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sábado, 11 de agosto de 2018

Postales taurinas (XXV) La verónica quietista de Curro Puya

Por José Morente

La verónica -de fama mundial- de Gitanillo de Triana.

El toreo es un arte en movimiento. La fotografía capta sólo un instante, por eso nunca una fotografía -al contrario que el cine- podrá dar cabal idea de como fue un lance y menos una faena. 

Siendo ello cierto, no lo es menos que una eterna aspiración del toreo -puro movimiento- fue y es detener el tiempo, pararlo, congelar el instante. Parar el toreo es la primera premisa de la trilogía belmontina. Parar el toreo fue la vieja aspiración de los toreros del XIX. Huevo o gallina, nunca sabremos si fue esa momentánea parada dentro del lance la que permitió a los fotógrafos de la época captar el instante o, al contrario, si fue la aparición de la fotografía la que sugirió a los toreros más atentos la necesidad de detener el lance para que los fotógrafos pudiesen inmortalizar su obra de arte.

Y es que, viendo la fotografía que encabeza este post, nadie podrá poner en duda que el toreo es arte. Arte bellísimo, de delicadas y armoniosas líneas, cierto es. Pero, también y al mismo tiempo, arte denso y profundo, arte que hunde sus raíces en la tierra; arte terrenal.

La fotografía de este post es archiconocida mundialmente pero sus detalles quizás lo sean menos. Se trata en efecto de una de las verónicas más divulgadas de Gitanillo de Triana, el añorado y llorado Curro Puya pero ¿de quién era y donde se lidió ese toro que que coloca la cara (imaginamos) con tanto primor como bravura?

La respuesta nos la da José Antonio Villanueva Lagar en su interesante libro sobre la historia de la ganadería mexicana de San Mateo a la que pertenecía el burel de marras.
"Y en la Oreja de Oro celebrada el 3 de febrero del año siguiente, Francisco Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, a punto de regresar marchito a España por haber toreado sin mayor relieve, bordó el toreo con el encastado Como Tú y se llevó, tanto el rabo de su adversario, como el áureo trofeo en disputa; las seis verónicas que logró el hispano ante este burel pasaron a la inmortalidad y continúan siendo paradigma de lo que debe ser este lance fundamental. Como Tú dejó un imborrable recuerdo al gitano conocido también como Curro Puya, por lo que su hermano Rafael solicitó toros de San Mateo para su confirmación de alternativa en México, el último día del año 1944".

En cualquier caso, viendo la fotografía de la verónica de Curro Puya a Como Tú de San Mateo, no me extraña nada que Gregorio Corrochano en una crónica le preguntara al torero de Triana: 

- Gitanillo ¿Se te para el corazón cuando toreas?

domingo, 29 de mayo de 2016

El codilleo (II) En nuestros días

Por Jose Morente
La verónica de Juan Belmonte (años 13-20) Los brazos van desemparejados (a diferencia de la verónica antigua donde ambos brazos se movían a la par). La mano de salida, por encima del hombro, despide al toro. La de dentro, con el codo doblado (codilleando) lo sujeta.
Verónica de Gitanillo de Triana (Principios de los años 30). Al igual que en la verónica de Belmonte, Curro Puya lleva los brazos desemparejados y el de dentro con el codo pegado al cuerpo (codilleando) para conseguir que el toro pase lo más cerca posible del cuerpo del torero.
La mano de salida va sin embargo más baja que la de Juan, lo que le fue criticado por romper la ortodoxia belmontista. Sin embargo, esa verónica de mano más baja estaba prefigurando el moderno toreo de capa

Cuando lo negativo se vuelve positivo

Comentábamos en la anterior entrada que codillear, torear "con los codos pegados al cuerpo", era, a principios del siglo XX, un defecto pues se consideraba que ese movimiento, que traía causa en la torpeza (desconocimiento) o en el miedo (instinto defensivo), impide el adecuado control o gobierno de la embestida del toro.

Hoy, por el contrario, se codillea, de forma intencionada "a la mayor gloria del toreo". Exagerando, podríamos decir (Paco Carmona, dixit) que "sin codillear ya no se puede torear

¿Que ha ocurrido? ¿Porque y cuando se ha producido ese cambio tan radical? ¿En que momento lo que antes era defecto a evitar se convierte en un valor positivo a buscar?

