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domingo, 19 de febrero de 2017

Suertes en desuso (VII) El salto de Martincho

Por Jose Morente

Detalle del dibujo preparatorio de la Lámina XIX de la Tauromaquia de Goya, titulado "Otra locura suya en la misma plaza [Zaragoza]" (Museo del Prado-D04305)
La fama del diestro Martincho nos ha llegado a través de varios grabados de Goya y también a través de la no menos famosa Carta histórica sobre las Fiestas de Toros (1776) de Nicolás Fernández de Moratín. Dice Moratín sobre Martincho:
Fue insigne el célebre Melchor, como lo fue el famoso Martincho con su cuadrilla de Navarros, de los cuales ha habido grandes banderilleros y capeadores, como lo fue, sin igual, el diestrísimo Licenciado de Falces.
Sobre su identidad concreta existen algunas dudas pues hasta tres Martinchos nos ha legado la historia. Dos de ellos llamados Martín (Martincho es diminutivo de ese nombre). El primero, fue Martín Barcáiztegui, de Oyarzun (Guipúzcoa) que toreaba allá por 1778 a 1785. El segundo fue Martín Ebassun de Ejea de los Caballeros (Zaragoza)

El tercero, Antonio Ebassun, sería hijo o hermano del anterior y, muy probablemente, el Martincho de los aguafuertes de Goya pues desarrolló su carrera profesional entre 1747 y 1763, lo que cuadraría con las fechas facilitados por Moratín. según opina Cossío.

Lo importante es que, sus míticas hazañas, han pasado a la posteridad gracias a los grabados de Goya y que sus lances (recibir al toro a porta gayola sentado en una silla y con grilletes en los pies o saltar sobre el burel -también con grilletes- desde lo alto de una mesa) forman parte del imaginario colectivo por lo que han servido de inspiración a artistas posteriores.

Así Daniel Perea. ilustraba en 1884 la siempre llamativa doble página central de la Lidia con el célebre salto.



Veinte años más tarde, en 1904, un dibujo de Marcelino de Unceta, volvía a recoger el atrevido lance, aunque esta vez con diferente y original perspectiva



Hoy este tipo de temeridades y locuras ya no se ven en las plazas de toros. Al menos, en corridas formales, y si bien la herencia de este tipo de suertes se mantiene en las calles y en los concursos de recortadores, lo es sin rizar el rizo como lo rizaban las cuadrillas de toreros vasco-navarros del siglo XVIII.

En cualquier caso, de todo este batiburrillo de suertes proviene al fin y al cabo, el toreo a pie, tal y como hoy lo conocemos. 

En efecto, las cosas evolucionan y cambian y, por eso, no tiene nada de extraño que quienes empezaron burlando a los toros a cuerpo limpio mediante recortes, quiebros, galleos o cuarteos, comprendieran luego, que esa burla podía hacerse, mucho mejor y con más seguridad, a favor de un engaño, ya fuera el capote o la muleta. De ahí, llegar al convencimiento de que la burla podía hacerse sin menear los pies (como afirmaba Pepe-Hillo en su Tauromaquia) sólo mediaba un paso.  Un paso hoy conseguido plenamente, pues en nuestros días es sólo el engaño y no el movimiento del cuerpo del torero el que sirve para burlar y, otro novedoso concepto, conducir las embestidas de las reses.

Pero estábamos con el salto de Martincho que, ahora y gracias al cinematógrafo, deshacedor de tantos entuertos, vamos a poder ver en la práctica ese salto aunque, eso sí, sin grilletes en los pies.

Las imágenes corresponden a la corrida de la Asociación de la Prensa de San Sebastián, celebrada el 25 de julio de 1932. Se lidiaron ese día 2 toros de Trespalacios para Simao da Veiga y 6 de Murube en lidia ordinaria para Marcial Lalanda, Manolo Bienvenida y Domingo Ortega.

