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viernes, 14 de abril de 2017

El reto de los grandes ganaderos. Álvaro Núñez del Cuvillo.

Por Jose Morente
Arrojado. El toro de Núñez del Cuvillo indultado en la Maestranza por su nobilísimo comportamiento en la muleta. Su comportamiento en varas fue más bien discreto y manifestó cierta tendencia a rajarse en banderillas pero en la muleta dio todas las facilidades a su torero, José María Manzanares. El indulto fue solicitado por aclamación por todo el público.
Metido de lleno en la serie las claves de la bravura, me topo con unas declaraciones de Álvaro Núñez del Cuvillo que han provocado un gran revuelo en las redes sociales, levantando ronchas y provocando multitud de comentarios (y descalificaciones) en su contra en las redes sociales. Y es que, como todo lo que no comulga con las tesis oficialistas, las declaraciones de este ganadero, han sido rápidamente objeto de anatema.

La entrevista, que está publicada en la web Patrimonio Taurino, se puede leer completa aquí).

La polémica entrevista a Álvaro Núñez del Cuvillo publicada en la web Patrimonio Taurino y que tanto revuelo han causado en algunos aficionados

La muleta como medidor de la bravura

A la pregunta de qué es la bravura, el ganadero contesta:
"Crecerse al castigo. Ahora bien, ¿qué es lo que más castiga al toro? la muleta. No hay mayor castigo para un toro que la sumisión, que le obliguen en la muleta sometiéndole"
Personalmente, estoy de acuerdo con la definición inicial. Creo que bravura es "crecerse al castigo" y también creo que la muleta castiga y mucho. Lo que no tengo tan claro es que la muleta castigue más que la suerte de varas (que es lo que parece que se quiere decir).

En mi opinión son dos castigos diferentes a los que el toro (cada toro) reacciona de forma diferente: Uno el castigo de la herida que enfurece y otro el castigo de la muleta que obliga.

El primero está claro y claras las posibles reacciones del toro ante esa agresión que le lesiona los músculos del cuello y el lomo. O seguir atacando (bravura) o renunciar a la pelea (mansedumbre) con todos los grados intermedios que uno pueda imaginar.

En el segundo, puede que no esté claro para algunos que la muleta castiga, pero lo hace y mucho pues se fuerza al toro amoverse de forma antinatural, bajando mucho la cabeza (humillando) al perseguir los engaños en una trayectoria que, si inicialmente es recta, al final se incurva. El bravo se somete y sigue la muleta, mientras el manso renuncia a la pelea. Igual que antes, entre los dos extremos está toda la posible gradación de la bravura.

Luego existirán otros matices del comportamiento que harán o no posible que surja el toreo que hoy se sueña pero eso es otra cuestión que atañe a las cualidades de la embestida (lo que Juan Pedro Domecq llamó toreabilidad y yo prefiero llamar nobleza) pero no a la bravura del toro. Bravura y nobleza son, también cosas distintas.

En cualquier caso y como he dicho antes, no tengo tan claro que la muleta castigue más que el caballo. Entonces ¿Porqué esa preferencia por la muleta como medidor de la bravura que demuestra el ganadero?

José Tomás en Jerez en mayo del pasado año, ante un excepcional toro de Cuvillo al que dieron la vuelta al ruedo (Fotografía de Arjona)
Las razones de una afirmación

Tengo para mí que el concepto de bravura cambia con los tiempos. Antiguamente, se valoraba la bravura exclusivamente por el comportamiento en varas. Un toro podía ser indultando antes de verlo en la muleta, sin que fuese toreado de muleta. 

Hoy, eso no es posible y hemos pasado al extremo contrario (que no valoro, solo constato el hecho). Se indulta al toro por su comportamiento en la muleta sin tener demasiado en cuenta (o nada) su comportamiento en varas

Ese cambio en el concepto de bravura propicia el cambio en los criterios de selección pero ¿no supone un peligro esa forma de seleccionar las reses atendiendo a la bravura en la muleta y no al comportamiento en el caballo, donde para algunos está la verdadera bravura?

La justificación del ganadero se contiene en otra respuesta de la misma entrevista. El entrevistador le dice: "El otro día hablamos con Justo Hernández -Garcigrande- y nos decía que no separa a la hora de seleccionar entre los tres tercios ya que el toro que es bueno lo es por completo".

Álvaro Núñez del Cuvillo responde (y esta ha sido la parte más controvertido de sus declaraciones):
"El caballo me importa un bledo. Para ahormar la embestida sí, pero no para seleccionar. ¿Todos los toros mansean al caballo? No. Si seleccionas entrega lo haces con un animal que la tiene para todo. Me gustaría que mansearan más en el caballo para que llegaran con más en la muleta. Para uno manso que se ve, se ven cien bravos en el caballo ya que en el caballo embisten más que a la muleta, tercio en el que embisten menos. Lo que debe un toro es embestir bien, defendiéndose no se deja someter."
Creo que ahí está la clave de su criterio. Si el toro bravo lo es en los tres tercios (como afirma también Justo Hernández), la bravura se puede buscar en cualquiera de ellos, 

La cuestión -según el ganadero- es que en el caballo embiste (son bravos) la inmensa mayoría. Lo que no ocurre en la muleta por el natural desgaste que supone la lidia y el sometimiento que implica el toreo de muleta.

Creo que, cuando dice que el caballo le importa un bledo para seleccionar, lo único que está diciendo es que ese no puede ser el criterio clave pues, según su opinión, si el toro se selecciona por la bravura en la muleta, se garantiza que también será bravo en el caballo. Lo que no ocurre a la inversa como demuestra la experiencia.Si se selecciona por el caballo no se garantiza que llegue bravo a la muleta (los antiguos Veraguas serían un buen ejemplo de eso)

El argumento está bien construido y es irreprochable (irreprochable a partir de sus propias hipótesis). Sin embargo, se me ocurren varias dudas razonables.

