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lunes, 9 de enero de 2017

Tercio de banderillas (II) Gaona. El torero que le andaba a los toros

Por Jose Morente


Gaona en el -ya mítico- "par de Pamplona" (Fotografía publicada en Toros y Toreros, el 16 de marzo de 1921)
Andarle a los toros

Como venía a decir Corrochano de Antonio Fuentes, sólo el matador que conoce y domina las querencias es el que puede banderillear realmente bien.

Ese era el caso de Rodolfo Gaona para quien torear y banderillear sólo tenían sentido si se hacían despacio, muy despacio para lo que hay que dominar terrenos y querencias. Frente al estilo genial aunque eléctrico de Joselito contrastaba el estilo pausado y parsimonioso de Rodolfo.

Según Gaona "para banderillear, hay que andarle a los toros". Y así lo hacía. Rodolfo, salía andando, andando, hasta la cara y ahí cuadraba y le metía los brazos al toro.

Añadía Gaona, en sus Memorias, que lo difícil, lo peligroso es llegarle andando a un toro, a un toro que está viendo venir al banderillero, que se está preparando para quedarse con él y que, cuando lo tiene cerca, empuja con todas sus fuerzas y, entonces, tiene uno que mejorarse rápidamente casi en el momento de clavar, y que a poco descuido se queda uno ensartado en las astas.

Así clavó Rodolfo Gaona el "par de Pamplona" y tantos y tantos pares a lo largo de su vida profesional.

¡Gaona!

martes, 8 de noviembre de 2016

Cuaderno de notas (CX) Manolete inventa la espada de madera

Cuando Manolete reapareció, en la Línea de la Concepción, después de su accidente de coche, lo hizo con una venda en la mano derecha y con... la espada de madera (Detalle de fotografía publicada en El Ruedo el 25 de julio de 1944 de una corrida en Valencia pocos días después de la reaparición)

Sólo quedo inédito [en la temporada de 1944] en la feria de Pamplona debido a un accidente de tráfico con consecuencias extrañas para la tauromaquia.

Sucedió que al día siguiente del sonado triunfo ante el toro Ratón, Manolete y Camará se marchan en coche para actuar en Pamplona (...) En esta ocasión les lleva un amigo, Germán Sá,nchez dueño de la gasolinera Goya en Madrid que estrena, a decir de Clarito un coche "1.100" (...) Les acompañaba también el actor y cantante Mario Gabarrón. 

A la altura de Buitrago, el coche derrapa y cae por un terraplén, dando cuatro vueltas de campana (...)  Alguna costilla rota y diversas magulladuras, además del coche abollado, son en principio los daños. Manolete parece ileso y aunque el coche puede continuar, aparece el torero Antonio Márquez en el suyo (...) y junto a Camará, el cordobés continúa viaje en el coche de Márquez hasta Pamplona.

Al llegar, de madrugada, Manolete tiene la mano hinchada. Hay fractura. Manolete no actúa en Pamplona y cuando vuelve a los ruedos achacándolo a los daños del accidente, lleva una protección en la muñeca y una espada de madera, de menor peso, para la lidia de muleta.

Lo que, en Manolete, era en principio un recurso, provoca en los demás toreros aceptación e imitación y, por tanto, normativa universal.En poco tiempo todos adoptan un recurso que permite no cargar de tanto peso a la mano derecha que, evidentemente, sufría lo suyo con un estoque de acero cuando toreaba.

A Manolete le llovieron las críticas durante años por ser el causante del nacimiento de lo que muchos creyeron una herejía. Hoy, la espada de madera no se discute, y los toreros han convertido en ritual el acto de ir a las tablas a cambiarla por la de acero, dejando al toro reposar brevemente antes de estoquearlo,

GONZALEZ VIÑAS, Fernando. Manolete-Biografía de un sinvivir (1ª ed., Jaén, Editorial Almuzara, S.L:, 2011, Páginas 183-184)

sábado, 9 de julio de 2016

¿Sin morbo no hay fiesta?

Por Jose Morente

Un toro de Cebada Gago cornea a un corredor en el peligroso encierro de ayer viernes (Foto: Pablo Lasaosa-Navarra.com)
Vuelven, como todos los años, los Sanfermines y vuelven esas trepidantes carreras por la Estafeta. Vuelve el jolgorio continuado en las calles y, por la tarde, en la plaza. Vuelve la emoción de una Fiesta que llaman del toro y que sin el toro carecería de sentido y de importancia. Vuelve, por ello, y sobre todo, el morbo.



Justificamos la afición a los toros en el arte y en el dominio. En la capacidad de los que se lanzan a los ruedos o a los empedrados para esquivar el peligro. Su arrojo nos produce admiración y su éxito los convierte en héroes populares. ¡Ahí es nada afrontar la ciega furia de un animal terrible armado de un pequeño capotillo, una minúscula muletilla o una pareja de finos palitroques cuando no, sencillamente, a cuerpo limpio y con las manos desnudas!




Esa es nuestra tesis y nuestra explicación de la grandeza del toreo pero detrás de ella, de la justificación racional de nuestra afición a los toros basada en el arte o el dominio, creo que subyace siempre -se diga o no- el morbo, el puro morbo.




Es el morbo de los espectadores de las plazas de talanqueras que azuzan a los inexpertos y vacilantes lidiadores a los que no vacilan en devolver a la arena cuando buscan el refugio en la tablas. Es el morbo que hace que exijamos un toro cada vez más fiero y con más complicaciones porque sin él, decimos, la fiesta carecería de sentido y justificación. El morbo del que pide a los toreros más entrega y, sobre todo, que asuman más riesgos porque sin verdad, sin esa verdad, el toreo -pensamos nosotros- no sería lo mismo.



Los aficionados afirmamos con rotundidad y contundencia que no nos gustan las cogidas ni las cornadas, esas con las que se solaza el populacho y se convierten en virales en la red. Será verdad pero muchas veces (demasiadas) nuestros planteamientos y nuestras exigencias conducen inexorablemente a ellas. ¿Contradicción o autoengaño?



Vemos los encierros sanfermineros cada mañana y, cuando no pasa nada, experimentamos la alegría por la ausencia de cogidas pero también una cierta desilusión por la ausencia de incidentes. Para muchos es mayor la segundo que la primero. Dicho de otro modo: no queremos que pase nada pero si no pasa nada, los encierros no tienen interés para el espectador ergo no son encierros. Es el morbo, el puro morbo.


