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sábado, 9 de diciembre de 2023

Azúcar para una despedida

 Por Enrique Guarner

12 de abril de 1925. Gaona brinda su último toro (fotografía publicada en Mundo Gráfico)

El adiós de Gaona tuvo lugar el 12 de abril de 1925. El ruedo en el que ocurrieron sus primeros éxitos, era también el teatro de la despedida. La plaza había sido engalanada como para los grandes días de fiesta.

El cartel lo formaban tres toros de Atenco y tres de San Diego de los Padres. El alternante: Rafael Rubio "Rodalito", diestro sin relieve, nacido en Badajoz. Lo nombraban el "Gaona español", por la semejanza de fisonomía que presentaba con el mexicano. Sin embrago, ya hubiera querido el que su parecido hubiera sido en la forma de torero y no en el físico.

Rodolfo estuvo aceptable en el primero, que se volvión reservón, al tercero lo banderilleó y con el quinto, que brindó al jefe del estado mayor presidencial, licenciado Alesio Robles y al cronista "Monosabio", le realizó un buen trasteo de muleta, pero falló con la espada.

No quedó satisfecho el leonés con el resultado de su actuación y recurrió al heroísmo de obsequiar un toro que era también de la gandería de San Diego de los Padres. Su nombre "Azucarero", de pinta berrendo en cárdeno y corniapretado. Fue un burel excelente, sobre todo muy suave.

Azucarero de San Diego de los Padres.

Gaona supo aprovechar el dulce. Hizo lucida lidia con el capote y un quite, con una bella larga, al picador Guadalupe Rodriguez, que había colocado un enorme puyazo. En el segundo tercio,el leonés colocó cuatro pares de banderillas, dos al cambio, uno de poder a poder y, por úlrimo, un cuarteo superior.

Brindó en los medios a todo el público y, con la muleta, se hartó de torear a "Azucarero", que se había vuelto de miel. Los pase fueron incontables, llenos de finura. La banda comenzó a tocar la vieja pieza "Las golondrinas" y la porra hacía sonar las campanas de León. Como el "gran indio" derrochara todas las suertes de su arte, el toro llegó aplomado a la muerte, lo que contribuyó a que pinchara cuatro veces y acabara con estocada.

Hubo una estruendosa ovación y Gaona saludó desde los medios. Cuando todo el mundo creía que le leonés todavía estaba en la plaza para recibir el complemento del homenaje, se había marchado sin decir adiós. No obstante, siempre respetó esta retirada y nunca más volvió a torear. Se fué además en plenitud de facultades, cuando nadie podía con él y puso punto final a una vida en la que fué el más artista y elegante.

GUARNER, Enrique. Historia del Toreo en México, editorial Diana, México D.F., 1979. Págs. 189-190


TAUROTECA. Despedida de Rodolfo Gaona con "Azucarero" de San Diego de los Padres (de la película "Yo quiero ser torero"

Aunque, de la despedida del Petronio del toreo había visto algunas escenas sueltas, lo cierto es que hasta ahora no había podido ver la faena completa de Gaona a Azucarero. Es un track de esa "joya de la historia del toreo" como la llamaba Antonio Luis Aguilera, que tendremos que ir visionando poco a poco.

La faena de Gaona a Azucarero es una verdadera delicia, desde el recibo capotero hasta la faena de muleta, pasando por los quites en varas (¡ese toro enviando al picador al callejón!) y las banderillas.

Un toro de azúcar para el toreo elegantísimo de Rodolfo Gaona, el día de su despedida ¡Vaya legado que nos dejó! ¡Gracias, maestro!


lunes, 24 de agosto de 2020

La tauromaquia de Guerrita (I) La verónica

Por Jose Morente

Guerrita (fotografía publicada en el blog Plaza de la Lagunilla)


Si la historia tiene interés es porque en el pasado se encuentran muchas de las claves que explican nuestro presente. Revisar viejas fotografías y añejas películas, leer o releer libros antiguos merece la pena porque nos permite relativizar nuestras opiniones sobre el toreo de nuestros contemporáneos y aclarar y entender lo que hoy se hace en las plazas.

Pero, si nuestra aproximación al pasado se convierte en un ejercicio de falsa nostalgia con el objetivo de buscar argumentos para denigrar el presente, entonces mejor olvidarnos de los toreros y los toros de antes porque solo conseguiremos confundir y confundirnos.