Agitador, gran toro de Fuente Ymbro que fue bravo en el caballo y en la muleta
Varias dudas razonables

Primero. Si la bravura es entrega y fuese igual la bravura en el caballo que la bravura en la muleta, el argumento sería indiscutible y, por tanto, seleccionando la bravura final (la de la muleta) garantizamos la bravura inicial (la del caballo). Pero si son dos cosas distintas, sería otro cantar pues la bravura en la muleta no garantizaría en absoluto la bravura en el caballo como afirma Álvaro del Cuvillo.

Segundo. En ese caso, bravuras diferentes se plantea la duda de cual sea la verdadera bravura o sea, ¿a cual debe atenderse en la selección para mantener en son óptimo la ganadería? Muchos aficionados sostienen que sólo es verdadera la bravura que se demuestra en el caballo. Yo, la verdad es que no lo tengo tan claro.

Tercero. En mi opinión, si, en la muleta, se seleccionara entrega (o sea bravura) la cosa podría funcionar. El problema es que la selección ganadera en la muleta atiende tanto a la bravura como a la nobleza (ya hemos dicho que, para nosotros, son dos cosas diferentes). Si al seleccionar damos más importancia a la nobleza del toro, a las variantes de su comportamiento que hacen posible el toreo con olvido de aquellas otras que son su sustento, su motor (como la casta, la entrega o, dicho llanamente, su bravura) creo que estaríamos equivocando el camino.

En este mismo sentido, creo que hay que matizar que una cosa es que el toro sea bravo en varas y otra, bien diferente, que muestre un comportamiento espectacular en esa suerte. No es lo mismo. Muchos factores alteran o pueden enmascarar aparentemente su bravura, la fuerza es uno de ellos.

La camada de Cuvillo de este año ha sido impresionante. El equilibrio bravura-nobleza ha propiciado 10 vueltas al ruedo y un indulto (Fotografía de Aplausos)
Concluyendo

En conclusión, no tengo la respuesta a la cuestión planteada: ¿debe seleccionarse por el comportamiento del toro en varas o puede seleccionarse por su comportamiento en la muleta como propone Álvaro Núñez del Cuvillo.

No tengo la respuesta ni creo que nadie la tenga

Álvaro Núñez del Cuvillo cuenta a su favor con los excelentes resultados de su camada del año pasado. No creo que sea posible un mayor equilibrio entre bravura de la buena y nobleza de la buena en una camada tan larga. Argumentos al margen, los hechos le dan la razón.

No obstante, esa alquimia de la bravura es delicada y ese equilibrio puede romperse (siempre acaba rompiendo) en cualquier momento. Mantenerlo es el reto de los grandes ganaderos.

La bravura del toro es creación artificial de los ganaderos que responde a los gustos de cada época y que supone el reto de mantener el nivel obtenido. En la imagen. Álvaro Núñez del Cuvillo, tentando (Fotografía de Aplausos)

sábado, 8 de febrero de 2014

Cuaderno de notas (I) Con mucho palo por delante

 

1958-09-30 Sevilla Varias ganderias Toro del marques de Domecq en varas

Sevilla. Feria de San Miguel. 30 de septiembre de 1958. Un toro del Marqués de Domecq se arranca al caballo de un picador que lleva mucho palo por delante.

Varilarguero. Picador de vara larga. Algunos tratadistas estiran la definición, a vara larga de detener, con lo que queda fijado el propósito. ¿Qué es lo que se trata de detener con la vara larga? Se trata de detener al toro. Detener, no dejarle llegar, no dejarle llegar tanto que coja al caballo (…)

Cuando un picador se presenta al toro con mucho palo por delante –con vara larga-, el público que desconoce la suerte protesta, y le obliga a coger el palo más corto.

Nunca pudimos calar lo que el público se propone con esto. Sospechamos que la vara larga le parece defensa, en perjuicio del toro. Defensa sí, es; defensa obligada, defensa necesaria, defensa del caballo, y del picador pero no en perjuicio del toro sino en su cuidado, al no dejarle enganchar.

Si se coge el palo muy corto, cuando se alcanza con él al toro, ya está debajo y ha cogido al caballo, ya está zarandeado el picador (…) la suerte no se realiza o se realiza mal, incompleta (…)

(Gregorio Corrochano. ¿Que es torear?-Introducción a la Tauromaquia de Joselito. 1ª ed., Madrid, 1955)

sábado, 8 de septiembre de 2012

El ojo de la cerradura (II) Sostiene Viard…

 

Tierras taurinas 16 (Portada) 001

El imprescindible número 16 de Tierra Taurinas (septiembre de 2012), la revista redactada y editada por André Viard. ¡Merci, André!

Un contexto complicado

La propuesta de la Razón Incorpórea de pintar, este año, el ojo de la cerradura en una corrida cualquiera de la Feria de Málaga (¡Bueno, no tan cualquiera!) con objeto de ver realizar la suerte de varas al estilo de las Corridas Concurso o sea, al estilo en que habría que realizarla todas las tardes, se inscribe en un contexto más amplío de reflexión sobre el momento actual de la Fiesta de los toros. Reflexión que abarca desde la recuperación de la lidia completa con el necesario equilibrio entre los tres tercios hasta el posible modelo de fiesta que se necesitaría cara al futuro.

Son muchos los problemas de la fiesta (internos y externos) y muchas las posibles soluciones por lo que el debate entre todos los intereses contrapuestos es imprescindible. Sin embargo, ese debate se presenta más que complicado.

Por lo que hace a los aficionados, la radical beligerancia de una parte minoritaria pero muy significativa y ruidosa (en la plaza y en la blogesfera) de la afición, aquella constituida por los aficionados autodenominados “integristas” o toristas”, no facilita el debate sosegado y reflexivo con los restantes grupos pues parten estos aficionados (“apocalípticos” en la terminología de Umberto Eco) de una serie de conceptos “fetiche” que pretenden convertir en verdades indiscutibles, imponiéndolas a los demás.

En ese sentido, “cargar la suerte” o “nada tiene importancia si no hay toro” pasarían de ser criterios personales, respetables pero por supuesto discutibles o, como mínimo, matizables, a convertirse en dogmas de fe con contenido cuasi-sagrado.

