domingo, 10 de mayo de 2026

La inquina de Madrid contra Tomás Rufo. Un enigma ¿resuelto? por la IA

Uno de los cinqueños de la Quinta tan bello de pelaje como de mal comportamiento (foto Plaza1)

La corrida de la Quinta

Aunque de aceptable presentación la cinqueña corrida de la Quinta fue no mala, sino peor. El clásico santacoloma que embieste a media altura y se desentiende de los engaños. Con peligro sordo. Sin dar ninguna opción a los toreros, salvo el sexto que duró poco. 

Perera, no estuvo. Luque, si. Bastante bien, pero Madrid no es plaza donde interesen el trasteo técnico a los toros complicados (En otra plaza hubiese tenido más opciones porque esperan más). Aqui, en mi opinión y después de muchos años de ver toros en esta plaza, solo convencen pocas cosas: El toreo bonito de los artistas, la faena ligada al toro repetidor o la faena heroica al toro marrajo. Madrid no tiene medias tintas. Ni está para matices.

Lo de Rufo es aparte. Muy decidido en el más complicado 3º y muy bien en el 6º hasta que el toro dejó de embestir. Varios descabellos le privaron de premio.

El sector protestón protestando (foto de archivo)

La inquina contra Tomás Rufo

Pero lo que más me llamó la atención fue la inquina desaforada y desproporcionada del sector más radical e intransigente de esta plaza contra este torero. Salí de la plaza preguntándome el porque de esa actitud.

En las cervezas de la tertulia post-corrida, nadie supo darme una explicación, al menos convincente. Que Rufo toreé mejor o peor (para algunos, mejor; para otros, peor), no vale para justificar ese odio tan visceral y desaforado. Alguien sin embargo nombró a la casa Lozano...

Esta mañana, en un foro de muy buenos aficionados, otro amigo, apuntaba también en la misma dirección (los Lozano) y traía a colación al Juli, objeto durante años de la enemiga más feroz de la afición madirleña más radical e intransigente. Y decía ese amigo:

Yo creo que viene de la época de cuando lo apoderaban los Lozano junto al Juli. Como ya el Juli había pasado de ser el centro de sus críticas y había adquirido la condición de maestro... mi impresión es que pasaban factura a Tomás Rufo por estar bajo el paraguas de la casa Lozano.

La respuesta de la IA

Como estamos en tiempos modernos, le he preguntado por ese tema a la IA, a la inteligencia artifical. La respuesta, sorprendentemente afinada, que no necesariamente quiere decir atinada, ha sido esta:

La dureza con la que una parte de la afición más radical o “torista” de Madrid trata a Tomás Rufo no se explica solo por lo que hace en el ruedo; también pesa mucho el contexto simbólico y político del toreo madrileño.

La conexión con los Lozano y con la herencia de El Juli influye bastante por varias razones:

  • Durante décadas, una parte de la afición dura de Las Ventas construyó una oposición frontal al “sistema” taurino: grandes casas de apoderamiento, figuras protegidas, carteles cerrados, ganaderías cómodas, etc.
  • Los Hermanos Lozano fueron vistos precisamente como uno de los centros de ese poder empresarial.
  • El Juli terminó convirtiéndose para muchos aficionados radicales en el símbolo máximo del “toreo de poder”: dominio absoluto del escalafón, capacidad para elegir ganaderías y enorme influencia empresarial.
  • Como Rufo salió muy joven impulsado por ese mismo entorno empresarial y mediático, parte de Madrid lo leyó casi automáticamente como “el nuevo producto del sistema”.

Además, hay factores puramente taurinos:

  • Rufo tiene un concepto más moderno y ligado al temple, la colocación y el gobierno de la embestida, pero no transmite siempre sensación de emoción o riesgo extremo para el sector más torista.
  • En Madrid, ciertos tendidos valoran muchísimo la épica, la crudeza y el enfrentamiento con toros duros por encima de la pureza técnica.
  • Cuando un torero llega con gran promoción, el listón en Las Ventas se vuelve todavía más feroz. A Rufo se le exige demostrar verdad absoluta desde el primer día.

También influye un fenómeno muy madrileño: cuando la afición percibe que una figura “viene impuesta” por prensa, empresas o televisión, reacciona endureciendo el juicio. Le pasó a El Juli, a Manzanares en ciertas épocas y ahora parcialmente a Rufo.

Eso no significa que toda Madrid esté contra él. Tiene partidarios claros y tardes reconocidas. Pero el núcleo más intransigente de la plaza lo mira con una mezcla de:

  • rechazo al “sistema”,
  • memoria de la era El Juli-Lozano,
  • y sospecha hacia cualquier torero que ascienda demasiado rápido con apoyo empresarial fuerte.

