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jueves, 22 de septiembre de 2022

Eso no lo manda la ley. Sobre las faenas cortas y largas.

Por Jose Morente

La faena de Juan Mora en la feria de otoño de 2010. Faena corta, pero intensa, de mucho aroma y torería, de muchos quilates. Una gran faena. Mora estuvo sublime esa tarde. Faena para el recuerdo.

Sostienen los aficionados integristas que las faenas de muleta tienen que ser cortas. "Como manda la ley", dicen. Es una opinión que a priori parece  razonable pues "lo bueno si breve, dos veces bueno".

Sin embargo no comparto ese criterio. Eso de la faena corta, no lo manda la ley.

Me parece oportuno recordar una reflexión de Pepe Alameda sobre esta opinión muy extendida , que algunos aficionados quieren convertir en dogma.

"Una de los poderes maravillosos que le descubren a Juan[se refiere a Belmonte] es el de que, con el talismán del temple, puede hacer pasar al toro, aunque este no embista.

Pero Juan no da más que diez o doce pases, los que el toro tiene, los que corresponden a su primer impulso y facultades. En cuanto el toro no viene, la faena se acaba. Y entonces, ¿de dónde se saca lo del talismán? Pero responden: "Ah, no, es que esos son los pases justos, los que debe tener una faena"... No me diga. ¿En dónde está escrito eso, en el Partenón, en el frontispicio de la plaza de piedra de Ronda, la de los toreros machos o en las tablas de Moisés?..."

En la misma línea Corrochano en su crónica sobre la histórica faena de Chicuelo a Corchaíto (1928) a base de naturales, indica que los hubo para todos los gustos, y añade:

"Del mío, fueron los últimos naturales, cuando ya había que enganchar al toro en la muleta y tirar de él y hacerle pasar. Tengo mis preferencias. No me importa que el toro pase porque le dé la gana.; me interesa mucho más que el toro pase cuando le de la gana al torero, cuando sé que el toro ya no quiere y el torero tira y obliga y le hace pasar. Por eso la última parte de esta faena preciosista fue más de mi gusto."

Voy obviar el adjetivo de preciosista aplicado a una de las más grandes faenas de la historia. Una faena que cambió el rumbo del toreo, dicho sin exagerar. Porque lo que aquí me interesa comentar es la opinión de don Gregorio valorando más los naturales finales que los iniciales porque, en los primeros el toro pasa solo por inercia y, en los últimos, el torero tiene que tirar del toro.

En esas faenas cortas de 15 o 20 muletazos tan ensalzadas por los puristas, se aprovechan las arrancadas iniciales, las inercias, del toro y, aunque tienen su mérito (en eso discrepo de Corrochano, pues ahí es nada enaltecer al público con tan poco), tanto o más mérito tienen (y en eso si coincido con Corrochano) esos muletazos del final de la faena tirando del toro, cuando el toro pierde su empuje inicial y se para. Cuando el toro pasa porque quiere el torero, no por inercia. Opinión en línea con ese aforismo reciente que dice que: "el toreo empieza cuando se para el toro". 

Y conste que no defiendo la faena pasada de rosca, por exceso de muletazos, en los que se aburren el toro y el público. Esa no tiene defensa.

Opiniones hay para todos los gustos. Por eso bien está alabar y disfrutar con esas faenas cortas que emocionan por su brevedad y sorpresa, como la de Juan Mora en Madrid que recordábamos al principio de esta entrada, pero -como en el toreo no hay reglas fijas, salvo las que impone el toro- no deberíamos denigrar o criticar la faena más larga, aquella en la que, cuando el toro se para, el torero le obliga a pasar.

Disfrutemos con el buen toreo y vamos a dejar de encasillarlo en reglas y frases hechas que solo sirven para empobrecer nuestra visión de aficionados.

