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sábado, 5 de agosto de 2023

Victorino Martín García

(Texto de Jose Morente, leído en los Jardines del Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Málaga la noche del 3 de agosto para la Presentación de Victorino Martín García, Pregonero de la Feria Taurina de Málaga de 2023)

Victorino Martín García (Foto: Maurice Berho)

Si todos los elementos de la fiesta (Toro, torero y público) son importantes, está claro que el toro es el elemento fundamental

El toro de la carretera

El toro bravo, aunque animal es un producto artificial, fruto de una selección lenta y cuyos resultados tardan años en verse. El ganadero tiene que conseguir un toro bravo para el gusto de cada época, mezclando diferentes ingredientes a veces contrapuestos. La humillación, la fijeza, la entrega, la nobleza, la casta, la repetición, la duración, etc. Un conjunto al que llamamos bravura. Es una labor compleja fiada a las leyes de la herencia, a las leyes de Mendel que, en tocante a comportamiento, están lejos de las matemáticas. Por eso los ganaderos son verdaderos "alquimistas de la bravura".


Ganaderos míticos

Entre los ganaderos, hay nombres míticos que ya son historia. Recordemos algunos de ellos. 

Carriquiri, el de toros navarros, pequeños y picantes como guindillas 

Nazario Carriquiri (Cuadro del Museo del Romanticismo de Madrid)
"Si te llegara a coger/un toro de don Nazario/ de poco te iban a valer/médico ni boticario!)

El conde de Vistahermosa, el ganadero de la ganadería madre de todas las ganaderías.

El palacio de los Condes de Vistahermosa, actual sede del Ayuntamiento de Utrera (Fuente: Wikipedia)

La viuda de Concha y Sierra, doña Celsa Fontfrede, una de las Suripantas, ante cuya casa sevillana se descubría al pasar Juan Belmonte, en homenaje a ese toro que le echó en Madrid y que le permitió pegarle un baño a Joselito y a Gaona

Celsa Fontfrede en una foto de juventud poco conocida. Llegó a Sevilla como "bicycle ryder" junto a Natalia Brambatti. Celsa se casó con Fernando de la Concha y Sierra, de quien enviudó, pero fue amante del Espartero (Foto: Tierras Taurinas Opus 24)

Pablo Romero, ganadería tan querida en Málaga y cuyo ganadero, don Felipe Pablo-Romero y Llorente, trataba a Gallito como un hijo... ¡hasta el día que le dijo que quería casarse con su hija Guadalupe!

Felipe de Pablo-Romero Llorente, el ganadero de los toros más guapos (después del cruce con Saltillo, claro) 

Miura, con 175 años de historia y leyenda... en manos siempre de la misma familia

Don Eduardo Miura Fernandez, el ganadero de las patillas (Fotografía publicada en Nuevo Mundo

El Conde la Corte (o debería decir mejor el marqués de Tamarón), la ganadería simiente de tantas ganaderías.

Manuel Mora-Figueroa, tan aficionado como su hermano Ramón Mora-Figueroa (VII Marqués de Tamarón y creador del encaste que es hoy, vía Conde la Corte-Juan Pedro, universal) banderillea en la Maestranza junto a Manolete (Fuente; El Ruedo). 

Saltillo

Hablando de simientes, hay una ganadería del siglo XIX que tiene una relevancia especial en la historia de la Fiesta. Es la ganadería del Marqués de Saltillo quien la fundó en 1854. Ganadería de toros bravos, aunque criticada por los radicales de la época por ser la preferida de Guerrita (las monas de Saltillo decían los integristas de entonces). 

Antonio Rueda y Quintanilla. Marqués de Saltillo y fundador de la ganadería (Fuente: Tierras Taurinas. Opus 2)

Un detalle de bravura: En época de caballos sin peto, cuando era dificil picarlos, de los toros de Saltillo se decía que se venían arriba cuando la sangre les llegaba a la pezuña.

Otro detalle de bravura: Esa embestida al paso y humillando, tan característica del toro mexicano, y que viene de las vacas de Saltillo que Bombita llevó a México.

A principios de siglo, el conde de Santa Coloma, cansado de la excesiva nobleza de sus toros, decide cruzar sus reses ibarreñas (bravas, nobles y galopadoras) con toros de Saltillo. Como se suele decir se le fue la mano. La mezcla fue tan explosiva que Santa Coloma le endosó la parte más picante de su ganadería, la más asaltillada, a su hermano el marqués de Albaserrada (No confundir con el actual Albaserrada, ganaderia de encaste bien diferente). Un toro del marqués, Barrenero, el día del debut de la ganadería en Madrid (1919), fue causa de una gran debacle de Gaona y de su posterior retirada de los ruedos españoles.

En el centro sentado, el Conde de Santa Coloma, a la izquierda, el Marqués de Albaserrada, junto a dos de sus hermanos (Fuente: Tierras Taurinas. Opus 3)

El caso es que tras varias vicisitudes y varias manos (Jose Bueno-Juliana Calvo-sus sobrinos los herederos de Escudero Calvo), a principios de los 60 y con la ganadería totalmente perdida y desperdigada, pero siempre con un importante fondo de casta latente, la va a ir comprando por lotes o hatos Victorino Martín Andrés quien, con no pocos esfuerzos, consigue reflotarla y colocarla en primera línea. 

