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domingo, 27 de mayo de 2018

El Juli. Veinte años no es nada... ¿O sí?

Por Paco Carmona

"El Juli" y "Licenciado" de Alcurrucén (autor: Pablo Cobos)

Este año se cumplen veinte, desde que Julián López Escobar "El Juli", tomara la alternativa. Veinte incuestionables años para muchos, los mismos veinte por los que unos pocos le acaban cuestionando todo. En estos veinte años, "El Juli" ha cambiado el toreo de arriba a abajo, ha puesto patas arriba la manera de interpretar este arte y ha descubierto una nueva forma de ver las corridas a los aficionados. 

Pero lo más importante de todo, ha sido cambiar el toro, moldear el toro a su estilo, a su antojo. "El Juli" ha creado un tipo de toro a su conveniencia, pero no un toro más fácil, ni más manso, ni más blando, sino todo lo contrario. "El Juli", en veinte años, se ha entretenido en estudiar a todos sus compañeros y a todas las ganaderías con un mínimo de garantías. A unos les ha hecho reinventarse y a otros, les ha exprimido todo lo bueno que tenían para sacar lo mejor de ellos. Y mientras tanto, a los ganaderos, les ha hecho modificar la forma de seleccionar, los comportamientos e incluso las hechuras de los ganaderías,  para mayor garantía del espectáculo.

Y no me tiren piedras, señores, aún no...

"El Juli", hace casi veinte años, antes de convertirse en Matador de Toros, algo que ya era antes de "cruzar el charco" con trece de edad, se encerraba con seis novillos en la Plaza de Toros de Madrid. Y ya ese día, pudo vivir en sus propias carnes lo que sería su paso por la Catedral del Toreo durante toda su carrera. 

Pero si las figuras del toreo se reconocen por la capacidad, no solo de torear bien, sino por adaptarse y triunfar en los días clave, "El Juli", en eso, se iba a convertir en un experto.

Vivir con quince años en tus propias carnes la dureza del toreo en Madrid, y a escasos días de hacerse Matador de Toros, venía a reforzar la idea que se tenía de este "chavalín", casi desde que cogiera los trastos por primera vez, que si los toros le respetaban, se convertiría desde ya, en máxima figura del toreo.

Aquella tarde, fría, dura y ventosa (más o menos como siempre es Madrid), le cortaba las dos orejas a un novillo muy serio de Alcurrucén, toreando con la mano izquierda de forma superior y matándolo como los mataba los primeros años de Matador. ¡Qué rabia me dió, no poder ver aquella gran estocada veinte años después, con este otro Alcurrucén de enorme bravura! Se lo merecía, y además hubiera servido de tapabocas de algo tan frecuente como es reprochar y con razón la manera de matar los toros del maestro. 

Me fastidia que muchos aficionados, no hayan sabido ver la verdadera importancia que cobra "El Juli" para la Tauromaquia. Un torero de época, de varias épocas, capaz de soportar en la cumbre dos décadas frente a toreros de la talla de Ponce, José Tomás, Morante, Perera, Talavante y ahora Roca Rey. Todos ellos grandes toreros, aunque vaya por delante mi predilección por José Tomás

La faena del pasado jueves, a ese precioso y gran toro -por bravo- de Alcurrucén, fue la clave para cerrar el círculo veinte años después. La clave para entender a ese torero maldito, como lo han sido unos cuantos históricos más, como lo fue Joselito el Gallo, como lo fue Chicuelo, como lo fue Manolete, como lo ha sido Paco Camino. Toreros enormemente admirados por sus compañeros y por el público, y no así por una parte de la afición que, pobre de mente, nunca, en dos siglos de toreo, supo adelantarse y ver los movimientos en el maravilloso tablero de albero que es la tauromaquia. A otros muchos, "El Juli", nos ha ido abriendo la mente, sin dejar por ello de admirar esos otros buenos toreros (como Antoñete, Manzanares, Robles, Curro Vázquez...) con los que se nos ha llenado siempre la boca. 

Fortuna la nuestra de vivir una época llena de toreros increíbles y distintos, donde si bien el "clasicismo" es bandera de unos, la ambición, la precocidad, el inconformismo y la gran afición de otros, acabará por imponerse en tiempos futuros. Como siempre ocurrió en este bendito arte.

