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lunes, 26 de mayo de 2025

Las postales de Joselito (I) Primera tarde en los toros

 Por Gustavo del Barco

Joselito en Cádiz la tierra de la familia de su madre, los Ortega, con solo 6 años, dispuesto a presenciar su primera corrida en la que toreaba su hermano Rafael (a la derecha de la imagen).

Por aquel entonces -allá por el año novecientos uno- Joselito que, naturalmente, ha vivido completamente al margen de los toros por razón de su edad y que sólo sabe de ellos por haber visto alguna vez a su hermano Rafael vestido de torero, es llevado a Cádiz, donde torea el que aún no era Divino, ni siquiera Calvo. Los seis años del peque se deslumbran, y sus grandes pupilas -en las que siempre hubo como una sombra de melancolía- se atracan de luz y de color. El garbo de su hermano, deslumbrante de oros sobre el oro del ruedo; la algarabía de la multitud; el riesgo de los toreros y la belleza de los toros se le quedan clavadas en la retina, y nuestro hombrecito -todo un hombrecito de lustro y pico de edad- piensa seriamente en que cuando el sea mayor, solo un poco mayor, será torero.

DEL BARCO, Gustavo. Joselito "El Gallo" (2ª ed., Sevilla, s.f., Editorial Católica Española, pág. 18) 


domingo, 17 de julio de 2022

Apuntillando por detrás

 Por Jose Morente



La foto no es buena porque está sacada de una película de la Filmoteca Zaragozana (cuya copia me facilitó Diego de León). Estamos en Castellón la tarde del 14 de marzo de 1915, corrida de la Magdalena. En el cartel Rafael (Rafael es el Gallo), José (José es Joselito) y Salerí II que sustituía a Juan (Juan es Belmonte). Los toros, todavía con el pelo de invierno, fueron de D. Vicente Martínez (una de las ganaderías preferidas por Joselito, especialmente desde la tarde de los 7 toros de Madrid) .

Joselito estuvo sensacional. Entre otras cosas, a su segundo toro le dio 5 naturales seguidos... (buena muestra de ese toreo en redondo que andaba perdido y que recuperó el hijo menor de la Gabriela). 

El Gallo también tuvo una gran tarde con capote y muleta. Uno de sus toros (el que recoge la imagen) tardó algo en doblar y Joselito saltó al ruedo, junto al peonaje de Rafael, en su ayuda y en labores de director de lidia. Cuando el toro se echa, el puntillero de Rafael va a descabellar por detrás (como se hacía entonces y, de forma incomprensible, no se hace ahora). Joselito se coloca delante de la res tapando la cara con el capote, sin exageraciones. Rafael observa la escena.

Apuntillando por detrás. Eran otros tiempos.



sábado, 20 de febrero de 2021

Carnaval taurino (II) Manolito de María le canta al Alcalareño

 Por Jose Morente

Manolito de María (1964-Fotografía de David George)

Hablamos normalmente solo de los mejores toreros, pero en la historia de la fiesta hay muchos diestros que no alcanzaron la fama, aunque algunos llegaran a tener algún momento -fugaz- de gloria.

Ese es el caso de José García Rodríguez "Alcalareño" (Alcalá de Guadaira, 1889-1964). Cuyo mejor momento fue el día de su alternativa, en Murcia, teniendo a Rafael el Gallo de padrino y a Joselito de testigo. ¡casi ná!

El de Alcalá de los Panaderos dio esa tarde la nota de valor y mató superiormente (con guapeza se decía entonces) al toro de su alternativa, del que le concedieron las dos orejas. Tanto gustó que algunos aficionados bajaron al ruedo a abrazarle mientras daba la vuelta al ruedo. Rafael el Gallo le felicitó por su "hazaña". Incluso Joselito afirmó en declaraciones al reportero del Imparcial: "No ha sido únicamente la suerte, es que Alcalareño se lo ha jugado todo, consiguiendo una de esas tardes que parecen reservadas a los mejores toreros"

La tarde fue completísima para los tres diestros que entusiasmaron al público con sus faenas. Para muchos aficionados fue la mejor tarde de toros que se había visto nunca en Murcia.

