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domingo, 18 de febrero de 2018

Cuando y porqué hemos perdido el sentido de la realidad (de Belmonte a Manolete)

Por Jose Morente
Igual que Don Quijote perdió el sentido de la realidad leyendo libros de caballería, así ocurre con algunos aficionados que han perdido el sentido de la realidad leyendo literatura taurina (En la imagen, ilustración de Gustavo Doré para una edición del Quijote)
En nuestra entrada de ayer, revisamos las opiniones de Rafael Ortega sobre cómo se debe torear. Mientras que para Domingo Ortega (referente de muchos aficionados actuales) la clave estaba en cargar la suerte, Rafael (otro referente) relativizaba ese movimiento y ponía el acento en el cite. Creo que el de la Isla de San Fernando tiene bastante más razón que el de Borox pues, se cite como se cite, para hacer posible un buen muletazo habrá necesariamente que plantear correctamente ese momento inicial del cite. Si no se inicia correctamente el muletazo luego todo será ya más difícil.

Es cierto que su cite con la muleta adelantada es muy diferente (al menos en la teoría pues las imágenes le desmienten) del manoletista cite de muleta atrasada pero es también, y eso es lo importante, un cite en quietud.

Y es lógico pues el maestro Rafael Ortega se forma como torero en la época de Manolete (Ortega tomó la alternativa tardíamente con 28 años en 1949) una época en la que el paradigma de la quietud, el torear parado, vino a sustituir el necesario y contínuo movimiento del toreo antiguo.

Manolete sustituye el movimiento contínuo del toreo en ochos por la quietud del toreo en redondo donde el torero se planta como eje vertical alrededor del cual gira el toro. Hoy no se concibe ni se admite torear sin quietud y, sobre todo, citar sin quietud. Hoy el público exige citar parado, sin menear los pies o sea, teniendo estos completamente anclados en el albero en el momento que el toro entra en jurisdicción.

Todas los argumentos de los defensores del toreo en movimiento (Gregorio Corrochano, Díaz Cañabate, Joaquín Vidal, Alfonso Navalón, etc.) quiebran ante esa evidente realidad del toreo en quietud, del toreo parado impuesto por Manolete cuya importancia y cuyas consecuencias no supieron entender ni valorar. Su defensa del toreo en movimiento (cargar la suerte adelantando la pierna de salida después de que el toro inicie su arrancada) no tiene nada que ver con lo que hoy se exige y se premia en las plazas.

Por eso sus seguidores, aquellos aficionados que han aprendido el toreo leyendo los libros, los artículos y las crónicas de los autores citados, dificilmente podrán disfrutar y comprender el toreo parado y en redondo de nuestros días, un toreo que es herencia genial de Joselito, Chicuelo y Manolete y los diestros que les siguieron.

De lo que no se han percatado esos aficionados es que su contínua frustración no tiene su origen en aquello que los toreros hacen en los ruedos sino en esas teorías que anidan en sus cabezas. Les ocurre lo mismo que a Don Quijote, a quien la lectura de los libros de caballería le hizo perder el sentido de la realidad

El mayor problema de nuestros días no está en los ruedos sino en esas erráticas y confusas teorías que pueblan nuestras mentes de aficionados.


sábado, 17 de febrero de 2018

Torear sin cargar la suerte

Por Jose Morente

Foto publicada en el Ruedo de una estocada de la misma tarde de la película que comentamos.
Viendo estos días videos antiguos, me topo con unas viejas películas de Rafael Ortega que parecen contradecir las tesis que el torero (o quizás su prologuista Ángel Fernández Mayo) sostenía en su libro "El Toreo puro". Del dicho al hecho va un largo trecho pero, en este caso, es que se tratan de cosas diametralmente opuestas.

Rafael sustituía la trilogía belmontina ("parar, templar y mandar") por la suya propia ("citar, templar y mandar"). El cambio no es baladí pues en el cite estaba, para el torero de la Isla, el toreo puro, el que algunos llaman rondeño. Es cierto que Domingo Ortega ponía el énfasis en un término diferente ("cargar") pues el de Borox sostenía que sin cargar era imposible mandar (aunque lo cierto es que, lo miremos como lo miremos, esa afirmación resulta ser radicalmente falsa).

Resumiendo que para Rafael había que "citar, parar, templar y mandar, y a ser posible cargando la suerte". Subrayemos ese "y a ser posible" que introduce una duda en el dogma.

En cualquier caso, y hablando del toreo de muleta, Rafael apostillaba:
"El toro tiene que venir humillado, metido en la panza de la muleta y con la suerte cargada. La mayor parte de los toreros lo que hacen es descargar: tú citas por un lado o por otro y, en vez de echar para adelante la pierna contraria, lo que haces es echar la otra para atrás; y eso no es cargar, es descargar. El toreo bueno es aquél en que cargas la suerte y apoyas el peso sobre la pierna contraria"
Siguiendo el tópico, Rafael equipara cargar la suerte con echar la "pata alante", que no es lo mismo aunque eso es ya harina de otro costal. 

El problema real se encuentra en la distancia abismal entre lo que se dice (o nos hacen decir) y lo que se hace. Vamos a ver en imágenes a Rafael Ortega toreando de muleta y no en una mala tarde o de forma inusual sino en una de sus buenas faenas, toreando en Sevilla en la feria de 1954 a un toro bravo y noble de esos de los que el diestro de la Isla venía a decir que no había excusas para no cargarles la suerte pero... 

Pero no lo hace. No carga la suerte pues no adelanta la pierna de salida (no la contraria, otro error) en el muletazo y, sin embargo, manda en el toro. Lo vemos.




Y es que, diga lo que diga Domingo Ortega y diga lo que diga Rafael Ortega, se puede (y quizás se debe) mandar sin cargar la suerte o sea, mandar con los brazos, sin menear los pies, que era lo que, en puridad y en realidad, aconsejaban las tauromaquias clásicas.

Una puntualización el toro que se ve en el vídeo no es de Miura como decía o afirmaba la voz del NO-DO del que se han obtenido estas imágenes publicadas por Alfonso Arteseros en la serie "Sevilla Recuperada" del Diario de Sevilla, sino de Buendía o sea encaste Santacoloma.

