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| Joselito tras una estocada en la Maestranza (Detalle) |
| Poesía publicada en La Lidia el 30 de junio de 1914 |
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| Luis Miguel. Bendita soberbia y bendita chulería |
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| Un Gallo eufórico después de haber cortado el rabo (Fotografía facilitada por Alberto Franco) |
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Roca Rey toreando al natural y en redondo con el capote a una mano en Valencia (Foto de Mikel Ponce para ABC) |
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El impactante cite de Roca Rey con el capote a la espalda en Valencia (Foto de Alberto de Jesús para Mundotoro) |
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| Fotografía publicada en el Tomo primero del Cossío |
-¡Pues naturalmente, y el que quiera llevarme la contraria, que escriba otro libro como este!Que es lo mismo que, en la Escuela de Arquitectura nos enseñaba Javier Carvajal en su cátedra de proyectos.
-¡Eso soy yo!. Y se me ha ocurrido publicarla en el capítulo de "Tientas" con el siguiente pie: "Joselito tentando una becerra. Al fondo, dispuesto al quite, el autor de este libro". ¡Eh, qué tal? ¡Yo, haciéndole un quite a Joselito!
Por Jose Morente
Corte de coleta (simulado) de Rafael Molina “Lagartijo” (Fotografía de Tomás Molina)
Los toreros antiguos se iban y rara vez volvían, al contrario que algunos de los de ahora (y no me refiero a esas reapariciones aisladas por una sola tarde, que eso es harina de otro costal, sino a esas retiradas definitivas con corte de coleta -en la plaza o fuera de ella- incluido). Ese fue el caso de Rafael Molina “Lagartijo” quien se entretuvo en competir con Frascuelo durante veintitantos años a cara de perro, para después retirarse… y no volver.
Por aquellos tiempos de la retirada del primer Califa, circuló una fotografía del corte de coleta de Rafael. Una fotografía muy difundida que llegaría a publicarse, años después, en algunas revistas como el Sol y Sombra.
Sin embargo, el corte era simulado como le desvelaba, a Don Natalio Rivas, un amigo suyo cordobés en carta que aquel transcribió en su libro Semblanzas Taurinas (1ª ed. ; Editorial Mediterráneo, s.f., págs. 212-213). Decía así el corresponsal de Don Natalio:
“El que le corta la coleta a Rafael fue su barbero que se llamaba Miguel Carrasco Moreno. El testigo presencial es Antonio Bejarano Quesada (a) “Carrana” y la mujer que está en jarras, a la derecha del barbero es Dolores Bejarano Quesada, hermana del Carrana. El fotógrafo se llamaba Tomás Molina.
Me dice Carrana, único superviviente del grupo, que este es un simulacro a que se prestó Rafael por favorecer con la fotografía a su barbero: porque Rafael se cortó la coleta en su finca “Pendolillas” debajo de una encina y se la cortó Dolores Bejarano que, como creo que sabrás, fue la mujer con quien hizo vida marital desde que quedó viudo.
El patio que representa la fotografía es el de la casa en que vivía Dolores en la calle de Domingo Muñoz. Creo que los datos que te envío son los que deseas conocer. Un abrazo muy apretado de tu amigo Rafael”
El caso es que Lagartijo aunque se retiró una sola vez, tal y como mandan los cánones, se cortó la coleta, dos.
Por Jose Morente
Antonio Ordoñez toreando a la verónica en el Coliseo de Roma. Puro arte del toreo más puro.
Piensan algunos aficionados que el arte del toreo se puede reducir a una mera cuestión cuantitativa. Que el mérito artístico de un lance o de una faena (como el de un cuadro o el de una poesía o el de una sinfonía) se deben medir por las dificultades vencidas. Piensan que solo es arte lo que se consigue mediante el esfuerzo.
En esta fotografía de Antonio Ordoñez toreando a la verónica, y creando arte, en el Coliseo romano, no hay esfuerzo aparente. Por no haber, ni siquiera hay un enemigo al que vencer. Pero, sin embargo, nadie puede negar o dudar que la foto recoge un momento vibrante, de plástica expresión. Un bello momento.
