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viernes, 28 de mayo de 2021

La tauromaquia de Guerrita (II) Natural y cambiado

 Por Jose Morente

Guerrita cita para el natural clásico. De frente, con el compás cerrado y con la muleta a la altura de la cadera.

Otra gran aportación de la Tauromaquia de Guerrita es la clasificación de los pases de muleta. Durante mucho tiempo pensaba que ese análisis se debía a José María de Cossío, pero revisando la Tauromaquia del Guerra he descubierto que la separación entre pases naturales y cambiados ya estaba recogida en ese antiguo códice.

Es posible que sea incluso anterior, ya lo veremos más adelante, pero por ahora me basta con indicar que la idea de reducir los muletazos a una mano a dos únicos tipos o grupos: naturales y cambiados, viene de esa Tauromaquia finisecular, resumen y compendio de un siglo de toreo y, lo que aún es más importante, premonitoria del futuro. 

Con Guerrita (y no con Joselito el Gallo como sostienen algunos despistados) es con quien se cierra literal y realmente el siglo XIX. No solo porque Guerra se retira en 1899, sino porque con el se va para siempre, una forma de entender el toreo.

En efecto:

Pero volviendo á nuestro propósito y tratando de explicar el uso de la muleta, así como la diversidad de pases y condiciones de los toros con arreglo á las que se deben dar unos y evitar otros, diremos que en los últimos años del siglo anterior y primeros del corriente, era escasísima la nomenclatura de los pases, conociéndose tan sólo los regulares, con la mano izquierda ó con la derecha, y los de pecho; y tanto es así, que Pepe-Hillo y Montes, en sus respectivas Tauromaquias, mencionan éstos únicamente, si bien en la del último y sin aventurarse á darles nuevos nombres, ya se habla de los pases altos ó por bajo, sin darles otro nombre que el de regulares por alto ó regulares bajando el pico de la muleta contrario al en que se lleva sujeta para sacarla de la cara, de modo que los que hoy se distinguen con otras denominaciones son modernos y deben ser considerados como maneras especiales de engendrar y rematar los primitivos.



La contextura del pase de pecho es radicalmente diferente a la de los pases naturales o regulares. En el toreo cambiado se cita con la muleta por delante y se abre el compás para desplazar al toro hacia afuera.


miércoles, 17 de junio de 2020

Divagaciones sobre la quietud en el toreo (III)

Por Jose Morente

Espectadores contemplan una faena de Belmonte. El cine ¡Que gran invento! (Fake)
Cine y toros

Vimos en la entrada anterior de esta serie, las desventajas de la fotografía a la hora de reflejar lo que ocurre en los ruedos, pues congelar un arte como el toreo puede llegar a distorsionar la realidad por muy parado que toreen los toreros. Es cierto que las películas antiguas tampoco son un fiel y absoluto reflejo de lo que pasó en los ruedos, pero si el cine no es un documento fidedigno, la imagen fotográfica lo es todavía menos.

Por lo que hace al cine, a mí me han sorprendido siempre todos esos aficionados (y son legión) que desprecian de plano el cinematógrafo. Son aquellos que afirman que el cine no conseguirá nunca reflejar mínimamente la verdad del toreo o que el cine nunca podrá reflejar los matices o las emociones que provoca el toreo en la plaza. Son los mismo aficionados que -de modo sorprendente- prefieren y dan más crédito a una fotografía o a una crónica escrita antes que a una película.

Creo que quien así piensa, se hace trampas a sí mismo, entre otras cosas porque el cine no engaña. O, al menos, engaña menos que la fotografía o la crónica. El cine no nos permite manipular ni distorsionar la realidad a nuestro antojo, lo que si nos puede pasar con la fotografía, que capta un solo instante, o con una reseña periodística, tan cargada de subjetividad. Y si me apuran, lo que también sucede con nuestra propia percepción en las plazas, siempre tan parcial.

