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viernes, 26 de agosto de 2011

La suerte de matar (III) Al que no hace la cruz ¿se lo lleva el diablo?

 

Oreja Rota Tintin 002

No sé si al torero que no hace la cruz se lo lleva el diablo. Desde luego a quienes si se llevan (o deberían llevar) los diablos es a algunos empresarios taurinos. A los del monopolio y las exclusivas (Viñeta de una página de la Oreja Rota, uno de los álbumes que forma parte de las Aventuras de Tintín)

 

La importancia de la mano izquierda en la estocada.

Al hilo de la anterior entrada de esta serie, mi amigo en la distancia, Xavier González Fisher me recuerda el Apéndice que se incluía en el libro de Pepe Alameda, “Historia Verdadera de la Evolución del Toreo”, editado por los Bibliófilos Taurinos de México en 1985. Y que era una revisión de un texto de una de las primeras obras del magnífico tratadista español afincado en México: “Los Heterodoxos del Toreo”.

Los heterodoxos del toreo 001

“Los Heterodoxos del toreo” de José Alameda (Editorial Grijalbo, Barcelona, 1ª Ed., 1979). La portada coherentemente nos muestra a un iconoclasta Juan Belmonte, el más heterodoxo de todos los toreros. Curiosamente, la historiografía taurina ha pretendido cimentar en su figura todo el toreo moderno.

El apéndice es un análisis de la estocada de Manolete (ese gran matador), pero sobre todo un canto a la importancia en esa suerte de la mano izquierda, que –indiscutiblemente, como tan acertada y oportunamente nos recordaba Xavier en su comentario a la entrada del blog-  es la que mata.

Manolete Estocada Islero (Los heterodoxos) 001

Instante de la cogida de Islero a Manolete. ¿Por entrar contraquerencia (el Miura empujaba hacia las afueras) o por llevar muy alta la mano izquierda?.

Sobre el papel de la mano izquierda en la hora de la estocada, uno de los aforismos más repetidos es el viejo dicho con el que titulábamos esta entrada y que dice que “al que no hace la cruz se lo lleva el diablo”.

Aunque también parezca indiscutible (Todas las máximas antiguas encierran parte de verdad y las aceptamos como dogma de fe sin cuestionarlas), no tengo tan claro su validez absoluta

Vamos a dedicar, por ello, esta entrada a la mano izquierda en la suerte de matar (cuya importancia está fuera de toda discusión) y al modo en que debe jugarse.

Empecemos revisando el texto de Pepe Alameda y lo que dice de la estocada de Manolete.

Pepe Alameda Plaza de Madrid 001

Pepe Alameda en la Plaza de toros de Madrid

 

Como mataba Manolete

Antes de releer a Pepe Alameda, vamos a copiar las opiniones sobre la estocada de Manolete de Pepe Luís Vázquez y Luís Fuentes Bejarano que incluíamos en una la entrada de este blog (El toreo de Manolete (IV) La opinión de los toreros).

Hacía la suerte suprema [Manolete] con tanta lentitud, que a mí me parecía que la hacía a velocidad de dos kilómetros por hora (Pepe Luís Vázquez).

Manolete se perfilaba muy en corto y al pitón contrario. Arrancaba lento y con serena consciencia de que el toro humillaría porque con la muleta le había bajado mucho la mano. Lo que le admiraba en sus estocadas era como se doblaba  en el pitón. Lo hacía con una verdad insuperable (Luís Fuentes Bejarano)

Fuentes Bejarano destaca lo de humillar el toro y bajar la mano. Es posible que ocurriera así en bastantes ocasiones. Sin embargo, Pepe Alameda  a la vista de las fotografías disponibles y de sus recuerdos sobre Manolete señalaba lo contrario y decía que Manolete a la hora de la estocada, a veces, no bajaba la mano sino que la encogía, lo que generaba una situación de peligro. Dice que eso daba mucha emoción a sus estocadas y que por eso le cogió Islero.

 

Manolete Estocada Alfredo David (Los heterodoxos) 001

Manolete entra a matar con su arriesgado estilo. Al fondo, intranquilo, asoma del burladero el gran peón Alfredo David. “Con esa manera de matar tenía que pasarle algo malo”, diría David años después en una entrevista para el Ruedo.

 

De otra entrada de este blog se observa como ese detalle era común a otros toreros como el Espartero, quien también murió ejecutando esta peligrosa suerte de matar.

