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viernes, 13 de enero de 2017

Torear a toro parado

Por "Los Vázquez"

Pepín Martín Vazquez (Coloreado de fotografía publicada en El Ruedo)

Nota de la razón Incorpórea.
Hoy se incorpora a este blog un aficionado de campanillas. De esos que conocen y, sin embargo, sueñan el toreo. De los que no alardean de nada y que, por no presumir, prefiere mantener el anonimato que nosotros vamos a respetar escrupulosamente. Un aficionado cabal, enamorado de Pepe Luís, de Pepín y del encaste vazqueño. Un aficionado que sabe lo que dice y por qué lo dice.

---ooo0ooo---


El otro día, conversando con un amigo, me recordó una frase del gran Pepe Alameda: "el toreo empieza cuando se para el toro". Parece mentira, pero así es, tanto para el toro como para el torero.

Para el toro; porque considero mucho más difícil que, desde parado, arranque con los riñones, eche el morro al suelo y empuje el engaño hasta el final. En vez de pasar por pura inercia.

Para el torero; porque meterle el engaño en el morro, tirar de la embestida, mandarlo y soltarlo es más complejo que aprovechar la inercia del toro y acompañarlo en una sucesión ininterrumpida de lances.

Por ello, estoy buscando vídeos de Pepín Martín Vázquez. Porque está en la línea de los toreros que enganchan, tiran y sueltan. Porque en todo este proceso, además, juega con el pecho, como si tuviera un medallón colgando del cuello el cual le va ofreciendo al toro en todo momento. Porque la cintura es el eje a través del cual construye la faena. Porque no necesita encorvar la figura y estirar el brazo para soltar y alargar la embestida, sino que manda con las muñecas. Y porque juega con los codos, dándole esa gracia especial a sus obras.

Para mí, hoy en día sólo tres toreros permiten o prefieren que se les paren los toros: Morante, Urdiales y José Tomás.

Por supuesto, no le quito mérito al resto de toreros, sólo expreso lo que siento y las razones por las que busco a los toreros de esa línea.


lunes, 1 de agosto de 2016

Los toques básicos de muleta

Por Paco Carmona y Jose Morente


El torero ya está situado frente al toro. En un instante tendrá que citarlo y elegir el toque más apropiado a sus condiciones y a la distancia a la que se encuentra el burel (Fotografía de portada del libro "Ronda-50 goyescas soñando el toreo")

Algunas cuestiones previas

Veíamos en entradas anteriores, la importancia enorme de los toques. Toques que definíamos como sacudir o mover las telas para centrar la mirada y la atención del toro y dirigir su embestida hacia ese engaño y no hacia el cuerpo del torero,

Veíamos también que el ideal era torear sin toques lo que no siempre será posible (más bien al contrario). Por eso, lo que se procura es torear mediante toques dirigidos al toro pero que sean, al mismo tiempo, poco visibles para el espectador. Eso es posible porque el toro, ya lo decíamos, es un animal hipersensible al movimiento.

Respecto a la muleta hay que advertir (como saben los aficionados) que existe una enorme diferencia entre torear con una u otra mano. No es lo mismo el toreo con la mano derecha (muleta montada) que el toreo con la izquierda (muleta sin montar). Podríamos simplificar diciendo que con la derecha se domina al toro y con la izquierda se le torea.

En cualquier caso, son tantos y variados los matices que presenta el toreo con la mano izquierda que, para simplificar, nos vamos a centrar en el toreo de muleta con la derecha. A esa mano nos referimos en esta entrada.

Con la muleta en la izquierda se pueden hacer cosas impensables con la mano derecha (Fotografía de José Tomás en un remate de lujo)

3 toques, 3

Según Raúl Galindo ("El toreo, en teoría"), en el cite, hay tres toques básicos destinados a "llamar la atención" del toro o a "provocar" y/o "conducir" su arrancada en una determinada dirección.

Nosotros diríamos que hay un toque para fijar (tocar con todo), otro de adelantarse al toro (anticiparse por abajo con los vuelos) y otro  de esperar (tirar del toro). Galindo los llama, respectivamente, toque hacia abajo, toque hacia adelante y toque hacia atrás.

