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miércoles, 26 de mayo de 2021

Juan Ortega en el aire de Pepín

Por José Morente

Natural de Pepín Martín Vázquez en un tentadero. Sobran los comentarios.


El toreo de Pepín

Pocos toreros han toreado como él. Pepín Martín Vázquez gustaba del toreo relajado y natural, basado en mínimos movimientos de la muñeca o los dedos. Citando de perfil y con la muleta a la altura de la cintura, dejando llegar al toro y acompañando con suavidad para enganchar un natural tras otro. Sin estridencias ni violencias. Toreo de alta alcurnia. Toreo elegante, de guante blanco. 

La foto del natural que encabeza esta entrada exime de cualquier comentario. No se puede torear más relajado ni se puede estar más tranquilo delante del toro. El muletazo se adivina lento y parsimonioso.

Si bien es cierto que cada torero, cada buen torero, tiene su propio estilo, no lo es menos que el torero, como todo artista, no crea de la nada, sino que se inspira en el toreo de aquellos que le han precedido. Ya sea para tomarlos como referencia o para superarlos o contradecirlos. Es un proceso creativo complejo que se caracteriza por la mezcla de ingredientes diversos. Lo importante es que el artista, el creador acabe incorporando todas esas referencias pasándolas por el matiz de su propia personalidad. Es lo que hizo Pepín con el toreo de Manolete.

Pepín Martín Vázquez bebió en la fuente limpia y clásica de Manolete pero le imprimió, al toreo seco y austero del genial cordobés, los aromas sevillanos del mejor Chicuelo. Era esa su forma de ser o estar en la plaza. Una mezcla explosiva y adelantada a su tiempo que todavía sigue dando sus frutos.


El toreo de Juan Ortega

Juan Ortega es torero de nuestra época. Una época que exige, igual que pasaba en la edad de Plata, una gran capacidad técnica. Hoy muchas cosas (los matices del cite y la colocación de la muleta, por ejemplo) son diferentes a los de la época de Pepín. 

Pero salvando las distancias de tiempo y estilo personal, el toreo de Juan Ortega bebe en la fuente puras del toreo de Pepín. Su devoción o pasión por el torero de la Resolana es conocida y declarada. También por otros toreros de clase como Pepe Luis Vázquez, pero sobre todo por Pepín. 

Ese gusto por un toreo de mínimos gestos, que casi elimina los movimientos del torero ("menos es más", que dijera Mies Van der Rohe), con unos movimientos que nunca son bruscos ni violentos, ese gusto por el temple y por las cadencias, por la naturalidad que propicia cierta verticalidad o esa demora o falta de prisa evidenciada en la ejecución de las suertes, tan despaciosas, tan lentas, hacen de nexo, de fuerte nexo, a través del tiempo, entre el toreo de ambos toreros. 

Para suerte nuestra.





La fotografía lo dice toro. El toreo de Juan Ortega en el aire de Pepín.


miércoles, 21 de octubre de 2020

Volver a la pureza del toreo

Por Jose Morente

Pablo Aguado. Toreando con los vuelos de la muleta

Tengo para mí que estamos asistiendo a un cambio de ciclo taurino. Después de varias décadas de toreo centrados en la técnica, el toreo que llaman "de siempre" vuelve a estar de moda. De hecho, nunca ha dejado de estarlo.

Los síntomas son claros y evidentes. Y conste que hablo de los gustos del público. Siendo indiscutible el tirón taquillero de Andrés Roca Rey, el incontestable triunfo de Pablo Aguado en la feria de abril de 2018 fue ya un claro aviso de lo que afirmamos o intuimos. Las tardes de Juan Ortega en Linares o Jaén el pasado año, confirman esa tendencia.

Y no es el hecho en sí del triunfo. Hoy cualquier torero al que le embistan sus toros como le embistieron los jandillas a Aguado o el Victoriano del Río a Juan, puede torearlos a un nivel similar al de los dos toreros sevillanos, sino que me refiero más bien al alborozo con que ese toreo fue recibido en la plaza y en la calle. Y cuando hablo de la plaza y de la calle no me refiero solo a los aficionados conspicuos, siempre añorantes de esa forma de torear, sino del sentir común del público que es lo que realmente importa.

