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martes, 28 de diciembre de 2021

Quiz 6: Antonio Bienvenida. Una música sin violencia

Por ¿¿¿???

Naturalidad (Foto: Los sabios del Toreo)

 ¿Quién dijo esta frase y en que año?

"Antonio era mi debilidad. Ha sido un torero en una línea tan pura, tan clásica, tan auténtica...Porque Antonio tenía, además, un deje de suavidad, de temple, de una armonía suave. Ese torero era como una música agradable, una música que no tiene violencia. A Antonio le daba mucha rabia cuando los toros le enganchaban la muleta, porque tenía ese sentimiento de la delicadeza toreando. Creo que, de verdad, ha sido el torero más perfecto que he visto en mi vida, porque no tenía violencia, no tenía ni un movimiento brusco. Era todo suavidad, un torero con una elegancia, un temple, que me parece que ha sido un elegido en el toreo. Eso mismo lo transmitía como persona. Porque Antonio era así." 

viernes, 23 de agosto de 2019

Juan Ortega, las chicuelinas en el aire de Chicuelo

Por Jose Morente
Una de las chicuelinas del excepcional quite que dio Juan Ortega en Málaga por este palo mirándose en el espejo de su creador (Foto: Hugo Cortés)
Una chicuelina de Chicuelo (Foto: Archivo Dinastía Chicuelo)

El pasado día 20 de agosto, el diestro Juan Ortega entró en los carteles de la feria de Málaga en sustitución de Sebastián Castella ante una mansa corrida del Puerto de San Lorenzo. Su actuación, muy torera estuvo plagada de múltiples detalles entre los que me apetece destacar un sensacional quite por chicuelinas, mirándose en el espejo del torero de la Alameda, al sexto toro de la tarde. Puede verse aquí a partir del minuto 6:18.

De Chicuelo a la fecha muchas son las chicuelinas que se han dado y muchas las que uno ha podido ver. Chicuelinas de todos los colores, formas y estilos. La chicuelina, el lance que puso en pie Chicuelo a partir de la vieja Navarra, ante la inesperada acometida de un toro, es hoy por hoy un lance recurrente que prolifera por doquier. Chicuelinas de frente y de perfil; esperando al toro o echando el capote adelante; garbosas (tal cual las daba Manolo González) o tremendas (¡Ay, aquellas de Manolete en la corrida de Coaxamalucan con Pepe Luis en México); hondas o ligeras; a toro parado o de salida; a pie firme o al paso... buenas y malas. 

Tanto se han visto, este y otros lances similares, que Corrochano llegó, en pública y pretendidamente jocosa denuncia, a indicar que, viviendo en época de grandes inventos, todos los terminados en "ina" menos la penicilina eran invento los toreros. Antibióticos del toreo, les llamaba.



Era una crítica a los inventos, a las nuevas suertes. Pero se equivocaba de plano el dogmático crítico de ABC, pues la valía y mérito de una suerte está al fin y al cabo no en su antigüedad, sino en su esencia y, sobre todo, en quien y como la practica y su profusión es únicamente indicio de que satisface los gustos del público. Hoy y siempre, la chicuelina ha sido y será piedra de toque de los buenos toreros. Ahí es nada atreverse con un lance creado por un torero tan genial como Manuel Jiménez Chicuelo y que han practicado otros toreros no menos geniales que su inventor. ¡Vivan las chicuelinas!

Aquí como prueba un ramillete de ellas...

Chicuelo. El modelo original. Arte en estado puro. La fuente en la que tienen que beber todos los que se acerquen a este lance. Chicuelo citaba con las manos altas y en posición de tres cuartos.
Manolo Bienvenida. Oro puro de ley en una chicuelina para la posteridad con las manos algo más bajas. Así también las daba Chicuelo.