Hemos buceado en nuestra biblioteca taurina así como en las impagables bibliotecas y hemerotecas virtuales, intentando seguir la pista de ese concepto y de su evolución. Y, en esa búsqueda, hemos encontrado un número razonable de referencias aisladas (algunas muy interesantes) pero ningún estudio serio y sistemático sobre el codilleo.

Desde que surgió nuestro interés por este tema, gracias a una conversación con Fernando Farfán, sólo han transcurrido veinticuatro horas. Poco tiempo para elaborar una tesis doctoral. Lo que sigue es pues una investigación tan apasionada como apresurada. Una primera lectura (bastante sugerente por cierto) que esperamos poder ir ampliando y reescribiendo a medida que aparezca nueva información que arrojen más luz sobre un tema que aquí sólo vamos a poder esbozar.

Pero no nos demoremos. Entremos en materia


Soplan vientos de cambio en el toreo


A principios del siglo XX, época de José y Juan, el toreo sufriría un cambio radical. El torero empieza a pararse ya intentar torear lo más cerca y más despacio posible del toro.

Será en la Edad de Plata, cuando estos cambios se consoliden. Son los años del parón (esa "paradhina" que hacían los toreros a mitad del lance, componiendo la figura y permitiendo espectaculares fotografías antes impensables) y son los años del toreo de muleta ligado y en redondo (cuando los públicos iban coreando los naturales que los toreros daban: ¡uno, dos, tres, cuatro,...!).

Una época emocionante, por las propuestas de los toreros y, al mismo tiempo, dramatica por mor de un toro todavía no adaptado a esas innovaciones

Hemos encontrado un texto clave de un testigo de excepción para explicar todos esos cambios. El testigo se llama Gregorio Corrochano y el texto, un artículo que se publicó en Blanco y Negro en junio del año 32 y que se titulaba "La ganadería de Miura en el laboratorio".

El artículo de Corrochano publicado el 26-06-1932 y que se puede leer e la Hemeroteca Digital del ABC
Es un texto muy interesante porque no sólo certifica el cambio de orientación del toreo sino que lo pone en relación con el necesario cambio en los criterios de selección del ganado de lidia. El toreo estaba cambiando y el tipo de toro también tenía que cambiar.

Según Corrochano, en esos años ya no se valoraba -como antaño- "un toro que tirase cornadas y un torero que las esquivase con agilidad y recursos". Eso ya había pasado a la historia. Los ganaderos ya no seleccionaban las vacas que "se deshacían los cuernos contra el estribo del tentador".  Ni siquiera Miura lo hacía ya así.

Al toro antiguo con nervio, seleccionado para tirar cornadas, que se revuelve pronto, no se le puede codillear, exige un toreo de expulsión, hay que intentar despegarlo del cuerpo. El defecto mayor en el toreo antiguo, era lógicamente el de codillear.

Por el contrario, el toreo artístico y reunido que empezaba a imponerse, se basaba en hacer pasar al toro, ahora más pastueño y boyante, menos fiero (más doméstico dice Corrochano) lo más cerca posible del cuerpo del torero. Codillear se convierte en meritorio.

Son, según él, dos sistemas radicalmente diferentes: en uno, el sistema antiguo, el torero debe acoplarse al toro; en otro, el sistema moderno, es el toro el que debe acoplarse al torero. Corrochano, como buen crítico conservador, prefiere el sistema antiguo pero el cambio, le guste o no, se ha producido ya. Hemos pasado (como diría Pepe Alameda) del toro determinante al toro determinado. Y el codilleo se ha convertido en virtud.

Verónica de Manolo Bienvenida a un toro de Miura en la corrida que provocó el artículo de Corrochano que comentamos. Aunque la calidad de la reproducción no es nada buena, se aprecia como la verónica de Bienvenida es técnicamente la misma que la verónica de Curro Puya, siquiera la estética sea harto diferente (ABC)
Aunque menos evidente que en el capote, el codilleo llegó también, en los años 30, al toreo de muleta. En la imagen, impresionante natural de Curro Puya. Toda la esencia de la gitanería trianera condensada en un sólo muletazo

El codilleo en nuestros días

Por todo eso, aunque los aficionados conservadores e incluso algunos toreros de nuestros días, siguen considerando el codilleo como defecto, hoy se ha convertido en una técnica que se cultiva y propicia.

