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miércoles, 3 de agosto de 2016

Cuaderno de notas (XCVIII) Necesitamos una nueva Tauromaquia

Hoy torear es llevar al toro toreado, templado, dominado (Miguel Ángel Perera en las Ventas con un toro de Adolfo Martín-Foto de Juan Pelegrín-Web de las Ventas)
Las Tauromaquias antiguas y gran parte de las tenidas por modernas, sólo por la época de su aparición y no por el contenido, resultan insuficientes, porque la mayoría de sus preceptos, reglas y normas, que hasta hace poco han tenido el valor de clásicas, están basadas en una concepción o visión del toreo distinta a la moderna.

Nos falta, pues, una tauromaquia verdaderamente moderna, en la que se rectifiquen algunos preceptos de la antigua y se introduzca los temas que ha traído el nuevo estilo. No se puede juzgar el arte de una época situándose en otra distinta.

Se dirá que cuando el arte es verdadero rebasa las épocas y tiene un valor permanente. Cierto. Pero no lo es menos que los elementos de expresión son distintos. Hoy no sería posible escribir el Quijote con los mismos elementos idiomáticos de hace tres siglos, Como no sería posible -posible, sí, pero no aceptable- trastear un toro a la manera de Curro Guillén.

El toreo moderno, al acortar las distancias y retardar la velocidad de las suertes, haciéndolas más lentas y pausadas, ha cambiado no sólo de fisonomía, sino de estética

Hoy torear no consiste simplemente en arrimarse y dejar pasar al toro suelto, sino llevarlo toreado, templado, dominado.
ALCÁZAR, Federico M. "Tauromaquia moderna-Primer tomo. Del toreo" (1ª ed., Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, S.A.,1936. Págs. 239 y 240)


martes, 7 de junio de 2016

¿Debemos juzgar el toreo?

Por Cincinato

Castella citando, muy enfrontilado, a uno de sus Adolfos (Fotografía Mundotoro)

Juzgar una faena de forma equilibrada es muy complicado, entre otras cosas porque, además de tener que valorar muchas cosas a la vez (temple, ligazón, plástica, mando...), de las cuales algunas son subjetivas, también es fundamental -como destacan algunas citas de la cabecera de este blog- no solo fijarse en el comportamiento del toro, sino entenderlo.

Frente al largo y arduo camino, sin éxito garantizado, que habría que seguir para llegar a ese conocimiento, surge la idea sencilla, la tentación del atajo: fijarse solo en la colocación del torero. Un criterio que, pese a que se nos quiere vender como propio de entendidos, lo puede entender y aplicar cualquiera que vea una corrida de toros por primera vez. Es mera geometría.

Modestamente opino que lo de "el pico" y "la pierna de salida" obedece a un comprensible intento de simplificar lo complicado.

El que esa manera reduccionista y en sí misma contraria al concepto del toreo como arte (si lo es no se le debería intentar encorsetar en un criterio tan rígido) haya cuajado algunos lo atribuyen a una oleada de críticos que querían distinguirse por su "pureza" y "autenticidad" (Navalón, Vidal...). Estos a su vez lo habrían sacado de la famosa conferencia de Domingo Ortega en la que dijo que para torear hay que cargar la suerte.

Carezco de datos contrastados para saber si esta teoría es cierta, pero de serlo tendría su miga que el de Borox fuera la causa primera de la actitud que mantiene sobre este asunto un sector del público.

¿Porqué? Hace poco el autor de este blog reprodujo un comentario sobre la evolución del toreo desde los profetas Joselito y Belmonte hasta nuestros días, pasando por Chicuelo (el Juan Bautista que anunciaba al Mesías pero no lo era) y el propio Mesías, que no es otro que Manolete. ¿Cargaba la suerte Manolete? Desde luego, adelantando la pierna, no. Y Manolete barrió a Ortega, que según dicen toreaba como si José y Juan no hubieran existido...

¿De verdad es posible que al final, detrás de la incomprensión hacia la faena de Castella al Adolfo esté el desconcierto (o resentimiento) de un torero, excelente en su estilo, pero al que se le había parado el reloj con el Bomba?

En todo caso, aprovecho para declarar mi adhesión a lo que interpreto que son algunos de los principios de este blog: gusto y respeto por la variedad de estilos y escepticismo ante los dogmas que elevan a categoría de absoluto lo que son recursos técnicos concretos.

Y dejo para otro día una reflexión: ¿realmente como aficionados debemos estar tan preocupados por "juzgar"? Y no digo que no sea inevitable juzgar espontáneamente lo que se nos propone en cualquier espectáculo, pero ¿es adecuado que sea esa la actitud predominante?

¿Será verdad que en el Domingo ortega conferenciante esté el origen de la corriente "juzgadora" tan cara hoy al aficionado conspicuo?

miércoles, 1 de junio de 2016

Cuaderno de notas (LXXXV) ¡Qué venga otro...!


Natural de Sebastián Castella en la corrida de Adolfo Martín (Fotografía de Javier Arroyo)


"Qué venga otro y que toree los Adolfos así de despacio!

Declaraciones de Sebastíán Castella a Canal Plus (en la Corrida de Beneficencia. Madrid, 1 de junio de 2016)

martes, 31 de mayo de 2016

Madrid dice sí a la épica (pero ignora el buen toreo)

Por Clarito


Rafaelillo ¡Así se lidia! (Fotografía de Mundotoro)

Madrid se entusiasma con la épica.