En el segundo de los de Trespalacios y antes de la actuación del rejoneador luso, se practicó el salto de la garrocha y el salto de Martincho que es el que vamos a ver aunque -como hemos indicado- sin el impedimento de los grilletes.


domingo, 5 de enero de 2014

Suertes en desuso (VI) El galleo del bú (2ª parte)

Por Jose Morente

1882-10-24 La lidia (p.) Galleo de PACO Frascuelo - copia

Galleo del bú en versión de Paco Frascuelo, el hermano de Salvador (Detalle de una lámina de La Lidia publicada el 24 de octubre de 1882)

La desaparición de los galleos

Los galleos que se venían practicando con gran éxito de crítica y público, como se dice vulgarmente, a lo largo de todo el siglo XIX fueron perdiendo cada vez más peso, a medida que la lidia se iba depurando.

En el contexto de una lidia más técnica, mejor organizada y tan funcional y pragmática como la que acabó por imponer el genial Rafael Guerra “Guerrita”, los galleos tan vistosos pero al mismo tiempo tan gratuitos resultaban anacrónicos y fuera de contexto.

No tiene, por ello, nada de extraño que los galleos, cuyo último destacado practicante había sido Paco Frascuelo, hermano de Salvador, desaparecieran de los ruedos a la retirada de ese torero..

 

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Los grandes ejecutantes del galleo en el siglo XIX fueron según la Tauromaquia de Guerrita: Montes, Cayetano, Cúchares y Paco Frascuelo. Todos los citados fueron especialistas de la suerte de frente por detrás (no confundir con la gaonera). No obstante, llama la atención la inclusión en esa lista de Paco Frascuelo, un torero de escasa calidad al que, sin embargo, Guerrita consideraba uno de los más destacados de la historia en esa suerte.

 

El tecnicismo de Heredia

La técnica taurina se basa en la experiencia, propia o ajena, y no tiene, por tanto, nada de sagrada ni inmutable. Al contrario, la técnica es pragmática pudiendo variar con el tiempo y las circunstancias.

Si acaso, la técnica del toreo tiene, para el torero algo de mágica pues a ella confía su seguridad y éxito.

Por el contrario, para el docto o para el mero aficionado la técnica tiene mucho de regla fija, de canon, de norma sagrada, de cartilla (cartilla = algo que se acartona con facilidad).

Desparecido el galleo de los ruedos, la técnica de esta suerte quedó encerrada, empobrecida y acartonada, en los modernos (y viejos) textos de las Tauromaquias. El Doctrinal Taurómaco de Hache es un buen ejemplo de ello.

 

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Para Montes, el recorte era un tipo específico de galleo. Su mecanismo lo explicaba Hache con un complejo gráfico que insertaba en la página 244 de su Doctrinal Taurómaco. 

 

La enseñanza de Paco Frascuelo

En esos primeros años del siglo XIX, enterrados los galleos en el tecnicismo de los tratados, sólo Paco Frascuelo conservaba memoria cabal de la suerte.

Y, además, la enseñaba a los torerillos de la Academia Taurina que montó en Madrid y por la que pasaron, entre otros, Cocherito de Bilbao, Luis Freg y Rodolfo Gaona.

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La revista Mundo Gráfico publicó, el 26 de junio de 1912, un ilustrado artículo sobre la Academia taurina que había montado el hermano de Salvador. Para las prácticas, utilizaban lo que Paco Frascuelo llamaba “res artificial” (vulgo carretón)

En la foto de arriba vemos practicando la suerte de banderillas a López de Sáa, uno de los autores de la Tauromaquia de Guerrita. Abajo, la vieja suerte del salto de la garrocha

 

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Parmeno recopiló en libro las entrevistas que había publicado en el Heraldo de Madrid

En la entrevista que concedió a Parmeno, y que se publicó en libro, decía Paco Frascuelo que los galleos tenían premio y contaba lo de aquella tarde en Sevilla toreando con Lagartijo y Currito y con reses de Lafite cuando, para que no le borraran sus compañeros, se fue a recibir a su segundo toro a la puerta del toril, donde lo saludó, capote a la espalda, “con el aletazo” y así:

“…tirándome cornás el toro y burlándome yo de las cornás, atravesamos aquel redondel tan enormísimo.

