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lunes, 18 de abril de 2016

Morante. Evocación final a Curro Cúchares

Por Jose Morente
Morante se prepara para un pase cambiado citando con la muleta plegada en su último toro de la Feria al que le hizo una sensacional faena y le cortó las dos orejas(Fotografía ABC)

Morante. El hilo del toreo

Tener la historia del toreo en la cabeza no es fácil. 

No es fácil para los aficionados, que rara vez la conocen. No es fácil para los cronistas taurinos que aun conociéndola, las más de las veces, yerran en las atribuciones y asignan las suertes antiguas a toreros que poco tuvieron que ver con ellas (Ha pasado esta feria en varias ocasiones y en la pluma de reputados cronistas). Y no es fácil tampoco para los toreros más dados a aprender en vivo y en directo que bucear en los libros del toreo.

Para Morante, sin embargo, es muy fácil pues tiene en la cabeza toda la historia del toreo. Morante se ajusta la montera con páginas de las tauromaquias históricas. 

Este torero está aprovechando las oportunidades que dan las nuevas tecnologías para recuperar el pasado. ¡Y vaya manera, precisa, preciosa y torera de recuperarlo! Esto no es la nostalgia enfermiza de lo que no se conoce sino la búsqueda y el rescate de lo que se sueña para traerlo, depurado, corregido y, algunas veces, mejorado, al presente.

Hoy por hoy, Morante es el hilo del toreo, el hilo conductor que une el toreo de ayer con el de nuestros días. El representa el mejor homenaje posible a la memoria de los toreros de épocas pasadas y la mejor reivindicación posible de la grandeza, que algunos aún niegan, del toreo de nuestra época.

En la corrida del viernes de farolillos, corrida de buenos toros y buenos toreros, Morante cerró su peculiar "Feria de las evocaciones" recordando a un torero genial del que ya quedan muy pocos recuerdos: Curro Cúchares.


Citando con el cartucho de pescado

Morante inició su faena a su último toro de la feria citando, al hilo de las tablas y con la muleta plegada.tal y como se ve en la fotografía que encabeza este post.

Me ha extrañado que se haya hablado tan poco de un cite -y un muletazo- tan singular. Vamos a intentar corregir nosotros aquí esa omisión.

Esa forma de coger la muleta, plegada en la mano izquierda, y que hizo popular en las post-guerra el genial diestro Pepe Luis Vázquez,se conoce como el "cartucho de pescao" por su similitud con esos cartuchos de "pescaíto frito" tan sevillanos.

Pepe Luis cita con la muleta plegada. Se trata del popular "cartucho de pescao

Ya hemos hablado, anteriormente en este blog, de este singular muletazo que Pepe Luis (belmontista acérrimo) toma de Joselito el Gallo (al que no vio) quizás por influencias de su propio padre (acérrimo gallista)

Sin embargo, el muletazo de Pepe Luis no es el mismo muletazo que dio Morante, ni por los terrenos ni por su remate.

En efecto, el muletazo de Pepe Luis, el de Joselito el Gallo es, en rigor, un natural de inicio, citando -eso sí- con la muleta plegada, como se puede apreciar en dos imágenes de Joselito en la Maestranza obtenidas de un fragmento de película, allá por la segunda década del siglo XX..


Como se aprecia en las imágenes, Joselito el Gallo cita con lo que luego se conocería como "cartucho de pescao" pero despliega la muleta sin adelantarla, antes de que llegue el toro para dar un natural de frente en los medios. El cite de frente con la muleta al costado, es el más clásico y más puro posible 

El pase cambiado a muleta plegada

Más parecido con el muletazo de Morante, lo tiene este otro muletazo de Joselito dado el día de su alternativa (28 de septiembre de 1912) al toro de su alternativa (Caballero, de Rufino Moreno Santamaría).

Aquí Joselito cita en las tablas (igual que Morante) para dar un pase cambiado (igual que Morante). La diferencia es que José no despliega la muleta pues el pase que ejecuta es el pase cambiado a muleta plegada. Lo vemos. También en imágenes extraídas de una grabación cinematográfica.







