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lunes, 13 de octubre de 2025

Morante ¡Se acabaron los toros!

Por Jose Morente

Salida a hombros de Morante en las Ventas el 12 de octubre (Plaza 1)

Cuando murió Joselito el Gallo, el Guerra afirmó que “se acabaron los toros”. Al Guerra se le discutió mucho esa frase tan pesimista, pero el tiempo vino a darle la razón. Cuando un torero del calado de Joselito muere o se retira, los toros -en cierto modo- se acaban.

Los toros se acaban porque con la retirada o muerte del torero de época acaba y se cierra una época del toreo, una manera de entender la fiesta, que ya nunca podrá volver. Es lo que pasó con la muerte de Pepe-Hillo, con la retirada de Guerrita o con la muerte de Joselito. Es lo que está pasando ahora con la retirada de Morante de la Puebla.

Son momentos muy duros pues a la alegría y certidumbre de haber vivido una época única e irrepetible del toreo se une la nostalgia y tristeza de lo perdido, de lo que sabemos que no volverá, de lo que ya no veremos más.

Es verdad que, cual Ave Fénix, los toros volverán a resurgir de sus cenizas (lo que esperamos que suceda más pronto que tarde). Siempre ocurre así, pero la sensación de orfandad, de fin de época, de etapa terminal es, desde luego, tremenda.

A lo largo de mis años de aficionado he visto muy buenos toreros, algunos grandísimos toreros, pero pocos, por no decir ninguno, con el calado, la enjundia y la torería profunda y jonda del torero de la Puebla. 

No se trata de torear mejor o peor. No se trata de hacer o decir el toreo. Tampoco, del dominio sobre el toro o la expresión del diestro en el ruedo. El debate tiene otra dimensión. Con los toreros irrepetibles de cada época todos esos planteamientos sobran. Lo que Morante nos ha ofrecido cada tarde en cada plaza es algo más que hacer el mejor toreo. Su propuesta va mucho más allá. 

Con Morante han toreado, cada tarde y con el mismo toro, todos los buenos toreros del pasado: Hillo, Costillares, Cúchares, el Gordito, Lagartijo, Guerrita y Joselito el Gallo. Morante ha rescatado de las polvorienta revistas ilustradas y de las viejas filmotecas suertes olvidadas o en desuso que dormían un sueño que pudo ser eterno. Morante ha hecho suyos esos lances, esas suertes, esos modos de torear. 

Morante ha recuperado y nos ha regalado el toreo más añejo, el de siempre, pero, paradojas de la genialidad, presentado en odre nuevo.  No ha habido un toreo más moderno en nuestro días que el toreo de Morante.

Sus coetáneos hemos tardado en entenderle y quererle. A Morante le costó entrar en Sevilla y triunfar plenamente en Madrid. Estoy por decir que todavía no se le ha entendido en toda su enorme dimensión torera. Y es que hoy valoramos lo evidente, lo rotundo, lo fácil, lo obvio. Hablo de éxito, orejas y puertas grandes. Cosas que, en realidad son accidentales. Lo importante del toreo está en otra parte. Y hay que buscarlo en la cabeza, en el corazón y en las muñecas de los toreros grandes. Lo que la escuadra y el cartabón de las reglas, los cánones y los prejuicios no nos permiten apreciar.

Espero que con el paso del tiempo podemos llegar a comprender cabalmente su misterio y la importancia de su paso por el toreo en toda su dimensión infinita. Todavía es pronto. Nos falta, quizás, perspectiva.

Sorprendentemente, sin embargo, han sido los jóvenes recién llegados a la fiesta los que mejor le han entendido. Los jóvenes no contaminados por reglas, cánones y prejuicios lo hicieron suyo. Lo han adoptado como referente y modelo. José Antonio ha sido su torero, su ídolo. Ellos si que se han quedado huérfanos.

Morante ha sido -es- el más valiente de los artistas y el más artista de los valientes. Cualquier faena suya de capa o muleta podría servir de modelo ejemplar de buen torear, del mejor toreo posible, en la universidad del toreo. Valga de ejemplo, tremendo ejemplo, su intensa e inmensa última faena en las Ventas. Una faena, como todas las suyas diferentes a cualquiera de las que hayamos podido ver en nuestra ya larga vida de aficionados.

Cuando un torero de este calado, de esa categoría, se olvida del cuerpo, como ha venido haciendo Morante todas las tardes de esta su última temporada, el toreo trasciende y se sublima. Cada lance se convierte en iniciático y terminal. Por eso se suspende el tiempo. Cada suerte es un juego con la muerte. Una muerte no buscada pero tampoco rehusada.

Con la retirada (esa pequeña muerte civil) del torero de la Puebla del Río acaba una gran época del toreo. La del primer cuarto de este siglo XXI parangonable, gracias a tres o cuatro nombres señeros a cualquiera de las etapas más significativas de toda la historia del toreo.

Por todo eso hoy podemos afirmar, como afirmó Guerrita a la muerte de Gallito, que, con su retirada, se han acabado los toros. 

Solo falta esperar a que renazcan de nuevo de sus cenizas. El problema, la duda, es el tiempo que tendremos que esperar para que eso ocurra.

Mientras eso llega, podremos recordar que ¡nosotros hemos visto torear a Morante!