Aunque históricamente en Madrid han triunfado toreros de todas las cuerdas, esta plaza ha reservado siempre su corazón para los toreros más valientes. El negro Frascuelo fue, en el XIX, el paradigma. Y es que, en Madrid, el toro fiero y el torero capaz de hacerle frente han causado siempre furor

Eso fue lo que pasó ayer en el cuarto toro de la corrida de Adolfo Martín. Un toro muy quedado, bronco, de medias arrancadas y agarrado al piso (toda la corrida, hasta los más nobles, sacaron este defecto), un toro muy difícil de torear al que Rafaelillo se enfrentó con un descaro y una frescura, como se decía antes, que encandiló al público venteño.

El de Murcial, desplegó, ante ese astado, un impresionante arsenal de recursos técnicos. El toro no tenía muchos pases (en mi opinión ¡no tenía ni uno!) y Rafaelillo supo hacerle una faena por la cara, valiente, muy emocionante, con medios pases, muy inteligente. Tiró de oficio para montar una faena impensable e imposible. Con la muleta retrasada (el cáncamo en el segundo muslo) y yendo siempre, de modo sistemático, a buscar el pitón contrario que era lo que pedía ese toro (y lo que pedía el público, porqué no decirlo), acabó sacando agua de un pozo que parecía vacío y sin fondo. 

Además, Rafaelillo supo escenificar muy bien la situación. Lo que gustó a la mayoría tanto como desagradó a algunos (muy pocos) aficionados. Hacen mal. El toreo no es sólo pases y estocadas, lidia y exposición, sino también un juego, un espectáculo donde la comunicación con el público es clave y, también en eso, estuvo sobresaliente el murciano, Quizás por eso, su faena ha transmitido tanto a los que estaban en la plaza y a algunos de los que estábamos en casa viendo la televisión. A mí me ha entusiasmado. ¡Viva la épica!

Rafaelillo, y es lo que importa, triunfó lidiando al modo heroic. aunque, pese a matar bien, no le dieron la oreja, . El presidente sabrá porqué. Yo, de los presidentes de Madrid, ya tengo hecha mi opinión.

Sencillamente, carecen de sensibilidad. No saben.

Castella ¡Asi se torea! (Fotografía de Javier Arroyo publicada en facebook)

El buen toreo parece que no gusta en Madrid

El éxito de Rafaelillo era lógico y explicable, por el tipo de toro, por el carácter del torero y por el planteamiento de la faena. Lógico y explicable en una plaza donde todavía se valora la lidia y se agradece ese toreo antiguo de lucha y riesgo que tanto nos gusta a nosotros. Empero, lo que pasó con Castella resulta sin embargo, inexplicable.

Intentemos explicarlo aunque el problema, para mí, no estuvo en el ruedo sino en la actitud de los espectadores.

Es cierto que Castella es un torero frío, muy frío, que no hace ninguna concesión al público, ningún gesto para la galería. Pero  no es menos cierto que ayer derrochó torería y buen gusto. Elegancia y ritmo. Soltar y recoger. Llevar y conducir. Torear. El mejor toreo posible, para más inri, con dos grises de esos que se dice que son fieras corrupias. Fieras corrupias menos cuando los torean las figuras. Los dos del lote de ayer de Castella, lo serían pero, si lo fueron, parecían dos babosas en sus manos. Cuando se torea con tanto valor, con tanta firmeza y con tanto sentido del toreo, los toros siempre parecen mejores de lo que son.

Fue una faena soñada. De ensueño. De leve juego de muñecas. De movimientos justos y precisos.

¡Que manera de torear!

Pese a ello, Castella tuvo a la plaza en contra. No era el ambiente frío de la indiferencia sino el ambiente crispado y descaradamente a la contra. Sus dos actuaciones fueron subrayadas por ese constante punteo de pitiditos, palmitas de tango y conatos de protestas que, en Madrid, jalonan siempre la actuación de los toreros punteros y subrayan su categoría. Torero al que, en Madrid no piten, no es figura del toreo.

Pero es algo difícil de comprender. Se pide que las figuras toreen corridas duras y cuando una figura lo hace, tiran a degüello. Si no está bien con esos toros, lo machacan pero si está bien, como estuvo Castella, también lo intentan destrozar.

¿No será que esos aficionados, temen que estos toreros pongan en evidencia a esas ganaderías y el mito que las sustenta?

Y es que Castella ha toreado a sus dos Adolfos con una firmeza y una tranquilidad enervante para algunos. Como si se trataran de dos toros domeqcsticados. Igual, igual. Lento, suave, templado. Un toreo muy caro.

¿O será que lo que, de verdad, gusta en esta plaza es que el torero ande a merced del toro y lo que irrita es que un torero esté por encima de ellos?

No lo sé. El caso, es que el público, no entró en la faena y Castella se dedicó (como confesaría en los micrófonos del plus) a torear para si mimo.

Una suerte para nosotros.


Dos conceptos del toreo

Público al margen, ayer, en Madrid, pudimos disfrutar del toreo en su máxima expresión. En toda la extensión de la palabra. Dos conceptos distintos y dos modos de torear distintos.

El toreo cambiado, de poderle al toro que se defiende, con el torero metiendo la pierna continuamente para robar los pases, en dura y emocionante pelea. Toreo para gustos fuertes.

Y el toreo en redondo, con el torero en su centro, respetando el viaje natural del toro, acariciando sus embestidas con desmayo y elegancia máximas. Un toreo para buenos paladares

El toreo es muy amplío, muy variado y muy grande. Por tanto, ¡viva el toreo!