Si queremos acercarnos al pasado, lo tendremos que sin prejuicios ni clichés y sin tergiversar lo que dicen esos textos antiguos. Contextualizando lo que dijeron quienes escribieron de toros en esas otras épocas. No podemos leer bajo el mismo prisma los textos de los escritores dogmáticos de la cuerda de F. Bleu o Sánchez de Neira, por ejemplo, que las oportunas y razonadas disquisiciones de aficionados tan sagaces e inteligentes como Pepe Alameda o Uno al Sesgo.

Haciéndolo así, si que merece la pena acercarse a esos viejos tratados taurinos, tratados entre los que la Tauromaquia de Guerrita brilla con luz propia.

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La verónica antigua.

En la verónica antigua se citaba de frente y presentando el capote cuadrado al toro, tal y como se ve en esta Lámina de la Tauromaquia de Pepe-Hillo (ed. 1804) y en esta fotografía de estudio de Manuel Domínguez.

Se le llama verónica por la semejanza entre la forma de presentar el capote y la del lienzo en que la Verónica, de acuerdo a los Evangelios apócrifos, enjugó el rostro de Jesús.

La Verónica mostrando la Santa Faz a la Virgen y San Juan, de Juan Antonio Vera Calvo (1864).
Domínguez citando para la verónica en una foto de estudio. Según Cossío (de quien está cogida la fotografía), el señor Manuel Domínguez fue el primero que se colocó de perfil, posición que sancionaría Guerrita en su Tauromaquia. 

Después del cite, en el lance, el torero levantaba ostensiblemente ambos brazos como se ve en esta fotografía del Papa Negro.

La verónica antigua en este caso interpretada por el Papa Negro. Las dos manos suben hasta el infinito para expulsar al toro del terreno del torero.

La secuencia completa de la verónica antigua se representa en estos dibujos publicados en la revista francesa Le midi taurin” (número del 9/08/1919)

 

La tauromaquia de Guerrita.

Aunque textos anteriores ya preconizaban cambios en la forma de torear, será la Tauromaquia de Guerrita la que mejor sintetice la transición a los nuevos modos que estaban por venir.

A Guerrita se le conoce como un torero frío, cerebral y muy poderoso. Frente al arte de Lagartijo y al valor de Frascuelo, el Guerra representa la inteligencia y el conocimiento. Pero sobre su aportación a la evolución de la técnica del toreo se ha dicho y escrito demasiado poco.

El toreo moderno no es la invención genial de un diestro genial (esa seria una lectura errónea por anti-histórica) sino el resultado de un lento proceso acumulativo de experiencias y conocimientos, de enseñanza transmitida (y mejorada) de maestro a discípulo, de generación en generación. La historia del toreo es el resultado de una lenta evolución técnica: el hilo del toreo del que habló el maestro Alameda. Y en ese hilo, el papel de Guerrita -otra vez Córdoba en la palestra- resulta crucial (aunque no se diga).

La Tauromaquia de Guerrita. Muy poco se ha hablado de su sorprendente modernidad.
De la verónica antigua a la verónica moderna: la teoría

Dice Guerrita en su Tauromaquia al hablar de la verónica:
"Se ejecuta en la forma siguiente: se coloca el diestro de costado, en la rectitud del toro y á la distancia que le indiquen las facultades de su adversario, que procurará esté paralelo á las tablas; le citará tendiendo la capa, que tendrá sostenida con ambas manos; le dejará venir por su terreno, y cuando llegue á jurisdicción, le cargará la suerte empapándole bien en el capote y lo vaciará trayéndose la mano izquierda al costado derecho, y alargando el brazo derecho, ó viceversa, según del lado de que se practique, procurando que la res quede derecha y no atravesada". 
Recapitulemos sobre los cambios que propone Guerrita en la ejecución de la verónica respecto al modo antiguo de realizar esta suerte. Son estos dos:

El cite de costado.