Victorino Martín Andrés (Fuente: web de la ganadería)

No voy a contar su historia que todos conocemos, pero tal es su importancia en la Fiesta que el nombre de Victorino Martín Andrés y su ganadería (los Victorinos) puede ponerse a la altura y parangonarse con cualquiera de las ganaderías míticas que hemos nombrado antes.

Victorino Martín Andrés, ganadero mítico, junto al mayoral de la ganadería, y los toreros (Ruiz Miguel, Esplá y Palomar) da la vuelta al ruedo de las Ventas en la corrida del siglo (Fuente: Página web de la ganaderia)

Victorino Martín García

Victorino Martín García, nuestro pregonero, nace en Madrid en 1961, hijo del ganadero Victorino Martín Andrés. Desde muy temprana edad (10 años), decide hacerse torero debutando como becerrista en septiembre de 1978 en un festival celebrado en Alcaraz (Albacete). En el 82 debuta como novillero en Logroño, con novillos de Hernández Pla. Y con picadores en Nimes, en abril de 1983, con reses de José Luis Sánchez junto al portugués Tino Lopes y Luis Miguel Campuzano. Torea ocho novilladas en las dos temporadas siguientes, entre ellas un festejo dentro de la Feria de Fallas de Valencia (Cebada Gago) y Castellón (Cortijoliva). Se retira en Calahorra con Jaime Malaver y Gallito de Alfaro. y novillos de Camaligera.

Victorino Martín García, noviellero (Fuente: web de la ganadería)

Estudiante de Veterinaria en la Complutense de Madrid, se licencia en 1987, y trabaja como veterinario interino de la Consejería de Sanidad de la Junta de Extremadura hasta 1993.

Fue en esa época cuando inicia su faceta como ganadero de toros bravos en la ganadería familiar, ayudando a su padre al que consideraba, según sus propias palabras "maestro, espejo y referente"

Victorino, padre e hijo, en las Tiesas (Fuente: web de la ganadería)

Tras la muerte en 2017 del fundador del hierro, Victorino hijo asumirá la dirección de la ganadería junto a sus hijas Pilar y Miriam, regentándola hasta la actualidad.

Ese mismo año 2017 asumió la presidencia de la Fundación del Toro de Lidia, compareciendo en la Comisión de Cultura y Deportes del Senado donde explicó de manera brillante las nefastas consecuencias del animalismo en la cultura occidental.

Victorino Martín en el Senado (Fuente: Aplausos)

Polifacético ha sido también autor de un libro sobre su ganadería y apoderado de algunos diestros, como José Tomás (conjuntamente con Antonio Corbacho), Miguel Abellán o el colombiano y amigo Luis Bolívar.

Victorino por Victorino (Espasa Calpe)

Victorino hijo, un ganadero excepcional

Por lo que respecta a su papel como ganadero, tras la muerte de su padre muchos agoreros presagiaban el fracaso y decadencia de los “Victorinos”. Nada más lejos de la realidad pues gracias a su buen hacer y su criterio ganadero su ganadería está en alza

Sin ir más lejos, este mismo año en Sevilla un excepcional toro suyo, Patatero, de embestida mexicana al ralentí, permitió a Manolo Escribano, demostrar su capacidad y su valor (hay que tener mucho valor para no dudar cuando el toro pasa tan despacio que parece que se va a parar -o que se para como hizo Patatero- y seguir el muletazo). Por cierto, Escribano fue quien indultó también en Sevilla en 2016 al famoso Cobradiezmos, padre de una larga camada de toros bravos, Patatero incluido (émulo por tanto de aquel histórico Diano de Ibarra que hizo la ganadería de Vicente Martínez) y al que Escribano lució con sapiencia y conocimiento. 

Escribano y Cobradiezmos

Para el que guste, no la alimaña (¡Vade retro, satanás!) sino el toro bravo y muy encastado, ahí tiene la corrida de Madrid de este año. Una corrida para toreros valientes y entregados, Emilio de Justo y Ureña lo fueron. Una corrida para esa épica tan del gusto de la plaza madrileña.

Paco Ureña en Madrid ante un toro de Victorino. Una tarde para la épica (Fuente Mundotoro)
Se trata por tanto de una ganadería con abanico excepcional que va desde el toro bravo, pero nobilísimo hasta el toro bravo, pero encastadísimo. Esa es la ganadería de nuestro pregonero.

Por todo ello, es para mí un verdadero placer y un honor presentarles esta noche a don Victorino Martín García, hijo de un ganadero mítico y el mismo excepcional ganadero de toros bravos (… ¡pero bravos de verdad!) y, esta noche, pregonero de nuestra feria taurina de Málaga de 2023. 

Don Victorino, tiene usted la palabra

Victorino Martín García, pregonero de la feria taurina de Málaga de 2023

Nota final: El Pregón taurino de la Feria de Málaga va ya por su edición XXIX gracias al tesón, esfuerzo y trabajo de Juan Manuel Pozo Torres, con quien los aficionados a los toros estaremos siempre en deuda. Quede aquí constancia pública.

No

miércoles, 14 de agosto de 2019

Cuaderno de notas (CXXXVI) El duelo de los cuñados

Por Antonio M. Romero

Luis Miguel y Ordoñez. Frente a frente


Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez protagonizaron un histórico mano a mano en 1959, que Ernest Hemingway plasmó en uno de sus libros

«Fue una de las mejores corridas que he visto; Luis Miguel y Ordóñez actuaron como si fuese lo más serio de su vida». Así se expresa el escritor estadounidense Ernest Hemingway en su obra 'El verano peligroso' y resume uno de los acontecimientos taurinos más destacados que ha visto La Malagueta en sus 142 años de historia: el mano a mano entre dos de las grandes figuras del toreo, los cuñados Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez. La efeméride tuvo lugar en Málaga el 14 de agosto de 1959.