Es un sentimiento ancestral que se refleja muy bien en aquella antigua anécdota tan conocida que está en los libros. Le preguntaban a una vieja señora en una capea de pueblo que como eran los toros de ese año y contestaba que malos: ¡Para buenos los del año pasado que mataron a tres mozos!

El morbo, el puro y maldito morbo.


Nota LRI: Las más que entusiastas declaraciones del mayoral de Cebada ayer tras el peligroso encierro de esa ganadería, sobre lo que se busca y divierte en los encierros, dan que pensar. El encierro, como la corrida, tiene sus reglas. Unas reglas defensivas orientadas a conseguir el objetivo pretendido -correr los toros. torearlos,...- salvaguardando -en lo posible- la integridad física de los participantes. Ese es el mérito y el interés del encierro y del toreo para los participantes y para los entendidos (léase aficionados). Un punto de vista muy diferente del que tienen el mero espectador ocasional o desatento, consumidor de unas imágenes mediáticas que solo parecen pretender convertir en banal lo que es un rito ancestral.

martes, 14 de julio de 2015

Dice Barquerito

Por el Sobresaliente

Juli salió a hombros por la Puerta Grande

Este sobresaliente es consciente de que no puede estar a la altura del titular. Ya lo dijimos ayer. También es consciente de su vagancia. Por eso, porque escribir como Juan Antonio Polo es tan complicado y el esfuerzo que nos exigiría a nosotros (no a él) desmesurado, hemos decidido cortar por lo sano. Y la mejor manera de hacerlo es acudir a quien de verdad entiende y sabe de esto. Póngase, por ejemplo, y sin ir más lejos, a Barquerito.

Publica sus crónicas el Diario de Navarra. Una, medida y precisa, sobre la corrida y otra, minuciosa y detallada sobre el comportamiento de los toros. Un lujo para los aficionados.

El quinto se despitorró de forma lamentable al derrotar en un burladero. Un par de días antes un toro de José Escolar acabó descoordinado de manos en el mismo empeño y tuvo que ser devuelto a los corrales. La costumbre de utilizar los burladeros para hacer derrotar a los toros en ellos no es de recibo (Foto Jesús Diges para EFE)

Sobre los toros de ayer dice el gran crítico
"De las 7 corridas de San Fermín vistas, la más desigual fue esta última de Garcigrande. La más desigual en punto a hechuras y escaparate de los toros. No hubo ni dos parecidos. Tres cinqueños y tres cuatreños (...) 
Las ganaderías largas son las únicas que pueden permitirse el lujo de lidiar corridas parejas (...) En la línea más pura del encaste Juan Pedro Domecq, la de Garcigrande es la ganadería más larga, la más regular, la más premiada y la más solicitada. Equilibrar regularidad y largura es muy difícil. Tanto como mantenerse en el tiempo sin acusar los baches propios de la cría de bravo. Medir la vida activa de un semental es tan importante como saber elegirlo. Un error, solo uno, es capaz de dar al traste con el invento que sea. 
Los Garcigrande se han ganado el respeto y la admiración de su gremio –de los criadores del encaste Domecq- justamente por su instinto: abierta de sementales y líneas, la ganadería no ha hecho más que ganar en calidades a pesar de ir creciendo y seguir haciéndolo en cantidad. Toros como el cuarto, el primero, el sexto y el tercero de ayer los firma cualquier ganadero. Solo que en Pamplona están mal vistas dos cosas: las corridas demasiado desiguales y los toros sin trapío ni cara, que fueron cuatro también".
El primero de la tarde. De Domingo Hernández (Foto Javier Arroyo-Aplausos)

Y sobre los toreros, dice
"Padilla desplazó al toro por sistema, le perdió pasos, abusó de molinillos, reolinas y molinetes. Desplantes forzados o no, efímeros, sin convicción. Solo que ese toreo de artificio también fatiga. El efectismo es un tigre de papel".
Desplante de Padilla en el primero (Foto Javier Arroyo-Aplausos)

"Perera estaba lanzado. Le había hecho al tercero la faena mejor de la corrida. Un toro despuntado y justo de respeto, pero bravo de verdad en el caballo. Sacó en la muleta ese puntito díscolo que a veces brota en Garcigrande. El toro díscolo empuja, aprieta y ataca. Nada que ver con el feliz son pastueño del primero. Perera lo toreó embraguetado, a suerte cargada, en muletazos largos, ligeramente abierto el compás, ni de perfil ni el medio pecho, lacios pero poderosos los brazos, temple mayor. Son caro con la diestra, pero el toro, por escobillado, no terminó de provocar a la gente. Contraste tremendo después de seis corridas sanfermineras de pavorosa artillería. A pies juntos, la trenza inverosímil de toreo cambiado. Ni un engachón.".
Perera en su faena al tercero (Foto Javier Arroyo-Aplausos)

"Para El Juli fue el lote menos propicio y lucido. De una ganadería que conoce casi tan bien como el ganadero. Un segundo noblón pero de los que no terminan de romper. Tal vez porque Julián abusara del toreo de poder y por bajo casi desde el arranque. Para eso no tuvo fuelle el toro. El quinto se escobilló al rematar. Dos alcachofas en los pitones. No paró de claudicar. El Juli llegó a asentarlo tras un trasteo casi sin pausas, metódico pero machacón. De pronto, una lujosa tanda con la izquierda. La mejor de la tarde por esa mano. Fue más airosa la primera faena, tan de torero técnico como la otra. Pero contaron casi lo mismo".
El Juli remata una tanda (Foto Javier Arroyo-Aplausos)

Y digo yo

Así copiando descaradamente a Barquerito, hemos hecho la crónica. Con dos ventajas: que el lector puede leer a un crítico que merece la pena y que nosotros nos ahorramos tener que leer a quien no lo merece...

Y no lo merecen, esos periodistas de la prensa nacional que han optado por asumir el estilo tuitero, asesinar la sintaxis, olvidar la buena educación, obviar los matices que presentan toros y toreros y caer de pleno en el lenguaje chabacano y barriobajero. Lo contrario, lo contrario de lo que hace Barquerito.