Llevábamos mucho tiempo con el toreo debatiéndose entre la técnica y la épica y donde el arte (la estética) aparecía solo como un plus añadido, un regalo que llegaba, cuando llegaba, después de dominar al toro (la técnica) o sobrevivir a sus acometidas (la épica). Eso ya parece cosa de un pasado cada vez más lejano por mor de la pandemia. Hoy parece que se impone nuevamente el toreo que se basa en el gusto por torear, por el placer de torear. Ponerse ante el toro de forma natural y relajada, vuelve a ser paradigma de nuestra época (¿Tendrá eso algo que ver con el cambio, también evidente, de ciclo económico o sanitario?).

Juan Ortega. Toreando con la mano derecha sin ayuda ¡también con los vuelos!

Un triunfo de la estética que llega -como siempre- tras una dura etapa de adaptación al toro. Muy similar a lo que ocurrió en la nunca bien ponderada edad de plata. Dura época. No lo olvidemos, pues en el toro, en su comportamiento, está siempre la clave de todo lo que pasa en los ruedos.

¿Cómo es el toro de hoy?

En mi opinión, perdidos en el estéril e inútil debate de ganaderías comerciales y ganaderías duras (tan rentable a veces para unas y otras, para unos y otros), no nos hemos percatado del importante y radical cambio de comportamiento del toro de lidia en las últimas décadas. 

El toro que hoy sale a las plazas, no es sólo uno de los más grandes, por edad y volumen, de la historia, sino que, aumentado su manoseo en las dehesas y entrenado los correderos, es también uno de los más complejos de torear.

Y no me refiero, es obvio, a esa dificultad obvia del toro manso de sentido que hace imposible el buen toreo por exceso de malicia, toro que hoy -por suerte- no abunda, sino a esa dificultad para redondear una faena plena que se deriva de la falta de entrega de la mayoría de los astados que hoy se lidian. Un toro que se siente tan fuerte y poderoso, no acaba nunca por entregarse totalmente.

La adaptación a ese toro ha sido muy dura (no podemos olvidar las muertes de Iván Fandiño y Víctor Barrios) y los toreros de nuestra época han tenido que recurrir a una técnica evidente y depurada para poder sobrevivir (las escuelas son una necesidad, no un fastidio como sostienen algunos).

Un periodo de adaptación duro, muy duro, pero que ha sido necesario para que hoy el toreo se pueda plantear cómo se está planteando para deleite de los aficionados ¡Puro arte o arte puro!

Morante en Córdoba, siempre puro arte, arte puro.


El año de Gallito (extraño año en todos los órdenes incluido el taurino) ha sido el del retorno de una manera intemporal o eterna (da igual) de entender el toreo.

domingo, 18 de octubre de 2020

Cuaderno de notas (CXLIII) Ha toreado Juan Ortega

 Por Zabala de la Serna

Juan Ortega en Jaén


En un solo quite por chicuelinas Juan Ortega había borrado toda la tarde. Toda la crónica. Todas las letras del abecedario. Ido el sol, caída la noche, la luz se hizo. Fue la escultura a Chicuelo y su deslumbrante broche un anuncio, el momento exacto en que Ortega sacó la escoba. Y luego brindó al público la gloria. Pues gloriosa fue la faena. Desde que acarició por alto los ayudados. Que barrían sedosos el lomo de Basurilla, el toro más fino, el más lindo, el de más clase. A calidad más calidad. Y esa brotó de las muñecas paroxísticas de Juan. Para inmortalizar el toreo, reducirlo a las esencias de la naturalidad. Donde todo es cadencia, y lentitud, y armonía. Había poesía la torería desnuda de toda alharaca. La ligazón del natural con el de pecho, tal como los cantaba Belmonte, vertían el cuenco de las maravillas. Qué despacio discurrió todo y qué pronto pasó. Después de tanta espera. Después de tanta nada. Al fin, el todo.