Como dice la letra de la caña:

A mí me pueden mandar
A servir a dios y al rey;
Pero dejar a tu persona,
Eso no lo manda la ley

Enrique Ponce ha sido torero de faenas largas y, precisamente, ha sido en esos tramos finales de esas faena con el toro parado donde ha conseguido los muletazos más largos y templados que, por inesperados, han calado enormemente en los públicos.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Cuaderno de notas (CXXVII) El toreo por una rendija

Por Antonio Lorca
Juan Mora torea en Reservatauro la finca -santuario del toro bravo- de Rafael Tejada en Ronda (Fotografía de Jon Nazca-Reuters)
Ese que ven ahí, a lo lejos, a través de esa rendija, es un torero, un artista, un maestro; aunque vista un ajado pantalón vaquero y camisa celeste de manga larga en lugar del reluciente y vistoso traje de luces. Se le ve en el porte, la apostura, la naturalidad, la cadencia… Aunque solo muletee a una noble vaquilla en el tradicional examen campero en el que se prueba a las llamadas a ser madres de fieros y encastados toros bravos.

Eso que ven ahí es torería, por las formas y el fondo de quien acaricia la muleta y la fijeza bondadosa del animal.

Pero todo es pequeño, o se ve diminuto, a través de esa rendija de una pesada puerta metálica que luce un cerrojo de grandes dimensiones que no se sabe si está cerrado o abierto.

Pero es el tentadero —espejo de la fiesta de los toros— el que parece enjaulado, como una metáfora de la pretensión de quienes consideran la tauromaquia una práctica bárbara y execrable.

Pero no debe de ser esa la intención del autor de la fotografía, que se ha limitado a buscar un ángulo diferente para que, al final de ese túnel verdoso de un ventanuco, destaque la grandeza del toreo.

Dan miedo el portalón de hierro y el vistoso picaporte, pero no sirven más que para resaltar la intimista ceremonia que sucede solo unos metros más allá, en la que un animal nacido para la emoción se somete a la prueba de bravura que lo convertirá, sin duda, en cimiento y simiente de la ganadería. ¿Y el torero?

Es un hombre maduro, digno y cabal, artista de los pies a la cabeza, un modelo para las nuevas generaciones. Sigue en activo, aunque no se prodigue ante los públicos. Pronto se cumplirán siete años de aquel 2 de octubre de 2010, cuando, en poco más de seis minutos, embelesó y cautivó a la plaza de Las Ventas, sublimó el toreo y dictó una inolvidable lección de catedrático emérito del toreo.

Y ahí sigue. Hasta en un tentadero, a través de una diminuta rendija, se vislumbra la gracia innata de quien nació torero. Su nombre, Juan Mora…

Este artículo de Antonio Lorca fue publicado en el blog de El País, el pasado 17 de agosto.

lunes, 26 de septiembre de 2011

¿Se acabaron los toros… en Barcelona?

 

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Cartel de la inauguración de la plaza Monumental de Barcelona el 27 de febrero de 1916 (Del libro “El cartel taurino, la sociedad y los toros. 1820-1920” de Ángel Sonseca)

Venimos de Barcelona, de cerrar la plaza de toros Monumental que, allá por febrero de 1916, inaugurara Joselito el Gallo y que un día de septiembre de 2011 ha cerrado el torero catalán Serafín Marín.

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Joselito el Gallo da la vuelta al ruedo en Barcelona, el día de la Inauguración de la Monumental.

Y digo que la ha cerrado Serafín para los anales y la estadística, porque el cierre simbólico lo puso José Tomás quien toreó como pocas veces he visto torear en mi vida de aficionado. Y ojo, que el sábado Juli, Manzanares y Morante compusieron una sinfonía multicolor muy difícil de igualar.

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De José (El Gallo) a José (Tomás). Casi 100 años de historia del toreo.

Después de visto lo visto estos dos días, creo que el toreo goza hoy de muy buena salud. Tenemos toros y tenemos toreros. O sea que, de decadencia, nada.

Eso, por dentro. Porque por fuera, es otra cosa. Fundamentalmente, por el cambio de mentalidad que respecto a nuestra relación con los animales han tenido las sociedades más avanzadas en los últimos años. Cambios que, creo, están dirigidos por políticos y mercaderes y que responden a intereses no siempre confesables o confesados.

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Los cambios de mentalidad de nuestra época, responden a fines políticos y económicos inconfesables, a veces, y suelen estar dirigidos por mercaderes y estadistas.

El problema está planteado. El dilema entre humanismo y animalismo (por llamarlo de alguna forma) también. Y la solución no parece fácil.

Los argumentos en favor de los valores éticos del toreo me parecen inobjetables. Hay están los magníficos escritos de mi buen amigo Andrés de Miguel. Sin embargo, no creo que prosperen ni que consigan romper la tendencia actual ya que existe una corriente de opinión muy fuerte en sentido contrario.