La cita,  conocida por todos "los del valor a mandar y los del arte a acompañar", no solo habla de la fuerza de los toreros en los despachos, sino de la verdadera dimensión de los toreros en la Plaza, de aquello que unos y otros son capaces de hacer o no hacer frente al toro.

De Julián López, "El Juli", de su tauromaquia, de constante evolución e "involución", de sus formas, de su personal estética y de esa increíble técnica para torear, habría que pararse algún día a hablar en serio.

Habría que analizar desde la razón y la objetividad estos veinte años (veinticinco si incluímos su etapa de novillero) porque "El Juli", ya desde novillero sin picadores, era un portento de torero. No solo por su mente preclara, y su increíble fe en sí mismo, sino porque siempre toreó bien. Incluso en sus años negros (negros solo para cierta prensa y cierto público), no dejó de realizar grandes faenas, faenas eslabón que servirían en un futuro inmediato para hacer de él un torero increíble, un titán ante sus compañeros, un tirano frente al toro, y un hombre generoso ante el público. 

Yo sé que no es muy frecuente hablar así de "El Juli", pero es justo empezar a decir qué ha hecho y quién ha sido en el toreo. Todo lo bueno que ha acabado imponiendo y aportando en estas dos décadas.

Por eso y para mí (Morante es otra historia), José Tomás y El Juli son el origen de lo que hoy en día se ve en las plazas, pero eso creo, merece capítulo aparte, y por parte de alguien que sepa hablar y escribir bien de toros.

"El Juli", la obsesión por el toreo (autor: Ana Escribano)

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Breve comentario a la foto de entradilla: El Juli, esclavo de su carrera y dueño absoluto del toro, muestra su poder ante un bravísimo Alcurrucén en Madrid.
Toreo por abajo, forzado, de supremacía y mando ante una embestida difícil de controlar. Inicio dominador, de poderosa estética, para después convencer e imponerse con entrega y absoluta verdad ante un toro nada fácil de entregada bravura, de casta descarada. Toreo desgarrado, profundo, lento, sentido y bello, que hace de este inicio un prólogo genial a una faena ya histórica. Porque quieran o no, los que no quieren, El Juli es ya, historia viva de la Tauromaquia.

martes, 4 de abril de 2017

Las claves de la bravura (II) El recorrido

Por Jose Morente

http://picasion.com/
Manuel Escribano con Cobradiezmos de Victorino Martín. El toro -de muy largo recorrido- sigue humillando y colocando la cara después de salir de la muleta. Se rebosa
Decíamos en la anterior entrada que la calidad de la embestida no se agotaba en la capacidad de humillar del toro. Y es cierto pues juegan muchos otros matices. Uno de ellos, quizás de los más llamativos, es la longitud del tramo en la que el toro es capaz de mantener esa humillación en su embestida a los engaños. Una cualidad que vamos a llamar recorrido.

Cossío no recoge ese término como tampoco lo hace la Tauromaquia de Pepe-Hillo pues es concepto moderno. Lo que sí recogen ambos, es el vocablo rematar que relacionan con el momento de remate de la suerte. Dice Hillo que rematar es:
"Cuando [el toro] en las Suertes de Capa y Muleta se va con estos engaños hasta que el Diestro los escupe de ellos (...)
O sea, cuando el toro sigue el engaño hasta el remate. Algo que Hillo vincula a la voluntad del diestro.

De la propia definición que da el llorado diestro del Baratillo, se deduce, y así es, que esta cualidad está relacionada con la capacidad lidiadora del torero o, mejor dicho, con su intención. En efecto, si el largo recorrido es una cualidad que atesoran algunos toros, su aparición esta mediatizada o condicionada por el buen hacer del diestro. Seria, por tanto, el recorrido, una cualidad latente del toro que solo se manifiesta en plenitud ante el buen toreo. La tiene que tener el toro pero no aparece si se le torea mal.

Por lo que respecta al toro, lo que está claro es, que mientras más humille y sobre todo,mientras más distancia sea capaz de recorrer humillando tras el engaño, mejor será la embestida. Por el contrario, una embestida corta y con poco humillación denota instinto defensivo y, por ende, poca bravura.