Morante en el cambio de rodillas. Madrid, 12 de cotubre (Plaza 1)

domingo, 5 de octubre de 2025

Madrid 3 de octubre. Polémica Puerta Grande

 Por Clarito (fotografías de Plaza 1 y Andrew Moore)

Salida a hombros de Emilio de Justo acompañado por un centenar de chavales. La genete joven ha vuelto a las plazas y eso es una muy buena noticia

Me pide mi buen amigo Jose Morente que retome las crónicas o reseñas o notas o como quieran llamarse sobre este abono corto del otoño madrileño de 2025 y así lo intentaremos cumplir.

Venimos a Madrid con la ilusión de la plaza grande e importante que da y quita a los toreros. Donde los ganaderos se esfuerzan por enviar, no el toro de mejor nota que ese si no tiene tamaño no pasa el fielato del reconocimiento, sino el de mayor volumen, tenga las hechuras que tenga. Es lástima porque esta plaza merece mejor trato. Merece toros finos, vareados, con articulaciones pronunciadas, bien conformados de pitones. O sea con trapío. Un tipo de toro que aquí, empeñados en el toro de Bilbao (el más grande y basto) cuesta ver.

Y es importante esta reflexión porque en el toro está la clave de todo. En todas las plazas, el éxito del torero está condicionado por el comportamiento de la res que le cae en suerte. Son contados los capaces de mejorar un toro malo. Algunos más los que consiguen estropear un toro que, en otras manos, hubiera dado mejor juego. Pero son mayoría los toreros cuyo éxito depende del toro. De la profundidad y clase de su embestida. 

En Madrid, este requisito se agudiza respecto a otras plazas porque el toro, la continuidad y profundidad de las arrancadas determina de manera brutal las posibilidades de éxito de los diestros que vienen a esta plaza. Si el toro repite, el torero torea y el público olea. Si el toro se para o carece de ritmo aparecen los bocinazos de los partidarios del unitoreo. Ya lo decía el que más sabía de esto, Joselito el Gallo: ¡Ojalá me salga un toro como este en Madrid un día sin viento!

El sexto de la tarde. Un toro válido para triunfar en Madrid

Subrayemos lo de un toro como este (o sea, un buen toro), y subrayemos lo del viento, casi siempre omnipresente en esta plaza aunque lo cierto es que en este primer finde otoñal no ha molestado como suele molestar. Albricias.

La corrida de Victoriano del Río (cuya calidad mejora con el recuerdo) se vio ayudada por la actitud de los toreros, Emilio de Justo, Borja Jiménez y Tomás Rufo. Hablemos de ellos en orden inverso.

Me gustó Tomás Rufo muy fino y elegante, quien dio una extraordinaria tanda de naturales a un buen toro burraco. Pero al que desde el sector de siempre, le reventaron la faena. Una faena que, como el toro, se fue diluyendo poco a poco. En su segundo, muy firme y decidido ante un toro que no dio opciones.

Natural extraordinario de Tomás Rufo. Algunos le recriminaron el pico, pero ¿saben los vociferantes lo que es el pico? Me temo que no y sobre todo me temo que no tienen ningún interés en saberlo.

Borja Jiménez estuvo como es Borja, animoso y entregado toda la tarde con su toreo enfrontilado, que ese si gusta más en esta plaza. En su primero, con clase, le sacó naturales muy arrebujados. Aunque alargó la faena. En su segundo, un toro descompuesto en la embestida, se plantó y peleó sin mayor respuesta del público.

Borja siempre entregado, siempre dispuesto a todo

La tarde se la llevó Emilio de Justo, cogido dramáticamente de salida por el primero. Un toro con mucho sentido. Parecía que llevaba cornada pero todo quedó en fracturas de costillas. Que no es poco. El extremeño que no se arredrá nunca pidió salir de la enfermería, lo que hizo -entre una fuerte ovación- cuando acabó la lidia del quinto. Lo recibió con una larga cambiada de rodillas y con unas verónicas con mucha tensión y entrega. Con el capote levantó a la plaza y a la tarde.

Manos por delante del sexto. Luego embistiría con prontitud y longitud

Con la muleta el planteamiento de la faena a ese manso toreable con profundidad y clase en las embestidas fue brutal. Tiró la ayuda y desde el primer muletazo se lió a torear al natural, ora con la derecha, ora con la izquierda. Muy embrocado siempre (eso si que gusta en Madrid a todos) en una faena muy emocionante aunque algo atropellada por momentos por la tremenda entrega del torero. Emilio resolvió los achuchones con mucha torería, ora un molinete, ora un afarolado, ora un pase de pecho. Estuvo enorme.

Emilio resolvió muy bien los achuchones del toro.

Entró a matar a por todas, con mucha decisión, con su típico salto. La estocada quedó baja, muy baja, y le reprocharon, lógicamente, el bajonazo. Pese a ello y por la intensidad de la faena, el público pidió mayoritariamente la segunda oreja. El Presidente la concedió y Emilio salió por la Puerta Grande de las Ventas. Su quinta Puerta Grande.

Merecida Puerta Grande de Emilio de Justo pese al...bajonazo.

---oooOooo---

Una reflexión (distinta) sobre la estocada. El público moderno y bastantes aficionados le dan mucha importancia a la colocación. ¿Donde cae el estoque, donde cae la puya, donde caen las banderillas?. Eso de la colocación -del estoque, de la puya, de las banderillas- es muy fácil de ver. Lo dificil, y para mi lo más importante, es valorar la ejecución de la suerte. 