¿Qué si hubo parmas? Yo lo que sé es que er “Tato”, que me veía desde un siyón de barrera, se levantó para aplaudirme y que el público armó un chiyerío en honor de aquel hombre que no se me orvidará aunque viva milenta años”  

Por lo que respecta a la enseñanza del galleo no debía ser tan fácil como el torero preconizaba en la misma entrevista, pues a la pregunta de Parmeno sobre si sus discípulos sabían gallear, Frascuelo decía.

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“Con esa suerte no han tenío suerte” Decía Paco Frascuelo

 

1889-10-21 LL Paco Frascuelo - copia

Aunque Paco Frascuelo no fue un buen torero, ha pasado a la historia como especialista de los lances con el capote a la espalda como el galleo del o la suerte de frente por detrás que le vemos ejecutar en este grabado de La Lidia (Detalle de la lámina del 21 de octubre de 1889)

 

Gallito gallea en Madrid

Tenía que ser un diestro genial el que desempolvara los viejos galleos y les diera de nuevo vida en los ruedos. Ese diestro fue Joselito el Gallo quien a partir de 1915 (y no de 1914 como se ha dicho en algún texto), asombraría a los aficionados españoles realizando esa añeja y deslumbrante suerte con regularidad y acierto.

1918-12-16 LL Extraordinario Galleo

“Desde el hermano de Frascuelo acá pocos fueron los que intentaron la bonita suerte del galleo” Decía la Lidia, en el número extraordinario del 16 de diciembre de 1918 (BDCyL)dedicado a Joselito.

Cuentan que Joselito para desempolvar el galleo del bú se dirigió a quien mejor podía explicarle esa suerte: a Paco Frascuelo. Pero como del dicho al hecho hay un buen trecho y una cosa es la teoría (o la enseñanza) y otra, muy distinta la práctica, poner la suerte en pie le debió costar algún trabajillo.

La primera vez que, según nuestras noticias, Joselito intentó el galleo del bú en público fue el día 8 de mayo de 1915, en Madrid, una corrida muy especial pues fue la primera vez que ambos diestros se enfrentaban mano a mano en la Villa y Corte.

1915-05-08 (p. 10 PyP) Portada foto Joselito y Belmonte

Palmas y Pitos elegía, como foto de portada de su siguiente número, esta de Joselito y Belmonte en la puerta de cuadrillas el día de su primer mano a mano en la Plaza de Madrid. 

Esa corrida y la del siguiente mano a mano, las ganó por goleada el Coloso de Gelves, pero lo que ahora nos interesa es que, esa tarde, Joselito resucitó el galleo del bú, el de Nonilla, Cúchares, el Tato y Paco Frascuelo.

1915-05-08 (p. 10 LL) Joselito gallea al 5º

Durabat en La Lidia destacaba, como toda la prensa de esa corrida, el galleo de Joselito.

1915-05-08 (p. 09 LCdE) P. Alvarez Una suerte nueva

Tan olvidado estaba “el galleo de los antiguos” que algunos creyeron que lo que Joselito hacía era una suerte nueva (como le ocurrió a P. Alvarez en el Heraldo de Madrid)

Para los que gustan de datos históricos, digamos que el toro del galleo fue el quinto de la tarde, Zurdito, de Contreras, marcado con el nº 13, negro zaino, “pequeñin y bien puesto”, según lo vio Paco Media Luna en el Toreo.

1915-05-08 (p. 09 ET) Critica

Por cierto que, entre tanto elogio, el revistero del Toreo deslizaba alguna crítica que, con la perspectiva que da el tiempo, se nos antoja bastante injusta.

Ajeno a las críticas, Joselito estaba embalado disfrutando con la “nueva suerte”, y sólo unos pocos días después, el 11 del mismo mes, volvería a gallear en Badajoz; dos días más tardes lo hacía de nuevo en Madrid  (aunque esta vez la cosa quedó en un “conato”). Y luego ya lo haría en Morón, en Logroño, en Sevilla, etc.

Joselito galleo del bu en Madrid

Galleando en las plazas

 

 Galleo en el campo

…y en el campo (Foto del archivo de la Familia Sánchez-Mejías)

 

Así seguiría José galleando hasta el final de su carrera que fue el de su vida.

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Joselito galleando a Papelero de Gamero Cívico, en Sevilla el 24 de abril de 1920. Faltaba menos de un mes para su muerte en Talavera.