Juan Ortega enterró la espada en el segundo viaje. Y estalló la plaza, desgañitada, afónica ya por entonces. Ronca de jalear el sueño del toreo. Cayeron las dos orejas con una fuerza atronadora, borrando todos los demás trofeos conquistados. Y los recuerdos amargos con el hondo toro tercero que se agarró a la tierra como un buque varado. Ortega barrió todo con su escoba. Como el lomo de Basurilla, arrastrado en una vuelta al ruedo por el pañuelo azul.

Zabala de la Serna, "Hasta que Juan Ortega sacó la escoba" en El Mundo. 17.09.2020

La gran estocada de Juan Ortega a Basurilla de Victoriano del Río

El toreo de Juan Ortega en Jaén

Música: Adagio en G menor. Albinoni / Imágenes: Movistar plus






viernes, 23 de agosto de 2019

Juan Ortega, las chicuelinas en el aire de Chicuelo

Por Jose Morente
Una de las chicuelinas del excepcional quite que dio Juan Ortega en Málaga por este palo mirándose en el espejo de su creador (Foto: Hugo Cortés)
Una chicuelina de Chicuelo (Foto: Archivo Dinastía Chicuelo)

El pasado día 20 de agosto, el diestro Juan Ortega entró en los carteles de la feria de Málaga en sustitución de Sebastián Castella ante una mansa corrida del Puerto de San Lorenzo. Su actuación, muy torera estuvo plagada de múltiples detalles entre los que me apetece destacar un sensacional quite por chicuelinas, mirándose en el espejo del torero de la Alameda, al sexto toro de la tarde. Puede verse aquí a partir del minuto 6:18.

De Chicuelo a la fecha muchas son las chicuelinas que se han dado y muchas las que uno ha podido ver. Chicuelinas de todos los colores, formas y estilos. La chicuelina, el lance que puso en pie Chicuelo a partir de la vieja Navarra, ante la inesperada acometida de un toro, es hoy por hoy un lance recurrente que prolifera por doquier. Chicuelinas de frente y de perfil; esperando al toro o echando el capote adelante; garbosas (tal cual las daba Manolo González) o tremendas (¡Ay, aquellas de Manolete en la corrida de Coaxamalucan con Pepe Luis en México); hondas o ligeras; a toro parado o de salida; a pie firme o al paso... buenas y malas. 

Tanto se han visto, este y otros lances similares, que Corrochano llegó, en pública y pretendidamente jocosa denuncia, a indicar que, viviendo en época de grandes inventos, todos los terminados en "ina" menos la penicilina eran invento los toreros. Antibióticos del toreo, les llamaba.



Era una crítica a los inventos, a las nuevas suertes. Pero se equivocaba de plano el dogmático crítico de ABC, pues la valía y mérito de una suerte está al fin y al cabo no en su antigüedad, sino en su esencia y, sobre todo, en quien y como la practica y su profusión es únicamente indicio de que satisface los gustos del público. Hoy y siempre, la chicuelina ha sido y será piedra de toque de los buenos toreros. Ahí es nada atreverse con un lance creado por un torero tan genial como Manuel Jiménez Chicuelo y que han practicado otros toreros no menos geniales que su inventor. ¡Vivan las chicuelinas!

Aquí como prueba un ramillete de ellas...

Chicuelo. El modelo original. Arte en estado puro. La fuente en la que tienen que beber todos los que se acerquen a este lance. Chicuelo citaba con las manos altas y en posición de tres cuartos.
Manolo Bienvenida. Oro puro de ley en una chicuelina para la posteridad con las manos algo más bajas. Así también las daba Chicuelo.