Cobradiezmos humilla y escarba. No siempre esa actitud de duda responde a mansedumbre del toro 
Ya vimos que la humillación era característica en el toro de Saltillo. El recorrido largo, es característica que define al toro del encaste Núñez. Toro del que siempre se ha dicho que tenía "un tranco de más". Ese tranco de más ha sido el sello que ha definido siempre a ese encaste.

Humillación y recorrido. Jabatillo de Alcurrucén en las Ventas. El toro sigue humillando después de abandonar los vuelos de la muleta. Castella lo toreó muy bien.
Esa cualidad del toro de ir más allá, de rebosarse en los engaños, ha sido también muy apreciada por los toreros pues a los públicos lo que les llega y emociona es el muletazo largo y bien rematado antes que el que sólo tiene buen inicio. Un muletazo bien iniciado pero mal rematado provoca el desencanto del público mientras que, por el contrario, el muletazo largo y rematado provoca el olé inmediato de los espectadores.

Eso explicaría quizás esa antigua obsesión de muchos toreros mexicanos (y de algunos diestros españoles) por alargar al máximo las embestidas lo que les lleva, a veces, a citar casi de espaldas al toro (la famoso pierna escondida) ya que así garantizan el mejor control posible del final del muletazo, del remate.

La obsesión mexicana por el trazo largo del muletazo que obliga a citar casi de espaldas al toro, ha alcanzado a algunos de los diestros españoles cuando han visitado esas tierra. En la imagen, Paco Camino cita de espaldas para torear en redondo al toro Catrín de Pastejé en El Toreo de Cuatro Caminos.

Un lidiador hábil puede, con esa colocación, explotar al máximo esa cualidad del toro de largo recorrido. siquiera sea sacrificando la estética de la verticalidad que propicia un muletazo más corto. Podríamos decir que, en el primer caso, el diestro torea para el toro y, en el segundo, lo hace para su propio lucimiento.

Ambas opciones son legítimas a más que, en realidad, lo habitual es que, un mismo diestro vaya optando indistintamente por una u otra opción, en diferentes momentos de la lidia y en función de las concretas condiciones del toro que tiene delante,


Jabatillo de Alcurrucén. La embestida larga y humillada de un gran toro en la muleta ¡y en el caballo.!
Lo que no se debe confundir es el recorrido con las inercias que alargan la embestida pero esa es otra cuestión.









Jabatillo de Alcurrucén, el recorrido largo, larguísimo, el tranco de más del toro de Núñez. Un espectáculo para los amantes del toro bravo.



(Continuará...)

domingo, 25 de septiembre de 2016

Javier Jiménez desempolva la vieja lidia

Por Clarito

Javier Jiménez tras su aparatosa cogida por el sexto toro: un marrajo de la ganadería de El Tajo. El de Espartinas derrochó, ayer en Sevillaarrojo, valentía y mucha inteligencia (Foto Arjona para Aplausos)

La aportación de Belmonte al toreo trajo muchas cosas buenas y otras que no lo fueron tanto. Con Juan aparece -y triunfa- en la Fiesta un tipo de torero que, si bien existía antes, no se le daba tanto cuartelillo: el torero que espera su toro. 

Algo de eso hubo con otros diestros anteriores como Lagartijo con su famosa paloma azul pero siempre sin llegar al extremo al que llegó Belmonte quien se podía pasar media temporada esperando el toro soñado y la faena soñada que, cuando escasa, acaba siendo sobrevalorada por los públicos.

Mucho de su herencia queda en el toreo de hoy en el que los toreros intentan, casi siempre, imponer un único modo de torear a todos los toros. Un planteamiento que, unido a la necesidad imperiosa de triunfar todas las tardes (lo que, a la postre, resulta contradictorio) aboca a una aparente monotonía.

No se me escapa que esa faena única repetida hasta la saciedad no está exenta de matices detalles pero, en general, esos matices, esas diferencias, son tan sutiles, tan mínimas, que escapan a la atención del espectador ocasional e, incluso, a la del aficionado más avezado.

Ayer se vio en Sevilla. Recibían Morante Ureña a sus dos primeros toros siguiendo el patrón habitual de esperarlos en tablas para, después de tanteados, intentar estirarse a la verónica, loable empeño condenado al fracaso pues la corrida de Alcurrucén salió mansa de solemnidad con todos los toros huidos durante toda su lidia. No era nada fácil sujetarlos.