Espartero Estocada 001

Foto_13[5]

El Espartero recibiendo un toro (¿O quizás mejor, matando al encuentro?) en cualquier caso destaca la mano izquierda encogida (haciendo la cruz) que hace al toro ir hacia él. Lo mismo,con el brazo izquierdo más bajo, que en Manolete.

 

La ejecución del volapié según Pepe Alameda. Una antología de buenas estocadas

Pepe Alameda en vez de teorizar prefiere ejemplificar e inserta, en el  Apéndice citado, 6 ejemplos 6 de estocadas destacables por su excepcional ejecución. Son las siguientes:

1. Luís Freg, don Valor. Nuestro viejo conocido mexicano.

Luis Freg Estocada (los heterodoxos) 001

2. Antonio de la Haba “Zurito”. Un estilista de una época que no volverá.

Zurito Estocada 001

3. Paco Camino. Un gran matador, al que no se le ha reconocido lo suficiente en esta faceta.

Paco Camino Estocada (Los heterodoxos) 001

4. Nicanor Villalta. Tan sobrio como buen maño.

Nicanor Villalta Estocada (Los heterodoxos) 001

5. Jaime Ostos. Un valiente de verdad. Obviemos el “saltito” que como decía Corrochano nada añade ni nada quita.

Jaime Ostos Estocada (Los heterodoxos) 001

6. Cagancho. Un genio y un pedazo de matador… cuando quería.

Cagancho estocada (Los heterodoxos) 001

La verdad es que esta serie de fotografías elegidas por Pepe Alameda no tiene desperdicio. Las conclusiones que saca este crítico taurino, son las siguientes:

Primero. Los ejecutantes de mejor ley, meten la espada antes de que el toro llegue al punto que ocupa el torero.

Segundo. Eso se consigue porque el diestro no atrasa la muleta. La muleta debe ir siempre delante (“para que el toro la muerda” como decía Domingo Ortega). El toro al hacer por ella (la mano izquierda debe ir muy baja, añado yo) humilla y permite la estocada

Tercero. La mano izquierda atrás (lo que algunos llaman vaciar) tiene sentido en la suerte de recibir donde es el toro el que tiene que pasar, no en la suerte de volapié donde quien pasa es el torero.

 

¿Al que no hace la cruz se lo lleva el diablo?

Resumiendo, diremos que es, por tanto, en la suerte de recibir donde cobra pleno sentido el aforismo citado en el título de esta entrada ya que el torero “hace la cruz” cuando lleva adelante la mano derecha y cruza atrás y hacia afuera la izquierda, en verdadero pase de pecho.

En la suerte al volapié ejecutada ortodoxamente, la cruz solo se insinúa ya que el torero debe llevar ambas manos por delante. Con la izquierda debe dar un golpe seco hacia abajo que haga humillar al toro y no llevarla hacia atrás.

El Viti Estocada 001

El Viti, otro buen matador, encoge -como Manolete- el brazo izquierdo al matar (lo que explica que el toro le eche la cara arriba). Como Varelito, al que se parece técnicamente, también está saltando. Cuando se hace la cruz en el volapié, la suerte no es ortodoxa pero la estocada resulta muy emocionante. Justo lo contrario de lo que señala el viejo dicho taurino.

 

La salida de la suerte.

No lo dice Pepe Alameda, por lo que lo añadiré yo, pero el torero al tocar con la mano en el testuz (momento que se ha captado perfectamente en todas las fotografías seleccionadas por Alameda) gira sobre el pitón y sale de la suerte lo más cerca posible del toro.

Lo veíamos muy claramente en la secuencia de la gran estocada que Salvador Vega dio en la Feria de Málaga hace muy pocos días y que también reproducíamos en el blog.  Seleccionamos de toda la serie la que nos interesan.

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Una gran estocada, ya que el estoque entra antes de llegar el torero a la altura del toro (ver segunda foto), el cual está muy humillado al haber bajado correctamente la mano izquierda. El torero sale de la cara, girando sobre el pitón, al apoyar la mano en el testuz (Ver las dos últimas fotos) sin saltar. Una ejecución muy ortodoxa.

Sin embargo, Salvador Vega lleva la muleta desplegada, no liada. Vamos a analizar con más detalle esta cuestión.

 

Liar la muleta.