En Las Ventas, muchas veces el contexto pesa casi tanto como la faena.

Hasta aquí la respuesta de la inteligencia artificial cuyos comentarios creo que invitan a la reflexión, pues abre muchos posibles debates. Buen tema para sociólogos.

Lo que está claro es que no es cuestión de toreo, ni de formas de torear (aunque también) sino de algo más profundo y de mayor calado. Es una guerra ideológica. La misma guerra ideológica que sufrieron Guerrito o Joselito el Gallo (los mejores) hace más de 100 años o el Juli más recientemente. 

Una guerra que no cesa.

Tomás Rufo se encara con el sexto toro de la Quinta, mientras un sector del público se encaraba con el (Foto: EFE)


sábado, 25 de abril de 2026

La dureza del toreo (XIV) El fistre roto

 Por Jose Morente

Cogida de Morante en Sevilla (foto: Arjona)

Queremos que los toreros sean valientes y se queden quietos pero también queremos que los toros no les cojan. Son las contradicciones de los aficionados, pues vistos los imponderables que tiene el toreo, resulta ser una ecuación casi imposible. De ahí la grandeza y la dureza de esta Fiesta nuestra.

Una grandeza y dureza que vienen desde sus orígenes. Que no es de ahora, aunque lo de ahora, así visto, sigue siendo igual de duro que lo de antes. Y no se trata de comparar durezas, porque cada época es cada época y el toreo, en todas las épocas es profesión de máximo riesgo a veces no evidente.

Llevaba Morante una feria de Sevilla excepcional cuando surgió la sorpresa y la cornada. Cornada grave e incomodo porque afecta a la zona del esfinter.

Hace muchos años, un 29 de agosto de 1909, un toro de Gamero Cívico cogía al torero Curro Martín Vazquez (gran estoqueador y padre de los toreros Pepín, Manolo y Rafael Martín Vázquez) en el Puerto de Santa María en una cogida muy similar a la de Morante que le causó un destrozo importante del que tardó bastante en recuperar. 

Lo contaba el propio diestro al periodista Parmeno:

Y salió mi toro -un toro negro, mú grande y mú bien armao- y fui a doblá con el en el primer quite, y me enganchó por una pìerna y me dió tres surríos y me estampó en er suelo, y me buscó ayí, sin fijarse en los capotes, y me asertó de pronto con una corná en el rezto. 

Yo sentí lo missmo que si me hubieran atisao una patá en er guesesito que tenemos aquí,  en sarva sea la parte, y me levanté sin mucho trabajo, y me yevé la mano atrá naturalmente, y, al vérmela coloraísima, quise apartá a corré. Pero no había hecho un movimiento cuando me entró el sudó de los insurtos y me caí, y me metieron a puñaos en la enfermería, y me tendieron en una bancá grande, único aparato que había en aqueya sahúrda.

Y no fué esto lo peó; lo peó fué que se aturruyaron los médicos. Yo, que oía caé mi sangre de la banca a las losas, les pedía caridá: "¡Curarme, por lo que más queráis ustedes!¡Curarme, por Dió!"

Y, por fin, me taponaron con unos argodones, me pusieron en una camiya y me yevaron a la carrera al hospitá. Pero ¡la que en el hospital me esperaba!...

Morante en la camilla tras la cogida de Sevilla (Informalia)

Vinieron las curas dolorosísismas que omitimos y sigue la entrevista con el padre de los Martín Vázquez contando este sus penurias tras esa cogida:

- A los nueve días me trasladaron a Seviya, y una semana después volvieron a olearme, y mejoré y empeoré en veinte ocasiones, y, a los sinco meses, pa ver lo que impedía que me curara, me cogieron por su cuenta los médicos y me abrieron en caná, y pasaron otros tres meses, y por fin, grasias a Dios, entré andando en mi pueblo. Pero, ¿sabe usté como entré? Pos entré con el fistre roto.

- ¿El fistre? 

- ¿No se yama así? Pos como se yame. Er caso es que con ná con que tosiera. se salía de mi cuerpo lo que de ningún cuerpo se debe salí.

- ¡Ah! Era el esfínter lo que tenía usted roto.

- Eso. Y figúrese mi situación toreando con semejante avería.

- Pero, ¿toreó usted así?