Puede que al cine le falte la tercera dimensión y puede que le falte el calor del público en la plaza o la incertidumbre del resultado, pero lo más parecido a lo que ocurre en el ruedo es lo que se ve en una pantalla.

Dicho de otra manera más cruda, despreciamos el cine porque el cine pone al desnudo nuestras carencias y nos demuestra que lo que creímos ver en la plaza no era real. También es verdad que algunos prefieren vivir engañados. Allá ellos.

Para los toreros, no. Para los toreros que saben lo que ven, el cine es hoy y lo ha sido siempre un medio imprescindible de poder acercarse a aquellos toreros que, por edad, no pudieron ver en las plazas (Uceda Leal en la filmoteca Gan revisa viejas cintas de JoselitoPepe Luis y Manzanares, padre)
Vayámonos al cine...

Visto lo dicho, creo que para entender en serio que diantres puede ser eso de la quietud en movimiento y dado que la fotografía -que capta un instante- no nos puede ilustrar sobre esa cuestión -que depende de una sucesión de instantes-, lo mejor será que vayamos a alguna sala de cine a ver películas de Juan Belmonte.

Hemos visto hasta la saciedad las imágenes de Belmonte en Nimes, el día de su reaparición. Esta vez vamos a tener la fortuna de disfrutar con unas imágenes mucho menos conocidas. Se trata de un documento excepcional, una filmación de la casa Cuesta de Valencia donde se recogen faenas de dos corridas diferentes en la plaza de Valencia, con el Gallo, Belmonte, Paco Madrid e Isidoro Martín Flores. Las faenas de Juan son del viernes día 5 de junio de 1914. El trianero acababa de tomar la alternativa a finales de la temporada anterior y ya desataba pasiones en los tendidos.

La película de la Casa Cuesta es un montaje de dos tardes de toros en Valencia. La corrida del 17 de mayo de 1914 con Rafael El Gallo e Isidoro Martí Flores y la del viernes 5 de junio del mismo año en la que torearon Belmonte, Madrid y Flores.
El Tío Candiles en la revista Arte y Cinematografía ensalzaba a los cuatro diestros y, muy especialmente, la labor de Juan Belmonte en una curiosa y divertida lección de toros y gastronomía :
"Pero... Belmonte ¡Que 75 metros de película! Floreos, valor, monerías en lo del capoteo y aluego. ¡qué tío más zaragata con la muleta! Eso no es pasar de muleta: eso es emborrachar al toro con Tío Pepe, Manzanilla, champagne, pechuguitas de ángel y arrope manchego, mezclaíto con miel de la Alcarria".
Y lo cierto es que Juan, fiel a su estilo, estuvo tremendo de valiente y acabó saliendo a hombros.

Por si lo anterior fuera poco, tenemos como proyectista nada menos que a Joselito el Gallo.


Gallito era un entusiasta del cinematógrafo y, al menos en sus primeros años, se hacía acompañar por un cámara profesional para grabar sus actuaciones. Hoy, sin embargo, que nos toca visionar películas de su gran rival Juan Belmonte, no está nada mal que sea el quien le haga de proyectista...

La película (The movie)

Nunca llegaremos a saber cuales hubieran sido nuestras sensaciones si hubiéramos podido ver torear a Joselito, Belmonte, Marcial, Chicuelo, Ortega, Manolete o Arruza, pero -gracias al cine- podemos saber como toreaban realmente.

Por lo que respecta a Belmonte, Juan no era un torero elegante, pero transmitía mucho en la cara del toro y su muñeca era excepcional, especialmente en el manejo del capote.

En su muleta predominaba el uso de la mano derecha, utilizando la izquierda en raras ocasiones. Un toreo aprendido en las noches de campo de Tablada ante reses corraleadas y resabiadas. Un toreo defensivo y nada escolástico que hoy es tenido por canónico.