Tres toques, tres, que se aplican de forma diferente según la condiciones de cada astado y según la distancia a la que se encuentre el toro. Vamos a verlos.


El toque para fijar (El toque hacia abajo o en vertical)

Hay situaciones en as que un toque seco y enérgico se convierte en casi imprescindible.(Imagen de Paco Ojeda, ante un toro de Torrestrella, en la goyesca de Ronda de 1986)

Es el toque básico y fundamental. El más utilizado y habitual tanto en los cites como en casi cualquier situación.

Consiste en mover el engaño verticalmente de forma autoritaria (pues es un toque seco, vertical firme y contundente) para centrar la embestida del toro (fijar su mirada y/o provocar o retomar su arrancada).

La intensidad de la sacudida va en función de las condiciones de la res y la distancia a la que nos encontremos. En el cite, este toque suele ser el prólogo de un segundo toque más sutil.

Se suele utilizar con toros tardos, con animales sin fijeza y en todos los momentos en los que necesitamos imponernos.

Vemos a Luís Miguel citando así a un toro que lo pedía.






Echar los vuelos al hocico del toro (el toque hacia adelante)


Pepe Luis Vazquez en Madrid, cita de frente, echando los vuelos de la muleta al hocico del toro (Imagen extraída de una cinta de Gan

El toque echando los vuelos hacia adelante se realiza generalmente a media-corta distancia.

Es un toque suave, con las muñecas, que busca enganchar al toro por abajo para intentar que la embestida nazca ya fija, templada y armónica, logrando así que el inicio del muletazo sea también rítmico y controlado.

Se utiliza en muy diferentes situaciones pero sobre todo, con toros que no responden a los toques bruscos y también cuando se quiere traer a los toros toreados desde adelante.

José Tomás en la histórica mañana de Nimes le echa los vuelos a su toro.





Esperar o jalar del toro (toque de tirón o toque hacia atrás)


Pepín Martín Vazquez iniciando un muletazo. Cuando se torea así, ajustando el inicio del movimiento de la muleta a la arrancada del toro, es muy difícil distinguir si hubo o no toque pero lo que está claro es que el muletazo surge suave y templado.

Consiste en tirar de la muleta hacia atrás (por eso se le llama toque de tirón) para así provocar la arrancada del toro.

En realidad, es un toque que casi no se ve. Difícil de apreciar en la plaza ya que, como advierte Raúl Galindo, a veces es el toro el que arranca antes del toque del torero.

Pero otras es el torero el que espera la arrancada, en cuyo caso tendrá que intuir el momento preciso en que esta se produzca. Cuando se pretende torear así, hay que hacerlo con mucho valor, muy convencido y entregado a la suerte, para tratar de alargar y dormir el muletazo.

Ese toreo asentado y tocando hacia atrás, jalando del toro como se dice en México, es una verdadera maravilla.

Vemos a Pepín Martín Vazquez iniciando el muletazo con esos toques invisibles. Con el toque que no se ve.




De la teoría a la práctica


Con todos los matices que se quiera pero combinando estos 3 toques (más el lanzar la muleta lateralmente para propiciar desplazamientos), los toreros van solucionando la mayor parte de los avatares que se presentan y que pueden resolverse con pequeños movimientos de la muleta.

La práctica siempre es más compleja, mucho más compleja, que la teoría. Pero la técnica básica de los toques es la que aquí hemos intentado explicar mediante nuestros textos y los vídeos de Luís Miguel, José Tomás y Pepín Martín Vazquez.


Aunque puede haber toreo sin toques, sin toques no habría toreo

sábado, 18 de junio de 2016

Cuaderno de notas (XCI) Los cites de Pepe Luis eran inefables

Naturalidad. La misma postura de piernas y de cuerpo que tendría en la Campana hablando con un amigo. Así era el cite inefable de Pepe Luis Vazquez

Pepe Luis -desciendo a un detalle que interesa mucho a los estudiosos- no citaba ni con los pies juntos ni con el compás abierto; citaba en la misma postura de piernas en la que él solía estar en pie y en que se le encontraría en cualquier otro quehacer: Y lo hacía, además, con el cuerpo en igual posición de verticalidad que si se hallase conversando ante la barra del café de Correos, o en la esquina de la Campana, con un amigo, sobre un tema sin urgencias.