Creo que sólo dos testimonios son suficientes para demostrarlo.

Decía hace poco Benjamín Bentura Remacha que hoy "hay toreros que hasta se regodean con el codilleo y proporciona a su intérprete una especial cualidad emocionante y artística que se transmite al público".

Finito de Córdoba toreando en un tentadero con el codo del brazo de salida, intencionadamente pegado al cuerpo. Finito se regodea en un codilleo buscado "a mayor gloria del toreo" (Fotografía del blog de Enrique Romero, Toros para todos)
Y, hace unos tres años, Paco Ojeda declaraba en una entrevista al Diario de Sevilla, lo siguiente:
"Supongo que he aportado, entre otras cosas, un toreo muy cerquita, con quietud, con el parón. En la época en la que lo hice la década de los ochenta había muy pocos. Fue como una innovación. Arriesgué. En ese momento fui criticado y también admirado. Lo bueno es no parecerte a nadie. 
Yo fui fiel a mí mismo. Sentir ese calor del toro pasando cerca, codillear, fueron cosas que algunos quizás no lo entendieron en ese momento. Mis aportaciones más grandes han sido innovar y ser fiel a mí mismo. En aquel momento me pudieron crear dudas y que yo hubiera cogido el camino fácil, pero nunca dudé en seguir mi camino".


El toreo de cercanías y parón, como el de Paco Ojeda, obliga a codillear incluso en los cites, para colocar la muleta donde la pueda ver el toro.
(Continuará)

lunes, 28 de marzo de 2016

Morante evoca en Sevilla a tres toreros de Sevilla

Por Jose Morente
Morante, genio y figura en desplante pleno de torería. Ecos de una tauromaquia añeja que ya no se suele ver por las plazas.(Fotografía de Arjona para Aplausos)

Primera evocación. La oración de Pepe-Hillo 


"La oración de los toreros" representa a un diestro y su cuadrilla rezando antes de la corrida en la época de Pepe-Hillo. (Detalle de un dibujo de Lizcano publicado en la Lidia en 1883)
Debido a su proximidad al coso Maestrante, los diestros sevillanos del XIX convirtieron en costumbre acercarse a rezar a la Capilla del Baratillo antes de las corridas.

Uno de los más afamados, José Delgado, alías Yllo (Pepe-Hillo), llegó a donar, en 1774 a la Hermandad del Baratillo, una imagen de San José. que todavía se conserva. Por eso, por su devoción, tras su muerte en la Plaza de Madrid, las coplas de ciego llegaron a cantar:
¡Qué lástima me ha dadover a Hillorezando en la capilladel Baratillo!
Hoy esa costumbre de rezar en la Capilla del Baratillo, se está perdiendo y ya son pocos los diestros que la mantienen (uno de ellos, por cierto, es el mexicano David Silveti).

Sin embargo, ayer Domingo de Resurrección, Morante de la Puebla recuperaba esta tradición centenaria y, junto a uno de sus banderilleros, se acercaba a la Capilla del Baratillo para rezarle a la imagen de la Virgen de la Piedad, recordando y evocando a Pepe-Hillo.


Morante de la Puebla, rezando ayer en la Capilla del Baratillo, tal y como  hace dos siglos hacían Pepe-Hillo y los demás diestros sevillanos de la época


Segunda evocación. El pañuelo de Joselito



Joselito el Gallo durante sus faenas y en demostración de poderío, gustaba de sacar el pañuelo que llevaba en el bolsillo y, tranquilamente, delante de la cara de un toro expectante, procedía a secarse el sudor. Luego guardaba otra vez el pañuelo y seguía la faena.

Así hizo Gallito en Valencia, en las imágenes que hemos rescatado para este blog de la película de la tarde en la que se encerró, para cerrar su temporada, en solitario con seis toros de don Juan Contreras. Joselito de rodillas y ante el toro tercero, de nombre Algabeño, se seca el sudor

Ayer, Domingo de Resurrección en Sevilla, Morante de la Puebla, antes de entrar a matar en toriles al cuarto toro, Fantástico de Domingo Hernández de 589 kilos, toro al que no mató, se detuvo un momento y, con la misma tranquilidad de Joselito, sacó su pañuelo, se secó el sudor y montó el estoque.

