante.

Mario García Santos es un chaval jovencísimo, de la Escuela Taurina de Camas que además de torero, de buen torero, hace sus pinitos como cronista taurino desde su magnífico blog "Dando el pecho desde la tapia" donde nos cuenta lo que ve pero. eso sí, y como el mismo dice, "Siempre intentando escribir con humildad e intentado contar la verdad".

Y es Mario García Santos, además de torero y cronista taurino en ciernes es, sobre todo, aficionado. Un grandísimo aficionado. Mario es el futuro.


Cuando le preguntaban al maestro Rafael Ortega, si le daba pena matar los toros, él respondía que solo a aquellos que no merecían ser estoqueados, sino morir de viejos en el campo y dejando su simiente. Y es que hasta que se estrenó el nuevo reglamento en 1992 (que sigue vigente), los indultos solo estaban permitidos en las corridas concurso de ganaderías y precisamente Rafael Ortega, fue uno de quienes defendieron la conveniencia del indulto cuando es realmente merecido.

Hoy en Sevilla entrábamos en el tramo final de la Feria de Abril 2016, en la cual, a pesar de ciertas orejas y toros sueltos, no había llegado el triunfo de los toreros ni tampoco había salido un toro bravo. Y hoy, tras horribles petardos ganaderos de hierros en teoría de garantías, pudimos dejar atrás el desastre anterior, sobre todo, con un toro de bandera que salió en cuarto lugar.

La corrida de Victorino fue desigual en presentación y en juego, pues fue deslucido el primero y mucho más el sexto; importante el tercero y de bandera el cuarto, mientras que el lote de Morenito de Aranda, fue algo intermedio, siendo interesante el segundo y el quinto hasta que se orientó.

Frente al tercero, el bravo "Galapagueño", Ureña realizó una gran faena desplegando parte de su puro concepto. El toro peleó bravamente en varas y empezó embistiendo de categoría en las primeras series, apagándose de golpe un tanto y viniéndose arriba de nuevo al final de la faena. Ureña entendió al toro y lo toreó con gusto, sentimiento, cadencia y profundidad sobre ambas manos, logrando  muletazos al ralentí. Finalizó, de una forma preciosa, genuflexo y se fue detrás de la espada para dejar una estocada hasta los gavilanes, doblando el bravo en los medios y siendo concedidas las dos orejas para el torero de Lorca. Las paseó en una vuelta al ruedo con la misma naturalidad con la que toreó y tremendamente feliz y emocionado a la vez.

No olvidemos que este torero estuvo demasiados años en el olvido, luchando sin perder la ilusión, hasta que le llegó el triunfo una tarde de verano en su exitosa confirmación en Las Ventas. Ya se veía con la Puerta del Príncipe casi abierta y fue todo disposición frente al sexto, pero el de Victorino no le dio ninguna opción y sus sinceros y valientes intentos fueron en vano.

Profundidad de Paco Ureña ¡Que buen torero es el torero murciano! (Fotografía de Cultoro)

Pero el suceso de la tarde, de la feria y me atrevería a decir que de la temporada, llegó en el cuarto toro. Escribano, que por cierto vistió un elegante terno berenjena y azabache, no había podido levantar faena con el que abrió plaza y tras el triunfo de Ureña en el toro anterior, se fue a porta gayola. Y lo que salió por el zaguán de toriles fue la bendición convertida en toro bravo. Se llamaba "Cobradiezmos", herrado con el número 37, nacido en diciembre de 2011 y con 565 kilos de peso. Cárdeno claro, bajo de agujas y una pintura por lámina y perfectas hechuras.


"Cobradiezmos". Una pintura por lámina y por sus perfectas hechuras (Web de Victorino Martín)

Escribano lo recibió limpiamente con la larga y le ligó un ramillete de verónicas bien rematado con media y revolera. Fue bien picado por "Chicharito" (que rectificó rápido en el segundo puyazo), arrancándose con alegría y prontitud en ambas varas, empujando y romaneando con todo y con verdadera clase, aunque tardeó algo en la segunda. En banderillas, el propio matador colocó dos excelentes pares de poder a poder y después, su escalofriante par sentado en el estribo, en el que el ejemplar, reaccionó obediente al quiebro y clavó arriba.