 

Tauroteca. El galleo del bú

miércoles, 1 de enero de 2014

Suertes en desuso (VI) El galleo del bú (1ª parte)

Por Jose Morente

 

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El antecedente del galleo. Recorte, embozado en su capa, del Licenciado de Falces (Tauromaquia de Goya. 1816) 

 

Merimée testigo de un galleo del gran Paquiro.

Es el primer torero a quien he visto gallear al toro, es decir, presentar las espaldas al animal encorajinado, dándole la salida por debajo del brazo. Apenas se digna volver la cabeza cuando el toro  se precipita sobre él.

Algunas veces echándose el capote por los hombros, atraviesa el redondel, seguido del toro; el bruto, rabioso, le persigue sin poder alcanzarle, y sin embargo, va tan cerca de Montes que a cada derrote levanta el vuelo de la capa.

Tal es la confianza que inspira Montes, que para los espectadores ha desaparecido la idea de peligro, y no les queda más sentimiento que la admiración”. (Próspero Merimée. Junio de 1842)

Francisco Montes “Paquiro”, con el capote a los hombros, galleando al bú, mientras atravesaba el redondel seguido del toro, provocaba (tenía que provocar) la admiración infinita del público de su época.

 

El galleo en el siglo XIX

Durante todo el siglo XIX, y especialmente en su primera mitad, será el toreo de capa (tan dependiente de la suerte de varas) y no el de muleta (supeditado a la muerte del toro y, por eso, prácticamente inexistente) el que atraiga las miradas y la atención de los públicos.

Y dentro de ese toreo de capa, destacan sobremanera, los galleos, directos herederos de los recortes pues, en rigor, un galleo no es sino un recorte ayudado con el capote.

Uno de los galleos más singulares es el galleo del bú, que se hace con el capote a la espalda, sobre los hombros o, incluso, sobre la cabeza.

figura7 Luis G Inclan (Jose Fco Coello Ugalde)

La versión del galleo del bú con el capote sobre la cabeza, al estilo de Nonilla, según un antiguo grabado rescatado por José Francisco Coello Ugalde y publicado en su magnífico blog Aportaciones histórico-taurinas mexicanas.

La denominación de “galleo del bú” que se le da a esta suerte viene por el parecido que adopta la figura del torero con el fantasma del bú; fantasma con el que, en aquella época, se asustaba a los niños.

Por eso, porque el galleo es heredero directo del recorte, es probable que el primer esbozo de un galleo se encuentre en esa imagen de Goya, que hemos insertado al inicio de esta entrada, en la que el Licenciado de Falces recorta al toro con la capa, aunque todavía sin ayudarse con la capa.

1886-11-15 (LL) Tiempos de Pedro Romero

Detalle de lámina de la Lidia titulada “En tiempos de Pedro Romero” (publicada el 11/15/1886). El mismo recorte del Licenciado de Falces dibujado por Goya, interpretado por Daniel Perea, 70 años después.

El fugaz encuentro del torero con el toro, que subyace en el breve cruce del recorte, adquirirá luminosidad y grandiosidad (aunque no extensión)  cuando el torero empiece a ayudarse con la capa. Cuando empiece a gallear.

1883-12-31 Pedro Romero (Lám.)

 Detalle de otra lámina de la Lidia (Titulada “Pedro Romero” y publicada el 31/12/1883). El dibujante de la Lidia reinterpreta con acierto la evolución de la suerte. Pedro Romero (como quizás cualquier otro torero de la época) se empieza a ayudar con las manos que sostienen la capa para dirigir la embestida del toro.

 

Poco a poco, la suerte se definirá y matizará y el capote (el vuelo del capote) empezará a jugar un papel primordial en el galleo. El movimiento de los brazos y muy especialmente el de los codos, añadirán matices muy singulares a la suerte y acabarán de definirla.

1891-08-10 LL Lámina Cuchares galleando

Cúchares, uno de los grandes creadores de lances de capa y muleta del siglo XIX, en el galleo del bú, toreando con los vuelos del capote gracias a la ayuda de los codos (Lámina de la Lidia. 10/08/1891).

