Por Paco Carmona
| "El Juli" y "Licenciado" de Alcurrucén (autor: Pablo Cobos) |
Este año se cumplen veinte, desde que Julián López Escobar "El Juli", tomara la alternativa. Veinte incuestionables años para muchos, los mismos veinte por los que unos pocos le acaban cuestionando todo. En estos veinte años, "El Juli" ha cambiado el toreo de arriba a abajo, ha puesto patas arriba la manera de interpretar este arte y ha descubierto una nueva forma de ver las corridas a los aficionados.
Pero lo más importante de todo, ha sido cambiar el toro, moldear el toro a su estilo, a su antojo. "El Juli" ha creado un tipo de toro a su conveniencia, pero no un toro más fácil, ni más manso, ni más blando, sino todo lo contrario. "El Juli", en veinte años, se ha entretenido en estudiar a todos sus compañeros y a todas las ganaderías con un mínimo de garantías. A unos les ha hecho reinventarse y a otros, les ha exprimido todo lo bueno que tenían para sacar lo mejor de ellos. Y mientras tanto, a los ganaderos, les ha hecho modificar la forma de seleccionar, los comportamientos e incluso las hechuras de los ganaderías, para mayor garantía del espectáculo.
Y no me tiren piedras, señores, aún no...
"El Juli", hace casi veinte años, antes de convertirse en Matador de Toros, algo que ya era antes de "cruzar el charco" con trece de edad, se encerraba con seis novillos en la Plaza de Toros de Madrid. Y ya ese día, pudo vivir en sus propias carnes lo que sería su paso por la Catedral del Toreo durante toda su carrera.
Pero si las figuras del toreo se reconocen por la capacidad, no solo de torear bien, sino por adaptarse y triunfar en los días clave, "El Juli", en eso, se iba a convertir en un experto.
Vivir con quince años en tus propias carnes la dureza del toreo en Madrid, y a escasos días de hacerse Matador de Toros, venía a reforzar la idea que se tenía de este "chavalín", casi desde que cogiera los trastos por primera vez, que si los toros le respetaban, se convertiría desde ya, en máxima figura del toreo.
Aquella tarde, fría, dura y ventosa (más o menos como siempre es Madrid), le cortaba las dos orejas a un novillo muy serio de Alcurrucén, toreando con la mano izquierda de forma superior y matándolo como los mataba los primeros años de Matador. ¡Qué rabia me dió, no poder ver aquella gran estocada veinte años después, con este otro Alcurrucén de enorme bravura! Se lo merecía, y además hubiera servido de tapabocas de algo tan frecuente como es reprochar y con razón la manera de matar los toros del maestro.
Me fastidia que muchos aficionados, no hayan sabido ver la verdadera importancia que cobra "El Juli" para la Tauromaquia. Un torero de época, de varias épocas, capaz de soportar en la cumbre dos décadas frente a toreros de la talla de Ponce, José Tomás, Morante, Perera, Talavante y ahora Roca Rey. Todos ellos grandes toreros, aunque vaya por delante mi predilección por José Tomás.
La faena del pasado jueves, a ese precioso y gran toro -por bravo- de Alcurrucén, fue la clave para cerrar el círculo veinte años después. La clave para entender a ese torero maldito, como lo han sido unos cuantos históricos más, como lo fue Joselito el Gallo, como lo fue Chicuelo, como lo fue Manolete, como lo ha sido Paco Camino. Toreros enormemente admirados por sus compañeros y por el público, y no así por una parte de la afición que, pobre de mente, nunca, en dos siglos de toreo, supo adelantarse y ver los movimientos en el maravilloso tablero de albero que es la tauromaquia. A otros muchos, "El Juli", nos ha ido abriendo la mente, sin dejar por ello de admirar esos otros buenos toreros (como Antoñete, Manzanares, Robles, Curro Vázquez...) con los que se nos ha llenado siempre la boca.
Fortuna la nuestra de vivir una época llena de toreros increíbles y distintos, donde si bien el "clasicismo" es bandera de unos, la ambición, la precocidad, el inconformismo y la gran afición de otros, acabará por imponerse en tiempos futuros. Como siempre ocurrió en este bendito arte.
La cita, conocida por todos "los del valor a mandar y los del arte a acompañar", no solo habla de la fuerza de los toreros en los despachos, sino de la verdadera dimensión de los toreros en la Plaza, de aquello que unos y otros son capaces de hacer o no hacer frente al toro.
De Julián López, "El Juli", de su tauromaquia, de constante evolución e "involución", de sus formas, de su personal estética y de esa increíble técnica para torear, habría que pararse algún día a hablar en serio.
Habría que analizar desde la razón y la objetividad estos veinte años (veinticinco si incluímos su etapa de novillero) porque "El Juli", ya desde novillero sin picadores, era un portento de torero. No solo por su mente preclara, y su increíble fe en sí mismo, sino porque siempre toreó bien. Incluso en sus años negros (negros solo para cierta prensa y cierto público), no dejó de realizar grandes faenas, faenas eslabón que servirían en un futuro inmediato para hacer de él un torero increíble, un titán ante sus compañeros, un tirano frente al toro, y un hombre generoso ante el público.
Yo sé que no es muy frecuente hablar así de "El Juli", pero es justo empezar a decir qué ha hecho y quién ha sido en el toreo. Todo lo bueno que ha acabado imponiendo y aportando en estas dos décadas.
Por eso y para mí (Morante es otra historia), José Tomás y El Juli son el origen de lo que hoy en día se ve en las plazas, pero eso creo, merece capítulo aparte, y por parte de alguien que sepa hablar y escribir bien de toros.
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| "El Juli", la obsesión por el toreo (autor: Ana Escribano) |
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Toreo por abajo, forzado, de supremacía y mando ante una embestida difícil de controlar. Inicio dominador, de poderosa estética, para después convencer e imponerse con entrega y absoluta verdad ante un toro nada fácil de entregada bravura, de casta descarada. Toreo desgarrado, profundo, lento, sentido y bello, que hace de este inicio un prólogo genial a una faena ya histórica. Porque quieran o no, los que no quieren, El Juli es ya, historia viva de la Tauromaquia.