Ya de salida el toro cantó su bravísima nobilísima condición y su pujanza (Fotografía de Cultoro)
El toro tenía condiciones excelentes y Manuel, que lo supo ver, lo brindó al público. Pero, no creo que nadie pudiera presagiar algo tan grande, un suceso que pasará a los anales de la historia del toreo.

Escribano empezó su faena doblándose por bajo con el toro, tratando de atemperar al bravo. Pero aquí apareció la bravura de verdad, y el toro, cuando le sometieron, se vino arriba y se entregó a la obra, en la que se fundiría con Manuel Escribano, yendo a más y a más a lo largo de la faena. En la primera serie por la derecha, ya arrancó la música ante la tremenda conexión con el tendido, pues "Cobradiezmos" se comía la muleta una y cien veces con el morro por el suelo y moviendo alegremente el rabo.



Como decía Pablo Lozano, la bravura del toro está en su mirada (Fotografía de Maurice Berho para Mundotoro)
Escribano estuvo a la altura de tan importante ejemplar y la faena acabó por alcanzar cotas indescriptibles. El trasteo fue largo, vibrante y explosivo, con toro y torero entregados y dispuestos a morir en el ruedo.


Toro y torero entregados. (Fotografía de Arjona para Aplausos)

Ya arrancada la banda, llegaron otras dos series por la diestra primero y otras dos sobre la zurda y el torero, ya armada la escandalera, se fue a por la espada, estallando entonces una clamorosa petición de indulto para el toro. El gerenero siguió toreando entregado por ayudados por alto, pases de pecho, cambios de mano... y el toro embistiendo sin venirse abajo, y cambió el estoque de matar por la ayuda y le dio otra serie más al toro. Entonces, al fin, el presidente, mi paisano D. José Luque (hijo del gran Andrés Luque Gago), sacó el pañuelo naranja tras haber consultado con el ganadero vía telefónica.

El Presidente, Don José Gago (hijo de Don Andrés Luque Gago, insigne rehiletero), asesorado por Luís Arenas, saca el pañuelo naranja que certifica su afición y conocimiento y la afición y conocimiento de la plaza de Sevilla (Fotografía de Arjona para Aplausos)
Entonces la plaza estalló de júbilo y euforia y el torero se retiró a abrazarse con su cuadrilla, dejando al toro en el ruedo, exhausto, pero aún desafiante. Regresó Manuel con una banderilla con la intención de simular la estocada, pero, para entonces ya habían aparecido los mansos y Escribano desistió, aunque seguro el diestro quería tener esa foto histórica de la estocada simulada, como la famosa de Astola y "Laborioso". Además, el torero, para no provocarle otra herida más y tampoco arriesgarse a cortarse, le había quitado el arpón al rehilete.

"Cobradiezmos" exhausto (Fotografía de Arjona para Aplausos)

El indulto fue absolutamente merecido y digno de una plaza de la categoría de La Maestranza, pues el "victorino" fue un monumento al toro de lidia, del que todo lo que se diga se quedará corto. "Cobradiezmos", tuvo un único defecto (por contarlo todo): el de escarbar en más de una ocasión.

Pero fue un toro bravo de verdad, con un motor tremendo, noble y fijo a reventar, repetidor y humillador, con clase a raudales, con un recorrido interminable, con una transmisión explosiva y con un fondo de casta inagotable, pues no buscó las tablas en ningún momento. El toro embistió entregado hasta la muerte por mucho que le exigió Escribano en cada muletazo y finalmente, tras resistirse, regresó a los corrales, con un público que acabó con las gargantas rotas, la sangre encendida y las mejillas llenas de lágrimas.

Escribano recibió dos orejas simbólicas (las mismas que había paseado Ureña) como premio a su impecable y entregada faena, en la que toreó solventando también al viento y en la que supo entender  al toro desde el principio, pues "Cobradiezmos", como bravo de verdad, lo pidió todo por abajo y exigió un torero que lo torease y se entregase con la misma verdad con la que él le regaló sus arrancadas de oro, por lo que ese grandioso toro, además de por su bravura, volverá al campo gracias a Manuel Escribano.


Un toro que todo lo quiso por abajo (Fotografía de Maurice Berho para Mundotoro)
Morenito de Aranda, mientras tanto, no pudo brillar como lo hicieron sus compañeros de terna, pues los dos "premios gordos" que se sortearon no cayeron ninguno en su lote. Pero, aunque fue todo disposición y entrega en sus dos toros, en parte por no tener la experiencia de Ureña ni Escribano con este encaste, sus oponentes tuvieron complicaciones a las que no se terminó de acoplar, dejando bastantes detalles de mucha torería y buen gusto, pero sin levantar el vuelo de sus faenas.