Aunque hoy se ensalza el toreo puro de Rafael Ortega y se contrapone al toreo de Manolete, la realidad es que técnicamente el toreo de muleta de ese diestro se encuadra en la línea de Manolete. Con una estética muy diferente (más recio, menos ascético), eso sí, pero dentro de un mismo concepto (se diga lo que se diga). Aunque hoy no queramos verlo así y le demos más crédito a unos textos erráticos que a lo que de verdad pasa en los ruedos. 

Rafael Ortega estaba, por tanto, en la misma línea que la mayoría de los toreros de su tiempo. En lo que superaba claramente a sus contemporáneos era en la suerte suprema. En eso, Rafael Ortega fue gente... tan gente como Manolete.


El arriba es Rafael Ortega (en la tarde de marras), el de abajo Manolete. Del primero dicen que toreaba puro; del segundo que conculcó todos los cánones habidos y por haber. Pero no es verdad. Ahí están las imágenes por si quedaba alguna duda...
Una pregunta. Sabemos leer pero ¿sabemos mirar?

viernes, 1 de septiembre de 2017

Los tópicos (II) El pico de la muleta

Por Jose Morente


Según algunos aficionados, torear con el pico es torear alejando al toro de la cadera. Sin embargo, esta foto muy difundida en Internet de un impresionante muletazo de José Tomás, desmiente esa tesis. Hay pico, si pero también mucho ajuste.
Una de los tópicos más repetido es el del "pico" de la muleta. El pico es la parte más alejada de la muleta con respecto al cuerpo del torero, por ello, torear con el pico es, para muchos aficionados, torear alejando al toro de la cadera, una ventaja inadmisible que exige pública reprobación por lo que no es infrecuente escuchar en las plazas ese bocinazo que lo denuncia -¡Picooooooo!- lanzado por el espectador "inteligente" que no se deja engañar por el torero que usa tal ardid. Según esos aficionados el toreo hay que hacerlo con la panza que es lo clásico. Según los toreros no se puede torear sin el pico. 

¿Quién tiene razón? Empecemos por el principio

El "pico" en las Tauromaquias antiguas.



El toreo antiguo con las "bambas" (una obsesión de algunos aficionados). Lo vemos en esa vieja foto de Gitanillo de Triana aunque no tenemos la secuencia completa que nos permita comprobar como ha sido realmente ese muletazo. En todo caso, en ese muletazo plano, la utilización del pico solo se justificaría si el toro se acuesta, se ciñe, o si tiene sentido (Fotografía del blog La Aldea de Tauro)
Las Tauromaquias antiguas hay que leerlas con cierta prevención pues antes no se toreaba igual que ahora. A principios del siglo XIX, el muletazo era un sencillo movimiento del brazo que servía para dejar pasar al toro (de ahí la palabra "pase").

La muleta entonces, se presentaba plana o cuadrada en el cite al toro bravo y noble pero si el toro era de los que se ciñen, la muleta se debía presentar oblicua e incluso, perpendicular totalmente, si el toro era de los que buscan el bulto (toro de sentido).

En la tauromaquia de Paquiro que es la que da esos consejos, el pico es defensivo. La idea es que al presentar la muleta oblicua o perpendicular y pegar el muñecazo hacia afuera, la parte exterior -el pico- se movería con más rapidez, atrayendo la atención del toro y separándolo del cuerpo del torero.

Eso era torear con el pico en el siglo XIX: un recurso admitido en determinadas clases de toros y sólo en ellos.

El "pico" en el toreo moderno.


El toreo moderno con el "pico". El pico se utiliza para dirigir y controlar la embestida del todo (aumentando el mando) pero no para despegarlo del cuerpo del torero (Fotografía de un muletazo de José Tomás)
El toreo ha cambiado mucho desde los tiempos de Paquiro y el muletazo ya no es un mero pase, un dejar pasar al toro sino que el objeto es llevarlo toreado durante el mayor recorrido posible (con mando) y a la mínima velocidad posible (con temple).

Para mandar es importante controlar todo lo posible los movimientos de la tela, algo relativamente fácil con la derecha y bastante difícil con la mano izquierda pues al no ir montada con la espada, la muleta pierde rigidez. Vamos a hablar por tanto del toreo con la muleta en la mano derecha.

Si presentamos la muleta cuadrada o plana, montada en la mano derecha, su anchura visual resulta excesiva y al toro le damos demasiadas opciones de elegir a qué zona de la muleta ataca lo que no es conveniente pues puede separarse en demasía del cuerpo del torero o, más probable aún, meterse por dentro pues la zona del faldón es la más incontrolable.

Si la muleta se presenta cuadrada y montada su anchura resulta excesiva y, además, le damos al toro demasiadas opciones para elegir donde ataca pudiendo hacerlo incluso a la parte interior de la muleta, la que más vuela y peor se controla con lo que perdemos mando
La solución es presentar la muleta oblicua, reduciendo su anchura visual. Así obligamos al toro a focalizar su atención en esa zona, el pico, que es la más fácil y cómoda de controlar con los movimientos del brazo y de la muñeca.

Si la muleta se presenta oblicua el toro ve menos muleta y, al concentrar su atención en una superficie menor (el triángulo que se forma delante) se incrementa el mando.
Hasta aquí todo es igual que en el toreo antiguo. Las diferencias empiezan a partir de ese momento y la principal diferencia está en el movimiento de la muñeca.

Si el torero pegase el muñecazo hacia afuera, como en el toreo antiguo, estaría utilizando el pico para despegarse del toro pero si pega el muñecazo hacia adentro, que es lo que hoy se pretende hacer, estaría acercando el pico a su cuerpo y encajando al toro entre la muleta y la pierna.

El pico en este caso, le sirve para mandar en la embestida y ajustar la trayectoria de la res. Eso le permite torear más ceñido que es lo contrario del pico en el toreo antiguo y con más control que si torease con las bambas.