En el bando contrario, los toreristas o esteticistas (los “integrados” en el sistema según las denominaciones propuestas por Eco) parecen carecer de capacidad de crítica, y estar preocupados solo por los aspectos más formalistas del toreo, ignorando al toro salvo como necesario colaborador del torero (mejor, por tanto, mientras más facilite la labor de este) y para los cuales, la visión global e histórica del espectáculo, carece de toda importancia.

Es decir, que mientras unos sólo miran al pasado, los apocalípticos, los otros, los integrados, se encuentran instalados en un cómodo presente.

Siendo imposible el debate (pues ninguno de estos sectores parece estar dispuesto a aceptar puntos de vista diferentes a los suyos) proponíamos, en la entrada anterior, fijar nuestra atención en aquellos otros que, en vez de adoptar la negativa postura de criticar todo lo que no encaja en sus gustos personales, se dedican a realizar propuestas concretas, y en positivo, cara al futuro, como el francés Alain Bonijol, quien con su espectacular cuadra de caballos (que este año, gracias a la empresa Casa Chopera, hemos podido disfrutar también en Málaga), trae revolucionado al orbe taurino.

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La cuadra de picar del francés Bonijol en Málaga en la pasada feria de agosto (Foto del Diario Sur).

Y es que Francia, se convierte, por obra y gracia del interés del público francés hacia la suerte de varas y las iniciativas de aficionados y profesionales de aquel país, en referente (pese a lo que puedan decir algunos) para el resto del mundo taurino. No sólo por el espectacular desarrollo de este tercio, que allí gusta tanto, sino -lo más importante- porque en el debate sobre esta añeja suerte creo que se centra el debate del modelo de fiesta del futuro.

 JA Gomez Angulo (Taurodelta 45-p.33)

Un sonriente Gómez-.Angulo afirma ufano, en el número de agosto de la revista Taurodelta, “que no nos vengan a decir que los franceses nos pueden dar lecciones”. El caso es que, frente al inmovilismo taurino español, las mejores lecciones, de como se pueden cambiar las cosas, la están dando los aficionados del país vecino.

 

2012 Ceret Tito Sandoval (Quasimodo) Moreno Silva 001

Y es que en Francia hace tiempo que todo se hace de otra forma. En la imagen, el placer de ver arrancarse a un toro al caballo. Tito Sandoval, montando a Quasimodo, cita a un toro de Moreno Silva que se arranca muy de largo en Ceret este mismo año (Fotografía del número 16 de Tierras Taurinas).

 

Tierras Taurinas de André Viard

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André Viard, el editor (entre otras muchas ocupaciones) de la excepcional revista Tierras Taurinas.

Uno de los personajes más interesantes del actual planeta taurino es, el también francés, André Viard quien se define a sí mismo como universitario, pintor, escritor, periodista, caricaturista, fotógrafo... y matador de toros. Es, además, creador y Presidente del  Observatorio Nacional de las Culturas Taurinas de Francia. En resumen, todo un personaje y un apasionado de los toros.

Viard viene editando, primero en Francia y luego (desde 2010) en España, una magnífica revista llamada Tierras Taurinas (Terres Taurines) de tanta calidad que cada número se convierte en un pequeño libro mágico sobre el toreo.

Terres Taurines

La web de Terres taurines una de las mejores revistas de toros de la historia. Su presentación es cuidadísima pero sus contenidos tienen aún más enjundia.

La edición española, más reciente pues data de 2010 y sólo lleva 15 números, se dedica, al contrario que la francesa, exclusivamente a ganaderías y encastes. Mejor sería decir se dedicaba pues Viard acaba de dar un viraje espectacular (siquiera sea puntual) y el ejemplar de septiembre (cuya portada es la reproducida al inicio de esta entrada) se dedica íntegro a la suerte de varas.

Lo importante no es que el autor dedique el número a esta suerte tan necesitada hoy de reflexión. Lo importante es lo que dice y las tesis que sostiene.

 

Sostiene Viard

Si bien el discurso torista impregna y es el punto de partida de los planteamientos de André Viard (hasta el punto que los blogs de esta cuerda ya han reproducido y destacado los párrafos más radicales de ese número de su revista), lo cierto es que el gran erudito y aficionado francés no se queda ahí sino que da un paso adelante y propone cosas muy concretas sobre la suerte de varas como punto de encuentro de las tesis toristas y toreristas.

 

Toro, torero y aficion

El magnífico blog Toro, torero y afición ha recogido en varias entradas las tesis más “ortodoxas” de André Viard sobre la suerte de varas. Se trata de uno de los blogs que mejor explicitan (por la calidad de sus presentaciones siempre muy directas y didácticas) su ideología taurina radicalmente torista.

Sostiene Viard que, al presente, coexisten dos tipos de espectáculos:

El “moderno” con sus largas faenas durante las cuales la nobleza del toro permite al torero ejecutar docenas de pases, cada vez más ajustados, casi siempre estéticos.

Y el que algunos denominan ya “arcaico”, con sus tercios de varas duros y a veces espectaculares, y sus faenas a veces reducidas a algunos pases furtivos y un espadazo a paso de banderillas.  

Sostiene Viard que “se producen más heridas en las corridas comerciales que en las duras”. Paradoja fácil de explicar, según él, pues en las primeras los toreros arriesgan más, se confían más, mientras que, en las segundas, ocurre todo lo contrario.

Sostiene Viard que, frente a la  tauromaquia actual y mayoritaria, existen plazas que aún rinden culto al pasado como Ceret y Vic-Fezensac en Francia o las Ventas (durante su semana torista) en España. La convivencia de esas dos tauromaquias  (la moderna y mayoritaria y la selecta pero arcaica) supone una riqueza que se debería, según él, cultivar y fomentar. Algo parecido a lo que ocurre en el cine donde junto a los multi-cines destinadas a las superproducciones americanas se encuentran (o, mejor dicho, se encontraban) las pequeñas salas de arte y ensayo para un público de élite.

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El Palladium, emblemático cine de arte y ensayo

Sostiene Viard que no parece razonable que ese público minoritario imponga sus criterios a la mayoría pero que tampoco parece adecuado abogar por la total desaparición de la tauromaquia que ellos defienden.