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Hubo quien celebró el cierre

Los planteamientos de algunos aficionados de radicalizar la fiesta (de volver a los orígenes, al toro fiero y al toreo lucha) no los veo viables ya que si algo nos enseña la historia del toreo (algunos de cuyos retazos gustamos de traer aquí)  es que esta no suele volver sobre sus pasos.

El toreo ha evolucionado siempre para acomodarse a los gustos y a la mentalidad de la sociedad del momento, acorde al sentir de los públicos, pero muy distantes de los criterios de los aficionados, que, casi siempre, hemos andado bastante despistados como profetas.

Ejemplo reciente: la actitud de algunos aficionados y algunos periodistas con José Tomás. ¡Se le acabó el crédito! decía un crítico taurino de uno de los diarios más relevantes. ¡Está acabado! apostillaban y coreaban los aficionados vehementes en la blogsfera. Y, sin embargo, ni se le acabó el crédito ni se acabó el torero.

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José Tomás. Crédito infinito de un torero inacabable.

Al contrario, Tomás (cuya hoja de servicios es una de las más impolutas de la historia del toreo) ha firmado en Barcelona una de sus mejores faenas. Sólo hizo falta que le embistiese con nobleza un toro. Igual que en Nimes. Lo que no le había ocurrido en sus anteriores comparecencias de esta temporada. Y, cuidado que sus faenas este año han sido magníficas y siempre por encima de las condiciones de sus toros.

Para mí, que el público en general atienda sólo al resultado lo comprendo. Pero que el aficionado y, sobre todo el periodista, no vaya más allá y no sepa o no valore el mérito de una faena técnica a un toro  complicado, no me entra en la cabeza.

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No siempre es fácil ver el mérito técnico que encierra una faena a un toro con complicaciones. José Tomás en su segundo.

Claro que hay aficionados y periodistas que no tienen estos problemas como mi amigo en la distancia Gastón Ramírez o como ese magnífico cronista riojano que se llama Pablo García Mancha.

Aconsejo leer a los dos si alguien quiere enterarse como estuvo de verdad JT en Barcelona. Para mí, en lo que coincido con ambos, mejor no es posible torear. Ni técnica ni estéticamente.

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Mejor no es posible torear

Y eso que, como decía antes, el día anterior vimos muy buen toreo. Muy técnico el Juli con dos toros muy complicados (¡Qué difíciles de verdad son los toros complicados -pero corregibles- de Núñez del Cuvillo! y qué mérito tuvieron las faenas de este torero el sábado pasado).

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Para torear hay que lidiar desde que sale el toro. El Juli lo hace.

Con mucho empaque Manzanares, que cuando un toro le mete la cara compone la figura como pocos.

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El empaque de Manzanares

Y (fuera de Concurso), irregular pero genial, Morante de la Puebla. El apogeo de la estética y el sentimiento …cuando le gusta el toro. Cuando quiere y cuando puede. Un torero de época. Más bien, de todas las épocas. El Rafael el Gallo de nuestros días.

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El Rafael el Gallo de nuestra época se inspira antes de la salida del sobrero. Un torero aparte

Con Tomás (técnica y arte sumos) torearon el domingo Juan Mora (puro sentimiento artístico aunque ayuno de técnica) y Serafín Marín (Muy técnico pero con escasos argumentos artísticos). Salieron los tres a hombros. Como habían salido también los tres toreros el día anterior.

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Juan Mora, con mucho sentimiento

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Serafín Marín, con mucha técnica

No. Repito lo que dije antes: Los problemas importantes de la Fiesta no están dentro sino fuera. Y es posible que se imponga la necesidad de cambiar lo de dentro para adaptarse a los tiempos que corren.

El debate está abierto. Los toreros parece que tienen las ideas más claras (o, al menos, más flexibles) que los aficionados y los periodistas. Véase la disputa de Castella vs Arnás a propósito de la supresión de la estocada en Ecuador.

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La sombra de duda que planea sobre la estocada

No importa quien tenga razón pero el problema está encima de la mesa y ese es el debate que habrá que afrontar muy pronto. La pervivencia de la estocada y la suerte de varas se discuten. El derecho a hacer daño público a un animal, por muy poco doméstico que sea este, está cuestionado y obliga a plantearnos si suertes tan primordiales, son o no prescindibles.