Morenito toreó con los vuelos por la izquierda así de bien (Fotografía de Arjona para Aplausos)

Tras irse a pie Morenito, al final del festejo, Paco Ureña y Manuel Escribano, salieron a hombros por la Puerta de Cuadrillas, como broche de oro a tan inolvidable tarde.

El final de una tarde inolvidable (Fotografía de Arjona para Aplausos)
Para mi desgracia, después de haberme tragado todo lo que va de feria, no pude asistir al festejo de hoy por motivos de salud, lo cual será motivo de arrepentimiento e impotencia durante el resto de mis días, aunque lo viese en directo por televisión. Pero espero que, dentro de unos cuantos años, pueda ver embestir la mitad de bien a uno de los hijos de "Cobradiezmos", quien en estos momentos está ya en "Las Tiesas de Santa María". Ojalá que el toro pueda recuperarse de sus heridas y disfrutar del paraíso que se ganó para dar continuidad a su estirpe, así que no puedo sino acabar mi crónica deseando...

¡Larga vida a los toros BRAVOS!..

Fdo: Marío García Santos

Regreso a las Tiesas (Foto Web de Victorino Martín)

domingo, 27 de septiembre de 2015

López Simón convence en Sevilla

Por Clarito

El valor seco, sereno y consciente de López Simón convenció a la Maestranza. En la foto, el madrileño citando con mucha verdad al peligroso sexto (Foto Arjona-Aplausos)
Discutían algunos aficionados, a la salida de la plaza, sobre si Alberto López Simón hubiera merecido salir a hombros por la Puerta del Príncipe de haber matado a la primera al último de la tarde. Unos decían que y otros que no. Lo que se dice: división de opiniones.

Sin embargo, poco lugar cabe para la discusión pues aunque López Simón convenció (¡y de qué modo!) al público de la Maestranza, no tuvo opciones -en mi opinión- de abrir la susodicha Puerta. Los erráticos criterios presidenciales (sobre todo, en la forma de computar peticiones) suelen alejar de la misma al buen toreo, sobre todo, si ese buen toreo no viene envuelto en el ropaje de los subjetivos gustos particulares de cada usía. Ayer, por ejemplo, al madrileño se le negó una oreja en su primero que, sólo por la estocada, ya merecía premio.

O puede que uno este equivocado y que López Simón hubiese culminado la hazaña, pues yahabía cortado una oreja del cuarto y su faena entregada, tensa, seca, valiente, al sexto, un toro del Pilar de mucho peligro y al que pinchó dos veces, había calado con mucha fuerza en los tendidos.

Da igual. Lo importante es que el valor sin cuentos de López Simón se impuso en una plaza donde los alardes de valor, si son infructuosos, no suelen entusiasmar pues el público de acá (y sus adscritos) gusta más de otros palos (léase Curro, Morante y, en general, los toreros de arte).

La tarde de ayer, sin embargo, fue tarde de toreros valientes

Por ejemplo, de Escribano quien se entretuvo, entre otras cosas, en irse dos veces a portagayola; inició una de sus faenas con un pase cambiado por la espalda, citando muy en corto y muy en corto se sentó en el estribo para, tras larga y tensa espera, acabar poniendo un meritorio par al quiebro en tablas. 


Mucho tardó el toro del Pilar en arrancarse. Tensa espera de Escribano sentado en el estribo que se resolvió con un valiente par al quiebro en tablas (Foto Arjona-Aplausos)
Sin embargo, el sevillano no tuvo su tarde y es que el gato al agua, como se suele decir, se lo llevó el valor seco y consciente, no exento de buen toreo, de Alberto López Simón

Hay muchas clases de valor. El del madrileño es ese valor consciente que no nubla la inteligencia sino que, antes al contrario, le permite al diestro que lo atesora, vislumbrar resquicios por donde imponer su toreo al toro. Un valor seco que le permite pisar terrenos vedados a otros toreros. Terrenos donde casi todos los toros embisten

Con la muleta estuvo muy bien y muy bien estuvo con el estoque, sobre todo en su primero. Anotado queda. 

Habrá que acercarse por Madrid para verlo de nuevo. Merece la pena.

