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martes, 19 de octubre de 2021

Un barbero gallista de Sevilla

Luís Fernández Salcedo

1955. Cabalgata del Ateneo. Juan Belmonte (a la izquierda), Juan Ignacio Luca de Tena y Antonio Leal Castaño (Fuente: Blog Los leales del toreo)

A los treinta y nueve años de su muerte, la figura de José está ya hoy en la mente del aficionado corriente un tanto borrosa, por no decir olvidada. Al efecto han contribuido muchas razones, y entre ellas la poca -y no muy buena en general- literatura que existe en torno de él. Cuando la pareja Gallito y Belmonte centraba la edad de oro del toreo, yo estimo -no sé si estaré equivocado- que los gallista eran el 55 por 100 de la afición Pues bien, sí hoy se hiciese el recuento, creo que los belmontistas llegarían a sumar el 90 por 100 de los votos, lo cual se explica, porque Juan ha llegado a nuestros días, siempre en constante superación. Claro está que aun queda una parcelita en la cual estamos plantados algunos recalcitrantes, como el que suscribe y, entre otros, el famoso peluquero sevillano. 

Quizás conozcan ustedes el sucedido, que voy a referir en pocas palabras, tomándolo de Luis Bollaín (Los genios de cerca). Belmonte iba a salir de Rey mago en la Cabalgata del Ateneo. La Comisión organizadora le mandó los ropajes con los cuales había de vestir el cargo, pero Juan se figuraba que tendría que llevar éste aneja cierta caracterización, aunque no fuera más que para que los chiquillos no les reconociera. Pregunto por teléfono a los organizadores y le dijeron que no tardaría en llegar a su casa un barbero que le pondría la cara correspondiente a su alta dignidad. En efecto en muy pocos minutos, porque el tiempo apremiaba, el fígaro del barrio le puso totalmente desconocido. Belmonte se miró al espejo y se encontró hecho un adefesio. Pero no había minuto que perder y salió a la calle no sin decir a un amigo: “No me gusta nada el trabajo que me ha hecho Fulano; Entérate de si fue, en tiempos, gallista”. El amigo a los dos o tres días le manifestó: “¡Buen ojo has tenido Juan! Porque el peluquero en cuestión no es que fuera gallista… ¡es que lo sigue siendo!”

Yo también sigo en mi sitio como aquel barbero de Sevilla.

FERNÁNDEZ SALCEDO, Luís. Diano (o el libro que quedó sin escribir). Madrid, 1988, Editorial Agrícola Española, pág. 332 (1ª ed., Madrid, 1959, Librería Merced)


Belmonte de Rey Mago (Cabalgata del Ateneo de 1955)


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NOTA de LRI:
Luis Fernández Salcedo escribió el texto que hemos transcrito, dentro del Capítulo "Joselito en Colmenar" del libro dedicado al "Diano" que fue el semental que "hizo" la ganadería de su familia.

Portada de la 1ª ed. del "Diano"


Cuando lo escribió, corría el año de 1959 y por aquella época la figura de Joselito estaba eclipsada por el paso del tiempo (39 años desde su muerte) y por la presencia omnipresente Juan Belmonte, todavía vivo. 

Joselito sobrevivía solo en el recuerdo de algunos (muy pocos) aficionados como don Luis Fernández Salcedo o como ese anecdótico barbero gallista de Sevilla que tuvo la humorada de querer poner feo a Belmonte... 

En vida de Belmonte, José era solo una imagen de añeja fotografía y Juan el único revolucionario del toreo (Portada del libro del belmontista Edmundo G. Acebal)

La historia del toreo al uso entonces, la que nos contaban, una historia equívoca y tremendamente exagerada, ponía a Juan como única fuente del toreo moderno y a José lo relegaban al papel del último gran torero... del toreo antiguo. 

Años después llegaría Pepe Alameda con su reivindicativo y certero análisis del verdadero hilo del toreo, análisis que luego han ido siguiendo otros autores. A partir de Alameda y, sobre todo, a partir de 2012, año del Centenario de la alternativa de Joselito, empezarían a resurgir los gallistas, lentamente, pero cada vez más numerosos. 

