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miércoles, 29 de marzo de 2017

Cuaderno de notas (CXIX) El problema de los encastes. El torismo


"La demagogia torista se queda en lo externo". 
Y, en efecto, en las plazas toristas, un toro se alaba y estima, principalmente, si tiene tamaño y pitones, sobre todo muchos pitones. En la imagen, un toro de Victoriano del Río lidiado en Madrid y que fue calificado por algunos aficionados como una fiera corrupia. En realidad, fue un toro bravo y noble. Muy noble, tan noble que se abría en los engaños. En ese caso los los árboles de los pitones no dejaron a algunos ver el bosque de la nobleza (Fotografía de Javier Arroyo para Aplausos)
NOTA de la LRI. Es evidente que donde está el toro, está la corrida y también que sin mirar al toro, es imposible entender lo que ocurre en la plaza. El toro es, pues, en la fiesta lo primero. Pero esa atención obsesiva por el toro, sin la cual nada se entiende, necesaria e imprescindible hasta el punto que caracteriza al aficionado fetén, no debe confundirse con el "torismo" que no es sino su vulgar remedo cuando no una burda caricatura de la afición cabal e interesada por el toro y por el toreo. 
Este texto de Joaquín López del Ramo, escrito hace 15 años, describe, muy bien, el perfil de ese tipo de aficionado y explica, con mucho acierto, esa deriva en la que aún seguimos inmersos.

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El "torismo" es una corriente de opinión utópica. irreal y regresiva, que parte de una distorsión interesada y preconcebida del concepto clásico de la bravura y el trapío del toro.

Su nacimiento se sitúa en Madrid a comienzos de los años setenta, de la mano de un sector de la crítica que ensalzaba al toro destartalado y bronco como paradigma de la autenticidad, y al torero de gestualidad garbosa pero superficial o corto de valor, como modelo de torería o esencia lidiadora.

Esta retórica, envuelta en tópicos y lugares comunes, envolvía una realidad de fondo muy diferente al supuesto "purismo" de sus impulsores: ese toro y ese torero resultaban mucho más baratos para los grandes empresarios, y mientras se vendieran como puros y auténticos, y la gente lo creyera, el negocio era redondo. 

Los demagogos tergiversaron la técnica y la historia del toreo, se inventaron como referente un "toro de antes" que nunca existió, y sus mensajes, por repetidos y lanzados a través de potentes altavoces, condicionaron a presidentes y veterinarios, que impusieron un baremo mastodóntico al que debieron amoldarse los ganaderos en las plazas importantes.

Desaparecieron de las ferias los contreras, los coquillas, los vega-villares y los santacolomas. Se agigantaron las demás estirpes y se hundieron los murubes, los condesos y los pablorromeros, todo ello, casualmente, al mismo tiempo (...)

La demagogia "torista" da una visión empobrecedora del toro y de su lidia, se queda en lo externo, es superficial y simplificadora. Así, establece como única referencia del trapío el tamaño y los pitones grandes, sin tener en cuenta las especificidades propias de cada estirpe; llama bravo al manso espectacular; equipara la raza al genio bronco y defensivo; niega la nobleza como cualidad básica del toro y trueca la emoción por el morbo.

"Un sector de la crítica ensalzaba al toro destartalado y bronco como paradigma de la autenticidad"
Aunque todo el mundo (incluido el ganadero) reconoció que la corrida de Saltillo de San Isidro de 2016 fue una mansada, no faltó quien quiso justificarla. No en la prensa, pero si en los blogs, se pudieron leer adjetivos como "admisibles", "emocionantes", "imprescindibles" y algunos más del mismo tenor, llegando algunos a proponerlos como paradigma y modelo del verdadero toro de lidia. Un dislate (Fotografía de Andrew Moore)
Ademas, tergiversa la lidia, pues impugna las figuras del toreo presentes y pasadas por el hecho de serlo; prefiere el toreo sobre los pies a la quietud y la ligazón; confunde el cite largo con la pureza; exalta más al trincherazo pinturero que el natural macizo; prefiere, en suma, el toreo detallista y accesorio al profundo y fundamental, ya que este no lo entiende.

A su falta de enjundia, el "torismo" une la arrogancia de sus formas, pues se manifiesta hosco, agresivo, prepotente, chllón y muchas veces insultante, quizás para tapar su corta sustancia argumental. Lo malo es que, desde hace veinticinco años esta tendencia se ha oficializado, manda en varias plazas importantes y sirve de modelo en otras, con el apoyo de los viejos mercaderes de la crítica que la crearon, de sus aprendices actuales, de muchos equipos veterinarios y de algunos empresarios que la siguen manteniendo en beneficio propio.

El torismo es, según Joaquín López del Ramo, hosco, agresivo, prepotente, chillón y muchas veces insultante (Aficionado protestón en Lima a principios de los 70)
Por ello, lejos de disminuir, todos los males que ha ocasionado se manifiestan hoy con la misma o mayor virulencia, y sus tópicos, de tan escuchados, se asumen por algunos como dogma de fe, tanto más en una esfera proclive a las ideas prefabricadas y a las frases hechas como es la taurina.

LÓPEZ DEL RAMO, Joaquín. Las claves del toro (1ª ed., Madrid, Espasa-Calpe, 2002. páginas 15 y 16)

martes, 28 de marzo de 2017

Cuaderno de notas (CXVIII) El problema de los encastes. Las causas.