A ver si toman nota. Si no la toman, habrá que ir pensando en reabrir la Cárcel de Papel taurina para ellos y para sus seguidores.

lunes, 13 de julio de 2015

El toreo peca hoy de insinceridad

Por el Sobresaliente

Pamplona, la plaza llena todas las tardes toree quien toree, lo que permite carteles interesantes y del gusto del aficionado (ayer, Eugenio de Mora, Antonio Nazaré y Juan del Álamosin tener que claudicar ante  el intercambio de cromos de los monopolios ni ante el tirón taquillero de los mediáticos (Foto: Javier Arroyo-Aplausos)

Un contratiempo clínico nos va a privar, en lo que queda de Feria de Pamplona, de las impagables crónicas de Juan Antonio Polo (a quien desde aquí saludamos). Nos toca a nosotros (en calidad de sobresalientes) finiquitar las tres corridas que restan.

Compleja y ardua tarea pues el toreo anda hoy revuelto y ser sincero, como lo es Juan Antonio (que no tiene pelos en la lengua) no es tarea fácil pues corren malos tiempos para quien se atreva a decir la verdad, ya sea torero, ganadero, periodista o aficionado.

No pasa el toreo por una de sus épocas malas, más bien todo lo contrario, pero escasean hoy día aquellos cronistas de antaño capaces de la crítica mordaz pero también del ditirambo más hipérbolico. Elogios que encendían la pasión de los públicos a favor de los mejores. Hoy, nos hemos acostumbrado a contar las cosas con sordina. Los éxitos y los fracasos. Sobre todo, si los éxitos son los de las figuras y los fracasos los de las ganaderías duras.

Al elogio al triunfo del torero puntero lo llaman triunfalismo. A la crítica del mal comportamiento del toro de ganadería dura lo llaman derrotismo.

No voy a hacer por ello crónica de la corrida de ayer. No me atrevo a relatar el mal juego que dieron los toros del Conde de la Maza. Y es que no tengo el valor ni la sinceridad del titular de estas reseñas pamplonicas, Juan Antonio Polo.

Solo diré que la terna estuvo bien. En ocasiones, incluso, muy bien y, siempre, por encima de las condiciones de los toros. Unos toros que ni siquiera eran aptos para la lidia antigua pues esa exige un toro duro y fiero y los de ayer no lo fueron. Tuvieron peligro, cierto es. Pero un peligro sordo. Ese que no llega al público y que no trae premio para el torero valiente y/o lidiador.

Copio un texto de Don Gregorio Corrochano. Quiero dedicarlo a los palmeros de las figuras y a los palmeros de los ganaderos duros. Tales para cuales:
"Las corridas de toros pecan de insinceridad. La insinceridad es el morbo de las corridas de toros. Se ha vuelto la cara a la verdad: Todo es disimulo, ficción y bien lograda farsa con tan vivas apariencias de realidad, que la insinceridad parece sincera. Todos acusan y todos se excusan"
Lo dicho: las corridas de toros, los aficionados a las corridas de toros, pecan hoy de insinceridad.


domingo, 12 de julio de 2015

Toros bravos y pregonaos

Por Juan Antonio Polo

Triunfó Ureña en la corrida de Escolar (Foto: Jesús Diges-EFE)

Pamplona. Quinta de Feria. 11 julio 2015

No sé hasta qué punto era realmente anhelada por la afición la presentación en la Feria del Toro de la ganadería de José Escolar, cuyos éxitos en las plazas francesas rayan en lo legendario, pero en cualquier caso y teniendo en cuenta la ausencia en los carteles de este año de hierros como los de Victorino y Adolfo Martín, debemos convenir que su contratación ha resultado oportuna y nos ha permitido presenciar en la feria el juego del encaste Albaserrada.

Ocurre, sin embargo, que el encierro escogido por el Señor Escolar fue muy desigual. En su presencia: nada tenía que ver el hermoso toro que abrió plaza —y que hubo de ser sustituido por otro del mismo hierro tras topar con un burladero— con la anovillada y casi famélica res lidiada en quinto lugar.

Y en su comportamiento: menos aún tuvieron que ver las incalificables reses integrantes de los lotes de Marco y Paulita con los toros, en este caso sí, que la suerte deparó al debutante Paco Ureña. En cambio, la corrida resultó totalmente pareja en sus incómodas y, en algún caso, casi camarguesas encornaduras.

Comprendo la desazón y el desespero que debe embargar a toreros del oficio de Marco y del arte de Paulita, al afrontar temporadas de casi perpetuo paro sin más esperanza de peso que su comparecencia en la feria sanferminera. Nada pudieron hacer uno y otro con los regalitos que les cayeron en suerte, el tercero fue un autentico pregonao y los demás no le anduvieron a la zaga. La plaza —quizá por razón de paisanajesilenció las actuaciones del torero local. Con Paulita, en cambio, se pasaron. Fue muy pitado en sus dos toros y, en mi opinión, no lo merecía.

Por su parte, Ureña acertó con sus toques al aparente tercero y construyó una faena buena y vibrante a la excelente res que cerró plaza. Sendas orejas, benévola la del tercero y apabullante la del sexto, permitieron al debutante salir en hombros por la puerta grande.

No deja de ser curioso que sean varias las tardes de esta feria en las que los mejores toros hayan coincidido en un mismo lote. Así pasó ayer con los toros de Abellán y hoy con los de Paco Ureña. Ocurre que la suerte de los alternantes con Abellán y Ureña es muy distinta. Mientras Perera y Fandiño no han perdido nada, Marco y Paulita han quedado al borde del precipicio.

Juan Antonio Polo

sábado, 11 de julio de 2015

Miguel Abellán

Por Juan Antonio Polo

Desplante de Miguel Abellán en Pamplona (Foto: EFE)


Pamplona. Cuarta de Feria - 10 julio 2015

El presente apunte no puede llevar otro título que el de Miguel Abellán. Y es que el torero madrileño no sólo ha sido el protagonista absoluto de la corrida de ayer, en la que con su actuación ha dado un nuevo golpe de atención —¡y van…!— recordando su presencia en el panorama taurino al público, a la afición y a sus propios compañeros, sino que ha evidenciado hallarse en ese “momento dulce” de estado de ánimo y seguridad en sí mismo tan difícil de alcanzar por los toreros, que le lleva a superar con éxito situaciones que hace sólo unos años habrían rebasado sus posibilidades.

