sábado, 29 de agosto de 2026

De Romero a Roca. Enigma resuelto.

 Por Jose Morente

Dibujo preparatorio de Goya (Tauromaquia I). Un diestro entrando a matar con un sombrero en la mano en lugar de una muleta 

Esta imagen de Goya siempre me ha impresionado. Ahi es nada un diestro matando a un toro con solo un sombrero en la mano.

Más impresionante aún es el relato que hace Pedro Romero de su primer enfrentamiento con Pepe-Hillo en Cádiz:

Ocurrencias acaecidas entre D. Pedro Romero, José Delgado (alias Illo), Joaquín Rodríguez (alias Costillares), Francisco Garcés, Juan Conde y Bartolomé Ximénez, con otras noticias relativas al primero».

El año de 1778 comencé y trabajé en mi ejercicio de matador de Toros en la Plaza de Cádiz con D. José Delgado (Illo) y habiendo llamado al Maestro Barbero para que me afeitara, quien también afeitaba a dicho Illo, me preguntó el expresado maestro que si era yo el mozo que iba a matar a Cádiz, y le dije que sí, entonces me respondió, pues hoy en mi casa ha dicho, que ha mandado varias misas a las ánimas a fin de que abone el tiempo, (porque llovía) por estar deseando trabajar con la gente guapa; yo dije a dicho maestro, que así que llegara la hora, cada uno haría lo que pudiese; se verificó el primer día de toros, y al primero armé la espada, y se la tiré al toro, le dió un pase de muleta, y hecho mano al sombrero de castor, que se estilaba entonces, y lo mató de una estocada; como tenía allí tanto partido, oí a la consideración de V. el alboroto que se armó en la Plaza; salió el segundo toro que era de los Padres de Sto. Domingo de Jerez, llegó la hora que tocaron a muerte, y el toro se paró en medio de la Plaza, la gente estaba toda en expectación a ver que hacía yo: armé la muleta, bociné al toro, y así que llegué a una distancia regular, lo cité, y luego que el toro se enteró, antes de que partiera tiré la muleta a un lado, me quité la cofia, y la tiré también, hecho mano a una peineta que se estilaba para sujetar dicha cofia, que sería como de dos dedos de ancha, di tres o cuatro pasos hacia el toro, y viéndome tan cerca me arrancó, lo agarré bien por lo alto de los Rubios, y lo eché a rodar, dejó la consideración de V. que no se armaría en la Plaza (...)

En Cádiz, Hillo, el más antiguo entró a matar al primero de la tarde con un sombrero. Romero en el segundo usó una peineta de dos dedos de ancho y le dió una estocada en todo lo alto. Como dice Romero en la plaza se armó un gran alboroto...

Pero este párrafo me ha traido siempre a mal traer. ¿Como es posible matar a un toro con una peineta de dos dedos de ancho? Y hacerlo sin encunarse que es como yo he visto matar sin muleta a los diestros de más valor y arrojo de esta época (Antonio José Galán, Fandiño, etc.). Pero no solo entrar sin muleta sino además pegándole al toro una una estocada en todo lo alto como decía Pedro Romero. 

A mi, eso siempre me había parecido imposible...Siempre me ha parecido imposible hasta hace un par de días. 

Y es que, el pasado jueves 27 de agosto de 2026, en la plaza de Bilbao, el diestro Andrés Roca Rey entró a matar sin muleta a un manso y ofensivo torazo de Victoriano del Río. Y lo que es mejor, propinandole un estoconazo en todo lo alto.

Roca mató al toro sin muleta con una estocada en todo lo alto igual que, en Cádiz hace casi 250 años, mataba sin muleta Pedro Romero  a otro toro con una estocada también en todo lo alto. En los rubios. 

El enigma (mi duda de tantos años) ha quedado resuelto. Se hizo la luz. Por fin, sé como se puede hacer la suerte que yo pensaba que no se podía hacer. La que yo pensaba que era producto de la imaginación fantasiosa de un torero de leyenda de finales del siglo XVIII... 

Y lo sé gracias al valor y arrojo de un torero de hoy: Andrés Roca Rey. 


Asi se mata sin muleta. De Cádiz a Bilbao solo han pasado 250 años.