No fue la única vez que ambos se batieron en duelo sobre la arena de una plaza en aquel año. Antes lo hicieron en Valencia y Zaragoza, donde comenzó un enfrentamiento que luego se repetiría en cosos como los de Ciudad Real y San Sebastián, entre otras plazas. Testigo de excepción de aquella temporada fue Hemingway. Su biógrafo, Andrés Arenas, recordó hace unos años en una charla en Málaga que el escritor «planteó ese verano como una lucha a muerte entre los dos, con una visión para los 'guiris' americanos de que Dominguín y Ordóñez iban a morir en el ruedo para ver quién cogía el número uno. Era una visión un poco de ficción, porque no olvidemos que los dos toreros eran cuñados». Efectivamente, el rondeño se casó con una hermana de Dominguín, Carmen, el 19 de octubre de 1953.

La corrida de Málaga estaba incluida dentro de la feria para el 8 de agosto. Sin embargo, las cogidas que sufrieron Luis Miguel Dominguín, en Valencia, y Antonio Ordóñez, en Palma de Mallorca, obligaron a aplazar el esperado mano a mano. Éste se celebró fuera del ciclo, en una corrida benéfica extraordinaria organizada por la Diputación Provincial.


Ese aplazamiento no hizo más que acrecentar la expectación que ya habían levantado los dos toreros. Fotografías y testimonios de aquella tarde evidencian que en el coso del paseo de Reding, y a pesar del fuerte calor, no cabía un alfiler. Había, incluso, espectadores colgados de las columnas de los pisos superiores de la plaza. Los tendidos numerados se llenaron casi una hora antes del inicio del festejo, que fue a las 18.15 horas. Y mucho antes, las localidades no numeradas. Nadie quería perderse tan magno acontecimiento.




«¡Al fin solos! Al fin hemos visto, solos, a Luis Miguel y Antonio Ordóñez, tras una esperanza que se nos hacía demasiado larga y casi interminable. ¡Al fin solos! Es la palabra que precede a la luna de miel, la nuestra, la de los millares de aficionados, que llenaron ayer tarde el circo de La Malagueta». De esta manera empezaba su crónica Juan de Málaga, histórico crítico taurino de SUR.

Vuelta al ruedo de los dos toreros con el ganadero Juan Pedro Domecq


Hoy cuando se cumplen exactamente 60 años desde aquella inolvidable tarde, no está de más recordarla de la mano de mi amigo Antonio Montilla, en este artículo publicado en el Diario Sur el domingo, 10 junio 2018 en la sección Historias de la Malagueta

martes, 21 de agosto de 2018

Saúl Jiménez Fortes. Lo de Málaga no fue un sueño

Por Jose Morente

El toreo en máxima quietud. Saúl Jiménez Fortes en la Malagueta

El pasado 17 de agosto, Saúl Jiménez Fortes desplegó en la Malagueta el mejor toreo posible, por pureza, por entrega, por suavidad y por verdad. A quienes andan todavía preguntándose qué es torear, Saúl les dio cumplida respuesta. Torear es lo que hizo Saúl Jiménez Fortes en Málaga ante dos buenos toros de Cuvillo el pasado viernes. En el toreo de muleta, estuvo cumbre. En el toreo de capote, sublime.

Hablemos de su capote. La clave de su toreo de capa (de todo su toreo, de todo el buen toreo) está en el valor. Y es que se necesita mucho valor para esperar tan parado la embestida del toro y pasárselo por la barriga tan, tan, tan despacio, con tanta suavidad como temple. Sin embargo, resulta evidente que, para torear así, no basta con el valor sino que se precisa un gran conocimiento de las suertes. Al toro hay que llevarlo toreado, muy toreado.

Con el capote, por ejemplo, esto que decimos no es nada fácil de conseguir. Con el capote al toro que no trae inercia, no se le puede pulsear como se le pulsea en el toreo de muleta. Decimos que no se puede, aunque después de ver a Fortes en Málaga, tendremos que poner en duda el aserto pues derrochó suavidad, temple y mando en el manejo de la capa en ambos toros en el bravo y agresivo segundo y, sobre todo, en el manso y parado quinto.

Pero la nota final y definitiva del toreo de Fortes la pone su naturalidad. La naturalidad en el toreo de Fortes, y en el de todos los grandes toreros de su misma cuerda, viene de la mano de la economía de movimientos, de despojar al toreo de cualquier gesto superfluo, de cualquier movimiento innecesario. Lo que puede hacer una articulación menor -los dedos, la muñeca- no es bueno que lo hagan la cadera o las piernas.

El que se tiene que mover, eso Belmonte lo tenía muy claro, es el toro no el torero. El toreo así practicado suave, templado, lentísimo, con un toro en agresivo movimiento en contraste con un torero en máxima quietud, adquiere un aura de irrealidad, de algo lejano e imposible. Se convierte en un sueño

Pero lo de Málaga no fue un sueño. Aquí está la prueba.

jueves, 29 de marzo de 2018

Saeta por colombianas al Cristo de la Buena Muerte

Por Jose Morente


Traslado del Cristo de la Buena Muerte a brazos de legionarios un Jueves Santo en Málaga.
Lo habitual en la Semana Santa es cantarle a Cristos y Vírgenes por saetas. Esa saeta flamenca derivada de las antiguas saetas de Pasión y que normalmente se deslizan por sones de seguiriyas gitanas rematadas en algunos casos por martinetes o carceleras.