Al toro se le mataba antes para garantizar que, una vez picardeado, no volviese a salir al ruedo. Y se le picaba para que el torero tuviese opciones a la hora de matarlo (lo de justificar la suerte de varas como medio de probar su bravura –crecerse al castigo- a base de tundirle los lomos, creo que es mejor ni plantearlo).

Si se garantiza que el toro toreado no vuelve a la plaza, no es estrictamente necesaria la estocada. Si el torero puede con el toro sin picar (Y el torero de hoy día tiene una capacidad técnica enorme que no hace descabellado plantear esta hipótesis), no hace falta la suerte de varas.

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Al toro se le mataba para garantizar que no volviese a salir al ruedo. José Tomás en su impresionante estoconazo a su primer toro.

Si no se mata al toro ni se le daña. Si el toro no muriera en la plaza y, sin embargo, todo el riesgo lo asumiera el torero. Si la única sangre que se pudiese derramar en los ruedos fuese la de los toreros ¿se habría cerrado la plaza Monumental de Barcelona?

 

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En la foto, la Monumental de Barcelona en la última corrida. El debate sobre la capacidad actual de José Tomás lo cerró ayer el propio torero. El debate sobre el futuro de la Fiesta empieza –de verdad- hoy.

viernes, 10 de junio de 2011

Corrida de expectación....

Por el Divino Calvo

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La amargura de la incomprensión. Es muy dura (y, a veces, injusta) la profesión de torero

Miércoles, 8 de junio de 2011. Corrida de Beneficencia. Toros de Victoriano del Río (los cinco primeros) y de Toros de Cortés (el sexto). Para Juan Mora, Morante de la Puebla y El Juli.
 
Si a la que dicen que es la corrida más importante del año, le unimos un cartel inmejorable ya tenemos la primera parte de la frase “corrida de expectación”.  Las posibilidades de terminar la frase como todos ustedes saben, en Madrid se elevan de forma exponencial y este caso no fue la excepción.
 
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La exponencial predisposición a la contra de la “afición” (¿?) madrileña
 
Vamos por partes. Corrida de toros correctamente presentada. No se encuentra entre las mejores presentadas por este ganadero en este mismo coso, pero repito, a mi entender “correctamente” presentada.  Corrida vareada, no atacada de kilos, sobre todo los tres primeros. Se repite la historia. Cuando aparece la tablilla con un peso inferior a los 550 kg, en cartel de figuras, con ganadería de figuras…, se desata la caja de los truenos.
 

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Los tres primeros: Protestar por protestar.
 
Esto ocurrió en el segundo y tercer toro. Muy protestados de salida, lo que puso la tarde muy cuesta arriba. Tarde dura, típica de Madrid. Curiosamente, el sexto, que quizás fue el peor presentado al ser bizco de pitones y perder seriedad en su expresión, pasó desapercibido. Desigual en su comportamiento, viniéndose arriba y con complicaciones. Ninguno rompió en bueno, excepto el tercero, un buen toro que salió descoordinado. Este problema físico, condicionó toda su lidia, dotando de una irregularidad a su embestidas (se abría, se metía, movimientos extraños con los cuartos traseros…), que enmascaró su calidad. El público, más pendiente de reprochar la presentación que del defecto que tenía.
 
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Los toros tuvieron un punto de agresividad. Pero el torero (Juli) no se quiso dar por aludido.
 
 
Juan Mora
 
Pechó con un primero, que a pesar de su aparente flojedad en los primeros tercios, se quedó sin picar. Se vino arriba y desarrollo mucho sentido en la muleta por ambos pitones. Puso en serios aprietos al extremeño en las primeras series.
 
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A Mora le vino largo el toro… Y cortó la faena.
 
Cuando se atemperó un poco, permitió una serie por la derecha que pareció prender la mecha, momento en el que Mora decidió poner fin a su obra con hábil estocada, a cambio de un pitonazo en la cara. La gente se quedó a medias. Ese era el momento de apostar, tragar y hubiéramos resuelto la duda con la que nos quedamos.
 