Inicio del muletazo, el torero está jalando del toro con la muleta oblicua pero sin abrir la muñeca hacia afuera (como se hacía en las viejas Tauromaquias). Al contrario, lo que hace es girar la muñeca hacia adentro acercando el pico a su cuerpo. La diferencia es abismal. Se consigue así un muletazo más ceñido y con mucho mando.
Con las bambas no se puede ni debe torear si se quiere controlar y dirigir la embestida o sea, mandar, que es uno de los requisitos básicos del toreo moderno. En consecuencia, hay que torear con el pico pero girando la muñeca hacia dentro, encajando la embestida del toro y acercándola al cuerpo del torero.

Ese "pico" de hoy que busca acercar la embestida al cuerpo del torero no tiene nada que ver con el "pico"de la tauromaquia de Paquiro. Es justo lo contrario. Antes, un recurso necesario en determinados toros. Hoy, un modo técnico de acentuar el mando y el riesgo. Casi nada.





El buen toreo moderno. La muleta oblicua ya en el cite o al momento de embarcar al toro, se gira hacia adentro con un muñecazo en el primer tramo del muletazo, controlando la embestida y aumentando el mando. En el remate la muñeca se gira ya hacia afuera para dejar al toro colocado para un nuevo natural (Fotografía José Tomás

martes, 2 de mayo de 2017

El Juli. La mano que sujeta... al toro huido

Por Jose Morente
La clave de la Tauromaquia de Juan Belmonte estaba en llevar la contraria al toro. Lo opuesto a lo que hacía, por ejemplo, Antoñete. Por eso, según Juan, al toro huído hay que sujetarlo haciéndolo doblar (Imagen del libro de Luís Bollaín)
Uno de los primeros libros de toros que cayó en mis manos fue "La Tauromaquia de Juan Belmonte" escrita por Luís Bollaín, un libro que me leí de cabo a rabo y que me lo aprendí casi de memoria.

Uno de las partes que más me llamó la atención fue aquella en las que Bollaín recogía las opiniones del Pasmo de Triana sobre lo que era lidiar a un toro. Reproducimos a continuación lo que decía Juan Belmonte al respecto:
"No admito que pueda hacerse nada meritorio con una muleta o un capote en las manos, sino a base de que el torero sea siempre el supremo dictador. Torear es llevar la contraria al toro, obligarle... a lo que el no "quiere": 
Si es huido, a que doble; si es tardo, a que embista; si se resiste a pasar, a que pase; si se cuela, a que acometa derecho; si derrota alto a que humille; si se revuelve pronto, a que vaya lejos; si acomete recto hacia el torero porque este "se cruzó" con él, a que quiebre la derechura del viaje; y si embiste fuerte y rápido, a que pase suave y lento.
Entre todos esos matices y recursos, entre todas esas recetas, la de la mano que sujeta y hace doblar al toro huído, siempre me ha fascinado. Esa capacidad de someter al toro a la voluntad del torero me parecía y me sigue pareciendo lo más grande del toreo, pura magia, algo inimaginable y es que, tarde tras tarde, sólo he visto sujetar los toros que se dejaban sujetar. Cuando el morito decía que no, no había nadie que pudiese impedir su huida a los tableros.

Sin embargo, ayer en la Maestranza surgió, si no el milagro, si la sorpresa y la confirmación de las tesis de Belmonte.

Ocurrió en el segundo toro de la corrida de despedida de Rivera Ordóñez en esta feria de abril. El Juli con un manso rajado de Daniel Ruiz, puso en practica lo que decía Belmonte.

Lo vemos



Para calibrar el mérito de lo hecho por el Juli,nada mejor que releer este texto de una crónica de Gregorio Corrochano de 1927:
"Dejar pasar al toro y dejarle ir donde su instinto o su querencia le guíe, es un matiz del toreo; pero obligar al toro a que haga lo que quiere el torero, llevarle la cabeza como atada a la tela y colocarla en el sitio preciso, eso sí que es torear, y de más mérito cuanto más rebelde es el toro a que le dominen".
Y remachaba Corrochano, de forma inapelable:
"Eso lo saborean los buenos aficionados, aunque los modernistas se aburran
Por eso, porque el gusto por la vieja lidia ha sido siempre gusto exclusivo de pocos, muy pocos, aficionados, es por lo que, a estos detalles, se les suele dar hoy mucha menos importancia de la que realmente tienen. Eso, sí no se le da ninguna.

Es una lástima.

La mano que sujeta... al toro huído (Fotografía del Juli el lunes en Sevilla con su primer toro de Daniel Ruiz-Maestranza Pagés)

miércoles, 15 de marzo de 2017

Postales taurinas (XVIII) El poderío capotero de Antonio Ordoñez

Una de las fotografías publicadas en el Ruedo en 1963 en la serie dedicada a la Tauromaquia de Antonio Ordoñez escrita por Antonio Abad Ojuel.
De Antonio Ordoñez nos queda a los que le vimos y les ha llegado a los que no, el recuerdo imborrable de su toreo de capa. De su toreo a la verónica

Ordoñez un torero con enorme querencia hacia el toreo cambiado en época de predominio del toreo de línea natural, navegaba y divagaba a veces en la muleta entre uno y otro concepto. Sin saber bien a qué carta jugar, Algo que, quizás, le hacía perder coherencia estilística

Pero lo que Antonio no perdía nunca era su empaque. Un empaque natural, nada forzado. Un empaque excepcional como pocos toreros han tenido. Por eso, con el capote en la mano, en el toreo a la verónica, ese empaque unido a la coincidencia entre su concepto -el del toreo cambiado- y el mecanismo inherente a esa suerte -en la verónica siempre se alternan pitones- le hacía alcanzar la cumbre. Y es que Ordoñez toreando con el capote ha sido una de las cumbres verdaderas del toreo de todos los tiempos.

Hoy cuando se habla tan poco de su figura (quizás por su carácter arisco y nada apacible), no está de más rescatar esta imagen suya con el capote en las manos pero no toreando a la verónica sino unos momentos antes, cuando al toro recién salido del toril, hay que domeñarlo y sujetarlo.