Como siempre hay excepciones, en 1995 un cabo de la Legión española, el cabo Luís Muñoz Torres (conocido como Luis de Alicante) tuvo la feliz ocurrencia de cantarle al Cristo de la Buena Muerte en la Semana Santa malagueña, una colombiana compuesta expresamente para la ocasión y cuya letra es la siguiente:

Cristo de la Buena Muerte, ídolo del legionario
Con orgullo te llevamos, porque a hombros te cantamos
Por las calles malagueñas, por las calles malagueñas
Ay, desfilar a paso ordinario

Cuando suenan los tambores, desfilar a paso lento
Cuando suenan los tambores, desfilar a paso lento
La sangre del legionario que le corre por las venas
Como novio de la muerte, como novio de la muerte
Ay, ya no habrá quien nos detenga.

Málaga Semana Santa, la Legión está presente
Málaga Semana Santa, la Legión está presente
Porque pone el corazón, una fuerza y un coraje
Caballero Legionario, Caballero Legionario,
Ay Señor Novio de la Muerte.

La idea de utilizar el cante por colombianas tiene su aquel. La colombiana, cante flamenco encuadrado en el grupo de los denominados "cantes de ida y vuelta" es, en realidad, una original creación de ese genio del cante que se llamó Pepe Marchena. Nada mejor que un cante tan genial para una idea original.

Pepe Marchena grabó por vez primera su colombiana en un disco de la casa Gramófono de 1931, cantando a dúo con el Niño de la Flor y acompañados a la guitarra por Rafael Nogales. En la grabación se escucha a Marchena decir al guitarrista: ¡Es la primera vez que impresionamos la colombiana!
Lo de cantar por colombianas a una imagen religiosa no es nuevo. Ya la Niña de los Peines cantó por colombianas al Señor del Gran Poder en un disco de 1932 o sea, en plena República:

Al Señor del Gran Poder
le alumbran cuatro faroles
Y a mi me están alumbrado
tus ojitos que eran dos soles
Y al Señor del Gran Poder
le alumbran cuatro faroles

Pero muy diferente  es que un flamenco/a cante por colombianas a un Cristo o a una Virgen a que sea un militar el que se lance a cantar flamenco en medio de un desfile procesional. La osadía implicaba arriesgar el merecido arresto. Sin embargo, según cuentan, ante el éxito logrado con su cante, el cabo legionario se encontró al volver al acuartelamiento, que, en lugar de ser reprendido por haberse saltado una orden, era premiado con unas merecidas vacaciones. 

Había nacido un nuevo himno legionario. Un saeta flamenco al Cristo de la Buena Muerte... por colombianas. Un cante que todavía hoy, casi un cuarto de siglo después, se sigue interpretando en las calles malagueñas y en las de otras ciudades españolas. 

La vinculación de la Legión y otras fuerzas militares con la Semana Santa malagueña es proverbial y llega a nuestros días pese a que, en los últimos tiempos, corren aires diferentes y es que, desde hace varias décadas, algunas voces propugnan expulsar a los militares de las procesiones de Semana Santa. 

La ideología de la pseudo progresía de nuestros días se basa en la simplista teoría de que hay que excluir lo que no gusta o dicho eufemísticamente "separar los espacios", tal y como le espetara hace un par de años la alcaldesa de Barcelona Ada Colau a los militares participantes en el Salón de la Enseñanza (Este es el artículo del Mundo donde se daba la noticia con vídeo incluido). La postura de la Colau no se sostiene como muy bien explicaba Javier Marías en un brillante artículo publicado en el País Semanal que pueden leer aquí.

Ada Colau en el Salón de la Enseñanza de Barcelona indicando a los militares que sería "preferible"  que no participaran en la muestra por la necesidad de "separar espacios" (¿?)
Muy diferente a la ideología separatista, en todos los órdenes, es lo que se piensa y se vive en nuestra tierra. Y es que, Málaga ha sido lugar de paso de los efectivos militares que iban a África y de acogida a los heridos que volvían pero, sobre todo, ha sido lugar de paso de diversas culturas y pueblos desde la época de los fenicios. Por eso, Málaga y la Semana Santa malagueña son un ejemplo magnífico de convivencia no excluyente. Aquí cabemos todos.

Embarque de soldados en el puerto de Málaga rumbo a Melilla (publicado en Nuevo Mundo el  12 de octubre de 1911)
Vamos a escuchar esa colombiana en boca del cabo Luis Muñoz Torres, en una grabación televisiva de 1995. Posiblemente, la primera vez que se interpretó esa peculiar "saeta" en las calles malagueñas.


viernes, 18 de agosto de 2017

De la épica a la estética

Por Clarito

Final de la tarde de ayer. Apoteósica vuelta al ruedo de los protagonistas del espectaculo Crisol (Foto: Alex Zea-La Opinión de Málaga)

Medio recuperado de la impactante tarde de toreo puro y fundamental de Saúl Jiménez Fortes y, mientras el torero convalece de su cogida, nos topamos con el espectáculo Crisol, pasando -como me decía Jose Morente- sin solución de continuidad, sin cámara de descompresión, de la épica a la estética, del toreo seco, valiente y entregado de Saúl al toreo elegante y estético de Enrique Ponce. De la verdad desnuda del toreo al toreo en envoltorio de lujo. Del drama al espéctaculo. Demasiadas emociones para vividas sólo en veinticuatro horas.