Lo llamativo de Pepe Luis era, precisamente, su falta de intención de llamar la atención, su naturalidad. Lo que -aunque parezca una petición de principio- es natural de toda naturalidad. Lo que torea es la inteligencia. Lo demás -la muñeca, la cintura, las piernas- han de ponerse a su servicio y ocupar un lugar secundario y discreto. En el cite, pues no ha de aparecer parte alguna del cuerpo en papel de protagonismo: más bien, han de hallarse en total disponibilidad, prestas a servir a lo que la inteligencia mande en función de la embestida del toro.

(...)

En el sitio y la distancia precisos, alineada la muleta con la cadera y aguardando al toro mirándole de frente, como se aguarda a un amigo, "a las aladas almas de las rosas del almendro de nata": así era la convocatoria al embroque de Pepe Luis.

ARAÚZ DE ROBLES, Santiago "Pepe Luis-Meditaciones sobre una biografía" (1ª ed., Madrid, Espasa Calpe, 1988. Página 124)

Nota de LRI: Hoy cuando queremos encerrar al toreo en moldes estrechos y asfixiantes (el propio Araúz de Robles, en su biografía sobre Pepe Luis, lo pretendía) no está de más recordar ese cite inefable del maestro de San Bernardo, con la muleta alineada con la cadera, Con la muleta a la altura del cuerpo. El cite clásico. El de las más viejas, rancias y añejas tauromaquias. Sabor de siglos.

lunes, 18 de abril de 2016

Morante. Evocación final a Curro Cúchares

Por Jose Morente
Morante se prepara para un pase cambiado citando con la muleta plegada en su último toro de la Feria al que le hizo una sensacional faena y le cortó las dos orejas(Fotografía ABC)

Morante. El hilo del toreo

Tener la historia del toreo en la cabeza no es fácil. 

No es fácil para los aficionados, que rara vez la conocen. No es fácil para los cronistas taurinos que aun conociéndola, las más de las veces, yerran en las atribuciones y asignan las suertes antiguas a toreros que poco tuvieron que ver con ellas (Ha pasado esta feria en varias ocasiones y en la pluma de reputados cronistas). Y no es fácil tampoco para los toreros más dados a aprender en vivo y en directo que bucear en los libros del toreo.

Para Morante, sin embargo, es muy fácil pues tiene en la cabeza toda la historia del toreo. Morante se ajusta la montera con páginas de las tauromaquias históricas. 

Este torero está aprovechando las oportunidades que dan las nuevas tecnologías para recuperar el pasado. ¡Y vaya manera, precisa, preciosa y torera de recuperarlo! Esto no es la nostalgia enfermiza de lo que no se conoce sino la búsqueda y el rescate de lo que se sueña para traerlo, depurado, corregido y, algunas veces, mejorado, al presente.

Hoy por hoy, Morante es el hilo del toreo, el hilo conductor que une el toreo de ayer con el de nuestros días. El representa el mejor homenaje posible a la memoria de los toreros de épocas pasadas y la mejor reivindicación posible de la grandeza, que algunos aún niegan, del toreo de nuestra época.

En la corrida del viernes de farolillos, corrida de buenos toros y buenos toreros, Morante cerró su peculiar "Feria de las evocaciones" recordando a un torero genial del que ya quedan muy pocos recuerdos: Curro Cúchares.


Citando con el cartucho de pescado

Morante inició su faena a su último toro de la feria citando, al hilo de las tablas y con la muleta plegada.tal y como se ve en la fotografía que encabeza este post.

Me ha extrañado que se haya hablado tan poco de un cite -y un muletazo- tan singular. Vamos a intentar corregir nosotros aquí esa omisión.

Esa forma de coger la muleta, plegada en la mano izquierda, y que hizo popular en las post-guerra el genial diestro Pepe Luis Vázquez,se conoce como el "cartucho de pescao" por su similitud con esos cartuchos de "pescaíto frito" tan sevillanos.

