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domingo, 17 de octubre de 2021

Morante en Sevilla (IV) Una faena para el recuerdo (¡otra más!)

 Por Jose Morente

El día 1 de octubre y con toros de Juan Pedro firmó Morante una faena para el recuerdo en la Plaza de Sevilla. Una más en una temporada -la suya- plagada de grandes faenas.

Fue el mismo día en que Morante desempolvaba el cambio de rodillas del señor Fernando el Gallo y el galleo por tijerillas de los diestros decimonónicos. Sevilla enloquecía y enronquecía con el trasteo de muleta del mejor torero de estos días.

Una faena arrebatada y arrebatadora, sobre todo tras el incidente con la banda de música que comentábamos en anterior entrada de este blog. Una faena que no es para contarla (ya la han contado y glosado los revisteros habituales) sino para verla...



viernes, 18 de agosto de 2017

De la épica a la estética

Por Clarito

Final de la tarde de ayer. Apoteósica vuelta al ruedo de los protagonistas del espectaculo Crisol (Foto: Alex Zea-La Opinión de Málaga)

Medio recuperado de la impactante tarde de toreo puro y fundamental de Saúl Jiménez Fortes y, mientras el torero convalece de su cogida, nos topamos con el espectáculo Crisol, pasando -como me decía Jose Morente- sin solución de continuidad, sin cámara de descompresión, de la épica a la estética, del toreo seco, valiente y entregado de Saúl al toreo elegante y estético de Enrique Ponce. De la verdad desnuda del toreo al toreo en envoltorio de lujo. Del drama al espéctaculo. Demasiadas emociones para vividas sólo en veinticuatro horas.

La de antesdeayer quedará en el recuerdo de muy pocos pues la plaza estaba casi vacía. Muy pocos aficionados que, además en su mayoría, no quisieron o no supieron -ellos sabrán- valorar lo que Jiménez Fortes les estaba regalando. La plaza de la Malagueta, su público, su banda de música, su presidenta se mostraron toda la tarde secos, duros, ariscos y exigentes sin justificación con el torero malagueño. Como dijo, con total acierto una voz del tendido: ¡Fortes en tu pueblo no te quieren

La airada reacción de los espectadores ante ese grito prueba que el vociferante puso el dedo en la llaga pues constataba dos hechos. Primero, el desapego de la plaza, el público, la banda y la presidenta hacia el torero de la tierra y, segundo, la falta de categoría de esta plaza. Y es que, las categorías no se adquieren por imposición administrativa sino demostrando la plaza, el público, la banda y la presidenta- rigor, conocimiento y sensibilidad hacia el buen toreo. No los hubo.

Una tarde pues de sensaciones contrapuestas entre la emoción de lo que hizo Fortes en el ruedo y la tristeza que produce la escasa respuesta que obtiene quien -como él- clama en el desierto. Fortes fue profeta de un mensaje no atendido ni entendido. Nadie es profeta en su tierra.

Espectáculo Crisol

Al día siguiente, cambio total de decoración. De la plaza casi vacía a la plaza casi llena. De la sequedad del que espera atento el menor fallo a la actitud amable del que acude ilusionado esperando el milagro. Y el milagro, llegó.

No voy a contar la corrida. No voy a entrar en analizar ni valorar faenas, indultos y demás historias. Ahí está para quien quiera verla pues se retransmitía por televisión. Baste decir que fue algo diferente, algo más, que una corrida de toros. La superposición de toros y música añade un plus al espectáculo. Un espectáculo que, hoy por hoy, sestea anclado en el pasado. No sé, no puedo saber pues no soy adivino, si esta es la solución a algunos de los graves problemas que arrastra la fiesta. Personalmente, pienso que no pues el espectáculo de ayer magnífico como tal espéctaculo se me antoja excepcional, único y difícilmente repetible. Por otro lado,  las causas de los problemas de la fiesta son estructurales, del propio sistema. Pero lo que tengo claro, es que el formato tradicional está caduco pues no sabemos venderlo y cada vez interesa menos a menos gente. 

El toreo necesita urgentemente una puesta en escena diferente que acentúe sus valores estéticos y culturales, aquellos más cercanos a la sensibilidad de los públicos actuales, sin renunciar por ello a su riesgo y emoción, a sus valores éticos más profundos. Globalizar e imponer el modelo francés -tan querido por algunos- podrá valer para Francia y el norte de España, donde siempre se ha estimado más la lucha que el arte pero no es la solución perfecta. Lo que la gente quiere, con lo que vibra -de Despeñaperros para abajo, al menos- es con el buen toreo. Toreo, no trabajo ni pelea o lucha. Eso se vió ayer.

La música puede subrayar los aspectos amables de la corrida pero sobre todo puede atraer un público nuevo a los tendidos. Algo totalmente necesario. Necesario lo de atraer un público nuevo, no la música. Y es que, lo llevamos diciendo hace mucho tiempo, la fiesta necesita el calor del público. Toro y torero en el ruedo necesitan, como agua de mayo, espectadores en los tendidos que se emocionen aplaudan o protesten. Sin público en los tendidos, el espectáculo -magnífico- no tiene ningún sentido. Y digo público y no aficionados porque los aficionados además de caber en un autobús se muestran en general -al contrario que los públicos- excesivamente secos, duros, ariscos y exigentes hasta la exageración. Sin sensibilidad. 

A la fiesta la salvará, si la salvan, los públicos amables, pródigos y generosos, no los aficionados que la estamos dejando morir poco a poco. O ayudando a morir, lo que también tiene pecado. Lo que hicimos el jueves con Saúl fue de juzgado de guardia. Y sólo había aficionados en la plaza.