La de antesdeayer quedará en el recuerdo de muy pocos pues la plaza estaba casi vacía. Muy pocos aficionados que, además en su mayoría, no quisieron o no supieron -ellos sabrán- valorar lo que Jiménez Fortes les estaba regalando. La plaza de la Malagueta, su público, su banda de música, su presidenta se mostraron toda la tarde secos, duros, ariscos y exigentes sin justificación con el torero malagueño. Como dijo, con total acierto una voz del tendido: ¡Fortes en tu pueblo no te quieren

La airada reacción de los espectadores ante ese grito prueba que el vociferante puso el dedo en la llaga pues constataba dos hechos. Primero, el desapego de la plaza, el público, la banda y la presidenta hacia el torero de la tierra y, segundo, la falta de categoría de esta plaza. Y es que, las categorías no se adquieren por imposición administrativa sino demostrando la plaza, el público, la banda y la presidenta- rigor, conocimiento y sensibilidad hacia el buen toreo. No los hubo.

Una tarde pues de sensaciones contrapuestas entre la emoción de lo que hizo Fortes en el ruedo y la tristeza que produce la escasa respuesta que obtiene quien -como él- clama en el desierto. Fortes fue profeta de un mensaje no atendido ni entendido. Nadie es profeta en su tierra.

Espectáculo Crisol

Al día siguiente, cambio total de decoración. De la plaza casi vacía a la plaza casi llena. De la sequedad del que espera atento el menor fallo a la actitud amable del que acude ilusionado esperando el milagro. Y el milagro, llegó.

No voy a contar la corrida. No voy a entrar en analizar ni valorar faenas, indultos y demás historias. Ahí está para quien quiera verla pues se retransmitía por televisión. Baste decir que fue algo diferente, algo más, que una corrida de toros. La superposición de toros y música añade un plus al espectáculo. Un espectáculo que, hoy por hoy, sestea anclado en el pasado. No sé, no puedo saber pues no soy adivino, si esta es la solución a algunos de los graves problemas que arrastra la fiesta. Personalmente, pienso que no pues el espectáculo de ayer magnífico como tal espéctaculo se me antoja excepcional, único y difícilmente repetible. Por otro lado,  las causas de los problemas de la fiesta son estructurales, del propio sistema. Pero lo que tengo claro, es que el formato tradicional está caduco pues no sabemos venderlo y cada vez interesa menos a menos gente. 

El toreo necesita urgentemente una puesta en escena diferente que acentúe sus valores estéticos y culturales, aquellos más cercanos a la sensibilidad de los públicos actuales, sin renunciar por ello a su riesgo y emoción, a sus valores éticos más profundos. Globalizar e imponer el modelo francés -tan querido por algunos- podrá valer para Francia y el norte de España, donde siempre se ha estimado más la lucha que el arte pero no es la solución perfecta. Lo que la gente quiere, con lo que vibra -de Despeñaperros para abajo, al menos- es con el buen toreo. Toreo, no trabajo ni pelea o lucha. Eso se vió ayer.

La música puede subrayar los aspectos amables de la corrida pero sobre todo puede atraer un público nuevo a los tendidos. Algo totalmente necesario. Necesario lo de atraer un público nuevo, no la música. Y es que, lo llevamos diciendo hace mucho tiempo, la fiesta necesita el calor del público. Toro y torero en el ruedo necesitan, como agua de mayo, espectadores en los tendidos que se emocionen aplaudan o protesten. Sin público en los tendidos, el espectáculo -magnífico- no tiene ningún sentido. Y digo público y no aficionados porque los aficionados además de caber en un autobús se muestran en general -al contrario que los públicos- excesivamente secos, duros, ariscos y exigentes hasta la exageración. Sin sensibilidad. 

A la fiesta la salvará, si la salvan, los públicos amables, pródigos y generosos, no los aficionados que la estamos dejando morir poco a poco. O ayudando a morir, lo que también tiene pecado. Lo que hicimos el jueves con Saúl fue de juzgado de guardia. Y sólo había aficionados en la plaza.

Lo de ayer, la actitud de los espectadores ante el espectáculo Crisol de Enrique Ponce y Javier Conde, fue, por el contrario, una bendición.

jueves, 17 de agosto de 2017

El toreo se llama Fortes

Por Paco Carmona

Fortes. Natural de ensueño al toro de Victorino (Fotografía: Arjona)
Nota de LRI: Clarito impactado por el excepcional toreo de Saúl Jiménez Fortes en la Malagueta, nos dice que no es capaz -por ahora- de escribir sobre la corrida de ayer. Suerte que Paco Carmona también estaba por allí


Camino de Almería. 17 de agosto de 2017. 11:30 P.M. 

Voy saliendo de Málaga y el GPS me marca como hora de llegada las 2:15. Ando intentando resolver la manera de contar a todo el mundo la dimensión de torero tan enorme que ha dado Saúl Jiménez Fortes esta tarde en la Malagueta. A ver a quién le puedo contar que este torero no solo  ha debido salir a hombros con cuatro o cinco orejas, sino que además ha toreado como muy pocas veces he visto torear en mi vida. 