Antonio Bienvenida. Estética indiscutible en una chicuelina con las manos muy bajas. Tan bajas que exige un toque para desplazar al toro.
Paco Camino. Citando con las manos altas pero de frente al toro y trayéndole muy toreado. El de Camas siempre aportó algo nuevo a todas las suertes que ejecutaba.
Manzanares padre. Clasicismo en vena de un torero en el que se miraban los otros toreros. Estética y personalidad a raudales.
Morante. Miles de registros en el torero de los mil matices. Un ideal de torería indiscutible pero discutido.
José Tomás. La novedad del cite con el compás abierto. Ensanchando el toreo.
Lance sutil, la chicuelina puede también cantarse por lo jondo. Registro dramático en una ajustadísima chicuelina de Saúl Jiménez Fortes.

lunes, 24 de octubre de 2016

Zahonería = torería

Por Jose Morente




Unas fotografías de Diego Urdiales toreando en la Malagueta el pasado sábado han causado sensación entre los aficionados. No solo por la calidad intrínseca del toreo del riojano sino también por un detalle que no ha pasado inadvertido. Esos zahones puestos sobre el traje corto. 

Y aunque no ha faltado algún aficionado al que parece que no acaban de gustarle los zahones, en general la reacción ha sido más que favorable. Y es que los zahones traen a la plaza un aire campero que tiene su enjundia.

Joselito el Gallo, en un tentadero, toreando una vaca complicada con los zahones puestos

Identificados hoy con la indumentario de los rejoneadores, los zahones (léase "zajones") se han venido utilizando tradicionalmente por los caballistas, resultando imprescindibles en las faenas de campo. Cuando el torero que ha acosado a caballo, echa pie a tierra, los zahones evitan esos molestos varetazos y palotazos cuando no ese golpe en la rodilla que puede tener su peligro y sus consecuencias.

Antonio Bienvenida despliega su capote para colocar la becerra en suerte en un fotograma de la película "La Becerrada"

Luis Miguel citando para una gaonera en un tentadero en el campo (Del NO-DO)

Pero lo importante no es sólo eso sino ese aire de fiesta antigua y añeja, ese sabor a otra época, que transmiten determinados gestos, determinadas indumentarias. Algo que muchas veces resumimos con un vocablo: torería.

Una escena que rezuma torería de la buena.. Juan Belmonte en el campo
Joselito en el campo de cacería con los zahones puestos.

Diego Urdiales en Málaga, nos trajo el sábado a la memoria el recuerdo de todos esos toreros (Joselito, Belmonte, Bienvenida, Luis Miguel, Morante y tantos otros) a los que recordamos, ya sea por haberlos visto en directo, en las películas o en las antiguas fotografías de color sepia, con sus zahones puestos. En el campo o en la plaza. Lo dicho, torería.



Del campo a la plaza ¡Torería
(Fotografía de Urdiales del Blog La suerte natural. Fotografía de Morante facilitada por Christian Eduardo Franco)

sábado, 8 de octubre de 2016

Cuaderno de notas (CVIII) Antonio Bienvenida

Don Antonio Bienvenida. El mago de la muleta (Fotografía de Arjona)

Los toros

Para mi gusto, de verdad, sin ratimagos ni coba a nadie, los toros que más me gusta torear son los de Graciliano Pérez Tabernero. porque tienen mucha alegría y embisten bien. Claro que todos los toros de casta y nobles me gusta torearlos.

A mi el toro me gusta que sea un término medio... Ni un hipopótamo, con el cual no se puede hacer nada, ni un gazapo, que lo ponga a uno en ridículo; es decir, el toro de doscientos sesenta o doscientos sesenta y cinco kilos; porque cuando pasan de trescientos (1) llegan a la muleta agotados y no es posible lucirse con ellos.

[El toro que ofrece más dificultades en la lidia es] el manso con casta... Ese de cinco años que tiene sentido e instinto de conservación y, por tanto, sabe defenderse bien; ese toro que no se rompe con los caballos.

Torería

[A mi padre] en el tentadero le he visto algunas veces, y en Arganda, en la corrida benéfica que damos todos los años, toreó y mató un becerro acompañado de sus cuatro hijos... Por cierto que nos dió un repaso que nos mondó.  ¡Desde que salió haciendo el paseo ya nos tenía ganado el tirón! ¡Qué gracia! ¡Que sencillez! ¡Que flamenquería!... Te lo digo de verdad... Era otra cosa que los toreros de ahora (2) En la postura del cuello, en la forma de apoyarse en la barrera, en el movimiento jactancioso, en la manera de ceñirse la capa..