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En el segundo de su lote, las ganas de agradar del torero se vieron difuminadas por los enganchones de las telas durante toda la lidia (en el quite a pies juntos de réplica a uno por chicuelinas de Morante, y en la muleta). Unas veces por el viento, otras por un tornillazo del toro, y otras por anteponer la estética del muletazo al tratar de resolver los problemas de la embestida. El caso es que aquello no cuajó. Mora comprobó la diferencia entre el ambiente de una tarde venteña de otoño en un cartel sin figuras, y una tarde de relumbrón. Pero que le vamos a contar a aquel que lleva veintiocho años de alternativa.
 
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Morante de la Puebla
 
Si bien el lote de Morante, no fue para el cante grande que se espera de este torero. Tal y como señalaba “Clarito” en las crónicas de Sevilla y Jerez, el de la Puebla no parece atravesar un buen momento. Después de la magia derrochada en Vistalegre en la Feria de Invierno, su temporada no ha vuelto a alcanzar estas cotas.
 
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Está bien, pero falta algo.
 
En ningún momento creyó, ni apostó por el triunfo. Sólo reseñable alguna verónica aislada y un quite por chicuelinas al segundo de Mora.
 
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La chicuelina de Morante
 
Julián López “Juli”
 
Con la tarde cuesta arriba, El Juli, se convierte en el blanco perfecto para centrar las iras de cierto sector, como causante de todos los males de la tarde y… de la fiesta. Como ya hemos señalado, el tercer toro, quizás algo falto de remate, vareado pero serio. Calificado como “ratón” por los de siempre, y a Julián como “fraude de figura”. Lo único cierto de la frase es su última parte. El Juli es una verdadera figura.
 
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El toro se frena y busca, el torero ejecutando la suerte con pureza y verdad.
 
Como tal, se impuso al ambiente y a la descoordinación del “Victoriano”. Faena para el toro, al que fue afianzado. Tuvo como hándicap, la estética, que no es el fuerte de este torero, y que para resolver los problemas del toro, su labor por momentos fue despegada. A mi entender buscada a propósito. Si se hubiera cruzado mucho, habría perdido largura en el muletazo, hubiera sido arrollado por el movimiento anómalos de los cuartos traseros y habría descompuesto aún más al toro.
 
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Fue alternando series por uno y otro pitón. Una muy buena al natural. Hasta que el toro buscó tablas. Siempre a más, de forma que el resto de la plaza acalló a ese sector. 
 
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Poderío y mando a un toro muy descompasado de Victoriano del Río.
 
No sabemos si por el defecto del toro o por un toque muy brusco de la muleta, la estocada hizo guardia, momento que se celebró por algunos como un gol en el Bernabeu (me resulta difícil de comprender esta actitud).
 
 
Una mala estocada. La colocación del estoque no es de recibo. ¿Accidente o mala ejecución?
 
Se invirtieron las tornas, se calló la mayoría, se impusieron los pitos y la posterior bronca injustificada de estos. Al Juli, se le puede achacar su forma peculiar de ejecutar la suerte suprema, pero en ningún caso que se va de la suerte. Esta colocación es fruto de un accidente y no el resultado lógico de irse de ella.
 
En el último, del hierro de Cortes, la tarde estaba vencida.
 
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Aunque la tarde iba vencida, salió a relucir el muy buen toreo del Juli también en este toro.
 
Momento aprovechado para sacar la famosa pancarta contra “…el fraude de la fiesta y el monoencaste Domecq”. Qué curioso, cuando el toro que estaba en el ruedo, aunque también propiedad de Victoriano del Río, era de encaste Atanasio (vía Bayones). No se podía dejar pasar la última oportunidad de salir en la tele, aunque no procediera el momento.
 
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El de Cortés.
 
Resumen
 
Ni terminó de romper la corrida, ni los toreros… ni el público y como no podía ser de otra forma acabamos la crónica con
 
… corrida de decepción.
 
 
 
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Crepúsculo de la tarde en la plaza de Madrid. Pero también, crepúsculo de una afición desorientada y maleducada. ¡Lástima!
 

Fotografías: Juan Pelegrín (Pagina web de Taurodelta). Selección de fotografías y comentarios a pie de fotos: Jose Morente

jueves, 3 de marzo de 2011

Monumento al toreo de Morante

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Buena se ha armado con la primera corrida de interés del año. Me refiero a la del domingo pasado en Vista-Alegre (Madrid) donde actuaban Juan Mora, Morante y el Cid con toros de Núñez del Cuvillo.

