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jueves, 16 de junio de 2016

Cuaderno de notas (LXXXIX) Desengañar al toro según Manolo Martinez

El propósito más importante de las pausas largas entre series es que el toro ordene su instinto mental y reconsidere que él es el que tiene que ir al trapo (Manolo Martínez)
"¿Que crees que le pasa a un toro cuando salta a la arena con el primer castigo que se le impone, la divisa? Arremete con todo su ímpetu al que se le  atraviesa en su carrera por el ruedo. Lo que sigue, para él es terrible: sus embestidas se le van en blanco. Cada objeto de su ataque termina en falso. Es natural, su fuerza está intacta, le sobra coraje. No se fija, no sabe lo que le está pasando. Ataca una y otra vez y el sujeto de la invasión se esfuma, no aparece, no se materializa.

(...)

Finalmente, ataca a la muleta en su último intento. Después de varias acometidas de balde, el animal decide pararse. Se detiene y "piensa" con su instinto para preguntarse ¿Qué está pasando aquí? Ataco, me esfuerzo y ¿que consigo? Nada, siempre me burlan. No puedo alcanzar a los que me molestan e hieren.

En su pausa, reconsidera mirando al torero y al engaño. No discierne cual de los dos es el que le acosa y parece decir: Ven, ven tú, elusiva figura, acércate que ahora sí voy a alcanzarte. Si en ese momento de "reflexión" del toro, el torero acude y lo obliga, el toro se resabia y defiende, ya que se ha puesto a la defensiva. Embestirá sin duda, pues para eso le han manipulado sus genes, pero no será claro; tirará cornadas, para identificar "quien es" su enemigo.

Si el espada, por el contrario; entiende ese momento crucial y aguarda sin precipitaciones, acercándose poco a poco hasta encontrar la distancia, sin agobiarlo, sin ir descaradamente a él, entonces el toro recuperará su seguridad y se convencerá de que es él; el que tiene que ir de nuevo.

El engaño es entonces completo o, más bien dicho, el toro se desengaña definitivamente y se concentra en la muleta".

Guillermo H. CANTÚ "Manolo Martinez-Un demonio de pasión (1ª ed., México, Editorial Diana, 1990. Página 170)


martes, 14 de junio de 2016

Cuaderno de notas (LXXXVII) No se debe confundir poderío con ventajismo

En sus primeros 6 años de matador, Manolo Martínez, uno de los toreros más poderosos y quizás por eso acusado de ventajista por algunos supuestos conocedores y a quien va dedicado el texto de Cantú, recibió 10 cornadas graves. 
"Siempre que un torero ve con claridad -y serenidad- las condiciones de la mayoría de los astados y percibe respuestas donde los demás vislumbran oscuras interrogaciones, invariablemente se le cuelga el calificativo de ventajista.

Tal parece que en el ánimo de cierto público y de algunos conocedores la superioridad y el dominio nato delante de los toros son una ventaja y que se tiene que estar a merced de las embestidas, si no es en los pitones mismos, para que haya verdad en una faena.

Desde Pedro Romero hasta Fermín Espinosa, pasando por Paquiro, Guerrita y Joselito, el poderío siempre se ha confundido con el ventajismo que, en todo caso, ha de ser tan complicado como el poder, ya que conocidas de sobra por la mayoría de los toreros, las ventajas no han convertido a nadie en figura de los ruedos".

Guillermo H. Cantú "Muerte de azúcar- Substancia taurina de México (Editorial Diana, 1ª ed., México, 1984. Páginas 202 y 204)

domingo, 12 de junio de 2016

Manolo Martínez en Concierto (por Pepe Alameda)

Por Jose Morente

Motejado de derechista, Manolo Martñinez sabía torear -con los vuelos- al natural así de bien

Una de las figuras claves en la historia del toreo, en la evolución del modo de torear, fue el regiomontano Manolo Martínez. Aclamado por los más y odiado por los menos (siempre los mandones han provocado las iras de algunos aficionados pues los rayos acaban yendo a las cumbres) el toreo de Martínez es indiscutible. Un torero de época.

Indiscutible en sus inicios, donde asombró por su intuición para entender a las reses (se presentó de novillero cuando llevaba varios cientos de animales toreados en el campo) e indiscutible en su final donde rayó a cotas artísticas antes impensables. Lo discutieron mucho pero, como decía Corrochano, para ser indiscutible antes hay que ser muy discutido y ese es el caso de este torero al que creo que le corresponde el mérito de afianzar el toreo en redondo.

