sábado, 20 de febrero de 2021

Carnaval taurino (II) Manolito de María le canta al Alcalareño

 Por Jose Morente

Manolito de María (1964-Fotografía de David George)

Hablamos normalmente solo de los mejores toreros, pero en la historia de la fiesta hay muchos diestros que no alcanzaron la fama, aunque algunos llegaran a tener algún momento -fugaz- de gloria.

Ese es el caso de José García Rodríguez "Alcalareño" (Alcalá de Guadaira, 1889-1964). Cuyo mejor momento fue el día de su alternativa, en Murcia, teniendo a Rafael el Gallo de padrino y a Joselito de testigo. ¡casi ná!

El de Alcalá de los Panaderos dio esa tarde la nota de valor y mató superiormente (con guapeza se decía entonces) al toro de su alternativa, del que le concedieron las dos orejas. Tanto gustó que algunos aficionados bajaron al ruedo a abrazarle mientras daba la vuelta al ruedo. Rafael el Gallo le felicitó por su "hazaña". Incluso Joselito afirmó en declaraciones al reportero del Imparcial: "No ha sido únicamente la suerte, es que Alcalareño se lo ha jugado todo, consiguiendo una de esas tardes que parecen reservadas a los mejores toreros"

La tarde fue completísima para los tres diestros que entusiasmaron al público con sus faenas. Para muchos aficionados fue la mejor tarde de toros que se había visto nunca en Murcia.

Murcia. 13 de septiembre de 1914. El Gallo le da la alternativa a Alcalareño




El Alcalareño. Dos tomas del impresionante estoconazo al toro de su alternativa y la triunfal vuelta al ruedo tras la muerte del burel. El toro de Gregorio Campos se llamaba "Campanito" y era cárdeno ensabanao según algunos revisteros y jabonero según otros (Imágenes de Mundo Gráfico, Palmas y Pitos y la Unión Ilustrada, respectivamente)


Como Alcalá es -fue- tierra cantaora, la proeza del Alcalareño fue cantada en su pueblo y nada menos que por Joaquín el de la Paula, el mítico cantaor cuyas soleares todavía se recuerdan y se cantan. Aunque curiosamente el de la Paula no glosó a su paisano por ese palo sino por tangos de Carnaval pues fue también un activo comparsista.  

La murga de Joaquín el de la Paula (hacia 1922)

Por desgracia no tenemos grabaciones de Joaquín, ni de sus tangos ni de sus solemnes soleares, aunque al menos nos pueda servir de consuelo que algunas de sus coplillas de Carnaval hayan llegado hasta nosotros a través de Manolito de María, autor de aquel curioso y conocido padrenuestro por bulerías ("Vengo a confesarme padre/de tos los pecaos que tengo/hijo yo no soy el padre/soy el sacristán del templo") recogido por Caballero Bonald en su impagable Archivo

Se trata de una grabación casera, por lo que el sonido no es perfecto, pero el documento es impagable y merece la pena. El tango al valiente Alcalareño es el cuarto de una serie. Los tres primeros resultan, oídos hoy, cuando menos, curiosos.




Tangos de Joaquín el de la Paula
Canta: Manolito María

(I)

Este año señores 
que va corriendo
Vamos a tener que echarnos
en la barriga un remiendo.

Como hay mucho trabajo
se ganan muchas pesetas
comemos bueno el jamó
pescadillas y chuletas

Si no fijarse en la cara 
del coro de aficionados
que no han comido en el invierno
na más, que ajos meneaos

(II)

Un consejo le voy a dar
a las muchachas solteras
que lo deben de tomar
que les conviene de veras

Que se junten bien los polvos
y se den menos pintura
que algunas llevan la cara
que parece una figura

Que se pongan los vestidos 
más anchos por los tobillos
que pa subir los polletes
los suben a pies juntillos

Y al ver el talle de una moza
ay que por mi vera pasó
ay yo creí que iba metida
en una cimbra de almidón

(III)

