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sábado, 8 de febrero de 2014

La tauromaquia de Enrique Ponce (II) El comportamiento del toro (2ª parte)

Por Jose Morente

Ponce brindis 001

Ponce brinda, al público, su toro pero ¿un toro de qué encaste?

 

Recogíamos en la primera entrada de esta mini-serie, la opinión de Enrique Ponce (en la magnífica entrevista que le hacia José Luis Ramón para 6 toros 6) sobre el comportamiento del toro de lidia y, más específicamente, del toro de encaste Domecq.

Sin embargo, si algo ha caracterizado a este torero ha sido su capacidad de entender y triunfar con toros de diversos encastes. Tiene por ello mucho interés leer sus declaraciones sobre las características de estas ganaderías alternativas y/o minoritarias.

  

El recorrido del toro de Alcurrucén.

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Espectacular natural de Enrique Ponce a un castaño girón de Alcurrucén, el día de la confirmación de Javier Valverde en Madrid (Fotografía facilitada por Alberto Marcos Morante) 

Sobre el toro de Alcurrucén, digno representante en la actualidad del encaste Núñez, Ponce opina muy favorablemente

Es un toro bajo y muy bien hecho. De Núñez me gusta el toro con el pitón blanco y engati­llado.. . bueno, la verdad es que este es el toro que me gusta de todas las ganaderías…

Por lo que respecta al comportamiento, del Núñez siempre se ha hablado de ese “tranco” de más en su embestida, algo que confirma el torero de Chiva.

Del “Núñez” me gusta su recorri­do y su temple. El toro de Núñez que embiste humillado y templado, y se reboza hasta el final, a mí me ha ido muy bien.

Y un detalle importante, para Ponce se trata de un toro, normalmente, complicadillo de salida, al que hay que ir metiendo en la canasta poco a poco.

Salvo excepciones (porque el bueno-bue­no lo es de cualquier ganadería) el toro de Núñez al principio no es fácil. Es un toro muy para toreros, tienes que adaptarte a él, le tienes que ir haciendo… No es un toro que te sale ya hecho, e incluso con el capote son bastante complicaditos.

Y sigue Ponce

Es un toro con un gran fondo, y te lo va dando poco a poco. Es un toro que no te lo va a regalar, sino que tú tienes que ir sacándoselo. Y por eso mismo es grande en su embestida, porque muchas veces el público no lo espera, ni incluso el torero lo espera, y eso hace que la faena tenga una dimensión insospechada. Es un toro que suele dar grandes triunfos. Los ha dado durante toda la historia.

Vamos a ver una faena de Enrique Ponce a un toro de Alcurrucén, en Bilbao, concretamente la faena a su primer toro, “Sucesor” de 588 Kg., la tarde del 23 de agosto del pasado año. La faena completa está en el magnífico blog de Andrés Verdaguer Talens “Cornadas para toros” aunque aquí sólo he seleccionado cuatro tandas (tres del principio y una del final de faena. Tres con la derecha y una con la izquierda) donde se aprecian muy bien esos matices de la dificultad inicial (y no tan inicial) de estos toros de los que habla el torero.

En el video se aprecia también ese tranco de más que, no siempre, regalan estos toros dando, a veces, la impresión que el toro se dispara –se acelera- al salir de la muleta (Aunque la privilegiada muñeca del torero también tiene algo que ver con eso).

En resumen, vamos a ver a Ponce ante un toro exigente y con unas complicaciones a las que algunos espectadores del tendido no parecen dar, por sus voces, mucha importancia.

 

El toro de Atanasio. Abanto y grandón pero con mucho fondo

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Ponce con un toro de encaste Atanasio en Valencia (Foto facilitada por Alberto Marcos Morante)

Uno de los encastes preferidos de Ponce es el de Atanasio-Lisardo, un encaste ante el que, en una determinada fase de su carrera profesional, se prodigó mucho:

Sobre todo en los años 90 lidié camadas enteras de Atanasio Fernández y siempre triunfaba con ellas en las plazas más importantes… Madrid, Bil­bao, Arles, Bayona… en esos años fueron un encaste y una ganadería muy míos.