¡Viva todo el toreo! ¡Todo!

Castella medita. Torear para uno mismo y con el público a la contra es más difícil que torear sólo contra el toro (Fotografía de Mundotoro)

jueves, 8 de octubre de 2015

La faena sublime de Paco Ureña

Por Jose Morente 
Del toreo clásico al natural: De frente y con el compás cerrado, cargando la suerte con los brazos y rematando detrás de la cadera (Foto de Javier Arroyo para Aplausos).

El toreo en nuestra época admite diferentes matices, escuelas y estilos. Si algo caracteriza al toreo moderno (igual que caracteriza a la pintura, literatura, escultura y música contemporáneas pues el toreo es cultura) es ese relativismo tan opuesto al dogmatismo de otras épocas pasadas.
 
Un buen ejemplo de esto que comento lo vimos el pasado domingo en Madrid con la faena de Paco Ureña al toro Murciano de Adolfo Martín.
 
Ureña pasó del natural clásico, citando de frente, a pies juntos y rematando detrás de la cadera al natural de hoy, encajado, con la muleta a rastras, llevando muy abajo, muy dominada y lo más lejos posible la bonancible embestida de ese gran toro de Adolfo Martín.


Al natural de hoy: Con el torero encajado, con el compás abierto, cargando la suerte con todo el cuerpo, con la muleta a rastras, con mucho mando y temple. Con la obsesión de alargar la embestida todavía un poquito más allá, lo más lejos posible (Fotografía de la web de Paco Ureña)


Sobre el toreo en redondo. El espejo de Ureña

Los toreros, todos los toreros, definen su estilo a partir de lo que ven en otros toreros. Hoy día el referente técnico de los toreros, de casi todos los toreros en ciernes, son el Juli y Miguel Ángel Perera.

Perera hace el toreo de hoy con un estilo carente quizás de estilo, de definición personal por lo perfecto y acabado. Perfecto y acabado en los trazos, en los movimientos y en la colocación.

De esas fuentes bebe el toreo de Paco Ureña quien se mira en ambos y, sobre todo y en lo formal, en Perera (no hay mejor espejo) para ejecutar el toreo, su toreo, con la entrega y abandono extremo que le caracterizan.


Perera y Ureña con toros de Adolfo Martín en Madrid

Perera y Ureña con toros de Adolfo Martín en Madrid

La faena sublime de Ureña
 
La faena de Ureña -sublime- tuvo el interés de unir dos estilos diferentes y dos conceptos diferentes en un mismo toro e interpretados por un mismo torero.

Una de las claves del éxito (y pienso que eso era lo que pedía el toro) fue el citar sin toques, echando las bambas de la muleta al hocico del toro para traerlo enganchado en los vuelillos de su muleta que el domingo fue de seda.

Pero lo que disparó la faena a la estratosfera, lo que marcó la diferencia, fue la entrega del torero de Murcia, dando todas las ventajas al toro y asumiendo, en todos los muletazos, el riesgo y el albur de su propio abandono. Eso es torear.

Hay muchas formas de torear, quizás tan magníficas como la de Ureña pero creo que pocas pueden ser más sublimes que las de esta faena del pasado domingo.

Y es que Ureña convirtió en entrega y abandono lo que en otros toreros es técnica y dominio. Esa fue la diferencia.

Eso fue lo que hizo sublime el toreo de Paco Ureña en Madrid


 


Nota: La comparativa fotográfica entre el toreo de Perera y el de Ureña se debe a Alberto Marcos Morante

lunes, 5 de octubre de 2015

Ureña y Murciano ponen broche de oro a una interesante Feria de Otoño

Por Clarito (Fotografías: Juan Pelegrín)

Ureña ante Murcianode Adolfo Martín, sexto toro de la tarde 


Los toros de Adolfo

Que en Madrid embistan los toros (que embistan bien, se entiende) no es fácil pues a esta plaza hay que venir con reses elegidas por tipo y hechuras lo que no siempre coincide con la nota y la reata. Como ya hemos dicho alguna vez, una cosa es el toro de las doce de la mañana (el del reconocimiento) y otra, el toro de las cinco de la tarde (el de la corrida).

Adolfo (en el mundillo taurino Adolfo es Adolfo Martín) envió ayer a Madrid una corrida elegida como para no pasar problemas en el reconocimiento. Y, lógicamente, no los pasó. Sus toros tuvieron trapío y presencia. Luego en la plaza, desarrollaron complicaciones y sentido, mucho sentido.
Los seis "grises"

Sin embargo, Adolfo está tocado este año (es su mejor año) por una varita mágica y todo le sale a pedir de boca. 

Que en Madrid salgan cuatro toros muy complicados no es malo, sino todo lo contrario pues ese es el gusto de esta plaza. Así fueron los cuatro primeros. Sólo salió un toro flojo, el quinto, cuando ya todo el mundo estaba encandilado con la corrida. Para colmo y remate salió un sexto bravo y, este sí, nobilísimo (noble no quiere decir bobo, que nadie se confunda).

Fue como si el orden de lidia lo hubiese preparado el propio ganadero como lo preparaban los ganaderos decimonónicos para garantizar el éxito de sus corridas.


Rafaelillo y la vieja lidia

Los cuatro primeros toros nos tuvieron en vilo, pendientes de todo lo que pasaba en el ruedo, Con matices de bravura, fueron cuatro toros complicados que desarrollaron sentido. Cuatro toros listos ante los que los diestros de la terna se plantaron con firmeza, solvencia y torería. En ningún momento los matadores volvieron la cara ni rehuyeron la pelea. 