Antonio Bienvenida. Estética indiscutible en una chicuelina con las manos muy bajas. Tan bajas que exige un toque para desplazar al toro.
Paco Camino. Citando con las manos altas pero de frente al toro y trayéndole muy toreado. El de Camas siempre aportó algo nuevo a todas las suertes que ejecutaba.
Manzanares padre. Clasicismo en vena de un torero en el que se miraban los otros toreros. Estética y personalidad a raudales.
Morante. Miles de registros en el torero de los mil matices. Un ideal de torería indiscutible pero discutido.
José Tomás. La novedad del cite con el compás abierto. Ensanchando el toreo.
Lance sutil, la chicuelina puede también cantarse por lo jondo. Registro dramático en una ajustadísima chicuelina de Saúl Jiménez Fortes.

viernes, 30 de marzo de 2018

Postales taurinas (XXIV) Una estocada de Juan Ortega

Por Jose Morente


El pasado domingo 25 la atención la teníamos puesta en Madrid donde toreaba Saúl Jiménez Fortes, una corrida de Victorino. Fortes se encontró con dos toros que permitieron enseñar al público madrileño (no todos lo vieron) su concepto puro del toreo.

Mientras tanto, al otro lado del charco toreaba en Jerez, Zacatecas, ese torero sevillano que se llama Juan Ortega. Entre las buenas fotos que nos han llegado, me ha llamado la atención esta de una espectacular estocada. 

Es muy difícil ver una imagen así en una suerte tan complicada. Ni los toreros de arte, casi siempre medrosos, ni los grandes lidiadores, siempre atentos al menor gesto del animal y poco dispuestos a perder la cara del toro suelen matar bien.

Aquí tenemos la excepción, Juan torero de mucha clase y buen gusto toreando, está perfecto en la suerte suprema. La forma de coger la muleta con la mano izquierda, el pincho del palillo en el hocico, sin tapar la cara del toro, el codo doblado marcando la salida, la pierna derecha pisando el terreno más comprometido. La colocación del estoque en las mismísimas péndolas. Ese toro que humilla. Ese torero que se entrega.

Lo dicho, una gran estocada.


lunes, 22 de mayo de 2017

"Tercio de Quites". Una gran tertulia taurina y cordobesa

Por Antonio Luis Aguilera

En Córdoba, en la explanada de la Plaza de toros, antes de salir hacia la finca de Jacinto Ortega para asistir el pasado sábado a un tentadero de su ganadería. Una ganadería rara avis en el actual panorama ganadero pues tiene puro abolengo veragueño (el más puro según los estudios de la Unión sobre el ADN). En el grupo -buen grupo- nos acompaña también, otro amigo nuestro y de la Tertulia, el joven y gran aficionado mexicano Manolo David Castillo (Fotografía de José Luis Cuevas)

NOTA de LRI
: Confieso que esto de las asociaciones siempre me ha traído un poco al pairo y es que, a lo largo de mi vida, he preferido andar por libre antes que tener que marcar el paso al compás de un grupo cualquiera y es que, lo de las Asociaciones, Comités, Sindicatos, Partidos, etc. siempre me ha parecido más una forma de medrar o figurar que de involucrarse en causas que merezcan la pena.

Sin embargo, es evidente que no se puede aplicar el mismo rasero a todos estos grupos. Quizás por eso, últimamente uno ha acabado por implicarse con varios de ellos pero es que, como digo, no es lo mismo aprovechar y utilizar a los que nos rodean para defender intereses personales indefendibles o inconfesables. que luchar por fomentar o difundir la fiesta o, más sencillamente, reunirse  con los amigos para pasar un rato hablando de toros o de flamenco.

De este último tipo, el del grupo de amigos que se reúnen de vez en cuando sin más interés que hablar de su afición común (los toros en este caso), es un buen ejemplo la tertulia taurina cordobesa "Tercio de Quites", con la que compartimos el pasado sábado -en la casa ganadera de Rodolfo, Jacinto y Cristina- una jornada entrañable e inolvidable.