Murcia. 13 de septiembre de 1914. El Gallo le da la alternativa a Alcalareño




El Alcalareño. Dos tomas del impresionante estoconazo al toro de su alternativa y la triunfal vuelta al ruedo tras la muerte del burel. El toro de Gregorio Campos se llamaba "Campanito" y era cárdeno ensabanao según algunos revisteros y jabonero según otros (Imágenes de Mundo Gráfico, Palmas y Pitos y la Unión Ilustrada, respectivamente)


Como Alcalá es -fue- tierra cantaora, la proeza del Alcalareño fue cantada en su pueblo y nada menos que por Joaquín el de la Paula, el mítico cantaor cuyas soleares todavía se recuerdan y se cantan. Aunque curiosamente el de la Paula no glosó a su paisano por ese palo sino por tangos de Carnaval pues fue también un activo comparsista.  

La murga de Joaquín el de la Paula (hacia 1922)

Por desgracia no tenemos grabaciones de Joaquín, ni de sus tangos ni de sus solemnes soleares, aunque al menos nos pueda servir de consuelo que algunas de sus coplillas de Carnaval hayan llegado hasta nosotros a través de Manolito de María, autor de aquel curioso y conocido padrenuestro por bulerías ("Vengo a confesarme padre/de tos los pecaos que tengo/hijo yo no soy el padre/soy el sacristán del templo") recogido por Caballero Bonald en su impagable Archivo. 

Se trata de una grabación casera, por lo que el sonido no es perfecto, pero el documento es impagable y merece la pena. El tango al valiente Alcalareño es el cuarto de una serie. Los tres primeros resultan, oídos hoy, cuando menos, curiosos.




Tangos de Joaquín el de la Paula
Canta: Manolito María

(I)

Este año señores 
que va corriendo
Vamos a tener que echarnos
en la barriga un remiendo.

Como hay mucho trabajo
se ganan muchas pesetas
comemos bueno el jamó
pescadillas y chuletas

Si no fijarse en la cara 
del coro de aficionados
que no han comido en el invierno
na más, que ajos meneaos

(II)

Un consejo le voy a dar
a las muchachas solteras
que lo deben de tomar
que les conviene de veras

Que se junten bien los polvos
y se den menos pintura
que algunas llevan la cara
que parece una figura

Que se pongan los vestidos 
más anchos por los tobillos
que pa subir los polletes
los suben a pies juntillos

Y al ver el talle de una moza
ay que por mi vera pasó
ay yo creí que iba metida
en una cimbra de almidón

(III)

A casa de un zapatero
una muchacha llegó
a calzarse a la medida
unas botas de charol

La niña cogió una silla
y delante se plantó
el maestro no atinaba
a ponerle el calzador

Por fin ya se lo puso
y la medida le tomó
y el maestro se fijaba
desde la punta al tacón

Y la niña le decía
maestro ya sabe usted
ay que no me moleste mucho 
que me despelleje el pie

(IV)
Plaza de toros de Murcia
en la temporá anterior
un torero de este pueblo
Guerrita se lo llevó

Toreó Curro y los Gallos
y le apadrinó el mayor
en el toro que abre plaza
en que el pueblo lloró

Lo coge de muleta
como no cabe mejor
y le pegó una estocada
que le partió el corazón

El Gallo con to su afecto
a Currito se abrazó
una ovación delirante
que la plaza le prestó.

 

La letra plantea algunas dudas. Una, el nombre del torero, al que llama Curro por dos veces -Curro y Currito- cuando el Alcalareño tenía por nombre de pila José. Quien se llamaba Curro y era también de Alcalá de Guadaira fue Curro Martín Vazquez (en realidad Francisco Martín Gómez, el Vázquez era su apodo). Pero el señor Curro ni tomó la alternativa en Murcia ni se la dieron los Gallos. Error por tanto de bulto.