Hablemos de la estocada de Emilio de Justo. La de la polémica. Es cierto que hay veces que el torero busca el rincón para asegurar el éxito o la eficacia en la suerte. Hoy (vivimos dias de animalismo dentro y fuera de las plazas) y un pinchazo penaliza como no ha penalizado en la historia del toreo y algunos diestros prefieren asegurar. Pero, en general, la colocación de la estocada depende de multiples imponderables que no es el caso enumerar. Un inciso, Montes, el Joselito del XIX atravesaba los toros en la suerte de recibir por exceso de mando en la muleta, según decían sus contemporáneos. Y fue el Napoleón del toreo.

La ejecución es, sin embargo, lo que en mi opinión se debería apreciar y valorar. Y la ejecución de la estocada de Emilio fue irreprochable aunque la espada quedara baja, muy baja. 

Sin embargo. Para mi el bajonazo que debería penalizar es el de quien busca decididamente los bajos a traición y con alevosía. No es el caso de la estocada de Emilio de Justo. Las dos orejas y la Puerta Grande fueron más que merecidas.

Será discutible, pero es mi opinión.

Adenda. Para que no haya dudas publicamos por gentileza del genial fotógrafo Andrew Moore una secuencia de fotografías de la estocada de la polémica. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Fotografías de Andrew Moore


domingo, 25 de mayo de 2025

Seis faenas y media

Por Jose Morente

Forte

Hagamos recuento de cuatro días en Madrid. Del miércoles 21 al sábado 24. 

Me salen dos faenas de Fortes, una de Morenito de Aranda, otra de Emilio de Justo, otra de Tomás Rufo y otra de Aguado. Son seis faenas en cuatro días. A la que habría que añadiruna media faena de Castella, con inicio explosivo que se fue diluyendo hacia su final. Seis faenas y media en cuatro días no está nada mal en esa plaza y con ese público.

De Fortes ya hemos hablado en este blog y no es cuestión de repetirnos. Saúl puso el listón en lo alto y ha hecho cara esta feria con su toreo hondo y puro. Lo llevaba haciendo hacia años pero parece que lo que no pasa en Madrid no pasa.

Castella empezó de manera explosiva y acabó diluyendose. Me recordó a Antonio Fuentes, no por lo visto que a Fuentes no le pude ver por razones evidentes, sino por lo leído pues es fama que el sevillano iniciaba muy bien sus trasteos y estos iban de más a menos, generalmente. Lo mismo le ocurre a veces al fránces.

Castella

Morenito de Aranda estuvo muy valiente y muy decidido con un toro complicado de Arauz de Robles que le cogío a mitad de faena. También lo anotamos en su día. Me gustó mucho en ese toro.

Morenito de Aranda

Po lo que respecta a Emilio de Justo y Rufo es de justicia nombrarlos. El primero por entender a un toro interesante y complejo de Victoriano del Río y torearle por la izquierda con la solvencia que acostumbra y el segundo por torear con mucha suavidad y mucha ligazón a un gran toro noble y repetidor de esa tan exigente ganadería. Un gran toro al que supo torear con sutileza el joven diestro.


Emilio de Justo

Tomás Rufo

Inciso. Cerraba el cartel ese día Andrés Roca Rey al que le tocó el lote complicado y difícil y al que no quisieron dejarle torear. Mucho me temo que de aquí en adelante al peruano no le van a dejar expresar su concepto del toreo en esta plaza. Ha heredado la púrpura y eso pesa. Y es que en Madrid siempre ha pasado lo mismo. Que se lo digan si no a Lagartijo, Guerrita, Joselito, Luis Miguel o el Juli. Una plaza muy mala para toreros buenos. Lo bueno es que esa inquina madrileña alzaprima el caché de un torero y lo encumbra. Mientras más te chillen en Madrid, mejor torero eres, Andrés.

Queda para rematar la gran faena de ayer de Aguado con un sexto toro de Torrealta que salvó la tarde de los malos toros de Juan Pedro. Como dijo un joven aficionado detrás mía al arrastrar el quinto "mientras falte un toro hay esperanza". Lo clavó, porque la faena de Aguado fue un lujo tras una mala tarde en un mano a mano de artistas. Aguado sacó a pasear un toreo solvente y pinturero. Con muchos detalles de arte del bueno. Nada impostado. Faena interesantísima con naturales de excepción coronada por contundente espadazo y muerte espectacular del toro premiada con una justa oreja. Lo mejor esas gotas de sevillanía derramadas en territorio comanche. Un lujo que no fue apreciado ni valorado por todos.

Aguado

Al final el balance de la semana es bueno o muy bueno pues, en una plaza donde es dificil ver torear por diversas razones, hemos visto cuajar en cuatro días seis faenas... y media. Alguna de ellas excepcional.

A los toros siempre vamos con ilusión, pero no siempre se sale de la plaza con alegría. Sin embargo, esta vez regresamos a Málaga más que satisfechos.


jueves, 22 de mayo de 2025

El toreo de Fortes no cabe por la Puerta Grande de las Ventas (Zabala dixit)

 Por Jose Morente

Fortes en la vuelta al ruedo ayer en las Ventas. La imagen del triunfo cabal y legal. La imagen que nos gusta como aficionados. La del éxito merecido. Hemos pasado de la épica admirable pero quizás prescindible al toreo entregado y puro del que no podemos, ni queremos, prescindir.


Hoy toca hablar de como estuvo ayer Saúl Jimenez Fortes en Madrid. Y de la dimensión (enorme) del toreo que el diestro malagueño viene haciendo cada vez que torea. 