Todo lo que hizo ayer López Simón en Sevilla tuvo mucha verdad. Sin alharacas pero sin tomar ventajas (Foto Arjona-Aplausos)

miércoles, 19 de agosto de 2015

Sin toro, torero y público no hay emoción

Por Clarito

Joselito Adame en un pase del desprecio al final de la faena. Se vio muy buen toreo ayer en la Malagueta.
Que "sin toro no hay emoción" es una evidencia. No sólo porque el aserto sea verdadero sino porque se empeñan en recordarlo de forma machacona los aficionados más toristas.

Sin embargo, para que exista emoción verdadera se necesita, además, que el torero de cumplida respuesta a les exigencias del burel y aún sería insuficiente pues para alcanzar ese clímax que propicia el buen toreo es fundamental que también el público conecte con lo que ocurre en el ruedo.

Podríamos por tanto corregir o matizar el eslogan y afirmar que "sin toro, torero y público no hay emoción". El toro es condición necesaria pero no suficiente. Por eso, si cualquiera de esos tres elementos (toro, torero y público) falta o falla, la emoción no aparece por ningún lado. Si se juntan los tres, la emoción aparece. Se está viendo esta feria de Málaga. Se vio ayer en la interesante corrida de Torrestrella.

Los de Torrestrella en los corrales de la Malagueta
Estaba toreando Joselito Adame al quinto de la tarde (no hay quinto malo) entre la indiferencia del público cuando los desaciertos del Director de la banda de música (primero entró tarde y luego cortó a destiempo) provocaron el rechazo y alboroto en los tendidos, rechazo al que se sumó el diestro mexicano (¡Ahora no!). 

¡Ahora, no!

Joselito se enrabietó, el público también y el de Torrestrella regaló sus mejores embestidas. Hubo conjunción y emoción y, pese al bajonazo, se pidió la oreja que la Presidenta concedió.

Donde no hubo acuerdo entre público y Presidencia fue en el segundo de la tarde. Un toro enrazado, de mucha transmisión en la muleta al que el mexicano entendió y toreó a la perfección a lo largo de toda su lidia. La faena de muleta, casi toda sobre la mano derecha, fue importante y caló en el público. Una faena a la que Adame puso broche de oro con cuatro naturales a pies juntos de ensueño y una gran estocada en la suerte de recibir que tiró al toro sin puntilla de forma espectacular. Pese a todo no se concedió la segunda y merecida (en mi opinión) oreja.


El mexicano toreó muy bien con el capote lo que es de agradecer. No sólo de muleta vive el aficionado.

Degollar al toro. Una puntualización sobre la estocada. 

La estocada de Joselito Adame recibiendo fue magnifica pues el torero aguantó sin ceder terreno la vibrante embestida del toro de don Álvaro Domecq y además clavó en todo lo alto. Pero como el estoque quedó un poco delantero y el toro echó sangre por la boca, algunos espectadores en la plaza y algunos críticos en la prensa han dicho que el toro había sido degollado.

Craso error. Degollar al toro es "herirle en el cuello". No tiene nada que ver con la estocada de ayer. Y es que no siempre es indicio de golletazo o bajonazo (de mala estocada en suma) el hecho de que el toro derrrame sangre por la boca. Son cosas distintas.

Copio a Vicente Zabala en "La entraña del toreo"

"Los no entendidos suelen defraudarse y gritar que el toro está degollado, guiados por el vómito, que también se produce cuando la res muere de un golletazo, y en este caso, sí que ha sido degollado. La ejecución ha sido intencionada y el espada ha ido buscando los bajos. Por eso conviene que el aficionado repare antes de nada en la colocación de la espada pues la protesta puede ser injusta, despistado por la aparatosidad de la hemorragia del cornúpeta".

Hecho el inciso y la puntualización, volvamos a la Malagueta


Manuel Escribano 

Manuel Escribano derrocha simpatía en el ruedo. Además se fue a portagayola en sus dos toros (con ciertos aprietos en ambos), toreo muy bien de capote, se lució en banderillas (donde jugueteo con sus toros como siempre han hecho los matadores que han cogido los palos) y estuvo muy correcto y acertado con la muleta (manejó muy bien los tiempos y las distancias). Mato con presteza y precisión. Tuvo una gran tarde. Sobre todo en el primero, un gran toro de Torrestrella con clase y bravura. Un toro que a mí me gustó casi tanto como el segundo pues, pese a sus escasas fuerzas, tuvo mejor comportamiento en varas (aunque es cierto que no se le pegó).