Leo la crónica de Vicente Zabala (que me merece confianza) y aquello fue una sinfonía espectacular de Morante. Leo la de Antonio Lorca en el País y aquello fue un timo.

El caso es que sigo sin aclararme. Pero me acuerdo que al día siguiente del festejo un amigo mío, que firma como “El Divino Calvo”, me había enviado sus notas sobre el mismo. Releo su crónica (en realidad reseña al estilo antiguo, toro por toro) y ¡Oh, milagro! Me entero de todo y me empieza a cuadrar lo que dice Zabala y lo que dice Lorca (tan distantes entre sí).

Como me parece de sumo interés (para mí lo ha sido) la publico en el Blog.


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La corrida del Domingo en Vista-Alegre

Crónica de “El Divino Calvo”

Cuando la tarde estaba muy cuesta arriba y todo se iba al traste… llegó el genio de la Puebla.


Pero primero, vamos por partes. Tres cuartos de entrada, que junto a la poco más de media entrada del día anterior, hacen un bagaje de asistencia de público a la feria de invierno, muy pobre. Con esa carcelería en una plaza de 14.000 localidades y en Madrid, deberían haber colgado dos veces el cartel de “no hay billetes”.


Conclusiones: Primero, los treinta llenos de San Isidro son una farsa. Están amparados por el abono “cautivo” y con carteles mediocres se consiguen llenos, que financian el canon de la plaza y el resto de una temporada deficitaria. No se ajustan a la demanda del público, pero son obligados por el pliego. La empresa forzada por la Administración, sólo busca cubrir el expediente en los carteles de verano, y obligar al aficionado-abonado a financiar el resto de festejos del año.


Segundo, en tiempos de crisis, además de grandes carteles hay que tener un poco de imaginación y fomento. Precios carísimos, comparados con Las Ventas, no si los comparamos con las plazas del sur (excepto Málaga). Hoy en día, no muchas parejas se pueden permitir gastar 100 o 150 € en dos horas (sin garantía de ver algo excepcional). El único torero que garantiza la excepcionalidad es José Tomás, por eso es el único que revienta la taquilla.


Presentación de los toros de Cuvillo.


Para mi la corrida fue muy desigual, con dos o tres toros que por su presencia nunca debieron ir en esta corrida. No soy partidario del toro grande, ni de juzgar el trapío del toro sólo por el peso o por lo pitones. Pero esperaba una corrida más en Cuvillo, estrechos de sienes pero ensañando las puntas. En ese tipo, sólo salió el sexto, un jabonero precioso, el mejor del festejo. Vale que sea una plaza de segunda, pero estamos a las puertas de Madrid. Cuvillo tiene apalabradas tres corridas para Madrid, Sevilla, Pamplona, Bilbao, Málaga, Barcelona… Resulta que quiere lidiar en todos estos sitios, y tiene que renunciar a sacar una corrida en tipo y acorde a la categoría que se quiere dar a Vistalegre (al menos en precios).


No obstante, Cuvillo es Cuvillo y al final salieron dos toros que salvaron el festejo. El quinto de Morante, un toro muy dulce, que quizás se vio un poco mermado por una voltereta. Y un gran sexto. El mencionado jabonero, de nombre Lanudo, por lo que supongo que debe ser hermano de un toro indultado por Perera el año pasado en Algeciras, con el mismo nombre. Se le dio la vuelta al ruedo, polémica, pero con independencia de esta valoración, un gran toro.

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Juan Mora. Sólo destellos


Juan Mora dejó destellos del toreo que atesora. Su primero, el menos malo de su lote incluyendo el sobrero que regaló, permitió una faena llena de detalles, pero que no pudo coger mayor altura. Precioso y muy torero en su inicio de faena al segundo, rodilla en tierra, que sólo pudo quedar en eso. En el “de regalo” hizo un esfuerzo en un toro pegado al piso. Se metió entre los pitones. Aunque valoro su esfuerzo, personalmente me gusta mucho más el “otro Mora”. Quizás no era posible otra cosa.


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Un toro anovillado


El segundo de Morante estaba muy anovillado, de comportamiento muy desigual, probón e incierto. El de la Puebla hizo un gran esfuerzo y tapó las dificultades del toro. Creo que gran parte del público no percibió esas dificultades. El inicio de faena por ayudados, por alto y por bajo sublime. Aunque la faena no llegó a coger gran altura (en parte porque el público espera el cante grande y si no lo ve, pronto se desencanta). Este va a ser un hándicap con el que deberá convivir Morante. Ya lo ha vivido en varias tardes la Maestranza. El que no lo sepa apreciar, él se lo pierde. A mi me encantó.