Reunión de gallistas conmemorando el Centenario de la alternativa de Joselito en Sevilla (2012)

Hoy las cosas están cambiando y ya no se puede hablar de Juan Belmonte sin nombrar a Joselito el Gallo, al contrario de lo que ocurría hace muy pocos años.

 Portada del Catálogo de la Exposición celebrada en Sevilla en 2013 conmemorando la alternativa de Juan Belmonte: "Una revolución complementaria".
 
Aunque todavía quedan algunos tópicos por desmontar, las cosas se van, poco a poco, poniendo en su sitio.

Un sitio, el del gallismo, en el que estamos nosotros...  ¡como estaba aquel barbero sevillano!


domingo, 24 de mayo de 2015

Echar las patas para atrás





Lenguadito en varas, levantando las patas traseras (echando las patas para atrás).Un detalle (otro más) de los que tuvo de toro bravo. La bravura no consiste sólo en arrancarse de largo al caballo.

Hemos dicho antes que la bravura tiene también sus signos externos (...) Para muchos aficionados (incluso grandes críticos taurinos) el toro que va de lejos al caballo es bravo solamente por esto. Cuando los problemas se presentan tan sencillos, da gusto. Sin embargo, no es así.

El concepto está lleno de matices, algunos difíciles de apreciar o al menos, de describir. Verbi gratia, son notas desfavorables: tardear para tomar la vara, cangrejear, escarbar, echar la cara al suelo, limitarse a topar, quitarse el palo, salir suelto, tirar coces, etc. Son, en cambio tantos a favor: arrancarse de lejos, galopar hacia el caballo con el rabo enhiesto, meter los riñones, tirar cornadas, derribar, dormirse en la suerte, buscar en el suelo al picador, cornear con furia al caballo, empujar al picador hasta las tablas, echarle al callejón, dar caídas de latiguillo, hacer la pelea en el mismo tercio, esperar el momento del cite permitiendo una lidia ordenada, etc,

(...)

Hay algunos detalles magníficos que todavía pasan más inadvertidos para el gran público. Uno de ellos, que podríamos llamar por analogía "echar las patas para atrás" cuando el toro toma una vara. Esto es lo contrario de "echar las manos por delante" que es lo que hacen los toros mansos ante el capote.

Si nos fijamos bien, veremos que esta actitud es de susto, de recelo, de desconfianza,. Su contraria postura tiene que significar (y de hecho significa) el polo opuesto. El toro carga todo su peso sobre el primer par de extremidades y consecutivamente, levanta las dos patas. 

Esto lo hacen muy pocos toros. "Sanluqueño", premiado en 1961, lo hizo una o dos veces. El bravísimo toro de Carlos Núñez, con lápida en el Batán (creo recordar que se llamaba "Lunero") lo hizo muy ostensiblemente y de ello no se habrán olvidado los conspicuos toristas.

Luís Fernández Salcedo en "Media docena de rollos taurinos" (1ª ed., Madrid, 1964. Pags 181-182)

miércoles, 13 de junio de 2012

¿Quien lo dijo y en que año? (II) El público que sólo piensa en divertirse

 

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“Ese público que cree que a los toros hay que ir a divertirse…”

El público ha sido desde siempre objeto de escarnio por parte de aficionados y críticos serios. Se habla del público en tono despectivo ("toreo para la galería” se dice del toreo de trucos baratos para espectadores facilones) y se demoniza a los espectadores ocasionales por ir a los toros a divertirse lo que, para algunos, es un grave delito.

Nuestro escritor enigmático de hoy, sigue esa tradicional tendencia y sus palabras parecen dichas ayer mismo y no hace años, pues son muy similares a lo que se ha escrito estos días del público de la Feria del Arte y la Cultura de Madrid y, sobre todo, del público que asistió a la Corrida de la Beneficencia.