Rafaelillo estuvo cumbre en el primero. Nos trajo aromas de otros tiempos con una faena de viejo cuño, sobre las piernas, doblándose con el toro e incluso, lo que en ese estilo de toro tiene máximo mérito, intentando estirarse con él en algunos momentos como quizás no se estiraban los toreros antiguos. Robando, literalmente, los muletazos. Mató muy bien tras un pinchazo. Faena de oreja que no se pidió.

Rafaelillo toreando por bajo. Aromas de viejas lidias

Menos opciones tuvo en el cuarto, al que recibió muy bien con el capote. Le brindó al público pero el toro se orientó muy pronto   Otra vez muy bien y muy torero el torero de Murcia,

El cuarto se orientó muy pronto pero Rafaelillo estuvo muy firme con él.

Sacando incluso muletazos de muy buen trazo

Robleño solvente

Lo de Robleño es una historia de continua mala suerte. Su primero (segundo de la tarde) fue el más peligroso de la corrida. Sólo matarlo sin volver la cara merece nota.


Un toro muy complicado y una estocada de las de verdad. Ayer se vieron muy buenas estocadas.
El quinto salió bravísimo o, mejor dicho encastadísimo. Tanto se empleó en el capote, con tanta fiereza y velocidad acometía los percales que, literalmente se desfondó casi de salida. Bravo y aparentemente noble se vencía en cada muletazo. Imposible el lucimiento. 

Otra estocada antológica

Ureña sueña el toreo

Lo de Ureña merece la pena contarlo en detalle para conocimiento de quienes no le vieron y para que perdure en la memoria de quienes estuvimos en la plaza.

Su primero fue uno de los toros complicados y con peligro de la corrida. Ureña le toreó de capote de forma magistral, con mucha hondura, en un palmo de terreno y sin enmendarse. Cante grande de compás abierto que tuvo sabor a Triana.

En la muleta, el de Lorca nos ofreció una de las versiones más desnudas y más verdaderas que es posible ver en una plaza. Sin apoyatura alguna, concediendo todas las ventajas al toro (quizás demasiadas pues el toreo es de suyo un arte defensivo) se entregó con desusado arrojo. Fue volteado aparatosamente, lo que no le importó demasiado pues volvió a la cara del toro con los mismos arrestos.Mató tras pinchazo recibiendo

Algunos aficionados le reprocharon que no diera más distancia al toro. Que lo ahogara. No comparto esa opinión (aunque en el toreo todo es opinable). Citando de lejos, hay más opciones para que el toro se venza hacia el cuerpo del torero si el toro es de sentido y el torero se pone en el sitio en el que se puso Ureña. Que se lo pregunten a Juan Belmonte puesto sobre corto trocaba cornadas por volteretas.


Ni las volteretas ni las complicaciones del tercero amilanaron a Ureña.

Pero lo grande llegaría en el último toro de la tarde (y de la Feria). El toro que se llamaba Murciano (curiosa coincidencia) tuvo nobleza y templanza y el torero puso templanza y buen gusto. Ureña entendió muy pronto que no había que tocarlo en el cite sino que bastaba echarla las bambas al hocico y traerlo enganchado a los vuelos de la muleta, sin brusquedades. Muy encajado en los primeros compases de la faena. Relajado y desmayado al final. 

Eso es el toreo. El toreo soñado.


Ureña en el sexto. Ora muy encajado ora muy desmayado
Del sueño nos despertó la estocada, Una estocada fulminante que llegó tras un pinchazo en lo alto y una envainada que hizo mucha guardia. Lástima. Si le mata a la primera hubiera explotado la plaza.

Gran tarde de toros y toreros, Los de Adolfo dentro del mejor año de este ganadero. Los toreros muy bien. Merecieron mejor suerte y más premio.

Sobre todo, eso, más premio. Los toreros merecieron más premio.



Los toreros aplauden a los aficionados. Todos en defensa de la Escuela de Tauromaquia de Madrid. En defensa de nuestra cultura

miércoles, 24 de junio de 2015

¿Qué es preferible?

Por Jose Morente



Toro de Daniel Ruiz lidiado ayer en Alicante


Los usos y abusos de los años 60 (años en los que se lidiaba habitualmente un toro de poca edad y poca cara) provocaron las demandas quizás justificadas de los años de la transición.

Sin embargo, la moda del toro grande que se impuso la plaza de Madrid a partir de los años 80 no solo trajo consigo la desaparición de algunos encastes (hoy llamados minoritarios) sino también una cierta preferencia o tendencia a primar la apariencia frente a la esencia.

Y, en efecto, hoy se tiende a poner el trapío del toro (a veces, muy mal entendido e interpretado) por encima de su comportamiento. Quizás porque es más fácil distinguir un toro grande de un toro chico que discernir sobre los infinitos matices que conforman la bravura.

Esa exigencia de un trapío a veces desmesurado y/o desproporcionado a las características de cada encaste y cada plaza hace que hoy se hile (y muy fino) en los reconocimientos veterinarios.

Esta bien la exigencia en ese sentido pero siempre que no olvidemos que tan importante es la presencia del toro en el reconocimiento matinal como su comportamiento en el ruedo por la tarde.

Y llegados a este punto, la pregunta-duda es razonable ¿Que es preferible? ¿El toro de las 12 (el del reconocimiento) o el toro de las 5 (el de la plaza)?