Este tema tampoco lo analiza Pepe Alameda ya que a él lo que le interesa es sólo como se lleva la mano izquierda, no como se hace el cite ni como se sale de la suerte. No lo dice, por tanto,  pero otra característica de las estocadas ejemplares es que, en todas, el diestro entra con la muleta perfectamente liada. Se ve en todas las fotos de la serie.

Es con el penacho que queda al extremo (cuando la muleta se lía correctamente) con el que se cita al toro y hacia el que se concentra la atención de este al echárselo abajo a los pies (con un “golpe seco” que diría Emilio Muñoz). Con la muleta así liada es como hay que entrar a matar.

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Fortuna citando para matar. La muleta va correctamente liada (Comparar con la muleta presentada en el cite por Salvador Vega)

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Fortuna dando la estocada. La foto (sacada del libro de Luís Bollaín, El Toreo) es de mala calidad pero merece la pena por la pureza en la ejecución.

 

Tapar la cara del toro

Lo que hacen muchos matadores (reputados incluso como buenos estoqueadores), es no liar y presentar la muleta plana con un giro de muñeca hacía dentro en el momento del encuentro, con lo que se tapa la cara del toro, lo que no deja de ser un tranquillo, más o menos recusable.

Cuidado, que lo importante, lo determinante, no es que se lie o no la muleta, sino que se tape o no la cara del toro. Con la muleta sin liar es más fácil aliviarse, pero también así se puede ejecutar bien la suerte.

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La estocada aparentemente es buena, pero el diestro está tapando la cara del toro al presentar plana la muleta. Así todas las ventajas son del torero.

 

Conclusiones

En la suerte de matar, lo importante es fijarse en la mano izquierda, que es la que mata. Esta debe ir adelantada, con la muleta convenientemente liada. El torero debe dar con la muleta un “golpe seco” hacia abajo para que el toro humille.

Entrar sin liar, presentando la muleta plana para tapar la cara del toro es defecto… aunque el estoque se coloque en lo alto.

También es defecto encoger la mano izquierda, pero ese “vicio” (común en algunos buenos matadores) acrecienta la emoción al aumentar el peligro, por lo que no es vituperable.

 

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¡Así se matan los toros!. Da igual quien sea el torero, la ejecución de la estocada es perfecta. La foto está sacada del libro de Vicente ZabalaLa entraña de la Fiesta”.

martes, 23 de agosto de 2011

La suerte de matar (II) Un buen pinchazo en hueso es superior a una estocada mala.

 

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Raúl Velasco. Hoy lo que importa es la rapidez y espectacularidad con la que muere el toro (Foto espectacular también de Juan Pelegrín).

La sensibilidad del público actual

La sensibilidad que hoy día tenemos respecto a los animales, lógica y positiva, hace que, en la suerte de matar, se prime sólo la eficacia. Aceptamos que el toro deba morir en la plaza, pero queremos que el desenlace se produzca con rapidez y sin alargar el sufrimiento del animal.

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Importa que la estocada sea entera y efectiva y valoramos menos la ejecución. El Juli en una buena estocada, eficaz aunque no perfecta (el torero  lleva  muy baja la mano izquierda y pasa la cabeza del toro -que tapa con la muleta- con un salto)

Consecuentemente, queremos que la estocada sea eficaz. Que el toro muera lo más rápido posible. Cuando la agonía del toro se prolonga (por los pinchazos o descabellos repetidos) aparecen las muestras de desagrado del público.

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El Cid descabellando. Un torero que ha perdido muchos trofeos por su mal manejo de la espada (Foto Gargallo)

Es muy evidente que lo que el público quiere hoy es que, se mate como se mate, se mate rápido.

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Lo que el público quiere es que se mate rápido

 

La pureza en la ejecución de la suerte de matar.

Sin embargo, este criterio (matar rápidamente al toro, acortar su agonía) es contradictorio con la ejecución más pura de la suerte de matar. Mientras mejor se ejecuta la suerte más probabilidades hay de pinchar en hueso.

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La correcta ejecución de la suerte no garantiza no pinchar en hueso. En la foto El Conde ejecuta la suerte correctamente con el único defecto de no haber liado la muleta. Sin embargo, pincha en hueso.

En mi opinión, a la hora de valorar la estocada lo que debe primar es la ejecución de la misma sobre la eficacia. Dicho de otro modo no deben importar los pinchazos en hueso siempre que la suerte se ejecute correctamente.