Ayer al secarse el sudor con el pañuelo, nos recordó a Joselito el Gallo.




Morante mientras está igualando al 4º toro en toriles, coge el pañuelo que llevaba en el bolsillo, se seca el sudor y, después, lo tira al suelo
Tercera evocación. Las debacles de Rafael el Gallo


El de la fotografía de arriba es Rafael el Gallo. El de la fotografía de abajo es también Rafael el Gallo. Está claro: "Del éxito al fracaso hay sólo un paso".

Es posible que Rafael el Gallo haya sido uno de los toreros más geniales e impredecibles de la historia. Con el se inaugura un tipo de torero artista capaz de pasar de la gloria al desastre, y viceversa, en una misma tarde e, incluso, en un mismo toro.

Aunque el propio Rafael lo negara, fueron varios los toros que le echaron al corral durante su dilatada carrera. Las debacles de Rafael, sin embargo, no sólo no empañaban su imagen, sino que incluso acrecentaban su leyenda de torero mágico y misterioso.

Ayer, Domingo de Resurrección en Sevilla, Morante de la Puebla, por un momento que se hizo eterno, tocó el cielo con las yemas de sus dedos en su faena al cuarto toro de Domingo Hernández, para descender inmediatamente a los infiernos del tercer aviso, Un aviso que llegó, todo hay que decirlo, no por incapacidad del torero sino por la capacidad del toro para taparse. Genio y figura del torero más genial y artista, a fuer de valiente, de nuestra época. 

Y es que Morante aunque a quien más se parece es, en realidad, a Francisco Vega de los Reyes, Gitanillo de Triana, el genial e impar Curro Puya. ayer nos recordaba a Rafael el Gallo, a Cagancho o a Curro Romero,

Sobre todo, las debacles de Rafael.



Morante pasó ayer, en el mismo toro, del toreo de ensueño a contemplar, después del tercer aviso, como apuntillaban a ese toro que no quiso dejarse matar. Empero, la leyenda crece y no mengua.

domingo, 15 de marzo de 2015

El hilo del toreo (I) Morante en Castellón

Por Jose Morente

 

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Verónica eterna de Morante en Castellón. El día 13 de marzo. Un día antes de “la faena” de Valencia (Fotografía de Cultoro)

 

Aunque el toreo está en continúa reinvención para adaptarse  a las exigencias de los públicos y a las cambiantes condiciones de los toros que se lidian en cada época, existe un hilo invisible que recorre toda su historia de arriba abajo. Es el hilo del toreo del que hablaba ese gran conocedor que se llamó Pepe Alameda.

Un hilo que subyace debajo de formas, modas, épocas, tiempos y modos. Un hilo sutil e invisible, como la técnica de los toreros artistas, pero muy resistente. Tan resistente que nunca se rompe.

Es el hilo que une a Gallito con Chicuelo y a este con Manolete.

Es, también el hilo que parte de Juan Belmonte, pasa por el llorado Gitanillo de Triana y llega, en nuestros días, largo hilo, a Morante de la Puebla.

Un ejemplo de ese hilo son la verónica de la foto que encabeza esta entrada y la verónica de la foto que la cierra. La primera es de Morante de la Puebla, la segunda de Curro Puya.

Impresiona la belleza de ambos lances pero impresiona también la semejanza que existen entre ellos.

Para empezar, ambas verónicas simbolizan el mejor toreo de capa posible. En efecto, cuando se torea a la verónica, alternando pitones y ganando terreno, lo más apropiado es adelantar la pierna de salida, cargando la suerte. Sin desmerecer otras formas torear a la verónica, esa es lo más ortodoxa y, para mí, la más bella.

Así, cargando la suerte, lancean Morante y Puya. Con idéntica posición de las piernas (conviene fijarse en las puntas de las zapatillas y comparar).

Pero torear no es sólo cargar la suerte. Torear es mucho más que eso. Como esos torsos, en giro perfecto y acompasado. O como esos brazos de salida que aseguran el remate y la ligazón. Recogido y más alto el brazo derecho en la verónica de Morante. Más extendido y algo más bajo, el mismo brazo en la verónica de Curro Puya. Varía también la posición de la cabeza de las reses, más humillado y entregado el toro de hoy. Pequeñas diferencias dentro de grandes similitudes.