Las plazas

Diría para halagar al público que [la plaza donde más me gusta torear es] en la de Madrid, Sevilla o Barcelona, pero no es así... Yo donde salgo más a gusto a torear es en la plaza de toros de Salamanca (...) Porque en el campo de Salamanca es donde yo siempre me he entrenado, y la mayoría de los asistentes a las corridas de allí son profesionales y amigos y saben medir con más acierto el esfuerzo que se hace con cada toro.

Creo que [el público más inteligente es], sin discusión, el sevillano... Sobre todo, entienden más de toros. Por lo menos, a mí me agrada más una vuelta al ruedo en Sevilla que una oreja en otras plazas.

"Antonio Bienvenida. El mago de la muleta" en EL CABALLERO AUDAZ, El libro de los toreros (2ª ed., Madrid, 1947, páginas 256 a 260)


Notas:

(1) Trescientos kilos a la canal equivalen aproximadamente a 500 Kilos en vivo. 
(2) Ahora es 1945

viernes, 27 de mayo de 2016

La visión del aficionado (I)

Por Jose Morente


1972. Antonio Bienvenida torea con la muleta y de ensueño a un toro de Pablo Romero en la Feria de Málaga. Fue la mejor faena de la Feria y de otras muchas ferias. La primera faena que vi cuando pude volver a los toros con catorce años cumplidos (Fotografía del Ruedo)

Mi primeros pasos como aficionado

Cuando por mi edad, pues ya había cumplido ya los catorce que exigía la reglamentación entonces vigente, pudieron llevarme otra vez a una Plaza de Toros, quedé impresionado por lo que se presentaba ante mis ojos. Toreaba esa tarde, en Málaga, Antonio Bienvenida, un verdadero maestro pleno de torería, con Miguelín y Miguel Márquez, toros de Pablo Romero. El espectáculo, por su emoción y colorido, era fascinante, especialmente para la mirada de un niño ávido de nuevas sensaciones.

Antonio Bienvenida hizo en Málaga, en una tarde en la que Miguelín cortó un rabo, una faena histórica que no pudo coronar con la espada (Tres pinchazos, media bien colocada y un golpe de descabello necesitó para acabar con el noble toro de Pablo Romero). Pese a ello, la vuelta al ruedo fie apoteósica y el Jurado del Capote de Paseo le concedió una mención especial por su buen toreo de muleta. A mí, aquella forma de torear de muleta me impactó (Reseña del Ruedo)
A esa primera e impactante impresión, siguió un ansía tremenda por indagar y por ahondar en los entresijos de la corrida. En un proceso que creo similar al de tantas otros aficionados, mis fuentes fueron: Primero, lo que escuchaba a los viejos aficionados, comenzando por los de mi entorno familiar y, en segundo lugar, lo que leía y aprendía en los libros de toros y en las reseñas de las revistas taurinas.

Y es que oír, oía mucho y leer, leía mucho. Sobre todo, esto último pues yo, lector empedernido, ya había descubierto la biblioteca taurina de mi abuelo y leía todo cuanto de toros caía en mis manos.


Mirando el pasado. Los mitos

Si la corrida en la plaza podía resultar apasionante, la historia del toreo, los hechos y sucedidos de los grandes toreros del pasado, no le iban a la zaga. Tal y como aparecían en los libros, los toreros de antaño eran uno héroes legendarios protagonistas de proezas tremebundas y cuyas anécdotas poblaban el imaginario de los aficionados.
 
La imagen que nos llegaba de los toreros antiguos era triunfalista y heroica (Grabado de Gustavo Doré "El triunfo del espada" 1874)
Tan tremebunda, tan apasionante era esa historia que, a su lado, al lado de aquellos heroicos toreros de los libros, los toreros de aquel presente, que hoy es ya historia, empalidecían y aparecían empequeñecidos como simples mortales que no alcanzaban, ni por asomo, la grandeza de los viejos maestros retirados o desaparecidos.