Lo de ayer, la actitud de los espectadores ante el espectáculo Crisol de Enrique Ponce y Javier Conde, fue, por el contrario, una bendición.

jueves, 20 de agosto de 2015

Un toro de Garcigrande endereza la tarde

Por Clarito

Inicio de una tarde complicada y densa (Fotografía de Hugo Cortés para SURDigital)

Iba más que mediada la, hasta entonces, decepcionante tarde cuando -lesionados y devueltos a los corrales el toro de Daniel Ruiz (que se partió el cuerno derecho por la cepa en una voltereta) y el sobrero de Lagunajanda (inválido)- alguien decidió que en lugar del 4 tris saliera el quinto toro. El toro de Garcigrande.

Sabia decisión la de ese alguien. Sabia decisión -no sé si reglamentaria o no- pero muy acertada pues enderezó una corrida que, desde luego, no se desarrollaba conforme al guión previsto y/o programado por el torero.

Antes habían salido al ruedo tres toros infumables. Uno, primero, de Fuente Ymbro, bruto y renuente a embestir pero con el que Alejandro Talavante hizo un verdadero esfuerzo. Un segundo de Victoriano del Río, con movilidad pero rajadísimo desde el principio lo que deslucía todo lo que se le pudiera hacer y un tercero, sobrero de Jandilla, más brutote aún que el de Ricardo Gallardo, sustituto de un Juan Pedro de ensueño, un precioso jabonero tan bravo, noble y suave como ayuno de fuerzas.

Fueron tres toros imposibles. No, desde luego, para lidiarlos y torearlos, pero si para hacer ese toreo que todos esperábamos, el toreo que el extremeño llevaba en la cabeza.

Maticemos esta afirmación.


El toreo que el torero lleva en la cabeza

Básicamente a lo largo de la historia y en su relación con el toro, los toreros han adoptado dos posturas diferentes.

Uno, es la de los diestros lidiadores que se adaptan y responden en cada momento (o intentan responder) a las condiciones y problemas que les plantean los toros.

Otra postura, que viene de Juan Belmonte, es la de los toreros que, por el contrario, intentan imponer su forma de torear a los toros. Es la de aquellos diestros que pretenden que sea el toro el que se adapte a su toreo y no al revés.

En esa segunda línea se encuentran la mayoría de los toreros actuales. En esa línea se encuentra Alejandro Talavante.

Es un planteamiento válido y que no excluye la sorpresa (al menos, para el público) aunque el torero llegue a la plaza con la faena hecha, con la faena en su cabeza.

Eso se vio, por ejemplo, en el lance de recibo al suave toro de Juan Pedro. Toro que luego sería devuelto. Talavante lo recibió con una larga afarolada de pie. Una larga de ensueño. Con ese mismo lance, con una larga idéntica, recibió Talavante al sobrero de Jandilla, un toro bruto y áspero que no tenía nada que ver con el anterior.

Un mismo planteamiento para dos toros muy diferentes. Más que contradicción es el signo de los tiempos.

Así, de esa forma tan fantásticarecibía el extremeño al tercero bis. Antes había recibido de la misma guisa al toro de Juan Pedro (Fotografía: FIT)

El toro de Garcigrande

Ese planteamiento, que comparten la inmensa mayoría de los toreros actuales, es muy exigente para el toro pues no todos los toros "valen" para el exigente toreo moderno. Por eso es tan difícil hoy ser ganadero.

Ser ganadero puntero exige por tanto dar respuesta a la evolución del modo de torear. Exige capacidad visionaria para anticiparse a los derroteros por los discurre el toreo. Un toreo que cambia por momentos. Aunque a nosotros nos falte muchas veces perspectiva y distancia para poder apreciar cabalmente ese proceso.

Quienes si tienen clara esa evolución son los ganaderos punteros. Por eso, alguno de ellos ha dicho que mantener los mismos sementales durante muchos años es síntoma de mal ganadero (al contrario de lo que se ha pensado siempre) pues denota incapacidad de adaptación a un "mercado" cambiante.

En anticiparse a la evolución del toreo. En ser capaz de producir ese toro que "necesitan" los toreros, Garcigrande se lleva la palma. Por eso y solo por eso es la ganadería predilecta de las figuras.

Algo que ayer se pudo comprobar de forma palmaria y evidente

El toro de hoy tiene que responder a toques y trazos impensables hace unas décadas (Fotografía: Hugo Cortés-SUR Digital)


La faena del cuarto. Viva Talavante

El cuarto toro de la tarde, el toro de Garcigrande, el toro que cambió el signo de la corrida, fue un toro noble que manseó en el caballo (donde le pegaron poco) pero que regaló a su torero unas francas y bonancibles embestidas que le permitieron desarrollar todo su toreo y desplegar toda su capacidad e inventiva.

La buena embestida del toro de Garcigrande para el buen toreo de Alejandro Talavante (Fotografía: FIT)

Faena de ensueño, antes soñada, donde es difícil destacar algo pero que alcanzó momentos excepcionales en esa tanda postrera de rodillas.

No hay más allá, salvo lo que se le ocurra hacer a este torero la próxima tarde. Como dice un buen amigo mío. Talavante este año juega una liga distinta a la que juegan los demás diestros del escalafón. ¡Viva Talavante!

El toreo de muleta de Talavante de rodillas tuvo una hondura impresionante (Fotografía: Hugo Cortés para SUR Digital)

El doble epílogo

Cambiado el signo de la corrida. Reconvertido en éxito, lo que pudo haber sido fracaso. Talavante se relajó y la tarde discurrió ya por caminos diferentes a los del infortunio e impotencia que habían marcado la primera parte.

Así, al toro sexto, escaso de fuerzas, Talavante le dibujó líneas de precioso y preciso trazo, ya en el tercio, ya cerradísimo en tablas. Exquisitez talavantera para rematar la tarde.

Antes, en el quinto con un toro de la Quinta, el torero demostró que que no es cierta esa incapacidad que se achaca a las figuras de "no poder" con el toro de ciertas ganaderías. Antes bien, Talavante anduvo sobrado y su faena fue medida y perfecta. Magistral, además, en el sentido de enseñar como hay que torear (al vuelo de los vuelos y sin molestar) a los toros grises de encaste Santacoloma.