- ¿Y que iba a haser? Toreé dos veses, al año y medio de la corná- El primer día fue en Mursia. Salí taponao y vendao, y ni de esa manera evité lo que no podía evitarse. En la plaza procuré que me reventará un toro, y luego, en la fonda, romí a yorá como un niño chico. Y trabajé en Nimes con idéntico resultao, y, con la desesperación ya, me fuí a Barselona pa retirarme y morirme en un rincón si no me curaban, y Raventó, un medico catalán, me compuso el fistre, o como se yame, y no sé como no me vorví loco de alegría. ¡Pos no era ná ser un hombre otra vé lo mismo que los demás hombres! ¡Me netró un való y una satisfasión y una confiansa!... Había gastao unos miles de duros en la enfermedá: había hipotecao una casa que le compré a mi madre, y había aumentao mi familia con tres chiquiyos que dejó mi hermana al morí; pero tenía mi fistre y podía corré y brincá y ganarme nuevamente un sitio entre los toreros, y tó me importaba un comino.

Curro Martín Vázquez, el señor Curro, tras la cogida del Puerto con el "fistre" roto (foto: Actualidades)


lunes, 13 de octubre de 2025

Morante ¡Se acabaron los toros!

Por Jose Morente

Salida a hombros de Morante en las Ventas el 12 de octubre (Plaza 1)

Cuando murió Joselito el Gallo, el Guerra afirmó que “se acabaron los toros”. Al Guerra se le discutió mucho esa frase tan pesimista, pero el tiempo vino a darle la razón. Cuando un torero del calado de Joselito muere o se retira, los toros -en cierto modo- se acaban.

Los toros se acaban porque con la retirada o muerte del torero de época acaba y se cierra una época del toreo, una manera de entender la fiesta, que ya nunca podrá volver. Es lo que pasó con la muerte de Pepe-Hillo, con la retirada de Guerrita o con la muerte de Joselito. Es lo que está pasando ahora con la retirada de Morante de la Puebla.

Son momentos muy duros pues a la alegría y certidumbre de haber vivido una época única e irrepetible del toreo se une la nostalgia y tristeza de lo perdido, de lo que sabemos que no volverá, de lo que ya no veremos más.

Es verdad que, cual Ave Fénix, los toros volverán a resurgir de sus cenizas (lo que esperamos que suceda más pronto que tarde). Siempre ocurre así, pero la sensación de orfandad, de fin de época, de etapa terminal es, desde luego, tremenda.

A lo largo de mis años de aficionado he visto muy buenos toreros, algunos grandísimos toreros, pero pocos, por no decir ninguno, con el calado, la enjundia y la torería profunda y jonda del torero de la Puebla. 

No se trata de torear mejor o peor. No se trata de hacer o decir el toreo. Tampoco, del dominio sobre el toro o la expresión del diestro en el ruedo. El debate tiene otra dimensión. Con los toreros irrepetibles de cada época todos esos planteamientos sobran. Lo que Morante nos ha ofrecido cada tarde en cada plaza es algo más que hacer el mejor toreo. Su propuesta va mucho más allá. 

Con Morante han toreado, cada tarde y con el mismo toro, todos los buenos toreros del pasado: Hillo, Costillares, Cúchares, el Gordito, Lagartijo, Guerrita y Joselito el Gallo. Morante ha rescatado de las polvorienta revistas ilustradas y de las viejas filmotecas suertes olvidadas o en desuso que dormían un sueño que pudo ser eterno. Morante ha hecho suyos esos lances, esas suertes, esos modos de torear. 

Morante ha recuperado y nos ha regalado el toreo más añejo, el de siempre, pero, paradojas de la genialidad, presentado en odre nuevo.  No ha habido un toreo más moderno en nuestro días que el toreo de Morante.

Sus coetáneos hemos tardado en entenderle y quererle. A Morante le costó entrar en Sevilla y triunfar plenamente en Madrid. Estoy por decir que todavía no se le ha entendido en toda su enorme dimensión torera. Y es que hoy valoramos lo evidente, lo rotundo, lo fácil, lo obvio. Hablo de éxito, orejas y puertas grandes. Cosas que, en realidad son accidentales. Lo importante del toreo está en otra parte. Y hay que buscarlo en la cabeza, en el corazón y en las muñecas de los toreros grandes. Lo que la escuadra y el cartabón de las reglas, los cánones y los prejuicios no nos permiten apreciar.

Espero que con el paso del tiempo podemos llegar a comprender cabalmente su misterio y la importancia de su paso por el toreo en toda su dimensión infinita. Todavía es pronto. Nos falta, quizás, perspectiva.

Sorprendentemente, sin embargo, han sido los jóvenes recién llegados a la fiesta los que mejor le han entendido. Los jóvenes no contaminados por reglas, cánones y prejuicios lo hicieron suyo. Lo han adoptado como referente y modelo. José Antonio ha sido su torero, su ídolo. Ellos si que se han quedado huérfanos.

Morante ha sido -es- el más valiente de los artistas y el más artista de los valientes. Cualquier faena suya de capa o muleta podría servir de modelo ejemplar de buen torear, del mejor toreo posible, en la universidad del toreo. Valga de ejemplo, tremendo ejemplo, su intensa e inmensa última faena en las Ventas. Una faena, como todas las suyas diferentes a cualquiera de las que hayamos podido ver en nuestra ya larga vida de aficionados.