Decía el Selu: "Mis amigos van a hacer fiesta en la Peña/Mis amigos van a hacer una excursión/Mis amigos van a hacer arroz en el campo/Y van a hacer jornada de mus y dominó"... Pues eso


Tertulia "Tercio de Quites" (Córdoba)

Por Antonio Luis Aguilera

Treinta y dos años han pasado desde que unos aficionados decidieron agruparse para empaparse de los conocimientos y experiencias de quienes de verdad pueden enseñar con autoridad de la materia: los profesionales del toreo. Así nació “Tercio de Quites”, con la filosofía que retrata Alberto Cortéz en su canción “Qué suerte he tenido de nacer”, donde tras este verso dice: ...para callar cuando habla el que más sabe, aprender a escuchar, esa es la clave, si se tienen intenciones de saber. Así, propiciando un clima de respeto y admiración hacía los invitados, conscientes de que se trataban de unos privilegiados cuando alguien les acompañaba, semana tras semana con formato de año académico, han transcurrido más de tres décadas hablando del toreo y compartiendo experiencias únicas en torno del toro bravo.

Ganaderos, toreros, apoderados, empresarios, veterinarios, médicos, profesores de Universidad, mozos de espada, banderilleros, ponedores de torerillos incipìentes, críticos, aficionados... Por Tercio de Quites fueron pasando muchos que tenían cosas que decir sobre este mundo, para compartir experiencias, narrar biografías, desvelar sueños e inquietudes... Para dialogar y ofrecer otros puntos de vista que permiten conocer a fondo el toreo, descubrir perfiles en los que difícilmente pueden reparar los aficionados sin el testimonio de quienes dedicaron sus vidas a la Fiesta, cuyas palabras hilvanaron y tejieron reuniones únicas e inolvidables. 

Un gran matador de toros y miembro del grupo fue José María Martorell, el maestro que tras la tragedia de Linares fue capaz de abrirse paso hasta llegar a figura del toreo. Algo que se parecía imposible en aquella Córdoba hundida taurinamente cuando en 1949 recibió la alternativa. Contaba con enorme cariño el maestro que un atardecer, siendo adolescente, después de un tentadero celebrado en las Cuevas de Altázar, donde había dado unos pases en calidad de aficionado, Manolete, que había dirigido la tienta, lo reconoció al verlo sentado en la gradilla de la puerta de su casa, en San Cayetano, y le dijo dos palabras que jamás olvidaría: ¡Adiós, torero! Sólo el destino sabía la trascendencia de lo que Manuel Rodríguez estaba diciendo. ¿Imagináis –recordaba, José María- lo que significó para mí que ese monstruo me llamara torero? 

Fue tanto el cariño de Tercio de Quites por el maestro, que a su muerte la tertulia instauró el trofeo que lleva su nombre e imagen, obra magistral de los hermanos García Rueda, que colaboraron desinteresadamente en el proyecto. No es el único premio que otorga el grupo, pues anualmente regala un capote de brega al becerrista que destaca en los festejos de promoción celebrados en Los Califas o la provincia de Córdoba. 

Durante estos años varias han sido las sedes de la Tertulia, encontrándose actualmente en la taurina Taberna “San Cristóbal”, en el barrio de Ciudad Jardín, donde los lunes se sigue rindiendo culto al toreo.  

Interior de la Taberna San Cristóbal, donde tiene su sede, los lunes, la Tertulia "Tercio de Quites". La foto corresponde al día del mes de noviembre en el que recorrimos Córdoba de la mano de Antonio Luis Aguilera y Rafael Sánchez, evocando la memoria de Manolete (Foto José Luis Cuevas).
Nota LRI: A título de curiosidad insertamos a continuación, el listado (que también me facilita Antonio Luis Aguilera) de los premios anuales concedidos por la Tertulia en sus años de existencia (premio "José María Martorell") y también el listado de los becerristas, premiados con el capote de brega que la Tertulia regala cada año al más destacado del año en Córdoba y provincia.





No reproduzco la lista de invitados a la Tertulia porque alcanzan, en estos 32 años de existencia, la altísima cifra de 200. Por la Tertulia, han pasado representantes de todos los estamentos taurinos. Un plantel impresionante.