Inspirado desplante en el flojo pero noble sexto. La tarde se cerraba con tranquilidad en el torero y en el público (Fotografía: FIT)


Resumiendo

En resumen que partiendo de un planteamiento que, aunque común en el toreo moderno, es, en mi opinión, bastante equivocado, llegamos a un final relativamente placentero gracias a la innegable capacidad torera de un gran torero, Alejandro Talavante, y, sobre todo, a la capacidad ganadera de un gran ganadero: Domingo Hernández.

Y gracias también, bueno es decirlo, a la actitud siempre respetuosa y expectante del público de la Malagueta.

Talavante brindó  el sexto toro al público -de forma harto respetuosa- en agradecimiento pos su actitud durante toda la corrida (Fotografía: FIT)

jueves, 9 de agosto de 2012

Huelva. Explosión de buen toreo

Por Clarito

Explosión en mina a cielo abierto

Huelva, la antaño floreciente provincia minera pudo volver a oír, el pasado fin de semana el estruendoso ruido de las grandes ocasiones que fueron provocadas esta vez, no por la dinamita de los mineros, sino por la firme templanza de los diestros que actuaron en las Colombinas.

Una corrida con argumento. Una feria con argumento (¿Una crítica taurina sin ellos?).

Y la explosión fue grande no sólo por la importancia de lo sucedido en el ruedo (y recalco lo de la importancia) sino además, porque el discurrir de la feria parecía seguir un magistral guion escrito de antemano por un autor teatral o cinematográfico de campanillas.

Todo comenzaba (para nosotros) el jueves con el prólogo de un Cid en un muy buen tono; seguía el viernes con dos espléndidos Tomás y Morante y remataba estruendosamente el sábado en magnífica traca final, previa al epílogo ecuestre de este domingo. Remate de feria al que, por desgracia, no pudimos asistir pues nos fuimos al Puerto de Santa María en pos del bello y emocionante epílogo que pusieron Morante de la Puebla y de Miguel Ángel Perera, a nuestro periplo,

Feria –la de Huelva- para vivida y no “escribida” pero a la que vamos a poner la crónica de nuestro relato porque nos lo pide el cuerpo y, también, porque nos lo piden algunos buenos amigos nuestros que quieren saber lo que pasó y que conocen nuestro criterio y nuestra manera de ver los toros.

Y es que, cada vez resulta más difícil enterarse de lo que pasa en las plazas leyendo a los críticos taurinos oficiales quienes se dedican en el fondo a torear para la galería. Galería que, en este caso, la componen los criterios de los aficionados más intransigentes cuyas minoritarias opiniones no pueden (ni deben) servirnos de referencia a los demás.

Vamos a intentar seguir nosotros un camino distinto. Simplemente vamos a acercarnos a la plaza de toros (Primero, Huelva y luego a la del Puerto de Santa María) para contar lo que vimos. Más sencillo, imposible.

 

Primer capítulo. En el que el autor cuenta como vio al Cid –un jueves de Feria en Huelva- torear muy bien a dos buenos toros de Pereda.

Empezábamos nosotros la feria el jueves con una corrida de José Luis Pereda para El Cid, Fandiño y Luque.

Corrida que tuvo cuatro toros malos (los dos lotes de Fandiño y Luque) y un par de toros buenos que correspondieron (¿casualidad, otra vez?) al Cid.

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El Cid en Huelva. Clase magistral por la mañana… (Foto de Toros para todos)

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…Y por la tarde (Foto de Arjona. El Cid en su primer toro)

El de Salteras estuvo magnífico en su primero un toro muy manso, muy huido pero de infinita nobleza y bondad. Un comportamiento que es muy lucido para el torero si sabe aprovechar las condiciones del astado pues el público no espera faena pero que exige del diestro capacidad y oficio. Cuidado pues con restar méritos al Cid porque a estos toros hay que saber verlos y saber torearlos. Y, ahí, el Cid, estuvo sensacional, andándole hacia atrás con el capote y en los primeros muletazos, consiguiendo que el toro se creciera y se confiara en su mansedumbre, lo que le permitió luego torearlo a placer.

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Para torear, primero hay que poder al toro (Foto Arjona)

Consecuencia, una más que interesante faena del torero sevillano que, por cierto, se quedó sin la recompensa que se merecía quizás porque era el primero de la tarde y el público en esos primeros compases de corrida suele estar siempre bastante frío.

Luego en cuarto lugar, salió ese toro que quisiéramos ver en las plazas habitualmente. El toro bravo de verdad pero noble y con mucha transmisión. El que repite incansable y se revuelve con su punto de agresividad. Ese toro que permite el buen toreo pero que no da un momento de respiro al diestro pues no admite ningún error.

El Cid le toreó muy bien con la mano derecha con pases de mucha longitud y temple pero nos dejó inédita la zurda por lo que la faena no acabó de remontar el vuelo. Por eso, por lo que no hizo y también porque cuando hay un toro bravo en la plaza, al público y al aficionado casi siempre se le hace poco lo que hace el torero.

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Así de bien toreó el Cid al magnífico toro de Pereda que le cupo en suerte. Lástima que con la izquierda (su mano fuerte) bajara el nivel. La oreja fue más que merecida (Foto Arjona).

Fandiño y Luque no estuvieron bien. Su justificación fue el mal juego de sus toros pero, a esa edad, con sus circunstancias y con sus ambiciones, no hay –en el fondo- justificación que valga. Cuando no embiste el toro, tiene que “embestir” el torero. Algo que saben muy bien las figuras de nuestra época y las de todas las épocas.

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Fandiño matando con todas las de la ley. Toreando estuvo técnicamente correctísimo.