Mosqueo del público


El tercero desató el enfado del público, que ya estaba un poco mosca. Muy estrecho de sienes, muy acapachado. A la forma de sus pitones se unió su forma de moverse (se abría mucho en su embestida). Daba una sensación rara de movimiento, como si tuviera un defecto, aunque creo que no era tal. El caso es que se pidió fuertemente la devolución, que el Presidente no concedió. No echaron cuentas al Cid. Y la tarde se puso muy cuesta arriba. En el cuarto ya comentado de Mora, la cosa no mejoró… y cuando parecía que todo se iba al traste… apareció Morante.


El genio de la Puebla


El segundo toro de Morante no se definió de salida con el capote, además se pego una fuera voltereta (por humillar). Quizá por esta razón y aún en contra del público, se le pego muy poco en varas. Por cierto, en mi opinión, se hizo el tercio de varas de forma muy coherente, picotazo en el primer puyazo (justo después de la voltereta), El público pitó que no se le pegara fuerte. Pero Morante, dio varios capotazos, comprobó como estaba el toro, midió y se dio un segundo un poco más fuerte, pero sin exageraciones y eso dio paso a una gran obra. Si hubiera hecho caso al público, se le pega duro, pierde una mano, más el enfado del respetable por el desarrollo-presentación (todo incluido) de la corrida. Toro para atrás y la corrida definitivamente al traste.


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Inciso obre los primeros puyazos. Si le pegas fuerte en el primero y te pasas, ¿Donde mides al toro? ¿Para que están el segundo y tercer puyazos? Hoy en día se ha impuesto, que una buena suerte de varas hay que pegar duro en el primero, unas veces forzados por el público y otras por los matadores que tiene miedo que les cambien el tercio. Cuando debería ser siempre al revés. Esta debe ser una las premisas para recuperar la suerte de varas.


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Comentado esto, el toro quedó con una embestida muy dulce, caramelizada aún más con el toreo de Morante (como decía Manolete de Pepe Luís Vázquez, “su toreo rezuma almíbar”). Prodigiosas muñecas. Gran inicio, como no. Dos buenas series con la derecha, una sublime. Al natural la faena no decreció, es más, subió en dos o tres naturales, largos, suaves, hondos, aroma puro. Cierre por ayudados por alto, por bajo… colosal. Pinchazo en todo lo alto, tirándose muy derecho. Estocada trasera y casquería para premiar una obra de arte, monumento al toreo. Al final mirada al cielo de Morante. Pepín Martín Vázquez desde el cielo, debe estar orgulloso del torero que mantiene el legado de la escuela sevillana.


4495130292_294cbda856El toro de la puerta, no el que salió por chiqueros


El Cid con un gran toro


Termino con el sexto, el del Cid (el de regalo de Mora ya está comentado). Tuvo el trapío que se espera de Cuvillo y para esta plaza, sin exageraciones, estrecho pero enseñando las puntas, muy armónico. Toro pronto, profundo, sobre todo el la muleta. No hizo gran pelea en varas. ¿Polémica la vuelta? Da igual, un gran toro. Esperaba mucho más del Cid, después de su temporada americana. Se le vio un poco ansioso, como con ganas de demostrar que ha salido del bache. Dio dos o tres series correctas con la derecha pero como con prisas, sin llegar a soltar la embestida del Cuvillo. Cuando se cambió a la izquierda todo se diluyó. No cogió bien la distancia en la primera serie, muy en largo. En la segunda el toro quedó un poquito corto. No hubo acoplamiento. El Cid tuvo miedo que la faena cayera y no volvió a porfiar más por ese pitón. Volvió al derecho, pero acortando la distancia, para dar un circular y un molinete, ahogó al toro, y la balanza cayó a favor de este último. Gran estocada. Petición de oreja mayoritaria y el presidente incomprensiblemente concedió dos. Con merma de la categoría de la plaza y del festejo.






En la descarga del Cid, diré que es muy difícil torear después de una gran faena del genio de la Puebla.

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Una imagen de la plaza antigua