El trapío medio del toro de los años 60. Una brava corrida de Fermín Bohórquez lidiada en Talavera el 15 de mayo de 1966 por Litri, Diego Puerta y Pallarés. Según el revistero fueron toros con kilos y cornamenta cumplida. Vivir para ver. Hoy se lidian mayores en las novilladas (Fotografía de El Ruedo)

Es una realidad evidente que la tauromaquia ha llegado a un grado de perfección técnica y estética jamás alcanzado, pues las grandes faenas de nuestros días son más profundas, ligadas y duraderas que las de tiempos pretéritos. Este toreo de mano baja, trazo largo y pases enlazados en redondo sin solución de continuidad supone para el toro un enorme quebranto; le obliga a humillar, a desplazarse, a meter los riñones, a emplearse contínuamente en el ataque y durante mucho tiempo, súmese a ello la enorme sangría ocasionada en el tercio de varas y una anatomía que soporta casi cien kilos más de su peso natural y podrá concluirse en que nunca antes se exigió a este animal tanto como ahora.

Pero tampoco en Madrid mejoraba la cosa. En la imagen la corrida de Alipio Pérez Tabernero, lidiada ese año en San Isidro, en la Venta del Batán (Fotografía de El Ruedo)
Casi de forma milagrosa, los principales ganaderos contemporáneos han creado un toro con bravura suficiente para aguantar esta lidia demoledora y, además, colaborar al éxito del torero, a pesar de llevar a cuestas un tonelaje desproporcionado y estar muchas veces sacado de tipo.

Tomando como punto de partida esta reivindicación del toro actual, un análisis objetivo de la presente situación ganadera no puede dejar pasar por alto la existencia de problemas de fondo que inciden de forma muy negativa en su rendimiento y conducen de forma irreversible a la desaparición de importantes razas bravas, empobreciendo con ello a la propia tauromaquia.

Ciertamente, la extinción de estirpes bravas no es un hecho nuevo; hace muchas décadas que dejaron de existir los toros castellanos, los jijones, los carriquiris, o la mayor parte de los vazqueños, pero fue su falta de condiciones para la lidia, su escasa bravura o capacidad de embestir, lo que los condenó.

Por el contrario, las castas arrinconadas en los últimos treinta años [se refiere al ultimo tercio del siglo pasado], cono Contreras, Coquilla, Vega-Villar o, más recientemente, los Santa Coloma, no lo han sido precisamente, por carencias de bravura o nobleza, sino por no admitir muchos kilos, por sus pitones reducidos, o simplemente por puro modismo. 

Bajo nuestra óptica, hay dos causas fundamentales que explican esta situación: la dictadura del denominado "torismo", por un lado, y la evolución de negocio taurino por cauces exclusivamente especulativos.

(continuará)
LÓPEZ DEL RAMO, Joaquín. Las claves del toro (1ª ed., Madrid, Espasa-Calpe, 2002. páginas 14 y 15)

Del mismo año de 1966, el emblemático Atrevido (el toro blanco de Osborne) en los corrales del Batán haciendo amistades. Un toro amable y noble fuera y dentro de la plaza. Un toro bonito pero sin el trapío que hoy se exige en cualquier plaza (Fotografía de El Ruedo)

martes, 25 de marzo de 2014

Cuaderno de notas (XIX) Las exclusiones de las castas antiguas


1801 Muerte en el ruedo del torero Pepe Hillo - copia
Pese a que José Velázquez Sánchez recomendase la conveniencia de lidiar toros de castas diversas como medio de “dilatar el campo de experiencia” de los lidiadores (algo de lo que podrían tomar nota los diestros actuales) lo cierto es que, por el contrario y a lo largo de la historia, lo consustancial en ellos ha sido su negativa a torear toros de determinadas procedencias o ganaderías. Esa ha sido, probablemente, una de las causas, junto a la incapacidad de adaptación de esas ganaderías a las necesidades del toreo de cada época, que explican su paulatina desaparición. Ya en los tiempos fundacionales, fue pública la enemiga de Pepe-Hillo y Costillares hacia los toros castellanos, uno de los cuales, Barbudo de Peñaranda de Bracamonte, causó la muerte del primero de los citados (En La imagen detalle de un grabado con la cogida mortal de Pepe-Hillo en la plaza de Madrid el 20 de mayo de 1801)

El toreo al salir de las zonas determinadas de su ejercicio traía el carácter peculiar y dominante de las ganaderías lidiadas en cada país.

En Navarra era inquieto, rápido y decisivo porque se lanceaban castas aviesas, de mucho sentido, y que se revolvían con extraordinaria prontitud. En Castilla, se toreaba cerca y con infinitas precauciones, porque los toros se defendían y cobraban malicia a los pocos trances de la lid. En Aragón se bregaba infinito para conseguir la serie de trámites de la lucha; porque el ganado era propenso a aplomarse en cuanto se le dejaba tomar sitios de querencias o sentir alivio de suertes. En Andalucía se inauguró la suerte de recibir por la condición brava y boyante de sus generosos brutos (…)

La lidia de tan distintas, y aun diversas castas de toros, por más que dilatara considerablemente el campo de la experiencia de los lidiadores, ensanchado los dominios del arte con esa multitud de recursos que sugiere la necesidad y metodiza después la conveniencia, no fue aceptada desde luego, y sin género alguno de oposición, de parte de los jefes de cuadrillas; y podríamos aducir más de una prueba de exclusiones de ganado, que constan de escrituras y contratas de algunos diestros de buen nombre del siglo anterior.

A consecuencia de las desgracias que produjeron en Valladolid en 1768 tres toros de prueba, de la antigua ganadería de Piñeiro, de la revoltoso y diminuta casta salamanquina, empezó a declararse que los brutos de aquella procedencia y condiciones carecían de aptitud para la lucha por la facilidad de sus movimientos en todas direcciones y sentidos; alegándose que si el toreo reconocía su origen en burlar el hombre la fiereza del toro, aprovechando la dificultad en revolverse del fogoso bruto, faltaba la base de estos ejercicios cuando existía una especie particular de la familia astada (…) que estaba constituida en caso de excepción por la naturaleza.
José Velázquez y Sánchez Anales del Toreo (1ª ed., Madrid, 1868)

sábado, 8 de febrero de 2014

La tauromaquia de Enrique Ponce (II) El comportamiento del toro (2ª parte)

Por Jose Morente

Ponce brindis 001

Ponce brinda, al público, su toro pero ¿un toro de qué encaste?