PD.: No está de mas que hoy 29 de agosto, aniversario de la muerte de Manolete en Linares, hablemos de la estocada pues el torero de Córdoba ha sido, si no el primero, uno de los diestros que han ejecutado esa suerte con mayor entrega y verdad. Gloria siempre a su memoria.

domingo, 24 de mayo de 2026

¡A los toros! ¡Tila, tila, tila!

 Por Jose Morente

El cartel excepcional de esta tarde en Madrid: Saúl Jimenez Fortes, David de Miranda y Victor Hernandez ¡Casi ná!

Decía un viejo refrán taurino aquello tan manido de ¿Adonde vas? ¡A los toros!. Seguido del ¿De donde vienes? ¡De los toros!. Dicho sea lo primero con entusiasmo máximo y lo segundo con un dejo de pesadumbre y desánimo. 

Pero todavía no ha llegado la hora de la vuelta. Son las 4 en punto de la tarde y todavía no ha llegado la hora del desaliento o del desencanto (¿de donde vienes?). Al contrario. Estamos en las horas previas de la corrida, Las horas de la ilusión y la esperanza. Esperando en el castizo barrio de Chamberí que empiece la corrida de Madrid. Y contando las horas que faltan (solo tres) para que comience la corrida de esta tarde. Son las 4 en punto de la tarde (¡tres horas todavía!) y luce un tiempo espléndido y parece que con no demasiado viento. 

Por delante, dentro de tres horas, un cartel ilusionante, quizás de los mejores (no diré nunca el mejor) de esta feria. Cartel de aficionados puros que buscan la pureza del toreo si es que la pureza existe que, todavía, después de más de 50 años viendo toros, creemos que existe. Y con una ganadería -Alcurrucén- que siempre o casi siempre envía algún toro de orejas (no de oreja, sino de orejas), lo que en Madrid es mucho decir. 

Esta tarde torean en Madrid, Saúl Jimenez Fortes, David de Miranda y Víctor Hernández. Es posible que al público transúnte no le digan mucho esos nombres. El público transeúnte conoce a los mediáticos y también algunas de las figuras, y poco más. Pero a nosotros, estos tres toreros nos han traido de Málaga, para ver toros en Madrid. Un viaje sencillo hace pocos años o pocos meses, que hoy día, en época de vacas flacas ferroviarias, no deja de tener un cierto intringulis.

Un cierto intríngulis pero nada que ver con la incertidumbre, el riesgo y la apuesta que supone para un torero venir a Madrid a torear en la plaza de las Ventas. La plaza de la jaula de los grillos, de los extremos y de los extremistas, donde se premia (a veces) lo malo y se sanciona (casi siempre) lo bueno. Una plaza muy buena para los toreros malos y muy mala para los toreros buenos, como decía Luís Miguel Dominguín.. 

Aunque como casi siempre hay excepciones, espero y deseo que, hoy, que hemos venido desde Málaga a ver toros en Madrid, sea una plaza superior para toreros muy buenos. Ojalá hoy lo sea.

Saúl, es la pureza y la entrega, una entrega máxima sin condiciones y sin tapujos. Y todo ello adobado de un conocimiento especial. Un conocimiento qie sirve para buscar los límites, y no para taparse ni justificarse que de eso ni entiende ni sabe nada mi paisano.

Si hablamos de límites, David Miranda cruzó la raya el año pasado y sigue al otro lado. En el toreo hay líneas rojas que algunos dicen que no deben pasarse. Se lo dijeron a Juan Belmonte y las pasó todas. Y después el toreo ya no pudo regresar al punto de donde venía. Pues lo mismo pasa con el de torero Huelva.

Víctor Hernández es otro joven torero de enorme pureza y de un valor seco, duro y probado. Aunque hoy, ante el cartel de hoy, hablar de valor resulta casi un atrevimiento. Visto lo visto, visto el cartel de hoy y la apuesta de estos diestros cada tarde que torean, solo se me ocurre recordar lo que decían los aficionados antiguos ante carteles y diestros de este calado:

¡Tila, tila, tila!

Y no creo que tenga nada más que añadir. 

Esta tarde vamos a los toros ¡La fiesta del valor! ¡La fiesta de los toros bravos para los toreros valientes!

