Por Clarito

Explosión en mina a cielo abierto
Huelva, la antaño floreciente provincia minera pudo volver a oír, el pasado fin de semana el estruendoso ruido de las grandes ocasiones que fueron provocadas esta vez, no por la dinamita de los mineros, sino por la firme templanza de los diestros que actuaron en las Colombinas.
Una corrida con argumento. Una feria con argumento (¿Una crítica taurina sin ellos?).
Y la explosión fue grande no sólo por la importancia de lo sucedido en el ruedo (y recalco lo de la importancia) sino además, porque el discurrir de la feria parecía seguir un magistral guion escrito de antemano por un autor teatral o cinematográfico de campanillas.
Todo comenzaba (para nosotros) el jueves con el prólogo de un Cid en un muy buen tono; seguía el viernes con dos espléndidos Tomás y Morante y remataba estruendosamente el sábado en magnífica traca final, previa al epílogo ecuestre de este domingo. Remate de feria al que, por desgracia, no pudimos asistir pues nos fuimos al Puerto de Santa María en pos del bello y emocionante epílogo que pusieron Morante de la Puebla y de Miguel Ángel Perera, a nuestro periplo,
Feria –la de Huelva- para vivida y no “escribida” pero a la que vamos a poner la crónica de nuestro relato porque nos lo pide el cuerpo y, también, porque nos lo piden algunos buenos amigos nuestros que quieren saber lo que pasó y que conocen nuestro criterio y nuestra manera de ver los toros.
Y es que, cada vez resulta más difícil enterarse de lo que pasa en las plazas leyendo a los críticos taurinos oficiales quienes se dedican en el fondo a torear para la galería. Galería que, en este caso, la componen los criterios de los aficionados más intransigentes cuyas minoritarias opiniones no pueden (ni deben) servirnos de referencia a los demás.
Vamos a intentar seguir nosotros un camino distinto. Simplemente vamos a acercarnos a la plaza de toros (Primero, Huelva y luego a la del Puerto de Santa María) para contar lo que vimos. Más sencillo, imposible.
Primer capítulo. En el que el autor cuenta como vio al Cid –un jueves de Feria en Huelva- torear muy bien a dos buenos toros de Pereda.
Empezábamos nosotros la feria el jueves con una corrida de José Luis Pereda para El Cid, Fandiño y Luque.
Corrida que tuvo cuatro toros malos (los dos lotes de Fandiño y Luque) y un par de toros buenos que correspondieron (¿casualidad, otra vez?) al Cid.

El Cid en Huelva. Clase magistral por la mañana… (Foto de Toros para todos)

…Y por la tarde (Foto de Arjona. El Cid en su primer toro)
El de Salteras estuvo magnífico en su primero un toro muy manso, muy huido pero de infinita nobleza y bondad. Un comportamiento que es muy lucido para el torero si sabe aprovechar las condiciones del astado pues el público no espera faena pero que exige del diestro capacidad y oficio. Cuidado pues con restar méritos al Cid porque a estos toros hay que saber verlos y saber torearlos. Y, ahí, el Cid, estuvo sensacional, andándole hacia atrás con el capote y en los primeros muletazos, consiguiendo que el toro se creciera y se confiara en su mansedumbre, lo que le permitió luego torearlo a placer.

Para torear, primero hay que poder al toro (Foto Arjona)
Consecuencia, una más que interesante faena del torero sevillano que, por cierto, se quedó sin la recompensa que se merecía quizás porque era el primero de la tarde y el público en esos primeros compases de corrida suele estar siempre bastante frío.
Luego en cuarto lugar, salió ese toro que quisiéramos ver en las plazas habitualmente. El toro bravo de verdad pero noble y con mucha transmisión. El que repite incansable y se revuelve con su punto de agresividad. Ese toro que permite el buen toreo pero que no da un momento de respiro al diestro pues no admite ningún error.
El Cid le toreó muy bien con la mano derecha con pases de mucha longitud y temple pero nos dejó inédita la zurda por lo que la faena no acabó de remontar el vuelo. Por eso, por lo que no hizo y también porque cuando hay un toro bravo en la plaza, al público y al aficionado casi siempre se le hace poco lo que hace el torero.

Así de bien toreó el Cid al magnífico toro de Pereda que le cupo en suerte. Lástima que con la izquierda (su mano fuerte) bajara el nivel. La oreja fue más que merecida (Foto Arjona).
Fandiño y Luque no estuvieron bien. Su justificación fue el mal juego de sus toros pero, a esa edad, con sus circunstancias y con sus ambiciones, no hay –en el fondo- justificación que valga. Cuando no embiste el toro, tiene que “embestir” el torero. Algo que saben muy bien las figuras de nuestra época y las de todas las épocas.