Por lo que respecta a su comportamiento, dice Ponce:

El toro de Atanasio es parecido al de Núñez en que no se define, es abanto e informal en los primeros tercios, y de él destacaría el temple. Cuando se mete en la muleta no pega un cabezazo, embiste con temple y despacio. También es un toro muy para toreros, en el sentido de tener que extraerle el fondo. Pero te lo acababa dando.

Ahora está representa­do muy dignamente por Puerto de San Lorenzo y Valdefresno, y la última vez que salí a hombros de Madrid fue con uno de Javier Pérez Tabernero, de ese mismo encaste.

El “atanasio” es un toro abierto de pitones, grande de hueso y de talla, un toro largo, con alzada y con ba­dana, y con la característica de ser un toro chochón, como nosotros decimos. Ver un toro tan grande embestir de esa manera y con esa boyantía llamaba la atención.

Vamos a ver a Ponce frente al Lironcito el toro con el que hizo historia en Madrid.

Aunque no es de las mejores faenas de Ponce, si es de las más emocionantes. El haber sido cogido al principio del muleteo (algo sorprendente en torero tan seguro) fue determinante para que, el siempre difícil público de las Ventas, se pusiese a favor del torero.

No voy a entrar en los matices técnicos de la faena. No es faena para analizar con lupa. Lo que aquí me interesa resaltar es el modo de embestir de este toro que se sale un poco –solo un poco- del comportamiento chochón y nobilísimo del encaste.

Un comportamiento que, en el fondo, encubre casi siempre, en mi opinión, una cierta mansedumbre que, en este caso, no está exenta de peligro.

 

 

El toro de Albaserrada (Victorino) según Ponce

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Un natural (cumbre) de Enrique Ponce a un humillador Victorino en Valencia (Foto -y comentario- facilitados por Alberto Marcos Morante)

A la hora de definir la virtud principal del toro de Victorino (encaste Albaserrada), Enrique Ponce apunta a la misma que ya señalaban sus compañeros y que recogíamos en otra entrada de este blog: La capacidad de humillar.

Esa manera de em­bestir por abajo, transmitiendo tanto, es lo que le ha llevado a ser lo que es. El peligro de esa ganadería es que algún día pierda esa manera de humillar. Es un toro de gran seriedad, que normalmente no se suele ra­jar ni caerse.

Como el Victorino lo tenemos muy estudiado los aficionados, basta añadir esa similitud que encuentra Enrique entre el toro de ese encaste y el toro mexicano.

El toro de Victorino bueno, con el cual me he encontrado en muchas ocasiones, es un toro que ha humillado y que, salvando las distancias, tiene simili­tud con el toro mexicano. Es lógico, por­que vienen de lo mismo, aunque en Méxi­co han echado mucho Santo Coloma.

El “Victorino” es un toro, además, que tiene una gran despaciosidad en su embestida.

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Otro natural de Enrique Ponce al mismo Victorino en la plaza de Valencia (Foto facilitada por Alberto Marcos Morante)

 

El temple del toro de Murube

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Natural de Ponce a un toro de encaste Murube -ganadería del Capea- (Foto facilitada por Alberto Marcos Morante. 

Las corridas de rejones son el clavo ardiendo al que se han agarrado los ganaderos que tienen reses del encaste de Murube.  La ganadería que salvó Joselito el Gallo de la quema, haciendo que la comprara la familia Urquijo, en plena edad de oro, ha dado a lo largo de la historia toros de gran clase y nobleza que han propiciado el éxito de los toreros.

Para Ponce esos toros siguen manteniendo las cualidades señaladas:

La característica esencial del toro de Murube es el temple. Aunque es un poco mironcito, también obedece mucho y embiste muy templado.