¿Que es preferible? ¿El toro que a algunos no les gusta en el reconocimiento (por ejemplo, el ejemplar de Daniel Ruiz cuya foto encabeza este post y que se lidió ayer en Alicante) pero que luego entusiasma al público en la plaza por la tarde? ¿O por el contrario, tenemos que optar por el toro que asusta en el reconocimiento (por ejemplo, el Adolfo de la foto que cierra el post lidiado hace un par de años en Daimiel) y que luego no tiene un pase ni un paso ni un aplauso en el ruedo?

Yo lo tengo claro.

Para mi, tan importantes son el trapío como el comportamiento. En ese sentido, me dan igual ganaderías y encastes.

Pero lo que también tengo claro, lo que NO quiero es que el toro de Madrid, las hechuras del toro de Madrid y el volumen del toro que se exige en la plaza de Madrid (lógicas por otra parte en ese plaza), se impongan en el resto de las plazas que no son Madrid.

Y es que uno empieza a estar cansado de quienes quieren imponer (por bemoles) un mismo toro en todas las plazas sean de la categoría que sean o sea, de quienes quieren convertir en un aburrimiento solemne lo que era un espectáculo vibrante y emocionante en los años 60. Un espectáculo vibrante gracias a los buenos toreros que había entonces pero, sobre todo, gracias al toro terciado y vareado pero con buenas hechuras que se lidiaba en aquella época. 

Que es el toro que normalmente embiste aunque no guste a algunos en los reconocimientos.


Toro de Adolfo lidiado en Daimiel hace un par de años.

Postdata: Hablo del volumen que se exige en Madrid..... a las ganaderías que no son del gusto de esa plaza porque a las ganaderías que son del gusto de Madrid, en Madrid le perdonan todo...hasta la falta de trapío. ¡Imparcialidad que le dicen!


martes, 31 de marzo de 2015

Mi “otra” fiesta

Por Jose Morente

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Fandiño. Una cita con la historia

La corrida del Domingo de Ramos.

Corridas como la del domingo ponen a prueba la mesura, prudencia, conocimiento y capacidad de ponderación de quien se atreve públicamente a opinar.

No es la crítica taurina, sea profesional o diletante, un oficio fácil pues, de entrada, exige una mente clara y limpia de prejuicios lo que, por desgracia, no suele abundar.

La crítica antigua seguía un modelo sencillo. El esquema pasaba por relatar primero, toro por toro, la corrida de forma casi estadística, con una mínima y sucinta descripción de la tarde y añadiendo para finalizar, pero en un apartado claramente diferenciado, la reflexión global y de detalle con la valoración de todo lo que de importancia hubiese acaecido.

1883-03-29 El Toreo 01

Portada del Toreo con la reseña de la corrida del 29 de marzo de 1883 (Cada número se publicaba al día siguiente de la corrida): Para empezar, nada de opiniones, apreciaciones, consideraciones o matizaciones sino un Cuadro resumen con los datos numéricos (objetivos) de la tarde.

Pero la información, que se procuraba lo más objetiva posible (tantas varas, tantos pares de banderillas, el número de muletazos, el de estocadas o el de intentos, señalando además sus características), iba por delante con objeto que el lector pudiese formar su propio criterio de lo que había dado de sí la corrida. Luego, el crítico podía dar su opinión personal y (necesariamente) subjetiva, de forma libre.

Desde hace muchos años, ese sencillo y práctico esquema se ha roto. La información se mezcla con la opinión que, muchas veces se antepone a aquella, lo que crea batiburrillo y confusión entre los lectores.

2015-03-30 El Mundo Cronica

Hoy la información empieza desde el título con la apreciación personal del crítico. Titular de la crónica de Zabala para el Mundo.

Queda distorsionada también la crítica actual, a veces, por las convicciones y banderías del cronista, que no sólo se intercalan entre la información sino que, a veces, la sustituyen. No se informa sino que se opina. En ocasiones, la crítica y el análisis derivan hacia la proclama cuando no al panfleto.

Como no podemos ni queremos dejar de hablar de esta corrida, vamos a intentar seguir el esquema clásico. Para que nos sirva de guión y para intentar evitar el error en el que tantos, quizás sin desearlo, caen. Empecemos pues por el relato de la corrida. Por lo que pasó en una plaza llena hasta la bandera.

Lo que pasó en el ruedo.

Sobre lo que pasó en el ruedo, hay bastante que contar aunque poco en realidad de verdadero interés. La corrida fue mala sin paliativos, tanto por el juego de los toros como por la escasa capacidad de respuesta del torero.

La decepción, enorme, estuvo a la altura de las enormes expectativas creadas. Pero en los toros, siempre se ve algo..

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Reseña de los toros de la encerrona

Por ejemplo, la nobleza de algunos de los toros. En concreto, el de Pablo Romero (a mí no me gusta llamar de otro modo a los toros de esta ganadería) que aunque se cayó en demasía, muy falto de fuerzas, fue un toro muy dócil y noble.

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Siempre el más bonito: El Pablo Romero (Fotografía de la web de la Empresa de las Ventas)

Tampoco le sobraron las fuerzas al toro de Adolfo, pero este tuvo una “clase extraordinaria con 15 muletazos por fuera a cámara lenta para llevárselo de la mano al Retiro de bueno y noble que era” (Paco Carmona dixit). Hubo muletazos buenos pero no surgió esa faena que hubiéramos deseado. A la altura del toro.