Que Saúl viene toreando como está toreando, como toreó ayer en Madrid, es algo que saben (sabemos) pocos aficionados, solo quienes le hemos podido ver en sus últimas temporadas. Muy pocas tardes por la escasez de contratas debido a muchos factores incluido la ceguera de las empresas. Tardes escasas, pero todas esas tardes con un toreo de enorme calado e importancia. 

Una realidad palpable que necesitaba el refrendo de una plaza como la de Madrid. Hacía falta que su toreo lo viesen, lo disfrutasen y cantasen los periodistas y el público madrileños.

Y eso es lo que han visto. Y eso es lo que se ha cantando en los medios y lo que cantaron en la plaza -hasta enronquecer- los aficionados. Ayer en Madrid sonó ese olé tan peculiar y único de esta plaza que ruge cuando se torea como toreó ayer Fortes. El olé de las grandes faenas.

Fueron dos faenas diferentes y magníficas a dos toros muy diferentes y no tan magníficos. Noble pero con cortas embestidas el primero y muy embravecido, listo y con peligro defensivo su segundo. Pues a los dos les toreó Fortes como hay que torear. Con pureza, entrega y conocimiento. Conocimiento de las suertes y de las reses complementado con el valor de verdad, con el que hay que tener para torear de verdad. No descubro nada si digo que este torero es un torero valiente. Si lo descubro quizás si digo que desde hace unos años Saúl está poniendo su valor (enorme) al servicio de su toreo, del toreo, y no tanto al servicio de la épica. La épica puede ser prescindible. Esta forma de torear, no. Gran tarde, por tanto, del diestro malagueño completada con una también buena y entregada faena de Morenito de Aranda. 

Leyendo la prensa, no para enterarme de lo que hizo Saúl, sino para enterarme de quien chanela y quien no entre los periodistas actuales, me agrada y sorprende la unanimidad con la que la Prensa ha valorado las faenas de Saúl, pero hay un titular que me ha llamado poderosamente la atención. El de Vicente Zabala en El Mundo.

Dice el periodista del Mundo en su titular que "La dimensión de Fortes no cabe por la Puerta Grande de Las Ventas". Me ha encantado. Y me ha encantado la frase porque Zabala tiene toda la razón por muchos motivos. No hubo Puerta Grande, cierto, pero el toreo de Fortes fue de tal calado y de tal importancia que la Puerta Grande de las Ventas se ha queda chica para premiar tamaña forma de torear.


Como dice, por wasap, un amigo mío (El Divino Calvo) en comentario que suscribo:

Personalmente lo de ayer me dejará más recuerdos que todas las puertas grandes de muchos toreros, con todos mis respetos para ellos.

Y no digo nada más, pues ayer me quedé ronco dandole olés al toreo entregado y puro de Saúl Jimenez Fortes en la plaza de Madrid. 

lunes, 12 de junio de 2023

Los que tiran la piedra...

 Por Jose Morente


(Sin comentarios)





Como lo de ayer no es nuevo, no me sorprendió lo más mínimo que el público de las Ventas se volviera de manera unánime contra los reventadores amargados que, por desgracia, son legión minoritaria, pero legión, de esta plaza.

Lo que le hicieron a Roca Rey lo llevan haciendo desde hace muchos años contra las figuras. Madrid tiene sus "consentidos", pero también tiene sus inquinas. Inquinas históricas que, en épocas pretéritas se desataron contra Cúchares, el Gordito, Lagartijo, Frascuelo, Guerrita, Joselito el Gallo, Luis Miguel Dominguín y tantos otros, recientemente contra el Juli. Lo dicho, los mejores.

No es nuevo y no sorprende. Lo que sin embargo, si sorprende, es esta nueva moda, de hace unos cuantos años a la fecha, de "reventar" las faenas mientras se torea. De protestar la colocación diestro. De vociferar en los cites de muleta cuando el toro se para. O de tocar las palmas de tango tras una tanda o una estocada. Solo porque a ellos y solo a ellos no les gusta una forma -legítima- de torear. Una guerra ideológica de quienes demuestran tarde a tarde y toro a toro saber muy poco, o nada, de toros.

Cuando llegué a Madrid a estudiar a mediados de los 70, no existía el 7 sino la Andanada del 8. Unos simpáticos (simpáticos visto lo de hoy día) protestantes que se limitaban a corear algunas frases hechas (como "a picar, a picar", "a tu sitio") sobre todo durante la suerte de varas y a protestar cojeras de toros,  pero cuya interferencia en las faenas de muleta era mínima. Eso sí, se protestaban entonces las malas estocadas (por colocación; que por ejecución nadie echaba ni echa cuentas) y también se protestaban (en las vueltas al ruedo y haciendo gestos negativos con el índice de la mano derecha) las orejas que no se consideraban merecidas. Mientras la prensa "independiente" (esto de independiente hay que ponerlo entre comillas) alentaba y jaleaba estos incívos comportamientos con el peregrino argumento de que siempre había habido broncas en los toros.

Como Madrid es una plaza muy barata, algunos descubrieron que el 7 (tendido de sol pegadito al 8) era una muy buena localidad para hacerse escuchar. La llegada del Canal+ no hizo sino darles vuelos a algunos de esos personajes que, como Molés los sacaba en televisión, empezaron a hacerse famosos (¡Y a quien no le gusta la fama!). Así en vez de conocer el nombre de banderilleros y picadores empezamos a conocer al Lupas, al Brillantina, al Ensabanao, al Rosco, al japonés del 7 y a unos cuantos elementos mediáticos más.