 

Recogíamos en la primera entrada de esta mini-serie, la opinión de Enrique Ponce (en la magnífica entrevista que le hacia José Luis Ramón para 6 toros 6) sobre el comportamiento del toro de lidia y, más específicamente, del toro de encaste Domecq.

Sin embargo, si algo ha caracterizado a este torero ha sido su capacidad de entender y triunfar con toros de diversos encastes. Tiene por ello mucho interés leer sus declaraciones sobre las características de estas ganaderías alternativas y/o minoritarias.

  

El recorrido del toro de Alcurrucén.

Ponce 01

Espectacular natural de Enrique Ponce a un castaño girón de Alcurrucén, el día de la confirmación de Javier Valverde en Madrid (Fotografía facilitada por Alberto Marcos Morante) 

Sobre el toro de Alcurrucén, digno representante en la actualidad del encaste Núñez, Ponce opina muy favorablemente

Es un toro bajo y muy bien hecho. De Núñez me gusta el toro con el pitón blanco y engati­llado.. . bueno, la verdad es que este es el toro que me gusta de todas las ganaderías…

Por lo que respecta al comportamiento, del Núñez siempre se ha hablado de ese “tranco” de más en su embestida, algo que confirma el torero de Chiva.

Del “Núñez” me gusta su recorri­do y su temple. El toro de Núñez que embiste humillado y templado, y se reboza hasta el final, a mí me ha ido muy bien.

Y un detalle importante, para Ponce se trata de un toro, normalmente, complicadillo de salida, al que hay que ir metiendo en la canasta poco a poco.

Salvo excepciones (porque el bueno-bue­no lo es de cualquier ganadería) el toro de Núñez al principio no es fácil. Es un toro muy para toreros, tienes que adaptarte a él, le tienes que ir haciendo… No es un toro que te sale ya hecho, e incluso con el capote son bastante complicaditos.

Y sigue Ponce

Es un toro con un gran fondo, y te lo va dando poco a poco. Es un toro que no te lo va a regalar, sino que tú tienes que ir sacándoselo. Y por eso mismo es grande en su embestida, porque muchas veces el público no lo espera, ni incluso el torero lo espera, y eso hace que la faena tenga una dimensión insospechada. Es un toro que suele dar grandes triunfos. Los ha dado durante toda la historia.

Vamos a ver una faena de Enrique Ponce a un toro de Alcurrucén, en Bilbao, concretamente la faena a su primer toro, “Sucesor” de 588 Kg., la tarde del 23 de agosto del pasado año. La faena completa está en el magnífico blog de Andrés Verdaguer Talens “Cornadas para toros” aunque aquí sólo he seleccionado cuatro tandas (tres del principio y una del final de faena. Tres con la derecha y una con la izquierda) donde se aprecian muy bien esos matices de la dificultad inicial (y no tan inicial) de estos toros de los que habla el torero.

En el video se aprecia también ese tranco de más que, no siempre, regalan estos toros dando, a veces, la impresión que el toro se dispara –se acelera- al salir de la muleta (Aunque la privilegiada muñeca del torero también tiene algo que ver con eso).

En resumen, vamos a ver a Ponce ante un toro exigente y con unas complicaciones a las que algunos espectadores del tendido no parecen dar, por sus voces, mucha importancia.

 

El toro de Atanasio. Abanto y grandón pero con mucho fondo

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Ponce con un toro de encaste Atanasio en Valencia (Foto facilitada por Alberto Marcos Morante)

Uno de los encastes preferidos de Ponce es el de Atanasio-Lisardo, un encaste ante el que, en una determinada fase de su carrera profesional, se prodigó mucho:

Sobre todo en los años 90 lidié camadas enteras de Atanasio Fernández y siempre triunfaba con ellas en las plazas más importantes… Madrid, Bil­bao, Arles, Bayona… en esos años fueron un encaste y una ganadería muy míos.

Por lo que respecta a su comportamiento, dice Ponce:

El toro de Atanasio es parecido al de Núñez en que no se define, es abanto e informal en los primeros tercios, y de él destacaría el temple. Cuando se mete en la muleta no pega un cabezazo, embiste con temple y despacio. También es un toro muy para toreros, en el sentido de tener que extraerle el fondo. Pero te lo acababa dando.

Ahora está representa­do muy dignamente por Puerto de San Lorenzo y Valdefresno, y la última vez que salí a hombros de Madrid fue con uno de Javier Pérez Tabernero, de ese mismo encaste.

El “atanasio” es un toro abierto de pitones, grande de hueso y de talla, un toro largo, con alzada y con ba­dana, y con la característica de ser un toro chochón, como nosotros decimos. Ver un toro tan grande embestir de esa manera y con esa boyantía llamaba la atención.

Vamos a ver a Ponce frente al Lironcito el toro con el que hizo historia en Madrid.

Aunque no es de las mejores faenas de Ponce, si es de las más emocionantes. El haber sido cogido al principio del muleteo (algo sorprendente en torero tan seguro) fue determinante para que, el siempre difícil público de las Ventas, se pusiese a favor del torero.

No voy a entrar en los matices técnicos de la faena. No es faena para analizar con lupa. Lo que aquí me interesa resaltar es el modo de embestir de este toro que se sale un poco –solo un poco- del comportamiento chochón y nobilísimo del encaste.

Un comportamiento que, en el fondo, encubre casi siempre, en mi opinión, una cierta mansedumbre que, en este caso, no está exenta de peligro.