Joselito en el pase cambiado a muleta plegada. La pierna izquierda no se mueve del sitio como se comprueba en las fotografías y en la propia película.

Este pase lo hizo muy popular, a finales del siglo XIX, el diestro de Alcalá del Río, Antonio Reverte

Reverte en Madrid, el 31 de mayo de 1896 cita para el pase cambiado a muleta plegada (Fotografía publicada en Pan y Toros, el 8 de junio de ese año)
Reverte había cogido ese pase del repertorio del Gordito, de quien también lo había aprendido Joselito el Gallo.

En el Cortijo de las Cuatro Navas, Joselito recibe una lección magistral de Antonio Carmona el Gordito. Quizás ese día le pudo enseñar el cambio a muleta plegada (Fotografía incluida en el libro "Joselito el Gallo. El Rey de los toreros" de Paco Aguado)

También del Gordito, vía el Papa Negro, fue como aprendió Antonio Bienvenida ese muletazo con el que deslumbró, al darlo por triplicado al mismo toro, al público madrileño como ya contamos en su día en este blog.

Madrid. 18 de septiembre de 1941. La faena de los tres pases cambiados a muleta plegada de Antonio Bienvenida con el toro Naranjito de Antonio Pérez

El pase cambiado de Morante

Sin embargo, aunque Morante cita con la muleta plegada, la despliega antes de que llegue el toro y cambia su viaje dando salida por la derecha pero con la muleta desplegada.

Se trata de un verdadero pase cambiado pero con el matiz de citar con el "cartucho de pescao".








Morante inicia la faena de su último toro en la Feria de Sevilla con el pase cambiado.

El inventor del "pase cambiado"

El pase cambiado se incorporó al repertorio de la mayoría de los toreros de la segunda mitad del siglo XIX y aunque su origen es más confuso, todo apunta a que se podría tratarse de una invención del señor Curro Cúchares, uno de los toreros más creativos y geniales de toda la historia del toreo,

Curiosamente, entre los tratadistas de final del siglo XIX, se planteó alguna polémica relativa a la oportunidad e importancia del lance. Los más ortodoxos (Peña y Goñi, Sánchez de Neira o Hache). sostenían que este pase cobraba real importancia cuando no se daba preparado sino forzado (lo que ellos llamaban "cambio en la cabeza").

Lo contradictorio es que eran precisamente estos mismos tratadistas defensores de lo espontáneo e imprevisto, los que más han criticado al diestro más espontáneo, impredecible y genial de toda la historia del toreo. El citado Curro Cúchares quien como Rafael el Gallo, ha sido, pese a nacer en Madrid, uno de los toreros más sevillanos, por actitud y carácter, de la historia.




Algunas de las "monerías" de Cúchares que hacían las delicias de los públicos e indignaban a los aficionados más ortodoxos y conservadores. Son reacciones muy parecidas a las que provoca en algunas ocasiones, dentro y fuera de las plazas, Morante de la Puebla.
Una media verónica con el palillo "partío"

Y hablando de diestros geniales, impredecibles y creativos, y de resolver sobre la marcha los avatares que surgen durante la lidia, no está de más recordar aquí ese lance sobre el que sí se ha hablado bastante y que ocurrió en ese mismo toro.



Una media verónica con la muleta. Genialidad de un torero genial

El colorado "Dudosito" de Núñez del Cuvillo, acaba de partirle el palillo de la muleta a Morante.

Cuando cualquier otro se hubiese dirigido a la barrera buscando una muleta nueva, el ha recogido la suya del suelo y se ha dirigido al toro para darle una media verónica, no con el capote como es lo usual, sino con esa muleta rota con el palillo "partío".

Una media antigua, belmontina y sentida. O, más sencillamente, una media morantista que queda ya inscrita para la posteridad, por el gesto, la inspiración y la capacidad de un maestro del toreo, en ese libro virtual de la tauromaquia que vienen escribiendo, día a día y desde que el toreo es toreo, los más grandes toreros de la historia.

Como Curro Cúchares o como Morante de la Puebla.