El cite de costado, en vez del cite frontal, lo justifica Guerrita en su Tauromaquia de la siguiente y aclaratoria forma:
"En la posición referida, encontrándose el diestro de costado al bicho, y no de frente, tiene más facilidad para dar la salida y para repetir la suerte sin moverse de medio cuerpo abajo. La suerte practicada en esta forma, resulta de más lucimiento y más parada que cuando el lidiador da la cara al toro, situándose de frente, porque para repetirla tiene, por lo menos, que dar una media vuelta girando sobre los talones".
Como dice Guerrita, con la colocación de costado resulta más fácil el remate que si el diestro hubiese citado de frente y, además, se consigue un toreo más parado, al ahorrar movimientos innecesarios entre capotazo y capotazo. Una mejora de esa quietud y ligazón que van a caracterizar el toreo moderno.

Lo curioso es que mientras el cite de costado se admitió tempranamente en el capote, todavía hoy sigue siendo discutido y no acaba de aceptarse en el toreo de muleta.

El desemparejamiento de las manos

En la verónica antigua ambas manos se movían a la vez como los limpiaparabrisas de un coche, pero Guerrita aconseja lo contrario. El Guerra dice que se deben desemparejar las manos y vaciar trayendo la mano izquierda al costado derecho y alargando el brazo derecho o viceversa.

Con ello, se consigue despedir al toro lo suficiente con la mano de salida, pero sujetarlo y ajustar el lance con la otra mano. Un avance técnico importante cuando se quiere que el toro pase cerca del cuerpo, pero que el lance tenga la largura necesaria para no tener que enmendar el diestro su posición tras el capotazo.

De la verónica antigua a la verónica moderno: la práctica

Si importante es lo que se escribe (cuando lo escribe quien sabe), más importante es lo que los toreros hacen en el ruedo. Vamos a ver en imágenes como fue esa evolución técnica de la verónica desde la época del Guerra a la época de Juan Belmonte.

La verónica antigua: Cocherito de Bilbao

La primera imagen corresponde a la verónica antigua, con el diestro -en este caso Cocherito de Bilbao- elevando las dos manos juntas hacia el infinito. Aunque Cocherito es un torero relativamente moderno (la foto es de 1911 y la colocación de perfil) la imagen transmite ese aire antiguo de las dos manos altas tan singular.


La verónica de transición: El de arriba es Bombita Chico y el de abajo, Lagartijo Chico (1902)

Esta secuencia compuesta por dos instantáneas de una misma corrida pero de dos diestros diferentes (Bombita chico y Lagartijo chico) es muy interesante, porque se ve muy bien el modo de ejecutar la verónica de transición. El cite es frontal con el capote cuadrado con la res. El segundo movimiento es el de levantar los brazos, aunque -guiño a la modernidad- las manos van desemparejadas al contrario que en la verónica de Cocherito. Las enseñanzas de Guerrita no había caído en balde y ya estaban dando sus frutos).


La verónica pre-moderna de Gaona (1911)


La verónica de Gaona tiene el sello propio de los toreros elegantes. Rodolfo se yergue sobre los pies y aunque ha citado de tres cuartos, no de perfil, tiene quebrada la cintura acompañando el viaje del astado. Las manos como el dios Guerrita manda, van cada una por su lado, por donde tienen que ir: la derecha sujeta y la izquierda -muy alta, altísima- dirige. 

La verónica de Gaona, pese a esa mano de salida a la altura de la montera, tiene aires de modernidad por lo apretado de su trazo y lo erguido de la figura.




La verónica cuasi-moderna de Antonio Fuentes.

La verónica de Antonio Fuentes es -cronológicamente- anterior a la de Belmonte, pero su aire, por ser más clásico y vertical, resulta a la postre más moderno. Fuentes cita de frente pero las manos van desemparejadas y, sobre todo, lleva ya algo más baja la mano de salida. Su expresión, su aire, es más clásico que barroco, pero ahí está el origen de la verónica actual.


La verónica personal e intransferible de Juan Belmonte. Cite de frente y mano de salida altísima

 
Otra verónica de Juan. Cite de tres cuartos y mano de salida algo más baja, pero nunca por debajo del hombro.


Citando de frente o tres cuartos, se controla mejor el embroque y se reducen riesgos en el inicio del capotazo pero se penaliza el remate que resulta algo forzado, al tener que quebrar mucho la cintura para no perder de vista al toro. En el toreo antiguo ese menor control en el remate no importaba tanto porque la ligazón con el siguiente lance no tenía la importancia que tiene hoy.

Matices técnicos y modernidades aparte, la verónica de Juan Belmonte ha sido posiblemente (con permiso de Antonio Ordoñez) la mejor de la historia del toreo por la ligazón inusitada entre capotazo y capotazo, pese al cite frontal o de tres cuartos. La clave estaba en la muñeca -prodigiosa- del trianero.