La humillación quizá no es su mayor virtud, lo que no quiere decir que no salgan toros humi­llando, pero ahí es donde más se ha teni­do que trabajar. Recuerdo grandes faenas a toros de Murube, de la ganadería del maestro Capea, en Salamanca a uno le corté el rabo, el último que se ha cortado en esa plaza. Y este mismo año, en Tomelloso, le indulté un toro realmente ex­traordinario, que humilló de verdad.

Y desde luego, no podía faltar la mención (siquiera sea solapada) al distintivo que ha hecho famosos a esos toros: el galope 

Otra característica es que embiste de principio a fin con el mismo ritmo, y eso es bonito e importante.

Una de las derivaciones más interesantes del encaste Murube, fue la ganadería que creó en 1907, don Juan Contreras. Con reses de Contreras formaron su ganadería los famosos rejoneadores de la Puebla, los hermanos Peralta. Esta ganadería es de lo poco que queda de Contreras (lo otro lo tiene Baltasar Ibán pero cruzado con Juan Pedro Domecq).

Vamos a ver a Ponce con Gomero de Peralta en la plaza de Valencia (año 1992, el de la Expo ya tan lejana).

El video es muy interesante no sólo porque Ponce con sólo 21 años despliega ante Gomero toda su ciencia (con sus muchas virtudes y también con sus escasos defectos) sino porque Gomero es un magnífico ejemplo del toro que se lidiaba entonces: Bravo y noble pero con mucha menos chispa que el toro que sale hoy a las plazas.  Y también con mucha menos fuerza.

Pero con una virtud magnífica, cada vez que el torero le da sitio y tiempo (Ponce maneja muy bien los ritmos de su larga faena), Gomero galopa.

 

 

Un toro que no engaña: el toro de Santa Coloma

 

El toro de Santa Coloma ha sido siempre piedra de toque de toreros. Un toro muy encastado y, por tanto, nada fácil de torear pero sincero. El bueno, es bueno y el malo, malo. Dice Ponce:

Este toro, para bien o para mal. no te engaña. El toro de Santa Coloma no es el toro que tienes que hacer, porque el que es que no. es que no; y el que es que sí, es que sí desde el principio. Es el toro menos mentiroso que hay.

El toro de Santa Coloma que sale bueno es un gran toro:

El bueno es un toro que transmite, que galopa, que humilla, que tiene suavidad, que tiene un recorrido largo… el bueno de Santa Co­loma es el toro ideal.

El problema lo plantea el toro de este encaste que sale malo:

El toro malo de Santa Colo­ma es un toro listo, que si no humilla te da muchos problemas, porque siempre te ve por arriba, por eso tienes que estar muy tapado con él.

También destacaría su viveza, su listeza, y que hay que hacerle las cosas perfectas. Y que no perdo­na. Si al bueno no le haces bien las cosas, aprende, y si se orienta de algo, no se le olvida. No es toro al que tienes que ha­cer, si no que le tienes que aprovechar.

Es decir, que según Ponce, a este toro más que hacerlo, lo que hay que hacer es no estropearlo.

Y si es bueno, puede ser interminable, con una embestida clara, templada, rítmica, con transmisión. Y con gran seriedad, en su embestida y en su expresión. Cuando el toro de Santa Coloma te mira, es una mirada muy peculiar. El malo es un toro muy listo.

Vamos a ver a Ponce, con un toro de Ana Romero en Cuenca (2010), el toro está quedado y lleva la cara a media altura pero Ponce lo entiende a la perfección. Es muy interesante la forma de colocar la muleta, con el palillo muy hacia arriba, a la altura de la cara del toro.

 

 

Una aparente paradoja.

Pedimos variedad de encastes porque pensamos que así podremos evitar la monotonía en el toreo. Incluso esa es la opinión del maestro Ponce.

Es evidente que un variado comportamiento de las reses debe propiciar también variedad en el toreo. Debiera ser así o podría ser así, sin embargo, no estoy tan convencido de que se trate de una verdad absoluta.