¿Qué es torear sino eso?

lunes, 29 de febrero de 2016

Siempre se ha dicho lo mismo (I) Voto en contra

Por Jose Morente
Curro Cúchares. Uno de los toreros más criticados por los aficionados intransigentes de su época. Cúchares era un torero imaginativo y creativo, en el que predominaba el conocimiento de las reses sobre el de las suertes. Esa capacidad de adaptación a las condiciones de los toros era entendida por esos aficionados como falta de pureza: Sin embargo, al margen de las críticas, Cúchares fue un referente del toreo de su época y su herencia fecunda y fértil (Fotografía: J. Laurent)
En la fiesta de los toros, llama la atención, en todas las épocas, la recurrente crítica de algunos aficionados al toreo de sus contemporáneos y la también recurrente nostalgia por el toreo y los toreros de épocas pasadas.

De hecho, si nos adentramos en las Hemerotecas leeremos las mismas críticas hechas casi con las mismas palabras a lo largo de toda la Historia del Toreo.

Algunos justifican esa tendencia en la existencia de un, según ellos, fraude estructural en la Fiesta. La Fiesta sería corrupta por naturaleza (naturaleza humana, por supuesto) y la obligación del buen aficionado sería la de denunciar sin desmayo esas corruptelas.

Si los artículos (de ayer y de ahora) fuesen denuncia de fraudes, estaría de acuerdo. Me parece bien que se denuncie el afeitado o la lidia de utreros en corridas de toros. 

El problema es que lo que se denuncia (ayer y hoy), no es lo denunciable sino "la forma de torear". Los denunciantes siempre dan por hecho que el toreo que a ellos les gusta es el más puro, el más correcto y el que más verdad encierra. Y que el toreo que no les gusta ni es puro, ni verdadero, ni correcto. Se creen (y se han creído siempre) en posesión de la verdad absoluta.

Creo que ese planteamiento (creerse en posesión de la verdad absoluta) es esencialmente erróneo. En mi opinión, era un error hace 100 años y lo sigue siendo hoy. Y creo que ese error se debe a ese tradicionalismo recalcitrante que impregna la mentalidad de algunos aficionados. A su resistencia y su miedo a las innovaciones. Los cambios nunca les satisfacen y, por tanto, añoran lo antiguo que se propone como modelo de perfección. Sin percatarse que lo que hoy es antiguo fue moderno y, por eso, criticado y mucho, en su día. 

Es una falta de perspectiva histórica que va unida a la carencia de conocimientos técnicos reales (pues conocimientos teóricos en el toreo siempre han sobrado)

El artículo que viene a continuación lo escribió Sánchez de Neira en 1891 y se publicó en el número de la Lidia del 20 de abril de ese año


O sea, que según Sánchez de Neira:

1. La fiesta nacional era una farsa en 1891 (igualito que hoy)

2. La culpa la tienen los públicos, los ganaderos y los toreros (no el articulista, claro. Ni los aficionados puristas. Esos, no tienen ninguna culpa, por supuesto)

3. El arte va desapareciendo y camina por una mala senda (¿Será la senda del destoreo?)

4. Los que deben impedir que degenere no lo hacen (¿Se referirá Neira premonitoriamente a José Tomás quien, según algunos aficionados actuales, no se echa el toreo a sus espaldas?)

5. Hay toreros de cualidades excepcionales que practican un toreo equivocado pues piensan que el toreo es una cuestión de jugueteo y no una lucha con una fiera (Está claro que Neira se refiere a las figuras actuales y al toreo actual ¿O no?)

6.Lo peor es que esos toreros acuden a rastreros procedimientos técnicos (Otra vez se alude al destoreo. Posiblemente se refiera al toreo en redondo, hecho al hilo y con la pierna retrasada y sin cargar la suerte ¡La caraba!)

7. La muestra de lo mal que está la Fiesta: La temporada pasada en Madrid (Aquí sin comentarios)

Tiene mérito ¡Llevan más de cien años diciendo lo mismo y no se aburren! 