La verónica de Juan con aires de escultura. La figura forzada en el quiebro de la cintura transmite tensión y dramatismo.

El quiebro de cintura con la necesaria postura forzada del remate le dan a la figura de Juan Belmonte, en su verónica, aires de escultura barroca...

La verónica de Rafael Guerra Guerrita

Del Guerra no tenemos buenas fotografías de su época buena, cuando estaba en activo, pero si algunas cuando ya retirado gustaba dar lecciones en los tentaderos (en este caso, el alumno atento, al fondo en la segunda foto, es el maestro Joselito).

Guerrita, al contrario que Belmonte, transmite facilidad y sencillez. El Guerra se muestra, en estas verónicas, fiel a si mismo y a sus enseñanzas. Y así, si, en la primera imagen de manos desemparejadas, cita de frente, en la segunda cumple al pie de la letra los consejos de su Tauromaquia de tan fecundos resultados en la historia del toreo: cite de perfil y manos desemparejadas. 

La verónica moderna empieza con Guerrita, con su crucial aportación ¡Viva el Guerra!

sábado, 17 de agosto de 2019

La "patadita" de Morante

Por José Morente


La "patadita" de Morante

Buena se ha liado con la patadita (sólo se puede calificar así) que Morante le propinó al sexto toro de la corrida re-inaugural de la Malagueta. Un hecho circunstancial se ha tomado como pretexto para poner en solfa la impecable labor del torero de la Puebla al toro de Juan Pedro.

La cosa tiene bemoles porque en estos estúpidos tiempos que vivimos (sólo puedo calificarlos así) se magnífica un incidente menor y se oculta, omite u olvida lo que de verdad tuvo importancia: la importante faena que nos regaló ese genio del toreo.

Es posible que solo sean una minoría quienes se entretienen en buscarle cuatro pies al gato, pero si así fuera la responsabilidad es de todos pues las redes sociales (donde participamos todos) se han encargado de magnificar algo tan nimio.

Lo que no se dice (¡bueno fuera!) es que esto de la patadita no es un invento de Morante y que habría que remontarse al toreo decimonónico (por ahí andaba Curro Cúchares) buscando antecedentes. Pero Cúchares, también genial, fue un torero maldito y odiado por los ortodoxos, por lo que su ejemplo no nos vale (¿O sí?).

Un antiguo ejemplo entre muchos. Un artículo de don Jerónimo en La Lidia publicado el 28 de mayo de 1888. La patada al hocico era algo frecuente en aquellos lejanos años. El caso es que -de creer al articulista- los públicos de entonces gustaban y aplaudían esas monerías.
Yendo lejos, pero no tan lejos, no está de más recatar esta imagen de ese autoproclamado guardián de la ortodoxia que fue Domingo Ortega. Aquí está el de Borox pegando una patada en el hocico (y con mucho peor estilo y descaro que Morante, todo sea dicho) a uno de sus toros. Fue en Madrid en el año 33 y la foto se publicó en Mundo Gráfico y luego -años después- en El Ruedo.

La patadita del purista Domingo Ortega. Una patada mucho menos airosa y más antiestética que la de Morante de la Puebla.
Concluyendo, este artículo no pretende justificar la patadita de Morante, pues nada hay que justificar a la vista de la historia del toreo. A mi, personalmente, la patadita no me gusta pero tampoco me molesta. En cualquier caso, no es ninguna falta de respeto al toro, como proclaman los listos de hoy, sino suerte menor, muy menor, recurso antiguo, todo lo  antiestético que se quiera, eso sí, pero más viejo que un hilo negro (como ha dicho en twitter Pepe Luis Trujillo del Real) y utilizado por muchos toreros de antes, incluso por aquellos tenidos por más ortodoxos como Domingo Ortega o Rodolfo Gaona y tantos otros aunque, por supuesto, con menos "ángel" que nuestro coetáneo. 

Patada de un torero tenido (y lo era) por muy elegante: Gaona

La verdadera falta de respeto -al toreo- la cometen quienes desconocen su historia y quieren reinventarla o reinterpretarla como están haciendo los catalanes con la suya (que es la nuestra). 

Y que no nos digan que en todo tiempo hubo abusos, porque ese argumento -visto lo visto- tampoco se sostiene.