Fandiño matando con todas las de la ley. Toreando estuvo técnicamente correctísimo.

El capote –suave y elegante- del de Gerena. Daniel Luque a la verónica. Con la muleta también estuvo técnicamente correcto.
Segundo capítulo. En el que el autor cuenta como vio llegar -un viernes de feria- el toreo -el buen toreo- a Huelva.
El viernes, llegó el esperado mano a mano entre Tomás y Morante que si no consiguió las máximas cotas posibles con esos dos enormes toreros, tuvo sin embargo la virtud de que no defraudó en lo más mínimo las esperanzas puestas, lo que en el caso de estos diestros parece cada vez más complicado por lo mucho que se espera de uno de ellos (Morante) y lo mucho que se le exige al otro (Tomás).

El ambiente (mejor ambientazo) que había en Huelva en viernes
Una cuestión previa. Hagamos un poco de crítica…
Hablamos, en este caso, de mano a mano por convencionalismo y porque así lo anuncian en los carteles. Por decir algo. Pero una cosa es lo que se anuncia y otra lo que sucede en el ruedo y lo cierto es que, si un mano a mano implica pelea, controversia y disputa entre los diestros, en Huelva el viernes el mano a mano brilló por su ausencia. Y aunque ambos diestros son muy distintos en sus planteamientos y forma de concebir el toreo, lo que permitiría un encontronazo magistral, lo cierto es que no se quisieron dar la réplica en ningún momento.

Un mano a mano que no fue tal (Foto Arjona)
“Tú a Boston y yo a California” podría haber sido el título cinematográfico del evento y es que no sólo no hubo quites, ni competencia (al menos directa) sino que ni siquiera los diestros de dirigieron la palabra en ningún momento. Todo lo contrario de lo que ocurriría al día siguiente.

Este cartel de cine podría haber servido previamente para anunciar el esperado mano a mano de José Tomás y Morante de la Puebla.
Por no haber, no hubo siquiera el albur del sorteo pues, al ser los toros de distintas ganaderías, cada torero trajo las reses que le plugo en ganas. Vamos, como en los tiempos de Guerrita pero sin los tapujos del “lo ha elegido el ganadero”
Dicho esto, también hay que decir que lo que pasó en Boston y sobre todo, lo que ocurrió en California tuvo enjundia torera. Y mucha…
Y en ese sentido, de lo primero que hay que hablar es de la magnífica presentación de la corrida. Nada que ver con el digno pero terciado encierro del pasado año. José Tomás escogió para Huelva tres toros (dos, sobre todo) que echaban mucho bulto. También estuvieron bien presentados los elegidos por el diestro de la Puebla.
Morante lo borda
Venimos diciendo y visto lo visto, tenemos que volver a decirlo que el toro de Cuvillo es un toro muy exigente con los toreros pues pide del diestro máximo conocimiento del oficio y recursos varios para extraer el buen fondo que estos astados suelen atesorar (lo contrario que ocurre con los encierros de ganaderías duras donde al a priori de su dificultad se justifican muchos alivios).
Y es que el toro de Cuvillo plantea casi siempre un diálogo similar al que imagino yo que planteaba a Morante de la Puebla su primer toro del pasado viernes:
-¿Es usted un buen profesional? Pudo decir el toro de Cuvillo al torero (Morante en este caso)
- Si, por supuesto, le contestaría éste
-Pues… ¡Vamos a verlo! Sentenciaría el toro
Pero… no lo vimos. No pudimos verlo pues Morante se inhibió en ese toro que le vino muy largo. Lo que no parecía importa al torero pues en chiqueros quedaban dos más.

El toro de Cuvillo le vino largo a Morante (Foto Arjona).
Largo también (aunque menos) le vino a Morante el de Zalduendo (sexto de la tarde) un toro con mucho, mucho carbón con el que, sin embargo, hizo el esfuerzo que no quiso hacer con el otro.

Un toro minero (o sea, con mucho carbón). En este el de la Pueblo se justificó. Vaya si se justificó. (Foto Arjona)
El desquite llegó en el cuarto toro y es que, esperar a los toreros artistas, tiene a veces recompensa y la recompensa llegó mediada la corrida en forma de toro artista (aunque, este por cierto, nada empalagoso pese a llevar el hierro de Juan Pedro Domecq).
Morante lo cuajó literalmente, con el capote de salida (las chicuelinas fueron cosa aparte) y le toreó en redondo con la derecha con una justeza, una precisión, un ritmo y un temple verdaderamente excepcionales.