En eso, en sujetar a los toros de salida, fue Antonio Ordoñez un torero único y excepcional. Quizás también por eso, por su capacidad lidiadora, una capacidad lidiadora oculta y velada tras su deslumbrante estética -tras su impresionante empaque- podía luego torear de capa como muy pocos han sido capaces de torear.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Postales taurinas (XVII) El poderío capotero de Gallito

Por Jose Morente

Toreo de capote de Joselito el Gallo (Fotografía de la web de la Peña "Los de José y Juan")

Si hay una fase de la lidia donde es más necesario ganarle la pelea a los toros es con cuando se les recibe con el capote de salida

Torear de salida, al margen los alardes de valor, es ir a poderle al toro. A ganarle la pelea. El toreo de capote que se hace alternando pitones y adelantando la pierna es por eso, muy eficaz para conseguir ese dominio.

La foto de Joselito el Gallo que encabeza este post no tiene desperdicio. El torero no ha citado ya de frente, como en las verónicas antiguas, sino de tres cuartos lo que delata esa la punta de la zapatilla izquierda que mira al lugar desde el que vino el toro mientras la punta de la zapatilla derecha, mira hacia donde va el toro.

Con las manos pasa igual, pues ya no van altas como en el toreo anterior, sacando al toro por arriba, sino que se han desemparejado. Así, la izquierda sujeta, mientras la derecha manda (¡Y como manda!) en la embestida del burel al que retiene y hace volver por su camino, embebido en los vuelillos del capote.

Destroncándole, sí, pero sobre todo, llevándole toreado en preludio y esbozo de ese toreo en redondo con la muleta que vendrá más tarde. Cuando el toro ya esté más entregado.

Lidia y toreo empiezan aquí a ir de la mano.


sábado, 22 de octubre de 2016

Morante torea con los vuelos

Por Jose Morente

Morante en la goyesca de Ronda en 2013, el año que se encerró en solitario con toros de Juan Pedro y Parladé (Foto Arjona para el Mundo)

Morante es un caso aparte en la historia de la Tauromaquia.

Lógicamente hay cosas suyas que no nos gustan o nos desconciertan (ese riego de plaza vestido de torero, por poner un ejemplo) pero es posiblemente el torero de "arte" más valiente de la historia (con permiso de Curro Puya) y también el de más técnica, el de mayor capacidad técnica. Pero de una técnica fetén puesta al servicio del buen toreo.

Un aspecto que, hasta ahora siempre me desconcertaba y no era capaz de explicarme, es esa tendencia suya a hacer faena de muleta casi siempre en los terrenos de adentro, entre las rayas de picar, y no sacarse a los toros más hacia los medios.

Ayer un gran aficionado, Diego, me dio la clave:
Hoy en general y Morante en particular, se torea más con los vuelos que antes. Y toreando con los vuelos, el viento, el más mínimo viento, molesta una barbaridad.
Muy sencillo pero creo que ahí puede estar el quid de la cuestión.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Javier Jiménez desempolva la vieja lidia

Por Clarito

Javier Jiménez tras su aparatosa cogida por el sexto toro: un marrajo de la ganadería de El Tajo. El de Espartinas derrochó, ayer en Sevillaarrojo, valentía y mucha inteligencia (Foto Arjona para Aplausos)

La aportación de Belmonte al toreo trajo muchas cosas buenas y otras que no lo fueron tanto. Con Juan aparece -y triunfa- en la Fiesta un tipo de torero que, si bien existía antes, no se le daba tanto cuartelillo: el torero que espera su toro. 

Algo de eso hubo con otros diestros anteriores como Lagartijo con su famosa paloma azul pero siempre sin llegar al extremo al que llegó Belmonte quien se podía pasar media temporada esperando el toro soñado y la faena soñada que, cuando escasa, acaba siendo sobrevalorada por los públicos.

Mucho de su herencia queda en el toreo de hoy en el que los toreros intentan, casi siempre, imponer un único modo de torear a todos los toros. Un planteamiento que, unido a la necesidad imperiosa de triunfar todas las tardes (lo que, a la postre, resulta contradictorio) aboca a una aparente monotonía.

No se me escapa que esa faena única repetida hasta la saciedad no está exenta de matices detalles pero, en general, esos matices, esas diferencias, son tan sutiles, tan mínimas, que escapan a la atención del espectador ocasional e, incluso, a la del aficionado más avezado.

Ayer se vio en Sevilla. Recibían Morante Ureña a sus dos primeros toros siguiendo el patrón habitual de esperarlos en tablas para, después de tanteados, intentar estirarse a la verónica, loable empeño condenado al fracaso pues la corrida de Alcurrucén salió mansa de solemnidad con todos los toros huidos durante toda su lidia. No era nada fácil sujetarlos.

Sin embargo, hete aquí que al jovencísimo Javier Jiménez se le ocurrió -bendita ocurrencia- saltarse el guión, desempolvar una página de la Lidia o de la tauromaquia más añeja,  olvidarse de la herencia belmontina y recuperar el legado de aquellos viejos y grandes lidiadores (tales PaquiroGuerrita Joselito) que hicieron realmente grande esta fiesta.

Javier no esperó en las tablas a que le llevasen allí su toro (Clarinete se llamaba el tercero de la tarde) sino que fue, decidido a buscarlo a su querencia en terrenos relativamente próximos a toriles. Y desde allí, se fue atravesando toda la plaza, andando para atrás, perdiéndole pasos, acostumbrándole a embestir, desengañando al manso, con capotazos suaves, precisos y medidos para, cuando ya lo tuvo encelado en el engaño, comenzar -entonces sí- a torear por verónicas, con ajuste y hondura. desandando el camino andado y ganándole al toro el terreno y la partida.

A partir de ahí, el toro pareció ya otro, mucho mejor que sus hermanos, sobre todo desde banderillas, quizás también porque Manuel Cordero lo picó muy bien y la cuadrilla (citemos a Lipi) le dio la brega precisa.

Brega o lidia que había comenzado en los lances de recibo de Javier Jimenez quien, desempolvando tauromaquias añejas, nos hizo sentir la emoción de ese buen toreo que viene del conocimiento de las reses y de la intuición y la inteligencia del torero. 