Un par de Escribano en tablas. Exponiendo mucho.

En la muleta el torero sevillano optó por no forzar su embestida y llevarlo en línea, en muletazos, esos sí, de larguísimo trazo. Le dieron una merecida oreja. Su otro toro, se le paró y no hubo lucimiento posible.


Garrido

Pechó con el peor lote. Sobre todo el sexto que cogió y recogió con saña al banderillero José MaríaAmores a la salida de un par. Una varetazo en el pecho y una cornada grande en la pierna con varias trayectorías pero parece ser que limpias. 
Toro
Cogida de Amores. Tremenda pues el toro cogió y recogió al banderillero y le zarandeó todo cuanto y como quiso

Con ese toro, Garrido estuvo muy valiente y se la jugó. Igual que se la jugó sin cuento en el tercero. Un toro más exigente y desigual en sus embestidas y donde falló a espadas pero poniendo antes en el asador toda la carne posible. Toreó al natural con una verdad, una exposición y unas cercanías que solo se pueden ver en los toreros que empiezan y aprietan como él apretó. Tuvo mucha importancia su forma de torear. Valor sin cuento. Creo que el público lo vio y valoró.

Si con la muleta, Garrido puso verdad y se la jugó sin cuento, su toreo de capote a la verónica fue de cante grande. Muy grande.

Toro, torero y público

Como hemos dicho antes la emoción verdadera llega por el acople del toro, el torero y el público. Y en Málaga esa conjunción se produjo ayer varias veces a lo largo de la tarde. Hubo por tanto emoción verdadera en la plaza.

Ya solo nos falta que se acoplen también la Presidencia y el Director de la banda de música

Alcanzaríamos el Nirvana.


El albur de la concesión de los trofeos cuando no es competencia del respetable.


Fotografías: Santana de Yepes para Mundotoro

martes, 28 de julio de 2015

Enorme Rafaelillo en Valencia

Por Fernando Farfán


El toreo clásico, relajado y puro de Rafaelillo con la man izquierda a un toro de Miura (Fotografía Rullot-Aplausos)

Una muy pobre entrada registró la última de la Feria de Julio en Valencia para ver el mano a mano entre Rafael Rubio “Rafaelillo” y Manuel Escribano con los legendarios Miuras, que en la semana se habían mostrado fieros en el desencajonamiento público.

Corrida mal presentada por desigual la del hierro sevillano, con un segundo de escaso trapío protestado de salida y un tercero muy justo, pero la tarde fue más que entretenida, porque los Miuras tuvieron calidad y emoción, y los de a pie no se guardaron nada.

La pelea entre sí de los Miuras, con la muerte de uno de ellos, propició una desencajonada espectacular

Rafaelillo. Derrocha torería por lo clásico

Dicen que clásico es lo que no se puede hacer mejor y así estuvo hoy "Rafaelillo" en el coso de la calle Játiva. Clásico, enorme, sublime, eterno, excelso, son adjetivos que  bien pueden describir la actuación del murciano, que hoy estuvo en torero toda la tarde y toreó al natural como pocos lo han hecho en lo que va de la temporada. 

Con el que abría la tarde se mostró con oficio, el toro tiene buena condición y emoción en su embestida. Con el capote se gustó lanceando a pies juntos y con la muleta muy firme. El toro que embiste con calidad, pero que no regala nada, se traga los dos primeros muletazos de la serie, pero no así el tercero. Un mirón con peligro que desarrolló sentido fue el primero de la tarde. Faena larga de entrega, dominio y valor

Su segundo, justo de presentación, tuvo un gran pitón izquierdo. En el caballo es pronto y se arranca de largo al galope. En la muleta humilla y embiste con gran calidad. La primera tanda es de tanteo con la derecha, rematada con un soberbio cambio de mano por bajo. Faena de mano baja y temple. Naturales de enjundia a un  bravo y noble Miura que por el derecho se quedaba corto. Estocada de buena ejecución y oreja que pudieron ser dos si el toro no demora en caer. 