A casa de un zapatero
una muchacha llegó
a calzarse a la medida
unas botas de charol

La niña cogió una silla
y delante se plantó
el maestro no atinaba
a ponerle el calzador

Por fin ya se lo puso
y la medida le tomó
y el maestro se fijaba
desde la punta al tacón

Y la niña le decía
maestro ya sabe usted
ay que no me moleste mucho 
que me despelleje el pie

(IV)
Plaza de toros de Murcia
en la temporá anterior
un torero de este pueblo
Guerrita se lo llevó

Toreó Curro y los Gallos
y le apadrinó el mayor
en el toro que abre plaza
en que el pueblo lloró

Lo coge de muleta
como no cabe mejor
y le pegó una estocada
que le partió el corazón

El Gallo con to su afecto
a Currito se abrazó
una ovación delirante
que la plaza le prestó.

 

La letra plantea algunas dudas. Una, el nombre del torero, al que llama Curro por dos veces -Curro y Currito- cuando el Alcalareño tenía por nombre de pila José

Otra, esa invocación tan extraña a "Guerrita se lo llevó"  que quizás se deba a un fallo de transcripción y es que las letras de los cantes de Manolito María no son, a veces, nada fáciles de entender (como ocurría en el trabalenguas del padrenuestro). En todo caso, no parece que, en ese verso, diga "excelente matador" como se propone en el folleto que acompaña al doble CD "Alcalá de Guadaira en la historia del Flamenco" (que es de donde he sacado estas coplas). Como tampoco parece que diga "se pegó un buen arrimón" en el último verso de la segunda cuarteta. 

He puesto antes la letra que me parece más ajustada al cante, aunque inserto a continuación sendas páginas del folleto citado para poder cotejar las letras.




En la segunda foto vemos a Manolito María con otros flamencos de Alcalá, entre ellos Enriquillo, el hijo de Joaquín el de la Paula.


El Alcalareño (fotografía publicada en Palmas y Pitos el día de su alternativa)

sábado, 13 de febrero de 2021

Carnaval flamenco (X) A la Perla de Cádiz

 Por Jose Morente

Un Carnaval que no será. El de Cádiz 2021. 

Si mis cuentas son correctas, hoy -sábado 13 de febrero- andaríamos con la resaca de la Final del Falla, que se habría celebrado la pasada madrugada. A estas horas andaríamos de bache en bache, en busca de los ilegales, discutiendo los méritos de los finalistas y lo injusto del "cajonazo" de este año tan malage. 

Sin embargo, apamplaos y atontolinaos por ese bastinazo del COVID-19, nos encerraremos en casa, en zapatillas y buatiné, con un tremendo jindoi a acabar en el patio de las malvas, recordando carnavales pasados. No queda otra.

Y puestos a recordar carnavales pasados, no está de más recordar que, hace muchos años, allá por el 1976, una comparsa, denominada precisamente Carnaval de 76, dedicaba una de sus letras  (escrita por el valiente y reivindicativo Pedro Romero Baro) a una cantaora genial, gaditana fetén y gitana de tronío: la Perla de Cádiz. Pocas y pocos con más arte que ella.

La Perla de Cádiz 1925-1975 (Fotografía: Diario de Cádiz)

Pasodoble a la Perla de Cádiz
Comparsa "Carnaval 76"
Letra: Pedro Romero Varo

La fragua del cante muda se ha quedao
y el color moreno cambió de expresión
y aquel verde luna color de aceituna
de una cantaora ya palideció.

Fue su voz gitana honda y desgarrada
dulce y melodiosa como una cascada
rosa deshojada que se marchitó.
Lo mismo que la... Petenera.
el pueblo en su hombros la lleva 
y entre sollozos dio su adiós.
Fue querida por grandes virtudes
amada por sus cualidades
y respetada por su don.

Los gitanos de bronce y de fuego
lloran sin consuelo
la pérdida grande de su cantaora
La guitarra con crespones negros
murmura en silencio
malhaya la muerte dañina y traidora

¡Duérmete, Curro mío de mis entrañas!