Si algo caracteriza al aficionado a los toros, es su permanente nostalgia de un pasado imaginado, un pasado que -por desgracia- casi nunca fue como lo imaginamos.

Y es lógico pues del pasado seleccionamos lo mejor, las tardes de gloria, los toreros que llegaron a la cumbre, las ganaderías míticas. Con el presente hacemos todo lo contrario. "Del pasado, sus grandezas y del presente, sus miserias" podía ser nuestro credo como aficionado.


La memoria y recuerdo de los grandes toreros del pasado hacia empalidecer y desdibujaba la importancia de los toreros de aquel presente: Luis Miguel, Ordoñez, Bienvenida, Camino, Puerta, El Viti, Palomo, Paquirri, Dámaso, etc. no eran nadie ni nada frente a Manolete, Joselito, Laartijo o Pedro Romero.

Mirando al infinito. Los cánones

Además, había otro problema añadido, más importante quizás, y es que aquellos libros que yo leía y aquellos aficionados a los que yo escuchaba, defendían, como normas de obligado cumplimiento, una forma de torear -los cánones- que no tenían nada que ver con lo que los toreros hacían realmente en la plaza.

Luis Miguel Dominguín en un pase natural en la misma Feria de Málaga del 72 en la que vi torear a Antonio Bienvenida. El toreo que los grandes toreros de entonces hacían en la plaza (igual que el que hoy hacen) no tenía (no tiene) nada que ver con los cánones que defendían (y defienden cuarenta y tantos años después) los aficionados más dogmáticos. Un verdadero sinsentido.
Para aumentar esa ceremonia de la confusión que son los actuales cánones, algunos toreros se han obstinado en decir y defender (en público y en privado) justamente lo contrario de lo que luego hacían o habían hecho en los ruedos. Lo preocupante es que al aficionado que los escucha, le resultan más convincentes las palabras que los hechos.
Un divorcio explicable, porque desde principios de siglo y, sobre todo, a partir de la Guerra Civil, el toreo había cambiado de forma radical. A un toro decimonónico de bravura simplificada, criado sólo para matar caballos, le había sustituido un toro de bravura completa, al que se le pedían muchos más matices en la embestida. A un muletazo de trazo corto y simple le había sustituido un muletazo de trazo largo y complejo. Hoy las embestidas del toro y los trazos de los muletazos son aún todavía si cabe mucho más largos y complejos que entonces.

Natural de José Tomás en Nimes. Ni la compleja embestida del toro de hoy, ni el complejo trazo del muletazo del toreo actual tienen nada que ver con el toreo de finales del XIX  y, ni siquiera,, con el toreo de antes de la Guerra Civil.
Aunque esos cambios resultaban muy evidentes, no era tan evidente ni fácil entenderlos ni explicarlos entre otras cosas porque esas claves técnicas del toreo no eran entonces accesibles al aficionado común. Los toreros antiguos eran muy celosos de su oficio y resultaba imposible conseguir que accedieran a desvelar los "trucos" del oficio ni siquiera a sus propios compañeros.

El conocimiento técnico de los viejos aficionados se veía necesariamente reducido a una simplificación esquemática (llamada cánones) de los preceptos contenidos en las viejas tauromaquias con algunas pequeñas -muy pequeñas- aportaciones o matizaciones posteriores.