El toreo en redondo no lo inventó Manolo Martínez. Tampoco inventó el retrasar la pierna de salida para engarzar los muletazos (ligar) rotando sobre la pierna de entrada sin perder pasos pero el fue quien le dio su máxima expresión a esa forma de torear.

Una forma de torear que, aunque los aficionados neófitos piensen -equivocada e ingenuamente- que es moderna, tiene ya 50 años. Medio siglo.

Pepe Alameda, sagaz y atento observador, al tanto de estas magníficas innovaciones, le dedicó en su día a Manolo Martínez un programa y un poema. Transcribimos el poema y rescatamos el programa.

Y cuando del toro tiro
y su belleza completa
se aventura en la muleta
voy sntiendo que a mi mando
se va su masa templando
con rotación de planeta


jueves, 11 de febrero de 2016

Torear para el toro

Por Jose Morente


Paco Camino en la Macarena de Medellín con un toro de Achury Viejo (Foto de la página de facebook "El toreo y su sombra")
Me gustan muchas formas diferentes de torear pero esa que se ve en la foto de Paco Camino, al natural, con un toro de Achury Viejo, en Medellín, allá por los 70, me encandila especialmente.

Para empezar hagamos alguna precisión. No estoy de acuerdo con aquellos que sostienen que existe un único modo de torear, una única técnica y que lo que varía es el acento personal, o sea el estilo, que, en la interpretación de esa única técnica, pone cada torero. 

Es cierto que el acento personal, el estilo, es primordial en el toreo (como lo es en el cante y en cualquier otra actividad artística), pero no es menos cierto que, además de estilo, el toreo es, sobre todo, cuestión de concepto, de planteamiento.

Y no es lo mismo torear poniendo el valor  por encima de todo que poner el acento en las formas (la estética) o que ponerlo en la técnica. Son tres planteamientos legítimos, pero muy diferentes que dan lugar a tres modos de torear también muy diferentes.

Me gusta y mucho, el toreo de arte, que es el toreo de quien torea por su propio goce y para disfrute de los espectadores. Pero también me emociona el toreo de valor, el toreo de quien torea para demostrarse a sí mismo y a los demás su capacidad de forzar los límites. Tanto como me impacta el toreo de conocimiento, el de aquellos toreros que torean en función del toro, que torean por y para el toro.

Ese último, ese torear para el toro, en función del toro, es el modo de torear de Paco Camino y el de todos los toreros de su cuerda, desde Guerrita y Joselito el Gallo, hasta el Juli, pasando por Luis Miguel Dominguín, Manolo Martínez Paco Camino.

Ese es el toreo que mejor ejemplifica ese aforismo que dice que "una cosa es torear y otra pegar pases" pues, para estos toreros, torear no es acompañar de forma bella y elegante las embestidas de los toros ni enfrentarse a estos en una lucha tensa, dura y sin cuartel. Para Paco Camino y para todos los toreros de su cuerda, torear no es una cuestión de estética (aunque, a veces no desdeñan componer la figura como los toreros de arte) ni de épica (que para ellos es un medio y no un fin aunque a veces nos asombren con sus proezas) sino de dominio. Un dominio basada en la inteligencia del hombre, en el conocimiento de las reses, lo que se traduce, en la plaza, en llevar a los toros toreados.

Eso de llevar a los toros toreados, que es la clave del planteamiento de estos toreros, se aprecia muy bien en la foto de Camino que encabeza esta entrada. Se ve claramente, de forma meridiana y prístina, como Camino tuerce la figura, la rompe y la descompone, para mejor señalar su camino al toro. También se aprecia claramente como concentra la mirada en los pitones y como concentra toda la tensión de su figura (nada relajada, ni desmayada sino todo lo contrario) en esa muleta (esta sí relajada y suelta en su caída natural) que se alza levemente para ayudar al toro en el final de su trayecto, en el final de ese muletazo.

Torear -para Camino como para todos los diestros citados- no es, en resumen, una cuestión de ánimo (épica) ni de sentimiento (estética), sino un ejercicio de inteligencia. Lo que a mí, personalmente me subyuga y emociona.

El problema de esos grandes toreros, el único y verdadero problema de todos los toreros de esa cuerda, la cuerda del conocimiento de las reses, es que el que torea para el toro no torea al público

Y eso es algo que los público -por desgracia- no suelen agradecer.

Más bien, al contrario.

El toreo de dominio e inteligencia. Torear por y para el toro es algo que los públicos no suelen agradecer lo suficiente (Fotografía de la web de la Peña los de José y Juan)