Otra, esa invocación tan extraña a "Guerrita se lo llevó"  que quizás se deba a un fallo de transcripción y es que las letras de los cantes de Manolito María no son, a veces, nada fáciles de entender (como ocurría en el trabalenguas del padrenuestro). En todo caso, no parece que, en ese verso, diga "excelente matador" como se propone en el folleto que acompaña al doble CD "Alcalá de Guadaira en la historia del Flamenco" (que es de donde he sacado estas coplas). Como tampoco parece que diga "se pegó un buen arrimón" en el último verso de la segunda cuarteta. 

He puesto antes la letra que me parece más ajustada al cante, aunque inserto a continuación sendas páginas del folleto citado para poder cotejar las letras.




En la segunda foto vemos a Manolito María con otros flamencos de Alcalá, entre ellos Enriquillo, el hijo de Joaquín el de la Paula.


El Alcalareño (fotografía publicada en Palmas y Pitos el día de su alternativa)

viernes, 30 de agosto de 2019

Toreros y matadores

Por Jose Morente

Lámina publicada en la Lidia el 18 de noviembre de 1895. El diestro remata un pase en redondo, cuando el toreo en redondo (inefable en nuestros días) era un ideal casi inalcanzable.
Toreros y matadores

Desde Manolete a la fecha el toreo en redondo es la base incontestable del toreo de muleta, pero a finales del XIX, el toreo en redondo (pase en redondo llamaban al conjunto de tres naturales ligados) era un ideal casi inalcanzable y que pocas veces se realizaba en las plazas.

El 18 de noviembre de 1985, la Lidia publicaba esta curiosa lámina de Daniel Perea, donde un diestro sin nombre, remataba un pase en redondo. Remate por bajo, que no mediante un pase de pecho como hoy es habitual.

Pero lo curioso, con serlo, no es esta interesante lámina de una suerte entonces incipiente, sino el comentario que acompañaba al texto, firmado por Mariano del Todo y Herrero que, bajo el epígrafe recurrente de "Nuestro dibujo", analizaba una distinción que todavía hoy es de rabiosa actualidad: la distinción entre toreros y matadores. Dice la Lidia:
"Tendencia, no de ahora, sino de bastantes años atrás, es la de marcar la linea divisoria, tratándose de la más caracterizada representación de los lidiadores de reses bravas, en virtud de la cual, unos son considerados como más toreros y otros como más matadores de toros, dentro de la misma categoría de espadas ó jefes de cuadrilla. Esta subdivisión aparece indudablemente, cuando un arte ó profesión cualquiera cuenta con pocos representantes completos, y por consiguiente, la mayoría adolece de defectos que encuentran compensación en el extremo que da origen á que se les considere en uno ú otro sentido.
Entendemos que en buena conciencia artística no debía existir tal diferencia; pero atendiendo á lo difícil que es reunir ambas condiciones, y á la laudable costumbre de atenuar las deficiencias de los ídolos populares de modo más ó menos directo, entramos por la jurisprudencia establecida, y admitimos pacientemente la raya tirada por la afición sobre la entidad espada, colocándole según sus aptitudes, bien en la parte designada á los toreros, ó bien en la correspondiente á los matadores de toros.
Tenemos, pues, y es ahora fruta de todo tiempo, que un maestro puede ignorar en absoluto el manejo ó aplicación de la muleta, pero que por consecuencia de reunir serenidad suficiente para colocarse entre los cuernos de una fiera y ánimo sobrado para sepultar el estoque en su morrillo, desplomándola sobre la arena, justifica aquel concepto ante los partidarios de ese espectáculo, ó por el contrario, que un diestro puede pasarse lo mejor de su vida agujereando el pellejo de una res, y en el mero hecho de jugar con soltura y elegancia el rojo trapo, adquirir igualmente aquella preponderancia y categoría.
Hecho ya este deslinde convencional, justo es convenir en que para los aficionados libres de parcialidad y apasionamiento, tanto mérito encierra una faena de muleta, desempeñada á conciencia y con arte, como una muerte dada á un toro con valentía y oportunidad, siquiera en uno ó en otro caso falte el complemento que, de existir, llegaría á constituir la perfección".
Como bien dice el articulista de la Lidia, la división entre toreros y matadores viene de antiguo, pues raro será el diestro que reúna condiciones para desenvolverse con igual perfección en ambos campos. Siendo esto último lo ideal, lo habitual será que los diestros se encuadren en una u otro categoría. 