Empezó el postureo y, sobre todo, empezó el intentar -y a veces lograr- que el  espectáculo se desarrollase en función de los gustos particulares de los gurús de ese tendido. Un tendido que funcionó y funciona como funcionan los grupos ultras los estadios de fútbol. Con sus mantras, sus clichés, sus tópicos, sus eslóganes y sus consignas (a los antes indicados, se unieron el "crúzate", "pico", "fuera de cacho", "se va sin torear", etc.). Todo, sea dicho, dicho a destiempo. El colmo es que algún crítico llegó a dirigir esa orquesta en algunas ocasiones...

De aquellos polvos vinieron estos lodos y el 7 (aunque parecía imposible) siguió degenerando. Hoy una caterva de chavales (y no tan chavales), criados a los pechos de quienes ahora (¿ahora?) reniegan de ellos, gritan y se desgañitan desaforadamente, visceralmente, irrespetuosamente, haciendo imposible que en esa plaza se pueda -no ya torear- sino respirar. Han viciado la atmósfera taurina de las Ventas. Convertida por su culpa en plaza de talanqueras.

No se como se arregla este desaguisado. Que, en el fondo, solo denota una falta enorme de educación cívica, de respeto a los demás. Pagar una entrada (máxime lo barato de los abonos de Madrid) no da derecho a nada. No da derecho a incomodar a los demás espectadores ni mucho menos a inomodar y a increpar a los toreros. Un dato importante: en Madrid no se protestan las malas faenas. En Madrid la protesta es ideológica o conceptual. Se protesta un concepto del toreo que se tiene por impuro. Es como una guerra santa. Por eso, esos aficionados se han ganado a pulso el apelativo de talibanes. Lo son.

Objetan que, cuando se torea de verdad todo el mundo se pone de acuerdo. Es mentira, cochina mentira. Entre otras cosas porque cuando se torea como a ellos les gusta, los demás (incluidos aquellos a quienes no nos gusta el toreo que a ellos les gusta, ni el toro que a ellos les gusta) nos callamos educadamente.

Para colmo de males, a todo lo anterior se une la incompetencia de los presidentes. Ayer un presidente incompetente estuvo a punto de provocar un conflicto de orden público por incumplir el reglamento denegando una oreja pedida mayoritariamente. No lo provocó porque el público de los toros (menos los susodichos) es un bendito. Pero no hay derecho a tomarle el pelo a una plaza entera solo por chulería, desconocimiento o miedo a la crítica de los integristas. Ya está bien.

Pero lo peor es lo del título. Lo peor es que, quienes aleccionaron, adoctrinaron y amamantaron a sus pechos a los jovenes indocumentados y vociferantes que ahora enrarecen el ambiente de una plaza que hogaño fue referente del mundo taurino, quieran ahora escurrir el bulto y negar su paternidad. Su responsabilidad en este desaguisado. 

Lo peor es que quienes tiraron la (primera) piedra, quieran ahora esconder la mano....

Surrealistas declaraciones de quienes llevan años alabando la nueva hornada de jovenes aficionados de la grada 6 y altos del 7 (sus díscolos discípulos) y ahora -vista la reacción del resto de la plaza- los repudian. Esta claro que los valientes solo están en el ruedo (El Mundo).



lunes, 16 de mayo de 2022

Ginés Marín camino de la enfermería de las Ventas

De Pureza y toros (twitter)

Un torero herido de gravedad, sin una mueca de dolor en el rostro, sin mirarse en ningún momento, se pone delante de nuevo y acaba el trabajo, para terminar recogiendo una ovación y meterse a la enfermería para ser operado. ¡Eso es un TORERO!

15.05.2022. Ginés Marín con el muslo atravesado por una cornada
 camino de la enfermería de las Ventas.

domingo, 15 de mayo de 2022

Así era el toreo de... Manuel Granero

Por Jose Morente

Cogida mortal de Manuel Granero

El 7 de mayo de 2022 se han cumplido los cien años de la muerte en la plaza de Madrid del torero valenciano Manolo Granero, por mor de una terrible cornada del toro Pocapena de Veragua. El pitón le penetró por el ojo derecho.

Pero no queremos recordar hoy su desgracia, sino su toreo. Granero llegó al toreo tras la muerte de Joselito cuando el pesimismo había hecho mella en los aficionados. Su fulgurante aparición y el no tener un fracaso sonado en su corta carrera, le convirtió en el sucesor del de Gelves. Una idea que -según Cossío- llegó a creerse el propio torero. Su figura no era flexible pero destacaba su toreo por su finura y estilo que recordaba al del llorado Gallito. 

Destacable fue su pase con la derecha que Corrochano bautizó como pase de la firma y que había surgido por casualidad ante una res que se le quedó en el embroque.

El pase de la firma de Manuel Granero (postal)

Si bien solo hizo una temporada completa, su recuerdo debe perdurar, no solo por su trágica y horrible muerte, sino por que en las corridas que toreó demostró una continuidad y seguridad que solo están al alcance de los toreros con poderío y dominio.

No son muchas las películas que nos han llegado de este nominado a recoger la antorcha de Joselito, pero creo que son suficientes para hacernos una pequeña idea de cómo toreaba.