En la ganadería de Jacinto Ortega quien, junto a su mujer Cristina, acoge todos los años con mucho afecto a los miembros de la Tertulia (y este año también a nosotros), pudimos disfrutar de un tentadero inolvidable viendo torear -con la muleta planchá- al matador Juan Ortega. Un torero de gran y buen estilo (Fotografía de José Luís Cuevas)
Enlace al blog Puerta de los Califas de José Luis Cuevas con algunas imágenes más del tentadero.

miércoles, 23 de marzo de 2016

No hay arte sin técnica (Madrid 20 de marzo)

Por Fernando Cámara 
Fotos: Juan Pelegrín (Las Ventas)

Madrid. Comienzo de temporada

Madrid. 20 de marzo

La fantasía de los tres toreros del día 20 de marzo en la Ventas, se anteponía a la imperceptible técnica, y es que cuando no se aprecia la técnica de forma tangible, aparece aquella sensación subjetiva a la que llamamos arte. El Arte en letras mayúsculas, la imaginación, la creatividad, la intuición y la chispa como entelequia de la perfecta burla realizada por un lidiador en una plaza de toros.

Lidiaban puñales de bravura en la figura del mítico Uro, tres artistas derrotados en el combate de los crueles juicios de vacuos ojos que no ven mas allá de la luz. Lidiaban corazones infranqueables cerrados con cerradura de siete vueltas y lidiaban con sabor, con gusto y con recelo el canguelo de la incomprensión y del olvido. Lidiaban hermosos toros astados de miedo y gloria y lidiaban  bravos cornúpetas en los que se encierra gran parte de la cultura del ser humano.



Hoy ya quedo atrás el derroche de virtudes de aquellos que pasearon sus capotes y muletas por el redondel venteño pero, quedarán en el recuerdo, sensaciones e imágenes que solo pueden ser borradas por otras mejores. Tres toreros con personalidad definida, de aspecto y tauromaquias poco convencionales, tocados con la varita mágica de los dioses, merecerían otra consideración entre los aficionados y espectadores. A sus agónicos lamentos, dio consuelo la mítica embestida con toda la carga de nobleza y bravura que solo puede emanar del grandioso toro. El toro que apareció en el ruedo, éste que por su nobleza no deja ver la violencia de su agresividad, para así convertirse en el mayor valedor del arte de la lidia.

Solo el talento puede crear sutiles movimientos cuyos estímulos embeben las embestidas de las reses, cosiéndolas unas con otras y abrochándolas con pintureros remates. Expresión sugestiva de la lidia que encierra la virtud de amansar los corazones de hambrientos leones, los de la jaula numero siete.              


No hay arte sin técnica (Curro Díaz)


Deleite colectivo por la interpretación del torero de los lidiadores que, el día 20 en las Ventas se convirtieron en toreros, en artistas capaces de recogerse en si mismos e interpretar el toreo desde lo mas profundo de sus entrañas. Protagonistas en plena expresión reivindicatoria de un sitio entre los hombres de luces, cuya nobleza conseguida con sublime virtud, llegó hasta las almas de los mayores eruditos taurómacos de la Catedral del Toreo.


No hay arte sin técnica pero no olvidemos que también se necesita valor (David Galván)

Los toreros artistas, reúnen un sinfín de esencias extraídas del mas profundo origen de la lidia. Gráciles pasitos para provocar los estímulos necesarios a los toros, empujando así embestidas que llenan de mariposas los estómagos de los  artistas, movimientos, composturas, colocación, formas y gestos con el único fin de agarrarse al sueño de interpretar el toreo al estilo del gran Cagancho y del Divino Calvo. Representando en todo momento el componer de la simétrica escultura de una obra viva. Toro y torero se entienden y se entregan a sus principios mas íntimos para alcanzar el pellizco de los corazones en el eterno juicio que aposentan los tendidos.

Curro Diaz, David Galván y Juan Ortega son tres toreos definidos que se salen de lo cotidiano, que los definen, en mayor proporción, sus condiciones y principios que los resultados del juicio tajante de aquella tarde clave.


No hay arte sin técnica (Juan Ortega)


El toro, la corrida de Gavira, hizo honor a su estirpe para regalar nobles embestidas vestidas de miedo y emoción, para dejar expresar a los toreros la esencia del pueblo, la genuina denominación de origen popular.

Engrandezcamos el talento por encima del triunfalismo y dejemos expresar la voz de nuestro pueblo en las cinturas y muñecas de juglares danzantes disfrazados en cuerpos de torero.