Cuando un torero de este calado, de esa categoría, se olvida del cuerpo, como ha venido haciendo Morante todas las tardes de esta su última temporada, el toreo trasciende y se sublima. Cada lance se convierte en iniciático y terminal. Por eso se suspende el tiempo. Cada suerte es un juego con la muerte. Una muerte no buscada pero tampoco rehusada.

Con la retirada (esa pequeña muerte civil) del torero de la Puebla del Río acaba una gran época del toreo. La del primer cuarto de este siglo XXI parangonable, gracias a tres o cuatro nombres señeros a cualquiera de las etapas más significativas de toda la historia del toreo.

Por todo eso hoy podemos afirmar, como afirmó Guerrita a la muerte de Gallito, que, con su retirada, se han acabado los toros. 

Solo falta esperar a que renazcan de nuevo de sus cenizas. El problema, la duda, es el tiempo que tendremos que esperar para que eso ocurra.

Mientras eso llega, podremos recordar que ¡nosotros hemos visto torear a Morante!

Morante en el cambio de rodillas. Madrid, 12 de cotubre (Plaza 1)

Te esperamos siempre, Morante

 Por Fernando Cámara

Morante se corta la coleta en las Ventas (EFE)

Aquellos poseedores de la genialidad y el talento, capaces de vender el arte de la sugestión, pasan por la historia sentando cátedra, pero también mutilando las almas de quienes tuvieron la suerte de deleitarse sobre cualquiera de los grandes templos de sillería y albero.

Aquellos que compraron con voracidad e incluso con codicia el ingenio y la capacidad  de este icono del sublime arte de la lidia, hoy están de pésame. Sus almas hedonistas, hoy mutiladas por el corte de una genuina coleta, escudriñan en esta ocasión la historia recordando a los mejores. Vagan a su vez por el futuro buscando el alivio des sus almas. No les será difícil mantener en sus mentes esta tauromaquia morantista tan controvertida como genial para la eternidad, pero si encontrar otro tan auténtico y fascinante. Y vendrán otros, no con esos, pero con otros atributos, llegarán arañando el alma de los observadores, de los entendidos e incluso los detractores. ¿Pero quién será? ¿Como será? ¿Cuál será su nombre? Es un día triste, porque el toreo de Morante creció con con él y se fue por su sudor, por su sangre y por el implacable calendario. 

¡Que sorpresa! ¡Que decepción y que admiración! ¿Lo tendría premeditado o es producto de su frágil mente? Nos gustaría que fuese una estrategia, que marchase a un paraíso a descansar para recuperar la necesidad imperiosa de seguir seduciendo la bravura de sus eternos oponentes y nos gustaría verlo regresar regalándonos algunos de estos ramillete de verónicas, de derechazos y naturales adornados con el sublime baile que enmascara la quietud de su sereno valor. 

Adiós compañero, maestro, adiós a Morante, aunque  siempre estará, José Antonio. 

Mi admiración y respeto es el de todos los que te admiramos.

Queremos entender que no es tarde, que estarás y que tal vez volverás. Te esperamos siempre, Morante.

domingo, 5 de octubre de 2025

Madrid 3 de octubre. Polémica Puerta Grande

 Por Clarito (fotografías de Plaza 1 y Andrew Moore)

Salida a hombros de Emilio de Justo acompañado por un centenar de chavales. La genete joven ha vuelto a las plazas y eso es una muy buena noticia

Me pide mi buen amigo Jose Morente que retome las crónicas o reseñas o notas o como quieran llamarse sobre este abono corto del otoño madrileño de 2025 y así lo intentaremos cumplir.

Venimos a Madrid con la ilusión de la plaza grande e importante que da y quita a los toreros. Donde los ganaderos se esfuerzan por enviar, no el toro de mejor nota que ese si no tiene tamaño no pasa el fielato del reconocimiento, sino el de mayor volumen, tenga las hechuras que tenga. Es lástima porque esta plaza merece mejor trato. Merece toros finos, vareados, con articulaciones pronunciadas, bien conformados de pitones. O sea con trapío. Un tipo de toro que aquí, empeñados en el toro de Bilbao (el más grande y basto) cuesta ver.

Y es importante esta reflexión porque en el toro está la clave de todo. En todas las plazas, el éxito del torero está condicionado por el comportamiento de la res que le cae en suerte. Son contados los capaces de mejorar un toro malo. Algunos más los que consiguen estropear un toro que, en otras manos, hubiera dado mejor juego. Pero son mayoría los toreros cuyo éxito depende del toro. De la profundidad y clase de su embestida. 