Y es que el modo de torear de cada torero depende no sólo del toro que tiene enfrente sino de su propio concepto del toreo. El torero aplica (y es lógico) las soluciones técnicas que mejor le cuadran a sus facultades y condiciones, aquellas con las que más cómodo se encuentra.

Toreros que adapten radicalmente su toreo, que cambien su forma de torear, en función de las condiciones del toro que tengan enfrente ha habido muy pocos en toda la historia del toreo. Y ese aserto vale incluso para los toreros (esos si abundan más aunque no mucho) capaces de entender y poderle a un gran número de toros, como Guerrita, como Domingo Ortega, como Enrique Ponce…

Por ello no debe sorprender la similitud de formas y actitudes de Ponce en las fotos que ilustran esta entrega y eso pese a tratarse de toros de tan diferente encaste y procedencia. Los matices existen pero se encuentran  en detalles técnico, nimios y muy difíciles de apreciar por el profano.

Evitar la monotonía es necesario, tanto como lo es recuperar la variedad de encastes, pero ello depende, en la mayoría de los casos, tanto o más de la voluntad y propuesta de los toreros y de la amplitud de gustos del público que del modo de embestir de cada encaste o cada toro concreto.

 

  2008-06-12 Granada Pablo Romero Ponce 001

La técnica que aplican los toreros es básicamente la misma sea cuales sean las condiciones del toro que tiene enfrente. Sin embargo, los matices (cite, toques, ángulos) varían de un toro a otro de forma imperceptible para el público. Por eso, la variedad de encastes no garantiza evitar la monotonía. Eso depende de la capacidad de proponer cosas nuevas que tengan los toreros y de la capacidad de los públicos de aceptarlas. (Enrique Ponce en Granada un 12 de junio de 2008 ante un toro de Pablo Romero. Foto de Manu de Alba)

(Continuará…)

domingo, 2 de febrero de 2014

La tauromaquia de Enrique Ponce (I) El comportamiento del toro (1ª parte)

Por Jose Morente

FOTO PONCE NIÑO

Enrique Ponce ha tenido desde novillero una intuición precoz para entender los toros junto a una elegancia innata muy valenciana.

Prólogo

Cuando le vi en Madrid en su debut como novillero, Ponce –literalmente- me deslumbró. No sólo a mí sino a toda la Cátedra de las Ventas, tanto que al domingo siguiente le volvieron a repetir.

Muy niño, muy poca cosa físicamente, pero ya con una cabeza privilegiada y una inagotable capacidad de entender las reses. Muy elegante en las formas. Pese a ello, Ponce no ha sido nunca torero de mi devoción como si lo es –por ejemplo- de mis amigos Paolo y Domingo. Quizás porque entonces el que me entusiasmaba era un muy absorbente Joselito y después, ya fueron otros los diestros que con sus apuestas más radicales  conseguían captar mi atención e interés.

Pero el caso es que, siempre que he ido a verlo, este torero me ha sorprendido grata y favorablemente pues siempre, siempre, nos ha demostrado en la plaza ese conocimiento enciclopédico de las reses y esa elegancia extrema en su toreo que apuntaba de novillero. Lo primero, me fascina aunque tengo que reconocer que lo segundo (la forma sobre el fondo) no tanto.

En cualquier caso, y como no podía ser de otra forma, sus ideas sobre el toreo, sobre la técnica del toreo, son claras, precisas y solventes por lo, más adelante volveremos sobre ellas. Hoy me interesan sus ideas sobre el toro. Sobre el comportamiento de los diferentes encastes.

Y es que Ponce es uno de los pocos toreros punteros de esta época dispuesto a torear reses de todos los encastes aunque, con el reparo (y no es tópico), de hacerlo arriesgando poco (o dando la impresión de arriesgar poco que tanto monta). Vaya lo uno por lo otro.