Para mí, una de las fuentes de emoción más fiable en el toreo.




sábado, 3 de septiembre de 2016

Cuaderno de notas (CII) El natural rodilla en tierra según Ortega Cano



"Analizando la fotografía pueden verse varias circunstancias importantes: al toro se le torea con las yemas de los dedos, que son las que sostienen la muleta, y se le lleva embebido en los vuelos, sin agarrotamiento alguno ni en la muleta ni en mi muñeca. Este toreo no podría hacerse si al toro y a la muleta no se le trata con delicadeza, pero también con firmeza, que no son incompatibles.

Torea todo el cuerpo, no sólo las manos. Torea la mitad inferior de mi cuerpo, que está fibroso y tenso, y aunque ahí se está cargando el peso, no está agarrotado. Y torea la mitad superior, que está en una postura completamente distinta a la que tienen las piernas. De la faja para arriba todo es relajación y naturalidad, desde los hombros hasta la cabeza y la cara, que con la mirada sigue el viaje del toro. Y el brazo que manda, tampoco agarrotado, y la mano que sujeta la espada, que no la aprieta, sino que la sostiene levemente, como indicándole al toro por donde tiene que ir.

La conjunción de todas estas cosas, de la parte fibrosa y de la parte relajada del toreo, es lo que hace que este sea grande."

Comentario de ORTEGA CANO en RAMÓN, José Luis, "Todas las suertes por sus maestros" (1ª ed., Madrid, Espasa Calpe S.A., 2000. Págs. 267 y 268
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Addenda: Si bien a este natural, José Luis Ramón, lo denomina en su libro natural por bajo (y lo es), he preferido denominarlo natural rodilla en tierra para evitar confusiones pues conviene recordar que el ayudado por bajo, por ejemplo, se da con el cuerpo erguido.

Bonus Track: El pasado domingo 21 de agosto, el diestro Javier Jimenez abría la Puerta Grande de las Ventas con una magnífica actuación donde desgranó una verdadera sinfonía del pase natural. Broche de la misma fue una de las postreras tandas a su segundo toro donde, entre una trincherilla y un pase de pecho (¡todo con la izquierda!), intercaló el natural de rodillas del que nos hablaba Ortega Cano en el libro de José Luis Ramón. Sensacional.

Lo vemos.


jueves, 1 de septiembre de 2016

¿El palillo se coge por el centro?

Por Jose Morente

Rafael Ortega en un magnífico natural con el palillo cogido por su extremo (Fotografía del libro "Todas las suertes" de José Luís Ramón)

Veíamos en una entrada anterior de este blog (¿Por donde se coge la muleta?) un fragmento de una película de Carlos Arruza donde Lorenzo Garza, al explicar como se debe torear, decía una cosa y hacía otra.

Garza comentaba, en esas imágenes, que había que cruzarse al pitón contrario y se quedaba al hilo y también decía que el palillo había que cogerlo por el medio y, sin embargo, lo cogía por el extremo cerca del cáncamo.

Algo parecido me he encontrado al releer, en el magnífico libro de José Luís Ramón "Todas las suertes por sus maestros", la definición de Rafael Ortega sobre como debe darse el pase natural.

Dice Ortega:
"Para torear al natural, el palillo de la muleta debe agarrarse dos dedos más atrás del centro. Cogiéndola todavía más atrás, el torero tiene más espacio para echar al toro hacia afuera".
Demasiado tajante para mi gusto, pero lo que más me ha llamado la atención no ha sido el texto sino la foto que lo acompaña y que es la que reproducimos al inicio de esta entrada. Una fotografía de un magnífico natural de Rafael Ortega donde se ve claramente que el torero de San Fernando está cogiendo el palillo justo por donde dice que no debe cogerse, por el extremo.

El maestro de la Isla -al igual que muchos otros diestros- incurre en el mismo contrasentido en el que incurría Garza: decir una cosa y hacer otra. Y es que, en el toreo, la teoría pocas veces coincide con la práctica.

La razón es elemental: el toreo no es teoría sino práctica.


Otro natural de Rafael Ortega también con el palillo cogido por el extremo y también excelente (Fotografía publicada en Taurología)


Postdata ante posibles objeciones: Es evidente que un grano no hace granero y una foto o dos no son representativas de un modo de torear (aunque resulta curioso ilustrar un texto con una foto que lo contradice). Es seguro que Rafael Ortega torearía muchas tardes al natural cogiendo la muleta por el centro del palillo. Estoy convencido de ello, como también estoy convencido que esa forma de coger la muleta no es garantía de mayor pureza ni de mayor riesgo. Es, eso sí, mas fácil de apreciar desde el tendido. Sólo eso.

Segunda postdata ante posibles objeciones: Como bien me señala en facebook un buen aficionado (Jose Manuel), las posiciones de centro y extremo son posiciones relativas (se refieren a más hacia el centro o más hacia el extremo), no absolutas. Rara vez la muleta se coge por su extremo o por su centro geométrico.

domingo, 14 de agosto de 2016

Cuaderno de notas (XCIX) Cruzarse cuesta trabajo



"Realmente cuesta trabajo 'cruzarse' con los toros, dar ese paso más; quizás porque nuestro inconsciente torero ignore que en el fondo se trata de una 'ventaja', dentro de lo que cabe (no olvidemos que ante un toro las posibles 'ventajas' son siempre relativas). 

Al cruzarse con el toro y situarnos hacia el pitón de fuera, lógicamente, el engaño se sitúa todavía más hacia fuera -naturalmente, hablamos de la muleta-, con lo que al burel se le ofrecen dos opciones: irse al cuerpo, arrollando directamente (lo que no suele ocurrir), o efectuar una embestida 'centrífuga', es decir, con tendencia a alejarse del punto (el torero) alrededor del cual gira.

Cuanto más cruzado esté el torero, tanto más 'centrífuga' será la embestida. Si estuviera 'al hilo' sería 'centrípeta'; el toro se ciñe al cuerpo del torero (ver las figuras)"

GARRIGUES, Felipe "Abriendo el compás-Un paso adelante en el conocimiento del toreo" 
(1ª ed., Madrid, Alianza Editoria, págs. 46-47)

viernes, 5 de agosto de 2016

Leer es sexy

Por Jose Morente

Leer es sexi y, también, instructivo. De las piernas de Marilyn Monroe a la "pierna escondida" de los toreros, leyendo se descubren cosas muy interesantes y, sobre todo, sorprendentes.

