jueves, 29 de octubre de 2015
¿Que hacer con los terrenos?
lunes, 3 de agosto de 2015
Sobre las "espantás" y sus consecuencias. Una hipótesis hipotética
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| "Espantá" de Rafael el Gallo (Fotografía publicada en el Ruedo en 1944) |
Addenda. Miércoles 5 de agosto
Recién publicada esta entrada, la investigadora italiana Silvia Caramella me facilita el enlace a un viejo documental "Amanecer en España" producido en 1938 por la CNT con fines propagandistas.
Lo más interesante es que, entre las imágenes de archivo, aparecen varias escenas taurinas. Una de ellas, congruente con esta entrada, recoge un fragmento de una faena de Rafael el Gallo con uno de esos torazos que, poderoso y temible, va empujando al torero madrileño hacia las tablas, ganándole la pelea. Uno de esos toros "determinantes" que sólo permitían, por raro acaso, ese toreo de arte tanto anhelaba practicar el Divino Calvo. Un toreo primoroso y estético del que, merced a otros toros ya "determinados", nosotros hemos podido disfrutar y gozar con mucha mayor frecuencia.
Vemos la faena del Gallo con este toro "determinante" y todavía "no determinado" del que hablaba Pepe Alameda.
lunes, 27 de agosto de 2012
¿Y si hablamos de las banderillas?
Por Alexandre Coursier
Kandinsky. Círculos dentro de círculos (1923)
Se tiende a considerar el tercio de banderillas como uno de los más espectaculares de la corrida aunque no se le suele dar demasiada importancia. Lo normal, cuando banderillean los subalternos, es ejecutar la suerte de forma rápida y correcta mientras que, cuando lo hacen los matadores, la ejecución suele ser caprichosa y brillante. En cualquier caso, este tercio supone una buena ocasión para que los peones puedan demostrar sus habilidades, tanto banderilleando como bregando.
Javier Ambel. Foto de Juan Pelegrín
Por lo que respecta al toro, las banderillas son un buen momento para observar su modo de colocar la cabeza durante la brega, la prontitud con la que arranca sobre el banderillero y la distancia a la que lo persigue o, incluso, si corta terreno, si levanta la cabeza en el momento del encuentro, si es distraído o si “se queja" moviendo la cabeza después de puesto el par. Anotemos que mientras es habitual ver a los toros dolerse en banderillas no suelen tener similar reacción después de ser picados, como si los arpones de los garapullos fueran más dolorosos que el hierro de la puya. Arpones que cumplen, además, su función de “avivadores”, de alegrar al toro después de la suerte de varas.
José Chacón
De hecho, el tercio de banderillas sirve sobre todo para juzgar los efectos del tercio de varas y para matizar las observaciones ya realizadas antes con vistas al tercio de muleta. El tercio importante es el de varas. Podemos constatar que, en los tentaderos, se suprime la suerte de banderillas y, sin embargo, ¿acaso no convendría realizar esta suerte para juzgar cabalmente sobre la naturaleza del toro?
El Chano
Vayamos al tercio de varas.
La organización del espacio tiene, en este tercio, importancia capital. El toro ocupa el espacio central del ruedo que constituye su dominio; allá, cerca de la puerta de toriles, se encuentra su lugar de refugio, su querencia. Le presentamos un obstáculo (el caballo) en la periferia de su terreno, en la zona menos preciosa para él. En la zona opuesta a su querencia a toriles
¿Quiere deshacerse de ese intruso? ¿Hasta que distancia lo tolera?
Independientemente de su modo de embestir o de reaccionar a la herida de la puya, la voluntad del toro defendiendo el mayor terreno posible, determina en gran parte su bravura. La inmensa mayoría de los grandes toros quieren conservar el control de la totalidad del ruedo hasta su último confín. La lidia consistirá, para el hombre, en apropiarse progresivamente del territorio del toro.
Tito Sandoval. Foto de Juan Pelegrín
Regresemos a la suerte de banderillas.
