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viernes, 29 de octubre de 2021

Mazzantini y la alegoría del trabajo

 Por Jose Morente

Conjunto escultórico dedicado al Marqués de Larios. En la parte delantera y delante del Marqués, el conjunto -madre e hijo- dedicado a La Caridad"

En septiembre de 2018, el Ayuntamiento de Málaga iniciaba las tareas de restauración del monumento dedicado al Marqués de Larios. Se trata de un conjunto escultórico urbano dedicado a Manuel Domingo Larios y Larios, II marqués de Larios. Este conjunto, el más relevante de la ciudad, se encuentra situado en la emblemática intersección de la Alameda Principal con la calle Larios y fue realizado por Mariano Benlliure a finales del XIX (entre 1896 y 1899). 

A la estatua del Marqués, situada en lo más alto, le acompañan, por delante la representación de "La Caridad", encarnada en las figuras de una madre ofreciendo a su hijo (ver foto que encabeza esta entrada) y, a su espalda, "la Alegoría del Trabajo", encarnada por un robusto operario.

"La alegoría del trabajo" 

Durante la II República, se bajó al Marqués de su pedestal y, en su lugar, se colocó la imagen del trabajador alegorizado. La madre y el hijo continuaron en su sitio pero ahora mirando, no al Marqués, sino hacia el ensalzado obrero.

El conjunto escultórico dedicado al Marqués de Larios, pero sin Marqués. Propuesta de inversión del orden social coherente con la ideología de la II República.

Tras la contienda civil, el Marqués y el obrero recuperaron -como era de prever- sus posiciones originales.

Tarjeta postal de finales del XIX-principios del XX. El conjunto escultórico de Benlliure en su situación original. El Marqués de Larios -en lo alto- mirando a la Alameda (ahora mira a la calle que lleva su nombre). Detrás, en un nivel inferior, la "Alegoría del trabajo"

Llegados a este punto, estoy seguro que muchos lectores se estarán preguntando que pinta esta lección sobre monumentos urbanos malagueños en un blog dedicado a los toros y al flamenco. Pues pinta, aunque la respuesta estoy seguro que va a sorprender. Y es que el modelo utilizado por Mariano Benlliure para esculpir el cuerpo del alegórico y macizo obrero no es otro que el cuerpo de don Luís Mazzantini y Eguía, el bravo torero de Elgóibar, el mejor diestro vasco de la historia.

Mazzantini

Don Luís fue torero de muy buen tipo, no al estilo de lo que se entiende por buen tipo torero, sino, más bien. al estilo del tipo de los clásicos chicarrones del norte. Cossío recalcaba que su corpulencia, estatura y decisión le proporcionaron ventajas indiscutibles para matar. Y es cierto, pues sus tremendos volapiés, una suerte en la que descolló sobre todos sus contemporáneos, le dieron cumplida fama. 

La explicación de que Benlliure utilizara el cuerpo de Mazzantini es también sencilla. En una de las corridas de la Feria de Julio de Valencia de 1895, Mazzantini le brindó uno de los toros a Benlliure, que en agradecimiento ofreció al matador modelar su busto, busto que se pudo contemplar en la Exposición de Bellas Artes e Industrias Artísticas celebrada en Barcelona, un año después.

Busto de Mazzantini, obra de Mariano Benlliure (1896)

La realización del busto, coincide con la época en la que le encargaron realizar el conjunto dedicado al Marqués de Larios en Málaga y Benlliure, a la vista de la apostura de don Luís, no tuvo dudas en proponerle que posara como modelo para el cuerpo del obrero. Una oferta que el diestro vasco no rechazó.

La buena fachada de Mazzantini


Benlliure utilizo a Mazzantini como modelo para el cuerpo del obrero de la Alegoría del Trabajo en el monumento al Marqués de Larios en Málaga.


Ubicación del monumento.


martes, 6 de septiembre de 2016

Breve historia de la víctima de la Fiesta (según Cossío)

La víctima de la Fiesta de Ignacio Zuloaga

Releo a Cossío en su capitulo "Carácter y breve historia del tercio de varas" de su "Disertación Final de los Toros" (T. IV/10 y también en T. 5/30. Págs. 198 y ss.).