Como dice la portada del último número de la edición española de la revista L'oficciel, "leer es sexi". No sólo eso sino que, además de sexy, leer es muy instructivo. 

Y, en efecto, leyendo textos antiguos se deshacen errores, entuertos y equívocos y se descubren cosas sorprendentes e interesantes como, por ejemplo, eso de que la tan denostada "pierna escondida" que pasa por invención moderna, tiene ya más de tres siglos. Lo que se dice pronto.

Así, leyendo podemos comprobar que esa pierna escondida no es un invento de los toreros de hoy como tanto se repite. Tampoco es ardid traído por ese Espartaco al que tantos males le achacaban algunos revisteros de los 80 (los toreros técnicos siempre han sido y son los más maltratados por los chicos de la prensa) y ni siquiera un recurso de esos toreros mexicanos de hace unas cuantas décadas tan preocupados por torear muy despacio y con muletazos muy largos (o sea, preocupados por torear muy bien).

Resulta que la técnica (la buena técnica) de la pierna escondida es ancestral y viene de lejos, de mucho más lejos. Casi desde los albores del toreo pues se puede rastrear, en añejos documentos taurómacos, al menos, desde el año de gracia de 1700.

La primera referencia que existe sobre la conveniencia de retrasar el pie de salida al torear, se encuentra en la Cartilla de Osuna, que data de esos años. Luego, a lo largo de la historia del toreo, se encuentra diversos textos de distintos autores (algunos de ellos incluso significados por su ortodoxia y dogmatismo) que recomiendan el uso de esa técnica.

Resumiendo y poniendo las cosas en claro. La pierna escondida (ya sea algo bueno o malo, elogiable o rechazable que esa es otra cuestión) pertenece, como invención, a la tauromaquia del siglo diecisiete y no a la Tauromaquia 2.0, como tanto -y tan erróneamente- repiten algunos.

A las pruebas, a estas tres pruebas, nos remitimos:

Regla XI de la Cartilla de Osuna (Hacia 1700)
"El compás es estar derecho y moviendo un pie, sea el que fuere, hacia atrás a modo de campanela, pudiendo de esta suerte torear a un lado y a otro, advirtiendo ser conveniente a los principiantes que se saque la capa por debajo, hasta que lleguen a saber de todas suertes, sabiendo asimismo que el compás quebrado se hace con todo el cuerpo, quedándose mirando al toro para repetir más suertes."
La teoría del toreo de Amós Salvador (1908)
"Y de la misma manera, para echarlos con facilidad hacia atrás [a los toros] y hacer recorrer mucho camino al engaño no será lo mismo conservar juntos los pies que echar hacia atrás el del lado del movimiento, porque así se coloca el cuerpo paralelo a la dirección que se quiere comunicar al engaño y tienen los brazos no sólo más fácil manejo, sino más espacio de acción."
El pase natural según F. Bleu (1913)
"En el pase natural, cabe dispensar a un torero que adelante prudencialmente la pierna derecha, primero, porque con ello no consigue ventaja sobre el toro, y segundo, porque se coloca en una posición propicia para engendrar el redondo, caso de que el toro no abandone los vuelos del engaño o mejor aún, que el matador no le permita abandonarlos."

Conclusión

Creo que, con estos tres textos es suficiente. La pierna retrasada se propugnaba ya, como modo correcto de torear, desde 1700 (Cartilla de Osuna) ya que, con ello, el matador tenía más fácil el manejo de los brazos en el remate del lance (Amós Salvador) y, sobre todo, se situaba en una posición propicia para seguir toreando en redondo (F. Bleu).

Ese, y no otro, es el verdadero fin de la pierna escondida. Posibilitar un mejor control del remate del muletazo para facilitar la ligazón con el siguiente. Eso de que la pierna escondida -como dicen algunos- es un truco moderno que atenta contra la ética del toreo no pasa de ser elucubración de aficionado que pone sus convicciones por delante de los documentos históricos y de los hechos probados. Aficionados poco leídos o que le dan poca importancia a lo que leen cuando no les conviene.

El desconocimiento de la historia y la técnica del toreo hace mucho daño. A los toreros, al toreo y a la fiesta. Hoy que tenemos mucha, a veces demasiada, información disponible, nos encontramos en la situación ideal para corregir tópicos caducos y yerros pasados.

Nada justifica que no lo hagamos.

Cayetano Sanz torea al natural con la pierna escondida o sea, echando hacia atrás la pierna de salida (o. lo que es lo mismo, adelantando la pierna contrario) tal y como han aconsejado, desde al menos el año 1700, los tratadistas más perspicaces. Cayetano fue uno de los primeros toreros de la historia, en torear en redondo. Una verdadera hazaña en su época (Detalle de una lámina de la Lidia publicada el 30 de marzo de 1883 ) 

lunes, 1 de agosto de 2016

Los toques básicos de muleta

Por Paco Carmona y Jose Morente


El torero ya está situado frente al toro. En un instante tendrá que citarlo y elegir el toque más apropiado a sus condiciones y a la distancia a la que se encuentra el burel (Fotografía de portada del libro "Ronda-50 goyescas soñando el toreo")

Algunas cuestiones previas

Veíamos en entradas anteriores, la importancia enorme de los toques. Toques que definíamos como sacudir o mover las telas para centrar la mirada y la atención del toro y dirigir su embestida hacia ese engaño y no hacia el cuerpo del torero,

Veíamos también que el ideal era torear sin toques lo que no siempre será posible (más bien al contrario). Por eso, lo que se procura es torear mediante toques dirigidos al toro pero que sean, al mismo tiempo, poco visibles para el espectador. Eso es posible porque el toro, ya lo decíamos, es un animal hipersensible al movimiento.

Respecto a la muleta hay que advertir (como saben los aficionados) que existe una enorme diferencia entre torear con una u otra mano. No es lo mismo el toreo con la mano derecha (muleta montada) que el toreo con la izquierda (muleta sin montar). Podríamos simplificar diciendo que con la derecha se domina al toro y con la izquierda se le torea.

En cualquier caso, son tantos y variados los matices que presenta el toreo con la mano izquierda que, para simplificar, nos vamos a centrar en el toreo de muleta con la derecha. A esa mano nos referimos en esta entrada.