 

Precisamente, será ese juego técnico de los brazos y los codos, al imprimir vuelo, el que conferirá al capote esa magia especial que desprenden los galleos.

Una magia que explica la imagen irreal pero fantástica que, del galleo del bú ejecutado por el Tato, nos dejó para la posteridad Gustavo Doré.

 

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Si bien el Tato no destacó por la calidad de su toreo (su especialidad fue la estocada al volapié) así –casi como un bailaor de flamenco- es como lo veía Gustavo Doré cuando galleaba en la suerte del .

(Continuará…)

jueves, 14 de marzo de 2013

Suertes en desuso (V) La Navarra

Por Jose Morente

En el álbum, podemos ver una sucesión de imágenes que corresponden a un lance ejecutado por Joselito el Gallo, con el toro Nevadito, en la plaza vieja de Madrid, el día de los 7 toros de Martínez. Se trata de una navarra, La navarra auténtica. Una suerte muy diferente a la que hoy se conoce con este nombre (suerte esta, la actual, que en realidad procede del repertorio de Chicuelo).

Uno de los lances de capa antiguos, que todavía hoy suponemos que se practican con cierta asiduidad, es el que llamamos “navarra”.

Por ello, si decimos en este blog, que la “navarra” es una de las suertes del toreo en desuso, como hemos puesto en el título, nuestros lectores podrían pensar que estamos desvariando.

Pero no, no estamos “trascordados”. La “navarra”, una de las suertes primigenias del toreo de capa, descrita ya en las más antigua de las Tauromaquias (La de Joseph delgado, vulgo Yllo) se ha perdido (si nadie lo remedia y estoy invocando directamente a Morante de la Puebla) en el olvido de los tiempos, confundida entre otros recortes ancestrales.

Vayamos por partes. Por eso, vamos a ver primero imágenes del lance que conocemos actualmente con el nombre de “navarra”. En este caso, se trata de uno de los quites que José Miguel Arroyo “Joselito” realizó el día del 2 de mayo de 1996 en la Plaza de las Ventas cuando, toreando en solitario, tuvo una de sus mejores tardes en esa plaza y, posiblemente también, de toda su carrera profesional.

Estamos en el segundo toro de la tarde, Garbosillo de Cortijoliva. Joselito lucha con el viento y las complicaciones de la res pero resuelve de forma airosa el quite.

 

Como bien dice, en los comentarios, Victorino hijo que acompañaba ese día a Moncholi y a Joaquín Bernardó, en México a ese lance se le conoce con el nombre de “chicuelina antigua”, ya veremos porqué. 

 

La navarra antigua en las Tauromaquias clásicas

El lance al que hoy llamamos navarra y que hemos visto realizar a José MIguel Arroyo “Joselito”. y que practicaba también con bastante asiduidad (siempre en quites) Luis Francisco Esplá, no tiene nada que ver (y aquí la sorpresa) con la antigua navarra, aquella que describían las viejas tauromaquias. Vamos a demostrarlo.

Pepe Hillo, en la primera edición de su tauromaquia (1796), dice que la navarra es suerte que se debe hacer, estando el diestro en rectitud del terreno del toro y una vez que éste embiste …

La Navarra Pepe Hillo (1796)

 

Pepe-Hillo no nos dice hacia que lado debe darse la vuelta el torero y tampoco la lámina que acompañaba la segunda edición sirve para aclararlo pues refleja el momento en el que el toro entra en jurisdicción pero no recoge el remate.

Lám. XVII. capeo a la navarra (Hillo) 001

Una de las láminas que acompañaba a la 2ª edición de la Tauromaquia de Pepe-Hillo, la de 1804.

 

¿Hacia que lado debe darse la vuelta el torero?

En realidad, tal y como está escrita la Tauromaquia de Hillo y si leemos atentamente, la cuestión no debería plantear dudas, aunque las ha suscitado entre algunos autores recientes. Y no debe plantear dudas porque si la capa hay que sacarla (“arrancarla”) por bajo lo lógico es que el giro se de en sentido contrario al viaje del toro. Ya que, si fuera al revés y se acompañara al toro en su recorrido (como se hace en la actual navarra), la capa no habría que quitarla bruscamente por debajo del hocico del animal sino limitarse a “tender la suerte”.

