Lámina de Daniel Perea publicada en La Lidia el 16 de septiembre de 1895. Uno de los Miuras salta en busca de los imprudentes espectadores.
Famosas son las láminas de La Lidia, especialmente las dibujadas por Daniel Perea pues nos transportan con todo lujo de detalles y colores a tiempos pasados. Tan famosas que cuando aparece en los ruedos un toro de bella estampa y, sobre todo, si es de raro pelaje, rápidamente lo calificamos como un toro de La Lidia, un toro de Perea, quien fue calificado por Pascual Millán como "el mejor dibujante de escenas taurinas que tenemos, el que ilustra continuamente La Lidia con primorosos trabajos". Y tenía razón.
Repasando sus dibujos, me he encontrado la curiosa lámina que encabeza este post, publicada en La Lidia el 16 de septiembre de 1895, titulada "Un Miura en Valencia" y cuya explicación se contiene dentro de la sección "Nuestro dibujo" de la propia revista:
"No solamente en el redondel es donde ocurren incidentes que excitan la atención de los aficionados á las corridas de toros. También en las operaciones que preceden á su celebración, suelen abundar las peripecias y detalles que constituyen otros tantos atractivos, para los que asisten á aquellos actos; y muchos hay que prefieren un encierro ó un apartado con todas sus consecuencias, á la lidia en Coso, cerrado de las reses, cuyas condiciones y circunstancias han apreciado y discutido antes en los corrales. De encierros y apartados célebres, dan cuénta las crónicas taurinas; y en la memoria de los asiduos concurrentes a ellos, hay siempre algún recuerdo de sucesos de esa índole, que los testigos presenciales relatan y comentan en sus reuniones y tertulias. Frecuente es en los apartados que los espectadores desde los balconcillos que dan á los corrales, y desde los que se ven los toros, llamen la atención dé los mismos, ya con pañuelos, ya con bastones ó á voces, y que las reses inquietadas con estas demostraciones, den pruebas más ó menos ostensibles de su bravura ó codicia. Tal sucedió últimamente en las corridas de feria, celebradas en Valencia en Julio anterior. Al apartarse la corrida de Miura que se lidió en una de aquellas tardes, alguien hubo de llamar la atención de uno de los bichos de una manera más acentuada que lo conveniente, y lares, en una de esas arrancadas violentas, propias de su coraje, díó tan tremendo salto hacia el sitio de donde la citaban, que poco faltó para que, á pesar de la altura considerable á. que se encuentran los balconcillos, llegase con los cuernos á la barandilla, con lo que ya que no le hubiese causado mayor daño, hubiese metido el resuello en el cuerpo al que tan impunemente se atrevía á desafiarla. A este episodio hace referencia la nota artístico taurina que para el número de hoy nos ha facilitado nuestro dibujante Daniel Perea, valiéndose, para su ejecución de apuntes tomados del natural en su última excursión á la ciudad del Turia".
El Miura del salto se lidió en la feria de Valencia el domingo 28 de julio de 1895.
Años antes, en 1878, otro toro, pero este de Saltillo, llamado Bolero ya se le había adelantado. A lo que parece, el salto de Bolero lo causó el que lo apartaran de sus hermanos con los que intentó reunirse alcanzando la tapia de los corrales. Tanto saltó el Saltillo, que el suceso mereció placa.
El lugar donde saltó Bolero indicado con una placa
La inscripción dice lo siguiente:
"El toro BOLERO perteneciente a la ganadería del Marqués de Saltillo dió un salto de 14 palmos a pie parado en el corral de los chiqueros el día 23 de julio del año 1878 saliendo al redondel sobresaliente. Recuerdo de los carpinteros de la plaza"
Un salto de 14 palmos (=3,20 metros)
Bolero se lidió en la segunda de feria en Valencia ese año, en séptimo lugar de un mano a mano de ocho toros, de Rafael Molina y Salvador Sánchez. Bolero, bien presentado, fue un bravo toro que hizo una buena pelea en varas. Lagartijo le hizo una gran faena, tanto que le regalaron el toro o sea, que le concedieron la oreja. Esta es la reseña que se publicó en la revista El Toreo el día 29 de julio.
El caso por tanto aunque infrecuente no es tan extraordinario. En la Enciclopedia Los Toros de Don Antonio y Paíto, he encontrado esta foto ya más reciente (creo que de los años 50) de otro toro saltarín.
Un buen salto de un toro en los corrales de Valencia.