Y es que, en el toreo de salón y las pruebas cantan, se pueden alcanzar momentos de una belleza inusitada pese a la ausencia del toro que, aunque ausente, se adivina y presiente –se hace presente- gracias al gesto del torero.
En el toreo de arte, el toro no condiciona el toreo aunque sea siempre su premisa necesaria. Al contrario, en el toreo de arte, es el propio toreo, con su belleza inútil, el que determina, condiciona y, a la postre y en cierto modo, crea al toro.
Por Jose Morente
Morante con la izquierda en su segundo toro. Eso es torear (fotografía de la web de la plaza de toros valenciana).
Goza y disfrutan los públicos con los toreros artistas, esos que desde el Lavi a Morante, pasando por Rafael el Gallo o Curro Romero se han movido en el filo de la navaja que separa el ridículo de lo sublime.
Ayer, Morante en Valencia pegó el petardo y pasó un miedo inmenso (“mucho miedo” dijo) en su primero, un complicado toro de Victoriano del Río.
Pero del éxito al fracaso (y viceversa) hay sólo un paso y, luego, en su segundo, cuarto de la tarde, de nombre “Cóndor”, número 59, tostado listón, de 491 kilos, con cuatro años y cuatro meses, de brava y bonancible embestida, un toro que se le entregó en la muleta, Morante hizo y dijo el toreo como sólo los artistas verdaderos y auténticos saben hacerlo y decirlo.
Pero en Valencia, en los dos primeros días y con dos más que interesantes y variadas corridas de Fuente Ymbro y Victoriano del Río, ha habido más, bastante más.
Así, a la magia de Morante, se le han unido el valor y la pureza, siempre auténticos, de Saúl Jímenez Fortes; el oficio y saber estar de Juan Bautista; el excelente y mecido toreo de capa de Daniel Luque y esa precisión extrema en el manejo de las telas del Juli, quien lleva un computador en la cabeza y que, para colmo, gasta bragueta.
No cabe encerrar el toreo en los estrechos márgenes de nuestras mentes siempre limitadas. Lo importante es que, todas esas emociones tan diferentes, son compatibles. Todas caben pues el toreo es inmenso.
Pero, eso sí, quede constancia, la guinda, la diferencia, la ha marcado el toreo eterno de Morante de la Puebla.
La media de Morante (Fotografía de Cultoro)
Por Jose Morente
Una escena inusual. Dos diestros, Cúchares y el Chiclanero, disputándose el privilegio de matar al mismo toro (Detalle de una lámina de La Lidia publicada el 10 de mayo de 1886)
La escena, representada en esa vieja lámina de La Lidia publicada el 10 de mayo de 1886, resulta rocambolesca pues nos presenta a dos diestros, Cúchares y el Chicclanero, armados con sus muletas y espadas, presentándose ante el toro a la vez y disputándose el honor de matarlo.
El pleito tuvo su origen en la pretensión de ambos de abrir cartel y en la actitud dubitativa e incapaz del Presidente de la Corrida de ese día, el Duque de Veragua..
El caso es que, ese año, estaba contratado de primer espada en la plaza de Madrid, el diestro de Chiclana, Joselito Redondo, pero encontrándose Curro Cúchares de paso hacia las plazas del norte, la empresa de la plaza de la Villa y Corte juzgó oportuno incluirlo en los carteles.
Comenzada la corrida, el Chiclanero quiso hacer valer su contrato mientras Cúchares defendía su derecho a matar el primer toro por su mayor antigüedad.
A ambos espadas les dio la razón, cuando subieron al Palco uno detrás del otro, el incompetente Presidente de la corrida, por lo que cuando tocaron a muerte, ambos diestros se dirigieron al mismo tiempo muleta en ristre hacia el burel. El Chiclanero consiguió darle un par de muletazos pero fue Curro, más listo, quien le propinó el sablazo que le finiquitó, que es el momento que refleja el grabado de la Lidia.