Ese toreo aprendido en el campo, era un toreo basado en el regate, mediante un continuo movimiento de avance y retroceso; alternando, que no ligando, el natural con el de pecho (toreo en ochos), metiendo mucho la pierna, entrando y saliendo del terreno del toro de manera incesante.

Un toreo espatarrado, histriónico y muy efectista caracterizado por un leve parón en el momento del embroque estirándose el torero y componiendo la figura  lo que le daba un matiz muy fotogénico a su toreo. Ese parón era el momento aprovechado por los fotógrafos de la época para impresionar sus placas.

El "parón" en el momento del embroque le da mucha prestancia y fotogenia al lance. En la Edad de Plata, todavía el gesto se exageraría más.
Visto en fotografía, impresiona. Visto en cine... impresiona también pero de otro modo.

Un altísimo nivel con el capote (aunque la mano de salida va muy alta), pero de menor calado en la muleta, con un aire de toreo antiguo muy perceptible por ese empeño de torear alternando pitones.

En todo caso, lo que nos importaba era entender eso de la quietud en movimiento.

Parar no es lo mismo que estar parado

Creo que el propio vocablo ("parar") define y sentencia esa forma de torear.

Una cosa es parar y otra, muy diferente, estar parado. Solo se puede parar lo que está o estaba en movimiento. Para pararse hay que estar antes en movimiento. 

En el toreo que analizamos, del que es paradigma el toreo de Juan Belmonte, el diestro, en continuo movimiento, ganando siempre el pitón contrario al cruzarse, "para" un instante en el embroque y compone la figura. Hoy, por contra, en el toreo al hilo, citando con los pies asentados en el albero, sin cargar la suerte, sin cruzarse, el torero mantiene la quietud, "está parado", desde que el toro arranca hasta que pasa.

No digo que sea mejor o peor, no juzgo, pero si digo que el parar de la trilogía belmontina es muy diferente al quedarse quieto, al torear "sin menear los pies" del que hablaban las viejas tauromaquias, y que es base y fundamento del toreo moderno, del toreo que hoy se hace en las plazas.

Son dos modos muy, pero que muy diferentes. Lo vemos... en cine.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Cuaderno de notas (CII) El natural rodilla en tierra según Ortega Cano



"Analizando la fotografía pueden verse varias circunstancias importantes: al toro se le torea con las yemas de los dedos, que son las que sostienen la muleta, y se le lleva embebido en los vuelos, sin agarrotamiento alguno ni en la muleta ni en mi muñeca. Este toreo no podría hacerse si al toro y a la muleta no se le trata con delicadeza, pero también con firmeza, que no son incompatibles.

Torea todo el cuerpo, no sólo las manos. Torea la mitad inferior de mi cuerpo, que está fibroso y tenso, y aunque ahí se está cargando el peso, no está agarrotado. Y torea la mitad superior, que está en una postura completamente distinta a la que tienen las piernas. De la faja para arriba todo es relajación y naturalidad, desde los hombros hasta la cabeza y la cara, que con la mirada sigue el viaje del toro. Y el brazo que manda, tampoco agarrotado, y la mano que sujeta la espada, que no la aprieta, sino que la sostiene levemente, como indicándole al toro por donde tiene que ir.

La conjunción de todas estas cosas, de la parte fibrosa y de la parte relajada del toreo, es lo que hace que este sea grande."

Comentario de ORTEGA CANO en RAMÓN, José Luis, "Todas las suertes por sus maestros" (1ª ed., Madrid, Espasa Calpe S.A., 2000. Págs. 267 y 268
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Addenda: Si bien a este natural, José Luis Ramón, lo denomina en su libro natural por bajo (y lo es), he preferido denominarlo natural rodilla en tierra para evitar confusiones pues conviene recordar que el ayudado por bajo, por ejemplo, se da con el cuerpo erguido.