“El público no se ha dado cuenta de que los toros es una cosa muy seria. Ahora se dice que a los toros va uno a divertirse. Es el mismo público que también cree que al teatro hay que ir a divertirse y prefiere una astracanada (…)

Las plazas monumentales han hecho mucho daño a la fiesta. De los veintitantos mil espectadores que llenan la plaza de Madrid, podemos apartar mil (…). Los demás son los procedentes de las charlotadas, los que van a pasar la tarde porque no hay partido de fútbol, o porque hoy han decidido no ir al cine; los que van a acompañar a su novia, porque esta se ha empeñado en ver torear a ese niño tan guapo y tan mono que actúa hoy; los que llevan a su mujer y a sus chicos para que vean una corrida; los forasteros que, siendo de provincias donde sólo se da una corrida al año, se encuentran casualmente en Madrid; y el resto, hasta el lleno, los que van a divertirse.

Y todos ellos están encantados con el becerro sin genio, porque es el que permite el parón y el estilismo y la estética”  

La pregunta es la misma que la del anterior quiz ¿Quien lo escribió y en que año?…

Y el premio, como siempre, una foto del autor dedicada (apócrifa por supuesto)

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Antonio Ordoñez, con las Peñas, en el tendido de sol de Pamplona. Divirtiéndose en los toros.

 

Solución al Quiz I: “Toros bobalicones para toreros pelmazos”

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Don Luis Fernández Salcedo

Se desvela el misterio.

Pese a los infructuosos esfuerzos de ese gran aficionado que se llama Gastón Ramírez, el autor del artículo “Toros bobalicones para toreros pelmazos” no fue Pero Grullo, ni Dulzuras, ni tampoco Recortes sino el escritor taurino, don Luis Fernández Salcedo.

No era fácil acertar pues Don Luís derrochaba bondad y gracejo cuando hablaba del toreo de sus años mozos (época de José y Juan) aunque es cierto que –sin perder las formas- podía ser mucho más caustico y acre cuando hablaba del toreo de su edad madura.

“Toros bobalicones para toreros pelmazos” se publicó en 1960. O sea que se refiere a los toros y toreros de los años 50.

Aquellos toros bobalicones son, por tanto, los mismos toros que, los aficionados viejos de hoy, nos dicen que eran (con tres años, sin kilos y sin pitones) un dechado de casta comparados con los de ahora.

Y aquellos toreros pelmazos eran entre otros (asómbrense aún más) Antonio Bienvenida, Luis Miguel Dominguín, Manolo González, Aparicio, Litri, Rafael Ortega, Manolo Vázquez, Pedrés, César Girón, Chamaco, Antoñete, Antonio Ordoñez...

Suma y sigue…

 

Antonio Ordoñez frente a un toro de Escudero Calvo (hoy Victorino Martin) en Madrid el 21 de junio de 1956. Uno de los toreros pelmazos (¿?) de los años 50 frente a un torito bobalicón (¿?) de los de entonces. Aunque no debía ser tan bobalicón pues la faena acaba en cogida.

Nota: La faena completa (o casi) puede verse en http://youtu.be/TUHGFu8Yvgg

martes, 22 de mayo de 2012

Un cuento (apócrifo) del viejo mayoral. Por mor de la nuevas modas/en Jerez se lidió Pocarropa

 

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El apartado del toro (Dibujo de Jose Morente a la manera de Antonio Casero)

 

Esta entrada es un pequeño homenaje privado a don Luis Fernández Salcedo y a sus Cuentos del Viejo Mayoral, en los que aprendí a gustar y disfrutar de las hazañas de los toreros antiguos Hazañas que no desmerecen, lo más mínimo, las de los toreros actuales aunque estas últimas no tengan ya quien las cante.

 

Por la mañana en el apartado

Desde luego la cara de Antonio, el conocedor de la ganadería de Núñez del Cuvillo, esa mañana de un Domingo de Resurrección en los corrales de una plaza de toros de Málaga, era un poema. Y es que al mayoral se le cayeron los palos del sombrajo cuando el Presidente de la corrida le dijo que, lamentándolo mucho, el toro que llevaba el número 80 no pasaba el reconocimiento previo.

Para mí que el conocedor, en su fuero interno, estaba pensando que lo que el lamentaba era el sesgo que iba tomando la fiesta y posiblemente tuviera razón el vaquero pues, hace cuarenta años, Málaga (como tantas otras) era un plaza preciosa y amable donde daba gusto llevar toros en la seguridad de que los encierros se iban a lidiar completos. Pero los tiempos cambian que es una barbaridad y a mediados de los 70 y principios de los años 80 (curiosa coincidencia con el número del toro de la discordia) empezaron a soplar otros aires.