Que sea así o no, solo lo sabremos al caer la tarde. ¿De donde vienes?


sábado, 23 de mayo de 2026

Un toro de bandera

 Por Clarito (y Patricia Navarro)

Castella rinde un último homenaje a "Cantaor" un toro para la historia. 

Mi buen amigo, José Morente me pide una pequeña reseña de la corrida de ayer. Concretamente, me ruega que me centre en el juego excepcional de "Cantaor" el toro de Victoriano del Río que ha demostrado hasta donde puede lllegar el comportamiento de un toro no bravo, sino bravísimo. Un toro excepcional. Un toro de bandera. Pero también me pide que comente la gran, grandiosa, grandísima faena de Sebastián Castella (en mi opinión una de las mejores, si no la mejor, de toda su carrera).

Podria hacerlo pero lo que diría yo ya lo ha dicho en "La Razón".Patricia Navarro (la mejor crítico taurino de la actualidad), Así que transcribo lo dicho por ella y... encargo cumplido:

Castella salió corriendo detrás de las mulillas para besar al toro. La escena contenía toda la verdad de la tarde. No hacía falta explicar nada más. Ahí estaba resumido el milagro: el reconocimiento del torero al animal de Victoriano del Río que le había permitido rozar la gloria. 

Porque «Cantaor» fue un toro bravo, encastado, repetidor, de esos que aparecen muy pocas veces y que convierten Las Ventas en un lugar distinto donde habitar la tauromaquia para disfrutarla. Y en la Monumental. Bendiciones. O no, según se mire. 

Sebastián Castella lo vio enseguida. Lo entendió de menos a más en una faena que acabó contagiando a toda la plaza. La plaza de Madrid, que cuando ruge parece un león capaz de arañarte el corazón y tardar días en devolvértelo, y cayó rendida ante la emoción de aquella embestida. José Chacón ya había encendido los primeros olés con dos grandes pares de banderillas y el toro había enseñado durante la brega un fondo extraordinario. Cómo se descolgaba en el capote. Qué manera de perseguir los vuelos. Qué forma de moverse por la plaza, siempre metido abajo, siempre queriendo más. «Cantaor» ya venía avisando que no era un toro cualquiera. 

Castella se fue a los medios y comenzó con pases cambiados por la espalda y alguna arrucina que levantó clamores. Aquello era fuego vivo. Pero después llegaba la hora del toreo. Por la diestra ligó Castella dentro de sus cánones. Gustaba en Madrid y al natural, por donde el toro era pletórico, fue por donde la faena alcanzó otra dimensión. Y Madrid se rindió. Con el hocico del toro cosido a la arena, los naturales surgieron lentos, hondos, interminables. Castella toreaba abandonado, dejándose llevar por la embestida de «Cantaor», y el toro respondía con una bravura emocionante, persiguiendo el engaño hasta el final. Hubo una tanda a pies juntos, gobernando la distancia, que pareció detener el tiempo. Y un natural, quizá uno solo, que valió por toda una tarde de toros.

Las bernadinas cerraron la obra entre el clamor de la plaza, aunque acaso fueron los cambios de mano —toreadísimos, llenos de verdad y de belleza— los que dejaron la huella más profunda. La espada, sin embargo, se cruzó en el umbral de la Puerta Grande y todo quedó suspendido en una sensación amarga. Como si a Madrid le hubieran arrebatado algo suyo.

La vuelta al ruedo para «Cantaor» tuvo aroma de justicia. La de Castella también. Había tenido el triunfo en la mano. 

Amén.

domingo, 10 de mayo de 2026

La inquina de Madrid contra Tomás Rufo. Un enigma ¿resuelto? por la IA

Uno de los cinqueños de la Quinta tan bello de pelaje como de mal comportamiento (foto Plaza1)

La corrida de la Quinta

Aunque de aceptable presentación la cinqueña corrida de la Quinta fue no mala, sino peor. El clásico santacoloma que embieste a media altura y se desentiende de los engaños. Con peligro sordo. Sin dar ninguna opción a los toreros, salvo el sexto que duró poco. 