El caso es que un maestro puede ignorar en absoluto el manejo de la espada pero ser considerado tal por su perfecto manejo de las telas. Tal es el caso de toreros dominadores y largos, que no han solido ser buenos estoqueadores. Eso de perder la vista de los pitones es, para los toreros de cabeza, superior a sus fuerzas. Paquiro, Guerrita y Joselito son los mejores ejemplos.

La suerte para ellos es que siempre han encontrado algún tranquillo para resolver ese trance. La mucha salida que daba Paquiro, el ataque eléctrico de Guerrita y el brazo suelto de Joselito, son paradigmáticos.

Peor lo tienen en general los artistas, pues para ellos y salvo honrosas excepciones, la suerte suprema puede acabar en debacle.

Los toreros artistas -aunque hay egregias excepciones- han sido tradicionalmente medrosos y, por tanto, malos matadores. En la foto Rafael el Gallo mechando a un toro. 
Sin embargo, a la hora de torear, la cosa cambia y el estoqueador chapucero se transmuta en torero sublime.
Igual que al Gallo le pasaba a Curro Romero al que vemos en un alevoso y horroroso bajonazo. 

 Tras la bronca venía el quite redentor y magnífico. El caso es que hoy (y creo que siempre ha sido igual) se magnifica lo pasado y se mira con lupa lo presente. Las redes están llenas de fotos magníficas de Curro Romero (artista genial) toreando de capa y de muleta pero que, salvo excepciones, mataba de la fea manera que se ve en la anterior fotografía. La consecuencia de esta manipulación de la historia (del pasado se cuenta solo lo bueno y se omite lo malo) es que hoy proliferan los partidarios del torero cuando, en su momento, el currismo era religión de pocos adeptos.

Todo lo contrario ocurre con los buenos estoqueadores. Si el que es buen torero a secas no tiene que ser un gran matador, resulta que el estoqueador no suele derrochar arte.

El estilo eficaz pero poco depurado de Curro Martín Vázquez con el capote

Curro Martín Vázquez fue, por contra, un valiente y gran estoqueador, tanto que la prensa antigallista quiso utilizarlo contra Joselito al principio de la carrera del de Gelves pues José mataba echando la carta al buzón.
Toreando corridas "duras" es casi imposible desarrollar el toreo de calidad que se exige hoy. El Fundi ha sido un gran torero de una absoluta dignidad y profesionalidad.
Pero en lo que realmente destacó fue en la suerte suprema. Aquí ejecuta la suerte con radical verdad y tremenda entrega (Foto: Pepe Pastor)
Son evidentemente cosas distintas. Por eso, en la historia del toreo son contados los diestros que han alcanzado un gran nivel en ambas disciplinas como torero y como matador. El caso más señalado ha sido probablemente el de Manolete.

Pero Manolete fue punto y aparte.


Manolete toreaba y mataba
Y puesto que Manolete es caso aparte, nada mejor que aceptar el consejo de Mariano del Todo y Herrero dirigido a esos aficionados imparciales y desapasionados (que tan poco abundan, añado yo) y aprendamos a reconocer que "tanto mérito encierra una faena de muleta, desempeñada a conciencia y con arte, como una muerte dada a un toro con valentía y oportunidad".

Aunque en ambos casos falte el complemento de la buena estocada o la buena faena, complemento que "de existir llegaría a constituir la perfección" pero, como diría Billy Wilder...

¡Nadie es perfecto!

jueves, 20 de julio de 2017

Una muestra de dominio

Por Jose Morente

Desplante de Rafael el Gallo

La foto que encabeza este post no sólo es magnífica sino que también resulta representativa de algo que es muy habitual en el toreo: el alarde de valor y dominio que supone, estando en la cara del toro, desentenderse del astado y dedicarse a arreglar la muleta (como hace aquí el ínclito Rafael) o a saludar al público (como hizo Joselito en Lima).