(Desde luego constancia no les falta a algunos... y paciencia a los demás, tampoco)

lunes, 15 de junio de 2015

Ronda y Sevilla. Las escuelas no son los estilos

Por Jose Morente

Francisco Herrera Guillén (Curro Guillén) atronando al toro posiblemente sin haber entrado a la muerte (Detalle de una lámina de los Anales del Toreo de Velázquez y Sanchez, 1ª. ed., Madrid, 1868)

Ronda y Sevilla

Hemos dicho, en repetidas ocasiones, que hemos llegado a un punto de conocimientos en el que estamos en condiciones de reescribir la historia del toreo. Una historia del toreo que, hasta la fecha, ha sido mal contada por mal entendida.

Los libros de Pepe Alameda y la difusión (a través de las Escuelas Taurinas, de vídeos y de publicaciones) del bagaje técnico que atesoraban (hasta ahora solo en la intimidad) los toreros, nos permiten aproximarnos a esa historia (y también al presente) con un talante nuevo.

Un ejemplo de esa revisión del toreo tan necesaria, lo constituye la forma en que hasta la fecha se han venido entendiendo las dos escuelas clásicas del Toreo: La escuela sevillana y la rondeña.

Pasado su momento histórico, para la mayoría (por no decir la totalidad) de escritores, tratadistas, aficionados y toreros estas escuelas no habrían existido nunca. Ronda y Sevilla serían dos caras de una misma y única moneda. La diferencia estaría en el acento personal o sea en el estilo con el que los toreros de esas dos poblaciones (de esas dos escuelas) habrían interpretado el toreo. Un toreo que, no obstante y según esa visión, sería único y monolítico. Un toreo único con diferentes formas de expresarlo.


La opinión de un torero de Sevilla y otro de Ronda

 Pepe Luis, el Sócrates de San Bernado, prototipo de torero del gusto de Sevilla. Debajo de la gracia subyacia, sin embargo, un torero dotado de una gran intuición para conocer las reses.

Pepe Luis Vazquez, decía con su habitual perspicacia y lucidez a  François Zumbiehl "Yo nunca he creído en las escuelas, en el toreo sevillano, en el toreo rondeño. Yo creo que la escuela es única" ("La voz del toreo", pág, 22)


Pese a tratarse de uno de los más grandes toreros de la guerra para acá, Ordoñez no es de los más nombrados. Por suerte, todavía queda aficionados que lo recuerdan (portada de la revista Cuadernos de Tauromaquia)

Por su parte, el rondeño Antonio Ordoñez, apostillaba en declaraciones al mismo autor: "Para mi hay los que torean muy bien, los que torean bien y los que torean mal. Pero no hay escuela andaluza, escuela castellana (...) Insisto, lo que hay son los que torean bien y los que torean menos bien, o si se prefiere los estilos personales. Unos tendrán más profundidad y otros más alegría" ("La voz del toreo" págs. 98-99)

Ambos no hacen sino expresar en voz alta lo que es un lugar común entre historiadores, críticos, aficionados y toreros quienes opinan que el tema de las escuelas históricas del toreo se reduce a una cuestión de estilos.


El fondo del asunto

Creo que ese punto de vista, pese a estar comúnmente aceptado, no se sostiene desde el punto de vista histórico sino que responde a su momento, un momento en el que ya habían desaparecido, hacía mucho tiempo, las escuelas tradicionales.

Como suele ser habitual hablamos del pasado tomando como referencia el presente. Un modo de análisis que nos impide entender como fue realmente el toreo a finales del XVIII y principios del XIX y, por ende, un modo que también nos impide entender cabalmente el toreo de nuestros días.

En mi opinión, y contra lo que se afirma con tanta profusión, las Escuelas de Sevilla y Ronda no solo existieron realmente sino que fueron dos Escuelas bien diferenciadas en sus fines y no sólo en sus formas.

Ronda, la Escuela rondeña no es sólo, ni sobre todo, la sobriedad, la economía de medios o el toreo parado sino el concepto de aquellos toreros (Los Romeros y sus epígonos) que ponen en la estocada el acento primordial de toda la lidia. Son diestros que torean con el exclusivo objeto de matar al toro. De matar bien al toro y que, por tanto, desdeñan cualquier elemento extraño que no sirva a dicho fin. Prescindiendo, incluso, de los pases de muleta o de la propia muleta cuando era necesario.

No es ninguna casualidad que en los Anales del Toreo se represente a Pedro Romero citando a la estocada...