 

 

El toro de Albaserrada (Victorino) según Ponce

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Un natural (cumbre) de Enrique Ponce a un humillador Victorino en Valencia (Foto -y comentario- facilitados por Alberto Marcos Morante)

A la hora de definir la virtud principal del toro de Victorino (encaste Albaserrada), Enrique Ponce apunta a la misma que ya señalaban sus compañeros y que recogíamos en otra entrada de este blog: La capacidad de humillar.

Esa manera de em­bestir por abajo, transmitiendo tanto, es lo que le ha llevado a ser lo que es. El peligro de esa ganadería es que algún día pierda esa manera de humillar. Es un toro de gran seriedad, que normalmente no se suele ra­jar ni caerse.

Como el Victorino lo tenemos muy estudiado los aficionados, basta añadir esa similitud que encuentra Enrique entre el toro de ese encaste y el toro mexicano.

El toro de Victorino bueno, con el cual me he encontrado en muchas ocasiones, es un toro que ha humillado y que, salvando las distancias, tiene simili­tud con el toro mexicano. Es lógico, por­que vienen de lo mismo, aunque en Méxi­co han echado mucho Santo Coloma.

El “Victorino” es un toro, además, que tiene una gran despaciosidad en su embestida.

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Otro natural de Enrique Ponce al mismo Victorino en la plaza de Valencia (Foto facilitada por Alberto Marcos Morante)

 

El temple del toro de Murube

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Natural de Ponce a un toro de encaste Murube -ganadería del Capea- (Foto facilitada por Alberto Marcos Morante. 

Las corridas de rejones son el clavo ardiendo al que se han agarrado los ganaderos que tienen reses del encaste de Murube.  La ganadería que salvó Joselito el Gallo de la quema, haciendo que la comprara la familia Urquijo, en plena edad de oro, ha dado a lo largo de la historia toros de gran clase y nobleza que han propiciado el éxito de los toreros.

Para Ponce esos toros siguen manteniendo las cualidades señaladas:

La característica esencial del toro de Murube es el temple. Aunque es un poco mironcito, también obedece mucho y embiste muy templado.

La humillación quizá no es su mayor virtud, lo que no quiere decir que no salgan toros humi­llando, pero ahí es donde más se ha teni­do que trabajar. Recuerdo grandes faenas a toros de Murube, de la ganadería del maestro Capea, en Salamanca a uno le corté el rabo, el último que se ha cortado en esa plaza. Y este mismo año, en Tomelloso, le indulté un toro realmente ex­traordinario, que humilló de verdad.

Y desde luego, no podía faltar la mención (siquiera sea solapada) al distintivo que ha hecho famosos a esos toros: el galope 

Otra característica es que embiste de principio a fin con el mismo ritmo, y eso es bonito e importante.

Una de las derivaciones más interesantes del encaste Murube, fue la ganadería que creó en 1907, don Juan Contreras. Con reses de Contreras formaron su ganadería los famosos rejoneadores de la Puebla, los hermanos Peralta. Esta ganadería es de lo poco que queda de Contreras (lo otro lo tiene Baltasar Ibán pero cruzado con Juan Pedro Domecq).

Vamos a ver a Ponce con Gomero de Peralta en la plaza de Valencia (año 1992, el de la Expo ya tan lejana).

El video es muy interesante no sólo porque Ponce con sólo 21 años despliega ante Gomero toda su ciencia (con sus muchas virtudes y también con sus escasos defectos) sino porque Gomero es un magnífico ejemplo del toro que se lidiaba entonces: Bravo y noble pero con mucha menos chispa que el toro que sale hoy a las plazas.  Y también con mucha menos fuerza.

Pero con una virtud magnífica, cada vez que el torero le da sitio y tiempo (Ponce maneja muy bien los ritmos de su larga faena), Gomero galopa.

 

 

Un toro que no engaña: el toro de Santa Coloma

 

El toro de Santa Coloma ha sido siempre piedra de toque de toreros. Un toro muy encastado y, por tanto, nada fácil de torear pero sincero. El bueno, es bueno y el malo, malo. Dice Ponce:

Este toro, para bien o para mal. no te engaña. El toro de Santa Coloma no es el toro que tienes que hacer, porque el que es que no. es que no; y el que es que sí, es que sí desde el principio. Es el toro menos mentiroso que hay.

El toro de Santa Coloma que sale bueno es un gran toro:

El bueno es un toro que transmite, que galopa, que humilla, que tiene suavidad, que tiene un recorrido largo… el bueno de Santa Co­loma es el toro ideal.

El problema lo plantea el toro de este encaste que sale malo:

El toro malo de Santa Colo­ma es un toro listo, que si no humilla te da muchos problemas, porque siempre te ve por arriba, por eso tienes que estar muy tapado con él.

También destacaría su viveza, su listeza, y que hay que hacerle las cosas perfectas. Y que no perdo­na. Si al bueno no le haces bien las cosas, aprende, y si se orienta de algo, no se le olvida. No es toro al que tienes que ha­cer, si no que le tienes que aprovechar.

Es decir, que según Ponce, a este toro más que hacerlo, lo que hay que hacer es no estropearlo.

Y si es bueno, puede ser interminable, con una embestida clara, templada, rítmica, con transmisión. Y con gran seriedad, en su embestida y en su expresión. Cuando el toro de Santa Coloma te mira, es una mirada muy peculiar. El malo es un toro muy listo.

Vamos a ver a Ponce, con un toro de Ana Romero en Cuenca (2010), el toro está quedado y lleva la cara a media altura pero Ponce lo entiende a la perfección. Es muy interesante la forma de colocar la muleta, con el palillo muy hacia arriba, a la altura de la cara del toro.

 

 

Una aparente paradoja.

Pedimos variedad de encastes porque pensamos que así podremos evitar la monotonía en el toreo. Incluso esa es la opinión del maestro Ponce.

Es evidente que un variado comportamiento de las reses debe propiciar también variedad en el toreo. Debiera ser así o podría ser así, sin embargo, no estoy tan convencido de que se trate de una verdad absoluta.