Existe un hilo invisible que va desde la verónica de Curro Puya hasta la verónica de Morante de la Puebla. Es el hilo del toreo eterno.

 

img_0009 Una veronica de Gitanillo de Triana

La verónica eterna de Curro Puya.

domingo, 22 de febrero de 2015

Pequeña antología del pase de la muerte

Por Jose Morente

Joselito el Gallo
Pase de la muerte-Joselito el Gallo 001 - copia
“Cuando el toro viene muy arrancado y no se corren las manos, sino simplemente se levanta verticalmente la muleta y pasa la res bajo el engaño, sin más mando que el de la dirección de su viaje, sucede una variante del ayudado por alto al que algún revistero hiperbólico denominó e hizo fortuna, aunque efímera, con el nombre de pase de la muerte” (José María de Cossío. Los Toros)
El Papa Negro
1924 Caracas Papa Negro Pase de la muerte 001
“[El pase de la muerte] también fue el pase de la suerte negra, la muerte artística de Manuel Mejías Bienvenida, fin de una breve y autentica quietud: El Papa Negro, de grana y oro, roto, destrozada la soltera cumbre de aquel padre de toreros, la tarde madrileña de sus seis toros de Trespalacios, el año de 1910” (Robert Ryan. El Tercio de Muerte)
Rafael el Gallo
1914-09-28 Sevilla Rafael el Gallo 001
El pase ayudado por alto, de gran efecto en faenas de Guerrita o Antonio Fuentes, llegó a a una perfección de líneas en la estética de Rafael el Gallo, quien dejaba llegar los toros con un ímpetu terrible a su muleta, que de pronto desaparecía de la vista del toro: la muleta de pronto, detrás, en el aire, la testa del toro en su búsqueda, corneando la atmósfera de la suerte (Robert Ryan. El tercio de muerte)
Antonio Márquez
1044-06-30 (p. Ruedo) Antonio Marquez Ayudado alto pies juntos - copia

Antonio Márquez, torero madrileño, prototipo de la eleganciaMárquez ha sido un torero de un personalidad inconfundible, de un empaque señorial… Márquez le dio [al toreo] la serenidad académica… Como muletero fue muy bueno, de gran temple y serena inteligencia.” (Néstor Luján. Historia del Toreo)
Curro Puya
1944-07-11 (p. Ruedo) Gitanillo Ayudado por alto - copia
“¿Y la muleta? No tiene la magia del capote, pero hay en ella momentos prodigiosos” (Federico M. Alcázar. 1928)
“Y luego al final, en el último toro, realizó una de las mejores faenas de muleta que se han ejecutado este año en esta plaza de Madrid. Valiente, cerca y, sobre todo, artístico, elegante, suave, con estilo personal. El público lo aclamó con verdadero entusiasmo” (Maestro Banderilla en el Eco Taurino, Octubre 1926)
Vicente Barrera
1945-01-17 (p. ER) Barrera Ayudado por alto
Vicente Barrera es, por el contrario, el verdadero muletero dominador, el de los toros que, a los demás, les vienen anchos y que el reduce a la obediencia como quien lava. Y… echándole emoción, valor y mucho interés a la cosa”". (José María de Cossío. Los Toros)
Manolete
Manolete Ayudado por alto
“Qué emocionante fusión de valor y arte en las normas de este toreo, original y recio, del cordobés. Asusta verlo erguido –enhiesto- a unas pulgadas de las astas, tan a ras de ellas la muleta como el cuerpo, y esperando que vengan a hundirse, no sebe el público si en el cuerpo o en la muleta, por tan juntas como están.” (Crónica de Clarito sobre la corrida del 9 de octubre de 1941 en Madrid)

miércoles, 6 de agosto de 2014

Postales taurinas (IV) El desgarro de Curro Puya

Por Jose Morente

 

img_0009 Una veronica de Gitanillo de Triana

Curro Puya toreando a la verónica

“He visto las fotografías de Curro Puya, el viejo, y es un desgarro… [Con la capa] se exponía tanto y tenía tal pureza que, cuando daba un pase, no pensaba más que en eso, en ese desgarro que le salía de dentro, con mucho dolor y que, entonces, proyectaba fuera”

Declaraciones de Pepe Luis Vázquez a François Zumbiehl recogidas en el libro “El discurso de la Corrida” (1ª ed., Barcelona, ediciones Bellaterra, 2009)