Sevilla. la Escuela sevillana, asociada a la gracia, la ligereza y el jugueteo con los toros (el toreo movido que anatemizaron los puristas) no es sólo eso sino mucho más que eso. Para el torero de esa escuela (Hillo, Cúchares, Guillén), la estocada es sólo el punto final de la lidia pero no es el objeto ni el fin primordial de la misma. La estocada puede ser prescindible y, de hecho lo es, pudiendo ser incluso sustituida directamente por el descabello (como haría Curro Guillén quien, paradojas de la vida, moriría en el trance de matar). Lo importante son los lances de capote y muleta que se convierten, para los toreros de esa Escuela, en un fin en si mismos.

...ni tampoco que, en la misma obra, Pepe Hillo aparezca ejecutando un lance de su invención. 

La disputa entre las escuelas sevillana y rondeña no es, por tanto, cuestión de estilos, como se piensa y dice, sino de ideas o conceptos. De planteamientos. Mientras Ronda apostaba por la estocada, Sevilla primaba el toreo.

La lógica de los tiempos y la evolución de la historia han llevado al triunfo de una sobre la otra, Hoy por hoy, Sevilla prevalece y ha eclipsado a Ronda.

Un proceso que no parece tener vuelta atrás.

El genial Cúchares, "inventor" del arte del toreo aunque muchos lo tengan por su primer corruptor. Fue uno de los máximos exponentes de la Escuela sevillana del toreo por su estilo y por su concepto (Lámina de los Anales del Toreo de Velázquez y Sánchez)

martes, 20 de enero de 2015

Postales taurinas (X) Cúchares vs. El Chiclanero

Por Jose Morente

1886-05-10 (p. LL) Disputa lamina

Una escena inusual. Dos diestros, Cúchares y el Chiclanero, disputándose el privilegio de matar al mismo toro (Detalle de una lámina de La Lidia publicada el 10 de mayo de 1886)

 

La escena, representada en esa vieja lámina de La Lidia publicada el 10 de mayo de 1886, resulta rocambolesca pues nos presenta a dos diestros, Cúchares y el Chicclanero, armados con sus muletas y espadas, presentándose ante el toro a la vez y disputándose el honor de matarlo.

El pleito tuvo su origen en la pretensión de ambos de abrir cartel y en la actitud dubitativa e incapaz del Presidente de la Corrida de ese día, el Duque de Veragua..

El caso es que, ese año, estaba contratado de primer espada en la plaza de Madrid, el diestro de Chiclana, Joselito Redondo, pero encontrándose Curro Cúchares de paso hacia las plazas del norte, la empresa de la plaza de la Villa y Corte juzgó oportuno incluirlo en los carteles.

Comenzada la corrida, el Chiclanero quiso hacer valer su contrato mientras Cúchares defendía su derecho a matar el primer toro por su mayor antigüedad.

A ambos espadas les dio la razón, cuando subieron al Palco uno detrás del otro, el incompetente Presidente de la corrida, por lo que cuando tocaron a muerte, ambos diestros se dirigieron al mismo tiempo muleta en ristre hacia el burel. El Chiclanero consiguió darle un par de muletazos pero fue Curro, más listo, quien le propinó el sablazo que le finiquitó, que es el momento que refleja el grabado de la Lidia.

Lo curioso del caso, es que el argumento utilizado por el Chiclanero en defensa de sus pretensiones y frente al derecho de antigüedad de Curro Cúchares: hacer prevalecer el tenor literal de su contrato, fue el mismo que utilizó el pasado año (o sea, casi siglo y medio después) el diestro Alejandro Talavante en Málaga para justificar eludir el tradicional y reglamentario sorteo de las reses.

Y es que no hay nada nuevo bajo el sol.