Con el último de su lote estuvo antológico, conjunción perfecta entre toro y torero. De salida lo recibe con dos largas cambiadas de rodillas, el toro repite en el capote y remata la serie con una media de lujo. Bien picado este quinto y al quite el sobresaliente por delantales. Derechazos de rodillas en el inicio de faena y puesto de pie derroche de torería en el cambio de mano. Lo que siguió fue un compendio de buen torear, desmayo, temple y suavidad. Con la izquierda toreo del bueno, para destacar dos naturales que quedaran en el recuerdo, citando dando el medio pecho, llevando al burel, largo, templado y rematándolo atrás. Se escribe fácil, pero todo esto a uno de Miura. Otra faena de dos orejas malograda con la espada.

Rafaelillo que pudo cortar cuatro se tuvo que conformar con el premio de una oreja por su poca fortuna en los aceros. Las orejas son prescindibles y su triunfo fue de ley

Escribano. Premio a la casta torera

Manuel Escribano tuvo menos suerte con su lote. Su primero de escaso trapío fue protestado de salida y el juez no encontró mejor pretexto el que doblara las manos en el caballo para devolverlo a los corrales. El segundo (bis) fue un sobrero de El Ventorrillo que fue a menos, galopó en banderillas, pero transmitió muy poco en la muleta. Un medio toro al que las figuras hacen embestir, pero que Escribano no le encontró el sitio. 

El cuarto de la tarde embiste con la cara a media altura, un manso reservón sin ninguna transmisión que no se empleó nunca. El que cerraba la feria fue un toro feo, alto y largo que tampoco se empleó de salida, noblote el de Zahariche que embiste sin ton ni son y llegó sin gas a la muleta. No se quiso quedar atrás el de Gerena y se pegó el arrimón librando la cornada después de ser prendido tras un desplante. Vuelve Escribano a la cara del toro y le receta una gran estocada. Oreja, premio a la casta torera.

Fernando Farfán (publicado en el blog Toros con verdad)

También triunfó Escribano con un mal lote pues puso el torero lo que no le pusieron sus toros.

lunes, 27 de abril de 2015

¿Miuriyas? ¡Vaya usted a los toros que siempre se ve algo nuevo!

Por Jose Morente

Salida 5º toro Escribano

Va a salir el 5º Miura de la tarde. Manuel Escribano le espera a “porta gayola

Una tarde de mucho interés

La corrida de Miura con la que se cerraba la feria de Sevilla, encandiló a los espectadores de una plaza casi llena. Cierto es que no hubo faenas al uso (No pudo haberlas. Con los Miuras, ya se sabe, eso es algo casi imposible) pero la tarde tuvo máximo interés tanto por la variedad del comportamiento que sacaron los toros de Lora del Río como por la disposición de dos de los diestros de la terna: Dávila Miura y Manolo Escribano.

Las faenas al uso

Esto de las faenas al uso, merece un comentario más detallado. Hoy no hemos acostumbrado a las embestidas perfectas y a las faenas perfectas. Tanto, que no se tolera defecto alguno, ni en los toros ni en los toreros. Un enganchón en la muleta o una embestida descompuesta bastan para descalificar a un torero o a un toro.

Está muy bien ver torear de esa forma a un toro que embiste de esa forma. Es un lujo evidente pero, sin embargo, como sostiene Morante y como se demostró ayer, tanta perfección no siempre es lo mejor. Una faena no redonda pero adecuada a las condiciones del toro puede máximo interés para el aficionado fetén y debería tenerlo también para el público en general.

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No siempre el muletazo puede ni tiene que ser perfecto para que tenga enjundia e interés (Fotografía de José Carlos Vázquez para Diario de Sevilla)

Y ayer para el púbico sevillano, las faenas no perfectas (no podían serlo) y las estocadas casi perfectas de Dávila Miura o de Manuel Escribano tuvieron máximo interés y fueron premiadas en justicia. Lo que es novedad en el toreo de nuestros días, una buena noticia.

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Estocadas de Dávila en el cuarto y Escribano en el quinto(Fotografía de José Carlos Vázquez para Diario de Sevilla)

Cierto que estábamos en Sevilla y cierto que Sevilla es especial pero creo que la regla podría valer para otras tardes y otras plazas. Siempre, en mi opinión, que se cumpla un requisito esencial y es que se sepa juzgar a los toreros como sabe hacerlo la afición de Sevilla.

Y es que la afición de Sevilla juzga al torero, no sólo por el resultado más o menos lucido de la faena sino, sobre todo y por encima de todo, en función de las condiciones del toro que tiene delante el torero. Algo de lo que otras aficiones presumen pero que luego, a la hora de la verdad, no siempre son capaces de poner en práctica.