En Madrid, este requisito se agudiza respecto a otras plazas porque el toro, la continuidad y profundidad de las arrancadas determina de manera brutal las posibilidades de éxito de los diestros que vienen a esta plaza. Si el toro repite, el torero torea y el público olea. Si el toro se para o carece de ritmo aparecen los bocinazos de los partidarios del unitoreo. Ya lo decía el que más sabía de esto, Joselito el Gallo: ¡Ojalá me salga un toro como este en Madrid un día sin viento!

El sexto de la tarde. Un toro válido para triunfar en Madrid

Subrayemos lo de un toro como este (o sea, un buen toro), y subrayemos lo del viento, casi siempre omnipresente en esta plaza aunque lo cierto es que en este primer finde otoñal no ha molestado como suele molestar. Albricias.

La corrida de Victoriano del Río (cuya calidad mejora con el recuerdo) se vio ayudada por la actitud de los toreros, Emilio de Justo, Borja Jiménez y Tomás Rufo. Hablemos de ellos en orden inverso.

Me gustó Tomás Rufo muy fino y elegante, quien dio una extraordinaria tanda de naturales a un buen toro burraco. Pero al que desde el sector de siempre, le reventaron la faena. Una faena que, como el toro, se fue diluyendo poco a poco. En su segundo, muy firme y decidido ante un toro que no dio opciones.

Natural extraordinario de Tomás Rufo. Algunos le recriminaron el pico, pero ¿saben los vociferantes lo que es el pico? Me temo que no y sobre todo me temo que no tienen ningún interés en saberlo.

Borja Jiménez estuvo como es Borja, animoso y entregado toda la tarde con su toreo enfrontilado, que ese si gusta más en esta plaza. En su primero, con clase, le sacó naturales muy arrebujados. Aunque alargó la faena. En su segundo, un toro descompuesto en la embestida, se plantó y peleó sin mayor respuesta del público.

Borja siempre entregado, siempre dispuesto a todo

La tarde se la llevó Emilio de Justo, cogido dramáticamente de salida por el primero. Un toro con mucho sentido. Parecía que llevaba cornada pero todo quedó en fracturas de costillas. Que no es poco. El extremeño que no se arredrá nunca pidió salir de la enfermería, lo que hizo -entre una fuerte ovación- cuando acabó la lidia del quinto. Lo recibió con una larga cambiada de rodillas y con unas verónicas con mucha tensión y entrega. Con el capote levantó a la plaza y a la tarde.

Manos por delante del sexto. Luego embistiría con prontitud y longitud

Con la muleta el planteamiento de la faena a ese manso toreable con profundidad y clase en las embestidas fue brutal. Tiró la ayuda y desde el primer muletazo se lió a torear al natural, ora con la derecha, ora con la izquierda. Muy embrocado siempre (eso si que gusta en Madrid a todos) en una faena muy emocionante aunque algo atropellada por momentos por la tremenda entrega del torero. Emilio resolvió los achuchones con mucha torería, ora un molinete, ora un afarolado, ora un pase de pecho. Estuvo enorme.

Emilio resolvió muy bien los achuchones del toro.

Entró a matar a por todas, con mucha decisión, con su típico salto. La estocada quedó baja, muy baja, y le reprocharon, lógicamente, el bajonazo. Pese a ello y por la intensidad de la faena, el público pidió mayoritariamente la segunda oreja. El Presidente la concedió y Emilio salió por la Puerta Grande de las Ventas. Su quinta Puerta Grande.

Merecida Puerta Grande de Emilio de Justo pese al...bajonazo.

---oooOooo---

Una reflexión (distinta) sobre la estocada. El público moderno y bastantes aficionados le dan mucha importancia a la colocación. ¿Donde cae el estoque, donde cae la puya, donde caen las banderillas?. Eso de la colocación -del estoque, de la puya, de las banderillas- es muy fácil de ver. Lo dificil, y para mi lo más importante, es valorar la ejecución de la suerte. 

Hablemos de la estocada de Emilio de Justo. La de la polémica. Es cierto que hay veces que el torero busca el rincón para asegurar el éxito o la eficacia en la suerte. Hoy (vivimos dias de animalismo dentro y fuera de las plazas) y un pinchazo penaliza como no ha penalizado en la historia del toreo y algunos diestros prefieren asegurar. Pero, en general, la colocación de la estocada depende de multiples imponderables que no es el caso enumerar. Un inciso, Montes, el Joselito del XIX atravesaba los toros en la suerte de recibir por exceso de mando en la muleta, según decían sus contemporáneos. Y fue el Napoleón del toreo.

La ejecución es, sin embargo, lo que en mi opinión se debería apreciar y valorar. Y la ejecución de la estocada de Emilio fue irreprochable aunque la espada quedara baja, muy baja. 