Joselito en Lima. Desplante


Más mérito tiene mientras más cerca se encuentra el torero del toro como es el caso de este adorno de Joselito cogiendo el pitón de un torazo de Miura en Zaragoza en octubre de 1913, mientras sonríe al público.

Joselito en Zaragoza un año en 1913 desmintiendo leyendas falsas

Y más mérito aún, al menos para los espectadores, si estos desplantes o alardes se hacen de rodillas . Secándose el sudor con un pañuelo como hizo Gallito en Valencia en tarde que actuaba en solitario o sencillamente de espaldas al toro, como hizo Juan Belmonte en México. O, apurando, sentando en el albero, como ese cite surrealista de Victoriano de la Sera





Desde luego, eso de mirar al tendido estando en la cara del burel, ya sea de frente o de espaldas, en pie o de rodillas, se ha considerado siempre una muestra sobrada de valor y dominio. Un alarde que entusiasmaba a los públicos de antes y creo que también a los de ahora, aunque con estos últimos, nunca se sabe.

Pero el colmo, el verdadero colmo, en cuanto supone demostración de absoluto dominio sobre el astado, es hacerlo, no con el toro parado y entregado, sino con el toro en movimiento, en plena faena, en medio del muletazo. Que es lo que hacía ese verdadero monstruo del toreo que se llamó Manuel Laureano Rodríguez Sánchez. Más conocido taurinamente como Manolete.

Manolete en un sensacional natural mirando al tendido en 1940 (Foto de ABC publicada en el blog Val de Braus)
Addenda cinematográfica:

Mi amigo Antonio Luís Aguilera me comenta que hablando un día con Ángel Luis Bienvenida en Córdoba,  le dijo que, para meterse con Manolete, a él lo alababan algunos diciendo que había sido el primero que toreó mirando al tendido. Con la honrada sencillez y gallardía que atesoraba contestaba: "Sí, yo fui el primero, pero lo hice pocas veces, mientras que Manolete era capaz de hacerlo todas las tardes".

Eso explica el entusiasmo del público ante esa apuesta. Por ejemplo, el del público mexicano la tarde de los toros de Coaxamalucan. No pierdan de vista a ese empleado de la plaza que, entre barreras, se alboroza hasta el paroxismo con el toreo de muleta mirando al tendido del torero de Córdoba.

Y tiene lógica, si emocionaba la actitud del torero que tranquilamente, se ponía a arreglar la muleta indiferente ante la cara del toro, mucho más tenía que emocionar este alarde de valor y dominio verdaderos.   




lunes, 16 de enero de 2017

Tercio de banderillas (III) Una propuesta de clasificación

Por Jose Morente
Joselito el Gallo en banderillas. Cite de dentro afuera, citando a una cuarta de los pitones (Dibujo de Antonio Casero publicado en El Ruedo)

Por lo que respecta a las distintas formas de banderillear, las primeras Tauromaquias se limitaban a listar las diferentes variantes conocidas en cada época. Cossío gran sistematizador, clasifica los diferentes modos de banderillear según si existe o no permuta de terrenos, pero -en mi opinión- erraba y confundía conceptos. José Luis Ramón, más recientemente, recuperaba el viejo sistema del listado.

Creo que lo que diferencia a un par de otro, lo que importa es -en esencia- el mecanismo o ardid que se utiliza para engañar o burlar al toro. Mecanismo o ardid que, en banderillas y en mi opinión, se reducen a dos modos: el cuarteo y el quiebro.

Lagartijo quebrando y, pese a la teoría, sacando el pie a un lado para marcar el quiebro (Lámina de La Lidia de 30 de julio de 1883)
Luego segun los terrenos en los que se verifica la suerte o según los tiempos o las distancias surgen las diferentes variantes, algunas con nombre propio. Pero en lo sustancial, o se cuartea o se quiebra.


El cuarteo

Pepe-Hillo definía el cuarteo como la suerte que se hace cuando saliendo el diestro hacia el toro, forma en su trayectoria un semicírculo a cuyo remate se reúne con el toro en un mismo centro donde le da un quiebro de cuerpo, saliendo cada cual con distinto viaje.

Joselito el Gallo cuarteando.