Perera, no estuvo. Luque, si. Bastante bien, pero Madrid no es plaza donde interesen el trasteo técnico a los toros complicados (En otra plaza hubiese tenido más opciones porque esperan más). Aqui, en mi opinión y después de muchos años de ver toros en esta plaza, solo convencen pocas cosas: El toreo bonito de los artistas, la faena ligada al toro repetidor o la faena heroica al toro marrajo. Madrid no tiene medias tintas. Ni está para matices.

Lo de Rufo es aparte. Muy decidido en el más complicado 3º y muy bien en el 6º hasta que el toro dejó de embestir. Varios descabellos le privaron de premio.

El sector protestón protestando (foto de archivo)

La inquina contra Tomás Rufo

Pero lo que más me llamó la atención fue la inquina desaforada y desproporcionada del sector más radical e intransigente de esta plaza contra este torero. Salí de la plaza preguntándome el porque de esa actitud.

En las cervezas de la tertulia post-corrida, nadie supo darme una explicación, al menos convincente. Que Rufo toreé mejor o peor (para algunos, mejor; para otros, peor), no vale para justificar ese odio tan visceral y desaforado. Alguien sin embargo nombró a la casa Lozano...

Esta mañana, en un foro de muy buenos aficionados, otro amigo, apuntaba también en la misma dirección (los Lozano) y traía a colación al Juli, objeto durante años de la enemiga más feroz de la afición madirleña más radical e intransigente. Y decía ese amigo:

Yo creo que viene de la época de cuando lo apoderaban los Lozano junto al Juli. Como ya el Juli había pasado de ser el centro de sus críticas y había adquirido la condición de maestro... mi impresión es que pasaban factura a Tomás Rufo por estar bajo el paraguas de la casa Lozano.

La respuesta de la IA

Como estamos en tiempos modernos, le he preguntado por ese tema a la IA, a la inteligencia artifical. La respuesta, sorprendentemente afinada, que no necesariamente quiere decir atinada, ha sido esta:

La dureza con la que una parte de la afición más radical o “torista” de Madrid trata a Tomás Rufo no se explica solo por lo que hace en el ruedo; también pesa mucho el contexto simbólico y político del toreo madrileño.

La conexión con los Lozano y con la herencia de El Juli influye bastante por varias razones:

  • Durante décadas, una parte de la afición dura de Las Ventas construyó una oposición frontal al “sistema” taurino: grandes casas de apoderamiento, figuras protegidas, carteles cerrados, ganaderías cómodas, etc.
  • Los Hermanos Lozano fueron vistos precisamente como uno de los centros de ese poder empresarial.
  • El Juli terminó convirtiéndose para muchos aficionados radicales en el símbolo máximo del “toreo de poder”: dominio absoluto del escalafón, capacidad para elegir ganaderías y enorme influencia empresarial.
  • Como Rufo salió muy joven impulsado por ese mismo entorno empresarial y mediático, parte de Madrid lo leyó casi automáticamente como “el nuevo producto del sistema”.

Además, hay factores puramente taurinos:

  • Rufo tiene un concepto más moderno y ligado al temple, la colocación y el gobierno de la embestida, pero no transmite siempre sensación de emoción o riesgo extremo para el sector más torista.
  • En Madrid, ciertos tendidos valoran muchísimo la épica, la crudeza y el enfrentamiento con toros duros por encima de la pureza técnica.
  • Cuando un torero llega con gran promoción, el listón en Las Ventas se vuelve todavía más feroz. A Rufo se le exige demostrar verdad absoluta desde el primer día.

También influye un fenómeno muy madrileño: cuando la afición percibe que una figura “viene impuesta” por prensa, empresas o televisión, reacciona endureciendo el juicio. Le pasó a El Juli, a Manzanares en ciertas épocas y ahora parcialmente a Rufo.

Eso no significa que toda Madrid esté contra él. Tiene partidarios claros y tardes reconocidas. Pero el núcleo más intransigente de la plaza lo mira con una mezcla de:

  • rechazo al “sistema”,
  • memoria de la era El Juli-Lozano,
  • y sospecha hacia cualquier torero que ascienda demasiado rápido con apoyo empresarial fuerte.

En Las Ventas, muchas veces el contexto pesa casi tanto como la faena.