Otra patada de Ortega publicada en Crónica en 1936. Fea postura, aunque lo sorprendente es el comentario elogioso del pie de foto: "ya no es posible hacer más". Por suerte, luego vino Manolete y demostró que si era posible hacer más, mucho más, toreando de verdad.

sábado, 8 de julio de 2017

Y después de Fuentes ¿Nadie?

Por Jose Morente



Los aficionados a los toros somos más "orejeros" (en el sentido de "oidores") que lectores. De siempre, el aficionado ha construido su afición oyendo a otros aficionados antes que leyendo textos taurinos.

Bien está siempre que se sepa elegir a quien "oír" y a quien no conviene leer pues la mayoría de los textos taurinos (salvemos sólo a los autores de las dos primeras Tauromaquias, a Uno al Sesgo y a Pepe Alameda y poco más) sólo sirven para introducir confusión en nuestras mentes.

Y es que, en general, quienes escriben de toros lo hacen desde su propio punto de vista, desde sus convicciones. Unas convicciones elaboradas a partir de lo que han oído y, a partir de las cuales, construyen una teoría del toreo, del modo en el que se debe torear, casi siempre muy alejada de lo real, de lo que ocurre en los ruedos, pues olvidan que el toreo es un arte pragmático y no especulativo, tal y como nos enseñara Pepe-Hillo. 

Nada de eso, le ocurre a Nicolás Sampedro, cuyos planteamientos en los dos libros que lleva publicados podrán ser discutidos por algunos (la discusión es la sal de nuestra afición) pero cuyo rigor es innegable. Nicolás ha sido torero (o sea que parte de la experiencia práctica) y, además de buen "oidor" es sobre todo sagaz lector y analista de lo que otros han dicho. Siendo capaz de poner orden donde antes sólo había confusión.



El pasado día 14 de junio, presentó en Málaga, acompañado por el maestro Fernando Cámara y por quien esto escribe, su segundo libro de toros, hace poco publicado: "Y después de Fuentes ¿nadie?". Una interesante reflexión sobre las claves vitales del arte de torear.

En la presentación se habló de ese libro (de las tesis de ese libro) y también del primero que escribió Nicolás, un tratado mucho más técnico y que aborda el enjundioso (y polémico) tema de "Cargar la suerte". Un libro con el sugestivo subtítulo de "Interpretación de un misterio taurómaco"



Cargando la suerte con los brazos (con la estilográfica o el teclado de ordenador en la mano), Nicolás Sampedro Arrubla nos acerca un poco más a esa verdad del toreo que sólo está en los ruedos, como el muy bien sabe y conoce, pero a la que todos los aficionados queremos acercarnos un poco más cada día desde nuestra afición.

Un acercamiento para el que resultan cruciales, libros como estos dos que glosamos: "Cargar la suerte" y el reciente "Y después de Fuentes ¿nadie?"


Nicolás Sampedro durante la presentación del libro "Y después de Fuentes ¿nadie?" en la Sala Oyarzábal de la Diputación Provincial de Málaga

TAUROTECA. Por cierto que, para acercarnos a la figura de Fuentes, nada mejor que este fragmento de uno de los videos de la UNAM, colección dirigida por el maestro José Francisco Coello Ugalde, que me facilita Nicolás y en el que aparecen dos toreros emblemáticos por su elegancia: Antonio Fuentes y el mexicano Rodolfo Gaona.

De fondo musical, hemos elegido (no podía ser de otro modo) la canción "Fina Estampa". 



lunes, 9 de enero de 2017

Tercio de banderillas (II) Gaona. El torero que le andaba a los toros

Por Jose Morente


Gaona en el -ya mítico- "par de Pamplona" (Fotografía publicada en Toros y Toreros, el 16 de marzo de 1921)
Andarle a los toros

Como venía a decir Corrochano de Antonio Fuentes, sólo el matador que conoce y domina las querencias es el que puede banderillear realmente bien.

Ese era el caso de Rodolfo Gaona para quien torear y banderillear sólo tenían sentido si se hacían despacio, muy despacio para lo que hay que dominar terrenos y querencias. Frente al estilo genial aunque eléctrico de Joselito contrastaba el estilo pausado y parsimonioso de Rodolfo.