Al final, nos queda para siempre su aniñada sonrisa en el Patio de Cuadrillas de la plaza vieja de Madrid, la de la carretera de Aragón situada donde hoy está el Palacio de los Deportes.



domingo, 5 de julio de 2020

Paco Camino y el sobrero del Jaral

Por Jose Morente

Paco Camino remata una tanda ante el sobrero del Jaral de la Mira, en Madrid, la tarde histórica del 22 de mayo de 1975.
Abducido por la prensa de la época, descaradamente en contra de quien tuviera el caché de figura del toreo, mi verdadera devoción por Paco Camino nace demasiado tarde cuando ya retirado del toreo pude revisar unas cintas de vídeo de su época mexicana con varias faenas excepcionales comentadas por el simpar y excepcional Pepe Alameda. Aunque siempre había admirado y respetado al sabio de Camas, desde entonces soy "caminista" declarado, convicto y confeso, absolutamente convencido de la enjundia, profundidad, calidad e importancia histórica de su toreo. 

Hace unos años le dedicaba en este blog cuatro entradas a modo de reivindicación y homenaje:
Paco Camino (I) La inteligencia torera 
Paco Camino (II) De Madrid al cielo...mexicano 
Paco Camino (III) Casta de torero 
Paco Camino (y IV) la estocada
Hoy, me gustaría recordar algo más sencillo: una de sus grandes faenas, si no la más grande. La faena de Madrid al sobrero del Jaral de la Mira, en día de baile de corrales, algo que algunos piensan que solo pasa ahora.


Un extraordinario derechazo de Camino al sobrero del Jaral.

Un torero en las postrimerías de su carrera


Tras en la entrada en vigor del guarismo que certificaba la "verdadera" edad del toro, en 1972 se retiran Antonio Ordoñez, El Viti y el Cordobés. Camino se mantiene como maestro y referente de una nueva generación de jóvenes toreros: José María Manzanares, José Luis Galloso, Niño de la Capea, Antonio José Galán. Ruiz Miguel y los mexicanos Curro Rivera y Eloy Cavazos. La generación de los 70.

Fue una década, la del final del "régimen", confusa y convulsa, contestaria, rebelde y, sobre todo, muy protestona. Protestas que, lógicamente, alcanzaron al mundo del toreo. 

La andanada del 8. Ahí empezó la protesta. Con el tiempo se propagó al 7, donde hoy se asienta el núcleo duro de la afición.
En el 73, un toro de Atanasio Fernández, ganadería de las consideradas comerciales, mataría en la plaza de Barcelona al hermano de Paco, Joaquín, banderillero en su cuadrilla. Tras un parón de seis meses, Camino regresa a los ruedos en 1974. Para llegar a 1975, el año de su enfrentamiento televisivo con Palomo Linares y el año de su faena al sobrero del Jaral. Una faena sobre la que Carlos Abella opinaba:
"No sé si la mejor, pero sí en conjunto la que para la historia del toreo mejor resumió sus virtudes toreras, renovadas con el paso del tiempo y perfeccionadas gracias a su gran cabeza y maestría". 
Por si la valoración de Abella pudiera parecer exagerada y parcial, conviene recordar que también Alfonso Navalón, compartía el mismo criterio:

"El trasteo tuvo una primera parte técnica hasta someter la distracción del manso y luego una docena de muletazos bellísimos, ejecutados con una lentitud y un temple que jamás había logrado Camino en su larga carrera. Al pasar el tiempo nos asalta la duda de si la faena fue realmente templada o si fue la lenta embestida del toro la que obligó a Camino a torear despacio. Lo cierto es que esta fue la mejor faena de su vida, coronada además con una estocada muy limpia, aunque algo desprendida." 
Pero, lo que para Carlos Abella había sido una prueba de maestría, para Joaquín Vidal (que todavía no escribía en El País) había sido un raro acaso, un momento aislado dentro de una trayectoria discutible y criticable:
"Camino se presentó en Madrid con responsabilidad y con una entrega como jamás se le había visto en esa plaza". 
Y añadía:
"En su primer toro estuvo en los tonos de muletero rápido y de ventaja que le han caracterizado"
Creo que despachar la carrera de Paco Camino con el calificativo de "muletero rápido y de ventaja" es pasarse tres pueblos. A Camino se le pudo discutir su velocidad toreando, algo que quizás pudiera justificarse por su afición al toro de encaste santacoloma, un toro ágil y de gran picante y velocidad de embestida, pero lo de ventajista, clama al cielo, máxime en un diestro como el camero cosido a cornadas.

En cualquier caso, la predisposición negativa de Vidal hacia Camino pone en valor su valoración de la faena:
 "Fue el delirio... lo que hizo Camino esta tarde escapa a las posibilidades del relato: había que vivirlo. En los tendidos se produjo una enorme conmoción. Como si la plaza hubiese sido sacudida por una corriente eléctrica; la faena fue contemplada por el público en pie, vibrando, en un auténtico delirio. 
Cuando Camino remató su penúltima tanda de naturales, sensacional, con el pase de pecho ligado, tan mandón como suave, de una armonía inigualable, y se fue del toro pinturero, con la muleta hecha un cartucho y recogido bajo el brazo, aquello fue un manicomio. Ya entonces se pedía insistentemente la oreja. Mató despacio, recreándose, pero la estocada quedó baja". 
Un faenón de ese calibre no está a la altura de cualquiera. Y Camino no era ni fue nunca un cualquiera. Camino era grandioso, no porque le sonara la flauta una tarde concreta o llegase a Madrid con más ganas que otras veces, sino porque su concepto del toreo era grandioso. Podía estar mejor o peor, que eso depende de múltiples imponderables como el estado de ánimo del torero o la calidad del toro, pero siempre dentro de un nivel medio altísimo... para quien sepa y quiera verlo, claro.

Y para verlo, lo primero es mirar al toro.