El tercero fue un Cebada bajito y con mucho sentido, con mirada torva y comportamiento innoble, siempre a la defensiva, que puso en apuros al torero pese a que le picaron a modo. Creo que ahí se le encogió el ánimo a Fandiño.

Pero donde el público se percató que la corrida no iba a ir ya para arriba fue en la muleta del cuarto toro, el de José Escolar. El único toro que se justificó en varas y, por tanto, el único que justificó ese “concurso encubierto” de ganaderías que formaba parte también del guión secreto de la corrida.

2 (Pureza y emoción)

El Escolar en varas (Fotografía de la web Pureza y emoción)

El de Escolar hizo una preciosa pelea en varas, arrancando con un galope suave y muy elegante al cite de Israel de Pedro que agarró el puyazo en todo lo alto, manejando muy bien caballo y palo. Se llevó la ovación de la tarde. Luego el toro se puso complicado y Fandiño se desfondó literalmente.

No obstante, faltaban aún por salir dos toros: El de Victorino que siempre es caballo ganador y el de Palha, uno de los que más había gustado a los aficionados antes de la corrida junto al Pablo Romero y del que se pensaba o decía que más podía embestir. Quedaba un rayito de esperanza.

El de Victorino embistió (los victorinos siempre lo hacen para bien o para mal) con el morro por los suelos, humillando mucho aunque me dio la sensación de que iba quedándose cada vez más corto (¿tobillero?). No pudimos comprobarlo pues se lesionó de una pata y ahí se acabó su lidia. En su lugar salió otro Adolfo de nombre Malagueño. Sin ser un barrabás, era demasiada tela a esas alturas de la tarde.

El de Palha fue lo contrario del primero. Si aquel fue el más guapo, este fue el más feo. Si aquel estaba escaso de fuerzas, a este le sobraron. Si aquel fue noble y dócil, este opositaba a marrajo. Le pegaron mucho en el caballo como le habían pegado al Cebada. Ni se enteró.

A Fandiño, le costó salir de tablas en todos los toros, no sólo en los lances de recibo sino incluso en la muleta. Algo que no se justificaba en tarde sin viento. Mal asunto esa falta de ánimo y de recursos en tarde de tanto compromiso.

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Fandiño se desfondó a partir del cuarto toro. La dureza del toreo es parte también de su grandeza.

Y ahora, ya podemos empezar con las apreciaciones.

El planteamiento de la corrida

La corrida la componen toro, torero y público. Sobre los toros ya hemos señalado el matiz de cuasi-concurso que traía la tarde. Maticemos el comentario.

Valorada como concurso, el simbólico premio debe considerarse, en puridad, desierto pues aunque vimos muchos matices y un toro bravo en el caballo, no hubo ningún toro completo, de bravura sostenida que justificase siquiera su inclusión en ese cartel. Fue corrida torista en los carteles pero no en la plaza salvo que entendamos que eso que vimos es el torismo. Si se hubiese tratado de una tarde cualquiera diría que la corrida tuvo cierto interés y variedad pero al entrar en competencia, el resultado no puede menos que calificarse como un absoluto fiasco ganadero.

Por parte del torero, lo importante es que su encerrona fue un éxito total de convocatoria. Cuestión distinta es el acierto en la elección del ganado (¡Esos veedores!) pero, discutible o no, y aunque ahora muchos hacen cábalas (a toro pasado) de que hubiera pasado si llegan a venir otros hierros, lo cierto es que en la elección de los que se vinieron (de esos y no otros) radicó gran parte del éxito dé asistencia.

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Con otros hierros la asistencia no hubiera sido la misma. Hubo un llenazo absoluto (Cartel y foto del paseíllo de la web de las Ventas)

Puestas así las cosas, hay que reconocer que el trago para Fandiño era de órdago y muy amargo pues, mientras nosotros felices y contentos preparábamos nuestro hatillo, comprábamos boletos y billetes y nos citábamos con nuestros amigos de Madrid y de fuera de Madrid para echar un gran día de toros, sólo Dios sabe lo que el torero debía estar pasando. Un verdadero quinario por lo arriesgado de su heroica apuesta pues no es moco de pavo encerrarse con los “pavos” anunciados. Conviene no olvidarlo.

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Que el público acuda en masa a determinadas corridas es normal. Los acontecimientos mediáticos tienen mucho tirón. Pero que el tirón lo tenga la primera corrida del año en la plaza de Madrid, en pleno mes de marzo, sin figuras en el cartel y con ganaderías de las “duras” no sólo no es lo habitual sino que debería poner a cavilar a más de un empresario.

Resulta evidente que la plaza esta vez no se llenó de “público que pasaba por allí” sino de verdaderos “aficionados”. Muchos de ellos muy jóvenes (dato importante) y en su mayoría toristas si es que las etiquetas tienen algún sentido. Fue la gran jornada del torismo.

Huesca aficionados

Mucho aficionado joven -entre la grey torista y no torista- venidos de todas partes (En la foto, tres buenos aficionados de Huesca). El toreo goza hoy, pese a lo que se dice, de buena salud y mucho futuro gracias a ellos.

La actitud del público en la plaza (los habituales más los adscritos venidos de todas partes) fue de dulce. Para mí, la que debería tener todas las tardes. Sin interferir en la lidia y respetando a toros y toreros. Al final se protestó el resultado es lógico pero sin acritud alguna. Se palpaba el respeto.