Lo curioso del caso, es que el argumento utilizado por el Chiclanero en defensa de sus pretensiones y frente al derecho de antigüedad de Curro Cúchares: hacer prevalecer el tenor literal de su contrato, fue el mismo que utilizó el pasado año (o sea, casi siglo y medio después) el diestro Alejandro Talavante en Málaga para justificar eludir el tradicional y reglamentario sorteo de las reses.
Y es que no hay nada nuevo bajo el sol.
Contrato de Pepe-Hillo con el empresario de la plaza de toros de Cádiz de 9 de marzo de 1793, reproducido en el número de la Lidia de 29 de noviembre de 1886. Las condiciones contractuales han sido clave en la definición del formato de la Fiesta de los toros y motivo de frecuentes pleitos y polémicas entre toreros, empresarios, ganaderos, autoridades y aficionados.
Por Jose Morente
Pepe Luis Vázquez (¡Pepe Luís!), de rodillas en un tentadero en el Toruño (Fotografía del libro “Viaje a los toros del Sol” de Alfonso Navalón)
Decían de él que no tenía bragueta. Una suerte para los demás pues -según Manolete rival y amigo- de tenerla les hubiera borrado a todos.
No la tendría pero ahí está en esa fotografía tomada en el Toruño de los Guardiolas, toreando de rodillas a una becerra de Pedrajas y replicando, en cierto modo y pasado el tiempo, a Marcial Lalanda, quien además de compañero de cartel algunas tardes fue también su apoderado y creo que su amigo.
La anécdota la contaba Alfonso Navalón en su imprescindible “Viaje a los toros del Sol”. El diálogo, que tuvo lugar una tarde de toros en la Malagueta, es de sobra conocido y aquí también lo hemos narrado pero no me importa reproducirlo.
-¡ Oye Marcial eso lo hace cualquiera! Le decía Pepe Luis al “más grande” quien gustaba de torear con frecuencia de hinojos.
- ¡Cualquiera que no seas tú! Le contestó el madrileño
Para demostrar quien tenía razón, Pepe Luis le salió esa tarde de rodillas a su toro (como años después le saldría de rodillas a la becerra de la foto).
Acabada la tanda de ayudados, sentenció:
- ¡ Oye Marcial. De rodillas, torea cualquiera. Lo difícil es torear de pie!
Pues eso. Lo dicho. Para Pepe Luis, quien en la foto torea de rodillas a una becerra de Pedrajas en un tentadero en el Toruño, lo difícil era torear de pie.
Por Jose Morente
Antonio Bienvenida acaricia la embestida del toro con la muleta en la mano derecha (Foto: Dinastía Bienvenida)
Es esta quizás una de las fotos de Don Antonio Bienvenida que más me ha fascinado desde siempre y eso que no es de sus fotos más conocidas o difundidas..
No será de las más conocidas pero me subyugan esas dos miradas tan fijas que no se ven pero que se intuyen: la del toro en la muleta y la del torero en los intuida mirada del toro. En su mirada que no en sus pitones.
Pero la foto enseña más, mucho más. Y es que la relajada postura del torero tiene de todo: Elegancia, concentración, displicencia, señorío, suavidad, templanza, enjundia, arte, naturalidad….
¿Para qué seguir? Basta con decir toreo y está dicho todo.
Por Jose Morente
Estocada de Vicente Pastor en México el día 1 de enero de 1919 (publicada en el Ruedo, nº 35 del 7 de febrero de 1945)
Acabo de encontrar esta vieja fotografía de una estocada de Vicente Pastor que me parece más que interesante.
Es fama que Vicente Pastor, que pasa por ser uno de los diestros más honrados de la historia del toreo, mataba dando un saltito que los aficionados de la época no paraban de recriminarle.
Corrochano, en su defensa, salió aduciendo que si el salto le permitía pasar antes el fielato, no le permitía corregir su posición y que Pastor cuando llegó a su decadencia ya no saltaba.
Lo interesante no es eso, sino que nunca había visto una foto de Pastor saltando y en el momento central de la estocada. La acabo de encontrar en el Ruedo y es la que acabo de insertar.