Y es que el modo de torear de cada torero depende no sólo del toro que tiene enfrente sino de su propio concepto del toreo. El torero aplica (y es lógico) las soluciones técnicas que mejor le cuadran a sus facultades y condiciones, aquellas con las que más cómodo se encuentra.

Toreros que adapten radicalmente su toreo, que cambien su forma de torear, en función de las condiciones del toro que tengan enfrente ha habido muy pocos en toda la historia del toreo. Y ese aserto vale incluso para los toreros (esos si abundan más aunque no mucho) capaces de entender y poderle a un gran número de toros, como Guerrita, como Domingo Ortega, como Enrique Ponce…

Por ello no debe sorprender la similitud de formas y actitudes de Ponce en las fotos que ilustran esta entrega y eso pese a tratarse de toros de tan diferente encaste y procedencia. Los matices existen pero se encuentran  en detalles técnico, nimios y muy difíciles de apreciar por el profano.

Evitar la monotonía es necesario, tanto como lo es recuperar la variedad de encastes, pero ello depende, en la mayoría de los casos, tanto o más de la voluntad y propuesta de los toreros y de la amplitud de gustos del público que del modo de embestir de cada encaste o cada toro concreto.

 

  2008-06-12 Granada Pablo Romero Ponce 001

La técnica que aplican los toreros es básicamente la misma sea cuales sean las condiciones del toro que tiene enfrente. Sin embargo, los matices (cite, toques, ángulos) varían de un toro a otro de forma imperceptible para el público. Por eso, la variedad de encastes no garantiza evitar la monotonía. Eso depende de la capacidad de proponer cosas nuevas que tengan los toreros y de la capacidad de los públicos de aceptarlas. (Enrique Ponce en Granada un 12 de junio de 2008 ante un toro de Pablo Romero. Foto de Manu de Alba)

(Continuará…)

domingo, 2 de febrero de 2014

La tauromaquia de Enrique Ponce (I) El comportamiento del toro (1ª parte)

Por Jose Morente

FOTO PONCE NIÑO

Enrique Ponce ha tenido desde novillero una intuición precoz para entender los toros junto a una elegancia innata muy valenciana.

Prólogo

Cuando le vi en Madrid en su debut como novillero, Ponce –literalmente- me deslumbró. No sólo a mí sino a toda la Cátedra de las Ventas, tanto que al domingo siguiente le volvieron a repetir.

Muy niño, muy poca cosa físicamente, pero ya con una cabeza privilegiada y una inagotable capacidad de entender las reses. Muy elegante en las formas. Pese a ello, Ponce no ha sido nunca torero de mi devoción como si lo es –por ejemplo- de mis amigos Paolo y Domingo. Quizás porque entonces el que me entusiasmaba era un muy absorbente Joselito y después, ya fueron otros los diestros que con sus apuestas más radicales  conseguían captar mi atención e interés.

Pero el caso es que, siempre que he ido a verlo, este torero me ha sorprendido grata y favorablemente pues siempre, siempre, nos ha demostrado en la plaza ese conocimiento enciclopédico de las reses y esa elegancia extrema en su toreo que apuntaba de novillero. Lo primero, me fascina aunque tengo que reconocer que lo segundo (la forma sobre el fondo) no tanto.

En cualquier caso, y como no podía ser de otra forma, sus ideas sobre el toreo, sobre la técnica del toreo, son claras, precisas y solventes por lo, más adelante volveremos sobre ellas. Hoy me interesan sus ideas sobre el toro. Sobre el comportamiento de los diferentes encastes.

Y es que Ponce es uno de los pocos toreros punteros de esta época dispuesto a torear reses de todos los encastes aunque, con el reparo (y no es tópico), de hacerlo arriesgando poco (o dando la impresión de arriesgar poco que tanto monta). Vaya lo uno por lo otro.

Cuando el interés de los aficionados (aparte de la reaparición, siquiera sea puntual, de José Miguel Arroyo “Joselito”) se centra estos días en el órdago a la grande de los toreros punteros a la Maestranza de Sevilla, Ponce nos regala estas declaraciones que hizo a José Luis Ramón para 6 toros 6 hace pocas semanas (que ha facilitado mi buen amigo Paolo Mosole y que reproducimos a continuación, en la parte que nos interesa). Unas declaraciones que ponen el contrapunto torero (pues sólo habla de toros y toreo)  a tanto debate.

6 Toros 6 Ponce (Portada)

6 Toros 6 publicó en su último número del año una jugosa entrevista de José Luis Ramón con Enrique Ponce.

 

La salida del toro a la plaza. Hechuras y modo de embestir

La entrevista (una gran entrevista) comienza por donde se debe que es por el principio y en la plaza, el principio está en la salida del toro.

Comenta Ponce que el, en lo primero en lo que se fija de un toro, como no podía ser de otro modo, es en las hechuras y añade:

Y dentro de eso, en si está en el tipo morfológico de la ganadería y del encaste al que pertenece. Por poner un ejemplo, no me preocuparía si un toro del encaste Atanasio es más bien altón, huesudo, grande y veleto de pito­nes. Pensaría “es un toro grande, pero está dentro del encaste”. Y lo mismo con los otros encastes.

Además, trato de recordar algún toro parecido de hechuras que yo haya matado y que me recuerde al que acaba de salir por la puerta de chi­queros. Yo siempre busco la positividad (…) y cuando veo salir un toro, quiero recordar alguno que se parezca y que salió bueno.

28. Enrique Ponce (Puerto de San Lorenzo) - Santander

Ponce en Santander, ante un toro grandón y largo (características morfológicas propias del encaste Atanasio) del Puerto de San Lorenzo (Fotografía de la web del Club Taurino of London)

Sin embargo, para el torero de Chivas, la importancia del toro no está en su tamaño sino en su seriedad que es lo que le da trapío al toro. 

