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domingo, 3 de octubre de 2021

Morante en Sevilla (II) Se llaman tijerillas

Por Jose Morente

Si con el cambio de rodillas de Morante hubo algún cronista que no acertó a etiquetarlo, lo mismo ocurrió con el galleo con el que el diestro de la Puebla llevó ese toro al caballo.

Para empezar el plus:

-Aquí está el capote, el capote del revés.... Está Morante

- Extraordinario

- Toma. Ha servido esa manera para que el picador deje el puyazo arriba  

Otro buen aficionado dice en su blog

- Pero es que después llevó al toro al caballo con un galleo cruzando los brazos que no habíamos visto nunca, ni en fotos antiguas

Y otro crítico de prestigio apostilla:

- Llevó el toro al caballo con un galleo espectacular, andando hacia atrás con el capote por delante y los brazos cruzados.

No sigo. Que se trata de un galleo es evidente, pero describir una suerte no es conocerla y ese lance "cruzando los brazos" resulta ser una simple y arcaica "tijerilla". Una suerte descrita en la Tauromaquia de Pepe-Hillo publicada en 1796, quien la llama "suerte a lo chatre".

No es que la suerte sea habitual hoy día, al contrario pues se trata de lance en desuso, pero su descripción es bien sencilla y clara, lo que permite o debe permitir identificarla. Decía Hillo:

Montes en su Tauromaquia Completa (1836) ya la llama tijerilla. Dice el diestro chiclanero que le da poca importancia:


Pero quien mejor la explica es Guerrita en su Tauromaquia (1895)


Es interesante el comentario y, en especial, ese no prestarse a lucimiento por lo fácil que es embarullarse en ella. Algo que, en general, ocurre con todas las suertes en movimiento. También habría que añadir que, en el remate del lance, los brazos deben volver a quedar cruzados si se quiere enjaretar una tijerilla con otra, tal y como hace Morante

Guerrita añade el listado de diestros expertos en esta suerte (pocos, según él).


Aunque a finales del XIX Guerrita firmaba casi un certificado de defunción de esa suerte de tijerilla o "a lo chatre", hay que señalar que los mexicanos por un lado y Antonio Bienvenida por otro han sido capaces de conservar esa vieja suerte.

Una suerte desempolvada en Sevilla, ayer mismo, por el genio de la Puebla del Río ¡Gracias, maestro!

Capeo a la tijera (La Lidia, 26 de octubre de 1891)





jueves, 22 de septiembre de 2016

El primer gran torero

Por Jose Morente


Joaquín Rodríguez Costillares (Detalle del retrato de Francisco Domingo Marqués-1880)

El apellido Rodríguez en el toreo

Rodríguez y Rodríguez se llamaba aquel intrépido José Dámaso "Pepete" al que mató un toro de Miura -Jocinero- en la plaza de Madrid. También Rodríguez pero Manuel se llamaba aquel mítico Manuel Rodríguez "Manolete" también muerto por otro miura -Islero- en la plaza de Linares. Otro Rodriguez, Félix, fue torero de culto en la Edad de Plata. Y también Rodriguez se apellidaba ese genial e irregular torero trianero que se llamó Joaquín Rodríguez "Cagancho" quien comparte nombre y apellido con el primer gran torero realmente importante de la historia del toreo: el sevillano del barrio de San Bernardo, Joaquín Rodriguez "Costillares".

He dicho realmente importante, y lo he dicho con fundamento. No sólo porque su competencia con Pedro Romero, a la que luego se uniría Pepe-Hillo, es la primera competencia digna de tal nombre, sino porque sus aportaciones en esa época primigienia del toreo a pie son fundamentales.


Las aportaciones de Costillares

A saber: Costillares perfecciona, si no inventa como suerte de recurso, el vuelapiés, solventando el problema que planteaban los toros que no podían recibirse por no acudir al cite. Hecho cierto que atestigua Pepe-Hillo en su Tauromaquia.

Asimismo se le atribuye la invención de la verónica. Aunque. como apunta Cossío, "debe entenderse que lo que debió hacer fue regularizar el lance de frente imprimiéndole un estilo propio".