Pepe Luis cita con la muleta plegada. Se trata del popular "cartucho de pescao

Ya hemos hablado, anteriormente en este blog, de este singular muletazo que Pepe Luis (belmontista acérrimo) toma de Joselito el Gallo (al que no vio) quizás por influencias de su propio padre (acérrimo gallista)

Sin embargo, el muletazo de Pepe Luis no es el mismo muletazo que dio Morante, ni por los terrenos ni por su remate.

En efecto, el muletazo de Pepe Luis, el de Joselito el Gallo es, en rigor, un natural de inicio, citando -eso sí- con la muleta plegada, como se puede apreciar en dos imágenes de Joselito en la Maestranza obtenidas de un fragmento de película, allá por la segunda década del siglo XX..


Como se aprecia en las imágenes, Joselito el Gallo cita con lo que luego se conocería como "cartucho de pescao" pero despliega la muleta sin adelantarla, antes de que llegue el toro para dar un natural de frente en los medios. El cite de frente con la muleta al costado, es el más clásico y más puro posible 

El pase cambiado a muleta plegada

Más parecido con el muletazo de Morante, lo tiene este otro muletazo de Joselito dado el día de su alternativa (28 de septiembre de 1912) al toro de su alternativa (Caballero, de Rufino Moreno Santamaría).

Aquí Joselito cita en las tablas (igual que Morante) para dar un pase cambiado (igual que Morante). La diferencia es que José no despliega la muleta pues el pase que ejecuta es el pase cambiado a muleta plegada. Lo vemos. También en imágenes extraídas de una grabación cinematográfica.







Joselito en el pase cambiado a muleta plegada. La pierna izquierda no se mueve del sitio como se comprueba en las fotografías y en la propia película.

Este pase lo hizo muy popular, a finales del siglo XIX, el diestro de Alcalá del Río, Antonio Reverte

Reverte en Madrid, el 31 de mayo de 1896 cita para el pase cambiado a muleta plegada (Fotografía publicada en Pan y Toros, el 8 de junio de ese año)
Reverte había cogido ese pase del repertorio del Gordito, de quien también lo había aprendido Joselito el Gallo.

En el Cortijo de las Cuatro Navas, Joselito recibe una lección magistral de Antonio Carmona el Gordito. Quizás ese día le pudo enseñar el cambio a muleta plegada (Fotografía incluida en el libro "Joselito el Gallo. El Rey de los toreros" de Paco Aguado)

También del Gordito, vía el Papa Negro, fue como aprendió Antonio Bienvenida ese muletazo con el que deslumbró, al darlo por triplicado al mismo toro, al público madrileño como ya contamos en su día en este blog.

Madrid. 18 de septiembre de 1941. La faena de los tres pases cambiados a muleta plegada de Antonio Bienvenida con el toro Naranjito de Antonio Pérez

El pase cambiado de Morante

Sin embargo, aunque Morante cita con la muleta plegada, la despliega antes de que llegue el toro y cambia su viaje dando salida por la derecha pero con la muleta desplegada.

Se trata de un verdadero pase cambiado pero con el matiz de citar con el "cartucho de pescao".








Morante inicia la faena de su último toro en la Feria de Sevilla con el pase cambiado.

El inventor del "pase cambiado"

El pase cambiado se incorporó al repertorio de la mayoría de los toreros de la segunda mitad del siglo XIX y aunque su origen es más confuso, todo apunta a que se podría tratarse de una invención del señor Curro Cúchares, uno de los toreros más creativos y geniales de toda la historia del toreo,

Curiosamente, entre los tratadistas de final del siglo XIX, se planteó alguna polémica relativa a la oportunidad e importancia del lance. Los más ortodoxos (Peña y Goñi, Sánchez de Neira o Hache). sostenían que este pase cobraba real importancia cuando no se daba preparado sino forzado (lo que ellos llamaban "cambio en la cabeza").

Lo contradictorio es que eran precisamente estos mismos tratadistas defensores de lo espontáneo e imprevisto, los que más han criticado al diestro más espontáneo, impredecible y genial de toda la historia del toreo. El citado Curro Cúchares quien como Rafael el Gallo, ha sido, pese a nacer en Madrid, uno de los toreros más sevillanos, por actitud y carácter, de la historia.