Sostiene Viard (sabia y lúcidamente) que, lo lógico, no es volver atrás sino “preparar el futuro tratando de perder la menor parte posible del pasado”.

Sostiene Viard, finalmente, que por lo que respecta al tercio de varas, clave para resolver adecuadamente el problema planteado, hay que establecer reglas comunes que sirvan para cualquier tipo de toro. Y con soluciones que resuelvan los casos extremos. Esto es, una suerte de varas que permita castigar a los toros más fieros y duros pero también ahormar y preservar a los nobles de menor fuerza.

 

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Puyazo de Gabin Rehabi, el picador francés de moda, en Nimes (de la web Corrida France)

 

Las reglas que propone André Viard

Las importantes y amplias reflexiones que sobre el tercio de varas se hacen en ese número de Tierras Taurinas se concretan por su propio autor en las siguientes cuatro reglas que, en el fondo, son objetivos a conseguir con paciencia y sentido común:

Regla primera. Del caballo y sus protecciones

El caballo debe aligerarse para alcanzar un peso que esté por debajo de 600 Kilos. El peto será ligero y sólo el ojo derecho se vendará con anteojeras.

Peto de Bonijol (Tierras taurinas nº 16) 001

El peto ideado por Bonijol de 25 kilos de peso más 15 de los manguitos fabricado en Kevlar (Fotografía de Tierras Taurinas, nº 16)

1899-06-25 Burdeos. Paseillo Detalle picadores (2)

Cuando en España no había petos, en Francia ya se usaban aunque mucho más ligeros, como los que ahora se pretenden. Paseíllo en Bordeaux en 1899. Al frente de las cuadrillas, el Algabeño y Guerrerito. Entre los picadores, el Calesero y el Pinche.El cronista de Sol y Sombra dice que se picó mal pues se notó la ausencia de Badila y Cantares (Fotografía de Mr. Chambón publicada en Sol y Sombra).

1900-04-29 Beziers Vara de Trescales 001

Una vara de Trecalés en el tercio, fuera del amparo de las tablas. Beziers, 29 de abril de 1900 (Fotografía de Sol y Sombra)

 

2010 Ceret Juan Jose Esquivel Toro de Coimbra (TT16) 001

Hoy podemos volver a ver otra vez este tipo de espectaculares varas gracias a la ligereza de caballos y petos franceses (en la foto Juan José Esquivel ante un toro de Coimbra en Ceret en 2010 y en la esquina derecha la vara de Trescalés de 1900) .

Regla segunda. De la puya

A corto plazo se debe generalizar la puya andaluza (más pequeña que la usada en el resto del país). A largo plazo se debe reemplazar por la francesa inventada por Bonijol (menos dañina al carecer de tope de hierro y encordelado). Después del primer puyazo podría utilizarse en cualquier momento la puya de tentadero.

Y es que, a menos puya, menos lesiones y mayor número de puyazos.

Puya francesa

Modelo de puya francesa diseñado por Alain Bonijol. Esta puya causa menos daños al toro, como ya se ha comprobado en Francia.

1899-06-25 Burdeos. Vara del Calesero (Detalle)

Fotografía de una vara del Calesero de la misma corrida de Bordeaux de la que reproducíamos el paseíllo. La puya es la de limoncillo pero (como dice Viard) exprimido. El encordelado se adelgazó tanto, en esa época de fin de siglo, que no era infrecuente que el palo entrase varias cuartas en el cuerpo del toro. De hecho, en la corrida de la foto, el Calesero destrozó a uno de los toros de “un puyazo innoble” según el crítico: El eterno problema de las puyas.

 

1899-07-23 Marseille Una vara envainada 001

Las consecuencias de exprimir el limón. Sólo un mes después, en Marseille, una vara quedó envainada (lo que también era muy frecuente) en el lomo del segundo de la tarde (de la ganadería de don Juan Muriel de Castroverde). Como la empresa no había obligado a los picadores a utilizar puyas reglamentarias, fue multada con 200 francos “para los pobres”. Por enfermedad de Montes, Quinito mató ese día, en el que se inauguraba la nueva plaza, los seis toros.

 

Regla tercera. De las rayas

La distancia entre ambas líneas debe pasar de 3 a 6 metros para que la suerte se ejecute a estilo de tentadero o corrida concurso, colocando al toro de largo, favoreciendo el impacto dinámico, en lugar del empuje en corto tan brutal y destructor.  

Tentadero finca 068 (Veterinarios Taurinos de Andalucía)

En los tentaderos, las reses se colocan más de largo que en la plaza para comprobar su bravura (foto de Veterinarios Taurinos de Andalucía)

Regla cuarta. Del desarrollo y ejecución de la suerte.

Lo mejor viene en la regla cuarta. Viard propone citar, en la primera vara, con el caballo parado y el toro a 6 metros (distancia que propone entre las dos rayas). Si tras varias llamadas del picador, el toro no se arrancara, aquel adelantará el caballo acercándose al toro y volviendo a citarlo. Así se irá haciendo repetidamente, acortando la distancia, hasta que el toro se arranque.

Personalmente, me parece genial. En vez de acercar al toro, si no arranca, con nuevos capotazos, será el picador el que se desplace hacia el toro. La distancia, a la que se arranque finalmente el astado, dará la medida de su bravura.

1899-09-24 Nimes Una vara de Zurito 001

El modo de interpretar los espectadores el papel de las dos rayas reglamentarias, hoy día, no parece muy sensato pues el público protesta sin fundamento cada vez que el caballo pisa la primera raya lo que impide que hoy se puedan ver escenas como esta. En la foto, el picador Zurito cita, fuera de la barrera, a un toro de Saltiilo, de escasa presencia, en Nimes un 24 de septiembre de 1899, en corrida en la que alternaban Guerrita con Lagartijillo, que sustituía a Mazzantini cogido en la Coruña.

 

Este intercambio de papeles permitiría ponderar la casta o bravura del toro pero también la pericia y habilidad del picador y la doma (buena o mala) se su caballo.