El toro de Santa Coloma chico, de 450 kilos, tie­ne un trapío impresionante. Es un toro que el trapío lo lleva en su mirada y en su gesto.

Fue un error querer sacar de tipo ese toro de Santa Coloma. Y si te das cuenta, las ganaderías que han sobrevivido de ese encaste, como son Ana Romero y La Quinta, por ejemplo, salvo excepciones mantienen el toro bajo y bien hecho. Y prueba de ello es que cuando se lidian en una plaza que no les exige el trapío que a otros encastes que sobrepasan con creces los 500 kilos, cualquier toro de esas ganaderías tiene una gran seriedad en su mirada y en su morfología. Ahora se está empezando a valorar ese toro que a simple vista no parece grande, pero que entraña una gran seriedad.

Puede que los gustos estén cambiando pero me temo que lo que dice Ponce no pasa de ser un deseo suyo que tiene poco que ver con lo que opina la mayoría de la afición actual.

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Carlos Criado 01

Juli y Manzanares en Málaga en agosto de 2011 con toros de la Quinta, Una corrida de escasa romana, que salió muy complicada (salvo un toro que propició el triunfo de Manzanares) y que tuvo mucho interés por el juego y seriedad de los toros y por la disposición de los toreros. Lo malo es que los aficionados conspicuos malagueños no lo entendieron así y denunciaron el (según ellos) escaso trapío de los toros de Santa Coloma. 

Y en segundo lugar, después de las hechuras, para Ponce lo más importante es el tranco:

[En el toro, me fijo] en que llegue al burladero galopando o en que llegue andando. No me gusta que vaya trotando o al paso, sino que prefiero que cuando se arranque vaya con todo. Y luego, cuando llegue al burladero, que eche la cara al suelo y no pegue el cabezazo arriba.

 

27 de mayo de 1996. “Lironcito” de Valdefresno. Un toro emblemático en la carrera de Enrique Ponce, salta al ruedo de las Ventas.

Como dice el comentarista de TVE, Fernando Fernández Román, se trata de un ejemplar de tremenda presencia, muy montado arriba y de considerable altura de agujas. Pesó 574 Kg. lo que, en ese encaste de Lisardo-Atanasio, no llega a ser un dato preocupante. Más preocupante es, en cambio, el detalle de que el toro no llega a rematar en los burladeros y, cuando lo hace, lleva la cara un pelín alta.

La importancia de estos datos previos es sólo relativa pues como dice Ponce:

Son detalles que no te dicen cómo va a ser el toro, pero apuntan cosas. No es lo mismo llegar al burladero y pegar un derrote arriba, que meter el hocico abajo y rematar. Ese es un síntoma bueno. Pero sólo es un síntoma, porque los toros cambian durante la lidia, aprenden y desarrollan. Por eso la lidia es tan im­portante.

(…) Todo lo que se haga a favor del toro, siempre va a ser positivo. El toro no se tiene que orientar nunca de nada. O lo menos posible. Hay toros que son más listos y otros que están más entregados, por eso todo lo que se le haga bien hecho el toro lo va a agradecer luego durante la faena de muleta.

Y es que, como decía Gregorio Corrochano, la lidia se debe orientar a corregir los resabios que traiga el toro (o evitar que los adquiera si nos lo tiene) desde que sale hasta que muere.

2008-05-28 Madrid Valdefresno Ponce capotazo salida 001

La lidia empieza en el primer capotazo. Ponce ante un toro de Valdefresno, que echa las manos por delante, en Madrid el 28 de mayo de 2008 (Fotografía de Manu de Alba que, como todas las que siguen del mismo autor, pertenecen a su libro “Enrique Ponce-Historia de una temporada” )

El problema del mono-encaste

En la entrevista, Ponce denuncia esa marcha hacia el mono-encaste que se viene produciendo en el tiempo.

Es verdad que los distintos encastes hacen que la lidia y las faenas sean diferentes. Por ese motivo veo positiva la variedad de encastes. Una de las cosas que echo en falta en estos últimos años es la variedad que había cuando yo empezaba, hace veinticinco años, pero es que hace cuarenta años aún había más variedad. Y hace cincuenta. Hoy en día ya no es así, y se nota en la monotonía que pue­de provocar lo que algunos llaman mono-encaste.

Es el propio torero quien explica las razones por las que se produce esa situación:

El encaste Domecq está en un gran momento y es el que mejor ha so­brevivido a la exigencia del toro grande, al toro con volumen y que luego embista. En el caso contrario está Santa Coloma, que sufrió el exceso de volumen.

  2009 Zaragoza Coralito de Ana Romero

“Coralito” de Ana Romero ganador de la Concurso de Zaragoza de 2009. El toro de Santa Coloma es un toro chico al que no se debe sacar de tipo (Del blog de “Josemi toros”). Su poca caja –además de un sentido que se agudiza con la edad- ha perjudicado mucho a las ganaderías de este encaste.

 

El problema de la consaguinidad

Pese a su defensa de la variedad de encastes, el torero no se muestra reacio a los cruces, antes al contrario:

También hay ganaderías que se han ido perdiendo por consanguinidad, por no cruzar, y también tienen un mérito muy grande.

Por ejemplo, Samuel Flores, que nunca ha cruzado con nada, y es muy difícil mantener un encaste tan puro durante tantos años. Y ahí está, manteniéndose con un gran esfuerzo. O Pablo Romero, ahora Partido de Resina, otro ejemplo. Y también ganaderías que recuerdo de cuando empezaba, como son Antonio Pérez, Galache y hasta lo de Murube, que ahora mismo está representado por Capea, por Pepe Murube y por Fermín Bohórquez, que tienen un gran éxito a caballo y a pie echan toros de gran calidad, pero son ganaderías que han sufrido mucho el tema de la consanguinidad. Miura, Victorino, Cuadri… tienen un gran mérito.