 

Toros en el campo 001

Pensaba el vaquero, en su fuero interno, que a él lo que de verdad le gustaba era estar en el campo con los toros… (Ilustración de Jose Morente que reproduce un original de Antonio Casero)

 

Así, donde antes se imponían la finura, las hechuras bonitas y la reata empezaron algunos a pedir kilos y pitones. La cosa tenía su explicación –y su justificación- pues los abusos de los años 60 habían sido una “desageración” como reconocía el propio mayoral cuando se le tiraba de la lengua.

Utreros sin kilos y sin pitones y lo que es peor, sin hechuras ni ganas de embestir. Pero en los años ochenta, no. En los 80, ya se había impuesto el hierro que delata la edad y el toro se lidiaba con cuatro años cumplidos.

 

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El utrero (engordado artificialmente de los años 60). Aún hay aficionados que reivindican ese toro sólo por denostar al toro y al toreo actual.

Para acabar de arreglar las cosas (o sea, empeorarlas) los aficionados y algunos críticos seguían pidiendo el toro más grande aún, más cargado de kilos. Madrid, en eso, se llevaba la palma y es que en los tendidos de las Ventas se sentaban los mejores carniceros de la Sierra Norte… Y todo sea por el negocio. “Toro grande, ande o no ande” y, lógicamente, el toro… no andaba.

Como las cosas del Foro tienen mucha repercusión, la moda del toro enorme se había impuesto por toda España como una plaga de norte a sur.

Para colmo, ahora en Madrid se querían justificar del desaguisado que habían montado y te venían diciendo que ellos nunca habían pedido el toro grande sino el toro con trapío ¡Decir eso después de la que habían liado!

 

De los 80 para aca

El toro de los 80 para acá no tiene nada que ver con el de los años 50 y 60.

Ahora, que eso del trapío es muy cómodo porque si un toro tiene la edad, los kilos, está sano y tiene sus defensas intactas pero a usted no le gusta sólo tiene que invocar la palabra trapío y ya tenemos el pretexto perfecto para no admitirlo. Y es que el trapío existe pero es, como dirían los letrados, un concepto jurídico indeterminado y, a veces, una coartada, que diríamos nosotros, para que quien pueda haga lo que quiera. Y eso es así, aunque lo niegue el mismísimo Tribunal Supremo (¡que a veces dice unas cosas…!)

En Andalucía, no. En Andalucía, como somos más complicados y más listos que nadie, la autoridad (que aquí le dicen la Junta) había suprimido la palabra trapío del Reglamento.

Eso sí, en vez de trapío se puso una frase tan larga y complicada como esa de que el toro tiene que tener “las características zootécnicas de su prototipo racial, de conformidad con la normativa vigente, en función de su encaste, categoría y tradición de la plaza”. ¡Ahí queda eso!

 

Reglamento andaluz 002

Perplejidad ante algunos artículos del reglamento taurino de Andalucía

Y en estas estábamos, en los corrales de la plaza de toros de Málaga, la mañana de un Domingo de Resurrección, con el presidente de la plaza, buen aficionado, intentando explicar al mayoral las razones de su decisión. O sea, intentando explicarle que el toro número 80, Pocarropa, no tenía el trapío suficiente. O mejor, dicho que el toro número 80, Pocarropa no tenía las características zootécnicas de su prototipo en función de la categoría de la plaza. ¡Que ya es complicado explicarlo!

- Que mire usted que le puedo jurar que el toro es de muy buena reata y a la vista está su buen tipo. Decía el mayoral

- Efectivamente el toro es un dije y, a mí, personalmente, me encanta, pero el problema es que no vale para esta plaza, le contestaba muy seriote y muy en su papel el presidente.

- Pero, vamos a ver ¿Por qué no vale para esta plaza?

- Porqué lo que dice el Reglamento. Porqué no reúne las características zootécnicas de su prototipo en función de la categoría de la plaza…

- ¿Eso dice el Reglamento? ¿Qué no tiene qué…?