A lo largo de la historia del toreo, el conocimiento de la técnica por el aficionado se ha reducido prácticamente a lo que decían las viejas Tauromaquias. Siempre me ha interesado sobremanera es la técnica pero, salvo las viejas tauromaquias y algunos raros libros, era muy poco lo que se podía aprender sobre el tema. . 
La visión nostálgica hace que, del toreo ayer, enviemos al baúl de los recuerdos todo lo que no cuadra con nuestros esquemas preconcebidos. Cuando al aficionado dogmático de nuestros días se le habla de toreo en redondo o toreo en ochos, por ejemplo, tuerce el gesto y mira para otro lado pues esas precisiones técnicas, imprescindibles para entender la historia del toreo, le complican la vida y ponen en solfa sus conocimientos anteriores. Todo antes que tener rectificar sus ideas por muy erróneas o parciales que estas sean.. Desde luego no manifiestan ningún interés por comprender el toreo sino sólo por reafirmar sus convicciones. Más que un ejercicio intelectual, el toreo es, para esos aficionados, un ejercicio de fe religiosa.
El estado de la cuestión

Creo que esa radical incapacidad de entender lo que realmente ocurre en el ruedo, propiciada por una visión esquemática y nostálgica, basada en la simplificación de la técnica y en el culto al pasado imaginario, es la que explicaría el radical y eterno descontento o desencanto con el que el aficionado a los toros afronta históricamente su afición.

Dicho de otro modo, no es fácil entusiasmarse con lo que ocurre en la plaza, cuando lo que vemos en ellas no tiene nada con ver con lo que quisiéramos o nos gustaría ver que es lo que ocurre cuando analizamos y valoramos el toreo actual a través de los clichés y estereotipos con los que solemos ir a los toros.

Premiada de forma menor, la grandiosa actuación de Talavante en Madrid con un toro de Cuvillo, ha puesto en evidencia la incapacidad de la afición más conspicua (la madrileña) para entender cabalmente lo que ocurría en el ruedo. Madrid se emociona (¡y de que forma!) pero sólo con lo evidente y emocionante.
(Continuará)

domingo, 8 de mayo de 2016

Un brindis sonado de Antonio Bienvenida

Por Jose Morente


Según la Historia, la última vez que tocó la música en Madrid fue en la Corrida de la Victoria celebrada el 24 de mayo de 1939 para conmemorar el fin de la Guerra Civil
Una costumbre de chusco origen

Según cuenta la historia oficial taurina, la tradición (o mejor sería decir, costumbre) que hace que en Madrid no suene la música durante las faenas, no se debe al peculiar y estricto concepto que en esa plaza se tiene del toreo (considerado un examen antes que un rito o una fiesta) sino a un curioso suceso acaecido durante la corrida celebrada el 24 de mayo de 1939, la llamada Corrida de la Victoria ya que fue la primera que se celebró en esa plaza tras la Guerra Civil.

El caso es que, habiendo amenizado, la Banda de música, la faena de muleta que hizo Marcial Lalanda al primer toro de la tarde, el hecho de haberse negado a hacerlo durante el trasteo de Domingo Ortega en el cuarto, provocó tan tremendo alboroto y algarabía en los tendidos que la autoridad competente (¿quizás militar?) acordó que, a partir de entonces en Madrid y para evitar disturbios, la Banda no tocase ya más durante la lidia.


Bienvenida consigue que la música vuelva a las Ventas

Un cuarto de siglo después de haberse prohibido o acordado silenciar a la Banda de música de las Ventas, el diestro Antonio Bienvenida consiguió romper la costumbre y que la música volviese a sonar en esa plaza durante la lidia de un toro.

El 16 de octubre de 1966, día de su primera retirada, Bienvenida que toreaba en solitario, tuvo la ocurrencia de brindar a la Banda de Música un par de banderillas. 

Los músicos agradecidos correspondieron al diestro interpretando el pasodoble "El Gato Montés", rompiendo así una norma precautoria que duraba ya demasiado tiempo.



Bienvenida se asoma al balcón en el tercio de banderillas que brindó a la Banda de música de las Ventas
Desde entonces, desde el brindis del maestro Bienvenida, en las Ventas, puede ya sonar la música durante los primeros tercios, aunque la costumbre del silencio, se mantiene para las faenas de muleta con el consenso y beneplácito de los espectadores habituales de la plaza.