Sin embargo, hete aquí que al jovencísimo Javier Jiménez se le ocurrió -bendita ocurrencia- saltarse el guión, desempolvar una página de la Lidia o de la tauromaquia más añeja,  olvidarse de la herencia belmontina y recuperar el legado de aquellos viejos y grandes lidiadores (tales PaquiroGuerrita Joselito) que hicieron realmente grande esta fiesta.

Javier no esperó en las tablas a que le llevasen allí su toro (Clarinete se llamaba el tercero de la tarde) sino que fue, decidido a buscarlo a su querencia en terrenos relativamente próximos a toriles. Y desde allí, se fue atravesando toda la plaza, andando para atrás, perdiéndole pasos, acostumbrándole a embestir, desengañando al manso, con capotazos suaves, precisos y medidos para, cuando ya lo tuvo encelado en el engaño, comenzar -entonces sí- a torear por verónicas, con ajuste y hondura. desandando el camino andado y ganándole al toro el terreno y la partida.

A partir de ahí, el toro pareció ya otro, mucho mejor que sus hermanos, sobre todo desde banderillas, quizás también porque Manuel Cordero lo picó muy bien y la cuadrilla (citemos a Lipi) le dio la brega precisa.

Brega o lidia que había comenzado en los lances de recibo de Javier Jimenez quien, desempolvando tauromaquias añejas, nos hizo sentir la emoción de ese buen toreo que viene del conocimiento de las reses y de la intuición y la inteligencia del torero. 

Para mí, una de las fuentes de emoción más fiable en el toreo.




miércoles, 25 de mayo de 2016

Cuando en Madrid se abría la Puerta Grande (casi) todas las tardes

Por Jose Morente

David Mora agradece a "Malagueño" de Alcurrucén su bravura y su nobleza (Fotografía de Andrew Moore)


David Mora y Malagueño

Ayer el público de Madrid recompensó a un toro y a un torero. El torero es David Mora (de todo el escalafón quizás el que más se merecía un éxito de este calibre) y el toro se llamaba Malagueño, de Alcurrucén (ya van dos años seguidos que esa ganadería da el premio gordo en San Isidro). A Malagueño le dieron una merecidísima vuelta al ruedo y a Mora dos merecidísimas orejas y lo sacaron por la Puerta Grande de las Ventas. ¡Bien hecho!

Ese y no otro es el Madrid que nos gusta. El que sabe recompensar a toros y a toreros. El Madrid de siempre. El de antes. Un Madrid exigente pero justo que, cada vez, aparece menos.


Madrid hoy

Y es que el de hoy es, por el contrario, un Madrid en horas bajas, alicorto y capitidisminuido, que ha sustituido la exigencia por la más dura intransigencia. En Madrid ya no se jalea sino que se vocifera.

Y aunque algunos no lo sepan y no se lo crean, Madrid no siempre ha sido así. Salvo con los toreros dominadores y mandones (a los que Madrid nunca ha tragado) esta plaza ha sido siempre exigente pero justa.

Eso antes, porque lo que antes era normal hoy se ha convertido en una excepción. Como el premio de la Puerta Grande, de esa Puerta Grande por la que ayer salía emocionante y emocionado David Mora.

David Mora, emocionado, camino de la Puerta Grande de las Ventas (Fotografía de Andrew Moore)

Las Piuertas Grandes de antaño

Todavía queda algunos aficionados que siguen empeñados en ningunear y menospreciar a los toreros de hogaño con el curioso argumento de la escasez de trofeos (escasez relativa pues a algunos todavía les parecen excesivos los premios que hoy se otorgan) que, según ellos, obtienen los toreros actuales, en especial las figuras, comparativamente con los éxitos y triunfos tan abundantes en los toreros de antaño, 

El ejemplo más socorrido es el número de puertas grandes conseguidas, en la plaza de Madrid, por los toreros de antes -los de los años 50 y 60, sobre todo- frente al escaso bagaje que presentan los de ahora. Según eso, los toreros de antes eran grandes toreros no porque lo fueran sino porque cortaban más orejas mientras que los de ahora son peores toreros no porque lo sean sino porque rara vez obtienen el ansiado premio de la puerta grande de las Ventas.

El argumento es artero y falaz. En primer lugar, porque antes los públicos eran, en general, mucho más entusiastas y generosos por lo que se prodigaban más (mucho más que hoy) en recompensar el mérito de los toreros. Lo que no sucede en nuestros días, ya que impera, en algunas plazas, el cicaterismo más exagerado.