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Saúl Jiménez Fortes ejecutando la suerte con pureza y con arreglo a los cánones, llegando con la mano al pelo y sin perder la cara al toro (Foto de Juan Pelegrín

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Un estoconazo de Castella. La estocada es buena, porque el estoque está en lo alto y el torero se la ha jugado con la mirada fija en el morrillo, aunque la ejecución no sea perfecta porque la mano izquierda va  muy alta y la muleta tapa la cara del toro (Foto de Juan Pelegrín) 

Muchas son las formas de matar a los toro que definen las viejas tauromaquias: al volapié, a un tiempo, recibiendo, aguantando, a toro arrancado, a pasa de banderillas, a la media vuelta, etc. Todas menos la de recibir son estocadas de recurso. Y, como decían esas viejas Tauromaquias, todo suerte tiene sus reglas que nunca faltan. Más aún en la suerte de matar que es la más rancia del toreo.

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Iván Fandiño. Otra estocada arriba. Aquí es el toro el que no sigue la muleta que parece pisar (Foto de Juan Pelegrín).

Ya veremos en futuras entradas de este blog la definición de las distintas suertes y su correcto modo de ejecución, tanto según las Tauromaquias clásicas como según el criterio de aficionados y toreros más recientes. Centrándonos en especial en la suerte al volapié (la más practicada) y la de recibir (que hemos rescatado este año del olvido).

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José María Manzanares ha rescatado este año la suerte de recibir que se está convirtiendo en habitual en su repertorio (Foto de Juan Pelegrín)

 

El pinchazo en hueso, según Gregorio Corrochano

Según Corrochano (Teoría de las Corridas de Toros (Revista de Occidente, Madrid, 19…..):

“Un buen pinchazo en hueso técnicamente es igual a una buena estocada, y superior a una estocada mala, aunque de ésta ruede el toro”.

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Una mala estocada es peor que un pinchazo en hueso. Chicuelo entra a la media vuelta a un toro complicado que había cogido antes al torero, como acredita el pantalón del monosabio que este viste (También del libro de Hemingway)

Dice don Gregorio, como decíamos nosotros al principio, que al matador no se le exige que mate bien, sino que mate pronto.

Por el contrario no admite, como disculpa de los repetidos pinchazos, el que el toro no haga por el torero, el que el toro no ayude al torero. Porque para eso se inventó el volapié (“Toro que no parte, partirle”).

Por ello, Corrochano disculpa el primer pinchazo que dice que está justificado porque el matador cuenta con lo que va hacer el toro, con lo que va a embestir, con la arrancada y si no hace nada el toro al ver venir al torero, el pinchazo es inevitable y no admite la más leve protesta.

Luego, si por segunda vez el torero hace lo mismo y pincha, ya no lo admite.

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Una situación más complicada de valorar. Manolo Bienvenida, por otra parte un buen matador, estoquea a un toro (probablemente un marrajo) que se defiende en tablas. El toro lleva ya otro estoque clavado en el cuerpo. La estocada se está dando a paso de banderillas (Del libro de Hemingway, Muerte en la tarde)

No lo dice Corrochano pero lo digo yo, en este “hacer el toro por el torero” juegan y mucho las querencias. A tablas o a toriles. Para garantizar en lo posible el éxito de la estocada es importante que el torero de salida al toro hacia su querencia, cuando la tenga. Así el toro no se defiende y no tapa la salida del torero.

Se dan muchos pinchazos por equivocar la elección de la suerte (natural o contrario) lo que debería haber previsto el matador. Sin embargo, me uno al criterio de Corrochano y admito el error en la primera entrada a matar. Luego, a la vista del comportamiento del toro, el matador no puede equivocar los terrenos. Podrá pinchar en hueso, si se tira arriba, pero entrando por los terrenos correctos en función de las querencias del toro.

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Muchos pinchazos e, incluso, cogidas en la suerte de matar se producen al equivocar los terrenos.

 

El pinchazo en hueso según la Tauromaquia de Guerrita.

La Tauromaquia de Guerrita, se publicó en Madrid en 1896, escrita por Leopoldo Vázquez, Luís Gandullo y Leopoldo López de Saa bajo la dirección técnica del diestro cordobés.

Es muy interesante y hay reediciones recientes a precio asequible porque al contrario que muchas de las tauromaquias de la época que se limitaban a copiar los textos de Montes y Pepe-Hillo, esta actualiza conceptos y define las nuevas suertes que a finales de siglo se venían practicando.