- Las características de su prototipo racial

- Pues oiga, que sigo sin enterarme…

- Eso quiere decir es que este toro no se parece a los toros de su encaste, de su ganadería.

- ¿Que no se parece a los toros de mi ganadería? ¿Está usted seguro de lo que dice?… Mire. Este toro se remeda mucho a su hermano que se lidió el año pasado en Sevilla y salió cumbre y es el vivo retrato de su padre un semental que lleva seis años en funciones y da productos superiores y si me apura es el calco de su bisabuelo, un castaño retinto, que indultaron en Barcelona. ¡Me va usted a decir a mí que no se parece a los toros de la casa!

- Eso no lo dudo ni un ápice, pero el Reglamento exige no sólo que esté en el tipo, sino que ese tipo se adecue a la categoría de esta plaza…

 

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El toro de la discordia, muy atento al diálogo de Presidente y mayoral, como si supiera que la cosa va con él…

 

- ¿Y que categoría es esa si puede saberse?

- Pues desde que se aprobó el nuevo Reglamento andaluz, esta plaza es de primera.

- Pues vaya faena ¿Como no va a pasar el toro, si está limpio y tiene la edad y el peso reglamentarios?

- Hablando de pesar, solo pesa 10 kilos por encima del mínimo…

- Usted lo ha dicho, ¡Por encima! Luego… cumple el reglamento. Y no sea usted estricto con lo del peso, oiga, que lo que tenemos delante es un toro, no un elefante

- No, no sólo no soy estricto sino que estoy dispuesto a darle la razón… en lo que la tenga. Mire, está discusión no nos lleva a ninguna parte. El toro es precioso y está claro que muy en el tipo de su ganadería, pero el Reglamento hay que cumplirlo. Este toro, hace 40 o 50 años y si me apura hace 10, hubiese pasado aquí sin problemas. Hoy día, no. Así que… vamos a dejar la discusión. El toro no puede pasar, aunque eso no nos guste a ninguno de los que estamos aquí…

Lo que sigue es sabido, pues esta película la vemos un día sí y otro también. Se trae a escape otro toro o se sustituye por alguno preparado al efecto y que ya estaba en los corrales o en el camión en las afueras de la ciudad. Y por la tarde todos tan contentos a los toros, como si nada hubiera pasado.

 

Toreo con la derecha 001

Y por la tarde en los toros como si no hubiera pasado nada en los corrales por la mañana,,,

 

Por la tarde en la plaza

Sólo faltaban diez minutos para empezar la corrida, cuando llega a la plaza Frasco, un muy buen aficionado visceral y apasionado como debe ser, que había asistido esa mañana, por un casual, al apartado.

Frasco llega muy acalorado y saluda aún más alterado a Pepe, su compañero de localidad, quien al ver su semblante demudado, le pregunta de inmediato por lo que le ocurre:

- ¡Chiquillo! ¡Como vienes! ¿Que te pasa? Parece que has visto un fantasma

- ¡Fantasma! Será el fantasma de la libertad… Que va, bromas aparte, lo que ocurre es que todavía no acabo de creerme lo que ha visto esta mañana en el apartado. Te creerás que han echado para atrás al toro más bonito de la corrida.

- ¡Que va, hombre! ¡Eso no es posible!

- Pues lo es. Tal y como te lo cuento. Mira, Pepe, un toro preciso, fino y muy en Cuvillo. Destacaba sobre sus compañeros. No por su tamaño pues, ciertamente, no era grande pero tampoco chico.

- Y que han dicho para justificarse.

- Pues la pura verdad. Que Málaga es ahora plaza de primera y que, por tanto y dada la categoría de la plaza el toro no vale. El caso es que, para mí, el toro hubiese dado buen juego pues tenía una cara de bravo…. O eso aparentaba. Habrá que seguirle la pista y ver donde se lidia y que juego da.

- ¡Habrá que seguírsela…!

 

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Por la tarde en la plaza, Frasco y Pepe conversan…

En estas interviene en la conversación un tercer personaje, Remigio, otro vecino de localidad, aficionado que peina canas de los que han visto muchos toros (eso abunda mucho) y se han enterado de lo que han visto (lo que no abunda tanto). Remigio no tiene estudios superiores, ni de los otros, pero atesora más cultura en la sangre que muchos universitarios.