Sin embargo. Domecq está muy abierto, van refrescando unas ganaderías con otras y se van dejando los se­mentales.

Ponce en un pase de pecho a un toro de Samuel Flores en Madrid. El problema de la consanguinidad afecta a las ganaderías puras y que no cruzan con otras procedencias.

 

El mono-encaste que no es tan mono.

Al final, tanto cruce da sus frutos pues a fin de cuentas lo que a la postre define una ganadería es el carácter de su ganadero. Por eso, Ponce apunta que esas ganaderías de encaste Domecq “son muy distintas entre sí. Cada ganadero le ha ido dando su perso­nalidad. Siendo lo mismo, Victoriano del Río nada tiene que ver con Juan Pedro. ni Zalduendo con Jandilla, y eso hace que el concepto de mono-encaste no lo sea tanto”.

2013 Sevilla Ebanista Toros de Cortés Juli

“Ebanista” El complicado toro de la ganadería “Toros de Cortés” (Victoriano del Río) que cogió al Juli en Sevilla en abril de 2013. Encaste Domecq.

 Ingrato de Parladé

“Ingrato de Parladé. El nobilísimo toro que indultó Tomás en Nimes en septiembre de 2012. Encaste Domecq

Dos toros del mismo encaste pero radicalmente diferentes por hechuras y comportamiento.

No obstante, si que hay unas características generales comunes a los toros de la rama Domecq , características que Ponce define con precisión:

[El toro de Domecq] es un toro muy compensado. Y tie­ne muchas virtudes: la nobleza, el recorrido. el temple… es un toro que lo tiene todo, aunque a veces no lo tenga en un grado superlativo. Pero lo tiene (…)

208-08-17 Malaga dantiago Domecq Ponce

Ponce ante un bravo y encastado toro de Santiago Domecq en Málaga, el 17 de agosto de 2008, el día que reaparecía de la cornada que le propinó en Alicante un toro de Torrestrella (24 cms y 4 costillas rotas). Muy pocos días después se vería las caras de nuevo con los toros de Torrestrella en esa misma feria de Málaga.

 

2008-04-28 Sevilla Zalduendo Ponce

Y en Sevilla, el 28 de abril de 2008, ante un complicado y exigente toro de Zalduendo. Las virtudes del toro de encaste Domecq, bueno o malo, son las que permiten al torero relajarse en los muletazos (Fotografías de Manu de Alba) 

Pero la cualidad más destacable de ese encaste es, para Ponce, la fijeza:

Destacaría también su fijeza. Incluso el toro regular es un toro fi­jo. El malo de otros encastes a veces pier­de la fijeza, deja de estar contigo, y eso es una característica fea (…)  Incluso los que no humillan del todo, a media alturita son capaces de embestirte sesenta veces muy bien. Y de no orientarse. Suele tener nobleza y. por tanto, se entrega al torero. En su conjunto, es un toro que se acerca mucho a todas las virtudes.

2008 Valencia Ponce (JPD) 001

La cualidad más positiva del toro de encaste Domcq es su excepcional fijeza. En la imagen, Ponce ante un toro de Juan Pedro, muy fijo en el engaño, en su primera corrida del año 2008 (Fotografía de Manu de Alba) 

 

Un toro que también tiene algún defecto aunque, el que señala el maestro, no sea siempre muy visible o importante para el público.

El defecto para mí del en­caste Domecq es, en general, que cuando roza la muleta a veces quiere puntear. Y ese cabezazo al final del muletazo es mo­lesto. Lo mejor es que ese defecto se pue­de ir puliendo. Hay toros de otros encas­tes que cuando rozan la muleta la empujan, se la llevan, y esa es una gran virtud.

 

2010 Sevilla Victorino Ferrera

Antonio Ferrera con un Victorino en Sevilla en 2010. Al contrario que el toro de encaste Domecq, el toro de Victorino cuando alcanza la muleta no suele puntear sino empujarla. Ya señalaba Victorino Martín hijo en otra entrada de este blog que sus toros tienen ese comportamiento incluso cuando cogen a los toreros, lo que explicaría las pocas cornadas que, relativamente y en proporción a las evidentes complicaciones que tiene su lidia, han dado.

(Continuará..)

domingo, 3 de julio de 2011

Las castas de toros originarias

 

Altamira

Pintura rupestre de Altamira. En España existían ya toros desde muy antiguo

Aunque es innegable la existencia de toros en Iberia desde muy antiguo, sobre el origen del toro bravo existen varias hipótesis. Del uro primitivo (bos primigenius), que aparece representado en las paredes de las Cuevas del Cuaternario y que desapareció de Europa en la Edad Media, al toro de plaza hay una larga historia.

Uro Ortega y Gasset 001

Dicen que aún quedaban Uros primitivos (bos primigenius) en los bosques de Prusia a principios del siglo XVII. Este grabado del último de su especie se lo envió Ortega y Gasset a Domingo Ortega y se publicó en el libro de conferencias de este último “El arte del toreo y la bravura del toro”.

Uro zoologico Wiesbaden 001

En el siglo XX hubo algún intento de “reconstruir” el Uro primitivo. Este ejemplar fue “creado” por el Doctor Lutz Heck de Wiesbaden.

Lo más probable (Cossío, Luís Uriarte) es que el toro que había en la península descienda del uro primitivo, pero de un uro degenerado, de menor tamaño y más o menos doméstico, según casos y zonas.

También parece ser que a España llegaron toros por el norte (El Bos taurus célticus, que trajeron los Celtas) y por el  sur peninsular (El Bos taurus aficanus. El toro africano).