Hasta aquí la respuesta de la inteligencia artificial cuyos comentarios creo que invitan a la reflexión, pues abre muchos posibles debates. Buen tema para sociólogos y psicólogos.

Lo que está claro es que no es cuestión de toreo, ni de formas de torear (aunque también) sino de algo más profundo y de mayor calado. Es una guerra ideológica. La misma guerra ideológica que sufrieron Guerrito o Joselito el Gallo (los mejores) hace más de 100 años o el Juli más recientemente. 

Una guerra que no cesa.

Tomás Rufo se encara con el sexto toro de la Quinta, mientras un sector del público se encaraba con el (Foto: EFE)


sábado, 25 de abril de 2026

La dureza del toreo (XIV) El fistre roto

 Por Jose Morente

Cogida de Morante en Sevilla (foto: Arjona)

Queremos que los toreros sean valientes y se queden quietos pero también queremos que los toros no les cojan. Son las contradicciones de los aficionados, pues vistos los imponderables que tiene el toreo, resulta ser una ecuación casi imposible. De ahí la grandeza y la dureza de esta Fiesta nuestra.

Una grandeza y dureza que vienen desde sus orígenes. Que no es de ahora, aunque lo de ahora, así visto, sigue siendo igual de duro que lo de antes. Y no se trata de comparar durezas, porque cada época es cada época y el toreo, en todas las épocas es profesión de máximo riesgo a veces no evidente.

Llevaba Morante una feria de Sevilla excepcional cuando surgió la sorpresa y la cornada. Cornada grave e incomodo porque afecta a la zona del esfinter.

Hace muchos años, un 29 de agosto de 1909, un toro de Gamero Cívico cogía al torero Curro Martín Vazquez (gran estoqueador y padre de los toreros Pepín, Manolo y Rafael Martín Vázquez) en el Puerto de Santa María en una cogida muy similar a la de Morante que le causó un destrozo importante del que tardó bastante en recuperar. 

Lo contaba el propio diestro al periodista Parmeno:

Y salió mi toro -un toro negro, mú grande y mú bien armao- y fui a doblá con el en el primer quite, y me enganchó por una pìerna y me dió tres surríos y me estampó en er suelo, y me buscó ayí, sin fijarse en los capotes, y me asertó de pronto con una corná en el rezto. 

Yo sentí lo missmo que si me hubieran atisao una patá en er guesesito que tenemos aquí,  en sarva sea la parte, y me levanté sin mucho trabajo, y me yevé la mano atrá naturalmente, y, al vérmela coloraísima, quise apartá a corré. Pero no había hecho un movimiento cuando me entró el sudó de los insurtos y me caí, y me metieron a puñaos en la enfermería, y me tendieron en una bancá grande, único aparato que había en aqueya sahúrda.

Y no fué esto lo peó; lo peó fué que se aturruyaron los médicos. Yo, que oía caé mi sangre de la banca a las losas, les pedía caridá: "¡Curarme, por lo que más queráis ustedes!¡Curarme, por Dió!"

Y, por fin, me taponaron con unos argodones, me pusieron en una camiya y me yevaron a la carrera al hospitá. Pero ¡la que en el hospital me esperaba!...

Morante en la camilla tras la cogida de Sevilla (Informalia)

Vinieron las curas dolorosísismas que omitimos y sigue la entrevista con el padre de los Martín Vázquez contando este sus penurias tras esa cogida:

- A los nueve días me trasladaron a Seviya, y una semana después volvieron a olearme, y mejoré y empeoré en veinte ocasiones, y, a los sinco meses, pa ver lo que impedía que me curara, me cogieron por su cuenta los médicos y me abrieron en caná, y pasaron otros tres meses, y por fin, grasias a Dios, entré andando en mi pueblo. Pero, ¿sabe usté como entré? Pos entré con el fistre roto.

- ¿El fistre? 

- ¿No se yama así? Pos como se yame. Er caso es que con ná con que tosiera. se salía de mi cuerpo lo que de ningún cuerpo se debe salí.

- ¡Ah! Era el esfínter lo que tenía usted roto.

- Eso. Y figúrese mi situación toreando con semejante avería.

- Pero, ¿toreó usted así?