En efecto, Abellán, al que podemos situar cronológicamente en la quinta de El Juli, desarrolló durante años una muy digna —aunque no arrolladora— trayectoria, que fue languideciendo paulatinamente hasta que, tras tomarse una temporada de respiro y recuperar cierta popularidad con su participación —y triunfo— en un concurso de baile televisivo, reapareció el pasado año con las buenas maneras de siempre y una firmeza de ánimo —a prueba de cornadas— de la que hasta entonces carecía.

Ayer, además, tuvo suerte. Se llevó el mejor lote de una seria y bonita corrida de Fuente Ymbro, pareja de hechuras y desigual en su juego, y a fe que supo aprovecharlo. Por encima de cualquier otra consideración, se mostró como un torero inteligente y, aún sin lograr esa faena cumbre que posiblemente mereciera su primer oponente, supo construir y rematar con la espada dos vibrantes y ajustados trasteos, en los que combinó admirablemente el toreo clásico y fundamental con los oportunos guiños y rodillazos sanfermineros, llevándose dos merecidas orejas.

El resto de la corrida fue otra cosa. Los toros, faltos de fuerza y en ocasiones de bravura, plantearon muchas dificultades a sus matadores. Perera logró sus mejores momento en el tercero, un marmolillo al que consiguió “meter en la muleta”, aunque finalmente se diluyera la faena. Por su parte, Fandiño tampoco consiguió culminar con éxito su faena al sexto, res que le propinó una voltereta realmente espeluznante.

En cualquier caso, justo es constatar que el Perera y el Fandiño de ayer no rayaron a la altura a la que nos tienen acostumbrados, personalmente he visto a ambos toreros superar con éxito toros más dificultosos que los de ayer. Y otro tanto puede decirse del ganadero. Tras los triunfos de Sevilla y Madrid, todos esperábamos más de los Fuenteymbro

Otra vez será.


Espectacular la voltereta de Fandiño (Foro: EFE)

Juan Antonio Polo

viernes, 10 de julio de 2015

Los riesgos de la selección

Por Juan Antonio Polo
Iván Fandiño ante un toro de pitones tan pavorosos como todos los que se suelen lidiar hoy en Pamplona (Fotografía de Pidal-EFE)

Pamplona. Tercera de Feria. 9 julio 2015

La tauromaquia —ya lo dijo en su “Taurofilia racial” el poeta y ganadero Fernando Villalón— tiene mucho que agradecer a los ganaderos de los siglos XVIII y XIX, que fueron los que, partiendo de las primitivas vacadas que en estado de semilibertad poblaban sus fincas, iniciaron unas no menos primitivas labores de selección que les permitieran suministrar a las plazas —mayores o de carros, por aquel entonces— las reses que juzgaran más apropiadas en función de la importancia del lugar y de la categoría del festejo. Esta selección, que en principio se limitaba a la mera apariencia física de los toros, se extendió rápidamente a otros conceptos —resistencia, acometividad, movilidad, bravura, etc.— y, consecuentemente, a la aparición de los primitivos encastes y, con el tiempo, a las más o menos definidas castas que configuran a las ganaderías actuales.

Todo esto estaría muy bien… si no fuera porque esas funciones de selección han degenerado últimamente en situaciones realmente aberrantes. Si Madrid impone el toro grande, los ganaderos se afanan en la cría de toros enormes sin atender al tipo y características de su encaste. Si las figuras exigen el toro noble a ultranza, los criadores se dedican a rebajar su casta hasta extremos insospechados y logran la creación de esos toros “tontos” —“artistas” los llaman algunos—, que no saben para qué tienen los cuernos. Y si en Pamplona, Madrid o ciertas plazas francesas gustan los toros cornalones… pues a servirles toros como algunos de los de hoy. El caso es servir al cliente lo que quiera… aunque pase lo que pasó esta tarde.

¿La corrida de hoy? Mejor olvidarla. Los dos primeros toros, sin fuerza y en la línea de la tontería, embistieron cansina —pero incansablemente— a las telas y permitieron a sus matadores, Castella y Fandiño, lograr sendas faenas de muy buen corte, pero sin emoción ninguna, que fueron premiadas con una oreja gracias a las magníficas estocadas con que cerraron su labor. El tercero y el cuarto, más de lo mismo, aunque sin ganas de colaborar —a Talavante ni le vimos—, y los dos últimos, mansos y rajados, estuvieron a punto de doblar  y morir en el ruedo —de muerte natural, claro— antes de que se tiraran a matarlos. ¡Ah! Recordar que el ganadero, Victoriano del Río lidió una gran corrida el año pasado.¿Alguien lo entiende?

Y suerte que todo esto ocurrió en Pamplona y que gran parte del público sanferminero se conforma con la fachada y las apariencias. No quiero ni pensar lo que hubiera pasado en Madrid

Juan Antonio Polo

jueves, 9 de julio de 2015

Los imponderables

Por Juan Antonio Polo

Una terna atractiva, bonita e, incluso, original (Foto de Javier Arroyo-Aplausos)


Pamplona. Segunda de Feria. 8 de julio 2015

El cartel anunciado —Urdiales, Morenito de Aranda y Fortes, con reses de El Tajo y la Reina— era atractivo, bonito e incluso original. Sin embargo —ya se sabe—, de la ilusión a la decepción hay sólo un paso y ese paso, lamentablemente, se dio en la tarde de ayer. Las cosas no salieron como se deseaba. ¿Fue culpa de los toros? ¿Fue culpa de los toreros? No se sabe, pero siendo que ninguno de estos interrogantes tiene una respuesta inequívoca, personalmente optamos por salirnos por la tangente y culpar del desaguisado —antes era muy corriente— a los imponderables.

Y no me hagan ustedes que entre en el significado de la palabreja, pero lo cierto es que el fracaso del festejo no se puede cargar exclusivamente sobre las espaldas del ganadero. Los pupilos de Joselito, muy bien armados todos ellos, en realidad no presentaron dificultades insuperables. Varios de ellos, es cierto, se pararon en el último tercio, pero la mayoría “se dejaron” y hubo uno, el primero, que quizás mereció mejor suerte.