Viva el toreo y vivan las tierras y los pueblos donde habita el toreo.

El triunfo del arte y el talento. ¡Viva el toreo!

Por Fernando Cámara

sábado, 13 de agosto de 2011

Los novillos de la Quinta sacan casta (mala)

por Clarito

Divisa

El hierro de la Quinta es el de la antigua ganadería de Carlos Conradi.

Málaga. Jueves, 11 de agosto de 2011.

En esta feria de Málaga se han programado dos encierros de la ganadería de la Quinta, la más representativa hoy del encaste Santacoloma, propiedad de Álvaro Martínez Conradi.

La primera la novillada del jueves, que torearon Sergio Flores, Adolfo Ramos, Manuel Rodríguez y Juan Ortega. La segunda, la corrida mixta que el próximo lunes torearan el Juli y Manzanares (acompañados por Manuel Manzanares a caballo con toros de Fermín Bohórquez)

Los toritos de Santacoloma

Todos sabemos que este encaste (a pesar de los esfuerzos y experimentos de sus distintos ganaderos) no saca mucha caja. Por ello,no es fácil poder lidiar en plazas de primera corridas de toros. Solución, las novilladas, con lo que además y al lidiarse con un año menos, los toros desarrollan menos sentido, tan acusado en los cuatreños de esta procedencia.

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El toro Santacoloma es un toro listo y que aprende pronto. En la foto el novillo está mirando al torero que debe andar muy rápido si no quiere ser cogido.

Son toros de escaso tamaño (lo que los veterinarios llaman brevilíneos) que se acusa mucho más en los toros del encaste que vienen de la rama saltillo, que son siempre más pequeños que los de la línea Ibarreña. Son estas, las dos ramas que componen el encaste Santacoloma.

Ejemplo de ello, el primero de la tarde. Un novillo, muy en la línea saltillo, muy fino, lo que lo hacía aparecer más chico. Nada que ver con los Tamarones tan de moda hoy.

Pero lo que importa en el toro, son las intenciones, no la caja. Y este como sus otros cinco hermanos (los otros dos novillos, sexto y séptimo –este el mejor de la tarde- fueron de Julio de la Puerta), desarrolló el sentido propio de su casta (en ese caso, mala). Novillos andarines, algunos distraídos, con poca fijeza y manseando. Punteando en los engaños.  El caso es que hubo de todo y poco bueno. De hecho, el mejor toro fue el penúltimo que no era de la ganadería titular.

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El trapío y comportamiento del primero de la tarde (muy en el tipo de Saltillo).  Poco tamaño y poca longitud de embestida. Aquí está reponiendo muy rápido. Lo que las antiguas tauromaquias denominaban “toro revoltoso”, término hoy en desuso.

Los novilleros

No fue lucida, para el público, la actuación de los novilleros ayer aunque, a la vista del ganado, no se les puede reprochar nada. Y eso, pese a que más de un aficionado haya cargado el resultado del festejo en el debe de la terna (en este caso, cuarteto) de novilleros. Yo, no estoy de acuerdo.

En mi opinión, los novillos no sólo no fueron buenos, sino que encima escondieron el peligro que llevaban. La mansedumbre si la mostraron, pero no era del género escandaloso que es la que pone al público de parte del torero. En resumen, que no aparentaban lo que eran y el peligro que tenían.

Por contra, los novilleros exhibieron al desnudo virtudes y defectos. Y, en mi criterio, bastantes más virtudes que defectos. Los últimos (los defectos) los lógicos en toreros de un escalafón en el que, como decíamos ayer, no se ofertan muchas oportunidades de torear.

Sergio Flores estuvo sensacional. Muy firme toda la tarde, con mucha seguridad en el manejo de los engaños. Muy bien colocado, presentando los engaños por delante cuando había que taparse y más retrasados cuando las condiciones de la res lo exigían. Le cogió el ritmo a sus novillos y sobre todo en el segundo, consiguió enjaretar algunas tandas de mérito, llevando muy toreado (y muy despacio) al toro. Aguantando los difíciles parones de la res. Gustó mucho.