Vemos al Miguel Ángel MartínezZapopan” (El creador de la “zapopina”) ejecutando la actual navarra acompañando suavemente el viaje del toro que en este caso es su compañero de entrenamiento (Del DVD que se incluye en el libro “Alas de mariposa”. 1ª ed., Editorial México Mío, México, 2011)

 

En la actual navarra, al contrario que la suerte que describía Hillo, el giro se da en el mismo sentido del viaje del toro como vemos hacer aquí al “Zapopan” en un entrenamiento, más o menos rápido pero sin brusquedades.

Ítem más, las siguientes tauromaquias precisaron el tema de forma que cualquier confusión sobre este aspecto resultaba ya imposible.

Paquiro dice, concretamente, que el torero:

“Le arrancará con prontitud la capa por bajo del hocico, dando al mismo tiempo una media vuelta con ella por dentro, viniendo a quedar otra vez frente al toro”

Y Guerrita de forma tajante y concluyente explica que, estando bien humillada la res y pasada la cabeza:

“el matador retira el capote por bajo y da una vuelta en redondo girando hacia el lado contrario al que haya marcado la salida, volviendo a quedar frente al toro”

En lo que no se ponen de acuerdo estos toreros, es en las condiciones que deben reunir las reses para propiciar la suerte, algo muy importante pues las Tauromaquias clásicas no dan normas fijas sino reglas que varían en función de las condiciones de los toros.

Pero, como ocurre siempre, cada uno cuenta la feria según le va en ella. Por eso cada torero tiene su visión personal y diferente. Así mientras que para Pepe-Hillo, la suerte a la navarra sólo debe intentarse con las reses boyantes y siempre que conserven las piernas, Paquiro discrepa y sostiene que la suerte puede hacerse con reses de casi toda condición, aunque con algún matiz en los burriciegos y tuertos y con muchas precauciones en los que ganan terreno y los de sentido.

Guerrita, más prudente que Montes y, por tanto, más cercano a las tesis del sevillano que a las del chiclanero, sólo la aconseja con los bravos (boyantes) y los revoltosos.

 

La navarra antigua en nuestra particular Tauroteca.

Descrita la navarra antigua en las viejas tauromaquias, está claro que esa suerte (que muchos atribuyen a Martincho) no se asemeja nada a la que hoy se practica con el mismo nombre ya que la vuelta (más brusca) se da en aquella en sentido contrario al viaje del toro mientras que en la actual navarra, se gira más suavemente en el mismo sentido.

Por suerte, disponemos de  una película donde está grabada la navarra antigua. Corresponden a los lances de recibo de Joselito el Gallo a su quinto toro, Nevadito, la tarde de los 7 toros de Martínez. Es una película que ya hemos insertamos en anterior entrada de este blog y de las que decíamos:

“Aunque nos pueda sorprender hoy, Paco media Luna en el Toreo llamaba navarra al lance que Joselito da después del farol. Un lance que no tiene nada que ver con la suerte que hoy conocemos con este nombre sino con la descrita en las Tauromaquias clásicas. Se trata pues de la verdadera navarra. Quede hecha la precisión sobre un lance al que dedicaremos una próxima entrada.”

 

1914-07-04 Paco media Luna El Toreo

Descripción, por  Paco Media-Luna, de los lances de Joselito al quinto toro, Nevadito de Martínez en el Toreo del día 4 de julio de 1914.

Vemos otra vez esas imágenes pero, ahora, ralentizadas lo que nos permitirá apreciar y comprender cabalmente la técnica y el mecanismo de ese lance que Joselito utiliza como remate de esa serie después de un farol.

 

¿Navarra o molinete?

La imprecisión terminológica que provoca el hecho de que una suerte deje de practicarse durante algún tiempo es un problema muy frecuente no solo en tauromaquia sino también en otras disciplinas. Si a ello se une la falta o dificultad de transmisión de la información que era frecuente en épocas pasadas (nada que ver con el exceso de información que es el problema que tenemos hoy día) se comprenderá fácilmente las razones de los “bailes” en la denominación de muchas de estas antiguas suertes.