Natural de Camino al sobrero del Jaral
Un toro manso en varas que fue muy bueno en la muleta

Y si miramos al toro, nos encontramos con esa aparente paradoja del toro manso en varas y bravo en la muleta. He dicho bravo aunque muchos dirían que solo noble. En cualquier caso, bueno para el torero y malo para el ganadero, como se hubiera dicho en la década de los treinta con mosqueo y enfado de Corrochano. 

Pero así fue el sobrero del Jaral. Un toro manso en varas, pero nobilísimo en los engaños con una despaciosidad que Camino entendió a la perfección y le permitió la faena que hizo. Una faena que puso en cuestión el calificativo de torero "rápido" con que se le juzgó con injusta dureza tantas tardes.

Camino podía torear ligero, pero era capaz de torear tan despacio como el que más despacio hubiera toreado, lo demuestran la faena al sobrero del Jaral y otras muchas de sus grandes faenas, especialmente algunas de sus temporadas mexicanas.

Camino y el sobrero del Jaral. San Isidro de 1975. Un faenón de un gran torero. Lo vemos.


Aquí el enlace en facebook


Epílogo breve con dedicatoria
Tras el faenón de Camino, Ángel Teruel, que tuvo una gran tarde, le brindó la faena del sexto.

sábado, 7 de septiembre de 2019

A Vicente Pastor también lo retiró Joselito

Por Jose Morente

Vicente Pastor en un pase de pecho (Fotografía publicada en el Ruedo en 1945)

Es cosa sabida, y ya lo contamos por aquí, que Joselito era una tijera de cortar coletas. Por su empeño se retiró Bombita y, de rebote, también se retiró Machaquito.


La retirada de Bombita y Machaquito en la revista Blanco y Negro del 26 de octubre de 1913.
Lo que casi nadie sabe es que Vicente Pastor "el Chico de la Blusa" también se retiró por culpa del diestro de Gelves. O eso, al menos, es lo que decía el propio torero. Recordemos esa historia contada por Vicente a un periodista, el Caballero Audaz.
"Un buen día, precisamente después de un gran triunfo en Madrid, Vicente Pastor llegó a su casa y le dijo a su apoderado, el simpático Gallardo:
-No me firme usted más corridas y ponga un telegrama a las Empresas con las que tengo compromiso anunciándoles que no toreo más.
-Pero eso es una locura y precisamente hoy que ha tenido usted un éxito enorme, ¡que le ha dado un baño a Joselito!
-Pues por eso -dijo Vicente-. Solo yo sé lo que me ha costao poderle esta tarde a José... Y como yo ya no estoy en edad ni me encuentro con fuerzas para hacer todos los día lo que hoy, y el no hacerlo sería quedar en ridículo, no vuelvo a coger un capote ni una muleta en todo lo que me resta de vida."
(1)
Vicente Pastor se cortó la coleta el 23 de mayo de 1918, después de una gran tarde en la plaza de Madrid, en efecto, pero esa tarde no había toreado con Joselito. 

Pasquín del cartel de abono de 1918. En el cartel figura Belmonte -que no toreó esa temporada- y Joselito, pero no Vicente Pastor quien no entró en el abono de ese año, aunque si lo hizo en Madrid en la corrida del Montepio que fue la de su retirada..

De hecho, Pastor no toreaba con José desde la temporada anterior. La última corrida en la que coincidieron fue en Málaga, el 31 de agosto de 1917, un año antes ¿Entonces, porqué ese comentario del "baño" a Joselito?

La respuesta (si es que la hay) puede que esté en la Prensa. Por ejemplo, en el número 1.139 de la revista Sol y Sombra, donde se reseñan las corridas madrileñas del mes de mayo de 1918. Joselito toreó en Madrid ese mes y Pastor también, pero no coincidieron: José lo hizo los días 15, 16 y 17 y Pastor, una semana después, el 23 en la corrida del Montepio, sustituyendo a José que había sido cogido en Zaragoza el día 19, toreando toros de Santa Coloma, uno de los cuales le había fracturado el hueso metacarpio de la mano derecha.