- ¿Y que iba a haser? Toreé dos veses, al año y medio de la corná- El primer día fue en Mursia. Salí taponao y vendao, y ni de esa manera evité lo que no podía evitarse. En la plaza procuré que me reventará un toro, y luego, en la fonda, romí a yorá como un niño chico. Y trabajé en Nimes con idéntico resultao, y, con la desesperación ya, me fuí a Barselona pa retirarme y morirme en un rincón si no me curaban, y Raventó, un medico catalán, me compuso el fistre, o como se yame, y no sé como no me vorví loco de alegría. ¡Pos no era ná ser un hombre otra vé lo mismo que los demás hombres! ¡Me netró un való y una satisfasión y una confiansa!... Había gastao unos miles de duros en la enfermedá: había hipotecao una casa que le compré a mi madre, y había aumentao mi familia con tres chiquiyos que dejó mi hermana al morí; pero tenía mi fistre y podía corré y brincá y ganarme nuevamente un sitio entre los toreros, y tó me importaba un comino.

Curro Martín Vázquez, el señor Curro, tras la cogida del Puerto con el "fistre" roto (foto: Actualidades)


lunes, 13 de octubre de 2025

Morante ¡Se acabaron los toros!

Por Jose Morente

Salida a hombros de Morante en las Ventas el 12 de octubre (Plaza 1)

Cuando murió Joselito el Gallo, el Guerra afirmó que “se acabaron los toros”. Al Guerra se le discutió mucho esa frase tan pesimista, pero el tiempo vino a darle la razón. Cuando un torero del calado de Joselito muere o se retira, los toros -en cierto modo- se acaban.

Los toros se acaban porque con la retirada o muerte del torero de época acaba y se cierra una época del toreo, una manera de entender la fiesta, que ya nunca podrá volver. Es lo que pasó con la muerte de Pepe-Hillo, con la retirada de Guerrita o con la muerte de Joselito. Es lo que está pasando ahora con la retirada de Morante de la Puebla.

Son momentos muy duros pues a la alegría y certidumbre de haber vivido una época única e irrepetible del toreo se une la nostalgia y tristeza de lo perdido, de lo que sabemos que no volverá, de lo que ya no veremos más.

Es verdad que, cual Ave Fénix, los toros volverán a resurgir de sus cenizas (lo que esperamos que suceda más pronto que tarde). Siempre ocurre así, pero la sensación de orfandad, de fin de época, de etapa terminal es, desde luego, tremenda.

A lo largo de mis años de aficionado he visto muy buenos toreros, algunos grandísimos toreros, pero pocos, por no decir ninguno, con el calado, la enjundia y la torería profunda y jonda del torero de la Puebla. 

No se trata de torear mejor o peor. No se trata de hacer o decir el toreo. Tampoco, del dominio sobre el toro o la expresión del diestro en el ruedo. El debate tiene otra dimensión. Con los toreros irrepetibles de cada época todos esos planteamientos sobran. Lo que Morante nos ha ofrecido cada tarde en cada plaza es algo más que hacer el mejor toreo. Su propuesta va mucho más allá. 

Con Morante han toreado, cada tarde y con el mismo toro, todos los buenos toreros del pasado: Hillo, Costillares, Cúchares, el Gordito, Lagartijo, Guerrita y Joselito el Gallo. Morante ha rescatado de las polvorienta revistas ilustradas y de las viejas filmotecas suertes olvidadas o en desuso que dormían un sueño que pudo ser eterno. Morante ha hecho suyos esos lances, esas suertes, esos modos de torear. 

Morante ha recuperado y nos ha regalado el toreo más añejo, el de siempre, pero, paradojas de la genialidad, presentado en odre nuevo.  No ha habido un toreo más moderno en nuestro días que el toreo de Morante.

Sus coetáneos hemos tardado en entenderle y quererle. A Morante le costó entrar en Sevilla y triunfar plenamente en Madrid. Estoy por decir que todavía no se le ha entendido en toda su enorme dimensión torera. Y es que hoy valoramos lo evidente, lo rotundo, lo fácil, lo obvio. Hablo de éxito, orejas y puertas grandes. Cosas que, en realidad son accidentales. Lo importante del toreo está en otra parte. Y hay que buscarlo en la cabeza, en el corazón y en las muñecas de los toreros grandes. Lo que la escuadra y el cartabón de las reglas, los cánones y los prejuicios no nos permiten apreciar.