Por lo que respecta a la estocada y aunque Guerrita no destacó como ejecutante de la misma (en su época los buenos matadores fueron Mazzantini y Reverte) fue muy buen tratadista y sus definiciones y conceptos de plena validez. Validez que se mantiene hasta nuestros días dado que es, de las suertes del toreo, una de las que menos evolución ha tenido en el tiempo.

Sobre el pinchazo en hueso dice el Guerra, en su Tauromaquia:

“La estocada dada en todo lo alto, es difícil que interne por la reunión de huesos que forma el centro superior de las agujas y la médula espinal sobre los brazuelos, sitio que vulgarmente se conoce con el sobrenombre de los rubios, sin que el diestro pueda evitarlo ni hacer más por el toro, por cuya causa no debe medirse el éxito de la suerte por razón del número de veces que un espada intenta clavar el estoque, sino por la forma en que entre y salga, pués más bien puede llamarse fortuna que habilidad, el rematar los toros a la primera estocada

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La buena ejecución de la suerte no garantiza no pinchar en hueso, más bien al contrario. Zaldívar en Madrid este año.

El criterio es insuperable. Lo que pasa es que es más fácil protestar un pinchazo que aquilatar la colocación del estoque y esto último es también más fácil de apreciar que la buena o mala ejecución de la suerte. Comodidad, por parte del aficionado, se llama esa figura.

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La Tauromaquia de Guerrita. Portada interior del Tomo Primero

Conclusiones

Con lo dicho hasta ahora y sin perjuicio de agradecer la rapidez y eficacia en la suerte de matar, creo que –siguiendo los criterios de estas dos autoridades en la materia, Guerrita y Corrochano- deberíamos intentar valorar más la forma de ejecutar la suerte que no su resultado.

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Hay que valorar más la ejecución que el resultado. En la foto, Manzanares dando una buena estocada. El único pero, la mano izquierda algo encogida.

Dicho de otro modo, el pinchazo no debería ser a priori y por si sólo motivo de decepción para el buen aficionado. Ni menos para denegar los trofeos si estos son merecidos.

Si se trata de un torero que ejecuta con pureza la suerte (Por ejemplo, el Joselito de hace pocos años o el José María Manzanares de hoy día) el pinchazo debería incluso agradecerse porque nos permite recrearnos en la ejecución de la suerte de matar.

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José Miguel Arroyo Joselito. Uno de los mejores matadores de los últimos años.

Algo parecido a lo que les ocurría con los aficionados antiguos con Manuel Varé Varelito, al que estaban deseando que pinchara para disfrutar varias veces, en el mismo toro, de su forma de entrar a matar.

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Varelito cuyo emocionante estilo impactaba tanto a los espectadores que estos estaban deseando que pinchara para verle repetir la suerte.

Sé que eso sería difícil hoy día con la sensibilidad actual, pero sin llegar a tanto, deberíamos valorar el buen pinchazo o  al menos que no puntúe negativamente a la hora de pedir los trofeos y, por ello, que no se pierdan orejas por pinchar en hueso si la suerte se ejecuta con pureza.

Porque –como dijeron en su día Guerrita y Corrochano y suscribimos nosotros- mientras mejor se ejecuta la suerte de matar más difícil es evitar el pinchar en hueso.

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Rafaelillo se desplanta ante un Miura en Bilbao hace muy pocos días. Le pinchó varias veces. Con otro criterio (el de la Tauromaquia de Guerrita, por ejemplo) podría haber cortado la oreja que mereció.

 

Nota: Esta entrada ha sido propiciado por un comentario efectuado, al hilo de la crónica sobre la tarde de José Tomás en Ciudad Real, por un lector del blog. Álvaro D. al que agradecemos su sugerencia.

jueves, 23 de junio de 2011

La suerte de matar (I) Del Guerripié al Julipié

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        Guerrita se adorna después de una estocada en lo alto (Nimes, 1899)

Una de las cuestiones más curiosas de la Tauromaquia o, al menos, de las que a mí siempre me han llamado la atención es la de las carencias que en la suerte de matar han mostrado algunos de los más grandes toreros de la historia, precisamente aquellos que han sido reconocidos como maestros.

Me estoy refiriendo concretamente a Francisco Montes "Paquiro", Rafael Guerra "Guerrita" y Jose Gómez Ortega "Gallito". No resulta fácil de entender de buenas a primera que toreros de la categoría de los citados hayan flaqueado tanto con el estoque, ya que si eficaces (los tres lo fueron), sus estocadas no destacaron por su ortodoxia y fueron reprendidos por sus contemporáneos.