Cuando el interés de los aficionados (aparte de la reaparición, siquiera sea puntual, de José Miguel Arroyo “Joselito”) se centra estos días en el órdago a la grande de los toreros punteros a la Maestranza de Sevilla, Ponce nos regala estas declaraciones que hizo a José Luis Ramón para 6 toros 6 hace pocas semanas (que ha facilitado mi buen amigo Paolo Mosole y que reproducimos a continuación, en la parte que nos interesa). Unas declaraciones que ponen el contrapunto torero (pues sólo habla de toros y toreo)  a tanto debate.

6 Toros 6 Ponce (Portada)

6 Toros 6 publicó en su último número del año una jugosa entrevista de José Luis Ramón con Enrique Ponce.

 

La salida del toro a la plaza. Hechuras y modo de embestir

La entrevista (una gran entrevista) comienza por donde se debe que es por el principio y en la plaza, el principio está en la salida del toro.

Comenta Ponce que el, en lo primero en lo que se fija de un toro, como no podía ser de otro modo, es en las hechuras y añade:

Y dentro de eso, en si está en el tipo morfológico de la ganadería y del encaste al que pertenece. Por poner un ejemplo, no me preocuparía si un toro del encaste Atanasio es más bien altón, huesudo, grande y veleto de pito­nes. Pensaría “es un toro grande, pero está dentro del encaste”. Y lo mismo con los otros encastes.

Además, trato de recordar algún toro parecido de hechuras que yo haya matado y que me recuerde al que acaba de salir por la puerta de chi­queros. Yo siempre busco la positividad (…) y cuando veo salir un toro, quiero recordar alguno que se parezca y que salió bueno.

28. Enrique Ponce (Puerto de San Lorenzo) - Santander

Ponce en Santander, ante un toro grandón y largo (características morfológicas propias del encaste Atanasio) del Puerto de San Lorenzo (Fotografía de la web del Club Taurino of London)

Sin embargo, para el torero de Chivas, la importancia del toro no está en su tamaño sino en su seriedad que es lo que le da trapío al toro. 

El toro de Santa Coloma chico, de 450 kilos, tie­ne un trapío impresionante. Es un toro que el trapío lo lleva en su mirada y en su gesto.

Fue un error querer sacar de tipo ese toro de Santa Coloma. Y si te das cuenta, las ganaderías que han sobrevivido de ese encaste, como son Ana Romero y La Quinta, por ejemplo, salvo excepciones mantienen el toro bajo y bien hecho. Y prueba de ello es que cuando se lidian en una plaza que no les exige el trapío que a otros encastes que sobrepasan con creces los 500 kilos, cualquier toro de esas ganaderías tiene una gran seriedad en su mirada y en su morfología. Ahora se está empezando a valorar ese toro que a simple vista no parece grande, pero que entraña una gran seriedad.

Puede que los gustos estén cambiando pero me temo que lo que dice Ponce no pasa de ser un deseo suyo que tiene poco que ver con lo que opina la mayoría de la afición actual.

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Juli y Manzanares en Málaga en agosto de 2011 con toros de la Quinta, Una corrida de escasa romana, que salió muy complicada (salvo un toro que propició el triunfo de Manzanares) y que tuvo mucho interés por el juego y seriedad de los toros y por la disposición de los toreros. Lo malo es que los aficionados conspicuos malagueños no lo entendieron así y denunciaron el (según ellos) escaso trapío de los toros de Santa Coloma. 

Y en segundo lugar, después de las hechuras, para Ponce lo más importante es el tranco:

[En el toro, me fijo] en que llegue al burladero galopando o en que llegue andando. No me gusta que vaya trotando o al paso, sino que prefiero que cuando se arranque vaya con todo. Y luego, cuando llegue al burladero, que eche la cara al suelo y no pegue el cabezazo arriba.

 

27 de mayo de 1996. “Lironcito” de Valdefresno. Un toro emblemático en la carrera de Enrique Ponce, salta al ruedo de las Ventas.