La actuación con capa y muleta del esperado Urdiales ante ese toro fue, sin duda, correcta, aunque si aquilatáramos un poco quizá debiéramos decir “solamente correcta”, ya que el de Arnedo, diestro bregado en las más complicadas plazas españolas, pareció abrumado por una responsabilidad que en Pamplona no existía y su faena pecó de rapidez y careció del asiento y el sosiego del que tantas veces ha hecho gala el riojano.

Tampoco estuvo muy inspirado Morenito de Aranda. Cierto que sus toros no le dieron facilidades, pero no es de recibo la falta de  recursos mostrada por el burgalés —otro tanto le ocurrió a Urdiales en el cuarto— ante unas reses muy paradas que pedían a gritos otro tipo de faena. Está claro que el insistir machaconamente para arrancarles un pase y, logrado esto, quitarles inmediatamente la muleta de la cara, no es el sistema.

Curiosamente, Jimenez Fortes, el menos bregado de la terna, fue el que despertó mayor interés. El malagueño evidenció haber olvidado el cornalón de Madrid y lució el angustioso valor de siempre —voltereta incluida—,  pero al propio tiempo puso de manifiesto unos importantes avances a la hora de estructurar sus faenas, especialmente en lo que respecta a su colocación, mando y parsimonia. Para Fortes no contaron los impoderables y al toro que cerró plaza le enjaretó varios muletazos templadísimos: los mejores sin duda de la tarde. Lástima de la espada le hizo perder la oreja.
Juan Antonio Polo


Gran muletazo de Saúl. Para Jimenez Fortes, los imponderables empiezan a no condicionar su toreo (Foto Javier Arroyo-Aplausos)

miércoles, 8 de julio de 2015

Triunfar a golpe cantado

Por Juan Antonio Polo


El triunfo incontestable de López Simón (Jesús Diges-El País)


Pamplona. Primera de Feria. 7 julio 2015

Aunque hoy día no suela utilizarse en demasía, no está de más recordar que esta expresión ―el triunfo a golpe cantado― definía perfectamente la situación en que se hallaba un torero en racha ante la necesidad ineludible de triunfar en una corrida, una plaza o una feria determinada. Afrontar con éxito una situación de este tipo dice mucho del estado de ánimo y de la fe en sí mismo del torero, algo así como lo ocurrido esta tarde con el diestro López Simón, que salió al ruedo pamplonés dispuesto a demostrar, sí o sí, que sus triunfos de Madrid no fueron fruto de la suerte o la casualidad.

Y a fe que lo demostró.  Se vio desde el primer momento, cuando al quitar por templadísimas chicuelinas puso de manifiesto las excelencias del primer toro de Moral, y lo confirmó a lo largo de toda la tarde en lo que fue un derroche de valor, colocación, claridad de ideas, conocimientos, temple, imaginación y torería. No vale la pena describir sus faenas —para eso están los videos—, pero si consignar la importancia de su aldabonazo, sus tres orejas y su salida por la puerta grande.

La corrida de Jandilla, muy seria y con mucha movilidad, resultó algo desigual. Corretona y un tanto falta de fijeza de salida, fue a más en los siguientes tercios, transmitió y no opuso graves dificultades a sus matadores. 

A Padilla le correspondió el peor lote, pero lo cierto es que el jerezano no tuvo su día. No se entendió con su primer oponente, incomodísimo de salida y, en el cuarto, estuvo a punto de perder los papeles, salvándole de la bronca su sabida complicidad con el público de Pamplona. 

Por su parte, el sevillano Pepe Moral logró muletazos de calidad en su primero, perdiendo la oreja por la espada y por el vicio de eternizar sus faenas, una preocupante manía que afectó también a sus compañeros de terna y en la que, a mi modo de ver, incurre casi todo el escalafón.

Mención especial merece el comportamiento del público. Bullanguero como siempre, siguió con atención el desarrollo del festejo y en todo momento se mostró respetuoso con los toreros. Algo de lo que hay que felicitarse, ya que otro tanto ocurrió en la novillada de anteayer.

Finalmente ruego que me dispensen aquellos que esperasen un comentario mío al festejo de ayer. Quizá no llegue a las exageraciones de Recondo, pero lo cierto es que mi religión me prohíbe asistir a las corridas de rejones.

López Simón hizo derroche de buen toreo.(Javier Arroyo-Aplausos)


Juan Antonio Polo

martes, 7 de julio de 2015

Personalidad y ambición

Por Juan Antonio Polo

Andrés Roca Rey. Gaoneras de infarto (EFE)


Novillada de Feria (5 julio 2015)

La personalidad de Posada de Maravillas y la ambición sin límites de Roca Rey definieron el primer festejo de la Feria del Toro. Y eso que la cosa empezó regular, ya que el esperado encierro de El Parralejo, divisa que se había ganado por méritos propios su tercera comparecencia sanferminera, dio un evidente paso atrás. Cierto que la novillada, pareja y de preciosas hechuras, “se dejó”, pero cierto también que adoleció de una alarmante falta de fuerzas que, como suele ocurrir, devino en esa sosa nobleza, propia de los llamados “toros tontos” −que no “artistas”− característicos de su encaste, por más que su movilidad engañara en algunos momentos a los espectadores. 

Contra esa sosería y falta de transmisión se estrellaron los indudables buenos ánimos del debutante Varea, que se ganó una vuelta al ruedo merced a su contundencia estoqueadora.

Tan sólo un novillo se salvó de la quema. Con nobleza, clase y algo más de chispa que sus compañeros, el colorado cuarto propició el triunfo −frustrado finalmente con los aceros− de un Posada de Maravillas, también en su tercera aventura sanferminera, que no sólo demostró ser uno de los escasos diestros actuales que disfruta de una personalidad definida, sino que plasmó media docena de lentos y templados naturales −auténtico cante grande− que ahí quedaron. Para el recuerdo.

El debutante Roca Rey, un caso aparte, también dejó para el recuerdo un ansia de triunfo espectacular. En novillero-novillero, pero con una prestancia y aplomo propias de un matador experimentado, el peruano no perdonó un quite, peleó bravamente con su incómodo primero–que se dolió en banderillas− y se metió al público en el bolsillo en su faena a la res que cerró plaza, raquíticamente premiada con una oreja. Al margen de su carisma, me impresionó el absoluto dominio que mostró en todo momento con su capote y, en especial, al bordar sendos quites, uno por tafalleras floreadas, y otro, al quinto, con unas gaoneras de auténtico infarto.