En Madrid, Joselito  había estado más que sensacional una de sus tardes (de "éxito resonante de Joselito en Madrid" hablaba el Sol y Sombra). Fue el día 16 de mayo cuando, tras ser cogido por un toro de Gamero Cívico, se "excedió" toreando. Lo contaba Corrochano con su magnífico estilo:
"Pues otra tarde, que le cogió un toro de Gamero Cívico en el último quite, cuando le sacaron como se saca a un picador debajo de un caballo, porque el toro no abandonaba su presa, como en aquel momento tocaron a banderillas, corrió a coger banderillas sin mirarse el traje roto, con el pelo alborotado, con nerviosidad, con rabia, con eso que en el deporte llaman furia española; puso tres pares hasta con desorden-lo que mantuvo la emoción al rojo- él que banderilleando era todo método, sin cuidarse si el toro estaba en un terreno o en otro, sin otra preocupación que ir al toro, sin intervención de nadie de su cuadrilla a los que metió entre barreras. Primero puso un gran par; luego medio porque en la precipitación se le cayó un palo, cosa rara en él; cogió otro par y el palo caído y colocó las tres banderillas de manera soberbia. Y sin hacer caso de las ovaciones, salió corriendo hacia la barrera, cogió la espada y la muleta, se fué en busca del toro que andaba allá por los terrenos del 3. Y nada de "tráelo aquí", "ábrele un poco", "ciérrale". Nada de preámbulos. ¿Dónde está el toro? ¿Allí? Pues allí.
La plaza ardía de entusiasmo. La gente que se puso en pie durante la angustiosa cogida, porque no podían hacerle el quite, ya no tuvo tiempo de sentarse. Salió Gallito de rodillas; el toro escarbó y dudó; avanzó desafiando más el torero; no era tarde para desistir. Se arrancó el toro veloz, lento, imponente. Joselito le aguantó un pase por alto en el que expuso más que cuando le cogió. El toro le pasó tan ceñido, que el pase resultó con el pico de dentro de la muleta. Se levantó y dió un estupendo pase natural y ya toda la faena fue de un valor extraordinario, una lucha a muerte de un hombre con un toro, provocada por el hombre que, sin dar tregua al toro, le buscaba, se le iba encima acosándole, metiéndose en su terreno, no dejándole respirar. Y todo a base de pases naturales a cual más valientes y emocionantes, a cual más completos, largos y bien rematados. Faena donde el buen estilo y el valor iban tan unidos que que es una de las faenas más impresionantes que recuerdo. No bien acabado de cuadrar, entró Gallito, con el mismo coraje que no le abandonó en toda la lidia de este toro, dió una estocada y descabelló. Ni muerto el toro acabó la emoción. El público, todo el público sin distinción de partidos, gritó entusiasmado por descongestionarse un poco. Se le concedió la oreja y ya iba mediada la lidia del otro toro y aún le aplaudían." (2)
Lo he copiado entero porque realmente la faena y el texto merecen la pena (3). Veamos ahora algunas imágenes de la lidia de ese toro.


La cogida de Joselito en el quite a su toro (Fotografía de Sol y Sombra)

"Y colocó las tres banderillas de manera soberbia" (Fotografía de Mundo Gráfico)

Joselito empezó la faena de rodillas (Fotografía de Sol y Sombra)
"Y todo a base de pases naturales a cual más valientes y emocionantes" (Fotografía de Mundo Gráfico)
El caso es que José estuvo muy, muy bien. Tan valiente estuvo que la Lidia lo nombró catedrático de "vergüenza torera". Vicente que escuchó palmas unos días más tarde cuando mató a su último toro, el de la despedida, no pudo alcanzar las cotas de "Maravilla" (4).


La tarde del Montepio, el que realmente estuvo bien fue Saleri que abrió la Puerta Grande tras cortar la oreja del sexto, toro que había brindado a Vicente Pastor y al que regaló el apéndice (Fotografía de Sol y Sombra).


Leyendo la prensa no parece, ni mucho menos, que Pastor estuviera por encima de Joselito ni, por tanto, que le diera ningún baño, ni siquiera en diferido pues no coincidieron, pero no estuvo mal ese día de su despedida (aunque tuvo que hacer un último esfuerzo con un manso) y no estar mal le debió parecer todo un éxito al torero de Embajadores. Máxime cuando ya andaba con pocas facultades desde la cogida de Madrid del año 16. 

Sin alternar con José y sin ganarle la partida, Pastor llevaba a Joselito metido en la cabeza y a Joselito achacaba su retirada en su entrevista con el Caballero Audaz.

 La retirada de Pastor en Mundo Gráfico (Fuente: BNE).

Lo cierto es que Joselito andaba intratable ese año, en el que lo tocó llevar todo el peso del toreo por la ausencia de Belmonte. Don Ventura analizó así esa temporada del diestro de Gelves.

"Con veintitrés años de edad y seis de espada de alternativa, parece haber llegado a la estación del logro y de la madurez, y, sin embargo, nadie sabe hasta dónde puede ir este torero verdaderamente fenomenal.
No es posible en manera alguna estar más cerca de los toros de lo que él está; no es posible dominar más a los cornúpetos, sean grandes o chicos, duros o blandos, tuertos o derechos; no es posible arrimarse más, ni hacerle más cosas al toro, todas ellas de torero grande, de torero inconmensurable y consciente de lo que realiza." (3)
Portada del anuario de Don Ventura de 1918. Lo curioso es que precisamente falta el que partió el bacalao ese año (Fuente: BDCyL).
Un comentario de Vicente Pastor al hilo de su retirada, nos ha llevado a una de las tardes más importantes de Joselito en Madrid. Está claro que el de Gelves tenía, visto lo dicho por Pastor, obsesionado a todo el escalafón ¡Era mucho torero Gallito!

¡Maldito Bailaor!

Joselito con el capote, el 16 de mayo de 1918, en un exquisito delantal. El día en el que, para el público, afloró la valentía del más poderoso (Fotografía de Sol y Sombra)

NOTAS:
(1) CABALLERO AUDAZ, El libro de los toreros-De Joselito a Manolete (1ª ed., Madrid, Ediciones Caballero Audaz, 1947. Pág. 141)
(2) CORROCHANO, Gregorio. "¿Qué es torear?-Introducción a la tauromaquia de Joselito (1ª ed., Madrid, 1953. Págs. 186 y 187)
(3) Aunque la reseña de Corrochano es magnífica, tengo que hacer una pequeña precisión. Dice el revistero de ABC que "Se levantó y dió un estupendo pase natural y ya toda la faena fue de un valor extraordinario, (...) todo a base de pases naturales a cual más valientes y emocionante..." En realidad, Joselito tras el pase de rodillas, que fue un pase de pecho, siguió con sus clásicos y habituales tres naturales ligados: el toreo en redondo.
(4) DON VENTURA, Toros y toreros en 1918 (1ª. ed., Madrid, 1918. Pág. 109)