La foto no tiene desperdicio pues, curiosamente, se trata del mismo rincón de los corrales donde saltó en 1895 el Miura de La Lidia, aunque sin alcanzar la altura de aquel ni la del toro de Saltillo de 1878.
Si el indulto del último toro lidiado en las Fallas del 2017 ha generado una fuerte polémico en las redes sociales, no menos la causó la discutible vuelta al ruedo al 4º toro de ese mismo festejo o las dos orejas concedidas a Perera unos días antes. Lo que resulta indiscutible es la alegría de los espectadores asistentes (Foto: Alberto de Jesús para Mundotoro)
NOTA DE LRI: Frente al público que sólo va a divertirse, el público que sólo va a enjuiciar. Frente al espectador que concibe el toreo como una Fiesta (en la que participa sin entrar en más complicaciones), el que lo concibe como un rito sagrado (del que se considera depositario y defensor de sus esencias).
Dos posturas antagónicas y aparentemente irreconciliables que han obligado al Alto Tribunal Superior del Toreo a tomar cartas en el asunto y emitir una Sentencia ejemplar que, sin embargo, no contentará a ninguna de las partes en litigio, lo que será prueba palpable de su equidad e imparcialidad pues en el término medio está la virtud.
En Valencia, a 21 de marzo de 2017, reunidos los miembros del Alto Tribunal Superior del Toreo, para juzgar a los aficionados valencianos, por su actitud complaciente y en exceso festiva en la corrida celebrada en esa capital el día de San José del año de gracia de 2017, así como en el resto de las corridas falleras según denuncia interpuesta por la Organización Mundial de Aficionados Integristas Taurinos y Adláteres (conocida como OMAITA).
RESULTANDO Que, según el denunciante OMAÍTA, los citados aficionados valencianos se comportaron el día de autos, de forma festiva y vocinglera sin el rigor, gravedad y seriedad que se supone se debe a un rito centenario por no decir milenario, como es el toreo a pie.
RESULTANDO Que según el denunciante OMAÍTA, la actitud del público con su prodigalidad en la petición de trofeos -trofeos concedidos por un palco complaciente y sin rigor-, conlleva que se banalice el triunfo, se rebaje el mérito y, por ende, reduce el objetivo y la intención del torero en la plaza a la mera obtención de esos apéndices auriculares convirtiendo el final de la lidia de cada toro, en mero reparto de despojos (léase casquería). RESULTANDO Que aunque la concesión del -inmerecido según el denunciante OMAÍTA- premio de vuelta al ruedo al 4º toro de la tarde (de nombre "Malagueño") se debe atribuir a la impericia del Presidente de la corrida, dicho hecho cabe imputarlo también al debe de los aficionados valencianos asistentes al festejo, pues está fuera de duda -según el denunciante- que fueron ellos lo que con su jolgorio continuado durante toda la tarde -y durante toda la feria- crearon el ambiente propicio que para que se produjera tal desafuero: Y, en cualquier caso, también se debe a los aficionados imputados la irresponsablepetición de indulto del toro 6º (de nombre "Pasmoso") que -otra vez según los denunciantes- no era en ningún caso merecedor a dicho galardón.
CONSIDERANDO. Que este Alto Tribunal comparte las tesis mantenidas por los denunciantes relativas a lo excesivo de algunos de los premios y galardones otorgados y también las relativas al valor histórico de la Tauromaquia como rito. Un rito que, sin perjuicio de las modificaciones impuestas por modas y nuevos modos, presenta valores ancestrales que no cabe desconocer, obviar o mixtificar y que merece nuestra protección.
CONSIDERANDO Que, no obstante, lo anterior, también es secularmente reconocido el carácter festivo y bonancible del público valenciano, hasta el punto que su filiación torerista antes que torista deviene en seña de identidad propia, carácter que también es merecedor de la protección de este Alto Tribunal, so pena de caer en una globalización tan injusta como perniciosa si se quiere mantener la tradicional idiosincrasia de cada plaza.
CONSIDERANDO Que resulta evidente que no corresponde a este Tribunal entrar en la valoración artística de la actuación de los toreros ni en el análisis del comportamiento de las reses lidiadas en la plaza, pues dicha tarea compete en exclusiva a los aficionados y, de entre ellos, sólo a los asistentes al festejo o sea a aquellos que han abonado religiosamente su entrada y cuyas manifestaciones de agrado o desagrado a cuanto acontece en la plaza son inapelables e indiscutibles, sin perjuicio de que deban ser moduladas legalmente por la autoridad competente
CONSIDERANDO Que no obstante lo anterior, este Alto Tribunal puede exigir a los aficionados asistentes a los festejos un mínimo de rigor y coherencia en su comportamiento aunque siempre de conformidad a la categoría de la plaza y, sobre todo, a su tradicional carácter que en ningún caso, debemos traicionar o modificar de forma artificial.