Duérmete, Curro mío, cantando decía
y el profundo quejío de un ay
quedó siempre mudo
silencio que ha muerto la Perla de Cai.


Vídeo del canal de youtube de Friki Delascoplas



Adenda. Pequeño vocabulario gaditano utilizado en esta entrada

Apamplarse: Quedarse atontado, mirando las musarañas.
Atontolinao: Poco despierto, huevón.
Bache: Bar donde uno va cayendo y dando tumbos a lo largo del camino de vuelta a casa
Bastinazo: Algo muy grande y muy incómodo, situación molesta. También, referido al tamaño de ciertos órganos, apreciación positiva.
Buatiné: El material semi-esponjoso del que están hechas las batas de andar por casa... y por la plaza.
Cajonazo: Cuando quieres olvidarte de algo, lo metes en un cajón y lo cierras. Por analogía con esta idea, cuando a juicio de alguien el jurado del concurso de agrupaciones de carnaval se ha olvidado de una agrupación merecedora de un premio, se dice que "el jurado le dio cajonazo". Por analogía también se emplea en Cádiz para denotar un fracaso (expectativas no cumplidas) o la injusticia provocada por una decisión mal tomada. En Cádiz se utiliza en cualquiera de esos dos sentidos, además del propio del Concurso.
Ilegales: Las agrupaciones “callejeras” de Cádiz que no participan en el Concurso del Falla y que constituyen la manifestación más transgresora y subversiva del Carnaval de las Coplas gaditano.
Jindoi: Miedo, temblor, el tembleque típico que sube por el estómago. Deriva de jindama (miedo, cobardía).
Patio de las malvas: Es un eufemismo gaditano que hace referencia al cementerio. Es casi una metonimia (se nombra el todo por la parte). Y en el patio de las malvas/la están peinando/de noche y día [Tango de los duros antiguos. Coro los Anticuarios. Autor: El Tío de la Tiza. 1905]


Septiembre de 2015. Inauguración del busto de la Perla en el Barrio de Santa María, en su barrio. También en el mismo barrio había nacido Pedro Romero Baro, el genial autor del pasodoble dedicado a esa genial e inmortal cantaora


sábado, 30 de enero de 2021

Cuaderno de notas (CXLV) Cuando Victoriano de la Serna envenenó el toreo

 

La Serna a la verónica en el sexto toro de Villamarta de la corrida del día 8 de mayo de 1932. Una de las cuatro verónicas míticas que ese día -como afirma Robert Ryan- le consagraron en Madrid (La mala calidad de la reproducción de esta fotografía de Alfonso publicada en la Voz junto a la crónica de la corrida, queda compensada por el valor histórico del documento)

"Otro hombre revolucionario ha vuelto a envenenar la fiesta de toros en la corrida de ayer, y precisamente cuando la corrida estaba para expirar. Este otro hombre es Victoriano de la Sema, que no es sevillano, ni "siquiera" madrileño, puesto que ha nacido en el corazón de Castilla la Vieja (...)

Pero salió el sexto toro, un castaño de bonita estampa, codicioso, y pastueño, y... el toreo volvió a envenenarse como se envenenó en el año 1913. i Qué no haría con este toro el "loco" torero de Castilla la Vieja!... A ver si lo recordamos: En cuanto pisó la arena el noble bruto, La Serna se descaró con él precipitadamente en el tercio del 2, y el caos.