1966. Década de los 60. Cuando en Madrid se pedían orejas con tanta prodigalidad como acierto (Fotografía de El Ruedo)
Y, en segundo lugar, porque, la mayoría de las veces, son esos mismos aficionados (en Madrid son legión) los que se entretienen (la cosa les debe resultar muy divertida) en reventar los legítimos triunfos de los diestros de nuestros días mediante (¡en eso son unos artistas consumados!) una estratégica colección de pitos, improperios, denuestos, palmas de tango y demás elementos de un repertorio tan amplío como execrable (el execrable repertorio de una"mala baba" gratuita y sin fundamento).

Pero, como aquí los discursos huelgan, vamos a los hechos, Y para hechos, nada mejor que repasar el resultado artístico y en trofeos de una feria de San Isidro de aquellos -por esos mismo aficionados protestantes- añorados años 60 del toreo (y que también nosotros añoramos... pero de otra forma). 

En concreto, vamos a viajar hasta la feria de San Isidro de 1966, la de hace justo medio siglo. 

La Feria de San Isidro de 1966. Programa de mano (Fotografía Todocolección)

Los carteles de 1966. Ordoñez, al final, se cayó de los carteles (Todocolección)


El San Isidro de 1966

La Feria de 1966 comenzó el sábado 14 de mayo con una corrida de Benitez Cubero y finalizó el domingo 29 con la tradicional corrida de Miura.

La corrida inaugural la torearon Bienvenida, Manolo Amador y Paco Pallarés. Bienvenida cortó uina oreja y Amador tres por lo que la puerta grande se abrió ya el primer día de feria (¡Igualito que ahora!).

Antonio Bienvenida inauguró la feria cortando la primera oreja. Una oreja que paseó por el ruedo de las Ventas con su proverbial torería (Fotografía El Ruedo)
Y Manolo Amador, abrió la Puerta Grande. Todo el primer día de feria ¡Eran otros tiempos! (Fotografía El Ruedo)
En la corrida del Santo, con toros de Osborne, solo obtuvo trofeos Antoñete (una oreja) que resultó herido de levedad, saliendo sus compañeros de vacío. A la postre, gracias a la televisión la corrida se convirtió en emblemática e histórica. Fue la tarde de Atrevido.

Antoñete frente a Atrevido. No hubo Puerta Grande pero si una faena para la historia (Fotografía El Ruedo)

El lunes, aniversario de la muerte de Joselito, volvieron los éxitos de puerta grande. Diego Valor cortó 3 orejas y abría la de las Ventas que, por lo que estamos viendo, se abría en aquellos años con enorme facilidad.

Puerta Grande de Diego Puerta (Fotografía el Ruedo)

El martes, gran lío. El Cordobés también le cortó dos orejas a su primero y pudo abrir la ansiada Puerta Grande, pero le abroncaron tanto en su segundo toro (6º de la tarde) que renunció a salir por ella.

En el segundo toro del Cordobés se produjo la gran bronca. El de Palma del Río renunció a salir a hombros aunque había cortado dos orejas del toro anterior (Fotografía el Ruedo)

El miércoles, 18 en la confirmación del Inclusero, Litri, que sustituía a Antonio Ordoñez, cortó una oreja en cada toro y Andrés Vázquez dos del sexto, Hubo pues doble salida a hombros por la puerta grande de las Ventas que, como se ve, no se cerraba nunca.

Ordoñez, fue el gran ausente de ese año (Fotografía el Ruedo)

La cosa cambió al día siguiente con los antaño temidos pablorromeros pero que entonces ya sólo eran temidos por su flojedad de remos y por llevar las caras a media altura. El Inclusero cortó, pese a todo, una solitaria oreja.



Otra solitaria oreja cortaría el Pireo en la corrida de Baltasar Ibán del viernes día 20. Una ganadería que, entonces se disputaban la figuras.

Verónica del Pireo en la corrida del día 20 a un toro de Ibán. Un toro muy terciado pues aún no se había cruzado con Juan Pedro (Fotografía El Ruedo)

Los éxitos volvieron el sábado 21 con los de comerciales y algodonosos toros de Alipio Pérez Tabernero. Paco Camino y Tinín cortaron una oreja cada uno pero el Viti hizo doblete en un toro saliendo por la puerta grande.