1886-11-29 (p. LL) Contrato - copia

Contrato de Pepe-Hillo con el empresario de la plaza de toros de Cádiz de 9 de marzo de 1793, reproducido en el número de la Lidia de 29 de noviembre de 1886. Las condiciones contractuales han sido clave en la definición del formato de la Fiesta de los toros y motivo de frecuentes pleitos y polémicas entre toreros, empresarios, ganaderos, autoridades y aficionados.

lunes, 10 de octubre de 2011

La dureza del toreo (V) El señor Manuel Domínguez

 

1884-05-19 La lidia Manuel Dominguez (Detalle retrato)

El señor Manuel Domínguez, torero valiente como indica la orla (Detalle de una lámina de la Lidia)

Introducción

Una cosa es escribir sobre los aspectos trágicos de la fiesta cuando se trata de diestros del pasado y otra muy distinta cuando son contemporáneos nuestros. Toreros a los que hemos visto innumerables veces en la plaza y cuyas trayectorias taurinas se entrecruzan con nuestras vidas.

Que el toreo es de una dureza infinita lo hemos repetido muchas veces en este blog. Pero no es lo mismo contar las desgracias de Curro Guillén, Desperdicios o Pepe-Hillo, que sólo conocemos a través de las láminas de las viejas revistas taurinas, que hablar de Manolete o Pepín Martin Vázquez cuyos avatares ya nos llegaron directamente por boca de aficionados que los vieron torear. Y ya puestos, cuando se trata de toreros a los que nosotros hemos visto o conocido, todo se vuelve mucho más tremendo. Mucho más trágico y mucho más brutal.

Paquirri, Yiyo, Pepe Luís Vargas, José Antonio Campuzano, Lucío Sandín, Luís de Pauloba, Julio Aparicio, José Tomás no son nombres e imágenes borrosas de las colecciones de la Lidia o el Ruedo sino gente de carne y hueso, contemporáneos nuestros.

La cornada sufrida hace un par de días por Juan José Padilla tiene la gravedad de las citadas. Por eso, ahora la que procede es desearle a este torero toda la suerte del mundo. La misma suerte que no tuvo en Zaragoza donde un accidente terrible, aunque asumido en su profesión (como reconocía su compañero de terna Iván Fandiño), se convertía en una de las cogidas más impresionantes de la historia del toreo. Equiparable a las de Granero, Manuel Domínguez Desperdicios o Julio Aparicio. Esté último recuperado como persona, igual que deseamos ocurra en el caso de Padilla.

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Padilla trastabilla al poner un par de banderillas. El toro de Ana Romero le clava el pitón izquierdo en la cara del torero y se la destroza.

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¡No veo, no veo! Exclamaba el torero mientras le retiraban a la enfermería.

Estamos bajo el impacto de la acaecido pero lo ocurrido debe invitarnos a la reflexión. Creo que nos hemos acostumbrado a quitar importancia a lo que hacen los toreros en la plaza lo que –en mi opinión- no es de recibo dado el riesgo que corren.

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Miguel Abellán, muy digno y profesional pero entre lágrimas, mató al toro que había cogido a Padilla.

Bien está la crítica -todo lo dura que se quiera- siempre que esté fundamentada. Pero hablamos de la verdad y la mentira de los toreros (y me incluyo) con suma ligereza. Muchas veces con desconocimiento de los mecanismos internos del toreo que son muy complejos y difíciles de apreciar desde el tendido.

La única verdad del toreo es que quien muere en la plaza es el torero. No muere el público, ni el empresario, ni el ganadero, ni siquiera el apoderado. Sin embargo, todo el mundo se cree con derecho a decir lo que es verdad y lo que no. Como decía  Luís Miguel Dominguín en frase tremenda, por la tremenda verdad que encierra, que ya trajimos a este blog y que me parece oportuno reproducir ahora:

“El toro se muere siempre y el torero de vez en cuando, pero al que le toca se muere de verdad y esta sí que es una verdad irrebatible”.

La verdad del toreo, hoy por hoy, está en Zaragoza en la lucha que Juan José Padilla libra con el “toro” de más difícil lidia de toda su vida.

¡Suerte, torero!

Juan José Padilla (Foto de Esteban Abión)

 

Un antecedente: La historia del señor Manuel Domínguez

Manuel Dominguez Carretera (Historia del toreo-Nestor Lujan) 001

Manuel Domínguez (De la Historia del Toreo de Néstor Luján)

Una cogida similar -en cierto modo- a la de Juan José Padilla fue la que sufrió en 1857 el bravo torero sevillano (de Gelves, para más señas, como Joselito el Gallo) Manuel Domínguez “Desperdicios”.