- Jóvenes. Eso que contáis no pasaba antes.

- ¿Antes? Eso de antes hay que matizarlo…

- ¡Antes de la televisión, claro!. Ahora todo el mundo ve lo mismo y quiere lo mismo.

- Ese proceso se llama globalización…

- No sé si se llama globanosequé o no, pero antes de la dichosa televisión cada sitio era distinto y tenía su propia personalidad.

- Se dice idiosincrasia…

- La cosa no tiene ninguna gracia… Mirad. Por ejemplo, aquí en Andalucía ha gustado siempre el toro bien hecho y bien rematado. En el norte era otra cosa pero aquí… Aquí lo que ha gustado ha sido ver al torero torear. Allí lo que gustaba era ver a un hombre pelearse a puñetazos con una fiera para comprobar los redaños del torero.

- Eso viene a ser, en el fondo, lo mismito que decía Cagancho: “De Despeñaperros para arriba no se torea se trabaja”

- ¡Pues eso…!

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…Un toro con hechuras y comportamiento adecuados para realizar el buen toreo…

- ¿Pero, entonces Madrid, Remigio? pregunta el tercer contertulio

- Madrid era y es café con leche. Mitad y mitad o sea que había de todo como en botica. Buena plaza y buena afición. Allí gustaban las dos cosas. Y se veían las dos cosas. Ahora que, en lo que respecta a la presentación de las corridas, el toro de Madrid era antes más bonito. No era chico, eso no, pero las cabezas de las camadas no iban para Madrid como ahora van a veces. Iban al norte, a Bilbao, a Pamplona…

- ¡Que pena…!

- Y que faena. Porque ahora con esto de la moda, montan cada lío en los corrales…

- Desde luego. Rara es la corrida que no se descabala y pasa entera. Y al final el que pierde es siempre el espectador.

- Porque vamos a ver –puntualiza Remigio-, si esto es un espectáculo público y yo pago mi entrada, ya es cuestión del empresario presentar algo que me satisfaga. Si no, no vuelvo… No sé que pinta la autoridad ahí…

- Cambiando de tercio y por poner un ejemplo, dice Pepe, usted se imagina que el día de la final de la Copa del Rey llega el arbitro y dice que Messi no puede jugar porque no tiene… “las características del prototipo racial” de su equipo.

- Pues que tendría razón el árbitro, porque Messi, además de ser argentino y no catalán, es bajito…

- ¡Déjate de bromas, Frasco! Me gustaría ver la cara que pondrían los espectadores. ¡Y la que se armaría!

- Eso, la que se armaría.

- Pues esto es lo mismo…

 

Ha pasado algo más de un mes

Más de un mes después, los dos amigos, Frasco y Pepe, se encuentran un domingo por la tarde para tomar un cafelito y de paso, como no puede ser de otra forma, hablar de lo único serio que hay en esta vida, que son los toros.

- Pepe, te has enterado lo del Juli en Jerez

- Si, Frasco, creo que ha estado cumbre sobre todo con su segundo toro… Le ha cortado el rabo

- Pues el toro ha debido ser superior ya que le han pedido el indulto.

- Sí, aunque el Presidente no lo ha dado. Pero si la vuelta al ruedo.

- Oye, Pepe, ahora que lo pienso, ¿no será el mismo toro que tanto me gustó el domingo de Resurrección y que echaron para atrás?

- No lo creo, sería el colmo…

-¿Cómo se llamaba el de Jerez?

- Mira, en Internet dice que Pocarropa y que tenía el número 80.

- Anda, pues el de aquí era el 80 ó el 40, de eso estoy seguro. ¿Cómo lo comprobamos?

Pepe que, como buen taurino, tiene recursos para todo, saca su i-phone del bolsillo lo trastea y le comenta a su amigo Frasco:

- Muy fácil tengo la foto del parte que colocaron en las puertas de entrada con la lista de los toros el Domingo de Resurrección. ¡Mira! ¡Aquí está…!