Con la muleta en la izquierda se pueden hacer cosas impensables con la mano derecha (Fotografía de José Tomás en un remate de lujo)

3 toques, 3

Según Raúl Galindo ("El toreo, en teoría"), en el cite, hay tres toques básicos destinados a "llamar la atención" del toro o a "provocar" y/o "conducir" su arrancada en una determinada dirección.

Nosotros diríamos que hay un toque para fijar (tocar con todo), otro de adelantarse al toro (anticiparse por abajo con los vuelos) y otro  de esperar (tirar del toro). Galindo los llama, respectivamente, toque hacia abajo, toque hacia adelante y toque hacia atrás.

Tres toques, tres, que se aplican de forma diferente según la condiciones de cada astado y según la distancia a la que se encuentre el toro. Vamos a verlos.


El toque para fijar (El toque hacia abajo o en vertical)

Hay situaciones en as que un toque seco y enérgico se convierte en casi imprescindible.(Imagen de Paco Ojeda, ante un toro de Torrestrella, en la goyesca de Ronda de 1986)

Es el toque básico y fundamental. El más utilizado y habitual tanto en los cites como en casi cualquier situación.

Consiste en mover el engaño verticalmente de forma autoritaria (pues es un toque seco, vertical firme y contundente) para centrar la embestida del toro (fijar su mirada y/o provocar o retomar su arrancada).

La intensidad de la sacudida va en función de las condiciones de la res y la distancia a la que nos encontremos. En el cite, este toque suele ser el prólogo de un segundo toque más sutil.

Se suele utilizar con toros tardos, con animales sin fijeza y en todos los momentos en los que necesitamos imponernos.

Vemos a Luís Miguel citando así a un toro que lo pedía.






Echar los vuelos al hocico del toro (el toque hacia adelante)


Pepe Luis Vazquez en Madrid, cita de frente, echando los vuelos de la muleta al hocico del toro (Imagen extraída de una cinta de Gan

El toque echando los vuelos hacia adelante se realiza generalmente a media-corta distancia.

Es un toque suave, con las muñecas, que busca enganchar al toro por abajo para intentar que la embestida nazca ya fija, templada y armónica, logrando así que el inicio del muletazo sea también rítmico y controlado.

Se utiliza en muy diferentes situaciones pero sobre todo, con toros que no responden a los toques bruscos y también cuando se quiere traer a los toros toreados desde adelante.

José Tomás en la histórica mañana de Nimes le echa los vuelos a su toro.





Esperar o jalar del toro (toque de tirón o toque hacia atrás)


Pepín Martín Vazquez iniciando un muletazo. Cuando se torea así, ajustando el inicio del movimiento de la muleta a la arrancada del toro, es muy difícil distinguir si hubo o no toque pero lo que está claro es que el muletazo surge suave y templado.

Consiste en tirar de la muleta hacia atrás (por eso se le llama toque de tirón) para así provocar la arrancada del toro.

En realidad, es un toque que casi no se ve. Difícil de apreciar en la plaza ya que, como advierte Raúl Galindo, a veces es el toro el que arranca antes del toque del torero.

Pero otras es el torero el que espera la arrancada, en cuyo caso tendrá que intuir el momento preciso en que esta se produzca. Cuando se pretende torear así, hay que hacerlo con mucho valor, muy convencido y entregado a la suerte, para tratar de alargar y dormir el muletazo.

Ese toreo asentado y tocando hacia atrás, jalando del toro como se dice en México, es una verdadera maravilla.

Vemos a Pepín Martín Vazquez iniciando el muletazo con esos toques invisibles. Con el toque que no se ve.




De la teoría a la práctica


Con todos los matices que se quiera pero combinando estos 3 toques (más el lanzar la muleta lateralmente para propiciar desplazamientos), los toreros van solucionando la mayor parte de los avatares que se presentan y que pueden resolverse con pequeños movimientos de la muleta.

La práctica siempre es más compleja, mucho más compleja, que la teoría. Pero la técnica básica de los toques es la que aquí hemos intentado explicar mediante nuestros textos y los vídeos de Luís Miguel, José Tomás y Pepín Martín Vazquez.


Aunque puede haber toreo sin toques, sin toques no habría toreo

martes, 26 de julio de 2016

Las partes de la muleta (montada)

Las partes de la muleta (Gráfico de  ©Paco Carmona). El círculo azul es la llamada por Fernando Cámara "zona de ataque" donde convendrá fijar la mirada y, en consecuencia, la embestida del toro.
Dicen los viejos aficionados que se debe torear con la panza. Y lo cierto es que si bien la frase pudo haber tenido validez hace un siglo, hoy con un toreo mucho más preciso y depurado, estamos obligados a precisar mucho más.

En el toreo antiguo se procuraba torear (o, al menos, citar) con la panza. Belmonte citando con la muleta plana. Relativamente plana, por cierto, pues Juan la presenta algo sesgada y, sobre todo, muy al pitón contrario, al ojo contrario.
Empecemos, para precisar, distinguiendo aquellas partes de la muleta que tienen nombre propio. De una muleta en la mano derecha o sea, montada con la ayuda o el estoque. La muleta en la mano izquierda tiene una complejidad mayor y de la que ya hablaremos más adelante.

El caso es que, para algunos aficionados, la muleta sólo tiene panza y pico. Pero hay más. Las partes de la muleta serían: el pico (tan denostado); la panza (tan elogiada) y el faldón (tan indisciplinado). Por debajo de la panza, estarían los vuelos (también llamados flecos por ese deshilachado tan típico del extremo de la tela).

El palillo o estaquillador (que es donde se arma la muleta) y la ayuda o estoque (que en él se apoya) forman un armazón de base que confiere cierta rigidez a ese engaño que resulta así mucho más manejable y dúctil al mando del torero.

De las zonas descritas, la más gobernable, es el pico. La más díscola inmanejable (especialmente en los días de viento) es el faldón por ser la más alejada de ese armazón que forman palillo y estoque. 