Algunas de las "monerías" de Cúchares que hacían las delicias de los públicos e indignaban a los aficionados más ortodoxos y conservadores. Son reacciones muy parecidas a las que provoca en algunas ocasiones, dentro y fuera de las plazas, Morante de la Puebla.
Una media verónica con el palillo "partío"

Y hablando de diestros geniales, impredecibles y creativos, y de resolver sobre la marcha los avatares que surgen durante la lidia, no está de más recordar aquí ese lance sobre el que sí se ha hablado bastante y que ocurrió en ese mismo toro.



Una media verónica con la muleta. Genialidad de un torero genial

El colorado "Dudosito" de Núñez del Cuvillo, acaba de partirle el palillo de la muleta a Morante.

Cuando cualquier otro se hubiese dirigido a la barrera buscando una muleta nueva, el ha recogido la suya del suelo y se ha dirigido al toro para darle una media verónica, no con el capote como es lo usual, sino con esa muleta rota con el palillo "partío".

Una media antigua, belmontina y sentida. O, más sencillamente, una media morantista que queda ya inscrita para la posteridad, por el gesto, la inspiración y la capacidad de un maestro del toreo, en ese libro virtual de la tauromaquia que vienen escribiendo, día a día y desde que el toreo es toreo, los más grandes toreros de la historia.

Como Curro Cúchares o como Morante de la Puebla.

¿Qué es torear sino eso?

sábado, 13 de febrero de 2016

Torear para gustarse

Por Jose Morente

Contaba Curro que se inspiró en fotografías de Curro Puya para coger el capote "cortito". Eso de cogerlo recogío, con dos deditos y más cerca de la esclavina, decía Curro que lo había aprendido viendo las fotografías del trianero (Imagen del libro "Curro Romero-La esencia" de Antonio Burgos)

Para los grandes toreros que han basado su toreo en la estética, que han puesto en la postura (la compostura) todo su empeño, torear no es una cuestión de testículos (valor) ni de cerebro (técnica) sino de corazón o sea, de sentimiento y de inspiración.

En el toreo, el arte y la personalidad ni se enseñan ni se aprenden, sino que se tienen o no se tienen. Se nace con arte o se nace sin arte. Y punto.

Los toreros que nacen con arte no torean para el toro ni para el público, sino que torean para ellos mismos, para "gustarse". Lo que buscan en el ruedo los toreros de esta cuerda, está, en realidad, dentro de ellos mismos. Por eso, el arte en el toreo no es algo que aparezca"después de" una dura y trabajada pelea con un astado fiero y complicado. Al contrario, el arte en el toreo, es algo que se busca y desea constantemente pero que no siempre se encuentra.

Que surja el arte precisa un toro bravo y noble, un torero en estado de gracia y un ambiente propicio. Que surja el arte en el toreo viene a ser, entonces, como una cuestión de magia, de conjunción astral o de afortunada concatenación de circunstancias. Un cruce de causalidades y casualidades. Y es que, el arte no es recompensa a nuestros esfuerzos, afanes y desvelos ni premio por nuestros méritos o virtudes sino un don divino, un regalo de los dioses. Que surja el arte en el toreo es, realmente, un milagro. Por eso, se le valora y aprecia tanto.

Cuando los grandes toreros de arte (Rafael el Gallo, Cagancho, Pepe Luís Vázquez, Curro Romero, Rafael de Paula, Morante de la Puebla,..) hablan de sus sensaciones delante del toro, dicen "me he sentido" o "me he gustado". Su toreo discurre con "suavidad" y "sin brusquedades" pues torear es, como decía Rafael el Gallo, autoridad máxima en esta materia, "acariciar suavemente".

Consecuentemente, en el toreo de arte predomina la "naturalidad", el "desmayo", la "elegancia" pues todo debe fluir "sin esfuerzo aparente", "sin brusquedades", "sin crispaciones". Pero es la suya una elegancia no impostada sino auténtica. El torero que ha nacido "con gracia" es, como decía Gerardo Diego hablando de Antonio Fuentes, la "elegancia ignorándose de la naturaleza".