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El capote –suave y elegante- del de Gerena. Daniel Luque a la verónica. Con la muleta también estuvo técnicamente correcto.

 

Segundo capítulo. En el que el autor cuenta como vio llegar -un viernes de feria- el toreo -el buen toreo- a Huelva.

El viernes, llegó el esperado mano a mano entre Tomás y Morante que si no consiguió las máximas cotas posibles con esos dos enormes toreros, tuvo sin embargo la virtud de que no defraudó en lo más mínimo las esperanzas puestas, lo que en el caso de estos diestros parece cada vez más complicado por lo mucho que se espera de uno de ellos (Morante) y lo mucho que se le exige al otro (Tomás).

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El ambiente (mejor ambientazo) que había en Huelva en viernes

Una cuestión previa. Hagamos un poco de crítica

Hablamos, en este caso, de mano a mano por convencionalismo y porque así lo anuncian en los carteles. Por decir algo. Pero una cosa es lo que se anuncia y otra lo que sucede en el ruedo y lo cierto es que, si un mano a mano implica pelea, controversia y disputa entre los diestros, en Huelva el viernes el mano a mano brilló por su ausencia. Y aunque ambos diestros son muy distintos en sus planteamientos y forma de concebir el toreo, lo que permitiría un encontronazo magistral, lo cierto es que no se quisieron dar la réplica en ningún momento.

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Un mano a mano que no fue tal (Foto Arjona)

“Tú a Boston y yo a California” podría haber sido el título cinematográfico del evento y es que no sólo no hubo quites, ni competencia (al menos directa) sino que ni siquiera los diestros de dirigieron la palabra en ningún momento. Todo lo contrario de lo que ocurriría al día siguiente.

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Este cartel de cine podría haber servido previamente para anunciar el esperado mano a mano de José Tomás y Morante de la Puebla.

Por no haber, no hubo siquiera el albur del sorteo pues, al ser los toros de distintas ganaderías, cada torero trajo las reses que le plugo en ganas. Vamos, como en los tiempos de Guerrita pero sin los tapujos del “lo ha elegido el ganadero

Dicho esto, también hay que decir que lo que pasó en Boston y sobre todo, lo que ocurrió en California tuvo enjundia torera. Y mucha…

Y en ese sentido, de lo primero que hay que hablar es de la magnífica presentación de la corrida. Nada que ver con el digno pero terciado encierro del pasado año. José Tomás escogió para Huelva tres toros (dos, sobre todo) que echaban mucho bulto. También estuvieron bien presentados los elegidos por el diestro de la Puebla.

Morante lo borda

Venimos diciendo y visto lo visto, tenemos que volver a decirlo que el toro de Cuvillo es un toro muy exigente con los toreros pues pide del diestro máximo conocimiento del oficio y recursos varios para extraer el buen fondo que estos astados suelen atesorar (lo contrario que ocurre con los encierros de ganaderías duras donde al a priori de su dificultad se justifican muchos alivios).

Y es que el toro de Cuvillo plantea casi siempre un diálogo similar al que imagino yo que planteaba a Morante de la Puebla su primer toro del pasado viernes:

-¿Es usted un buen profesional? Pudo decir el toro de Cuvillo al torero (Morante en este caso)

- Si, por supuesto, le contestaría éste

-Pues… ¡Vamos a verlo! Sentenciaría el toro

Pero… no lo vimos. No pudimos verlo pues Morante se inhibió en ese toro que le vino muy largo. Lo que no parecía importa al torero pues en chiqueros quedaban dos más.

 

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El toro de Cuvillo le vino largo a Morante (Foto Arjona).

Largo también (aunque menos) le vino a Morante el de Zalduendo (sexto de la tarde) un toro con mucho, mucho carbón con el que, sin embargo, hizo el esfuerzo que no quiso hacer con el otro.

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Un toro minero (o sea, con mucho carbón). En este el de la Pueblo se justificó. Vaya si se justificó. (Foto Arjona)

El desquite llegó en el cuarto toro y es que, esperar a los toreros artistas, tiene a veces recompensa y la recompensa llegó mediada la corrida en forma de toro artista (aunque, este por cierto, nada empalagoso pese a llevar el hierro de Juan Pedro Domecq).

Morante lo cuajó literalmente, con el capote de salida (las chicuelinas fueron cosa aparte) y le toreó en redondo con la derecha con una justeza, una precisión, un ritmo y un temple verdaderamente excepcionales.

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Torea Chicuelo… Perdón, quise decir Morante. (Foto Arjona)

Sobre el capote de este torero nada hay que decir. Baste señalar que en Huelva vimos al mejor Morante y con eso está todo dicho.

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Morante torea con el capote. Un capote con arrugas, más dúctil, con menos apresto (almidón) que los capotes usados hoy día.

Con la muleta sólo añadiré que toro, torero y engaño formaban un único cuerpo que se movía en el espacio y en el tiempo en total y plena comunión. Pocas veces he visto torear a nadie, con la muleta, así de conjuntado con el toro… Con la muleta en la derecha, pues la faena se diluyó cual azucarillo en agua al coger el torero la mano izquierda lo que hizo Morante quizás un poco tarde.

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Toro, torero y muleta en conjunción astral.

Y es que el toreo de Morante necesita el toro que se venga. Por eso, mientras las faenas de Tomás van normalmente a más incluso cuando el toro se para, las del diestro de la Puebla (como las faenas de otros toreros artistas) son necesariamente (o deberían serlo) más cortas pues acaban cuando acaba la embestida pronta del toro. Tema este a tratar, con más detenimiento, en otro momento.

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No se trata de un efecto óptico ni que el toro se haya parado. Es Morante el que ha parado el tiempo y… el toreo.

Tomás. No hay más allá

Tomás es justo lo contrario de Morante. Si aquel busca acoplar su toreo al toro, este busca imponérselo, marcando al toro el camino (a veces, imposible) que este debe seguir. Y ahí, cuando el toro duda o se niega, es cuando el toreo del torero de Galapagar sube varios quilates.

