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lunes, 14 de agosto de 2017

Los toros del Pilar. El toro de las doce.

Por Clarito


Padilla en Málaga estuvo en Padilla (EFE)

Una corrida del Pilar grande y vieja. Pasada de kilos y pasada de edad. El toro que pasa de primeras el reconocimiento matinal en estas plazas de primera pero que, luego, a la tarde no pasa, no da, el juego mínimo necesario.

Mansos y descastados los toros de Fraile, salvo uno que, aunque lesionado de un remo, era bravo y pronto. Un toro alegre en su larga embestida. De esa alegría que llega al tendido. Dicho en la jerga actual, un toro con transmisión. Uno entre seis.

La terna estuvo bien dentro de las limitaciones impuestas por los astados. 

Algo desanimado vimos a Ferrera a quien esta temporada tantas tardes buenas le llevamos vista. En banderillas, los toros fueron complicados. Algunas ganaderías a las que algunos llaman comerciales suelen ser difíciles de banderillear. Tal el caso de Victoriano del Río que lidia esta tarde. Los del Pilar lo fueron, tanto que Ferrera renunció a parear en el toro en el que invitó a sus compañeros y también en el otro suyo en el que dejó que lo hicieran sus peones lo que el público le reprochó.

Muy bien Fandi con ese capote que tampo templa a los toros: ¡Como "tiempla" el granaíno! Dicen que baja con la muleta. Es posible. Lo mismo decían de Luis Francisco Esplá. También es posible (aunque ayer no fue el caso) que, por ese prurito banderilleador, los toreros banderilleros se dejen crudos a los toros en varas y luego en la muleta el toro no llega suficientemente picado. Medir el castigo es muy complicado y lo que vale para la muleta no vale para las banderillas.

Y muy bien Padilla en el único bravo toro del Pilar al que cortó merecida oreja. Padilla tuvo toro y lo aprovechó. Con decir que estuvo en pirata, creo que está todo dicho. Ayer su faena al cuarto justificó para muchos el precio de la entrada.

Pero, cada vez lo tengo más claro y aunque como aficionado ese toro tremendo y grande, pasado de kilos y edad, me entra por los ojos, como espectador que paga su entrada (muy cara y recargada con el IVA antiguo) esa presentación no me basta y se me borra y diluye si los toros no son bravos. El toro de las doce (el del reconocimiento) no suele coincidir con el de las cinco (el de la corrida). 

Puestos a elegir entre los dos, entre el toro de las doce y el toro de las cinco, me quedo -sin dudarlo- con este último.


jueves, 18 de mayo de 2017

La Fiesta necesita Presidentes con fundamento

Por Jose Morente

En el cuarto de la tarde el Fandi puso un tercer par doble pero aunque estuvo sensacional le negaron la oreja. Ya es la segunda vez (la primera fue Sevilla) en la que  desde un palco sin fundamento se niega al Fandi un trofeo más que merecido.(Fotografía agencia EFE)

Pareaba el Fandi a uno de sus toros. Por un extraño del burel o un error de cálculo del torero se quedó este con un palo en la mano. Era el tercer par. Haciendo uso de un derecho inveterado y tradicional solicitó del Palco permiso para colocar otro par. El Usía lo denegó.

Así lo cuenta Barquerito:
Era su única tarde en el abono de Madrid. De ella se llevará un recuerdo amargo: la manera humillante en que el palco le negó su derecho a prender al primero de la tarde un cuarto par para compensar el haberse quedado en la mano con uno de los palos del tercero. En el brindis preceptivo al presidente, El Fandi hizo una reverencia bufa. La vergüenza torera. De ella hizo alarde la tarde entera. 
Sin embargo, desde el punto de vista reglamentario, el Presidente tenía razón. El apartado 1 del artículo 76 del Reglamento vigente (el nacional) establece que:
Ordenado por el Presidente el cambio de tercio. se procederá a banderillear a la res colocándole no menos de dos ni mas de tres pares de bənderillas.
El artículo es más que discutible pues contradice la tradición taurina en la materia que permite a los espadas decidir cuando cambiar el tercio. En efecto, el reglamento de 1962 (mucho más racional y tradicional en este tema) no estipulaba el número de pares mínimos o máximos, los que quedaban a potestad del Presidente, salvo cuando el tercio lo protagonizaba el matador o matadores, en cuyo caso la suerte se daba por terminada cuando el espada de turno lo decidiera (art. 101 "in fine" del reglamento de 1962)

Pero una cosa son los reglamentos y otra la aplicación de los mismos. Y la realidad es que, la falta de sensibilidad y sentido común de muchos Presidentes a la hora de aplicar el Reglamento, resulta palpable y evidente. Sentarse en el Palco (o en el Tendido, tanto da) con una idea estereotipada sobre como se aplica un Reglamento o sobre las calidades o cualidades de toros y toreros es, además de un despropósito, una flagrante injusticia. Siempre se ha dicho que ir a la plaza con la faena hecha es de malos toreros. Ir a la plaza con esos prejuicios es -añadimos- de malos aficionados.

Puede que ese sea parte del problema. Que en los Palcos no siempre se sientan buenos aficionados. A veces, ni siquiera se sientan aficionados, ya sean buenos o malos.

En Madrid, hay un proyecto para hacer posible que los Presidentes de las corridas sean eso, aficionados pues hoy sólo pueden desempeñar esa función los funcionarios del cuerpo de policía.

No niego que puedan existir policías que unan, a su profesión, conocimiento de las cosas del toreo. Pero una cosa no tiene nada que ver con la otra. Ser funcionario de policía, como ser arquitecto, bombero o electricista, no garantiza que se tengan depurados conocimientos en materia taurino.

Presidir una corrida no es sólo un ejercicio de autoridad. Al contrario, pues la autoridad está para otras cosas, sino un ejercicio de conocimiento de la historia del toreo y de sus tradiciones, un ejercicio de sensibilidad y de responsabilidad.

Necesitamos Presidentes con rigor y seriedad pero que extremen el respeto a los toreros y a los públicos. A los primeros porque se juegan la vida y a los segundos porque son los que sostienen económicamente el espectáculo.

La Fiesta necesita Presidentes con fundamento.

El Presidente, Javier Cano Seijo negando al Fandi, con gesto hosco, la posibilidad de poner un cuarto par