Veamos como mataban estos diestros.

Paquiro atravesaba casi todos sus toros.

Decía Sánchez de Neira que “como Montes nacen pocos toreros”. Sin embargo, a renglón seguido tenía que reconocer que “como estoqueador era más desigual”. El comentario es muy moderado, pero es porque Neira era partidario acérrimo del “Napoleón de los toreros”. En realidad y pese a las disculpas del crítico, Montes era un matador más que mediano (sobre todo, en los inicios de su carrera) pues no ejecutaba bien la suerte de matar ya que atravesaba a casi todos sus toros.

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                 Francisco Montes “Paquiro”, por Ángel Lizcano

Sin embargo, Montes ha pasado a la historia como Maestro máximo de la tauromaquia. Su aparición en el toreo se señaló en su día como hecho sensacional y eso que se le discutió su deficiente estilo en la suerte de recibir en una época donde la estocada era la suerte fundamental. Corrochano diría, muchos años después, que:
Descolgaba muchas estocadas o atravesaba los toros, porque no los recibía ceñidos, les marcaba mucha salida con la muleta , y como es suerte [la de recibir] en que no cabe enmendarse –lo contrario de defenderse-, sino que hay que aceptar al toro como viene, ese exceso de mando con la muleta perjudicaba la colocación del estoque”.
Por cierto, que me parece interesante tomar nota de la precisión técnica que hace Corrochano sobre la suerte de matar recibiendo, ya que hoy día, tenemos la inmensa suerte de contar con un torero empeñado en recuperarla. 

Y es que no conviene olvidar lo que dice Corrochano pues en la estocada recibiendo -y precisamente porque no cabe enmienda- la colocación de la espada (buena o mala) no marca el mérito de la suerte. La importancia de la suerte de recibir está en no enmendarse (no modificar la posición de los pies) una vez consumado el cite y arrancado el toro.

La estocada recibiendo se debe valorar entonces, más por la ejecución de la suerte sin enmienda del diestro, como hemos visto a Manzanares en Jerez y Madrid y no tanto por la colocación de la espada (por cierto, también perfecta en los casos que cito).

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En la suerte de recibir, lo importante es la ejecución de la suerte (no enmendarse) y no la colocación del estoque, ya que es más disculpable la mala colocación que en la estocada a volapié.

En cualquier caso, a lo que íbamos: Montes fue un gran torero y maestro indiscutible aunque al principio no era perfecto en la  ejecución de la suerte de recibir, de tanta importancia en su tiempo.

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Matador de Antonio Chamán (1848). Esta es la visión que de la estocada tenían los artistas de la época de Montes. Citando así no es extraño que se atraviesen los toros
A Guerrita no lo veían sus toros

Guerrrita fue también la primera figura de la Tauromaquia de su tiempo y, como en el caso de Montes reinó en solitario, sin sombra de competencia, pues ni Espartero ni Reverte con quienes quisieron emparejarle alcanzaban su altura (“Después de mi naide…”)

A Guerrita le achacaron (sobre todo, en Madrid) muchas cosas: ausencia de riesgo, elección de ganado fácil, incrementar el castigo en varas, etc. Sin embargo, nadie le discutió su conocimiento de las reses, sus facultades y su valía como torero ni su inmensa capacidad en la cara del toro.

Lo que sí se le discutió y mucho fue su manera de matar. “Matador eléctrico” le llamaron y estocada de “sambullida” (sic), “de tiro rápido”, “de golpe instantáneo” las que propinaba a sus toros.


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Guerrita citando para matar a un toro de Ibarra (octubre de 1898) en Zaragoza. Se puede observar el famoso “paso atrás” y se adivina la arrancada veloz del diestro.

F. Bleu (el autor de esa Biblia del integrismo –en certera definición de Andrés de Miguel- que es “Antes y después del Guerra”) hace catálogo de sus defectos en la suerte de matar. Dice Bleu en repertorio muy similar al que años después se aplicaría también a Joselito el Gallo:
“Pero, ¿y la arrancada a matar por sorpresa con visos de traición, sin sujetar la cabeza del toro, casi sin liar?¿Y la exageración insoportable del paso atrás (…)?¿Y el tapar la cara con la muleta colocada a la altura del cuerpo? (..) ¿Y aquel herir con el brazo alto y suelto?¿Y aquel viaje vertiginoso sin permitir nunca que los toros hicieran por él y se enteraran de lo que se les venía encima?
  La crítica más tajante la hizo Frascuelo hablando con Lagartijo:
“Los toros que nosotros hemos matado nos pedirán cuentas en el otro mundo, porque nos conocen .
Al Guerra, los suyos no, porque no le han visto 
Hoy hubiéramos bautizado su estocada como “Guerripié” y sin embargo, fue uno de los mejores toreros de la historia y no tuvo competidor posible.