Mención aparte merece el atípico público propio de la novillada sanferminera. Más numeroso que en otras ocasiones –tres cuartos largos del aforo−,  consiguió “entrar” en el festejo, fue calentándose paulatinamente a lo largo del mismo y, tras la apoteosis final de Roca Rey, incluso salió toreando por la calle. 

Un positivo paso adelante.

Juan Antonio Polo

lunes, 6 de julio de 2015

Decíamos ayer... Pamplona

Por Juan Antonio Polo

Sanfermines de 1963 (Fotografía de Ramón Masats)

Decíamos ayer −apenas hace un año−, tras haber comentado diariamente desde La Razón Incorpórea el devenir de la feria del toro 2014, que  los auténticos sanfermines no tienen afortunadamente nada que ver con ese desagradable espectáculo que, propiciado por las descripciones de un Hemingway –que, dicho sea de paso, no llegó a captar el fondo de las fiestas ni fue acabado de digerir por sus lectores−, nos sirven año tras año los telediarios nacionales, reiterando esa serie de tópicas, absurdas y desagradables escenas, protagonizadas por elementos foráneos –de aquende y allende los Pirineos− que acuden a Pamplona los fines de semana sanfermineros con la distorsionada idea de que el único objetivo de las fiestas es… emborracharse.

Pamplona y sus gentes… son mucho más.

La gente de Pamplona... son mucho más (Fotografía de Ramón Masats, 1963)
Y al hacerlo, pretendía también curarme en salud y tratar de conciliar mi entusiasmo por estas fiestas… con un perfil de aficionado –el mío− que dista años luz del que arroja el público sanferminero. A mí me gusta el toro de trapío, claro está, pero prefiero el toro armónico, fiel a las características de su encaste, que el gigantesco toro al uso, de cuernas pavorosas y a menudo destartaladas; me gusta que el toro tenga casta y bravura, no genio y mal estilo en sus destempladas acometidas; y finalmente, aunque me gustan los toreros valientes –en Pamplona hay que echarle mucho valor−, prefiero que ese valor vaya acompañado de técnica, capacidad lidiadora y, a ser posible, de arte. Y todo eso también lo encontramos en Pamplona.

El toro de Pamplona de 1963 (Detalle de fotografía de Ramón Masats)
En Pamplona siempre ha habido que echarle mucho valor (Detalle de fotografía de Ramón Masats)
Y otra cosa. Jamás me permití escribir una crónica o crítica sobre un espectáculo que no hubiera presenciado directamente desde el coso. Sin embargo, en esta ocasión, en que circunstancias ajenas a mi voluntad me van a impedir sentarme en mi localidad de toda la vida, me voy a tomar una licencia y, amparándome en los 52 sanfermines consecutivos vividos in situ hasta la fecha (1963 a 2014, ambos inclusive) y en mi sobrado conocimiento de la plaza y el público pamplonés, me permitiré trasladarles en los próximos días unos breves apuntes en los que pretendo destacar aquellos aspectos positivos o negativos que me permitan registrar las cámaras y pantallas del Plus

Por una vez…

Cura de sueño en Pamplona, 1963 (Detalle de fotografía de Ramón Masats)


Juan Antonio Polo
4 julio 2015

martes, 15 de julio de 2014

Los Miuras, tampoco

Por Juan Antonio Polo

Olivito de Miura se ensañó con un corredor australiano

 

Los Sanfermines se cerraron con la clásica e imprescindible corrida de Miura, ganadería siempre esperada en Pamplona por mor de su particular aureola, una leyenda que en la tarde de ayer aparecía incrementada por los desaguisados causados en el encierro matutino por Olivito, número 38, un precioso toro salinero, con casi 600 kilos sobre los lomos, que fue a la postre el que salvó el honor de la divisa, bastante malparado hasta entonces –Olivito se corrió en sexto lugar– por la blandura y el mal juego desarrollado por sus hermanos de camada.

Lamentablemente, Olivito cayó en las manos de Esaú Fernández, cuya bisoñez le impidió aprovechar las buenas condiciones del burel, pese a la buena voluntad que presidio la actuación del sevillano. Además, dio un mítin con la espada.

A destacar también la movilidad mostrada por el segundo, bien aprovechada por el veterano Luis Bolívar, que terminaría cortándole la oreja… gracias a la espeluznante voltereta sufrida al entrar a matar.

La corrida no tuvo más historia. Javier Castaño, que sigue en horas bajas, pasó un quinario para liquidar al toro que abrió plaza, pero tuvo la habilidad de cazar a la primera al peligroso cuarto, el más miura de los seis.

Finalmente cabe dejar constancia de la escasa raza, mal estilo y poquísima fuerza mostrada por la corrida, varios de cuyos toros se derrumbaron espectacularmente por la arena. Miura era la última baza de las llamadas corridas toristas y, a la postre, quedó tan mal como sus antecesoras, en un ciclo, la Feria del Toro, en la que por su presentación, casta y buen juego brillaron con luz propia varias de las habitualmente denostadas ganaderías comerciales.

lunes, 14 de julio de 2014

Adolfo Martín. Siniestro total

Por Juan Antonio Polo

 

Pase de pecho de Alberto Aguilar.

Alberto Aguilar intentando torear a uno de los infumables astados de Adolfo Martín lidiados ayer en Pamplona. Y hablando de las astas ¿no les recuerdan esos dos exagerados y abiertos pitones a la conformación de las cornamentas de los bueyes de las carretas del Rocío?

 

cabestrero de Concha y Sierra

Un buey de carga. Pardillo, cabestrero de Concha y Sierra sobre el buey que entrenó para cargar los avíos en los traslados de ganado. Como se observa la conformación de sus pitones es similar al toro de Adolfo Martín lidiado en Pamplona.

 

Pamplona. 13 de julio.

Cualquier parecido entre los seis bóvidos de Adolfo Martín corridos ayer en la plaza de Pamplona y lo que se entiende por toro bravo o toro de lidia es una mera coincidencia.