Sin embargo. Para mi el bajonazo que debería penalizar es el de quien busca decididamente los bajos a traición y con alevosía. No es el caso de la estocada de Emilio de Justo. Las dos orejas y la Puerta Grande fueron más que merecidas.

Será discutible, pero es mi opinión.

Adenda. Para que no haya dudas publicamos por gentileza del genial fotógrafo Andrew Moore una secuencia de fotografías de la estocada de la polémica. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Fotografías de Andrew Moore


domingo, 14 de septiembre de 2025

Asi toreaba (en ochos)... Rafael Ortega

 Por Jose Morente

Grandiosa estocada de Rafael Ortega (ABC)

Rafael Ortega (San Fernando, Cádiz; 4 de julio de 1921 – Cádiz, 18 de diciembre de 1997) ha sido uno de los toreros de interesantes de la postguerra española. Uno de los grandes estoqueadores de todos los tiempos al que, sin embargo, penalizado ante los públicos por su figura que denotaba cierta tendencia a la obesidad y con una calvicie prematura. 

Su toreo de muleta estaba al nivel de su estoque. Por eso, Antonio Ordóñez pudo decir que “Es el mejor que ha toreado de todos nosotros” y Antoñete, allá por el año 85, dejó escrito que "el torero que más me ha gustado, Rafael Ortega, a quien considero además el torero más completo y el que ha toreado con mayor pureza”. 

Natural de Rafael Ortega, muy puro, muy asentado, pero (¿contradicción?) muy en la línea técnica del toreo de Manolete.

Lo de la pureza de Rafael -innegable- dio pié al título del libro que le prologó (¿y le escribió?) Ángel García Mayo, "El toreo puro". Un adjetivo que le ha etiquetado desde entonces.


El caso es que una gran mayoría de los aficionados actuales no le hemos podido ver torear en las plazas, pues Rafael se retiró hace ya 57 años, el 1 de septiembre de 1968, en la plaza de Marbella. Para acercarnos a su toreo tenemos varías fuentes: las películas (viejas películas de NO-DO, Gan o Achúcarro), las fotografías (dificiles de descifrar para quien no es torero) y las crónicas y textos escritos (más engañosos siempre de lo que podríamos suponer).

Es curioso que en un arte visual como es el toreo, los textos escritos hayan tenido tanto peso en nuestra formación como aficionados. Hemos reducido el toreo a varias frases huecas que pretenden explicar la realidad pero que solo sirven para confundir más que para ilustrar.

Ese concepto de lo que es el toreo puro podría ser uno de ellos. La tan traída y llevada pureza ha sido pretexto utilizado (tanto en el toreo como en el flamenco) para encumbrar a unos y descalificar a otros.

No voy a seguir por ahí. Lo que me parece oportuno es rescatar la definición del toreo al natural que daba el propio Rafael Ortega en su libro y compararla con los naturales que daba en la plaza. Dice Ortega (1986:47):

"El toro tiene que venir humillado, metido en la panza de la muleta y con la suerte cargada. La mayor parte de los toreros lo que hacen es descargar; tú citas por un lado o por otro, y en vez de echar para adelante la pierna contraria, lo que haces es echar la otra para atrás; y eso no es cargar, es descargar. El toreo bueno es aquel en que cargas la suerte y apoyas el peso sobre la pierna contraria; y la última parte del pase ha de permitir que el toro te deje colocarte de nuevo sin modificar el terreno, pues lo más clásico y lo más puro es que, en la faena, cuanto menos andes, mejor.

No me refiero a "andarles a los toros" como lo hacía Domingo Ortega, sino a eso de dar un pase aquí y otro allá y recorrer toda plaza para pegarle veinte muletazos sueltos y desligados al toro: eso no es..."

Muy claro y muy gráfico. Tanto que leyendo esto te imaginas (o te crees que imaginas) sin problema como se debe torear al natural en redondo, pero el caso es que ni Ortega (Rafael), ni tampoco Belmonte (Juan), ni Ortega (Domingo) han toreado como sus panegiristas o ellos mismo dijeron que toreaban.

No entro en el primer muletazo de la tanda (siempre controvertido y sobre el que tengo mi propia teoría que algún día contaré) hablo en la manera de  ligar unos muletazos con otros. Pero esa es la historia del toreo en redondo. Ahora estamos hablando de toreros de la otra cuerda, la del toreo cambiado o en ochos.

Ya vimos en este blog como Belmonte, no ligaba nunca los muletazos en serie. Juan toreaba en ochos, yendo al pitón contrario en cada pase, metiendo la pierna y (ahí la diferencia con sus predecesores) dejándola ahí. Era un constante entrar y salir del terreno del toro, enmendando el terreno despúes de cada pase pero aguantando el cabezazo de la res dentro de cacho lo que provocaba enorme emoción.