Gran toreo de muleta pero también con el capote. Lidiando o con lucimiento, Fortes ha dado una dimensión extraordinaria toda la tarde (Fotografía: Toros del Mediterráneo)
Llegué a Málaga, como otras veces, de la mano de mi amigo José Morente, al que agradezco no solo su invitación sino su cariño y el que me demuestran sus amigos, como el gran Juan Manuel Pozo, un personaje que bien merece un capítulo aparte. Paseamos por la bella y renovada ciudad, charlamos de toros, palpamos su Feria de día y comimos por el centro. Y después, por fin, pudimos darnos un abrazo con Javier Hernández y su familia. Más tarde, en los toros, también abracé a mi querido amigo y compañero Alberto Guzmán, me quedé con las ganas de besar a Mónica P. Alaejos y pude mirar de frente a esa mujer tan especial como es Mari Fortes, acompañada de su hija Verónica, a quien hacía años que no veía y que ha heredado esa mirada sincera de ojos verdes y sonrisa delicada. 

Me pasó una cosa curiosa a mitad de la corrida. Después del toro de Victorino, me invadió una especie de tristeza y de pena, porque entendí que se estaba cometiendo una gran injusticia, y que lo que allí estaba sucediendo no se iba a trasladar al exterior, y mucho menos a todas aquellas personas que no habían asistido a la corrida en directo.  Pensé que aquello no iba a tener la trascendencia que merecía y que la tarde, para mí histórica por cómo había toreado Saúl, no iba a verse recompensada en el futuro. 

Apuesta desde el principio. Desde el principio hasta el final de la corrida (Fotografía: Toros del Mediterráneo)
Me consoló poder decirle a su madre, que esa forma de torear debería tener premio, que debía ser obligación de todos los aficionados recompensar, al menos con orejas, esa forma tan pura, tan distinta, tan original y tan única de torear. Éramos pocos en la plaza, sí, pero teníamos que haber hecho algo para que aquella manera tan brutal de torear, esa infinita entrega, se hubiera visto recompensada.

 La infinita entrega de un gran torero (Fotografía: Toros del Mediterráneo)

Me recordó tanto a José Tomás, que me atrevo a decir que que no hay nadie en el escalafón que toree de  esa forma. Era la tarde ideal para quitar etiquetas, para borrar de una vez por todas ese cliché en el que se encasilló a este torero, un cliché que poca gente ha sabido ver que ya no es real pues su evolución ha sido total y constante.

Me recordó tanto a José Tomás... (Fotografía: Toros del Mediterráneo)
Más allá de analizar toro por toro, regreso a la costa almeriense acordándome de muchos momentos únicos, momentos que por toreo y por verdad se me han quedado grabados para siempre. Su forma de colocarse, su manera de enganchar, su torería, su rectitud ante el toro, y ante la vida, sus nuevas pausas, sus tiempos, esa forma de colocar el engaño, su manera de tirar de los toros, su pecho, su cintura, su compás. Ese ritmo interior que da el valor puro. La plomada. Sus cites. Ser profundo siendo vertical. En definitiva calidad, mucha calidad.

Fortes. La confianza en el mando del brazo que torea (Foto: Arjona)

Todas estas cualidades, no solo se han visto en la faena cumbre que ha realizado al gran toro de Victorino, sino que lo ha podido llevar a cabo prácticamente en todos los toros por momentos. Se le ha visto despejado, resolutivo, capaz de quitarse y ponerse sin pirarse, capaz de dar a cada toro lo que pedía sin salirse de sus formas, sin un guión establecido pero con una línea muy recta a seguir. 

Fortes es un torero único, lo ha sido siempre, pero ahora es mejor que nunca.

Esa vida que se le escapaba a borbotones hace un par de años, ahora se la bebe  más ajustada y más a gusto que nunca.

Fortes. Colocación perfecta entre muletazo y muletazo(Foto: Arjona)

Cómo ha toreado en muchos momentos, su admirable compostura, su nuevo capote, enganchando por delante, sin cambiarlos, sus tandas de naturales, un tremendo inicio de rodillas, los pases de pecho, uno de frente a pies juntos, como se ha dormido en cada muletazo, como se ha ido detrás de cada muletazo, qué forma de asentarse, de encajar los riñones, de ajustar el toro a su cuerpo.  Qué despacio Dios mío, qué despacio. Y ahí está Victorino para preguntar de qué manera a toreado el suyo. 

También cuajó un buen toro de calidad a menos, que fue el bonito segundo de La Palmosilla. Perfecto, un lujo de faena desde que se abrió de capa.

Al último toro, un camión de sobrero del Ventorrillo, sustituto de un buen toro de Borja Domecq que fue devuelto porque se partió un pitón, le hizo cosas increíbles, de consentirle, de esperarle y de gran valor. 

Excelente natural a un toro del Ventorrillo que embestía con la cara alta (Foto: Arjona)

Y encima, me entero que al final sí llevaba una cornada de 15 cms, operado en la Plaza sin anestesia y volver como si nada a matar los toros restantes.

La entrega total matando (Foto: Arjona)

Y después de todo esto qué, cuál es la lectura oficial que le llega a la gente: dos orejas. Una y una, dirán algunos ¡Qué pena!