¿No resulta sorprendente el parecido con las estocadas del Juli que también mata saltando? A mí me ha dejado perplejo.
Es muy fácil buscarle defectos a lo que tenemos delante de nuestras narices y aún más fácil mitificar lo que no hemos conocido pero, dicho esto, ¿Habrá que revisar nuestra opinión sobre Vicente Pastor o lo que habría que revisar es nuestra valoración del tan manido julipié?
Por José Morente
Morante en Ronda. Las claves del toreo
Ir descubriendo en la red, poco a poco, las fotos de las faenas de Morante en la goyesca de Ronda es como ir traduciendo poco a poco los textos que acompañaban las pinturas egipcias.
En estas fotos de Morante están las claves del toreo igual que en la famosa piedra Rosetta estaban las claves de la escritura jeroglífica.
No se puede entender el toreo moderno (que es lo mismo que decir que no se puede entender el toreo) si no se entiende y comprende el toreo de José Antonio Morante de la Puebla.
La Piedra Rosetta de la escritura jeroglifica y la piedra Rosetta del toreo
Por Paco Carmona
Perera en Bilbao
Que Miguel Ángel Perera se encuentra en un momento dulce de su carrera no es ningún descubrimiento. Que esté poniendo el listón muy alto a sus compañeros, tampoco. Y que, su apabullante regularidad y superioridad sea garantía de éxito, está más que asegurado.
Pero, más allá de la estadística, se sitúa el Toreo y en estos momentos es el pacense quien marca la pauta. Esta gran fotografía de Arjona de hace unos días nos revela muchas cosas.
Nos advierte que Perera es el diestro que mejor resume las últimas tauromaquias. La fusión de ellas nos deja mucho a la imaginación y, en una misma faena, podemos ver fases de un toreo en redondo, limpio, de profundo trazo y belleza natural, y muletazos imposibles, de pitón contrario, cruzado y descruzado a la vez.
Ese toreo de abuso, de invasión de terrenos necesita de alguien que lo ejecute con total confianza para parar, enganchar y soltar una y otra vez a un toro tan bravo y de tan considerable volumen y pitones como el que vemos en la foto. Lo llaman toreo en ochos y el toro una vez reducido de poder y sometido al hombre, se entrega en círculos y surca curvas como nunca antes habíamos visto.
En esta nueva tauromaquia, se pierde la norma, no hay reglas escritas, no hay cánones marcados. Aquí, el fin justifica los medios y la finalidad es desbravar al toro con un trapo pero sin trucos. Para torear bien hay que ser, de arriba, pájaro y, de abajo, roca.
Entrega, firmeza y quietud, en definitiva valor, que es la base que permite desarrollar un toreo de una entrega y compromiso tan apabullante como nos muestra la instantánea.
Un toro que gira y esquiva a un torero que, más bien parece un roble con una seguridad aplastante, logra que tome de nuevo la muleta apartando si fuera necesario sus temidos cuernos que aquí parecen no servirle de nada.
Lo mejor de Perera es que su pureza de vanguardia no dice menos porque sea un torero de una gran capacidad e infinito poder con los animales, sino que su entrega y su compromiso le hacen evolucionar y torear cada día más sentido y mejor.
Esperemos que ese techo que no le llega nunca, se sitúe aún mucho más alto.
Postdata. La foto tiene su origen en Paco Ojeda, igual que Manolete miró a Chicuelo y Armillita bebió en José. No hay duda que Perera desde Bilbao miraba a Sanlúcar.
Por Jose Morente
Curro Puya toreando a la verónica
“He visto las fotografías de Curro Puya, el viejo, y es un desgarro… [Con la capa] se exponía tanto y tenía tal pureza que, cuando daba un pase, no pensaba más que en eso, en ese desgarro que le salía de dentro, con mucho dolor y que, entonces, proyectaba fuera”
Declaraciones de Pepe Luis Vázquez a François Zumbiehl recogidas en el libro “El discurso de la Corrida” (1ª ed., Barcelona, ediciones Bellaterra, 2009)