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Sergio Flores, cita a su primero con la muleta muy adelantada y algo oblicua como aconsejaba Pepe-Hillo hacer en los toros que se ciñen.

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La embestida del mismo toro. Carita muy alta.

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Sergio en su segundo. El torero embarca bien la embestida pero el toro, por su corto tranco, busca lo que se deja atrás.

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Lógicamente, el diestro intentaba alargar los pases, lo que en este consigue.

Adolfo Ramos está en un buen momento. Es un torero valiente, seco y muy seguro. Plantea la faena con sobriedad y cabeza. Entendió bien a sus toros, aunque el lote que tuvo no le ayudó nada. Le faltó, por poner un pero, ese punto de arrebato de los novilleros que a los públicos tanto encandila pero que a mí, personalmente, me trae al pairo. Me gustó y me convenció.

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Adolfo Ramos, muy vertical, siempre. Incluso con el toro de salida, lo que no era fácil.

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Adolfo, cita en el pitón contrario. Lo que ayer era lo correcto.

 

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Adolfo llevó muy largo a los novillos, con la cintura muy quebrada para intentar que le humillaran. Tiene mucho mérito ese toreo en los toros de este encaste.

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Valor sobrio, sin alharacas.

Manuel Rodríguez es un caso inusual. El torero consiguió el puesto en los carteles de forma inusual y gracias a una huelga de hambre. Y cuando todo el mundo le auguraba un sonado fracaso, lo cierto es que aguantó el tirón en su primero (de la Quinta) y llegó a confiarse por momentos en su segundo (de Julio de la Puerta. El mejor de la tarde) firmando algunos muletazos buenos, sin excesivas apreturas pero poniendo rabia y ganas. De intención, redujo su repertorio al toreo fundamental (todos los quites los hizo por verónicas) lo que es su obsesión. Se justificó aunque desgraciadamente, puede que no consiga rentabilizar el esfuerzo que hizo.

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Manuel Rodríguez a quien le auguraban el fracaso estuvo más que digno con el de la Quinta y bien por momentos con el novillo de Julio de la Puerta (en la foto) al que sacó pases estimables.

Juan Ortega tiene oficio y el sabor campero propio de los toreros lidiadores y que andan mucho por el campo. Además, sorpresa en este corte de torero, torea con gusto y elegancia, tanto con el capote como con la muleta. Cuando hubo que recibir a los toros con el capote, los recibió con suavidad exquisita. Pero cuando hubo que fajarse en la muleta, se dobló con solvencia. En cualquier caso, muy serio desde el punto de vista técnico. Un buen torero.

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Juan Ortega. Muy eficaz con el capote y –ojo- muy elegante.

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El cite con la muleta adelantada. Atención al toro que se arranca al paso y con la cara muy, muy alta. El torero muy firme y seguro.

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Final de faena, el toro se para y la embestida es más corta, por lo que el diestro tiene que citar ya con la muleta retrasada (en realidad, a la altura del cuerpo). Lo que técnicamente es irreprochable.

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El toreo con la derecha de Juan Ortega. Muy mandón.

Conclusión

En resumen, que el festejo no resultó lucido, lo que se agravó por su inusitada duración al tratarse de corrida de cuatro novilleros, a lo que ya no estamos habituados. Que los novilleros estuvieron por encima de los toros de Santacoloma y mucho mejor de lo que pareció en la plaza (invito a ver los videos de la corrida), sobre todo porque los toros engañaron y sacaron complicaciones, mansedumbre y/o un peligro sordo que no todos vieron.

El lunes, repetimos ganadería (pero sólo con 4 toros al ser corrida mixta con rejoneador). Tiene interés ver el comportamiento de este ganado con un año más y sobre todo en manos de dos toreros muy puestos (Juli y Manzanares) y con dos de las mejores cuadrillas del momento. Más lucida la de Manzanares, pero muy eficaz la del Juli. Vamos a ver que pasa.

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Adolfo Ramos en un buen pase de pecho, muy de su estilo.