La música prohibida volvió a sonar en las Ventas, el 16 de octubre de 1966, más de un cuarto de siglo después de su prohibición, por mor de un brindis del maestro Antonio Bienvenida

lunes, 18 de abril de 2016

Morante. Evocación final a Curro Cúchares

Por Jose Morente
Morante se prepara para un pase cambiado citando con la muleta plegada en su último toro de la Feria al que le hizo una sensacional faena y le cortó las dos orejas(Fotografía ABC)

Morante. El hilo del toreo

Tener la historia del toreo en la cabeza no es fácil. 

No es fácil para los aficionados, que rara vez la conocen. No es fácil para los cronistas taurinos que aun conociéndola, las más de las veces, yerran en las atribuciones y asignan las suertes antiguas a toreros que poco tuvieron que ver con ellas (Ha pasado esta feria en varias ocasiones y en la pluma de reputados cronistas). Y no es fácil tampoco para los toreros más dados a aprender en vivo y en directo que bucear en los libros del toreo.

Para Morante, sin embargo, es muy fácil pues tiene en la cabeza toda la historia del toreo. Morante se ajusta la montera con páginas de las tauromaquias históricas. 

Este torero está aprovechando las oportunidades que dan las nuevas tecnologías para recuperar el pasado. ¡Y vaya manera, precisa, preciosa y torera de recuperarlo! Esto no es la nostalgia enfermiza de lo que no se conoce sino la búsqueda y el rescate de lo que se sueña para traerlo, depurado, corregido y, algunas veces, mejorado, al presente.

Hoy por hoy, Morante es el hilo del toreo, el hilo conductor que une el toreo de ayer con el de nuestros días. El representa el mejor homenaje posible a la memoria de los toreros de épocas pasadas y la mejor reivindicación posible de la grandeza, que algunos aún niegan, del toreo de nuestra época.

En la corrida del viernes de farolillos, corrida de buenos toros y buenos toreros, Morante cerró su peculiar "Feria de las evocaciones" recordando a un torero genial del que ya quedan muy pocos recuerdos: Curro Cúchares.


Citando con el cartucho de pescado

Morante inició su faena a su último toro de la feria citando, al hilo de las tablas y con la muleta plegada.tal y como se ve en la fotografía que encabeza este post.

Me ha extrañado que se haya hablado tan poco de un cite -y un muletazo- tan singular. Vamos a intentar corregir nosotros aquí esa omisión.

Esa forma de coger la muleta, plegada en la mano izquierda, y que hizo popular en las post-guerra el genial diestro Pepe Luis Vázquez,se conoce como el "cartucho de pescao" por su similitud con esos cartuchos de "pescaíto frito" tan sevillanos.

Pepe Luis cita con la muleta plegada. Se trata del popular "cartucho de pescao

Ya hemos hablado, anteriormente en este blog, de este singular muletazo que Pepe Luis (belmontista acérrimo) toma de Joselito el Gallo (al que no vio) quizás por influencias de su propio padre (acérrimo gallista)

Sin embargo, el muletazo de Pepe Luis no es el mismo muletazo que dio Morante, ni por los terrenos ni por su remate.

En efecto, el muletazo de Pepe Luis, el de Joselito el Gallo es, en rigor, un natural de inicio, citando -eso sí- con la muleta plegada, como se puede apreciar en dos imágenes de Joselito en la Maestranza obtenidas de un fragmento de película, allá por la segunda década del siglo XX..


Como se aprecia en las imágenes, Joselito el Gallo cita con lo que luego se conocería como "cartucho de pescao" pero despliega la muleta sin adelantarla, antes de que llegue el toro para dar un natural de frente en los medios. El cite de frente con la muleta al costado, es el más clásico y más puro posible 

El pase cambiado a muleta plegada

Más parecido con el muletazo de Morante, lo tiene este otro muletazo de Joselito dado el día de su alternativa (28 de septiembre de 1912) al toro de su alternativa (Caballero, de Rufino Moreno Santamaría).

Aquí Joselito cita en las tablas (igual que Morante) para dar un pase cambiado (igual que Morante). La diferencia es que José no despliega la muleta pues el pase que ejecuta es el pase cambiado a muleta plegada. Lo vemos. También en imágenes extraídas de una grabación cinematográfica.