Torea Chicuelo… Perdón, quise decir Morante. (Foto Arjona)
Sobre el capote de este torero nada hay que decir. Baste señalar que en Huelva vimos al mejor Morante y con eso está todo dicho.

Morante torea con el capote. Un capote con arrugas, más dúctil, con menos apresto (almidón) que los capotes usados hoy día.
Con la muleta sólo añadiré que toro, torero y engaño formaban un único cuerpo que se movía en el espacio y en el tiempo en total y plena comunión. Pocas veces he visto torear a nadie, con la muleta, así de conjuntado con el toro… Con la muleta en la derecha, pues la faena se diluyó cual azucarillo en agua al coger el torero la mano izquierda lo que hizo Morante quizás un poco tarde.

Toro, torero y muleta en conjunción astral.
Y es que el toreo de Morante necesita el toro que se venga. Por eso, mientras las faenas de Tomás van normalmente a más incluso cuando el toro se para, las del diestro de la Puebla (como las faenas de otros toreros artistas) son necesariamente (o deberían serlo) más cortas pues acaban cuando acaba la embestida pronta del toro. Tema este a tratar, con más detenimiento, en otro momento.

No se trata de un efecto óptico ni que el toro se haya parado. Es Morante el que ha parado el tiempo y… el toreo.
Tomás. No hay más allá
Tomás es justo lo contrario de Morante. Si aquel busca acoplar su toreo al toro, este busca imponérselo, marcando al toro el camino (a veces, imposible) que este debe seguir. Y ahí, cuando el toro duda o se niega, es cuando el toreo del torero de Galapagar sube varios quilates.

La Chicuelinas de José Tomás. Más quietud no es posible…venga como venga el toro.
Por eso, por esa forma de plantear el trazo del muletazo pueden aparecer esporádicamente enganchones o pequeñas pérdidas de ritmo en su toreo de muleta (como pueden aparecer en la muleta de Talavante otro que tal baila y sigue la senda del maestro) pero enganchones que no quitan un ápice de mérito al torero pues éste nunca (y esa es su gran virtud) descompone su figura.

José Tomás en su primer toro. Un toreo aparentemente imposible que al final resulta posible. Posible sólo en sus manos, por supuesto (Foto Arjona)
Ayer Tomás, en su línea, se encontró con dos buenos toros y firmó dos faenas excelentes (al primer y tercer toros). Faenas sobre las que no cabe discusión pues este torero siempre está por encima de sus toros.
Si hubo (discusión) en la faena al quinto. Un complicado y muy peligroso toro del Pilar que iba con bastantes defectos por el lado derecho. Defectos tapados, en parte, por el buen hacer del diestro de Galapagar pero defectos que no podían ocultarse por el lado izquierdo. Por esa mano, el toro del Pilar tenía peligro, mucho peligro, pues se colaba buscando descaradamente el bulto.
Tomás aguantó las tarascadas y gañafones del burel y se justificó. Nunca nadie podrá decir que a este diestro le falte una pizca de dignidad toreando (a este ni a cualquier otro toro) pues es virtud esta que el madrileño derrocha a manos llenas.

Tomás en el último. Estuvo mejor que lo que han dicho. Con la izquierda aguantó varias coladas espeluznantes
Apuntemos finalmente, el mérito que encierra torear sólo dos o tres tardes y lo difícil que es, en esas condiciones acoplarse a los toros. El mayor elogio que podemos hacerle es que a Tomás no le nota en la cara del toro, este año, merma ni imprecisión alguna que delate falta de puesta punto. Antes, al contrario. Tomás torea a gusto y con gusto. Disfrutando con su toreo. Y eso se le nota

Inimitable chicuelina de José Tomás en su último toro (Foto Arjona)
Tercera parte. En la que el autor cuenta como la corrida del sábado en Huelva le recargaba las baterías de su ilusión por la Fiesta de los toros