El respeto que merecía Fandiño y el respeto que merecen todos los que se visten de luces y todos los ganaderos que vienen a esta plaza. Un respeto que Madrid, siempre cicatera, sólo concede a quien le pete. La bula de la que tanto hablaba Vidal la disfrutaron ayer toros y torero.

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Sólo al final hubo protestas. Las lógicas aunque yo, personalmente, no hubiera sido capaz de pitarle. Pero durante la tarde el público estuvo expectante y respetuoso con el torero (Fotografía del Cultoro)

 

A que fuimos a Madrid

No conozco los motivos de los demás pero nosotros fuimos a Madrid para ver triunfar a Fandiño y fuimos también por el interés en ver el buen juego que podían dar los toros en competencia. Por desgracia, no hubo ni lo uno ni lo otro. Ni triunfó Fandiño ni dieron juego los toros.

Pero no pasa nada. De tardes malas está repleta la historia del toreo. Y aunque esta tarde fue muy mala, la ruina fue relativa, no total.

Fue relativa para Fandiño pues al de Orduña ya le llegarán (espero que pronto) otras oportunidades de reivindicarse y triunfar. Fue relativa para las ganaderías que lidiaron en Madrid el domingo pues son ya harto conocidas y están perfectamente definidas y catalogadas por los aficionados. Uno y otras no pierden demasiado o, mejor dicho, ni pierden ni ganan nada que no hayan perdido o ganado de antemano. Los espectadores tampoco perdemos tanto pues Madrid tiene las entradas muy baratas y ,sobre todo, pasamos un muy buen día hablando de toros que es lo que nos gusta.

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Es hora de “buscar la próxima batalla”. Para Fandiño, la guerra no está perdida ni mucho menos (Mini-comunicado del diestro en las redes sociales)

Una corrida con trasfondo

La encerrona presentaba además un curioso trasfondo. Debajo de lo evidente (la arriesgada apuesta de un torero de encerrarse en Madrid con 6 toros de ganaderías “duras”) subyacía otra curiosa e interesada lectura. La realizada por algunos aficionados para quienes esta corrida se presentaba como ejemplo modélico de “otra” fiesta posible. La fiesta del toro-toro y del torero héroe.

Un modelo que no se sostiene. Pero no porque la corrida resultase un absoluto fiasco (ya hemos dicho que eso es irrelevante) sino porque esos planteamientos radicalizados y tan excluyentes no resisten el más mínimo análisis objetivo.

Una cosa es proponer mejoras, reformas o ajustes razonables (¡Bienvenidos sean!) y otra negar una realidad que es el resultado de un proceso histórico complejo y costoso; negarla además tan sólo porque uno es incapaz de entenderla y valorarla.

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El toreo actual (incluso en sus peores tardes) es demasiado complejo como para simplificarlo y demasiado rico como para obligarnos a renunciar a todos sus mejores matices.

La “otra” fiesta (Por qué vamos a los toros)

La formulación de una fiesta alternativa y verdadera (la “otra” fiesta) frente a la fiesta actual, que se denuncia como falsa y mentirosa, es probablemente una falacia.

Es posible que exista “otra” Fiesta, pero no creo que sea esa que nos quieren vender o, mejor dicho, imponer. Esa “otra” fiesta, mi fiesta, es la fiesta de quienes vinimos a Madrid a apoyar a un valiente como Fandiño en su arriesgada y heroica apuesta (sólo anunciarse en ese cartel era ya una heroicidad) pero sin banderas ni ideologías ni ideólogos. Es la fiesta de quienes también estaremos en Málaga, el Sábado de Gloria, disfrutando con Morante, Juli, Perera y Talavante, ante toros de Jandilla y Daniel Ruiz, pero sin claveles ni gin-tonics sino atentos al mejor toreo posible.

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La heroicidad estaba en la misma apuesta. Sólo el hecho de anunciarse con esa corrida merece el reconocimiento y la gratitud de los aficionados (Fotografía de la web de la empresa de las Ventas)

Es la fiesta de quienes gozamos con el excelente toreo de muleta que hoy se estila resultado de un lento y complejo proceso de depuración histórica. Pero es también la fiesta de aquellos que nos interesamos y apasionamos con los restantes tercios de la lidia, con la lidia total, herencia y testimonio de un pasado al que no queremos renunciar pero al que tampoco queremos volver.

Es la fiesta de aquellos a los que nos enamora y seduce la enclasada embestida en la muleta de un toro bravo y noble  y es la fiesta de quienes también nos emocionamos y levantamos de nuestros asientos ante la fuerte arrancada  de un toro fiero y bravo contra el caballo del picador.

Es una fiesta, mi fiesta, que no pretende restar sino sumar. Que no pretende excluir sino integrar. Integrar a todos.

(Pensándolo bien, creo que ese sería el verdadero y más legítimo integrismo)

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De Madrid a Málaga. Las dos fiestas que integran mi “otra” fiesta.

sábado, 28 de marzo de 2015

Relatividad de un toro de Adolfo

Por Jose Morente

Einstein Teoria de la relatividad (III)

La Teoría de la Relatividad  fue formulada por Albert Einstein a principios del pasado siglo (1905 y 1915). Años después encontraría su aplicación al Planeta de los Toros con la publicación por Luís Fernández Salcedo en 1948 de su libro “Tres ensayos de Relatividad Taurina”. Sin embargo, todavía hoy y pese al tiempo transcurrido y a la innata complejidad del toreo, se siguen manejando, en este mundillo, demasiadas verdades absolutas, demasiados dogmas y demasiados tópicos.