Joselito en el pase cambiado a muleta plegada. La pierna izquierda no se mueve del sitio como se comprueba en las fotografías y en la propia película.

Este pase lo hizo muy popular, a finales del siglo XIX, el diestro de Alcalá del Río, Antonio Reverte

Reverte en Madrid, el 31 de mayo de 1896 cita para el pase cambiado a muleta plegada (Fotografía publicada en Pan y Toros, el 8 de junio de ese año)
Reverte había cogido ese pase del repertorio del Gordito, de quien también lo había aprendido Joselito el Gallo.

En el Cortijo de las Cuatro Navas, Joselito recibe una lección magistral de Antonio Carmona el Gordito. Quizás ese día le pudo enseñar el cambio a muleta plegada (Fotografía incluida en el libro "Joselito el Gallo. El Rey de los toreros" de Paco Aguado)

También del Gordito, vía el Papa Negro, fue como aprendió Antonio Bienvenida ese muletazo con el que deslumbró, al darlo por triplicado al mismo toro, al público madrileño como ya contamos en su día en este blog.

Madrid. 18 de septiembre de 1941. La faena de los tres pases cambiados a muleta plegada de Antonio Bienvenida con el toro Naranjito de Antonio Pérez

El pase cambiado de Morante

Sin embargo, aunque Morante cita con la muleta plegada, la despliega antes de que llegue el toro y cambia su viaje dando salida por la derecha pero con la muleta desplegada.

Se trata de un verdadero pase cambiado pero con el matiz de citar con el "cartucho de pescao".








Morante inicia la faena de su último toro en la Feria de Sevilla con el pase cambiado.

El inventor del "pase cambiado"

El pase cambiado se incorporó al repertorio de la mayoría de los toreros de la segunda mitad del siglo XIX y aunque su origen es más confuso, todo apunta a que se podría tratarse de una invención del señor Curro Cúchares, uno de los toreros más creativos y geniales de toda la historia del toreo,

Curiosamente, entre los tratadistas de final del siglo XIX, se planteó alguna polémica relativa a la oportunidad e importancia del lance. Los más ortodoxos (Peña y Goñi, Sánchez de Neira o Hache). sostenían que este pase cobraba real importancia cuando no se daba preparado sino forzado (lo que ellos llamaban "cambio en la cabeza").

Lo contradictorio es que eran precisamente estos mismos tratadistas defensores de lo espontáneo e imprevisto, los que más han criticado al diestro más espontáneo, impredecible y genial de toda la historia del toreo. El citado Curro Cúchares quien como Rafael el Gallo, ha sido, pese a nacer en Madrid, uno de los toreros más sevillanos, por actitud y carácter, de la historia.




Algunas de las "monerías" de Cúchares que hacían las delicias de los públicos e indignaban a los aficionados más ortodoxos y conservadores. Son reacciones muy parecidas a las que provoca en algunas ocasiones, dentro y fuera de las plazas, Morante de la Puebla.
Una media verónica con el palillo "partío"

Y hablando de diestros geniales, impredecibles y creativos, y de resolver sobre la marcha los avatares que surgen durante la lidia, no está de más recordar aquí ese lance sobre el que sí se ha hablado bastante y que ocurrió en ese mismo toro.



Una media verónica con la muleta. Genialidad de un torero genial

El colorado "Dudosito" de Núñez del Cuvillo, acaba de partirle el palillo de la muleta a Morante.

Cuando cualquier otro se hubiese dirigido a la barrera buscando una muleta nueva, el ha recogido la suya del suelo y se ha dirigido al toro para darle una media verónica, no con el capote como es lo usual, sino con esa muleta rota con el palillo "partío".

Una media antigua, belmontina y sentida. O, más sencillamente, una media morantista que queda ya inscrita para la posteridad, por el gesto, la inspiración y la capacidad de un maestro del toreo, en ese libro virtual de la tauromaquia que vienen escribiendo, día a día y desde que el toreo es toreo, los más grandes toreros de la historia.

Como Curro Cúchares o como Morante de la Puebla.

¿Qué es torear sino eso?