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Torear en función de las condiciones del toro. Dávila Miura (Fotografía de José Carlos Vázquez para Diario de Sevilla)

Por eso, por esa capacidad para valorar al torero en función de las condiciones del toro, una afición que pasa por torerista es quizás para mí, la afición más torista de todas pues es la que más se fija en el toro y la que mejor matiza su comportamiento. Quizás sea por eso, por esa atención que se le concede al toro por lo que aquí, en esta plaza y en esta tierra, tanto se valora y apoya a los toreros.

Es la paradoja del torerismo sevillano.

Los toros de Miura del domingo en Sevilla

Reseña toros

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Los toros de Miura, todos cárdenos o entrepelados y, menos uno, de cuatro años recién cumplidos. La fórmula ideal (visto lo visto este año y hace dos) para que embistan y no desarrollen excesivo sentido (Fotografías de Aplausos)

El juego de los toros

Y por lo que respecta al juego de los toros, otro tema que se presta a reflexión es el desigual y diverso comportamiento de los toros de ayer. Una diversidad que ayudó al interés con el que se siguió la tarde.

Y es que, ayer, los miuras recorrieron la gama que va del toro noble y bonancible (bonanza que, en esta casa suele durar poco tiempo) al toro de sentido (ese toro que se entera de todo y que parece que viene con la lección aprendida: ¡Sabe latín! se decía antes). Y está claro que tiene interés, mucho interés, ver como los diestros resuelven los problemas que plantean los toros… o como no los resuelven.

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El toro de Miura nunca es fácil (Fotografía de José Carlos Vázquez para Diario de Sevilla)

Cuando hay corrida de Miura y el toro que se lidia tiene “jiribilla”, el tendido se erige en Cátedra o Foro y las opiniones abundan. Todo el mundo sabe lo que hay que hacer. Eso sí, pocos se ponen  de acuerdo: ¡Por alto! Piensa uno. ¡A ese toro hay que llevarle por abajo. Dóblate! Replica el de más allá. ¡Como le recortes te coge! Musita un tercero ¡Tres y a matar! Suplica el último, sentencioso.

Son discusiones teóricas y en voz baja porque, con estos toros, nadie (ni siquiera los propios toreros) está seguro de nada y la receta infalible se puede convertir en una situación de riesgo. Así que cada aficionado da su opinión a su vecino de localidad (en voz queda, por supuesto) y allí no chista nadie. Ni en el tendido, ni en el callejón ¡Bueno fuera!

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Susto de Dávila en el primero. Los Miuras ya se sabe (Fotografía de José Carlos Vázquez para Diario de Sevilla)

Entre una cosa y otra, entre el juego emocionante de los toros, las opiniones doctas de los vecinos de localidad y el trabajo solvente de los toreros (Oficio y maestría en Dávila y apuesta arriesgada en Escribano) se fue pasando la tarde en un suspiro (o, mejor dicho, en un ay).

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Dávila Miura entendió perfectamente a sus toros y les dio la lidia adecuada (Fotografía de José Carlos Vázquez para Diario de Sevilla)

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Escribano estuvo muy valiente y decidido toda la tarde. Aquí se adorna en banderillas (Fotografía de José Carlos Vázquez para Diario de Sevilla)

(Un inciso: Me gusta emplear la palabra trabajo al referirme a la labor de los diestros no sólo por que es indicio del esfuerzo que implica lidiar estos toros sino por su sabor decimonónico, muy adecuado a una ganadería que va ya camino de los 175 años de historia pues se fundó en 1849)

(Y una apostilla: El excepcional desempeño de los banderilleros y varilargueros en esta feria de Sevilla. Otra característica de esta afición es su atención a los detalles y, entre los detalles, no el menor es la buena labor de los de plata a pie y los de oro a caballo. Quede constancia)

En resumen que los Miuras, por su variedad, pusieron interés. Que Escribano y Dávila hicieron cosas de mucho mérito y que el público salió encantado de lo que había visto y que, también encantados y por su propio pie, salieron los toreros después de haber dado cuenta de la corrida.

De una señora corrida de toros de Miura, que decían los antiguos.

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Dávila Miura apostó de forma tremenda y arriesgada en su vuelta a los ruedos y triunfó con los toros de Miura ¡Olé por él! (Fotografía de José Carlos Vázquez para Diario de Sevilla)