Según Gaona "para banderillear, hay que andarle a los toros". Y así lo hacía. Rodolfo, salía andando, andando, hasta la cara y ahí cuadraba y le metía los brazos al toro.

Añadía Gaona, en sus Memorias, que lo difícil, lo peligroso es llegarle andando a un toro, a un toro que está viendo venir al banderillero, que se está preparando para quedarse con él y que, cuando lo tiene cerca, empuja con todas sus fuerzas y, entonces, tiene uno que mejorarse rápidamente casi en el momento de clavar, y que a poco descuido se queda uno ensartado en las astas.

Así clavó Rodolfo Gaona el "par de Pamplona" y tantos y tantos pares a lo largo de su vida profesional.

¡Gaona!

lunes, 4 de julio de 2016

Cuaderno de notas (XCV) La economía de movimientos

Uno de los toreros que más han evidenciado esa economía de movimientos de la que habla Raúl Galindo en su fundamental texto "El toreo, en teoría", ha sido Pepín Martín Vázquez, torero adelantado a su tiempo, pero en general todos los toreros calificados como "elegantes" (Lagartijo, Antonio Fuentes, Rodolfo Gaona, Manzanares padre, Enrique Ponce, etc.) comparten ese mismo concepto (Pepín en una fotografía publicada en el Ruedo en 1947)
"Pasemos a hora  a lo que considero, junto con la quietud, una base para el toreo: la economía de movimientos. Ambos son dos conceptos del todo coherentes. 

Hemos dicho que el toreo es visual, el espectador percibe el dominio y la belleza que el torero genera mediante el uso de capote y muleta, y lo percibe como un movimiento correlativo de toro y torero. Dentro del lance o muletazo son el brazo, la cintura y la muñeca del torero, las que crean toreo. Fuera de ellos, el cuerpo entero evoluciona sobre la arena, posicionándose adecuadamente.

Para el toreo ideal, cada uno de estos movimientos por pequeño que sea, ha de ser útil. Si un movimiento o un conjunto de ellos es inútil debe suprimirse, y si puede ser sustituido por otro menor sin perjuicio del resultado técnico, no hay que dudarlo porque el resultado artístico mejorará.

El despilfarro de energía que el toro realiza en la lidia ha de contraponerse, en la retina del espectador, al mínimo esfuerzo del torero para que la ilógica vuelva a manifestarse. La velocidad del toro ha de carearse con la lentitud del torero (...)

Este es un toreo donde es el toro el que se mueve. Un toreo donde jamás una articulación mayor realiza un movimiento posible con otra menor: lo que mueven las muñecas no deben moverlo los codos, y lo que mueven estos no pueden hacerlo los hombros, después va la cintura y así sucesivamente hasta llegar a las piernas que suponen digamos, el movimiento mayor porque es un desplazamiento de todo el cuerpo."
GALINDO, Raúl "El toreo, en teoría-Análisis de tauromaquia fundamental" (!ª ed., Barcelona, Ediciones Bellaterra, 2014. Páginas 133-135)




Lagartijo, Fuentes, Gaona, Manzanares padre y Enrique Ponce, toreando con una estética diferente pero con el mismo concepto del toreo de Pepín Martín Vázquez, un concepto basado en la sencillez o economía de movimientos (Fotografía de Juan Pelegrín-Las Ventas)

jueves, 30 de octubre de 2014

La línea de la elegancia

Por Jose Morente

 

09

La elegancia dentro de la plaza. Airoso recorte con la muleta de José Mª Manzanares (Fotografía facilitada por Paco Carmona)

***

Hay una línea en el toreo….

Hay una línea en el toreo que brota en LAGARTIJO

Lagartijo


cuaja en ANTONIO FUENTES,

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se recrea en RODOLFO GAONA

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sonríe en DON ANTONIO BIENVENIDA

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Y culmina (por ahora) en JOSE MARÍA MANZANARES.

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Es la línea de la elegancia....

La elegancia en una fiesta tan dura, cruel, sangrienta y tremebunda siempre será un valor a buscar, proteger, ensalzar y conservar.

Dentro y fuera de las plazas…

jueves, 24 de abril de 2014

De Gaona al Juli

Por Jose Morente

 

Juli (Curro Mora)

Juli en Málaga el Domingo de Resurrección. Demostración de poderío (Foto de Curro Mora)

 

Un alarde de valor y casta

Salió a la arena el segundo, Gladiador, de Garcigrande con 513 Kilos de peso y con mucho carbón en sus bravuconas aunque emotivas embestidas. Un toro con mucha plaza.