Cogida de Víctor Barrio. El viento le mueve el faldón en el remate de un muletazo e inicio del siguiente y el toro se le cuela por dentro. La fatalidad hizo el resto. 
Al mover la muleta, lo ideal es apoyar los flecos en el albero para proporcionar mayor estabilidad al conjunto. Dentro de la panza, la zona más cercana al pico y más alejada del faldón ("zona de ataque" le llama Fernando Cámara; "objeto" la denomina Raúl Galindo) será aquella en la que conviene encauzar la mirada del toro y, por tanto, su embestida, por ser una zona relativamente fácil de controlar por el diestro.

Una fotografía muy difundida de un muletazo -muy criticado- de José Tomás. Efectivamente, ahí parece que hay mucho pico pero lo que hay es mucho mando, mucho ajuste y mucha verdad y muy poca superficie de muleta, una muletilla para la vista del toro. La ignorancia (de los criticantes) es muy atrevida.
Aunque todas las partes de la muleta (incluido el palillo) sirven para torear, lo ideal es torear con la panza, cierto. Pero no con cualquier parte de la panza. Sólo con la más próxima al pico. 

Como hace José Tomás, como intentaba hacer Juan Belmonte.

Los instrumentos de torear según la Tauromaquia de Pepe-Hillo (Lámina XXX de la edición de 1804). En el centro la muleta.
PD: La muleta sin montar o sea, la muleta en la mano izquierda presenta zonas similares pero los matices a la hora de utilizarla son innumerables. Más difícil de manejar, menos dominadora, propicia, sin embargo, un toreo mucho mas exquisito y depurado. La muleta en la mano izquierda merece un capítulo aparte.

jueves, 21 de julio de 2016

Un toque de atención sobre el toque

Por Jose Morente

¡Toca, toca! (Granada. Corpus 2008-Fotografía de Fermín R.F.)
Hubo peones que durante las faenas de sus maestros no paraban de gritarles: "¡Toca!", "¡El toque!", "¡Toqui, toqui!". Hasta toqui decían. Eso del toque parece el ungüento amarillo, la purga de Benito, la piedra filosofal en los extraños conceptos de la tauromaquia moderna. Y no es eso, no es eso. En toreo, cuantos menos toques, mejor. En toreo, como en tantas cosas de la vida, las manos quietas. Les insistían toca, toque, toqui a los toreros, y más acertado habría sido recordarles que no se torea con el pico dejando la pierna contraria atrás,...; tampoco sin temple ni ganancia de terrenos, ....
Joaquín Vidal-"Toreo grande de José Antonio Iniesta" (El País. 28 de abril de 1997)

Cuando Joaquín Vidal consideraba el toque como piedra filosofal de la Tauromaquia Moderna (¿la de la Guerra para acá?) no iba tan descaminado pues el toque resulta elemento imprescindible y casi omnipresente en el toreo de nuestros días. Obviado, olvidado o sencillamente silenciado en los antiguos diccionarios taurómacos como el de Neira o el de Cossío,  hoy el vocablo toque, el verbo tocar y sus derivados aparecen por doquier.

Tocan los músicos sus instrumentos ("La banda arrancó a tocar el pasadoble "La Concha Flamenca"). Tocan clarines y timbales para los cambios de tercio (¡Ya era hora de que tocaran a banderillas!).

Clarines y timbales de las Ventas. Hasta siete toques diferentes para marcar las incidencias de la lidia. Toques que pueden oírse aquí (Foto Web Las Ventas)
Vienen los toros tocados de pitones de forma natural (Se llama tocado de pitones al toro con las puntas algo vueltas) o artificial ("¡Oiga. Yo jamás le he tocado un pitón a un toro")

Tocan a rebato las campanas del olvido ("¡Fulano ha dado una gran tarde. Un toque de atención a las empresas!"). Y también las campanas del éxito ("Mengano ha tocado pelo casi todas las tardes esta temporada". Mengano es, por supuesto hoy por hoy, Andrés Roca Rey).

El primer año como matador de Andrés Roca Rey está resultando apabullante. El peruano está tocando pelo todas o casi todas las tardes y, por tanto, tocando la gloria del toreo con los dedos
Nos toca -o no- la varita mágica del azar ("Me ha tocado presidir esa corrida") o la de la suerte ("Vaya toro bueno que te ha tocado en el sorteo"). O, si se tercia, la de la sal derramada sobre la tierra ("¡Curro está tocado por la gracia divina!")

Un torero tocado por la gracia divina: Curro Romero.

El toque es, también y a veces, referencia imprescindible ("La muleta es la piedra de toque del toreo contemporáneo") o matiz que completa el cuadro ("A su labor le faltó ese toque de clase que es la sal de las faenas grandes").

Tocan los toreros al toro con los engaños por necesidad defensiva (¡Toca, toca!) o para sublimar el toreo (¡Daba un toque tan suave gracias a su prodigiosa muñeca!) o para poderle al astado ("Como no le toques los costados, te gana la partida").


Manolete tenia una muñeca prodigiosa lo que le permitía un toque suave en la muleta con el marcaba su camino al toro (Emilio Arroyo en el Ruedo de 26 de agosto de 1975)
Lo tocan con la muleta ("No obedeció al toque en un muletazo con  la izquierda y me cogió de lleno"). O con sus manos desnudas (El simple toque de pitón al que Joselito el Gallo era muy aficionado, alborotaba al graderío"). O no lo tocan ("El toro se empezó a caer sin que nadie le tocara"). O sí, pero para fastidiar al compañero (Me mosquea que Perengano en el quite le haya tocado las orejas a mi toro")

8 de mayo del año 15. Joselito toca el pitón de un toro en Madrid. Un adorno "emocionante" según Mundo Gráfico.

A la vista de los anterior ¿tiene o no importancia el toque?

A Vidal no le gustaban los toques y ponía en guardia a sus prosélitos contra esa extraña y perversa técnica del toreo moderno. Extraña y perversa para él pues, como hemos visto y sabemos, el toque es parte esencial de la fiesta y el toque con los engaños -en el cite o en pleno lance-, técnica básica y necesaria del toreo más ajustado y preciso.

Técnica básica y necesaria ¿Tendrá o no importancia el toque?

¿Queda ya más claro o tendremos que dar otro toque de atención sobre este tema?