El apodo de “Desperdicios” le venía de su época de alumno en la Escuela preservadora de Tauromaquia de Sevilla, donde parece que su maestro Pedro Romero dijo de él, en frase que se hizo famosa, que “este muchacho no tiene desperdicio”.

Su historia es pura novela del siglo XIX. Fue banderillero en la cuadrilla de Juan León, el discípulo de Curro Guillén y le dieron la alternativa anticipadamente para que pudiera torear en Montevideo a donde marchó hacia 1836.

Llegados a Uruguay y cuando llevaban toreadas 15 corridas (le acompañaba entre otros el picador Carlos Puerto) estalló en aquel país la Guerra Civil en la que participó Domínguez quien finalmente recaló en Buenos Aires en época muy complicada para alguien de nacionalidad española por lo reciente de la independencia de aquel país.

Fue capataz de gauchos y mayoral de negrada y su fama de valiente más allá de cualquier medida le granjeó sino el respeto si el temor de los que tuvo a su mando.

1884-05-19 La lidia Manuel Dominguez (Detalle capataz de negrada)

Domínguez de mayoral de negrada en Sudamérica (Detalle de lámina de la Lidia)

Domínguez regresa a España

Diecisiete años después, en 1852, volvía a España pero su forma de torear resultaba ya algo desfasada por la evolución que el toreo había experimentado en las manos de Paquiro y Cúchares.

1860-00-00 ca. Dominguez Laurent

Domínguez se fuma un buen puro en esta tarjeta de visita con fotografía de Laurent fechada en 1860 pero que, indudablemente, es anterior a 1857.

No obstante, y aunque era torero de más valor que arte y poco ágil (no andaba sobrado de facultades físicas), su estilo seco y parado y, sobre todo, su forma de recibir los toros causaron sensación, por lo que se formó partido a su favor

1884-05-19 La lidia Manuel Dominguez (Detalle estocada recibiendo)

El Señor Manuel Domínguez recibiendo a un toro (Detalle de lámina de la Lidia)

Restauró (si no inventó) el farol. Además gustaba del toreo de rodillas, en lo que también fue iniciador.

1886-06-28 La Lidia Un acto de valor de Manuel Dominguez (Detall 001

Un desplante de rodillas de Manuel Domínguez (Detalle de una lámina de la Lidia)

Un pase de su invención con la muleta (El redondo por delante o pase de Domínguez le llamó Aurelio Ramírez Bernal) fue una especie de natural dado con ayuda del estoque que remataba con un pase de pecho sin solución de continuidad. Con el capote cambió  la posición de frente por la de perfil. Innovación de enorme calado, según Cossío y que sancionaría años después la Tauromaquia de Guerrita 

Manuel Dominguez Cossio Foto estudio capote de seda

Llama la atención el modo de coger los capotes (en este caso de seda) del torero de Gelves y eso que éste no destacó por su elegancia.

Manuel Dominguez capeando al natural (Anales del Toreo) 001

En esa época, los dibujantes y pintores empiezan a utilizar la fotografía en su trabajo. Este grabado de Aramburu que se incluye en la obra los Anales del toreo de Velázquez y Sánchez está sacado directamente de la anterior fotografía.

 

La cornada del Puerto

Sus actuaciones se desarrollaban con desigual fortuna, cuando Domínguez fue anunciado en el Puerto de Santa María el 1 de junio de 1857, en un mano a mano con el Tato (el yerno de Cúchares).

Toreando de muleta al toro Barrabás de Concha y Sierra, y después de 2 ó 3 pases le entró al volapié (o aguantando según el propio diestro). El toro se le escupió por lo que el pinchazo le alcanzó en las costillas y al sentirlo se revolvió y cogió al torero enganchándole por la chaquetilla y derribándole. Domínguez se agarró a los pitones y en dos derrotes le dio el burel una cornada en la mandíbula inferior y otra en el ojo derecho que le vació en el acto.

1886-08-00 La Lidia Cogida de Manuel Dominguez (Detalle) 001

El toro de Concha y Sierra (Barrabás de nombre) le dio primero una cornada en la mandíbula.