Tanta belleza no puede aparecer de forma prefabricada y continua pues sería contraproducente y contradictorio. Por eso, en el toreo de arte predominan el instante, el detalle, el pellizco o el momento sobre la obra completa, soñada y rara vez lograda. Los toreros de arte nos regalan muchas más "pinceladas" que faenas "redondas"; abundan más en ellos los "quites del perdón" que las "tardes de gloria". Pues el "tarro de las esencias" se destapa sólo de cuando en cuando (muy de cuando en cuando). Es más,lo corriente en este corte de toreros que no tienen nada de corrientes, es que se pase del éxito al fracaso (o viceversa) de un toro a otro o, incluso, dentro de un mismo toro, de una misma faena.

Lo frecuente es que tras el lance luminoso y mágico aparezca la negra espantá. Tras la verónica de alhelí, el muletazo deslavazado y huyendo. Puro contraste (el sol y la sombra) que aquilata aún más si cabe los momentos felices.

Pero son momentos brillantes como ese lance de Curro Romero a la verónica que encabeza esta entrada, con su capotillo cogido con dos deditos, muy cerca de la esclavina, al estilo de Curro Puya, Un capotazo perfecto se mire por donde se mire. Con esa pierna adelantada que se adivina llevará al torero hasta los medios para que allí se produzca el feliz remate.

Un lance, uno solo, pero por el que, para verlo, iríamos al fin del mundo si preciso fuera.


Pepe Luis Vazquez. Un detalle, una pincelada. Un sólo muletazo que no parece nada pero que encierra todo un mundo. Por verlo, merece la pena pagar la entrada

lunes, 15 de junio de 2015

Ronda y Sevilla. Las escuelas no son los estilos

Por Jose Morente

Francisco Herrera Guillén (Curro Guillén) atronando al toro posiblemente sin haber entrado a la muerte (Detalle de una lámina de los Anales del Toreo de Velázquez y Sanchez, 1ª. ed., Madrid, 1868)

Ronda y Sevilla

Hemos dicho, en repetidas ocasiones, que hemos llegado a un punto de conocimientos en el que estamos en condiciones de reescribir la historia del toreo. Una historia del toreo que, hasta la fecha, ha sido mal contada por mal entendida.

Los libros de Pepe Alameda y la difusión (a través de las Escuelas Taurinas, de vídeos y de publicaciones) del bagaje técnico que atesoraban (hasta ahora solo en la intimidad) los toreros, nos permiten aproximarnos a esa historia (y también al presente) con un talante nuevo.

Un ejemplo de esa revisión del toreo tan necesaria, lo constituye la forma en que hasta la fecha se han venido entendiendo las dos escuelas clásicas del Toreo: La escuela sevillana y la rondeña.

Pasado su momento histórico, para la mayoría (por no decir la totalidad) de escritores, tratadistas, aficionados y toreros estas escuelas no habrían existido nunca. Ronda y Sevilla serían dos caras de una misma y única moneda. La diferencia estaría en el acento personal o sea en el estilo con el que los toreros de esas dos poblaciones (de esas dos escuelas) habrían interpretado el toreo. Un toreo que, no obstante y según esa visión, sería único y monolítico. Un toreo único con diferentes formas de expresarlo.


La opinión de un torero de Sevilla y otro de Ronda

 Pepe Luis, el Sócrates de San Bernado, prototipo de torero del gusto de Sevilla. Debajo de la gracia subyacia, sin embargo, un torero dotado de una gran intuición para conocer las reses.

Pepe Luis Vazquez, decía con su habitual perspicacia y lucidez a  François Zumbiehl "Yo nunca he creído en las escuelas, en el toreo sevillano, en el toreo rondeño. Yo creo que la escuela es única" ("La voz del toreo", pág, 22)


Pese a tratarse de uno de los más grandes toreros de la guerra para acá, Ordoñez no es de los más nombrados. Por suerte, todavía queda aficionados que lo recuerdan (portada de la revista Cuadernos de Tauromaquia)

Por su parte, el rondeño Antonio Ordoñez, apostillaba en declaraciones al mismo autor: "Para mi hay los que torean muy bien, los que torean bien y los que torean mal. Pero no hay escuela andaluza, escuela castellana (...) Insisto, lo que hay son los que torean bien y los que torean menos bien, o si se prefiere los estilos personales. Unos tendrán más profundidad y otros más alegría" ("La voz del toreo" págs. 98-99)

Ambos no hacen sino expresar en voz alta lo que es un lugar común entre historiadores, críticos, aficionados y toreros quienes opinan que el tema de las escuelas históricas del toreo se reduce a una cuestión de estilos.