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Guerrita arrancando a matar en Bilbao en 1899 (año de su retirada). El estilo es el mismo de la anterior foto.

Joselito "Matolín"

Como a Joselito le achacaban defectos similares a los Guerrita en la ejecución de la suerte de matar (hasta el punto que lo llamaron “Matolín”) no había entrevista en la que no le sacaran este tema.
Así, Parmeno le preguntaba como había corregido la muerte de los toros. La respuesta de Joselito es genial:
“¡Y si le contestara a usted que no lo sé?…      Eso de que me criticaran por levantar la mano, me tenía rabioso. Yo, en una fotografía, había visto a Frascuelo, perfilado para matar, con la mano derecha a la altura de la frente y me defendí ‘sitando’ esa fotografía más de una vez.

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Detalle de la fotografía de Frascuelo a la que alude Joselito en la entrevista citada. La mano derecha a la altura de la nariz. Desde luego no está en el pecho.
Pero como continuaban criticándome, yo, que tengo mucho amor propio, y que creo que ‘tó’ se aprende, bajé la mano ‘pa’ herir….y empecé a chuparme una de disgustos que me quitaron hasta el apetito

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Un disgustillo. Bilbao 19 de agosto del año 14. Joselito cogido al entrar a matar por ejecutar la suerte como comenta en la entrevista.
¿Porqué?, le inquiere Parmeno.
Porque con la mano en el tupé mataba yo más que el cólera y con la mano en el pecho  mataba menos que un ‘estornúo’. Ni hería en su sitio, ni ahondaba, ni ‘crusaba’…
Ya sabe usted que al meterse no se fija uno mas que en el morrillo y que se mueve la mano izquierda instintivamente

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Joselito con la mano en el tupé,…matando (en la querencia de un caballo muerto, por si faltaba algo) más que el cólera.
Pues bien, yo, al cambiar la colocación  de la otra, no la podía mover o la movía mal, y figúrese el ‘resultao’. 

Pero como ensayé miles de veces, porque yo, he ‘nacío pa’ torero, quiero ser buen torero, me fui ‘sortando’, ‘sortando’ …
y ya consigo darle gusto a la gente.”

Joselito Sevilla 20-10-1919 Beneficio  Esperanza 001Joselito “dando gusto a la gente”. Después de una estocada de perfecta colocación (en la cruz y con los gavilanes perpendiculares al espinazo del toro) en un Festival en beneficio de su Hermandad  de la Esperanza Macarena (Sevilla. 30 de octubre de 1919)

El Julipié del Juli

La estocada atravesada que dio el Juli a su primer toro de la corrida de Beneficencia de este año(el toro le había hecho un extraño al arrancar) causó un revuelo difícil de explicar  sin conocer los antecedentes de la opinión de algunos aficionados sobre la forma de ejecutar el volapié del diestro madrileño.


A pesar de que se le reprocha lo contrario, la verdad es que el estoque ya ha entrado cuando el pitón llega a la altura de la pierna del torero

Hace años, Joaquín Monfil, en un artículo de Opinión y toros, interesante por lo irónico, definía el volapié del Juli y lo bautizaba con el polémico nombre de Julipié, denominación que ha hecho fortuna.

Dice el citado autor sobre esta estocada, a la que considera suerte de alivio:
El Julipié consiste en citar al toro para matarle a volapié enfrontilado a él, entre los dos pitones del mismo, igual a como se hace normalmente pero, en el momento de hacer la suerte, se le echa la muleta a la cara, para tapársela y dejarle ciego por un instante, en vez de al hocico para que humille y descubra el hoyo de las agujas.

Al mismo tiempo que le tapa la cara se echa fuera del pitón derecho a toda velocidad, de tal forma que se traspasa rápidamente la altura de la punta de dicho pitón y una vez tras la pala se gira el cuerpo hacia el toro, se da un saltito y se busca la cruz con la punta de la espada, empujando con todo el cuerpo tras ella. Muchas veces se pierde la muleta, pues al saltar y clavar se omite su visión al derrotar el toro en ella”.