Bonus Track: El pasado domingo 21 de agosto, el diestro Javier Jimenez abría la Puerta Grande de las Ventas con una magnífica actuación donde desgranó una verdadera sinfonía del pase natural. Broche de la misma fue una de las postreras tandas a su segundo toro donde, entre una trincherilla y un pase de pecho (¡todo con la izquierda!), intercaló el natural de rodillas del que nos hablaba Ortega Cano en el libro de José Luis Ramón. Sensacional.

Lo vemos.


jueves, 1 de septiembre de 2016

¿El palillo se coge por el centro?

Por Jose Morente

Rafael Ortega en un magnífico natural con el palillo cogido por su extremo (Fotografía del libro "Todas las suertes" de José Luís Ramón)

Veíamos en una entrada anterior de este blog (¿Por donde se coge la muleta?) un fragmento de una película de Carlos Arruza donde Lorenzo Garza, al explicar como se debe torear, decía una cosa y hacía otra.

Garza comentaba, en esas imágenes, que había que cruzarse al pitón contrario y se quedaba al hilo y también decía que el palillo había que cogerlo por el medio y, sin embargo, lo cogía por el extremo cerca del cáncamo.

Algo parecido me he encontrado al releer, en el magnífico libro de José Luís Ramón "Todas las suertes por sus maestros", la definición de Rafael Ortega sobre como debe darse el pase natural.

Dice Ortega:
"Para torear al natural, el palillo de la muleta debe agarrarse dos dedos más atrás del centro. Cogiéndola todavía más atrás, el torero tiene más espacio para echar al toro hacia afuera".
Demasiado tajante para mi gusto, pero lo que más me ha llamado la atención no ha sido el texto sino la foto que lo acompaña y que es la que reproducimos al inicio de esta entrada. Una fotografía de un magnífico natural de Rafael Ortega donde se ve claramente que el torero de San Fernando está cogiendo el palillo justo por donde dice que no debe cogerse, por el extremo.

El maestro de la Isla -al igual que muchos otros diestros- incurre en el mismo contrasentido en el que incurría Garza: decir una cosa y hacer otra. Y es que, en el toreo, la teoría pocas veces coincide con la práctica.

La razón es elemental: el toreo no es teoría sino práctica.


Otro natural de Rafael Ortega también con el palillo cogido por el extremo y también excelente (Fotografía publicada en Taurología)


Postdata ante posibles objeciones: Es evidente que un grano no hace granero y una foto o dos no son representativas de un modo de torear (aunque resulta curioso ilustrar un texto con una foto que lo contradice). Es seguro que Rafael Ortega torearía muchas tardes al natural cogiendo la muleta por el centro del palillo. Estoy convencido de ello, como también estoy convencido que esa forma de coger la muleta no es garantía de mayor pureza ni de mayor riesgo. Es, eso sí, mas fácil de apreciar desde el tendido. Sólo eso.

Segunda postdata ante posibles objeciones: Como bien me señala en facebook un buen aficionado (Jose Manuel), las posiciones de centro y extremo son posiciones relativas (se refieren a más hacia el centro o más hacia el extremo), no absolutas. Rara vez la muleta se coge por su extremo o por su centro geométrico.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Cuaderno de notas (CI) El ideal del pase circular

Joselito torea al natural en redondo en Madrid, en 1918 (Del libro "El tercio de muerte")

El ideal del pase circular, como tantos otros matices del toreo moderno, pertenece a la inspiración, al poder, al saber, al orgullo de Joselito el Gallo, que en el pase natural quiso ser el más largo en mando, más largo que su hermano, más largo que Belmonte. lo cual logró el día de San José de 1917, en Barcelona, durante la faena que Díaz Quijano describió como la mejor de su vida:

"Dio Joselito tres naturales en redondo... uno de ellos sobre todo, fue tan largo, tan completo, que el toro describe casi un círculo entero en torno al torero erguido, inmóvil, majestuoso"

RYAN, Robert. "El tercio de muerte" (1ª ed., Madrid, Espasa Calpe, S.A., 2000. Pág. 140)