El astado estuvo entablerado, durante unos siete minutos, en la puerta de la enfermería (la plaza entonces no tenía callejón) por lo que el torero no pudo ser asistido hasta que el toro abandonó la plaza al abrirle la puerta de toriles y después de otra estocada corta del Tato.

Domínguez aguantó impávido y de pie, desangrándose, hasta que pudo entrar en la enfermería y ser asistido. Se temió por su vida y parece (aquí entramos en la nebulosa de la leyenda) que la cura se la hizo él mismo, taponando con estraza las heridas. Al día siguiente, el médico que esperaba encontrarle muerto le halló bastante recuperado

Lo asombroso del caso (que esperemos se repita con Padilla) fue su rápida mejoría ya que muy pronto, a los 90 días, volvía a torear en Málaga, con más fortuna de la previsible, sendos toros de la misma ganadería causante de la cogida, Concha y Sierra.

1866-09-30 Cartel Sevilla Manuel Dominguez 001 (2)

1866-09-30 Cartel Sevilla Dominguez (Detalle 2) 001

Lo de torear ganado de Concha y Sierra no fue sólo alarde de su reaparición, como se puede comprobar en esta cartel de una corrida de toros en Sevilla en 1866, nueve años después de su fatídica cogida, donde también se enfrentaba a reses de esta ganadería e acompañaba el infortunado José Ponce (Cartel y detalle)

Toreros que habían pasado por ese trance, como el peón Capita, conocedores de lo complicado de ejecutar las suertes con la visión de un sólo ojo, no salían de su asombro. Capita recordaba que él había andado dos años sin acabar de acostumbrarse a la pérdida del ojo, trastabillando y equivocando las distancias con los toros.

Manuel Dominguez Anales del toreo 001

El señor Manuel Domínguez en grabado que figura en los Anales del Toreo

Pero lo mejor es que su carrera taurino prosiguió con mucha dignidad y llegó a sostener competencia con el Tato en Sevilla. Su decadencia se inició poco después pero por una úlcera en el tobillo de una de sus piernas.  

En Madrid toreó por última vez en 1871 con Frascuelo y Currito (el hijo de Cúchares). Aunque siguió toreando por el resto de España hasta finales de la década del 70 cada vez se espaciaban más sus contratos.

1876-06-11 Malaga Corrida inauguracion 001

Salmanquino (Toros en Málaga-Fco Ortiz Mejias) 001

A mediados de la década del 70 seguían contratando a Domínguez para corridas de postín. El fue quien, el 11 de junio de 1876 (con 60 años), inauguró la nueva plaza de Málaga con El Gordito y Lagartijo. Por antigüedad correspondió a Domínguez matar al primero de la tarde “Salamanquino” de Murube (que aparece en la fotografía).

Su concepto del toreo se había quizás quedado anticuado para la época que vivió. Un día, al llegar a un toro con la muleta como lo viese igualado le entró a recibir sin un sólo pase. Otro día, al entablerársele un toro en Sevilla también durante la faena de muleta, dejo esta, cogió un capote y le sacó de querencia. En ambos caso fue objeto de las críticas de la mayoría.

Retirado, y sin muchos recursos pero no pobre, era muy respetado en Sevilla donde falleció en 1886 y donde críticos y aficionados le consultaban variopintas cuestiones al ser quien mantenía la tradición de los grandes maestros de principios de aquel siglo.   

1898-07-11 La Lidia Una leccion de Dominguez (Detalle) 001

Ya cuando toreaba las lecciones de Domínguez se recibían como agrado. Tal y como merecía la opinión y criterio de un torero inteligente en la brega (Detalle de lámina de la Lidia “Una lección de Domínguez”).

Todo su biografía le concede un lugar de importancia en la Historia del Toreo pero lo más destacable fue sin duda su personalidad y su azarosa vida. Y, sobre todo, su capacidad de sobreponerse a la adversidad y conseguir lo que otros no pudieron.

1855 (ca.¿) Manuel Dominguez Laurent 001

 Domínguez con look de torero antiguo (La foto fechada hacia 1855 es posterior a 1857)