Es importante (como también proponíamos nosotros en Málaga) que el quite se haga de inmediato para poder aumentar el número de puyazos, (y no reducirlos como han hecho los más recientes reglamentos). Se trata (reivindicamos el derecho a soñar) que el toro vaya tres veces al caballo como mínimo en todas las plazas.

1914-05-14 (p. SyS 21) Madrid Vara y gallito al quite 001

Un atentísimo Joselito pendiente del toro y del caballo para entrar presto al quite (Madrid. 14 de mayo del año 14). Antes por necesidad y hoy día por ética, el quite debería ser siempre inmediato a la entrada del toro al caballo. 

Dejemos constancia de estas bienintencionadas y más que sensatas (aunque no fáciles) propuestas para reflexión de los lectores de este blog.

Y mientras reflexionamos, que mejor que contemplar este espectacular y emocionante cite del picador Gabin Rehabi a un toro de Escolar en Ceret el día de la  encerrona triunfal de Fernando Robleño en esa plaza (Encerrona reseñada magistralmente por Vazqueño en Dominguillos).

Veamos el video del cite colgado en youtube por daviddiez10.

Lo más curioso es que el toro se arranca sólo cuando el caballo de Gabin pisa la segunda raya…¡Como nos propone André Viard!

Conclusión final

Son muchas las razones que aporta André Viard y que aconsejan que el picador vuelva a recuperar parte del prestigio que tuvo en el pasado. Una de las más importantes es que, restaurar de modo adecuado la suerte de varas, puede ser la clave de futuro para nuestra fiesta.

El terrible Agujetas 001

En la foto, “El terrible picador Agujetas”, postal francesa de finales del XIX o principios del XX

(Continuará…)

miércoles, 5 de septiembre de 2012

El ojo de la cerradura (I) Apocalípticos e integrados

 

Portada Apocalipticos e integrados Umberto Eco Lumen 1965

Apocalípticos e integrados” de Umberto Eco (1ª ed., Bompiani, 1965). En la imagen portada de la séptima edición en castellano (Barcelona, Lumen, 1968)

El sueño que proponíamos en este mismo blog, el pasado 15 de julio, nuestra propuesta de mirar por el ojo de la cerradura de la suerte de varas, se hizo realidad en la pasada feria de Málaga. Concretamente, el martes 15, el día de la corrida de los Guardiolas.

Vamos a contar cómo fue posible y lo que ocurrió en la plaza. Pero, lo mejor, ante todo, es que vayamos por partes.

 

Apocalípticos e integrados en la cultura de masas

umbertoeco[1]

Parafraseando a Umberto Eco “La imagen del
Apocalipsis surge de la lectura de textos sobre el toreo; la imagen de la integración emerge de
la asistencia a las plazas de toros”

En 1965, Umberto Eco reunía en un interesante libro, publicado en España por Editorial Lumen sólo tres años después, una serie de artículos donde analizaba y destripaba la cultura de masas. Sus pros y sus contras.

Para Eco las posturas, ante la industrial y televisiva cultura de masas, se resumirían en dos tendencias contrapuestas.

Por un lado, estarían los apocalípticos, que serían aquellos que de forma inmovilista negarían toda validez a los nuevos modos culturales y que, con un planteamiento dogmático e intransigente, se posicionarían radicalmente en contra de estos y a favor del pasado. En el otro extremo, se encontrarían los integrados, partidarios a ultranza de todo lo nuevo e incapaces de plantear la más mínima crítica al presente.

 

La fiesta en la encrucijada. La tercera vía

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Aunque muy frecuentes en el fútbol, los enfrentamientos físicos entre aficionados a los toros son prácticamente inexistentes. Sin embargo, abundan las peleas dialécticas entre ellos.

Es muy curioso como en el planeta de los toros, los aficionados de hoy día reproducen los dos estereotipos descritos por Eco de forma casi literal.

Y es que el debate taurino se polariza (a veces, agria y radicalmente) también entre apocalíptico (aficionados integristas defensores a ultranza de un pasado imposible de recuperar, por definición) e integrados (aficionados esteticistas satisfechos, sin sombra de duda, con la situación actual de la fiesta).

Foto 1 (El rincon de Ordoñez)

Foto 2 (El rincon de Ordoñez)

Que algunos tienen planteado esto del toreo como una guerra (¿Santa?) no lo decimos nosotros sino los propios participantes en la contienda. Arriba, las dos imágenes que ilustran el comentario  del blog “El rincón de Ordoñez” y que con el título “No hay tregua” (merece la pena leerlo por lo ilustrativo) analiza el resultado de la primera novillada del ciclo de “encastes minoritarios” que se está celebrando en la plaza de las Ventas de Madrid. El fiasco de los toros de Prieto de la Cal es interpretado por el autor citado como la pérdida de una batalla pero no de la guerra final. Las espadas siguen en alto, pese a la bandera blanca.

Sin embargo, pese a la radicalización de estas posturas creo que, aunque pocos, cada vez somos más los empeñados en buscar una tercera vía entre posiciones tan alejadas y, no sólo por eso de que en el término medio suele estar la razón, sino porque, lo confieso, algunos no conseguimos identificarnos al 100 por 100 con ninguna de las dos posturas enfrentadas.

En esta guerra, de apocalípticos contra integrados, de integristas contra esteticistas o de toristas contra toreristas, de partidarios del toro contra partidarios del torero en fin, (¡como si solo hubiera dos posibles bandos) creo preferible no alinearse con unos ni con otros sino simplemente, y como proponía Umberto Eco, mantener la independencia y el sentido crítico y hacerlo lisa y llanamente con el toreo (toros + toreros) pues, en mi opinión, si bien ambos grupos tienen parte de razón ninguno la tiene en exclusiva.

Es más, cualquiera de estas dos posiciones presentan importantes errores de perspectiva que les hacen distorsionar la realidad de los hechos a la hora de analizarlos.

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Hablando del ciclo de novilladas de “encastes minoritarios” resulta curioso que, aunque el mismo se ha programado para fomento de estas ganaderías en peligro de extinción, la paranoia de los apocalípticos taurinos es tal que hasta la utilización del propio término empleado (“encastes minoritarios”) ha sido muy criticada en los blogs toristas. (Fotografía del blog “Salmonetes ya no nos quedan”).