Acta Nuñez Cuvillo Malaga (2)

- ¡Anda! Efectivamente, el 80 que se lidió en Jerez es uno de los rechazados en nuestra plaza…

- El castaño que te gustó…

- El castaño que me gustó…

- No me lo puedo creer…

- Yo sí. Y mira que el toro era bonito, Y seguro que de buena familia, reata que le dicen. Y fino, Y con buenas hechuras… Las mejores para embestir…

- Y ha embestido, vaya que si ha embestido…

- Ya lo decía el mayoral…

- Y tú, Frasco. Y tú. También lo decías tú.

- Lástima de modas…

- ¡Lástima!

- ¡Pues a fastidiarse tocan, Pepe!

- ¡Eso, a fastidiarse!

 

Epílogo

El toro Pocarropa, número 80, rechazado en Málaga en abril por no se sabe bien que historias reglamentarias del prototipo racial y de la categoría de la plaza, se lidió por mayo en Jerez y fue bravísimo, noble y suave. Fue tan bravo y noble que se le pidió el indulto que el Presidente, puede que con buen criterio, no concedió pero al que se le hicieron los honores de la vuelta al ruedo arrastrado por las mulillas.

 

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El Juli con Pocarropa… ¡en Jerez!

 

Pocarropa le tocó en el sorteo al Juli… Suerte para el Juli, pero suerte también para el toro que cayó en sus inmejorables manos y, sobre todo, suerte para los afortunados aficionados jerezanos que pudieron disfrutar esa tarde del buen toro y del buen toreo…

La suerte que, por cierto, no pudieron disfrutar los desafortunados aficionados malagueños privados del espectáculo de la bravura de ese toro por culpa de un artículo reglamentario.

O mejor dicho, por culpa de… la moda

 

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El palco de la plaza de toros de Málaga

 

Sobre las imágenes que acompañan a este Cuento apócrifo.

Todos los dibujos que se incluyen (realizados ex-profeso para esta entrada) homenajean y están directamente inspirados en los dibujos de Antonio Casero los cuales acompañaron, durante muchos años y desde las páginas del Ruedo, a los Cuentos del Viejo Mayoral, añadiendo aún más sabor –si cabe- a esos espléndidos relatos.

Sobre los textos

Los diálogos y situaciones que se describen en este Cuento apócrifo son ficticios y no reales, como no podía ser menos. Lo único real es que el toro Pocarropa de Núñez del Cuvillo fue rechazado en Málaga, un Domingo de Resurrección y que, con ese mismo toro, triunfó – un mes más tarde- el Juli en Jerez de la Frontera en la Feria del Caballo del mes de Mayo. Todo lo demás es fruto de la imaginación del autor. Los diálogos están inspirados en otros similares de don Luis Fernández Salcedo aunque sin alcanzar su peculiar gracejo e ironía. Difícilmente conoceremos lo que realmente se dijo o dejó de decir en los corrales de la plaza de Málaga, entre otras cosas porque lo que se cuece en los entre-bastidores de la Fiesta, con ser de sumo interés, no suele casi nunca trascender fuera.

viernes, 18 de marzo de 2011

Los Cuentos del Viejo Mayoral de Luís Fernández Salcedo

Luis Fernandez Salcedo 001Don Luis Fernández Salcedo

Es curioso que uno de los ganaderos más famosos del planeta del mundo de los toros sea Don Luís Fernández-Salcedo (1901-1986). Y digo curioso, porque siendo Don Luís ingeniero agrónomo, escritor felicísimo y conferenciante aburridísimo (sus textos son para leídos no para oídos, como el mismo confesaba), nunca llegó a dirigir una ganadería pues la de su familia (Herederos de Don Vicente Martínez) la diezmaron en la Guerra.

Don Vicente Martínez 001Don Vicente Martínez, el fundador de la ganadería

Tengo que reconocer que a él se deben muchos de los mejores momentos que he pasado leyendo cosas de toros, sobre todo porque tuve la suerte (como me ocurrió con Corrochano o con Bollaín) de poder leerle a muy temprana edad, que es cuando uno está más abierto a todo.