Belmonte. Nimes (1934) Primer toro

Asi, con la misma técnica del regate (idéntica al mecanismo que usan los recortadores en los bous al carrer y los banderilleros en los pares al quiebro) toreaba Domingo Ortega, como podemos ver en esta faena de Alicante (17/01/1932) que rescatamos del olvido hace ya unos años.

Domingo Ortega en Alicante (enero de 1932)

Y así, metiendo la pierna y desplazando al toro y enlazando los pases en ocho, igual que Belmonte y Domingo Ortega, toreaba Rafael Ortega... ¡cuando toreaba en ochos!.

Auque los estilos son diferentes (patético el de Belmonte, poderoso el de Domingo y sobrio el de Ortega) la técnica es la misma. 

Especialmente sorprende la similitud entre el toreo de Juan y el de Rafael (el de Domingo tiene mucho más movimiento). Ambos -el de Triana y el de San Fernando- se meten en el terreno del toro a pasito corto, cruzando siempre al pitón contrario. 

Pero lo mejor, como siempre digo, es verlo y que cada uno saque sus propias conclusiones.

Rafael Ortega. 1950

Del toreo de Rafael Ortega al natural en redondo y de su ajuste a lo que dejó escrito, hablaremos otro día.



lunes, 8 de septiembre de 2025

Joaquín Vidal. ¿Belmonte ventajista?

 Por José Morente

Joaquín Vidal

Como cada cual ve el toreo de una forma diferente, me parece lógico que cada cual analice e interprete el toreo como mejor le venga en gana. A partir de su propio punto de vista. Algo totalmente legítimo.

Lo que ya no es tan legítimo ni defendible es tergiversar y manipular datos y circunstancias probadas para imponer nuestras convicciones. Lo que hoy algunos llaman crear un relato.

Y ese es el caso del crítico taurino Joaquín Vidal cuando escribía y hablaba de toros. Crear relatos increíbles y falaces pero envueltos en la indiscutible calidad de su prosa y lanzados a través del potente altavoz que a sus palabras prestaba el País, diario en el que escribía. 

He sacado un corte de sus opiniones en el episodio de la serie Retratos que Canal Sur TV dedicó a Juan Belmonte

El fragmento seleccionado no tiene desperdicio. Vidal no analiza el toreo de Belmonte sino que aprovecha la oportunidad que se le brinda para difundir sus teorías sobre la historia del toreo, teorías que se alejan con mucho de la realidad. 

Oigamosle primero.


Nos toca ahora desmenuzar sus curiosas y discutibles opiniones. Unas opiniones que han tenido un eco tremendo en una generación de aficionados (entre los que me incluyo) desorientada por mor de Vidal y otros cuantos gurús de la crítica taurina que ahora no viene al caso nombrar.

Primera afirmación. "El [se refiere a Belmonte] trajo un toreo nuevo que los aficionados antiguos consideraban un toreo de ventaja y un toreo decadente"

Primera afirmación de Vidal y primera sorpresa. Eso de que los aficionados antiguos consideraron a Belmonte, un toreo ventajista y decadente se lo ha sacado Vidal de la manga. 

Más bien al contrario. A Belmonte se le cantó como el torero de la verdad frente a la mentira del toreo anterior y se le comparó con Pedro Romero, figura mítica, al que se suponía piedra angular de un toreo sin ventajas que ya se había perdido y que Juan recuperó.

Es más, con Belmonte se trajo a la palestra la frase de Lagartijo ("Viene el toro, te quitas tú. Que no te quitas tú, te quita el toro") ensalzando como Belmonte había hecho trizas en los ruedos el aforismo lagartijista.

Segunda afirmación. Vidal dice que los precursores de Belmonte y cita al Espartero, Reverte y Antonio Fuentes (Esto último es un error. Debería haber dicho Antonio Montes), fracasaron por intentar citar a esos toros de "enorme casta y pujanza" a menor distancia para acentuar la emoción.

Es falso que el toro de aquellos tiempos tuviera enorme casta y pujanza. Es una falacia. Lo único que ocurría es que no se había inventado el peto ni la penicilina. Al toro no se le picaba, llegaba crudo a la muleta, y cualquier herida podía ser fatal para el torero. En general era un toro más manso y mucho más a la defensiva. Con más sentido, pero no con más bravura ni más casta.

Lo de acortar la distancia merece también un comentario, pues en realidad lo que intentaban los precursores de Juan y a veces conseguían, pero de tarde en tarde, era meterse en el terreno del toro. Cruzarse al pitón contrario. Juan lo hizo.