Las banderillas, parecen el complemento exacto pero invertido de la suerte de varas. El toro se sitúa ahora en la periferia de su territorio, cerca de la barrera, en un lugar que puede parecerle tranquilizador después del duro castigo sufrido en varas cuando un intruso, el banderillero, intenta apropiarse del centro de su dominio, del corazón de su feudo. La voluntad del toro debe entonces expresarse inmediatamente para ir a la caza de este impertinente, y para ir una y otra vez, a pesar de los dolorosos aguijonazos de los arpones de las banderillas.
¿Acude? ¿Acepta alejarse de su querencia a las tablas para comenzar esta nueva pelea? ¿Cuáles son –entonces- sus dominios? Según su bravura, su reacción será más o menos alegre, más o menos enérgica. Muchos toros embisten sólo cuando el banderillero se les acerca, o sólo cuando invade su terreno, el situado entre el toro y la barrera, terreno que constituye entonces su querencia, lo que debería ser considerado como signo de mansedumbre.
Luís Carlos Aranda. Foto de Juan Pelegrín
Por desgracia, las observaciones, que se podrían hacer sobre el comportamiento del toro en ese tercio son, la mayoría de las veces, muy confusas por culpa de la forma en que se realiza esta fase de la lidia: mucha gente en el ruedo, mucho movimiento de unos y de otros, voluntad de hacer las cosas deprisa...
Demasiado a menudo, la forma de hacer las cosas prevalece en esta suerte sobre el fondo. Por cierto, es meritorio poner los palos levantando los brazos en alto, colocándose frente a sus pitones, clavando los palitroques reunido con el toro, saliendo con elegancia de la cara del mismo pero, en cualquier caso, estos son detalles menores.
Hacer lo necesario para que el toro se fije en el banderillero situado en el centro del ruedo, darle tiempo para “pensar” la nueva situación, avanzar hacia él de forma progresiva o, hasta si cabe, alejarse un poco más en cada par de banderillas para comprobar a que distancia embiste, igual que se hace al colocar el toro cada vez más lejos del caballo en el primer tercio, podrían ser las maneras correctas de proceder, en este tercio, con un fin primordial: Resaltar –ante todo- la importancia del toro.
David Adalid. Foto de Juan Pelegrín
Texto original de Alexandre Coursier. Publicado, por primera vez, en su blog “Al gurugú” con el título Si on parlait des banderilles? el día 8 de agosto del presente año.
Traducción de Jose Morente (revisada por su autor)
Addenda. Nota de LRI
Antonio Chacón, al cante, con Javier Molina, a la guitarra, en una juerga flamenca a la que asistieron los toreros Ricardo Torres Bombita y Juan Belmonte. Foto de portada del blog “Al gurugú” de Alexandre Coursier
“Al gurugú” es uno de los tangos más emblemáticos de la simpar Pastora Pavón “Niña de los Peines”. Pero “Al gurugú” es también el nombre de uno de los más interesantes blogs que existen, hoy por hoy, sobre toros y flamenco.
Este magnífico y reciente blog (una pequeña joya) es creación de un gran aficionado francés (parisino por más señas) que se llama Alexandre Coursier, quien está dotado de un fino instinto para catar todo lo que de bueno tienen el toreo y el cante jondo (el cante, pero también, el baile y la guitarra, por supuesto).
El único hándicap es que está escrito en francés –la lengua de su autor- lo que limita su difusión en España y los países de lengua hispana. Por ello, me ha parecido necesario (casi obligatorio) dar a conocer una de sus entradas (espero que no sea la última) pues los originales matices y sutilezas que Coursier descubre en la lidia del toro merecen ser difundidos. Por eso, hemos traído a la Razón incorpórea este sensacional artículo sobre las banderillas allí publicado. Y eso, pese a que el esfuerzo, por traducir cabalmente lo escrito por nuestro amigo Alexandre, ha sido grande ya que no somos muy duchos en estas lides y la forma de construir las frases difiere bastante en ambos idiomas, francés y castellano.
Es pues un experimento arriesgado donde (y no es tópico) todo lo que de ingenioso y sagaz pueda tener el texto se debe a la pluma de su autor. De igual modo, todos los defectos son achacables única y exclusivamente a nuestra impericia traductora.