El caos, al ver a aquel hombre substantiva, gramaticalmente, clavado en el suelo con las piernas en ángulo y sin mover un pie en las cuatro arrancadas que le dio la bestia; el caos al ver aquel capote también a ras del suelo, que se llevaba el toro de un lado para otro con una suavidad, una elegancia y un arte nunca vistos, y aquellos brazos movidos con la misma lentitud de derecha a izquierda; el caos al trazar aquella maravillosa media verónica en la que el toro tomó la forma de una pescadilla (como a las pescadillas estamos acostumbrados a verlas), rodeando la cintura del torero; y el caos al ver a los catorce mil espectadores que abarrotaron la plaza, en pie, entregados a un verdadero delirio que simbolizó una ovación y un olear de verdadero frenesí. Repitió su toreo, su excepcional toreo, su personalísimo toreo, el toreo cuyo estilo inverosímil ha traído otra vez el envenenamiento de la fiesta el torero segoviano, y las aclamaciones volvieron a oírse imponentes y arrolladoras.

CORINTO Y ORO. La Voz, 9 de mayo de 1932


Junto a la crónica de Corinto y Oro y las fotografías de Alfonso, la Voz incluía este dibujo que, por el estilo creo que se debe a la pluma de Manolo Tovar. Toda una declaración de principios sobre el concepto del toreo que Victoriano de la Serna trajo a los ruedos,

 

sábado, 23 de enero de 2021

La fotografía taurina de José Antonio Coderch de Sentmenat

Por Jose Morente

José Antonio Coderch de Sentmenat

Que a los arquitectos, sea cual sea su opinión sobre la fiesta, les interesan las plazas de toros,  parece una evidencia. 

Un buen ejemplo es esa interesante investigación de los alumnos de la Escuela de Arquitectura de Sevilla, coordinados por su catedrático de proyectos Gonzalo Díaz-Y. Recaséns, sobre la arquitectura de los recintos taurinos. Un trabajo que se publicaría más tarde como Catálogo de la exposición que en 1992 organizó la Junta de Andalucía.

Portada del Catálogo de la Exposición organizada por la Junta de Andalucía (1992)

La ordenación del espacio donde se desarrolla la corrida, primero utilizando las plazas mayores de pueblos y ciudades y luego en edificios expresamente diseñados para ese rito, implica un reto para el arquitecto. La redondez de la plaza, su centro, la disposición de los accesos al ruedo (chiqueros, puerta de cuadrillas, puerta de arrastre y puerta grande), la ubicación de los espectadores por orientación y niveles, exigen del profesional de la arquitectura capacidad para poner lógica y orden en un mundo donde impera el caos y el desorden. Tarea nada fácil.

De las plazas mayores de las ciudades, escenario urbano de las primeras corridas de toros...

... a los edificios diseñados específicamente para el espectáculo taurino (Análisis de la traza "oculta" de la irregular plaza de Sevilla. Trabajo de J.A. Carbajal et alt.)

Ampliación de la plaza de toros de Pamplona de Rafael Moneo

Pero esa relación de los arquitectos con el mundo de los toros no se agota en lo estrictamente profesional. Y no me refiero solo los buenos aficionados que ha dado el gremio o al interés que la fiesta ha podido suscitar incluso entre los muy alejados de nuestra cultura, como es el caso de Le Corbusier, sino a quienes ha ido un poco más allá como es el caso de Salvador Pascual, fundador primero y editor luego y durante 30 años de la revista Aplausos o el de quienes han llegado a ser ganaderos de bravo por tradición familiar como Salvador Gavira o por pura afición como Felipe Laffita. 

Brindis del Juli al ganadero del Torreón, el arquitecto Felipe Laffita

Curiosa resulta también la relación que con la fiesta taurina tuvo José Antonio Coderch de Sentmenat (Barcelona, 25 de noviembre de 1913-Espolla, 6 de noviembre de 1984), uno de nuestros grandes arquitectos, referente de varias generaciones, personaje irrepetible que nos dejó muchas obras maestras con edificios tan bellos o emblemáticos como la casa Ugalde, el edificio Girasol, la casa de la Marina o los llamativos edificios Trade.


La casa de la Marina en la Barceloneta (1951). Obra de José Antonio Coderch de Sentmenat. Una lección de buena arquitectura.

Coderch, además de esas obras de arquitectura geniales, nos regaló también su afición a la fotografía, una fotografía dedicada al retrato y.... a los toros.






