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miércoles, 23 de septiembre de 2015

Un consejo de Guerrita sobre la suerte de descabellar

Por Jose Morente


Guerrita descabellando en la corrida de Beneficencia de 1896 (Fotografía publicada en Pan y Toros el 29/09/1896)
Piensan algunos que las Tauromaquias antiguas son un compendio de normas canónicas cuyo objetivo último es establecer como se debe torear.

Craso error, las Tauromaquias antiguas son, en realidad, un compendio de reglas prácticas, nacidas de la experiencia, que tienen carácter defensivo. O sea, que su objeto es el de señalar lo que hay que hacer, en todo momento, para evitar las cogidas.

Un momento muy delicado de la lidia, aunque no lo parezca, es el trance del descabello. Dice Guerrita en su Tauromaquia (pág. 374) sobre esta suerte:
"Si la res, a pesar de tener la cabeza humillada, no descubriera bien el sitio marcado para el descabello, no debe intentarse, porque la res, al sentir el daño, arrancará generalmente, y con mayor energía por hallarse en lo que se pudiera llamar la desesperación de la muerte, y como el diestro ha de encontrarse muy próximo, está expuesto a un contratiempo"
La aparatosa cogida de José María Manzanares, el pasado 16 de septiembre en Albacete, al intentar el descabello no responde exactamente a la situación descrita por Guerrita pues Manzanares es cogido al aproximarse al toro del Pilar para descabellarlo (no en el momento del descabello) pero esa cogida y el texto del Guerra nos alertan y recuerdan el peligro que tiene todo lo que se hace en el ruedo con el toro o alrededor del toro. Incluso cuando se practican suertes -como el descabello- anodinas y, aparentemente, poco peligrosas.

Conviene que esto lo tengamos siempre presente.

Lo vemos.





Postdata: Pese a lo aparatoso de la cogida que podría haber afectado las cervicales, Manzanares reaparecería muy pocos días después. Concretamente, el día 20 en Nimes. Está claro que hay un dios que protege (a veces) a los toreros...

domingo, 1 de marzo de 2015

La mano que mece la cuna…

Por Paco Carmona y José Morente

Foto (Paco Carmona)

Natural del Juli ayer en Albacete. La mano que acaricia la muleta…

Ayer en el Festival Benéfico de Albacete, el Juli deslumbró con la rotundidad y la solvencia a las que tiene acostumbrados a los aficionados. Sobre todo, toreando de capa estuvo inmenso, con mucho gusto y variedad, convirtiendo en cante grande, los lances de adorno.

Quizás por eso, por ese altísimo nivel con el capote, el toreo de muleta, con ser sumamente templado y cadencioso como han destacado todas las reseñas, no nos acabó de convencer y así lo dijimos en facebook. Gran faena, muy buen toreo con la franela, pero…

Sin embargo, hoy hemos descubierto la foto que encabeza este post. La foto de uno de los naturales del Juli en Albacete.

Una foto muy interesante pues nos presenta a un Juli con una estética poco habitual a la que esperamos de él. Con el cuerpo nada encorvado (ese es el reproche que le hacen algunos aficionados) sino, al contrario, engallado en actitud chulesca y se diría que hasta flamenca. Actitud de torero caro.

Pero no era ese, el de su pose y gesto en el pase natural, el detalle importante de la foto ni lo que nos había llamado la atención. Si nos paramos a observar con detenimiento la instantánea, hay un gesto que destaca y sorprende: la mano que torea.

Una mano abierta por la palma y que no coge sino que sostiene con toda delicadeza el palillo de la muleta, cogido sólo por tres dedos, con un máximo de soltura y, por tanto, sin crispación alguna.

Un detalle que parece no tener importancia pero que tiene toda la importancia que encierra el buen toreo, el mejor toreo. Y que nos ha entusiasmado.

Viendo la foto, hemos recordado que Rafael el Gallo decía que, para torear bien, hay que acariciar. Eso decía.

Y también hemos recordado una anécdota que contaba, creemos, uno de los Bollaínes. Y es que, una tarde en Madrid a Antonio Bienvenida se le cayó, antes del cite y por dos veces, la muleta de la mano (con la consiguiente rechifla de los puristas)  pues en vez de cogerla con fuerza, la llevaba sostenida con la yema de los dedos, casi sin presión alguna. Para poder acariciar la embestida.

Así, sostenida con delicadeza, es como lleva asida Juli esa muleta, apoyada en la palma de la mano para acariciar suavemente la embestida del toro de Daniel Ruiz, igual que la acariciaba Rafael el Gallo en sus grandes faenas o como quiso también acariciarla Bienvenida una tarde en Madrid.

Decía un poema de William Ross Wallace, que la mano que mece la cuna es la mano que mueve el mundo….Podría decirse entonces, parafraseando, que la mano que mece la muleta es la mano que mueve el toreo.

Esa era la mano del Gallo o la de Bienvenida. Pero es, también, la mano del Juli en Albacete, sin ir más lejos.

Foto (Paco Carmona) - copia

La mano que mece la cuna lleva meciendo el toreo tres lustros, con sus cimas y sus simas, pero aún hay quien no se quiere enterar y se pierde "cosas" como esta. En la foto se puede apreciar como le mete sólo tres dedos por debajo del palillo y lo lleva toreado con la palma de la mano, una forma de girarle la muleta sin utilizar la tensión de los dedos, sólo pecho, codo y cintura y la palma abierta, similar a como se hace con el capote. Como si Juli, tratara de acompasarse a la embestida sin que se note su muleta, algo inconcebible para quien entiende el toreo casi científicamente.