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La Chicuelinas de José Tomás. Más quietud no es posible…venga como venga el toro.

Por eso, por esa forma de plantear el trazo del muletazo pueden aparecer esporádicamente enganchones o pequeñas pérdidas de ritmo en su toreo de muleta (como pueden aparecer en la muleta de Talavante otro que tal baila y sigue la senda del maestro) pero enganchones que no quitan un ápice de mérito al torero pues éste nunca (y esa es su gran virtud) descompone su figura.

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José Tomás en su primer toro. Un toreo aparentemente imposible que al final resulta posible. Posible sólo en sus manos, por supuesto (Foto Arjona)

Ayer Tomás, en su línea, se encontró con dos buenos toros y firmó dos faenas excelentes (al primer y tercer toros). Faenas sobre las que no cabe discusión pues este torero siempre está por encima de sus toros.

Si hubo (discusión) en la faena al quinto. Un complicado y muy peligroso toro del Pilar que iba con bastantes defectos por el lado derecho. Defectos tapados, en parte, por el buen hacer del diestro de Galapagar pero defectos que no podían ocultarse por el lado izquierdo. Por esa mano, el toro del Pilar tenía peligro, mucho peligro, pues se colaba buscando descaradamente el bulto.

Tomás aguantó las tarascadas y gañafones del burel y se justificó. Nunca nadie podrá decir que a este diestro le falte una pizca de dignidad toreando (a este ni a cualquier otro toro) pues es virtud esta que el madrileño derrocha a manos llenas.

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Tomás en el último. Estuvo mejor que lo que han dicho. Con la izquierda aguantó varias coladas espeluznantes

Apuntemos finalmente, el mérito que encierra torear sólo dos o tres tardes y lo difícil que es, en esas condiciones acoplarse a los toros. El mayor elogio que podemos hacerle es que a Tomás no le nota en la cara del toro, este año, merma ni imprecisión alguna que delate falta de puesta punto. Antes, al contrario. Tomás torea a gusto y con gusto. Disfrutando con su toreo. Y eso se le nota

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Inimitable chicuelina de José Tomás en su último toro (Foto Arjona)

Tercera parte. En la que el autor cuenta como la corrida del sábado en Huelva le recargaba las baterías de su ilusión por la Fiesta de los toros

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Juli y Talavante. Entendimiento total en la plaza.

El sábado (Mano a mano Juli-Talavante) vimos el espectáculo que siempre quisiéramos ver. Aunque somos conscientes, por lógica, que una tarde de tanto calado y emoción sólo podrá producirse una, dos o, a lo sumo, tres veces al año, lo que ya es mucho pedir

Y es que ese día vimos toros y toreros. Compleja, sorprendente y variada corrida de Núñez del Cuvillo (Desigual en comportamiento y presentación) para dos toreros pletóricos de casta, afición y ambición. La clave para que se produzca el toreo verdadero y del encuentro salten chispas.

Añadamos, para perfilar el cuadro, un público atento (curiosamente distinto al de los dos días anteriores) que (como decían en el Diario de Huelva) vino por José Tomás pero volverá a la plaza por Juli y Talavante.

Sorprendentes, sin embargo, los adjetivos que la crítica oficial ha empleado para valorar esta corrida. Adjetivos que no me cuadran con lo que yo pude presenciar en la plaza. Y es que cuando la tarde se sale del guion habitual de todas las tardes, muchos periodistas se quedan descolocados.

Y la verdad es que la actitud del público fue triunfal pero en absoluto triunfalista si por triunfalista entendemos el premiar con exceso la labor de los espadas.

Y la verdad, es que la corrida fue emocionante, pero no divertida si por divertido entendemos lo intrascendente y pueril.

Pero tampoco debemos cargar las tintas en los periodistas cuando fueron los propios toreros los primeros sorprendidos con el primer toro de Cuvillo que abrió plaza y cuyo comportamiento descolocó a todo el mundo.

El Juli. Épica sin alharacas ni adjetivos

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El Juli ante el primero de la tarde, Subastador de nombre. Una faena épica

Y en estas, que apareció Juli, sin importarle millones ni cortijos, pleitos ni zarandajas sino dispuesto a todo. A jugarse la vida con uno de los toros (Subastador de nombre) más complicados que hemos visto este año y en varios años. Con el inri de que por tratarse de ganadería comercial (¿comercial?) aquí no valen los alivios que se admiten e incluso aplauden con toros de otros encastes.

Pocas veces (¿puede que ninguna?) he visto a un torero con tanta firmeza y decisión como vi a Juli en su primer toro en Huelva. Un toro que intentaba probar al torero y que frenaba en seco su embestida para ver si el diestro dudaba en algún momento. Amagando para coger al mínimo descuido. Marcando los derrotes a las femorales. Derrotes que se hubieran convertido en cornada si hubiera habido algún titubeo en algún momento.

Pero Julián no es sólo uno de los toreros de más verdadera técnica del momento (pues aúna el conocimiento de las suertes con el de las reses) sino también uno de los más auténticamente valientes del todo el escalafón.

La actitud del Juli nos metió el miedo en el cuerpo. Después de su faena a ese primer toro del mano a mano de Huelva, ya nada para nosotros será igual en el toreo pues el listón queda colocado muy alto.

Faena por cierto poca cantada pese a su calado y es que los públicos (y los críticos) hoy se decantan por el preciosismo y la elegancia formal (Y no doy nombres pues estos están en la memoria de todos). El fondo, por desgracia, cada vez pesa menos.

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Juli en el tercero. Más poderío no cabe.

Su segundo, tercero de la tarde fue un gran toro, al que Juli exprimió como se exprime un limón. Tanto que el toro se rajó al final y el madrileño se pegó un arrimón con mucha sustancia. Eso sí, después de haber toreado mucho y bien.