De su fotografía taurina se decía en la presentación de la muestra organizada por la fundación Arquia en 2000:
"La fotografía significó para José Antonio Coderch lo que la pintura para Aalto o Le Corbusier. La observación paciente del entorno y la transformación de algunas situaciones en imágenes, intensamente elaboradas en todo el proceso hasta llegar al encuadre final de las copias, le permitió explorar en el mundo de las formas hasta conformar lo que hoy llamaríamos una mirada personal.

Las fotografías que Coderch fue elaborando durante años constituyen una muestra inequívoca de los intereses de su autor, tanto en lo que se refiere a la elección de temas y situaciones como al tratamiento visual de éstas mediante la luz, el encuadre, los contrastes. 
En conjunto, la colección fotográfica de Coderch permite descubrir tras el objetivo a un hombre que aplica a la fotografía los mismos criterios, gustos y exigencias que a su arquitectura. 
Conforman la muestra, una serie de fotografías taurinas, donde domina la idea de captación del movimiento; un conjunto de composiciones sobre las texturas de los objetos, sus perfiles, sus contrastes, las sombras y penumbras."
Coderch llegó a publicar en libro sus fotografías taurinas. Del toreo (1973) se tiró en edición limitada, hoy muy cotizada pues incluía textos de Bergamín, grabados de Tápies y fotografías de Coderch y Luis Gardeta.

Sobre Coderch, sobre su arquitectura y sus aficiones, nos hablaban un grupo de arquitectos catalanes en el documental (de obligado visionado) que la 2 de TVE le dedicaba, dentro de su imprescindible serie de los "Imprescindibles", hace muy pocos días. 

Un documento de impecable factura y del que hemos extractado, en un pequeño track, lo referente a la fotografía taurina de ese grandísimo arquitecto que fue José Antonio Coderch de Sentmenat.
 



miércoles, 21 de octubre de 2020

Volver a la pureza del toreo

Por Jose Morente

Pablo Aguado. Toreando con los vuelos de la muleta

Tengo para mí que estamos asistiendo a un cambio de ciclo taurino. Después de varias décadas de toreo centrados en la técnica, el toreo que llaman "de siempre" vuelve a estar de moda. De hecho, nunca ha dejado de estarlo.

Los síntomas son claros y evidentes. Y conste que hablo de los gustos del público. Siendo indiscutible el tirón taquillero de Andrés Roca Rey, el incontestable triunfo de Pablo Aguado en la feria de abril de 2018 fue ya un claro aviso de lo que afirmamos o intuimos. Las tardes de Juan Ortega en Linares o Jaén el pasado año, confirman esa tendencia.

Y no es el hecho en sí del triunfo. Hoy cualquier torero al que le embistan sus toros como le embistieron los jandillas a Aguado o el Victoriano del Río a Juan, puede torearlos a un nivel similar al de los dos toreros sevillanos, sino que me refiero más bien al alborozo con que ese toreo fue recibido en la plaza y en la calle. Y cuando hablo de la plaza y de la calle no me refiero solo a los aficionados conspicuos, siempre añorantes de esa forma de torear, sino del sentir común del público que es lo que realmente importa.

Llevábamos mucho tiempo con el toreo debatiéndose entre la técnica y la épica y donde el arte (la estética) aparecía solo como un plus añadido, un regalo que llegaba, cuando llegaba, después de dominar al toro (la técnica) o sobrevivir a sus acometidas (la épica). Eso ya parece cosa de un pasado cada vez más lejano por mor de la pandemia. Hoy parece que se impone nuevamente el toreo que se basa en el gusto por torear, por el placer de torear. Ponerse ante el toro de forma natural y relajada, vuelve a ser paradigma de nuestra época (¿Tendrá eso algo que ver con el cambio, también evidente, de ciclo económico o sanitario?).

Juan Ortega. Toreando con la mano derecha sin ayuda ¡también con los vuelos!