CONSIDERANDO Que resulta evidente que una actitud alegre y positiva en los espectadores asistentes a estos espectáculos ha causado más beneficios que inconvenientes no sólo moralmente sino desde cualquier punto de vista y como tal debe procurar mantenerse, mientras que el exceso de rigor, casi siempre injustificado, acarrea desazones y rechazos lógicamente comprensibles y la huida de las plazas de las mayorías que debemos procurar atraer a ellas.
CONSIDERANDO Que, pese a todo, este Tribunal está obligado a resolver el conflicto planteado buscando una solución equilibrada y razonable que conjugue de forma adecuada los contrapuestos intereses en juego
Por todo ello, a la vista de todo lo anterior y de las pruebas documentales aportadas por las partes y que, por innecesarias y conocidas no reproducimos
FALLAMOS Que no procede condenar a los aficionados valencianos a la pena de extradición solicitada por OMAÍTA,
De igual modo, FALLAMOS que no obstante si procede reconvenir a dichos aficionados para que, entren en cordura, sin perjuicio de mantener el talante alegre y festivo que a la afición valenciana caracteriza, por lo que debemos imponer, a cada uno de los asistentes al festejo del día de San José del presente año, la PENA de asistir -individualmente o en un grupo- a un mínimo de dos corridas del ciclo isidril (y una de ellas, al menos, de carácter torista) debiendo hacerlo necesariamente (y sin que sirvan excusas) bien en el Tendido 7 o en la Grada 6, una vez que desparecida en combate la Andanada del 8, no sirve dicha localidad a los fines regeneracionistas que pretendemos.
Por lo que respecta al demandante OMAÍTA y si bien no se se aprecia en su denuncia dolo que haga necesario imposición de costas, también estima este Tribunal necesario moderar el celo -excesivo- que estos aficionados integristas ponen en la defensa de la Fiesta, que consideran de su exclusiva propiedad. Resultando que los árboles de los errores cometidos (evidentes aunque aquí conviene recordar aquello de "errare humanum est") les impide apreciar el árbol de la grandeza actual de la Fiesta por lo que también se les CONDENA, esta vez a petición del Ministerio Fiscal, a la PENA de tener que asistir -individualmente o en grupos- a un mínimo de dos corridas de las próximas Fallas del 2018, de las cuales una necesariamente debe corresponder a un cartel de figuras y con toros de Garcigrande o Cuvillo (Zalduendo nos parece excesivo).
Todo ello en el entendimiento, por parte de este Alto Tribunal, de que relativizar las cosas es necesario y que tan nefasto puede ser el extremismo torerista que todo lo acepta como el extremismo torista que todo lo niega.
Lo que declaramos en Valencia para su ejecución inmediata y sin que quepa interponer recurso ordinario alguno contra esta nuestra meditada y entendemos que moderada resolución.
Pasmoso de Domingo Hernández, el toro indultado por López Simón, en la última corrida de las Fallas de 2017(Foto: Alberto de Jesús para Mundotoro)
Roca Rey toreando al natural y en redondo con el capote a una mano en Valencia (Foto de Mikel Ponce para ABC)
Y fue en el sexto de una corrida de Cuvillo que no acabó de romper. Andrés Roca Rey, le recibió con el capote con templanza, en unas muy mecidas y medidas verónicas. Magnífico toreo de capa. De gran categoría.
Pero lo importante vino en el quite después de ese cite por saltillera al cambio que se está convirtiendo en marca de la casa desde que la estrenará, creo que en Dax el pasado año, y que tanto impacta al público.
Después del suspense de su sensacional saltillera, vino el cante grande al natural con el capote cogido por un extremo. Fueron tres naturales parsimoniosos, lentos y largos como las olas del mar. Puro toreo en redondo abrochado con el pase de pecho, también con la mano izquierda, de pitón a rabo.
Decía el viejo Fernando el Gallo que torero que no sabía torear a una mano era torero de plaza de pueblo sin palcos.
Pues lo dicho. Este Rey del toreo, lo es -al contrario- de todas las plazas.