¡Que mentira! ¡Que gran mentira! Espero y deseo que trascienda, a través del tiempo, de los vídeos y de las nuevas tecnologías, una tarde en la que, en muchos momentos se pararon los relojes viendo torear a uno de los nombres que mejor hacen el toreo, con mayúsculas, de la actualidad. 

No lo acabo de entender. El enemigo está dentro. Dentro de nosotros mismos.

Esto es el toreo (Fotografía: Toros del Mediterráneo)

Hoy el toreo se llama Saúl Jiménez Fortes (Fotografía: Toros del Mediterráneo)

miércoles, 16 de agosto de 2017

La entrega de Ureña

Por Clarito

El toreo de entrega de Paco Ureña

Desde que el toreo es toreo conviven dos modos distintos de torear y no hablo de las extintas Escuelas de Ronda y Sevilla cuya existencia niegan muchos tratadistas convencidos que el toreo es uno y lo que varìa es el estilo, la personalidad que cada torero imprime a su toreo.


Cuestión de estilo. Dos versiones de un mismo capotazo. Javier Jiménez y José Garrido
Es cierto que el estilo imprime carácter pero no es cierto que sólo exista una única forma válida de torear. De hecho todas las competencias que ha habido (cuando en el toreo había competencias) lo han sido no por contrastes de estilos sino por contraste de conceptos, por diferencias en los planteamientos.

Una de la más antiguas fue la competencia de Cúchares y el Chiclanero. El primero partidario del conocimiento de las reses, atento a sus condiciones y dispuesto a adaptar su toreo a estas. El segundo, partidario del conocimiento de las suertes, de la forma de ejecutarlas y dispuesto a imponer su estilo a todos los toros fuese cual fuese su condición.

En la línea de Cúchares han estado grandes toreros como Guerrita, Joselito o Luis Miguel Dominguín. En la línea del Chiclanero, otros no menos grandes como el Espartero, Belmonte o Manolete. Dos modos de entender el toreo, de plantear la lucha con el toro, dos modos diferentes pero, como he dicho, los dos perfectamente válidos. 

Viene esto a cuento porque ayer viendo torear a Ureña me acordaba de Juan Belmonte. Salvando las distancias y sin querer comparar (Belmonte es incomparable) me parece que hay una cierta coincidencia de estilo, de acento personal. No comparo calidades ni categorías toreras. Tampoco las formas, arcaicas las de Juan y modernas las de Paco sino esa actitud, tensa y crispada con la que ambos se enfrentan al toro. Ureña podrá torear muy templado y lo hace pero su toreo transmite una cierta apretura de ritmo, cierta atmósfera trágica y apretada -como si en cada lance pudiera ser cogido- que creo existía en el toreo de Belmonte. Al que quizás por eso llamaron el trágico.

Pero además de esa coincidencia de estilo, creo que existe también coincidencia en el planteamiento, en ese manera de atender más a la forma de ejecutar la suerte, sea cual sea la condición del toro. Conocimiento de las suertes por encima del conocimiento de las reses. 

Ese era el planteamiento de Belmonte dispuesto a dejarse coger por una becerra en un tentadero o por un toro en la plaza por tal de dar el muletazo que quería y en la forma en la que quería, sin importarle riesgos o consecuencias. Es ese también el planteamiento de Paco Ureña, cuya forma de torear sigue un mismo patrón, una misma intencionalidad. Si el toro se adapta a su toreo surge la faena cuajada y redonda, emocionante y arriesgada de su primer toro (Faena de dos orejas premiada sólo con una ¿Para cuando la Puerta Grande de la Malagueta?). Si el toro no se adapta o no acaba de adaptarse a su forma de torear, la faena discurre deslavazada y a retazos mezclando muletazos de gran calidad con otros de menor enjundia en el resultado pues el trazo, la intención es siempre magnífica. Ese era también -salvando las distancias, repito- el dilema de Belmonte y la causa de su magistral irregularidad.

El toreo encajada y tenso, nada vertical de Paco Ureña en un excelente derechazo
Incluso con la izquierda y vertical, el toreo de Ureña transmite siempre cierta tensión

Ese planteamiento tan radical, tan extremo, tan en el filo de la navaja, no garantiza el éxito, no puede garantizarlo pero garantiza la emoción pues ahí, en esa apuesta, en ese albur surge el interés que transmite y el entusiasmo que provoca ante la duda en el resultado. En eso, y en la evidente entrega que supone jugarse todo a cara o cruz, en cada momento, en cada lance, en cada suerte, en cada muletazo.

Ese jugarse todo en cada instante creo que es la mejor definición de la entrega en el toreo.

martes, 15 de agosto de 2017

Drosero-47. Un toro bravo, bravísimo

Por Clarito

Castella con Drosero-47 de Victoriano del Río (EFE)

Cuando salta el toro a la arena la fiesta cobra todo su sentido. Se me dirá que toros salen todas las tardes y no deja de ser verdad pero cuando el aficionado habla de "un toro", quiere decir algo más.

No se trata de volumen ni del peso, ese que tanto confunde a algunos que, cuando ven la tablilla con menos de 550 kgs., ya están hablando de novillos. Y no es eso, los toros de ayer de Victoriano del Río andaban entre los 480 y los 524 (solo el sobrero de Benjumea fue la excepción) que es un peso suficiente cuando los toros tienen edad y trapío. La corrida estuvo bien presentada.