Si se hace a cuerpo limpio o con la capa recogida en el brazo se le llama recorte. Si la capa se lleva suelta por detrás se llama galleo.

Derivados del cuarteo son el par de dentro afuera, el par de frente, el par de poder a poder, el par al sesgo  y el par por los adentros.

Como lo habitual es citar con el toro dando la espalda a los tableros y el torero en los medios, cuando la situación se invierte (torero en tablas o en el estribo y toro en el tercio o los medios) se llama par de dentro afuera.


Embroque en un par de dentro afuera de Gallito

El par al sesgo es el realizado al hilo de las tablas. Un par adecuado en los toros mansos aquerenciados en tablas, con todo el peligro que ello entraña.


El par al sesgo explicado gracias a sendas láminas de La Lidia (1890 y 1888) .
Cuando el torero pasa entre entre el toro y la barrera. se le llama par por los adentros.

Un impresionante par por los adentros de Joselito el Gallo

Se llama par de frente,, a aquel en el que se cita a corta distancia de la cabeza de la res.

Cite para un par de frente. Rafael el Gallo 

Par de poder a poder es aquel cuarteo en el que el torero arranca después de que se haya arrancado el toro, concediendo a este todas las ventajas.

Joselito el Gallo en un par de poder a poder

El quiebro

Es suerte mas moderna que el cuarteo, pues la inventó el Gordito en 1858, primero en Sevilla a cuerpo limpio y luego en Jerez con las banderillas. 

Según la Tauromaquia de Guerrita, consiste en citar al toro a pie firme y cuando llega a jurisdicción se inclinan cuerpo y brazos a un lado, marcando a la res el sitio del bulto. Cuando el toro humilla, el lidiador recobra la posición primitiva y clava las banderillas.

Citando para un quiebro. La montera a los pies de un toro de arrancada remisa. Joselito el Gallo.

Banderillas al quiebro con los pies dentro de un sombrero de chistera (Pablo Herráiz en una lámina publicada en la Lidia el 17 de noviembre de 1884)
Cuando el quiebro se marca a la carrera y sin engaño. se le llama regate. El regate y el recorte se utilizan en los jugueteos propios de este tercio especialmente cuando la suerte la practican los matadores. 

Un antecedente del quiebro son las banderillas a topa carnero. Variante del quiebro, el quiebro en silla.


El quiebro en silla. Del Gordito a Morante. 150 años de toreo.


Un intento de clasificación de los pares de banderillas

En el siguiente Esquema, he intentado sistematizar los distintos tipos de formas de parear. En el Cuadro, no incluyo aquellas variantes como son las banderillas cortas o la suerte al violín que se podrían encajar en casi todos los modos propuestos. Ni tampoco las banderillas al quiebro en silla pues no son sino una particular forma de preparar y adornar el quiebro que no afecta a la esencia de esa suerte

Como he dicho antes, creo que la diferencia más importante la marca el ardid utilizado (quiebro o cuarteo). Lo demás viene por añadidura.



jueves, 5 de enero de 2017

Tercio de banderillas (I) ¡Matadores, maestros!

Por Jose Morente

Antonio Fuentes citando para un par de banderillas al quiebro

El tercio de banderillas

Entre los partidarios del toreo de muleta (hoy, la inmensa mayoría) y los partidarios de la suerte de varas (una minoría muy activa), el tercio de banderillas se encuentra hoy relativamente ninguneado.

Salvo alguna tarde excepcional, se ha convertido en un tercio de trámite, situado entre la emoción fuerte del toro que embiste fiero al caballo y la emoción fuerte del torero que, sólo en el ruedo, aguanta la embestida del astado.

Pero no siempre fue así. Hubo una época en que todos los matadores estaban obligados (cuando el toro se prestaba a ello, por supuesto) a banderillear. Luego, llegó Juan Belmonte y trastocó un poco todo ese esquema que había permanecido inalterado durante casi una centuria.

Pero en aquel entonces, cuando los matadores cogían los palos, el tercio de banderillas, brillaba con luz propia...

Lo mejor es que eso nos lo cuente Gregorio Corrochano.