El fondo del asunto

Creo que ese punto de vista, pese a estar comúnmente aceptado, no se sostiene desde el punto de vista histórico sino que responde a su momento, un momento en el que ya habían desaparecido, hacía mucho tiempo, las escuelas tradicionales.

Como suele ser habitual hablamos del pasado tomando como referencia el presente. Un modo de análisis que nos impide entender como fue realmente el toreo a finales del XVIII y principios del XIX y, por ende, un modo que también nos impide entender cabalmente el toreo de nuestros días.

En mi opinión, y contra lo que se afirma con tanta profusión, las Escuelas de Sevilla y Ronda no solo existieron realmente sino que fueron dos Escuelas bien diferenciadas en sus fines y no sólo en sus formas.

Ronda, la Escuela rondeña no es sólo, ni sobre todo, la sobriedad, la economía de medios o el toreo parado sino el concepto de aquellos toreros (Los Romeros y sus epígonos) que ponen en la estocada el acento primordial de toda la lidia. Son diestros que torean con el exclusivo objeto de matar al toro. De matar bien al toro y que, por tanto, desdeñan cualquier elemento extraño que no sirva a dicho fin. Prescindiendo, incluso, de los pases de muleta o de la propia muleta cuando era necesario.

No es ninguna casualidad que en los Anales del Toreo se represente a Pedro Romero citando a la estocada...


Sevilla. la Escuela sevillana, asociada a la gracia, la ligereza y el jugueteo con los toros (el toreo movido que anatemizaron los puristas) no es sólo eso sino mucho más que eso. Para el torero de esa escuela (Hillo, Cúchares, Guillén), la estocada es sólo el punto final de la lidia pero no es el objeto ni el fin primordial de la misma. La estocada puede ser prescindible y, de hecho lo es, pudiendo ser incluso sustituida directamente por el descabello (como haría Curro Guillén quien, paradojas de la vida, moriría en el trance de matar). Lo importante son los lances de capote y muleta que se convierten, para los toreros de esa Escuela, en un fin en si mismos.

...ni tampoco que, en la misma obra, Pepe Hillo aparezca ejecutando un lance de su invención. 

La disputa entre las escuelas sevillana y rondeña no es, por tanto, cuestión de estilos, como se piensa y dice, sino de ideas o conceptos. De planteamientos. Mientras Ronda apostaba por la estocada, Sevilla primaba el toreo.

La lógica de los tiempos y la evolución de la historia han llevado al triunfo de una sobre la otra, Hoy por hoy, Sevilla prevalece y ha eclipsado a Ronda.

Un proceso que no parece tener vuelta atrás.

El genial Cúchares, "inventor" del arte del toreo aunque muchos lo tengan por su primer corruptor. Fue uno de los máximos exponentes de la Escuela sevillana del toreo por su estilo y por su concepto (Lámina de los Anales del Toreo de Velázquez y Sánchez)

jueves, 8 de enero de 2015

Lista de grandes kikiriqueros

Por Jose Morente

Kikiriqui (2)

¡¡¡Kikirikí!!!

 

El kikirikí es un ayudado a dos manos con los codos altos. Con los codos, al menos, por encima de la cintura.

Este muletazo fue inventado por Joselito el Gallo. De ahí, y de la figura que compone el diestro al ejecutarlo, viene su nombre.

El kikirikí es uno de los mejores remates para cerrar una tanda de pases con la muleta (según Prudencio Germán). La pena –añado yo- es que se vea demasiado poco. Aunque por suerte, todavía se ve.

Incluimos a continuación un listado de grandes intérpretes del kikirikí

 

1. Joselito el Gallo

Joselito fue el genial inventor de ese chispazo genial.