Como dice el comentarista de TVE, Fernando Fernández Román, se trata de un ejemplar de tremenda presencia, muy montado arriba y de considerable altura de agujas. Pesó 574 Kg. lo que, en ese encaste de Lisardo-Atanasio, no llega a ser un dato preocupante. Más preocupante es, en cambio, el detalle de que el toro no llega a rematar en los burladeros y, cuando lo hace, lleva la cara un pelín alta.

La importancia de estos datos previos es sólo relativa pues como dice Ponce:

Son detalles que no te dicen cómo va a ser el toro, pero apuntan cosas. No es lo mismo llegar al burladero y pegar un derrote arriba, que meter el hocico abajo y rematar. Ese es un síntoma bueno. Pero sólo es un síntoma, porque los toros cambian durante la lidia, aprenden y desarrollan. Por eso la lidia es tan im­portante.

(…) Todo lo que se haga a favor del toro, siempre va a ser positivo. El toro no se tiene que orientar nunca de nada. O lo menos posible. Hay toros que son más listos y otros que están más entregados, por eso todo lo que se le haga bien hecho el toro lo va a agradecer luego durante la faena de muleta.

Y es que, como decía Gregorio Corrochano, la lidia se debe orientar a corregir los resabios que traiga el toro (o evitar que los adquiera si nos lo tiene) desde que sale hasta que muere.

2008-05-28 Madrid Valdefresno Ponce capotazo salida 001

La lidia empieza en el primer capotazo. Ponce ante un toro de Valdefresno, que echa las manos por delante, en Madrid el 28 de mayo de 2008 (Fotografía de Manu de Alba que, como todas las que siguen del mismo autor, pertenecen a su libro “Enrique Ponce-Historia de una temporada” )

El problema del mono-encaste

En la entrevista, Ponce denuncia esa marcha hacia el mono-encaste que se viene produciendo en el tiempo.

Es verdad que los distintos encastes hacen que la lidia y las faenas sean diferentes. Por ese motivo veo positiva la variedad de encastes. Una de las cosas que echo en falta en estos últimos años es la variedad que había cuando yo empezaba, hace veinticinco años, pero es que hace cuarenta años aún había más variedad. Y hace cincuenta. Hoy en día ya no es así, y se nota en la monotonía que pue­de provocar lo que algunos llaman mono-encaste.

Es el propio torero quien explica las razones por las que se produce esa situación:

El encaste Domecq está en un gran momento y es el que mejor ha so­brevivido a la exigencia del toro grande, al toro con volumen y que luego embista. En el caso contrario está Santa Coloma, que sufrió el exceso de volumen.

  2009 Zaragoza Coralito de Ana Romero

“Coralito” de Ana Romero ganador de la Concurso de Zaragoza de 2009. El toro de Santa Coloma es un toro chico al que no se debe sacar de tipo (Del blog de “Josemi toros”). Su poca caja –además de un sentido que se agudiza con la edad- ha perjudicado mucho a las ganaderías de este encaste.

 

El problema de la consaguinidad

Pese a su defensa de la variedad de encastes, el torero no se muestra reacio a los cruces, antes al contrario:

También hay ganaderías que se han ido perdiendo por consanguinidad, por no cruzar, y también tienen un mérito muy grande.

Por ejemplo, Samuel Flores, que nunca ha cruzado con nada, y es muy difícil mantener un encaste tan puro durante tantos años. Y ahí está, manteniéndose con un gran esfuerzo. O Pablo Romero, ahora Partido de Resina, otro ejemplo. Y también ganaderías que recuerdo de cuando empezaba, como son Antonio Pérez, Galache y hasta lo de Murube, que ahora mismo está representado por Capea, por Pepe Murube y por Fermín Bohórquez, que tienen un gran éxito a caballo y a pie echan toros de gran calidad, pero son ganaderías que han sufrido mucho el tema de la consanguinidad. Miura, Victorino, Cuadri… tienen un gran mérito.

Sin embargo. Domecq está muy abierto, van refrescando unas ganaderías con otras y se van dejando los se­mentales.