Juli y Talavante. Entendimiento total en la plaza.
El sábado (Mano a mano Juli-Talavante) vimos el espectáculo que siempre quisiéramos ver. Aunque somos conscientes, por lógica, que una tarde de tanto calado y emoción sólo podrá producirse una, dos o, a lo sumo, tres veces al año, lo que ya es mucho pedir
Y es que ese día vimos toros y toreros. Compleja, sorprendente y variada corrida de Núñez del Cuvillo (Desigual en comportamiento y presentación) para dos toreros pletóricos de casta, afición y ambición. La clave para que se produzca el toreo verdadero y del encuentro salten chispas.
Añadamos, para perfilar el cuadro, un público atento (curiosamente distinto al de los dos días anteriores) que (como decían en el Diario de Huelva) vino por José Tomás pero volverá a la plaza por Juli y Talavante.
Sorprendentes, sin embargo, los adjetivos que la crítica oficial ha empleado para valorar esta corrida. Adjetivos que no me cuadran con lo que yo pude presenciar en la plaza. Y es que cuando la tarde se sale del guion habitual de todas las tardes, muchos periodistas se quedan descolocados.
Y la verdad es que la actitud del público fue triunfal pero en absoluto triunfalista si por triunfalista entendemos el premiar con exceso la labor de los espadas.
Y la verdad, es que la corrida fue emocionante, pero no divertida si por divertido entendemos lo intrascendente y pueril.
Pero tampoco debemos cargar las tintas en los periodistas cuando fueron los propios toreros los primeros sorprendidos con el primer toro de Cuvillo que abrió plaza y cuyo comportamiento descolocó a todo el mundo.
El Juli. Épica sin alharacas ni adjetivos

El Juli ante el primero de la tarde, Subastador de nombre. Una faena épica
Y en estas, que apareció Juli, sin importarle millones ni cortijos, pleitos ni zarandajas sino dispuesto a todo. A jugarse la vida con uno de los toros (Subastador de nombre) más complicados que hemos visto este año y en varios años. Con el inri de que por tratarse de ganadería comercial (¿comercial?) aquí no valen los alivios que se admiten e incluso aplauden con toros de otros encastes.
Pocas veces (¿puede que ninguna?) he visto a un torero con tanta firmeza y decisión como vi a Juli en su primer toro en Huelva. Un toro que intentaba probar al torero y que frenaba en seco su embestida para ver si el diestro dudaba en algún momento. Amagando para coger al mínimo descuido. Marcando los derrotes a las femorales. Derrotes que se hubieran convertido en cornada si hubiera habido algún titubeo en algún momento.
Pero Julián no es sólo uno de los toreros de más verdadera técnica del momento (pues aúna el conocimiento de las suertes con el de las reses) sino también uno de los más auténticamente valientes del todo el escalafón.
La actitud del Juli nos metió el miedo en el cuerpo. Después de su faena a ese primer toro del mano a mano de Huelva, ya nada para nosotros será igual en el toreo pues el listón queda colocado muy alto.
Faena por cierto poca cantada pese a su calado y es que los públicos (y los críticos) hoy se decantan por el preciosismo y la elegancia formal (Y no doy nombres pues estos están en la memoria de todos). El fondo, por desgracia, cada vez pesa menos.

Juli en el tercero. Más poderío no cabe.
Su segundo, tercero de la tarde fue un gran toro, al que Juli exprimió como se exprime un limón. Tanto que el toro se rajó al final y el madrileño se pegó un arrimón con mucha sustancia. Eso sí, después de haber toreado mucho y bien.
El toro tardó en doblar y el Presidente concedió una sorprendente vuelta al ruedo. Premio quizás justificado por el entusiasmo que recorría los tendidos que por el juego real del astado. Pero, repito, un buen toro.

La sorprendente vuelta al ruedo del tercero.
En su tercer toro (quinto de la tarde) muy bronco y deslucido, Juli se la volvió a jugar de verdad y sin cuentos. Estuvo impresionante.
Talavante. Sorprendente e innovador
Suerte que, por allí andaba Alejandro Talavante, otro valiente que no se amilana por nada. Faena, la de su segundo toro de gran calado, de pulsar muy bien los engaños, de –como decían los revisteros antiguos- correr muy bien la mano. Talavante convenció al respetable y eso que la sensacional faena anterior nos había dejado aplanados.

El gran toreo de nuestros días, en la espléndida versión de Alejandro Talavante.
En estas, con la corrida embalada, llegó el tercero de la tarde. Juli le había hecho un gran quite muy vistoso y alado al toro cuando Talavante le pidió permiso para intervenir. Lo que haría por gaoneras. Gaoneras a las que el madrileño contra-replicó por lopecinas (o zapopinas). Después, en plena euforia torera, Julián le ofreció banderillas para un lucido tercio donde Talavante puso un buen par al quiebro al hilo de las tablas y el madrileño estuvo solvente y eficaz con dos grandes pares de poder a poder.