Podría decirse que la corrida estaba muy bien presentada. Pero tampoco es así. Y yo me pregunto: ¿Por qué un toro gacho o brocho se presume que es feo y no puede ser corrido en una plaza de primera y, por el contrario, no se ponen reparos a que –como ayer– se lidien toros veletos y cornipasos hasta la exageración? ¿No eran feos? ¡Feísimos!

El caso es que los añorados “adolfos”, además de feos, fueron mansos y descastados, corretearon por el ruedo de salida, se pararon, no humillaron, gazapearon, miraron al torero, tuvieron peligro –algunos ni eso– y aburrieron al personal. No tenían ni un pase. Podría decirse que todos los toros tienen su lidia. Y es verdad. Pero lo cierto es que la única lidia que tenían en este caso era el tratar de que juntaran las manos con unos pocos muletazos y estoquearlos con la mayor dignidad posible.

Eso sería lo correcto, pero lamentablemente los tres diestros de ayer, Urdiales, Escribano y Aguilar, no podían permitirse ese lujo. Los tres toreros de ayer sabían que los toros no tenían ni un pase… pero tenían que intentarlo. O hacer lo que cierto torero actual denomina el “paripé”, o sea, entretener –o mejor aburrir– al personal, haciendo tiempo con una serie de intentos o probaturas que les evite la bronca final.

Curiosamente, hay aficionados –los de siempre– que se quejan de que las figuras del toreo eludan los “adolfos” y similares. ¿Acaso creen que las figuras son tontas? ¿Y no saben que los propios Urdiales, Escribano y Aguilar dejarían de enfrentarse a estas reses si pudieran? Desearía, como cualquier aficionado razonable, que se acabe con esas tontas del bote que exigen las figuras, pero me niego a que sean sustituidas por toros de la línea de los lidiados hoy en la plaza de Pamplona. ¿Acaso no hay términos medios?

domingo, 13 de julio de 2014

Padilla en estado puro y el toreo puro de Pepe Moral

Por Juan Antonio Polo

 

Entradilla

Parafernalia pirata en la triunfal vuelta al ruedo de Padilla en Pamplona

La corrida de Fuenteymbro, de impecable –cuando no exagerada– presentación, adoleció de falta de fuerza y, en ocasiones, de casta, pero fue muy noble y, salvo el complicado segundo, se dejó torear y propició el triunfo de los dos primeros espadas.

Padilla siempre es Padilla y en Pamplona… mucho más. El caso es que Padilla desplegó frente a sus dos oponentes el catálogo completo de su particular tauromaquia, en especial con la capa y ¡como no! con las banderillas.

Su primer toro se paró muy pronto, por lo que Padilla tiró por la vía de los alardes facilones, desatando el entusiasmo de la multitud y cortando, tras un bajonazo, la primera oreja de la tarde. La faena del cuarto tuvo más entidad. Algunos de sus derechazos y naturales fueron irreprochables, pero el cotarro no se animó hasta que tornó a los desplantes y alardes de valor. Un espectacular estoconazo en segunda instancia enardeció a los espectadores, que lo aclamaron hasta el paroxismo mientras Padilla se recreaba en una lenta vuelta al ruedo con la segunda oreja en la mano entre el ondear de banderas piratas.

El contrapunto a la actuación de Padilla vino de la mano del debutante Pepe Moral, un torero con clase que si nada pudo hacer frente al complicado segundo, ante el blandengue quinto consiguió ligar un trasteo que según comentaban muchos espectadores al terminar el festejo puede ser el mejor de la feria. Fue una faena seria, sin alharacas, bien construida de principio a fin. Moral supo situarse frente al toro, medir las distancias, citar correctamente, correr la mano con limpieza y rematar atrás, dejando bien plantada la muleta para el siguiente pase. Un medido arrimón final y un limpio estoconazo dieron paso al corte de una oreja de auténtico peso. Y un consejo final: Moral debería despedir a su cuadrilla de a pié, Un desastre.

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El medio arrimón que cerró la buena faena de Pepe Moral

En lo que respecta a Saúl Jiménez Fortes poco se puede decir. Sigue tan valiente como siempre, pero no progresa y mata muy mal. De su actuación apenas pueden destacarse los airosos muletazos con que inició la faena del sexto. Nada más.

 

PD:  Adjunto la foto que obtuvieron con su teléfono “tres locos médicos valencianos” (así se definieron ellos). Unos tipos muy simpáticos que fueron a ver a Padilla con sus banderas y que, orgullosos de su foto, me la pasaron por whatsapp. Corresponde a uno de los escasos momentos de lucimiento de tu paisano Jiménez Fortes, ayer en Pamplona

Pamplona 2014.07.12·Saúl

sábado, 12 de julio de 2014

Perera, en estado de gracia

Por Juan Antonio Polo

 

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Perera en estado de gracia. Seguridad y contundencia

 

Sabido el gran momento por el que atraviesa Miguel Ángel Perera, no es de extrañar el golpe de autoridad con que culminó su presencia en los actuales sanfermines. La apabullante seguridad ante el toro y la ciega confianza en sí mismo, que viene mostrando Perera todas las tardes, se hizo patente también en el ruedo de Pamplona. Da la impresión de que el Perera de hoy ve claros todos los toros y es evidente que todo le sale bien.

A Perera le correspondió, además, el mejor lote de una interesante corrida de Jandilla, bien presentada y bien armada, aunque desigual en su juego, en la que varios toros tuvieron las fuerzas justas. Los más encastados, segundo y quinto, correspondieron a Perera, y aunque sin duda alguna integraron el mejor lote, lo cierto es que ambos tuvieron mucho que torear. Los más facilones se los llevó Sebastián Castella, un tanto frío y abúlico, que apenas consiguió un par de buenas series con la derecha –una en cada toro–, despachando a ambos de sendos bajonazos. Iván Fandiño, que tampoco está en su mejor momento, estuvo valiente con el tercero, toro que mostró ciertos problemas y con el que no terminó de entenderse. Con el noblote sexto tampoco consiguió centrarse y hubo de recurrir al clásico arrimón final –esta vez por bernadinas– y a matar de una superior estocada.para cortar una benevolísima oreja.