Los cuentos del viejo Mayoral 001Portada de Los cuentos del Viejo mayoral en la 2ª edición, la de 1972 (segunda para abreviar, decía su autor)

Los Cuentos del Viejo Mayoral, fueron publicados inicialmente en el Ruedo con dibujos de Antonio Casero e incluían no sólo historias ganaderas, sino también cosas del toro en la plaza. pero siempre, sobre el toro y alrededor del toro. Con el toro de protagonista.

Antonio Caserro Los cuentos 001

Antonio Caserro Los cuentos 002Ilustraciones de Antonio Casero para los Cuentos del Viejo Mayoral

Lógicamente, gran parte de las historias que cuenta Don Luís se refieren a anécdotas y sucesos de las faenas camperas. Como ilustración inserto a continuación unas imágenes de la plaza de tientas de la ganadería familiar y dos imágenes de sendos tentaderos, uno con el picador Campillo y otro con el malogrado Manuel Granero.

Plaza de tientas del Soto 001Plaza de tientas del Soto

tentadero 2El picador Campillo tienta una becerras en el Soto a la antigua usanza (Foto facilitada por José Ramón Márquez)

Tienta en el Soto (Granero) 001Manuel Granero en un tentadero en el Soto.

Leí luego –con avidez, lo confieso- “Media docena de rollos taurinos”, “Mientras abren el toril”, “Verdad y mentira de las Corridas Concurso”. A los que siguieron, “Veinte toros de Martínez”, “Trece ganaderos románticos”, “Diano”, etc., y así hasta completar todo o casi todo lo que escribió.

El toro bravo Luis Fernandez Salcedo

Verdad y mentira de las Corridas Concurso Luis Fernandez Salcedo

27 acuarelas taurinas Luis Fernandez SalcedoPortadas de libros de Fernández Salcedo

Don Luís, era un aficionado muy torista pero, por eso mismo, muy benévolo con los toreros. Lo explicaba, muy bien, en “Verdad y mentira de las Corridas Concurso”:

Sevilla-Madrid pag 71 - Recorte

Y sobre todo, creo muy interesante revisar sus textos hoy día ya que precisamente, en ellos se narra todo el proceso de adaptación de la ganadería de su familia a los nuevos tiempos (los de entonces, claro) hasta el punto de eliminar toda la antigua casta jijona por absorción y cruza con toros andaluces (Andaluz de Ibarra era el semental Diano y andaluz de Parladé, el Vinagrero y el Ramito, que continuaron la obra de aquel). Criterio que si era válido a principios del siglo XX, debe seguir siendo válido a principios del XXI, creo.

MARTNE~1Un toro “de los antiguos” (casta Jijona) de la ganadería de herederos de Don Vicente Martínez

Diano joven 001El toro Diano, ibarreño legítimo (El semental prototipo según Hemingway)

De ese modo, los toros de los herederos de Don Vicente Martínez llegaron a ser los preferidos de las figuras de entonces. Y, en particular, los de Gallito quien los eligió para la corrida que en solitario toreó en Madrid el año 14. Claro que entonces no parecía mal que las figuras toreasen toros de garantía y de bravura acreditada en sus compromisos importantes y mucho menos si ese compromiso era en Madrid, dada la responsabilidad que ha conllevado siempre actuar en esa plaza. Lo que también debería valer ahora ¿o no?.

Joselito y los 6 toros de V Martinez 001Joselito con los 6 toros de los Herederos de Don Vicente (Mató también el sobrero)

Joselito BarrabasJoselito con el Barrabás

Joselito Presumido 001Una de las escasa fotografías de Joselito con el Presumido (6º de la tarde), que lidió sólo con Blanquet en el ruedo.

Sirvan estas líneas, por tanto, como recuerdo y homenaje al magnífico escritor, discreto conferenciante, buen aficionado, gallista sincero y, sobre todo, ganadero que no llegó a serlo, Don Luís Fernández Salcedo, al que conocí a través de sus románticos y encantadores Cuentos del Viejo Mayoral y gracias al cual pude vivir momentos y situaciones de otras épocas que sin él no hubiera siquiera intuido.

Toros de V Martinez (Berrendos) 001Tres toros con el clásico pelo de la ganadería (berrendo aparejado), el famoso “berrendo Martínez” (fruto de un cruce de vacas “antiguas” con un toro berrendo de Concha y Sierra)