Talavante por gaoneras

Juli le ofrece un par a Talavante quien acepta el envite.

Juli un gran par de poder a poder cuadrando en la cara del toro (Foto Arjona)
Gran tercio de quites y gran tercio de banderillas que crearon una atmósfera mágica en la plaza. Atmósfera que se mantendría ya hasta el final de la corrida, jalonada por las dos faenas del Juli que ya hemos comentado y las dos de Talavante en las que este puso se sello personal e innovador. Muy creativo.

La creatividad de Talavante con el capote.
La tarde de Talavante (como la de Julián) fue plena. Llena de detalles, inspiración y torería. Tarde que culminó en la gran faena al sexto toro al que toreó muy bien aunque sin premio de la Presidencia.

La creatividad de Talavante en la muleta con el sexto. Este muletazo (una arrucina) se está convirtiendo en distintivo de este torero quien lo ha rescatado del baúl del olvido. (Foto Arjona)

El más que merecido final
Cuarta parte. En la que un ya agotado autor cuanta como vio a un torero (Perera) dándole miedo y a otro (Morente) proporcionarle momentos de placer indefinible.
Los aficionados esteticistas (cada vez son más) aducen a favor de sus toreros un sofisma indemostrable: Sostienen que las faenas de sus diestros preferidos perduran siempre y se graban a fuego en la memoria del aficionado, mientras que la de los toreros valientes o los técnicos se esfuman en el recuerdo en el mismo momento de abandonar la plaza.
Será a ellos pues a nosotros nos ocurre justamente lo contrario. Y si no se me va de la mente lo que hizo Morante en Huelva y en el Puerto, la verdad es que persisten en mi memoria, desde el sábado, los recuerdos de la faena del Juli a su primer toro en Huelva. Y en los fugaces momentos que consigo olvidarla, son las imágenes de los dos quites de Miguel Ángel Perera, el domingo,en el Puerto, las que ocupan su lugar.
El quite al primero merece contarse. Perera se planta en los medios ante un toro distraído y con ganas de coger en tarde de viento y con el capote a la espalda. Peligrosa puesta en escena que por si sola nos provoca ya cierto temor pues todos sabemos de la quietud que es capaz este diestro. El toro, va y viene y pasa por delante del cuerpo del torero que ofrece sus femorales al astado quien se ciñe mucho por uno de los dos pitones.
En uno de los lances, el toro hace un extraño y la salida prevista por delante se convierte en cambio de la trayectoria del toro que pasa por la espalda. En el lance siguiente, el toro parece ignorar al diestro, pues mira para allá y acullá, moviéndose a dos metros del cuerpo del torero ignorándole olímpicamente. De golpe se arranca sobre el matador que vacía la embestida, aguantando lo indecible. El público que no puede contener la emoción prorrumpe en clamorosa ovación.
Tenía que haber tocado la música. Algo similar sucedió en su segundo toro.

Quite de Perera en su segundo toro. Firmeza (Foto de González Arjona)
El epílogo corresponde ponerlo a Morante quien en el Puerto se deleitó y nos deleitó a ráfagas. Faena a su primero de las suyas irregular sobando mucho al toro, ora por abajo, ora por arriba, del derecho y del revés, para inopinadamente sorprendernos con algunos muletazos de excelsa factura. Muletazos de los suyos con lo que está todo dicho.

Morante el domingo en el Puerto se gusta. Así se torea (Foto de González Arjona)
El caso es que a estas alturas estamos ya muy cansados y mañana lunes (escribo el domingo por la noche al regreso) empieza el ciclo de novilladas de las Escuelas Taurinas en Málaga donde se va a recuperar la suerte de varas con puya de tentadero, lo que no hacía desde hace varios años en esas clases prácticas.
El agotamiento nos vence y el sueño nos invade. En la bruma, se destacan fugaces las imágenes increíbles de lo visto estos días:
Cid,
Morante,
Talavante,
Juli y
José Tomás torean en nuestros sueños.
Nos dormimos.

José Tomás en Huelva. Tiene mérito torear como está toreando este torero después del cornadón de Aguascalientes. Muy pocos (por no decir ningún torero) se han recuperado totalmente de una cornada de similar alcance: Nunca esperábamos que volviese a ser el mismo.Sin embargo, lo sigue siendo.