Tercera afirmación. Cuando Belmonte empezó a mandar en las plazas entonces empezó a seleccionar las ganaderías y reivindicó que el toro no tuviese tanta pujanza, que el toro no tuviese tanta presencia. En definitiva que el toro no tuviese tanta casta.

Que esto no es cierto lo saben hasta los niños de parvulario. El cambio en el ganado de la época del que habla Vidal no es responsabilidad de Belmonte sino de Joselito, cuyo predicamento entre los ganaderos era tremendo, y no tenía como objeto quitar casta a los toros sino todo lo contrario. Se buscaba mejorar la presencia y comportamiento de las reses cara a la faena de muleta. Por ello, se deshechan las reses destartaladas y se busca un toro de embestida más brava y menos defensiva.

Cuarta afirmación.  Vidal contrapone el toreo antiguo, según el de más riesgo, con el toreo de Belmonte, menos auténtico, pero más armónico, más largo, más hondo. El toreo anterior se desechó porque era mas peligroso. 

Un aserto que basa en la anterior falacia (la peligrosidad del toro y del toreo antiores). Sin embargo Cossío (mejor documentado en la historia del toreo que Vidal) afirmaba justo lo contrario: "Me interesa declarar que no pienso que haya disminuido el riesgo. Torear un toro que puede poco con el estilo plástico de hoy es seguramente más expuesto que torear un toro de poder con los recursos admitidos antaño como corrientes."

Quinta afirmación. Después de Belmonte todos los toreros empezaron a tomar lo que podíamos llamar la Escuela de Belmonte. Y desde entonces (años 14-15) hasta los años 70, mejor o peor interpretado, mejor o peor ejecutado, se seguía el canon de Belmonte. A partir de los años 70, o mejor de los 80, eso ha desaparecido totalmente. Ahora [años 80] se está haciendo un toreo que no tiene absolutamente nada que ver.

Traca final con muchas cosas que comentar. Primero, la afirmación, ya desmentida, de que el toro y el toreo anteriores a la edad de oro eran más peligrosos. 

La segundo afirmación falsa es que todos los toreros empezaron a torear como Belmonte. No es cierto. Lo cierto es que todos entran en el terreno en el que entró Belmonte. pero lo hacen al estilo y con la técnica del toreo en redondo que trajo Joselito. Técnica que, a través de Chicuelo y Manolete, es la que llega a nuestros días. El toreo en ochos, de pitón a pitón, se queda como una técnica más, pero ni es ya la fundamental ni es la base de la faena moderna.

Por eso, por no servir de referente en la muleta, tampoco es verdad que el canon belmontista perviviera hasta los años 70 u 80. El toreo de Belmonte fecundará el toreo de capa que vino después, pero incide poco en la muleta. Lo que pasa es que Vidal estaba en ese momento empeñado en la crítica del toreo de los años 80 y por eso afirma que el canon belmontista se mantiene hasta los años 80. Pero lo hace solo para criticar y denostar a los toreros de los 80. 

Curiosamente, Vidal afirmará algunos años más tarde en su libro "40 años después" (una ácida diatriba contra Manolete y su toreo), que el canon belmontista solo duró hasta la época de Manolete ¿En que quedamos? 

Dice Vidal en ese libro: “Si Belmonte revolucionó el toreo con una nueva concepción interpretativa, en cuya arquitectura cargar la suerte era la piedra angular. Manolete lo contrarrevolucionó con otra de sentido radicalmente contrario: lo que aportó Belmonte a la tauromaquia lo quitó Manolete…la escuela belmontista (no confundir el término con “estilo abelmontado”) tuvo vigencia plena, indiscutible y exclusiva desde poco antes de los años veinte hasta poco después de los cuarenta y, a partir de aquí, hubo de ceder espacio a la norma manoletista (no confundir el término con “estilo amanoletado”)" 

Conclusiones

El relato vidalista no se sostiene. Ni el toreo antiguo (anterior a la edad de oro) era más arriesgado, ni Belmonte un torero ventajista que impuso un toro menos encastado. 

 Por otra parte las contradicciones son evidentes. Si Juan era un torero ventajista no se entiende la defensa de su toreo y la critica a los contrarrevolucionarios que se cargaron su escuela. Por cierto ¿fueron los toreros de los 80 o fue Manolete el culpable de esa ruptura y de todos los males del toreo contemporáneo?

En mi opinión, creo que el gran error del discurso vidalista (error común a otros críticos y aficionados de la misma camada) está en considerar la historia del toreo como un proceso de continua decadencia donde los datos y los hechos se utilizan y manipulan a voluntad para demostrar lo que pensamos.

La historia del toreo es, al contrario, un proceso en continua evolución

Que es lo que sabía ese cronista lúcido y entendido que se llamó Pepe Alameda.