¡Matadores, maestros!
"Cuando los matadores intervenían en la suerte de banderillas, tenía otra modalidad que acabamos de escribir con el plural: ¡los matadores!. Así era la voz del tendido: ¡matadores, maestros!. Y el espada de turno, cogía banderillas y se las ofrecía a los otros espadas que sabían banderillear, con la primicia y cortesía de que fueran por delante. Con lo que aumentaba el interés por contraste y competencia -la competencia ha sido siempre la salsa del toreo-, y se descartaba de antemano la vulgaridad. Porque ningún matador se aventuraba a poner un par corriente de cuarteo, sabiendo que venía detrás otro matador a enmendarle la plana, subirle puntos y llevarse al público. Recordamos de nuestros años mozos, el tercio de banderillas de Fuentes y Quinito.
Era uno de los momentos más interesantes de la corrida. Si el toro era de Fuentes, cogía banderillas -después de pedirlo el público: matadores, maestros- y se las ofrecía a Quinito. Si el toro era de Quinito se las ofrecía a Fuentes.
Y quedaban en una pareja de banderilleros excepcionales que ponían cuatro pares. Los dos banderilleaban al quiebro, y los dos tenían distinta personalidad. Antonio Fuentes era más elegante, más garboso, más adornado, más lucido, más banderillero que Quinito. 
Se preparaba el toro a cuerpo limpio de manera vistosísima. Para esta preparación aprovechaba las querencias, de las que sacaba efectos sorprendentes. Llamaba al toro, que no acudía porque tenía querencia contraria y ya lo sabía. Entonces se pasaba a favor de querencia y decía con la voz y con la mano: "Vamos", y el toro se le arrancaba, y él iba por delante jugueteando; cuando quería pararle, se metía contraquerencia y adelantando el brazo de las banderillas, le mandaba pararse y el toro se paraba. Toda esta preparación se acompañaba de ovaciones de sorpresa porque parecía que tenía al toro amaestrado, y que hacía cuanto el torero se proponía.
Y lo hacía; no porque el toro estuviese amaestrado, sino porque conjugaba los terrenos y las querencias, para lo que hace falta, ser lo que era Fuentes: un gran torero. Y cuando se hartaba de jugar con el toro. le colocaba en el tercio, salía hacia atrás, colocaba el pañuelo en los medios y pisando el pañuelo le quebraba".
 Gregorio Corrochano. "¿Qué es torear-Introducción a la Tauromaquia de Joselito?" (1ª ed., Madrid, Revista de Occidente, 1953. Páginas 184-185) 
Aunque hay viejas películas donde torean Fuentes y Quinito, no he encontrado ninguna que recoja a alguno de los dos banderilleando. Sin embargo, si tenemos la suerte de disponer de algunos tercios de banderillas de aquella época en los que alternan dos matadores.

En la primera película, veremos a Joselito el Gallo con su hermano Rafael en el tercio de banderillas del toro "Caballero" de Moreno Santamaría, el toro de de su alternativa en Sevilla en septiembre del año 12. 

En la segunda, un año después, el mismo Joselito ofrece los palos a Bombita. Y ello, contra el deseo del diestro de Tomares que le había pedido expresamente a Joselito que no lo sacara a banderillear en ese último toro de la tarde. Una petición que Joselito, rabioso contra Bombita, desoyó. No sabemos lo que José le pudo decir a Ricardo cuando le ofreció los palos pero si podemos ver lo que ambos hicieron en ese tercio.




miércoles, 28 de septiembre de 2016

Postales taurinas (XX) La alternativa de Joselito

Sevilla, 28 de septiembre de 1912

Un adorno con el toro de la alternativa, Caballero de Moreno Santamaría.



Rafael le cede los trastos de matar a su hermano José


El primer brindis como matador

Viendo morir a Caballero de una estocada corta en lo alto

Rafael besa a su hermano al devolverle este los trastos. Testigo Antonio Pazos
Arreglando la muleta en el último de la tarde


Su primera salida a hombros como matador de alternativa

Fotografías publicada en Nuevo Mundo el 3 de octubre de ese año.