Gladiador, en banderillas, traje en jaque a toda la peonería pues no en balde cortaba el viaje que era un primor por lo que aquello fue un verdadero desbarajuste. Algo inusitado en una cuadrilla tan eficaz y avezada como la del Juli.

Cuando tocaron al cambio de tercio, Juli se fue decidido a los medios, clavó las zapatillas en la arena y enjaretó seguidos, sin moverse un ápice, seis pases por alto, seis, que crujieron al morito y dejaron claro quien mandaba en el ruedo.

La faena siguió en vibrante pelea de poder a poder, con el toro queriendo aún convencerse de que podía ganar la pelea al osado que se atrevía a hacerle frente y con el torero empeñado en demostrarle lo contrario, tirando de él, despacio, lento y medido, en tandas interminables de gran y bella factura.

Al final, cuando el toro se paró que es cuando empieza el toreo y los defectos del animal afloran, todavía el diestro se entretuvo en buscar y exprimir las últimas arrancadas que, increíblemente, seguían siendo bruscas y violentas. Los pitones acariciaban los muslos y el vuelo de la muleta trazaba recorridos imposibles alrededor del cuerpo siempre quieto del maestro.

Y entonces ocurrió…

El toreo es cíclico y eterno. Una faena trae envuelta en el aire el rumor y recuerdo de otras muchas tardes anteriores y el regusto de lo que hicieron antes, mucho antes, otros toreros. Y surgen situaciones y gestos que parecían perdidos en la memoria de los tiempos pero que, de forma inaudita y casi mágica, afloran de golpe una tarde cualquiera cuando nadie las espera.

Eso ocurrió en Málaga, el domingo de Resurrección, finalizando la lidia del segundo de la tarde, de nombre Gladiador, de brava estirpe, de buen trapío y de enfurecida embestida, cuando Julián López, a quien llaman el Juli, se dirigió al toro con la muleta detrás del cuerpo, cogida con las dos manos, al estilo de aquel buen y fino torero catalán que se llama Joaquín Bernardó.

Juli, torero, avanzó y el toro, durante un momento, dudó si arrancarse a quien se atrevía a desafiarlo a cuerpo limpio y con el engaño detrás del cuerpo en inútil defensa…

Y entonces, igual que hace 100 años, cuando Gaona toreó, lidió y dominó a un manso encastado de Vicente Martínez, el día del homenaje al pobre Florentino Ballesteros, en presencia nada menos que del Rey de los Toreros, entonces…

… el toro del Juli, reculó asustado ante la mirada de seguridad del diestro, ante su porte sereno, ante su avance implacable, inexorable, decidido, tenaz, elegante y firme.

Igual que hace 100 años. 

Cangrejeaba el toro y avanzaba el torero mientras yo, en esos momentos, no sabía ya si seguía sentado en el tendido de la plaza de toros de la Malagueta, un Domingo de Resurrección del siglo XXI o si, en realidad, todo era un sueño y me encontraba en la plaza Monumental de Barcelona, un 19 de marzo del año de Gracia de 1918 viendo a Rodolfo Gaona imponerse a un manso de Colmenar…

¡Qué mas da Barcelona o Málaga! ¡Qué mas da 1918 o 2014! ¡Qué mas da!

El toreo es cíclico. Que es lo mismo que decir circular o eterno…

Cuando se juntan un toro con casta y un torero valiente, ya sea ayer, hoy o mañana … algunos instantes se convierten en magia.

 

martes, 22 de abril de 2014

Cuaderno de notas (XXVI) Estampa de Gaona con Gallito

 

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Gaona. El par de Pamplona

 

 

Huraño, cenceño, altivo,

quieto en la estampa te veo,

cómo cuando estabas vivo

en la summa del toreo.

 

Te da los palos José

─las banderillas, tu suerte─.

Él lo sabe ─y yo lo sé─,

no por competir, por verte.

 

Por ver en tiempo y espacio

el milagro de ajustar

los pies al verso de Horacio

 

y salir, como al entrar,

andando, andando despacio,

Rodolfo y José ¡qué par!

 

Poema de Pepe Alameda

(facilitado por Juan Antonio Polo)

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Par de banderillas de Joselito el Gallo