Le vemos aquí en distintas variantes del muletazo que creó:

Kikiriquí!!!!!!!<br /><br />(me encanta esta foto)

Kikirikí de Joselito con el compás cerrado. Con los pies juntos.

muleta-20 - copia

Joselito elevándose sobre las puntas de los pies. Sutileza muletera.

muleta-1

El toreo en movimiento. Cuando el kikirikí parece un paso de sevillanas

muleta-3

El modelo original y modélico del kikirikí. Una estampa de torería y una imagen para la posteridad. Con el compás ligeramente abierto y cargando el peso del cuerpo hacia delante pero con los dos codos simétricamente dispuestos por encima de los hombros como las alas de un gallo. De ahí el nombre.

 

2. Pepe Luís Vázquez

Otro diestro que los bordaba. ¡Pepe Luis!

Pepe Luis Kikiriki 001

La gracia en estado puro (y algo más que gracia). Los dos codos van a la misma altura y por encima de la cintura como en Joselito aunque, en este caso, por debajo de los hombros. Los pies van juntos.

Pepe Luis Kiquiriqui (3)

Los codos van ahora desemparejados. Esa será la tónica del kikirikí moderno. El brazo del estoque muy arriba con el codo muy alto por encima de la cabeza. El brazo de la muleta, algo más abajo sujetando al toro.

 

3. Antonio Bienvenida

La línea más pura, más clásica y más elegante del toreo

Antonio Bienvenida kikiriki

Antonio Bienvenida ejecuta el kikirikí en la plaza de la Maestranza de Sevilla a un toro que se frena y defiende.

Decía Ángel Luís Bienvenida que el Papa Negro les había enseñado a él y a sus hermanos que los muletazos “nunca había que llevarlos pensados”.

En las imágenes que insertamos a continuación podemos disfrutar con Antonio Bienvenida rematando una tanda de muletazos. El toro se le revuelve y el maestro improvisa un precioso kikirikí.

4. Antonio Ordoñez

Simplemente, Ronda mirándose en Sevilla.

Una foto de Jose Morente.

El rondeño, aunque poco dado, en general, a pinturerías sevillanas era capaz de interpretar este muletazo tan sevillano con absoluto respeto a sus formas y a su esencia. La mano del estoque, con el codo a la altura del hombro, se acerca a la de la muleta, lo que permite montar la muleta más en corto.

 

5. Pepe Luis hijo

En la estela de Antonio Ordoñez

Una foto de Jose Morente.

Este inspirado remate de Pepe Luís Vázquez Silva rezuma torería y gracia. Las manos casi juntas.

 

6. Curro Romero

Arte y majestad, como le cantara Camarón, tiene este muletazo de Curro

Curro Romero

En el caso de Curro, el latigazo de este kikirikí adquiere un empaque propio de la personalidad de este torero. Un muletazo de tremendo sabor.

 

7. Morante de la Puebla

¡Y nos estábamos olvidando de Morante! (nos dice Juan Antonio Polo)

Una foto de Juan Antonio Polo Sánchez.

Una ejecución en la línea del kikirikí más actual. Con el detalle añadido de marcar la salida del toro con la mano de la muleta, no hacia afuera, sino hacia los adentros. Un detalle que evoca y recuerda a Antonio Ordoñez.

 

Y hasta aquí esta lista de grandes intérpretes de este muletazo en la que faltan algunos toreros, por supuesto, pero en las que, todos los que están, lo son.

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Epílogo gallista.

Disfrutamos de nuevo con Joselito en este muletazo pero, ahora, no en fotografías sino visto por

1934 (p. Estampa Chaves XV) Joselito faena - copia

Martínez de León

Joselito visto por Antonio Casero (6)

Antonio Casero

muleta-44 - copia

Roberto Domingo

Joselito kkrk

Diego Ramos

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Y ahora ya de remate y como era de esperar, Joselito en un kikirikí pero… ¡de rodillas!

muleta-14

¡Ahí queda eso!

Addenda puntillosa

Si nos ponemos exquisitos y milimétricos hay que precisar que, en rigor, sólo los muletazos de Joselito el Gallo son auténticos y verdaderos kikirikís. El resto de los muletazos aquí fotografiados –magníficos por otro parte- habría que catalogarlos, al no elevar los dos codos, como pases ayudados por delante. Nosotros, sin embargo, hemos optado por incluirlos en esta selección al considerarlos como un muletazo de la misma familia o derivado del kirikikí.