En la foto se aprecia perfectamente como el torero salta antes y no después de pasar el pitón del toro. La explicación de las estocadas atravesadas puede estar quizás mejor en Paquiro (exceso de mando en la mano izquierda) que en la surrealista descripción del Julipié que se nos ofrece.

Es evidente que el Juli, como reconoce el mismo torero no ejecuta la suerte de matar con perfección. En la entrevista concedida a Andrés Amorós en ABC, del martes 10 de mayo de 2011, por ejemplo y que me facilita mi amigo Vazqueño, requerido sobre “el saltito al matar”, reconoce que:
“En esa suerte he encontrado la regularidad en una forma que no es perfecta. Espero mejorar


El julipié. Curiosamente en las descripciones que se hacen del volapié de Juli, no se dice que el torero se dobla en el pitón y se vuelca en el morrillo, algo que (como me enseñó mi abuelo) siempre ha valorado positivamente el aficionado cabal.


Sin embargo y pese a lo que dice el propio torero, no comparto el análisis de Joaquín Monfil. Si la primera objeción  (tapar la cara del toro) me parece denunciable y la suscribo, el resto (girar el cuerpo del torero tras pasar la pala y desde allí, dando un saltito, clavar el estoque empujando con el cuerpo)  raya en el surrealismo o, si fuera verdad lo que dice, en el milagro taurino.

Ahí es nada, pasar el pitón, y saltando después en el aire, girar el cuerpo hacia el toro y clavar el estoque ahondándolo.

Más que una estocada me parece la descripción de una escena de Matrix.

matrix_1

¿Matrix aplicable al toreo?

Por lo que respecta al salto en la estocada, se ha considerado siempre defecto, pero Gregorio Corrochano hablando de Vicente Pastor (que lo daba) lo valoraba de forma distinta y decía que:
Algunas veces dando un saltito, como si el toro le quitara los pies del suelo, no para irse, sino para llegar antes, como si tuviera prisa por colgarse del pitón, lo que si podía traerle la ventaja de pasar más pronto el cuerno, no le desviaba, sino que le volcaba sobre el morrillo, y la estocada se ahondaba con el peso del cuerpo. Si se considera esto como vicio de ejecución o tranquillo, tiene en favor del matador una voluntad firme para estoquear y una fe ciega en su mano izquierda, con la que se juega la muleta, que había de sacarle del embroque.
Como prueba de que no era fácil ni aliviador este modo de hacer, basta recordar que no tuvo ni un imitador, cuando tantos en el ruedo viven de las imitaciones, y que Pastor, cuando empezó a decaer, ya no saltaba”.
Corrochano se refería a Vicente Pastor, pero el párrafo transcrito es  aplicable perfectamente a Julián López (a) Juli.

Vicente Pastor estocada 001
Vicente Pastor, matando con la mano alta y con saltito. Y, en cualquier caso, menos volcado en el morrillo del toro que su paisano Juli.

Reflexión final

Resulta curioso que algunos de los grandes maestros de la historia del toreo (Montes, Guerrita, Joselito) sobre ser grandes toreros y de valía indiscutible no hayan sido grandes estoqueadores.

Precisando más habría que señalar que han sido matadores eficaces, pero que no destacaron como estilistas de esta suerte.

Todos buscaron su tranquillo para resolver el momento de la estocada que, como dice Gallito, es el único en el que el torero pierde la cara del toro, lo que debe resultar muy desconcertante para diestros (como es también el caso del Juli) que basan todo su toreo precisamente en el conocimiento y dominio de las reses.

Por el contrario, los diestros que basan su toreo en el conocimiento depurado y ejecución de las suertes, si que han alcanzado normalmente cotas más que estimables en la ejecución de la estocada.

Proverbial fue la entrega de Manolete a la hora de matar. Belmonte que no destacó en sus primeros años, acabó siendo matador de estilo reconocido. Igual ocurre hoy día con José Tomás.

Visto desde el punto de vista de su concepto del toreo (imponerse al toro cualquiera que sean sus condiciones) el tema adquiere cierta coherencia pues son toreros más “despreocupados” de las condiciones del toro y, por tanto de su comportamiento en una suerte concreta, como puede ser –entre otras y una más para ellos- la suerte de matar.

Belmonte estocada 001
 Juan Belmonte citando el toro para la estocada

(Continuará)