Ponce en un pase de pecho a un toro de Samuel Flores en Madrid. El problema de la consanguinidad afecta a las ganaderías puras y que no cruzan con otras procedencias.

 

El mono-encaste que no es tan mono.

Al final, tanto cruce da sus frutos pues a fin de cuentas lo que a la postre define una ganadería es el carácter de su ganadero. Por eso, Ponce apunta que esas ganaderías de encaste Domecq “son muy distintas entre sí. Cada ganadero le ha ido dando su perso­nalidad. Siendo lo mismo, Victoriano del Río nada tiene que ver con Juan Pedro. ni Zalduendo con Jandilla, y eso hace que el concepto de mono-encaste no lo sea tanto”.

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“Ebanista” El complicado toro de la ganadería “Toros de Cortés” (Victoriano del Río) que cogió al Juli en Sevilla en abril de 2013. Encaste Domecq.

 Ingrato de Parladé

“Ingrato de Parladé. El nobilísimo toro que indultó Tomás en Nimes en septiembre de 2012. Encaste Domecq

Dos toros del mismo encaste pero radicalmente diferentes por hechuras y comportamiento.

No obstante, si que hay unas características generales comunes a los toros de la rama Domecq , características que Ponce define con precisión:

[El toro de Domecq] es un toro muy compensado. Y tie­ne muchas virtudes: la nobleza, el recorrido. el temple… es un toro que lo tiene todo, aunque a veces no lo tenga en un grado superlativo. Pero lo tiene (…)

208-08-17 Malaga dantiago Domecq Ponce

Ponce ante un bravo y encastado toro de Santiago Domecq en Málaga, el 17 de agosto de 2008, el día que reaparecía de la cornada que le propinó en Alicante un toro de Torrestrella (24 cms y 4 costillas rotas). Muy pocos días después se vería las caras de nuevo con los toros de Torrestrella en esa misma feria de Málaga.

 

2008-04-28 Sevilla Zalduendo Ponce

Y en Sevilla, el 28 de abril de 2008, ante un complicado y exigente toro de Zalduendo. Las virtudes del toro de encaste Domecq, bueno o malo, son las que permiten al torero relajarse en los muletazos (Fotografías de Manu de Alba) 

Pero la cualidad más destacable de ese encaste es, para Ponce, la fijeza:

Destacaría también su fijeza. Incluso el toro regular es un toro fi­jo. El malo de otros encastes a veces pier­de la fijeza, deja de estar contigo, y eso es una característica fea (…)  Incluso los que no humillan del todo, a media alturita son capaces de embestirte sesenta veces muy bien. Y de no orientarse. Suele tener nobleza y. por tanto, se entrega al torero. En su conjunto, es un toro que se acerca mucho a todas las virtudes.

2008 Valencia Ponce (JPD) 001

La cualidad más positiva del toro de encaste Domcq es su excepcional fijeza. En la imagen, Ponce ante un toro de Juan Pedro, muy fijo en el engaño, en su primera corrida del año 2008 (Fotografía de Manu de Alba) 

 

Un toro que también tiene algún defecto aunque, el que señala el maestro, no sea siempre muy visible o importante para el público.

El defecto para mí del en­caste Domecq es, en general, que cuando roza la muleta a veces quiere puntear. Y ese cabezazo al final del muletazo es mo­lesto. Lo mejor es que ese defecto se pue­de ir puliendo. Hay toros de otros encas­tes que cuando rozan la muleta la empujan, se la llevan, y esa es una gran virtud.

 

2010 Sevilla Victorino Ferrera

Antonio Ferrera con un Victorino en Sevilla en 2010. Al contrario que el toro de encaste Domecq, el toro de Victorino cuando alcanza la muleta no suele puntear sino empujarla. Ya señalaba Victorino Martín hijo en otra entrada de este blog que sus toros tienen ese comportamiento incluso cuando cogen a los toreros, lo que explicaría las pocas cornadas que, relativamente y en proporción a las evidentes complicaciones que tiene su lidia, han dado.

(Continuará..)