Pero más importante que el debate, en todo caso necesario, sobre la situación de la fiesta actual, debate que abordaremos en su momento, prefiero, eso sí que lo tengo muy claro, identificarme con aquellos que, en vez de hablar y criticarlo todo o asentir con todo, proponen soluciones concretas, aún a riesgo de equivocarse.

 

Proponiendo que es gerundio

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Los que proponen cosas nuevas. Alejandro Talavante (Fotografía del blog “De sol y sombra”)

Por eso, me identifico, plenamente y en primer lugar, con los toreros, tanto con los diestros punteros, que son los que más hacen por proponer cosas nuevas dentro del sistema de toreo actual, (como serían los casos de José Tomás, Morante de la Puebla, el Juli, Talavante…), como con aquellos otros matadores que están haciendo planteamientos alternativos y distintos fuera del marco habitual (Javier Castaño, Fernando Robleño, Iván Fandiño,… son buenos ejemplos)

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Los que proponen cosas nuevas: Javier Castaño (Fotografía de “Taurología”)

 

En segundo lugar y por lo que respecta a los ganaderos, tanto respeto me merecen Nuñez del Cuvillo, Justo Hernández o Juan Pedro Domecq, alquimistas de la bravura, como Fernando Cuadri, Joaquín Moreno Silva o Tomás Prieto de la Cal, guardianes de la casta empeñados románticamente en nadar contra la corriente. Y eso, aunque las declaraciones de unos y otros puedan pecar, a veces, de demagógicas. No me importa porque, como he dicho, prefiero atenerme a los hechos antes que a las palabras.

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Los que proponen cosas nuevas: Álvaro Núñez del Cuvillo (Fotografía de “tauronoticias.com”)

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Los que proponen cosas nuevas: Fernando Cuadri (Fotografía de “Ámbitotoros”)

Y es que, en la fiesta que a mí me gusta, tienen cabida tanto la faena exquisita y elegante a un toro bravo y noble como también la dura pelea (a pie o a caballo) del torero valiente con el toro fiero y de poder. Y por supuesto, tiene cabida y mucha, la lidia toda “atada y previsora” a un toro de cualquier condición.

Y entre las propuestas (o, mejor, apuestas) necesarias no podemos olvidar las que viene haciendo el audaz francés Alaín Bonijol en busca de una suerte de varas renovada quizás porque ese tercio, y como ya se ha dicho reiteradamente en este blog, sea el que más urgentemente esté necesitado de reformas.

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Los que proponen cosas nuevas: Alain Bonijol (De “Photaurines”)

Y quiero que quede muy claro, respecto a ese tema, que no comparto la postura de los aficionados (o de los ganaderos que también los hay) que propugnan la desaparición del tercio de varas (o su innecesaridad o trivialización, que viene a ser todo lo mismo) ni tampoco comparto la de aquellos aficionados que, ingenuamente como le pasaba a todo un Gregorio Corrochano, sostienen que no hay nada que cambiar ya que lo único que se necesita es “hacer bien” la suerte.

Y es que, al contrario, en la suerte de varas, si que hay mucho que cambiar. Primero, para que, en pos del equilibrio de los tres tercios, recupere parte de su importancia perdida y segundo porque, hoy por hoy, es quizás el punto más débil de nuestra fiesta, su parte menos comprendida por propios y extraños. El más necesitado de cambios.

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El tercio de varas, es el más necesitado de cambios (Logotipo de la cuadra de Bonijol)

En esa línea experimental se encuadra también nuestra propuesta de que en una corrida cualquiera de la Feria de Málaga (y que mejor que la corrida de los Guardiolas), se picara al estilo de las Corridas Concurso de Ganaderías pero sin que hubiera concurso alguno, lo que creo que tenía pleno sentido ya que, simplemente, se trataba de poner la atención en este denostado tercio. De centrar en él la mirada.

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Una de las entradas al caballo de un toro de Guardiola en la pasada feria de Málaga (Fotografía de Pablo Cobos)

Hablando de miradas, vamos a hablar, por tanto, de esa singular corrida en las que los aficionados malagueños se atrevieron a “mirar” por el ojo de la cerradura.

Pero antes, en la siguiente entrega (segunda de esta serie) vamos a repasar, siquiera someramente, la suerte de varas. Como se hace y como se debería hacer y sobre todo, que es lo que ya se está haciendo, en Francia especialmente, para su mejora y actualización.

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Mirando por el “ojo de la cerradura”

(Continuará…)

domingo, 15 de julio de 2012

El sueño de la razón… incorpórea

 

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“El sueño de la razón produce monstruos” (grabado de Goya de la serie Los caprichos de 1799). Aunque hay otras explicaciones, según un manuscrito de la época del aguafuerte y que se encuentra en la Biblioteca Nacional “cuando los hombres no oyen el grito de la razón, todo se vuelven visiones

 

Andamos los aficionados a los toros soñando siempre con una fiesta diferente a la de la época que nos ha tocado vivir. Como decía Fernando Savater, cada aficionado crea, o tiene en su mente, una faena perfecta y soñada. Faena “eterna” que nos obsesiona hasta tal punto que, aunque imposible e inexistente, nos sirve de referencia para medir las faenas cotidianas.

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Fernando Savater habló de esa faena única y eterna, que cada aficionado lleva dentro, en su conferencia “Caracterización del espectador taurino” dentro del ciclo Arte y Tauromaquia, organizado por la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, que se celebró en el mes de agosto de 1982 en el palacio de la Magdalena de Santander.

Renegamos de la suerte de varas y la quisiéramos distinta pues pesa en nuestro recuerdo la suerte de varas de antaño, cuando los caballos no llevaban peto. Suerte de varas idealizada que, quizás si pudiéramos ver como realmente fue, heriría nuestra sensibilidad de aficionados actuales.