El toro tardó en doblar y el Presidente concedió una sorprendente vuelta al ruedo. Premio quizás justificado por el entusiasmo que recorría los tendidos que por el juego real del astado. Pero, repito, un buen toro.

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La sorprendente vuelta al ruedo del tercero.

En su tercer toro (quinto de la tarde) muy bronco y deslucido, Juli se la volvió a jugar de verdad y sin cuentos. Estuvo impresionante.

Talavante. Sorprendente e innovador

Suerte que, por allí andaba Alejandro Talavante, otro valiente que no se amilana por nada. Faena, la de su segundo toro de gran calado, de pulsar muy bien los engaños, de –como decían los revisteros antiguos- correr muy bien la mano. Talavante convenció al respetable y eso que la sensacional faena anterior nos había dejado aplanados.

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El gran toreo de nuestros días, en la espléndida versión de Alejandro Talavante.

En estas, con la corrida embalada, llegó el tercero de la tarde. Juli le había hecho un gran quite muy vistoso y alado al toro cuando Talavante le pidió permiso para intervenir. Lo que haría por gaoneras. Gaoneras a las que el madrileño contra-replicó por lopecinas (o zapopinas). Después, en plena euforia torera, Julián le ofreció banderillas para un lucido tercio donde Talavante puso un buen par al quiebro al hilo de las tablas y el madrileño estuvo solvente y eficaz con dos grandes pares de poder a poder.

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Talavante por gaoneras

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Juli le ofrece un par a Talavante quien acepta el envite.

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Juli un gran par de poder a poder cuadrando en la cara del toro (Foto Arjona)

Gran tercio de quites y gran tercio de banderillas que crearon una atmósfera mágica en la plaza. Atmósfera que se mantendría ya hasta el final de la corrida, jalonada por las dos faenas del Juli que ya hemos comentado y las dos de Talavante en las que este puso se sello personal e innovador. Muy creativo.

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La creatividad de Talavante con el capote.

La tarde de Talavante (como la de Julián) fue plena. Llena de detalles, inspiración y torería. Tarde que culminó en la gran faena al sexto toro al que toreó muy bien aunque sin premio de la Presidencia.

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La creatividad de Talavante en la muleta con el sexto. Este muletazo (una arrucina) se está convirtiendo en distintivo de este torero quien lo ha rescatado del baúl del olvido. (Foto Arjona)

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El más que merecido final

 

Cuarta parte. En la que un ya agotado autor cuanta como vio a un torero (Perera) dándole miedo y a otro (Morente) proporcionarle momentos de placer indefinible.

Los aficionados esteticistas (cada vez son más) aducen a favor de sus toreros un sofisma indemostrable: Sostienen que las faenas de sus diestros preferidos perduran siempre y se graban a fuego en la memoria del aficionado, mientras que la de los toreros valientes o los técnicos se esfuman en el recuerdo en el mismo momento de abandonar la plaza.

Será a ellos pues a nosotros nos ocurre justamente lo contrario. Y si no se me va de la mente lo que hizo Morante en Huelva y en el Puerto, la verdad es que persisten en mi memoria, desde el sábado, los recuerdos de la faena del Juli a su primer toro en Huelva. Y en los fugaces momentos que consigo olvidarla, son las imágenes de los dos quites de Miguel Ángel Perera,  el domingo,en el Puerto, las que ocupan su lugar.

El quite al primero merece contarse. Perera se planta en los medios ante un toro distraído y con ganas de coger en tarde de viento y con el capote a la espalda. Peligrosa puesta en escena que por si sola nos provoca ya cierto temor pues todos sabemos de la quietud que es capaz este diestro. El toro, va y viene y pasa por delante del cuerpo del torero que ofrece sus femorales al astado quien se ciñe mucho por uno de los dos pitones.

En uno de los lances, el toro hace un extraño y la salida prevista por delante se convierte en cambio de la trayectoria del toro que pasa por la espalda. En el lance siguiente, el toro parece ignorar al diestro, pues mira para allá y acullá, moviéndose a dos metros del cuerpo del torero ignorándole olímpicamente. De golpe se arranca sobre el matador que vacía la embestida, aguantando lo indecible. El público que no puede contener la emoción prorrumpe en clamorosa ovación.

Tenía que haber tocado la música. Algo similar sucedió en su segundo toro.

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Quite de Perera en su segundo toro. Firmeza (Foto de González Arjona)

El epílogo corresponde ponerlo a Morante quien en el Puerto se deleitó y nos deleitó a ráfagas. Faena a su primero de las suyas irregular sobando mucho al toro, ora por abajo, ora por arriba, del derecho y del revés, para inopinadamente sorprendernos con algunos muletazos de excelsa factura. Muletazos de los suyos con lo que está todo dicho.

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Morante el domingo en el Puerto se gusta. Así se torea (Foto de González Arjona)

El caso es que a estas alturas estamos ya muy cansados y mañana lunes (escribo el domingo por la noche al regreso) empieza el ciclo de novilladas de las Escuelas Taurinas en Málaga donde se va a recuperar la suerte de varas con puya de tentadero, lo que no hacía desde hace varios años en esas clases prácticas.

El agotamiento nos vence y el sueño nos invade. En la bruma, se destacan fugaces las imágenes increíbles de lo visto estos días:

Cid,

   Morante,

       Talavante,

             Juli y

                  José Tomás torean en nuestros sueños.

Nos dormimos.

 

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José Tomás en Huelva. Tiene mérito torear como está toreando este torero después del cornadón de Aguascalientes.  Muy pocos (por no decir ningún torero) se han recuperado totalmente de una cornada de similar alcance: Nunca esperábamos que volviese a ser el mismo.Sin embargo, lo sigue siendo.

jueves, 18 de agosto de 2011

Los toros de Juan Pedro lucen divisa negra y embestidas doradas.