Miguel Ángel Perera, valentísimo, tardó en calentar el ambiente durante la lidia del segundo y otro tanto le acaeció con el quinto, aunque en última instancia consiguió meter en vereda a ambos. En el quinto vimos un Perera firme y asentado que, relajado y artista, supo correr la mano con suavidad, torería y un juego de muñeca realmente matemático. Por si fuera poco, Perera cerró su actuación con un gran pinchazo y una soberbia estocada que en otros tiempos le hubiera valido por sí sola para cortar una oreja. Dos orejas se llevó Perera, una de cada toro, mientras el público pedía con insistencia la segunda.

La Santa Casa de Misericordia ha anunciado que el diestro David Mora, que lamentablemente aún no se ha restablecido de la cogida sufrida en Madrid, será sustituido en la corrida del sábado por el sevillano Pepe Moral, reciente triunfador en la Maestranza el día del Corpus.

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Bella y elegante forma de conceder las orejas. Con una sonrisa

viernes, 11 de julio de 2014

De cara a la galería

Por Juan Antonio Polo
Los toros de Garcigrande, que dejaron bien alto el pabellón del denostado encaste Domecq, depararon un peligroso encierro.  (Fotografía de Ignacio Silvestre publicada en el blog de Koldo Larrea con un espectacular revolcón de uno de los mozos)
El público salió muy satisfecho del festejo de ayer. Los aficionados… no tanto. Y conste que no me refiero a esos aficionados “de escuadra y cartabón”. Me refiero a esos competentes aficionados de mente abierta, que admiran al toro y gustan del buen toreo, que ayer se las prometían muy felices ante un cartel realmente prometedor y que, a medida que avanzaba el festejo, veían como, pese al buen juego que en líneas generales iban desarrollando los Garcigrandes, se iban desvaneciendo sus esperanzas.

Ignoro qué planteamiento se hizo Finito de Córdoba al decidir torear en Pamplona, pero sí sé lo que lo que realmente hizo. A su primero lo masacró en el caballo, no quiso ni verlo con la muleta y lo mató de mala manera. La bronca se escuchó en Córdoba. En el cuarto, al que también machacaron en varas, quiso y no pudo. Un par de apuntes –el toro era magnífico– y vuelta a las andadas. La prudencia se impuso. Otra vez pitos y otra vez a preguntarnos qué vino a hacer Finito a Pamplona. Bastante bochornoso todo.

El Juli bregó incansablemente con el incómodo segundo, en una voluntariosa labor que no rebasó en ningún momento los límites de la vulgaridad. Oreja. Con el quinto construyó una faena de buen ver, aunque demasiado rápida y notoriamente inferior a la que exigían las notables condiciones del toro y la categoría del torero. Otra oreja. Sin embargo, ¿es admisible que a estas alturas de su carrera, ante ese toro y en una plaza de primera, se conforme El Juli con una faena de cara a la galería… por muy contenta que dicha galería se sienta? El Juli es más que eso.

Las anteriores palabras podrían aplicarse también al animoso y desconcertante Talavante, que sigue dando bandazos sin acabar de definir su estilo. En su primer toro se repitió la historia del día anterior y una aparatosa voltereta obró el milagro de que se le concediera una impensable oreja. No empezó mal la faena frente al bonancible sexto, pero enseguida se le fue de las manos y cayó en la vulgaridad más absoluta.

La corrida, bien presentada y con aparatosas cabezas, quizás no alcanzó las cotas de la lidiada ayer por Victoriano del Río, pero mereció nota alta. Y lo cierto es que el pabellón del denostado encaste Domecq –recuérdese la novillada de El Parralejo y algún toro de Torrestrella– está saliendo muy bien librado de la presente Feria del Toro.





jueves, 10 de julio de 2014

No hay quinto malo

Por Juan Antonio Polo

Vuelta al ruedo al quinto de la tarde. Un bravo y encastado toro de Victoriano del Río. 

Brava y encastada en líneas generales la corrida de Victoriano del Río, muy del gusto de Pamplona. Impecable su trapío y pavorosas, por largas y astifinas, sus defensas, peleó bien con los caballos, se movió y embistió sin remilgos a los toreros de a pié. El primero se partió una pata y el segundo presentó alguna dificultades, pero los cuatro restantes cumplieron con nota, sobre todo el quinto, “Español” de nombre, un gran toro que haciendo bueno el refrán propició el triunfo de Fandiño y se ganó la vuelta al ruedo.

¿Los toreros? Bien, pero sin excesos. Padilla, que nada pudo hacer con el toro del accidente, sorprendió al público al negarse a banderillear al cuarto y al instrumentar frente al mismo una faena muy seria, sin sus acostumbrados alardes, en la que toreó limpiamente por ambos lados, sobre todo por el izquierdo. La cerró con unos adornos muy toreros y tumbó al toro de una estocada, precedida de un pinchazo. El caso es que, sea por el pinchazo, sea porque el público echó de menos el habitual arrimón, sea porque la gente estaba merendando, no se escuchó una sola palma.

Fandiño, que no logró armar faena con el dificultoso segundo, tuvo la suerte de salir indemne de la terrible cogida sufrida al entrarle a matar por segunda vez… y la suerte de que el público, impresionado por la voltereta, solicitara y consiguiera que le premiaran con una oreja. Vale. Al quinto, una auténtica joya, le hizo una magnífica faena, toda ella por la derecha, lo remató de una soberbia estocada y le cortó las dos orejas por aclamación. ¿Le faltó algo? Creo que sí, a mi entender Fandiño se olvidó echarse la muleta a la izquierda. Y el toro se lo merecía.

Juan del Álamo estuvo muy animoso toda la tarde. La faena al tercero se diluyó tras un prometedor principio y, por el contrario, fue en los compases finales de su faena al noble sexto cuando consiguió conectar con el público, aunque su fallo con los aceros le dejara sin premio. No estuvo mal del Álamo, pero particularmente eché de menos el aplomo mostrado en alguna de sus tardes madrileñas.

A destacar que el sorprendente público, tras ningunear la sólida faena de Padilla al cuarto, al término de la corrida despidiera al diestro con una ovación atronadora, ondeando docenas de banderas piratas y entonando diversos cánticos… como si hubiera cortado cuatro orejas. Cosas.

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Fandiño fue cogido de forma dramática al entrar a matar al segundo de la tarde.