Pero su aportación más decisiva y sustanciosa fue la que hizo al toreo de muleta. Antes de él, la muleta se utilizaba sólo para llamar la atención del toro y para distraerlos en el momento de la estocada. Costillares va a utilizar la muleta como elemento de trasteo, para ahormar al toro antes de la estocada. Costillares es, por tanto, el germen del toreo de muleta que tanto esplendor alcanzaría con el tiempo.

Eso en lo que atañe a la lidia que, en lo que respecta a la organización del espectáculo, puso bajo su mando a las cuadrillas, quitando poder a los varilargueros, y también cambió el traje de torear.

Apostilla Cossío que "es muy difícil apreciar a distancia y sin documentos gráficos suficientes, las circunstancias y perfecciones de su toreo pero encontrar su nombre como fundamental, en la evolución del juego de capa, muleta y estoque, nos da idea de su valía"


Con Costillares la muleta comienza a utilizarse para trastear a los toros y no sólo para matarlos (Láminas X y IX de la colección de aguafuertes de Luís Fernández Noseret-1790)
Una larga cuerda

Y, aunque efectivamente, a distancia, es muy difícil vislumbrar y encuadrar su figura, se me antoja que, en el triunvirato de Hillo, Romero y Costillares, el primero, encarna el arte, alocado si se quiere; el segundo, el valor seco y desnudo y el tercero, nuestro personaje, sería la encarnación primera de ese tipo de torero de cuerda larga y de enorme intuición con los toros que tanta relevancia ha tenido a lo largo de la historia. Costillares es, por tanto, el primer gran torero de una saga que pasa por Paquiro, El Gordito, Guerrita, Joselito el Gallo, Armillita, Luis Miguel Dominguín, Paco Camino y llega, en nuestros días, hasta el Juli.

La columna vertebral del toreo.

Costillares, el primer gran torero vertebral de la historia, con la muleta en la mano izquierda (Aguafuerte de Juan de la Cruz de 1777 en pleno apogeo del diestro sevillano)

jueves, 8 de septiembre de 2016

Cuaderno de notas (CIV) Siempre existe riesgo

La seguridad y poderío de que hacen gala en las plazas los toreros largos, juega a la postre en su perjuicio.. Una injusta situación que ha afectado a todos los diestros de esta cuerda comenzando por Joselito el Gallo
"Pero es lo curioso del caso que en el toreo, para la versatilidad y ansía de novedades de los aficionados, la sabiduría es sin discusión una cualidad que se elogia fuera de la plaza, pero dentro de ella viene a defraudar al espectador que busca siempre en la lidia un especial duende de incertidumbre y morbosa emoción que ha de herir la sensibilidad crudamente.

La seguridad de estos diestros resta ocasiones de sobresaltos en la plaza, y aunque sean cogidos, corneados y aun muertos en el ruedo ello se atribuye a un error inesperado en la sabia precisión del diestro, y no como debiera a un riesgo constante que, precautoriamente, se vence con peligro siempre inminente de error, en tanto que este error en maneras de arrojo más patente pero no mayor, es la manera habitual de producirse en el ruedo, pudiendo conducir ambas maneras al mismo fin.

Hillo, el primero de los diestros arrojados, y Joselito, el último gran maestro ecléctico y precavido igualan con su muerte los dos procedimientos de lidia a distancia de ciento veinte años de toreo.

COSSÍO, José María, "Disertación Final de los toros" en Los Toros. Tomo IV (También  en Tomo 5/30. Página 180)

Pepe-Hillo. En los diestros arrojados, la apariencia de riesgo puede ser mayor a los ojos de los espectadores.

martes, 6 de septiembre de 2016

Breve historia de la víctima de la Fiesta (según Cossío)

La víctima de la Fiesta de Ignacio Zuloaga

Releo a Cossío en su capitulo "Carácter y breve historia del tercio de varas" de su "Disertación Final de los Toros" (T. IV/10 y también en T. 5/30. Págs. 198 y ss.).