Por Clarito

Málaga, 7ª de abono. Miércoles, 17 de agosto de 2011

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Juan Pedro Domecq. Un gran ganadero y aficionado

Los toros de Juan Pedro lucen divisa negra.

Los toros de Juan Pedro (así se había anunciado en los altavoces) lucieron en Málaga –como lo llevan haciendo en todas las plazas- divisa negra en señal de luto por su criador, el ganadero jerezano fallecido este mismo año.

Me parece importante, en una sociedad tecnológica y consumista, este tipo de detalles que nos retrotraen a épocas pasadas. Y es que en este mundo de los toros las formas todavía tienen su importancia. No sé si por eso, por la responsabilidad de la divisa negra que lucían, los toros de Juan Pedro quisieron hacer honores a su ganadero y embistieron como no siempre en los últimos años han embestido los toros de esta ganadería.

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La emoción de la suerte de varas. Los toros de Juan Pedro no solo embistieron sino que su comportamiento en varas fue más que correcto.

La corrida (capricho de veterinarios y Presidente que se va convirtiendo ya en excesivo) se remendó (después del consabido baile de corrales) con un toro de Luís Algarra –noble pero soso- que se lidió en primer lugar. Los de Juan Pedro tuvieron presencia y trapío y, sobre todo, propiciaron -con sus buenas embestidas- el buen toreo de Manzanares y Ponce, cada uno en su estilo.

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El toro de Juan Pedro que le toco a Javier Conde en primer lugar embestía así de bien.

Javier Conde

No sé las causas, pero Conde no estuvo a la altura de las circunstancias. Cierto que su primero era un toro muy parado y que el jabonero quinto, no andaba sobrado de fuerzas lo que dificultaba torearlos. Además, Javier no es torero al que podamos pedir técnica exquisita ni desgarro al torear. Lo suyo es la chispa, el alarde sorprendente, fruto de su singular personalidad. Por ello, su toreo se debate generalmente entre la genialidad y la chapucería fruto del riesgo creativo que el asume conscientemente. Ayer, sin embargo, no tuvo su tarde y no estuvo ni bien ni mal. Eso si, su labor en su primero destacó por la suavidad extrema en el manejo de los engaños. El público que espera (o desespera) de él otras cosas, acabó silbándole más por desencanto que por otra razón. En resumen, gris actuación del torero de Málaga al que aún le queda otra tarde.

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Si bien faltaron muchas cosas en la faena de Javier Conde, aquí hay desmayo y suavidad

Como su doblete en la Feria ha sido bastante criticado, no le queda otra opción que apretarse los machos, aunque sabemos no es torero de pelea sino de esperar su toro. Complicado escenario. En cualquier caso, se le desea suerte.

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Javier es torero de estética y personalidad diferenciadas. Ayer sin embargo se le vieron pocos detalles de los suyos.

Enrique Ponce

Enrique Ponce estuvo bien en su primer toro (de Algarra), que tenía bastantes complicaciones, por su tendencia a pararse y su querencia a tablas. Ponce, que tiene una cabeza privilegiada (lo que nadie niega) se fue haciendo con el toro a base de colocación y de manejar los engaños con la inteligencia que le caracteriza. Sin embargo, el toque hacia afuera del que abusó deslució –en mi opinión- una faena suave y elegante que no acabó de calar en el público.

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Ponce toreó con el capote con mucha elegancia y suavidad.

Lo mató -como mataría a su segundo toro- con habilidad pero no con pureza. Tapando la cara y echando la carta al buzón, como se decía antes.

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Estocada de Ponce. Tapando la cara y echando la carta al buzón, como vulgarmente se dice

Lo del segundo es otra cosa. A Ponce se le veía enrabietado o más bien motivado por el contundente triunfo de Manzanares en el toro anterior.

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Ponce salió en el cuarto con muchas ganas y dispuesto a no dejarse ganar la pelea como corresponde a su trayectoria en la Fiesta.

Sin embargo, técnicamente la faena no fue buena (o por lo menos todo lo buena que se espera de torero de esta categoría) ni por los terrenos que eligió (cerca de las tablas), ni por el desarrollo de la misma. Como además el toro se quedaba algo corto (le habían pegado mucho en varas) los pases no tuvieron la longitud ni la profundidad que levanta chispas en los tendidos. Lo que hacía difícil el triunfo.

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Un buen toro que probablemente hubiera lucido más en las afueras.

Sin embargo, torear no es sólo entender y sacar partido al toro para después jugársela, sino también conectar con el tendido. Por ello, el toreo que se hace en el campo no es el mismo que el que se hace en una Plaza de Toros, ya que aquí el público es determinante. No voy a decir que el torero, además del toro, tiene que torear al público, pero si que debe conseguir su beneplácito.

Y en eso, en conseguir el beneplácito del público (que no necesariamente del aficionado) Ponce es maestro.

Pocos toreros manejan tan bien los tiempos muertos de la faena, los movimientos ante la cara del toro, mientras éste se repone entre tanda y tanda. Bien mirado, reloj en mano, en general es mucho mayor el tiempo que el torero está delante del toro sin torear que el tiempo que está toreando. Máxime con el grandón y parado toro de hoy día.

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Ponce maneja muy bien los tiempos muertos.

La elegancia de Ponce, su manera de estar ante la cara del toro, sus gestos consiguen mantener el interés del público que se enardece y reacciona, a veces, ante sus desplantes y detalles con más fervor que ante sus pases.

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El toreo desmayado de Ponce en los remates tuvo usía. Aquí es donde sus faenas ganan enteros.

Y con ello, no quiero decir que no toreara. Algunos pasajes tuvieron enjundia. Su colocación y su entendimiento del toro se dan por hecho. Pero la longitud y trazo de sus pases y, por tanto, el riesgo que el torero está dispuesto a asumir a estas alturas de su carrera es mínimo.