Don José María hace un interesante análisis de este tercio que paso a resumir en los puntos siguientes:

Primero.- A principios del siglo XIX se consuma el cambio capital de la suerte de picar. De picar a toro levantado y sin riesgo de las caballerías se pasa a picar a toro parado con número cada vez más crecientes de bajas.

De picar a caballo levantado y con vara larga, se pasa a picar con vara corta y esperando al toro (Lámina V de l edición de 1804 de la Tauromaquia de Pepe-Hillo).
El toreo a caballo se subordina al toreo a pie. Las consecuencias para la caballería serán funestas. 

Segundo. A partir de Pepe-Hillo y, sobre todo, de Montes, la suerte de varas se subordina al interés del matador. Posiblemente sea, la Tauromaquia de Montes, el hito final de la suerte de picar a caballo levantado y de la vara larga.

Tercero.- La intervención del picador será a partir de entonces, la que preste carácter más sangriento a la Fiesta. Pese a la opinión de los aficionados, la matanza de caballos no se debería a la impericia de los picadores ni a falta de habilidad de los mismos, sino al modo de picar-

Cuarto. Hay más, derribado el caballo, nadie se molestaba en separar al toro de su presa pues, el que lo levantara reiteradamente en su cabeza (lo que se llama romanear) era ardid que se impuso, sobre todo a finales del XIX, para quebrantar la pujanza del burel.

Que el toro romanease era un método (cuando no se había implantado el peto) para conseguir reducir su poder (Escultura de Mariano Benlliure)
Esta situación la describe Cossío de la forma siguiente:
"A principios de este siglo [se refiere al siglo XX] el cambio de criterio era notorio, y ya se suprime en los resúmenes periodísticos de las corridas el número de caballos muertos como índice de la bravura de los toros, y por entonces había de pintar Ignacio Zuloaga, gran pintor y gran aficionado, su famoso cuadro 'La víctima de la Fiesta', alegato el más elocuente, dentro de su silencio, contra el descuido de la defensa del caballo en el ruedo. Porque, conviene insistir en ello, no se trataba de impericia de los picadores, sino de caso inevitable en las condiciones en que los toros se picaban".
Quinto.- Las criticas a este modo de actuar van en aumento y, a principios del XIX, se empiezan a adoptar medidas tendentes por un lado, a procurar menor quebranto al toro (caso de las puyas o de las rayas de picar) o a proteger a los caballos (como retardar la salida al ruedo de los picadores o la implantación del peto, utilizado ya en Francia y que allí llamaban caparazón).

"Cuando los caballos no llevaban peto"

Sexto.- La desventaja fundamental del peto -a la vista de la experiencia posterior- es evidente. El toro queda inerme bajo la pica del picador y este aprovecha la ocasión para castigarle a mano salva.

Séptimo.- La actitud del público ha variado lógicamente. Antes, el reprochable fracaso artístico del picador quedaba compensado por el riesgo evidente al que se exponía frete al toro por la falta de protección del caballo. Hoy la indignación la produce la magnitud o impunidad del castigo.

La actual suerte de varas -por el abuso e impunidad en el castigo- provoca la indignación del público y favorece las tesis contra la Fiesta (Imagen de un Blog antitaurino: Coscollet)
Octavo.- El final de este proceso, concluye, está en convertir la suerte de varas no en suerte de gallardía, sino en "adaptar la tradicional presencia del caballero en el ruedo durante la lidia a la conveniencia del toreo a pie"

Del análisis que hace Cossío, se deduce que el verdadero cambio del discurrir del toreo no acaece con la implantación del peto (1928) sino casi un siglo antes (1836), cuando el prestigio de los toreros de a pie se impone a los de a caballo. Al subordinar la suerte de varas al resto de la lidia y enfocarla exclusivamente al quebranto del toro, se modifica la lidia toda.

Una modificación esencial en la que la introducción del peto resulta ser sólo un eslabón más de esa larga cadena.