Igual que pasó en su día con la suerte de frente por detrás como veíamos en anterior entrada de este blog, al pasar la navarra a convertirse en una suerte en desuso, se aplicó su nombre a otra suerte posterior que es la que hoy se practica pero que no tiene nada que ver con aquella (y a la que me parece oportuno denominar -para evitar confusiones- “navarra antigua”).

Consecuencia de lo anterior, es que cuando la genuina suerte de la navarra se ha ejecutado ante los ojos de aficionados de generaciones posteriores, estos, al desconocer el nombre verdadero, la han rebautizado con otras denominaciones. Precisamente, eso es lo que ocurre en la grabación de Achúcarro, donde el locutor utiliza la denominación de  “molinete” para la “navarra antigua”.

La cosa tiene su lógica pues el giro del torero emparenta ambas suertes dentro de la familia de las denominadas “suertes de molinillo”.

A este respecto resulta muy instructivo comparar los nombres que utiliza Robert Ryan, en su libro “El toreo de capa” (recientemente reeditada), para todas esas suertes tan parecidas: La actual “navarra”, la “media verónica al molinete” y el “recorte al molinillo”

En todos los casos el intérprete es el genial Chicuelo.

 Ryan-Navarra Chicuelo 001

Chicuelo ejecuta aquí la suerte que, en la actualidad, se conoce como navarra y que nada tiene que ver con ella. En México, con más acierto, llaman a esta suerte “chicuelina antigua” pues la conocieron, de la mano del genial torero de la Alameda, antes que a la “chicuelina” verdadera.

 

Ryan Recorte al molinillo Chicuelo 001

 Ryan (y otros autores) han denominado “recorte al molinillo” a esta suerte que es muy similar a la “navarra antigua”, esa que veíamos ejecutar con gracia sevillana a Joselito el Gallo en la película de Achúcarro con la misma gracia que aquí derrocha su aventajado discípulo, el inimitable Chicuelo.

 Ryan Media veronica al molinete Chicuelo Toledo 001

Y finalmente, Chicuelo ejecutando la que Ryan denomina “media verónica al molinete”. Una suerte que es también muy similar a las anteriores.

 

Las diferencias entre las dos suertes que comenta Ryan (la “media verónica al molinete” y “el recorte al molinillo”) y la navarra antigua son excesivamente sutiles. A la vista de la película de Joselito, pienso que en la navarra las manos deben ir cada una a un lado del cuerpo mientras que, en las otras dos suertes, van al mismo lado, pero esto no pasa de ser una hipótesis que habría que verificar con más detalle.

Vemos ahora a Armillita (una de los verdaderamente grandes toreros de la historia) ejecutando una verónica y un recorte al molinillo de recibo y, después del quite al picador, en una serie de modernas navarras rematada con una serpentina.

 

 

De Navarra a Sevilla. El origen de la “Chicuelina”

Viendo estas imágenes y estas fotografías antiguas, creo que queda claro (o al menos a mí me lo queda) que el origen de la “Chicuelina” de Chicuelo no está en ninguna suerte del toreo cómico, sino en el genuino lance a la navarra que describía Pepe-Hillo en su tauromaquia. Ese lance que se dice que inventó Martincho, del que Cúchares pasa por gran intérprete y que hemos visto ejecutar, con precisión y garbo, a Joselito el Gallo.

Chicuelo convirtió a la navarra, que era un lance brusco donde el torero arrancaba la capa por bajo del hocico del toro, en un lance nuevo y distinto, mucho más airoso y elegante, por el simple procedimiento de levantar los brazos y parar los pies en el giro al estilo de ese otro lance de capa, también de su cosecha, que es la actual navarra.

 

Ryan Chicuelina Chicuelo 001

La “Chicuelina” de Chicuelo deriva de la navarra antigua (pues el giro se hace también en sentido contrario al movimiento del toro) pero adobada con el sentimiento del genial torero sevillano. El mismo sentimiento que Chicuelo imprimía a ese otro lance de su repertorio que, en México, llamaron “chicuelina antigua” en su honor y que aquí conocemos, hoy día, como “navarra