Eso por lo que respecta a la presentación que, por lo que hace al comportamiento, las cosas son más complicadas pues si lo ideal es el toro bravo y noble, en la variedad está el interés de la fiesta. En la corrida de ayer y dentro de una tónica de buena casta (que es el santo y seña de esta gran ganadería) vimos esa variedad que va del manso sexto, rajado y huido (ese que decían los viejo aficionados que quería sacar agua de la noria) al bravo, bravísimo cuarto, un toro encastado y fiero de esos que tanto gustaban a esos viejos aficionados y que tan poco les gustan a los toreros.

Sobre ese toro cuarto (Drosero-47) hay que hacer punto y aparte pues fue un toro al que, en varas donde hizo buena pelea, sangraron mucho, tanto que temimos que no llegara con bríos suficientes al último tercio pero, sorpresa, el toro se vino arriba, desbordante de casta y alegría. Un toro difícil por lo encastado y bravo. La suerte fue que le tocara a Sebastián Castella, que ayer vino crecido (tan encastado y bravo como el toro, como se vio en la tremenda réplica que, en su primero, dio a un buen quite de Talavante). Si le llega a tocar a otro torero, todavía está el toro en la arena y el diestro huyendo. Castella, no. Castella estuvo muy firme y muy decidido, consiguiendo meter en la canasta al fiero toro de Victoriano del Río. 

Fue faena con la mano derecha que es la indicada para este tipo de toro porque es la mano con la que se domina. Con esa mano es con la que toreaba Domingo Ortega que es quien más les ha podido a los toros. Pero como Castella es Castella y por eso está donde está, también se puso con la izquierda, lado por el que el toro estaba intratablederrotando y pegando hachazos. Los naturales no fueron limpios, no podían serlo, pero la firmeza del torero y su apuesta, hay que apuntarla en su haber. De remate mató jugándosela en un toma y daca emocionante. El toro salió muerto de la estocada y le dieron una oreja aunque le pidieron dos. Se las hubiera merecido pues su tarde, desde que salió su toro, el primero, había sido de Puerta Grande (¿Para cuando queda abrir la Puerta Grande de la Malagueta?). 

Se me olvidaba, con el capote en ese toro también me gustó mucho pues llevó muy toreado al toro que, repito, no era fácil de torear.

La estocada de Castella
Roca creo que equivocó el planteamiento de faena al último de la tarde, el manso de libro del que antes hablábamos, pues empezó por estatuarios y el toro se le iba. Se le acabó yendo del todo. Pero con estos toros cualquiera sabe cual es el planteamiento correcto. Lo probable es que, le hiciera lo que le hiciera, se le hubiera acabado yendo. Dicen que todos los toros tienen su lidia pero con estos toros, la única lidia posible es correr tras ellos (lo que, por supuesto, es mucho mejor a que sea el toro el que corra tras uno).

En el otro, al contrario, Roca Rey se justificó de sobras. El sobrero de Benjumea, muy grandote y pesado, se movía y estos grandes toreros de ahora tienen tal capacidad que, cuando el toro se mueve, sea bien o mal, tienen ya un hilo para tirar del ovillo. Y Roca tiró. Bien por el peruano.

Roca Rey con el sobrero de Benjumea. Esa forma tan perfecta de acucharar la muleta es la que hizo que el toro -una máquina de tirar derrotes- no se la enganchara.
Por cierto, un punto para la Presidencia en el toro devuelto. Lo habían ya picado y las protestas arreciaban. El palco hizo señas a los toreros para que movieran al toro y pudiéramos calibrar sus fuerzas. Los toreros -Roca y su peón- se quedaron impasibles y no se movieron como si quisieran que al toro lo echaran para atrás. La Presidenta no tuvo más remedio que sacar el pañuelo verde y devolverlo. Ese peón luego le daba un par de capotazos al toro que este tomó bien y, con la mirada, reprochaba la decisión de la Presidenta. Se equivocó. Yo no hubiera devuelto al toro pero el error fue suyo y de su torero.

Talavante pasó del frío al calor, de la faena académica pero fría y algo despegada (que difícil es torear con los vuelos) del toro segundo a la sinfonía del mejor toreo posible al natural que nos regaló en el quinto de la tarde. Probablemente, juguemos a profetas, una de las mejores faenas que podremos ver en la Feria. No es fácil describirla. Suerte que, hoy, con los videos no tenemos que conformarnos con lo que nos cuentan. Faena sobre la mano izquierda, con los vuelos desde arriba, con la elegancia y la suavidad con la que Talavante sabe torear. Un lujo y una delicia. Un deleite para el paladar del aficionado al buen toreo que es el que vimos hasta que el toro se rajó (Un inciso. Se rajaron varios toros, indicio de que la bravura tiene fecha de caducidad pero también indicio de que hay que medir más las faenas, algo que hoy no se hace). La lástima fue que no lo matara.

Talavante en el quinto toro. Generalmente la fotografía capta el momento central de las distintas suertes. Esta -más original- capta el remate. Gracias a eso, se puede apreciar perfectamente como el toro va toreado hasta el final del muletazo 
Resumiendo, y como decían los antiguos, que la tarde fue buena, los toros bravos y los toreros valientes. Una gran tarde de toros y de guinda, Drosero-47, negro mulato, 480 Kg, nacido en octubre de 2012. Un toro bravo.

Un toro bravo, bravísimo que encontró su torero.

Excepcional verónica de Castella a Drosero-47