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Un marronazo del picador (Foto publicada en Pan y Toros en 1896)

Añoramos el toro antiguo, fiero, tremebundo y enorme en nuestra imaginación, y nos parece chico y sin peligro el toro actual sometido sin embargo a un castigo impensable antaño.

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El tremebundo toro de antaño visto por un dibujante de la época (Detalle de dibujo de Gustavo Doré) 

Y esto no es de hoy o de ayer sino de siempre. Curioso dilema pues nunca sabremos si la fiesta soñada sería mejor o peor que la que conocemos.

Y es que, como decía ese gran aficionado práctico que fue Francisco de Goya, el sueño de la razón puede producir monstruos, lo que dicho de otra forma, significa que la fantasía  unida a la razón es madre de las artes y origen de todas las maravillas, pero abandonada de esta produciría monstruos imposibles.

 

El toreo de hoy

Es evidente que en el toreo actual se han alcanzado unas cotas de esteticismo inimaginables en épocas pretéritas.

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El toreo de hoy ha alcanzado cotas estéticas increíbles

Es cierto también que, para ello, ha hecho falta un toro en el que la nobleza ha primado sobre la fiereza, pues toreabilidad y casta no suelen andar unidas.

“La uniforme semejanza de los modos de embestir de los toros y de su bravura ha hecho posible el que se intentara convertir un arte, en todas las Tauromaquias pasadas considerado defensivo, en una actividad esencialmente plástica y de intención estética, como pueden serlo la pantomima y la danza. Ello ha reducido al mínimo las exigencias de conocimientos técnicos en los diestros, que siempre fueron esenciales en su formación profesional, y ha hecho posible una libertad artística y el logro de una preponderancia de lo plástico, que antes era tan sólo aliado circunstancial de lo meramente técnico”.

Hoy, este comentario de José María de Cossío incluido en el tomo I de su genial enciclopedia y publicado por tanto en 1943, sigue siendo aún perfectamente válido.

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Una fiesta distinta

Está bien y así son las cosas,  pero nada impide al aficionado que añore y sueñe (aunque sea a ratos) otra fiesta distinta. Una fiesta con un toro más fiero que noble y donde los tres tercios recuperen su equilibrio perdido. Fiesta donde el dominio del torero sobre el toro tenga más importancia que el mero logro de una faena de muleta al uso.

Algo parecido a esto llevan buscando los aficionados franceses hace años, eligiendo ganaderías y toreros, cambiando normas y modos de comportamiento, buscando abrir el abanico de opciones del toreo actual, tanto lo que se refiere a toros como a toreros.

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Hoy por hoy, Francia nos lleva ventaja en muchas cosas en temas taurinos.

Y yo me planteo y pregunto porqué no es posible soñar en España con algo parecido. Y es que no tiene justificación que siempre andemos a la greña protestando de lo que no  nos gusta pero que seamos radicalmente incapaces de proponer algo diferente.

Y así nos va…

 

Un error de planteamiento

Y es que, en mi opinión, el error de partida del aficionado nacional (un error de bulto) es pretender  que se toree el toro fiero y de poder igual que se torea el toro noble y bonancible.

Sueña el aficionado radical en un toreo imposible donde el torero sea capaz de domeñar a base de valor y técnica al toro furibundo y encastado para, luego, y una vez sometido, torearlo con arte.

Y esto, que será posible una vez de cada mil, no puede servir de norma para el día a día.

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Torear con arte al torazo fortachón sólo es posible de vez en cuando. Por no decir, de higos a brevas.

Recordaba Cossío -en el texto que citábamos- que a Rafael el Gallo, tan fino e inteligente aficionado como genial torero, le había oído una clasificación de los toros que reputaba de fundamental:

“No hay más que dos clases de toros, los que pueden y los que no pueden

Y añadía Cossío que:

“Todos los grados de la pujanza deben caber en esta primaria definición (…) que, a mi entender, es básica, tanto para el torero que ha de graduar y prevenir el riesgo, como el espectador que debe conocerlo a fin de no incurrir en errores al apreciar lo que con el toro puede intentarse y, por tanto, lo que al diestro puede exigirse.

El riesgo, entonces como ahora [se refiere Cossío a épocas pasadas], aumentaba con el poder del toro, pero no se intentaba, ni el público lo exigía como hoy dementemente hace, que con todos los toros el diestro parara y se ciñera,  ni aún graduaba el mérito exclusivamente por ello.

Había, pues más holgura y libertad en los medios defensivos, y al no exigirse el gallardearse y ceñirse a todo evento, y admitirse reservas y recursos en toros difíciles, se eliminaba el mayor riesgo del de poder, que no requería una lidia especial por sus condiciones, sino, simplemente, una brega más dura y precautoria”

Creo que huelgan los comentarios.

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Ricardo Torres “Bombita” trastea  un toro de Moreno Santamaría en Valencia en junio del año 1910 (Foto publicada en “Los toros y el teatro”) con una holgura que hoy día no se admitiría.

Una propuesta concreta

Y yo me pregunto ¿porqué no intentar (una vez al menos) una corrida de toros que siga un argumento distinto al habitual?

Hay una corrida en la Feria de Málaga de este año que podría servir perfectamente para esa experiencia.

Es la corrida del martes, día 14 de agosto. Toros de los Herederos de Salvador Guardiola Fantoni (quienes enviaron un excepcional encierro a nuestra ciudad el año pasado) para El Fundi, José Luis Moreno y Luís Bolívar.

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Uno de los Guardiolas del pasado año en Málaga

Corrida de aficionados y para aficionados. Donde tenemos, creo, los toros y los toreros adecuados. Además a Málaga viene la cuadra de caballos francesa de Bonijol, con ejemplares mucho más ligeros que los que suelen picar en nuestro país.

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Los ligeros, pero adiestrados, caballos del francés Alain Bonijol. Un aliciente más para un espectáculo soñado. 

 

Seamos realistas, pidamos lo imposible

Como decía aquel magnífico slogan de mayo del 68 francés, “Seamos realistas, pidamos lo imposible”. Imposible, todo hay que decirlo, hoy por hoy ya que es probable que, ese imposible de hoy, devenga –o pueda devenir- en magnífica realidad el día de mañana

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Las pintadas del mayo francés. Un oxímoron histórico.