El día 21 el Viti hizo doblete y una faena calificada de histórica (Fotografía El Ruedo)
El domingo, sin embargo y con los toros de Torrestrella, solo Manolo Amador pudo cortar una solitaria oreja.


Corrida "tediosa" calificaba el Ruedo a la del día 22. Los dibujos de Antonio Casero no tenía, sin embargo, nada de tediosos.
Lo mismo ocurrió el lunes con los Juan Pedro DomecqAntoñete cortó oreja a su primero, mientras que Aparicio y Camino se conformaron con ovaciones y vueltas al ruedo.

El martes 24, con toros de Felipe Bartolomé (Santa Colomas remezclados, según Clarito) Antoñete cortó 2 orejas y Tinín, una. El Cordobés tuvo mala suerte pues aunque cuajó un toro, falló a espadas.

Antoñete cortó dos orejas en la corrida de Felipe Bartolomé(Fotografía El Ruedo)
Pero el miércoles 25, se produjo la clásica explosión (clásica entonces) con los tres espadas a hombros. Litri y El Viti desorejaron cada uno a uno de sus toros mientras Puerta cortaba una oreja en cada uno de los suyos. Los toros eran de Garzón.

En aquella época, todos los años había una corrida (una, al menos) en la que los tres matadores salían a hombros por la Puerta Grande. Hoy día, desde 1982 no se ha vuelto a producir tal evento...  Ni se producirá visto el celo con el que los guardianes de la pureza intentan evitarlo. Siempre la demagogia ha dado buenos frutos
Ni el jueves 26 ni el viernes 27 hubo trofeos y eso que torearon Camino, El Cordobés y Raúl García, la primera tarde, y Ostos, Puerta y Fuentes, la segunda.

Pero el sábado 28, penúltima de feria, Antonio Bienvenida y Curro Romero se las vieron mano a mano con un excelente encierro de Antonio Pérez (los "AP"). Los dos salieron a hombros tras cortar, cada uno, dos orejas en uno de sus toros.


La ausencia de Ordoñez, dejó la penúltima de Feria en un mano a mano entre Antonio Bienvenida y Curro Romero. Los dos salieron a hombros (Fotografía del Ruedo)
Finalmente, con los miuras de cierre, el domingo 29, se las vieron Bienvenida, Ostos y Murillo que no pudieron obtener ningún trofeo. Miura siempre ha sido Miura. 


La Feria se cerró con la corrida de Miura que no dio opciones de trofeo a la terna. Bienvenida se adornaba no obstante con mucha torería. Cerraba la feria como la empezó (Fotografía El Ruedo)

Balance final




En una feria de 15 corridas de toros (no hubo novilladas y los rejoneadores actuaban de uno en uno como prólogo o epílogo de las corridas "formales") se cortaron 36 orejas y se abrió la Puerta Grande en ocho tardes. Dos de ellas por partida doble y una por partida triple. Lo que no está nada mal.

Todavía se lidiaba un toro terciado y de poca edad que, por tanto, tenía mucha más movilidad que el galafate gigantón y cornalón, muy baqueteado y manoseado, o sea, muy correoso que ahora tanto gusta y que sólo excepcionalmente (como Malagueño) embiste con repetición y ritmo. Un toro que, en general, transmite muy poco y obliga al torero a ponerlo todo de su parte.

El público, el aficionado, era quizás mucho más entendido que ahora. Desde luego, era mucho menos dogmático, los pinchazos en lo alto se valoraban igual que una estocada buena y mejor que una estocada mala y aunque ya la prensa empezaba a arrear con cánones y tópicos, la baraja de toreros, de estilos de toreros, era amplía y se podía triunfar manejando conceptos muy diferentes. La diversidad de estilos era un valor apreciado y valorado por la afición. Al contrario, de lo que hoy ocurre ya que por mor de los talibames que tienen secuestrada ideológicamente a la plaza, triunfar resulta casi imposible para la mayoría de los toreros.

Madrid ya no es lo que era.

Lo peor es que, tal y como están las cosas, difícilmente lo volverá a ser.

Lo que va de ayer a hoy. La corrida de Pablo Romero en el Batán. Cuando Madrid era Madrid