Don José María hace un interesante análisis de este tercio que paso a resumir en los puntos siguientes:

Primero.- A principios del siglo XIX se consuma el cambio capital de la suerte de picar. De picar a toro levantado y sin riesgo de las caballerías se pasa a picar a toro parado con número cada vez más crecientes de bajas.

De picar a caballo levantado y con vara larga, se pasa a picar con vara corta y esperando al toro (Lámina V de l edición de 1804 de la Tauromaquia de Pepe-Hillo).
El toreo a caballo se subordina al toreo a pie. Las consecuencias para la caballería serán funestas. 

Segundo. A partir de Pepe-Hillo y, sobre todo, de Montes, la suerte de varas se subordina al interés del matador. Posiblemente sea, la Tauromaquia de Montes, el hito final de la suerte de picar a caballo levantado y de la vara larga.

Tercero.- La intervención del picador será a partir de entonces, la que preste carácter más sangriento a la Fiesta. Pese a la opinión de los aficionados, la matanza de caballos no se debería a la impericia de los picadores ni a falta de habilidad de los mismos, sino al modo de picar-

Cuarto. Hay más, derribado el caballo, nadie se molestaba en separar al toro de su presa pues, el que lo levantara reiteradamente en su cabeza (lo que se llama romanear) era ardid que se impuso, sobre todo a finales del XIX, para quebrantar la pujanza del burel.

Que el toro romanease era un método (cuando no se había implantado el peto) para conseguir reducir su poder (Escultura de Mariano Benlliure)
Esta situación la describe Cossío de la forma siguiente:
"A principios de este siglo [se refiere al siglo XX] el cambio de criterio era notorio, y ya se suprime en los resúmenes periodísticos de las corridas el número de caballos muertos como índice de la bravura de los toros, y por entonces había de pintar Ignacio Zuloaga, gran pintor y gran aficionado, su famoso cuadro 'La víctima de la Fiesta', alegato el más elocuente, dentro de su silencio, contra el descuido de la defensa del caballo en el ruedo. Porque, conviene insistir en ello, no se trataba de impericia de los picadores, sino de caso inevitable en las condiciones en que los toros se picaban".
Quinto.- Las criticas a este modo de actuar van en aumento y, a principios del XIX, se empiezan a adoptar medidas tendentes por un lado, a procurar menor quebranto al toro (caso de las puyas o de las rayas de picar) o a proteger a los caballos (como retardar la salida al ruedo de los picadores o la implantación del peto, utilizado ya en Francia y que allí llamaban caparazón).

"Cuando los caballos no llevaban peto"

Sexto.- La desventaja fundamental del peto -a la vista de la experiencia posterior- es evidente. El toro queda inerme bajo la pica del picador y este aprovecha la ocasión para castigarle a mano salva.

Séptimo.- La actitud del público ha variado lógicamente. Antes, el reprochable fracaso artístico del picador quedaba compensado por el riesgo evidente al que se exponía frete al toro por la falta de protección del caballo. Hoy la indignación la produce la magnitud o impunidad del castigo.

La actual suerte de varas -por el abuso e impunidad en el castigo- provoca la indignación del público y favorece las tesis contra la Fiesta (Imagen de un Blog antitaurino: Coscollet)
Octavo.- El final de este proceso, concluye, está en convertir la suerte de varas no en suerte de gallardía, sino en "adaptar la tradicional presencia del caballero en el ruedo durante la lidia a la conveniencia del toreo a pie"

Del análisis que hace Cossío, se deduce que el verdadero cambio del discurrir del toreo no acaece con la implantación del peto (1928) sino casi un siglo antes (1836), cuando el prestigio de los toreros de a pie se impone a los de a caballo. Al subordinar la suerte de varas al resto de la lidia y enfocarla exclusivamente al quebranto del toro, se modifica la lidia toda.