El público (incluidos algunos aficionados) se le entregó y le sacaron a hombros.

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Curiosa forma de celebrar el triunfo tan buscado

José María Manzanares

José María Manzanares reeditó el éxito del lunes pasado. Quizás no con faena tan contundente ya que la raza del tercer toro de Santa Coloma del lunes se sustituyó por las largas, nobles (y bonancibles) embestidas del toro de Juan Pedro que lidió en primer lugar.

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La embestidas largas, nobles pero no exentas de picante del tercero de la tarde. Un gran toro.

Si al toro de Santa Coloma del lunes lo toreó al hilo (que es lo indicado en ese encaste), al toro de Juan Pedro lo toreó mucho más cruzado, provocando la embestida como corresponde al encaste Parladé. Eso sí, siempre con los vuelos de la muleta, lo que no debe confundirse con el pico de esta.

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El toreo embiste a los vuelos de la muleta.

El toro era muy repetidor, pero con el ritmo de los toros nobles que dejan reponer al torero. Además embestía con largura lo que Manzanares aprovechó al máximo. Embestida del toro que traía causa en lo poco que le pegaron en varas.

Un detalle. Manzanares anda con mucha confianza en la plaza y, en consecuencia, empieza a gustar de dejarse crudos sus toros. No llega en ello a tanto como el Juli (que es torero de vuelta y vuelta) pero por ahí le anda. Ayer se vio en sus dos toros. Consecuencia, los toros se le empiezan a parar menos que a los otros toreros (a Ponce por ejemplo. Aunque este suple con el temple de la muleta la falta de codicia del toro).

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Manzanares encajando mucho la cintura en el pase. Así es como, según algunos buenos aficionados, se debe torear.

Matando bien. Yo diría que muy bien. Ejecutó la suerte con pureza y enterró el estoque (literal y milimétricamente) en el hoyo de las agujas. Es una de las estocadas de más perfecta colocación que hemos podido ver en nuestros años de aficionado. El toro salió muerto de la estocada. Triunfo clamoroso, por lo que convenció (esta vez, sí) hasta al Presidente.

También mató muy bien de estocada entera, al último de la tarde. Toro que se le paró y tuvo más complicaciones. Lo toreó bien, pero el toro se defendía y cabeceaba. Muy valiente en éste como en el otro, se pasó a los dos muy cerca  lo que da mucha emoción a su toreo y lo que marca también las diferencias con otros diestros.

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La estocada en el hoyo de las agujas. La mano izquierda aunque va algo alta no llega a tapar la cara del toro lo que hubiera sido defecto.

Conviene anotar el dato. Manzanares se está pasando los toros muy cerca. Se encuentra con tal seguridad en la plaza que no le importa que los toros le lleguen vencidos al cuerpo. Es detalle que se nota mucho en la muleta, pero también en los capotazos de salida. En la voluntad y disposición del torero de este y otros detalles (recordemos sus estocadas recibiendo, ya habituales) se nota que quiere llegar a ser torero de época.

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Al Manzanares de este año no le importa que los toros le pasen muy cerca de las piernas.

Merecido triunfo, por tanto, aunque algunos aficionados se cuestionaban, después de la corrida, si estuvo o no mejor que el lunes. Cuestión de baremos. La clave, creo que está en el toro.

En cualquier caso, visto lo visto está clara su capacidad para adaptarse a toros de distinta condición. Manzanares no sólo es torero de toros buenos o excelentes. Puede también con el toro complicado, con el que resuelve no tanto por sus recursos técnicos (Aunque sorprenda a algunos, creo que es un torero que todavía puede mejorar) sino por casta y por ambición. Un gran torero.

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La prestancia de Manzanares también le ayuda a llenar tiempos muertos.

El toro artista de Juan Pedro

Mucho se arrepintió Juan Pedro de su definición del toro artista y mucho le penalizó por ello el aficionado y la crítica toristas. Sin abdicar de sus convicciones, en los últimos años andaba además convencido de que al toro había que echarle más casta.

Que iba por el camino correcto se vio ayer. La apuesta de Juan Pedro ganó clamorosamente en el ruedo de la Malagueta. Sus toros fueron ovacionados en el arrastre y propiciaron (nunca mejor dicho) el triunfo de los toreros. Pero, que nadie crea que fue corrida facilona, había que saber torearla como hicieron ayer, cada uno a su forma, Ponce y Manzanares.

Pasó además algo parecido a lo que ocurre con Núñez del Cuvillo. Torero que no se encuentra en forma o no está en su momento, no triunfa con esos toros, que no son tan fáciles de torear (como se torea hoy) como algunos están empeñados en hacernos creer. Ayer le pasó a Javier Conde.

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Ayer, Javier Conde no acabó de encontrar su sitio en la plaza.

El debate pues sobre la evolución de la Fiesta sigue abierto. Para mi es actualmente el tema de fondo. El público, los toreros y la mayoría de los ganaderos tienen claro el tipo de toro que se quiere y que es el que definió el ganadero jerezano. Por otra parte, un sector de la afición (muy cualificado y reducido pero también el más ruidoso) mantiene el criterio contrario: demanda un toro más fiero, no gusta de los derroteros que está tomando la fiesta y augura su desaparición.

En cualquier caso, lo que resulta evidente es (cualquiera que sea el futuro) que el toro ha evolucionado mucho en tipo y comportamiento en los últimos 30 años. También me resulta evidente la enorme capacidad de los toreros (José Tomás y Juli a la cabeza) para adaptar la forma de torear y encontrar recursos técnicos adecuados a las características del toro que se lidia hoy.

El toro ha cambiado y la forma de torear (la técnica del toreo) ha experimentado también un cambio  tremendo en estos años. No creo que Juan  Pedro sea un visionario, sino un adelantado a su época. El tiempo le dará o no la razón.

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Manzanares y Ponce salieron a hombros.