Un triunfo de la estética que llega -como siempre- tras una dura etapa de adaptación al toro. Muy similar a lo que ocurrió en la nunca bien ponderada edad de plata. Dura época. No lo olvidemos, pues en el toro, en su comportamiento, está siempre la clave de todo lo que pasa en los ruedos.

¿Cómo es el toro de hoy?

En mi opinión, perdidos en el estéril e inútil debate de ganaderías comerciales y ganaderías duras (tan rentable a veces para unas y otras, para unos y otros), no nos hemos percatado del importante y radical cambio de comportamiento del toro de lidia en las últimas décadas. 

El toro que hoy sale a las plazas, no es sólo uno de los más grandes, por edad y volumen, de la historia, sino que, aumentado su manoseo en las dehesas y entrenado los correderos, es también uno de los más complejos de torear.

Y no me refiero, es obvio, a esa dificultad obvia del toro manso de sentido que hace imposible el buen toreo por exceso de malicia, toro que hoy -por suerte- no abunda, sino a esa dificultad para redondear una faena plena que se deriva de la falta de entrega de la mayoría de los astados que hoy se lidian. Un toro que se siente tan fuerte y poderoso, no acaba nunca por entregarse totalmente.

La adaptación a ese toro ha sido muy dura (no podemos olvidar las muertes de Iván Fandiño y Víctor Barrios) y los toreros de nuestra época han tenido que recurrir a una técnica evidente y depurada para poder sobrevivir (las escuelas son una necesidad, no un fastidio como sostienen algunos).

Un periodo de adaptación duro, muy duro, pero que ha sido necesario para que hoy el toreo se pueda plantear cómo se está planteando para deleite de los aficionados ¡Puro arte o arte puro!

Morante en Córdoba, siempre puro arte, arte puro.


El año de Gallito (extraño año en todos los órdenes incluido el taurino) ha sido el del retorno de una manera intemporal o eterna (da igual) de entender el toreo.

lunes, 19 de octubre de 2020

Cuaderno de notas (CXLIV) El Escorial, Le Corbusier y los toros

Por Don Quijote

Le Corbu en El Escorial (1928)

¿De qué le hablaré al lector? Hay que andarse con pies de plomo... ¡Pues ¡ea! le hablaré de El Escorial!

No te alarmes querido lector; voy a hablarte de El Escorial y hasta de un arquitecto moderno de fama universal; más sin que por ello nos alejemos del tema taurino: ya lo verás.

Le Corbusier -el arquitecto francés a que he aludido- estuvo el año pasado en España. "Venía -cuenta el admirable escritor Manuel Abril- a enaltecer una arquitectura de precisión y de justeza", la arquitectura novísima, cubista, de que es paladín; y se encontró -continúa Abril- con "un ilustre antepasado español de la arquitectura presente: el Monasterio de El Escorial, fábrica pura, prodigio de singular modernidad"...

El Escorial

De la imponente mole geométrica de San Lorenzo, milagro de granito, que abruma y pasma, escribía yo hace poco en estos términos: Sencillez magnífica; austeridad desnuda; inmortal majestad de la piedra escueta; armonía de la fuerza; rígida hermosura; descomunal exactitud...

Pues bien, esta casualidad de la exactitud, de la grandiosidad, de la justeza y de la sencillez, fue lo que asombró a Le Corbusier en España, respecto de dos casos: El Escorial y el toreo.

Cuando vió lo que eran los toros, exclamó:

- ¡Yo no tengo nada que decir a este pueblo!

En efecto, el venía a predicar en sus conferencias sobre arquitectura moderna la precisión y la justeza, "y se encontraba -continúa Manuel Abril- en un pueblo, cuyo juego favorito era de una precisión que no admite ni un segundo, ni un milímetro de error, sin que vaya en el error la vida misma. ¿Que mayor matemática aplicada que el cruce en el volapié, que el juego de los brazos y los pies en el cuarteo y el de la cintura en el quiebro? En todo momento igual, y en todos gallardamente, sin perder la compostura, ni la línea, ni la gracia.