 

En 1974, Don Luis Fernández Salcedo publicaba en el Ruedo un sustancioso articulo (como todos los suyos) al que titulaba “La verdad relativa del retrato de un toro”.

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El encabezamiento del artículo de Fernández Salcedo en el Ruedo del día 29 de enero de 1974.

Planteaba don Luís en su artículo –creo que por última vez en su trayectoria como escritor- un tema que había sido recurrente a lo largo de toda su obra: La relatividad en el toreo. En este caso, centrado en el tamaño del toro y en la imposibilidad de juzgar sobre su trapío a partir de una simple fotografía.

Como prueba, aportaba dos curiosas fotos de un mismo toro: El Gamito, de los Herederos de Don Vicente Martínez, o sea de la ganadería familiar. Un toro que había sido premiado en la Corrida Concurso celebrada en Madrid en 1911, aquella en que la que, por vez primera, se valoraba la bravura del toro en todos los tercios.

En la primera imagen (muy famosa y difundida) del toro Gamito, don Luís explicaba que, por estar hecha la foto desde arriba, el toro aparentaba una edad de cuatro años y un peso de sólo 25 arrobas.

1974-01-29 (p. ER) Relatividad Gamito A

 

Sin embargo, en la segunda imagen, el toro ya representaba los cinco años y las 30 arrobas que, en realidad y según nuestro admirado autor, tenía.

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Aunque don Luís siempre decía que de muestra bastaba un botón, en este caso creyó oportuno “coser dos” por lo que, en el artículo citado, incluía también otras dos fotos de otro toro de su misma ganadería familiar. Esta vez el elegido se llamaba “Baratillo” y había sido lidiado por Villalta en San Sebastián.

En la primera de las dos fotos, Baratillo parece un cuatreño. Quizás porque Baldomero (el fotógrafo) lo ha captado en movimiento y con la cabeza levantada.

1974-01-29 (p. ER) Relatividad Baratillo A

En la segunda por el contrario y aunque hecha en el mismo encerradero y sólo momentos después de la anterior, el toro aparenta según decía Fernández Salcedo en el Ruedo, los 6 años y 7 yerbas que tenía.

Curiosamente cuando don Luís incluyó esa misma foto en otro libro suyo (“El toro bravo” publicado unos cuantos años antes) le atribuía al toro sólo cinco años de edad. Otro ejemplo de relatividad taurina, aunque este de índole literaria.

1974-01-29 (p. ER) Relatividad Baratillo B

 

Addenda fandiñista

Aunque, podríamos traer a colación muchos otros ejemplos para corroborar las tesis relativistas de Salcedo que compartimos plenamente, me ha parecido interesante traer a estas páginas al toro Malagueño de Adolfo Martín que, si el tiempo no lo impide (que parece que no lo impedirá), será el toro de esa ganadería que lidiará Iván Fandiño en su encerrona de mañana, Domingo de Ramos, en la plaza de las Ventas, en valiente y arriesgada apuesta.

El caso es que Malagueño, nº 14, viene a Madrid sustituyendo a otro toro de la misma ganadería inutilizado en el campo, Bordador, nº 80, un clásico cornipaso de Adolfo.

Este es Bordador, nº 80

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Dicho sea… “de paso”, conviene aclarar que,personalmente, no me gustan para nada esas encornudas tan abiertas, vueltas y feotas pues parecen más adecuadas para otras épocas cuando los toros se criaban para destripar caballos. No obstante, aceptémoslas en aras a la variedad de fenotipos.

El toro sustituto, Malagueño, es también bastante cornalón pero mejor puesto de cuerna. Le vemos aquí, en el campo, en una fotografía que ha sido publicada en el blog Pureza y Emoción.

Aquí está Malagueño, nº 14

Pureza y emocion inutilizado el Adolfo

El toro de Adolfo posando en el campo, parado y con la cámara a su misma altura

Lo curioso y lo interesante, es que en la foto que se ha difundido por Internet del toro Malagueño en lo corrales, es esta otra. Un toro este que se parece como un huevo a una castaña al fotografiado en el campo.

Supuesta foto de Malagueño en los corrales. ¿Malagueño?

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El toro de Adolfo en el reconocimiento veterinario, la cámara algo más elevada y el toro iniciando una arrancada lo que, unido a su tono más claro de pelaje, hace que nos parezca otro ¿O lo es?

Para esa diferencia caben varias explicaciones. La primera, es que el toro enviado finalmente por Adolfo a las Ventas, no haya sido el Malagueño inicialmente seleccionado y fotografiado en el campo. Esta primera opción no es nada probable pues la Prensa informa que el toro que se lidiará es efectivamente, Malagueño. No otro.

2015-03-27 (p. EP) Los toros de la encerrona

Otra opción, es que realmente se trate de otro toro. Podría ser, por ejemplo, el sobrero de la misma ganadería preparado para esta corrida. En ese caso, se habría producido un error por parte de la empresa al colgar la foto en su web. Esta opción es la más probable.

Pero cabe también una tercera (aunque remota) posibilidad: Que se trate del mismo toro. En este caso (harto improbable pues varía hasta el tono del pelaje cárdeno), nos encontraríamos ante un ejemplo más de esa relatividad taurina que tanto encandilaba a Fernández Salcedo (y también a mí) y tendríamos, igual que ocurría con los toros de Martínez, Gamito y Baratillo, dos fotografías muy diferentes de un mismo toro.

La solución, la tendremos, en la plaza de las  Ventas, el Domingo de Ramos.