Proponemos pues (desde este blog) una corrida con el siguiente argumento:

Primero.- Recuperación para la suerte de varas del “ojo de cerradura” ensayado en Bilbao, picando además a los toros contraquerencia (En Málaga se pica a mitad de caminos hacia toriles)

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Esquema del ojo de cerradura utilizado en la suerte de varas de la Corrida-concurso de Bilbao (Fuente: Plaza de toros de Vista Alegre/Diario el País)

Segundo.- Colocación de la reses a la distancia que demande su bravura con olvido de las dos rayas (que son límite pero no deben marcar el sitio donde colocar a todos los toros)

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Citando a la distancia que requiera el toro (Foto del blog “El desjarrete de Acho” de Pocho Paccini)

Tercero.- Recuperación de quites por los maestros que son quienes deberían (y no los banderilleros de su cuadrilla) sacar al toro del caballo y no sólo colocarlo ante él. El toro saldría del caballo inmediatamente después de entrar para posibilitar mayor número de varas y graduar adecuadamente su bravura (incluso picando con el regatón si se da el caso)

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Reverte (y no su banderillero) remata un quite a los picadores en Madrid (1899) 

Cuarto.-  Recuperación de la muleta como instrumento de lidia y no necesariamente para hacer florituras. Esto exige mayor explicación.

Quinto.- Recuperación de la estocada como alarde de valor, valorando su intención y ejecución y no sólo la eficacia en el resultado. No importa tanto (no debería, al menos al aficionado) matar a la primera como la gallardía con la que se ejecute la suerte.

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El madrileño Punteret en México se la juega al dar la estocada (Foto publicada en Mundo Gráfico en diciembre de 1912)

Sexto.- El premio al torero (incluidos los trofeos reglamentarios) debería estar en función del cumplimiento de estos criterios no sólo del lucimiento en la muleta y la rapidez en la muerte del toro

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Bombita en 1913 responde a los aplausos de los espectadores por una faena que (seguro-seguro) no tuvo nada que ver con lo que hoy se premia.

 

Un toreo de muleta distinto

Si queremos un toro fiero y poderoso debemos admitir un toreo de muleta sobre las piernas, basado en la lidia y no en la estética pues el toro de poder no admite (salvo que aúne nobleza lo que no será lo habitual) otra cosa.

Seguimos con Cossío:

“El toro de poder es violento en las acometidas y ha de dominársele con un toreo más rudo y eficaz. No admite el torear despacio que hoy complace, y el temple con él llega a consistir en lances más próximos por su rapidez al trallazo, que al torear demorado y plástico que hoy con justicia, entusiasma”.

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La muleta como instrumento para lidiar. Bombita torea sobre las piernas en Sevilla (1910)

Esto tenemos que tenerlo muy claro los aficionados y, sobre todo, convencer al torero de que nuestra valoración a su faena no se ajustará a los baremos al uso pues en caso contrario no es fácil que los diestros acepten este tipo de propuestas

Y es que, en las corridas toristas al uso (como las que vemos en los finales de feria madrileña de San Isidro) no es raro que los espectadores se encandilen con el trapío, poderío y fiereza de algún toro en detrimento de la justicia a la hora de valorar al diestro que a él debe enfrentarse, olvidando que casta no es, como ya hemos dicho, sinónimo de nobleza.

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En las corridas toristas, el público acaba encandilado con los toros lo que penaliza (injustamente) a los toreros (En la imagen un toro lidiado este año en Madrid de una ganadería fetiche en esa plaza, la de Cuadri) 

Por eso, nuestra propuesta pasa (y necesita, como condición “sine qua non”) el compromiso de los aficionados con los toreros, de cambiar nuestra forma de valorar el mérito o demérito de las faenas pues, sin esa especie de pacto, no creo que al torero interese lucir al toro en varas ni tampoco hacer gala de sus habilidades lidiadoras.

Sin ese pacto, el sueño de la razón (incorpórea) sólo será capaz de producir monstruos (imposibles) y no será -como creo que a todos los aficionados nos gustaría- el origen de nuevas (por lo añejo y valga la aparente paradoja) formas de entender la lidia.

 

Tauroteca. Un ejemplo práctico. Joselito el Gallo torea un toro de Miura

Lo mejor, como siempre es poner un ejemplo claro de lo que decimos y proponemos. Y para ello, vamos a viajar en el tiempo y nos vamos a trasladar a Zaragoza en cuya feria del Pilar del año 1913 podremos ver a Joselito el Gallo, que toreó el 14 de octubre de ese año con Gaona y Paco Madrid, sacando al tercio a un toro de Miura que manseaba en las tablas y acaba adornándose con unos desplantes muy toreros.

 

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Lo que dijo la prensa gallista (The Kon Leche del día 20)

 

Y ahora las imágenes que tienen mucha sustancia… 

Video facilitado por Diego de León

Una puntualización histórica (al margen)

Va a parecer que no nos gusta Juan Belmonte (y nada más lejos de la realidad) pues venimos puntualizando en este blog sobre algunos aspectos de su competencia con Joselito y sobre su influencia real (que no literaria, esa es otra cosa) en el toreo posterior a su época.

Una de las leyendas básicas del belmontismo es la anécdota de la primera corrida de Miura que toreó Juan en Sevilla en la feria de abril del año 1914. Se ha dicho, hasta la saciedad, que en esa corrida Juan cogió por primera vez en la historia el pitón a un toro de Miura lo que provocó el enfado de Don Eduardo quien, según cuentan, se echaría a llorar enojado no dando crédito a lo que le relataba el conocedor de la ganadería. Así ha quedado escrito y así se nos ha contado innumerables veces.

Sin embargo, la película que hoy traemos a la tauroteca deshace el infundio y la falsa leyenda pues, en esas imágenes, se ve claramente (muy claramente) como Joselito en Zaragoza, a finales del año 13, coge el pitón a un toro de Miura. Justo la temporada anterior a la de la supuesta gesta histórica e iniciática del trianero.

Quede constancia.