¿Cómo venir a descubrirle la justeza a un pueblo que juega así?

Cuando vió el Monasterio de El Escorial, corroboró la impresión y el juicio formado en los toros. Allí estaba, y ¡de qué modo!, realizada, en arquitectura, la misma ley de preciso clasicismo que le había sorprendido en el toreo..."

(...)

La justeza de visión de Le Corbusier no la ha tenido, posiblemente, ante el magnífico e impresionante espectáculo, ningún otro extranjero.

Don Quijote, "El Escorial y el toreo" 

(publicado en la Fiesta Brava, nº 168, Barcelona, 17 de enero de 1930)

Adenda incorpórea

La condición que le Corbusier (Charles Edouard Jeanneret era su verdadero nombre) puso a Fernando García Mercadal para venir a España a impartir dos conferencias sobre arquitectura, fue que le llevaran a una corrida de toros.

Le Corbusier con Fernando García Mercadal en El Escorial. Mercadal fue quien invitó a Le Corbusier a España y le llevó también a los toros.

Como Le Corbu llegó a España el 8 de mayo de 1928, podemos soñar que la corrida a la que llevaron fue a la de la faena de Chicuelo a Corchaíto.

El toreo de Chicuelo se ajusta perfectamente a la sensación (un preciso clasicismo como decía Don Quijoteque la fiesta de los toros provocó en el arquitecto suizo.

Aunque también puede que viera a Gitanillo de Triana o a Cagancho o, quizás, a Antonio Márquez... 

Entradilla del artículo de Don Quijote, publicado en La Fiesta Brava. Un natural de

¡Qué más da! Fuese quien fuese quien toreará en esa corrida a la que le invitaron, el toreo -y El Escorial- le maravillaron.


Le Corbu, además de arquitecto fue también pintor. Este es un lienzo suyo: Taureau (1960)


domingo, 18 de octubre de 2020

Cuaderno de notas (CXLIII) Ha toreado Juan Ortega

 Por Zabala de la Serna

Juan Ortega en Jaén


En un solo quite por chicuelinas Juan Ortega había borrado toda la tarde. Toda la crónica. Todas las letras del abecedario. Ido el sol, caída la noche, la luz se hizo. Fue la escultura a Chicuelo y su deslumbrante broche un anuncio, el momento exacto en que Ortega sacó la escoba. Y luego brindó al público la gloria. Pues gloriosa fue la faena. Desde que acarició por alto los ayudados. Que barrían sedosos el lomo de Basurilla, el toro más fino, el más lindo, el de más clase. A calidad más calidad. Y esa brotó de las muñecas paroxísticas de Juan. Para inmortalizar el toreo, reducirlo a las esencias de la naturalidad. Donde todo es cadencia, y lentitud, y armonía. Había poesía la torería desnuda de toda alharaca. La ligazón del natural con el de pecho, tal como los cantaba Belmonte, vertían el cuenco de las maravillas. Qué despacio discurrió todo y qué pronto pasó. Después de tanta espera. Después de tanta nada. Al fin, el todo.

Juan Ortega enterró la espada en el segundo viaje. Y estalló la plaza, desgañitada, afónica ya por entonces. Ronca de jalear el sueño del toreo. Cayeron las dos orejas con una fuerza atronadora, borrando todos los demás trofeos conquistados. Y los recuerdos amargos con el hondo toro tercero que se agarró a la tierra como un buque varado. Ortega barrió todo con su escoba. Como el lomo de Basurilla, arrastrado en una vuelta al ruedo por el pañuelo azul.

Zabala de la Serna, "Hasta que Juan Ortega sacó la escoba" en El Mundo. 17.09.2020

La gran estocada de Juan Ortega a Basurilla de Victoriano del Río

El toreo de Juan Ortega en Jaén

Música: Adagio en G menor. Albinoni / Imágenes: Movistar plus