Este último, el toro africano (O sea, el toro de Egipto) era más corpulento que el céltico y de cuernos robustos y lomo ensillado y siempre de temperamento bravo. Al mezclarse con el uro aparecería el auténtico toro español: el Bos taurus ibéricus, aún más robusto y de cuernos más desarrollados.

Bos africanus

Bos africanus en un grabado de época

Las castas fundacionales. El tratado de Daza

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El libro de Daza en edición de la Real Maestranza de Caballería y de la Universidad de Sevilla (1999) y con un título recortado por lo extenso del original

Las grandes ganaderías destinadas a criar toros de plaza (como entonces se decía) se forman bien entrado el siglo XVIII, aunque ya antes existían ganaderos afamados.

Estas ganaderías se formaron a partir de la raza existente en la Península (Bos Taurus Ibericus) y cuyas reses pastaban en manadas más o menos salvajes por todo el territorio, aunque presentando diferencias morfológicas y de comportamiento entre ellas. Diferencias debidas al clima y a una precaria selección.

Toros en la marisma 001

Toros en la marisma

El primero que hablo sobre las castas fundacionales u originarias fue el piquero José Daza en un libro de extenso y extraño título.

Aunque para Daza existían más castas, creo que podemos (como hace Cossío) reducir las castas originarias a tres:

Casta castellana

Para Daza, eran toros que destacaban por su resistencia y dureza propia del clima castellano. Muy grandes, hermosos y de horrendo aspecto, por lo que dice que si fueran igualmente ágiles y uniformes en bravura “en cada corrida darían fin de caballos, Picadores, Toreros y aún  de las gentes subidas en los andamios”

Sin embargo (alguna ventaja tenían que tener), no recargaban sobre el objeto derribado, del que una vez alcanzado “con desprecio, se retiran”.

Dentro de los toros castellanos destacaron los toros Jijones (llamados así por el nombre de sus ganaderos, el primero Miguel Jijón). Luego se llamaron jijones (por extensión) los toros de pinta colorada encendido, que era el propio y característico de este ganado.

Jijones, por cruza con este encaste fundacional, llegaron a ser también los toros colmenareños (los de las ganaderías de Colmenar Viejo: Aleas, Martínez, Bañuelos, etc.), llamados los toros de la Tierra, y hoy desaparecidos.

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Toro colmenareño (De Aleas)

La casta Navarra

Por el contrario, todavía quedan hoy día ganaderías que conservan ejemplares de casta Navarra, aunque no se lidian en corridas y se destinan a concursos de recortadores.

Estos toros –decía Daza- eran pequeños en tamaño pero demasiado grandes en bravura y astucia. Los picadores inexpertos al verlos los llamaban torillos de Navarra para al final jactarse de haber picado “unos señores toros”.

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Cabeza de toro de casta Navarra: Llavero de Carriquiri, quien en octubre de 1960 en la plaza de Zaragoza tomó ¡53 varas!

Estos toros no han desaparecido, pero dejaron –como hemos dicho- de lidiarse en plaza, no sólo por su comportamiento, más adecuado al sistema de toreo antiguo, sino sobre todo por su escaso tamaño, en un proceso muy similar al que hemos vivido en los últimos 40 años, donde la exigencia de los públicos (especialmente, el de Madrid con su enorme repercusión mediática) de un toro de mayor tamaño y trapío, se ha llevado prácticamente por delante y hecho desaparecer aquellos encastes que producen ejemplares más terciados.

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Toro de encaste Contreras (Un derivado de Murube). Terciado y de escasos pitones para lo que hoy se exige.

Es evidente que la exigencia del público madrileño no tenía por objeto, ni mucho menos, la desaparición de estos encastes pero esa ha sido la perversa consecuencia de la –en mi opinión- errónea actitud adoptada por el público aficionado de los años 80 del siglo pasado.

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Las hechuras que se piden hoy en la mayoría de las Plazas de primera (Aquí un toro de una de las ganaderías predilectas de la afición madrileña) ha supuesto la imposibilidad de acudir a estas plazas para las ganaderías de reses más terciadas y encornaduras menos destartaladas.

Los toros Andaluces

De los andaluces dice Daza que por lo común son muy carniceros (o sea, de mucho peso) y de buena traza y estatura. Aunque algunos, por abandono de los dueños, se han bastardeado, aquellos que han sido objeto de cuidados se han afinado y hecho muy estimables.

Cossío añade que aúnan la bravura y nobleza necesarias y con la “vivacidad y alegría” que exige la lidia.

El toro andaluz fue definido fundamentalmente por dos ganaderos: El primero, el Conde de Vistahermosa, cuidó sus reses (procedentes de Rivas) con esmero y sin mezclarlas con ningunas otras.

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Toro Vistahermosa (De Murube). El toro de la foto, fino de cabos y bien puesto de pitones, con el que Cossío ilustra la casta Vistahermosa, no podría lidiarse hoy día en Madrid ni en otras plazas de primera.

El segundo fue Vicente José Vázquez, un ganadero alquimista, quien logró reunir lo mejor de todo lo que había en su época y crear con ello una ganadería singular. 

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Toro Vazqueño (De Matías Sánchez Cobaleda)

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Toro Vazqueño (De Concha y Sierra)

Además, y procedentes de los toros de los diezmos, también destacaron en su tiempo las ganaderías de Cabrera (de la que proviene Miura) y Gallardo (de la que proviene Pablo Romero), que –por suerte y aunque cruzadas- han llegado a nuestros días.

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El toro de Miura (Cabrera cruzado con Vistahermosa) es agalgado, sin morrillo ni papada y con mucho cuello. Un toro muy listo y que aprende rápido.

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El toro de Pablo Romero, hoy Partido de Resina (Gallardo cruzado -según dicen- con Saltillo) es el más guapo de toda la cabaña brava. Sin embargo, últimamente, su comportamiento en la plaza no suele estar a la altura de sus magníficas hechuras.

(Continuará…)