Una modificación esencial en la que la introducción del peto resulta ser sólo un eslabón más de esa larga cadena.

domingo, 24 de abril de 2016

La verónica más clásica y más pura

La verónica clásica tal y como la definía la Tauromaquia de Pepe-Hillo y según se interpretaba a principios de la Edad de Oro. El torero, que ha citado de frente, y ha esperado al toro sin menear los pies,  gira en el embroque, perfilándose y sacando los brazos para rematar la suerte. La posición de las piernas y edesemparejamiento de los brazos son licencia del dibujante pues, hasta Guerrita se citaba de frente y hasta Antonio Fuentes, ambos brazos se movían a la par 
(Dibujo incluido en una edición de la Tauromaquia de Pepe-Hillo. BDCyL).
Ya hemos dicho muchas veces en este blog que el toreo evoluciona con los tiempos y va cambiando al ritmo de las modas. Por eso cuando se habla de clasicismo y pureza hay que tener mucho cuidado pues lo que una generación determinada considera clásico y puro, puede no serlo tanto. Y es que, en ocasiones, nos falta perspectiva histórica, conocimiento de la historia.

Esto es lo que ocurre con el tema del compás. Hoy, muchos aficionados consideran más puro y más clásico el toreo con el compás abierto y echando la pata 'alante.

Sin embargo, esa apreciación es errónea pues lo que preconizaban las tauromaquias clásicas era justo lo contrario. O sea, el toreo con el compás relativamente cerrado y sin menear los pies.

Veamos un ejemplo. En la edición de la Tauromaquia de Pepe-Hillo, publicada en Madrid en la Librería e Imprenta de Eduardo Martínez (Sucesor de Escribano) en la biblioteca de Palmas y Pitos (y, por tanto, entre 1913-15 y no en 1875 como erróneamente se asigna en la Biblioteca Digital de Castilla y león) y que recoge con mucha fidelidad lo dicho por Hillo, se dice al hablar de la suerte a la verónica lo siguiente:
El [toro] franco, boyante, sencillo o claro, que todo es uno, se debe dejar venir por su terreno, y cuando llegue a jurisdicción, cargarle la suerte y sacarla; y hasta este acto, parará el diestro los pies para lograr echarle cuantas suertes quiera, procurando siempre que quede la res derecha y no atravesada. 
En el "Alfabeto de voces y expresiones de la Tauromaquia" que se recoge al final del citado texto se define "cargar la suerte" de la siguiente forma:
Cargar la suerte.—Es aquella acción que hace el diestro con la capa cuando sin menear los pies tuerce el cuerpo de perfil hacia fuera, y alarga los brazos cuanto puede. 
Que es lo que se ve en el grabado que se incluye en dicha edición y que hemos insertado al inicio de esta entrada.

Esta forma de ejecutar la verónica es la más clásica y la más pura. Luego, época de Guerrita, empezó a ponerse de moda el toreo espatarrado que hizo furor en las primeras décadas del siglo XX y que se mantuvo hasta que llegó Manolete.

Manolete ejecutaba la verónica con toda su pureza y clasicismo aunque incorporó algunas innovaciones de diestros anteriores. Una, la de Guerrita de ponerse de perfil, lo que le permitía ligar mejor una verónica con otra y, otra, la de Juan Belmonte de bajar los brazos, lo que le daba a la verónica mayor hondura y profundidad.

Pero el clásico (si consideramos clásico al que más se acerca al toreo parado definido en las Tauromaquias clásicas) es Manolete. No Guerrita, ni Juan Belmonte.

Y eso es así, aunque a nosotros (hijos de nuestra época al fin y al cabo) nos siga encandilando más el toreo espatarrado de "fin de siecle" (del fin del siglo XIX, claro está) que el toreo de compás ligeramente cerrado de Pepe-Hillo y Manolete. 

¡Modernos que somos!

Aunque Manolete en la verónica solía abrir ligeramente el compás más de lo que se ve en la imagen, su concepto se aproximaba más a este: De perfil, con los pies quietos y el compás cerrado y girando el torso a compás de la embestida del toro. Una verónica muy similar -salvo las manos bajas- a la del dibujo que figura en la edición de la Tauromaquia de Hillo que hemos comentado ¡Puro clasicismo!