Espero que con el paso del tiempo podemos llegar a comprender cabalmente su misterio y la importancia de su paso por el toreo en toda su dimensión infinita. Todavía es pronto. Nos falta, quizás, perspectiva.

Sorprendentemente, sin embargo, han sido los jóvenes recién llegados a la fiesta los que mejor le han entendido. Los jóvenes no contaminados por reglas, cánones y prejuicios lo hicieron suyo. Lo han adoptado como referente y modelo. José Antonio ha sido su torero, su ídolo. Ellos si que se han quedado huérfanos.

Morante ha sido -es- el más valiente de los artistas y el más artista de los valientes. Cualquier faena suya de capa o muleta podría servir de modelo ejemplar de buen torear, del mejor toreo posible, en la universidad del toreo. Valga de ejemplo, tremendo ejemplo, su intensa e inmensa última faena en las Ventas. Una faena, como todas las suyas diferentes a cualquiera de las que hayamos podido ver en nuestra ya larga vida de aficionados.

Cuando un torero de este calado, de esa categoría, se olvida del cuerpo, como ha venido haciendo Morante todas las tardes de esta su última temporada, el toreo trasciende y se sublima. Cada lance se convierte en iniciático y terminal. Por eso se suspende el tiempo. Cada suerte es un juego con la muerte. Una muerte no buscada pero tampoco rehusada.

Con la retirada (esa pequeña muerte civil) del torero de la Puebla del Río acaba una gran época del toreo. La del primer cuarto de este siglo XXI parangonable, gracias a tres o cuatro nombres señeros a cualquiera de las etapas más significativas de toda la historia del toreo.

Por todo eso hoy podemos afirmar, como afirmó Guerrita a la muerte de Gallito, que, con su retirada, se han acabado los toros. 

Solo falta esperar a que renazcan de nuevo de sus cenizas. El problema, la duda, es el tiempo que tendremos que esperar para que eso ocurra.

Mientras eso llega, podremos recordar que ¡nosotros hemos visto torear a Morante!

Morante en el cambio de rodillas. Madrid, 12 de cotubre (Plaza 1)

Te esperamos siempre, Morante

 Por Fernando Cámara

Morante se corta la coleta en las Ventas (EFE)

Aquellos poseedores de la genialidad y el talento, capaces de vender el arte de la sugestión, pasan por la historia sentando cátedra, pero también mutilando las almas de quienes tuvieron la suerte de deleitarse sobre cualquiera de los grandes templos de sillería y albero.

Aquellos que compraron con voracidad e incluso con codicia el ingenio y la capacidad  de este icono del sublime arte de la lidia, hoy están de pésame. Sus almas hedonistas, hoy mutiladas por el corte de una genuina coleta, escudriñan en esta ocasión la historia recordando a los mejores. Vagan a su vez por el futuro buscando el alivio des sus almas. No les será difícil mantener en sus mentes esta tauromaquia morantista tan controvertida como genial para la eternidad, pero si encontrar otro tan auténtico y fascinante. Y vendrán otros, no con esos, pero con otros atributos, llegarán arañando el alma de los observadores, de los entendidos e incluso los detractores. ¿Pero quién será? ¿Como será? ¿Cuál será su nombre? Es un día triste, porque el toreo de Morante creció con con él y se fue por su sudor, por su sangre y por el implacable calendario. 

¡Que sorpresa! ¡Que decepción y que admiración! ¿Lo tendría premeditado o es producto de su frágil mente? Nos gustaría que fuese una estrategia, que marchase a un paraíso a descansar para recuperar la necesidad imperiosa de seguir seduciendo la bravura de sus eternos oponentes y nos gustaría verlo regresar regalándonos algunos de estos ramillete de verónicas, de derechazos y naturales adornados con el sublime baile que enmascara la quietud de su sereno valor. 

Adiós compañero, maestro, adiós a Morante, aunque  siempre estará, José Antonio. 

Mi admiración y respeto es el de todos los que te admiramos.

Queremos entender que no es tarde, que estarás y que tal vez volverás. Te esperamos siempre, Morante.