El impactante cite de Roca Rey con el capote a la espalda en Valencia (Foto de Alberto de Jesús para Mundotoro)
Cuando Manolete reapareció, en la Línea de la Concepción, después de su accidente de coche, lo hizo con una venda en la mano derecha y con... la espada de madera (Detalle de fotografía publicada en El Ruedo el 25 de julio de 1944 de una corrida en Valencia pocos días después de la reaparición)
Sólo quedo inédito [en la temporada de 1944] en la feria de Pamplona debido a un accidente de tráfico con consecuencias extrañas para la tauromaquia.
Sucedió que al día siguiente del sonado triunfo ante el toro Ratón, Manolete y Camará se marchan en coche para actuar en Pamplona (...) En esta ocasión les lleva un amigo, Germán Sá,nchez dueño de la gasolineraGoya en Madrid que estrena, a decir de Clarito un coche "1.100" (...) Les acompañaba también el actor y cantante Mario Gabarrón.
A la altura de Buitrago, el coche derrapa y cae por un terraplén, dando cuatro vueltas de campana (...) Alguna costilla rota y diversas magulladuras, además del coche abollado, son en principio los daños. Manolete parece ileso y aunque el coche puede continuar, aparece el torero Antonio Márquez en el suyo (...) y junto a Camará, el cordobés continúa viaje en el coche de Márquez hasta Pamplona.
Al llegar, de madrugada, Manolete tiene la mano hinchada. Hay fractura. Manolete no actúa en Pamplona y cuando vuelve a los ruedos achacándolo a los daños del accidente, lleva una protección en la muñeca y una espada de madera, de menor peso, para la lidia de muleta.
Lo que, en Manolete, era en principio un recurso, provoca en los demás toreros aceptación e imitación y, por tanto, normativa universal.En poco tiempo todos adoptan un recurso que permite no cargar de tanto peso a la mano derecha que, evidentemente, sufría lo suyo con un estoque de acero cuando toreaba.
A Manolete le llovieron las críticas durante años por ser el causante del nacimiento de lo que muchos creyeron una herejía. Hoy, la espada de madera no se discute, y los toreros han convertido en ritual el acto de ir a las tablas a cambiarla por la de acero, dejando al toro reposar brevemente antes de estoquearlo,
GONZALEZ VIÑAS, Fernando. Manolete-Biografía de un sinvivir (1ª ed., Jaén, Editorial Almuzara, S.L:, 2011, Páginas 183-184)
Por Paco Carmona Fotografías: Arjona (Aplausos)/Alberto de Jesús (Mundotoro)
Decíamos ayer
Decíamos en anterior entrada:
Primero.- Qué Roca Reyva a ser en el Toreo lo que le dé la gana
Segundo.- Qué el Juli ha sido, es y será en el Toreo lo que le dé la gana y
Y dejábamos en suspenso y con dos grandes interrogantes, el punto tercero. Hoy resolvemos el suspense.
y Tercero.- Que Talavante ha toreado, torea, y va a torear, como le venga en gana.
La grandeza de un torero. La grandeza del toreo.
Desde que Manolete impuso la quietud
Desde que Manolete impuso la quietud como norma inamovible para triunfar en los ruedos, es precisamente cuando el toreo más se mueve por dentro, sin dejar en ningún momento de evolucionar y me atrevo a decir, de mejorar.
El caso, es que para mí, después de estudiar en directo más de veinte años de toreo, no dejo de sorprenderme, y últimamente, de asombrarme.
Recuerdo un spot publicitario, que hablaba que llegados a este momento de perfección, había que desaprender, volver al origen sirviéndose de lo aprendido, de lo corregido, de lo mejorado durante décadas.
En el toreo, pasa algo similar a otras artes. Que después de pasar por los grandes clásicos y admirar por cuestión de edad y atrevimiento, otros estilos más efectistas, el artista debe acabar por comprender que para ser realmente importante en la materia, uno se debe castigar, revolver, buscar e indagar en lo más profundo de su alma. Y sobre todo, comprender aquello que mejor le va.
Saber que para ser único, hay que ser fiel, y que en el arte, como en el toreo, no existen las copias cotizadas a precio de obras originales.
Me van a perdonar, pero esta extensa introducción, es una manera de encuadrar a un torero sumamente camaleónico, original, a veces clásico y otras temerario. Les hablo de Alejandro Talavante.
Talavante. A veces, clásico...
... y, a veces, temerario
Talavante el Grande
Un torero considerado figura, y que las estadísticas desde sus inicios juegan tan a favor de él, como la propia evolución de su tauromaquia.
Porque Talavante, es un gran taurómaco, un gran estudioso de su arte, un torero en constante evolución, en una constante búsqueda de sí mismo y de su propia vida. Porque el toreo para quienes lo llevan a cabo, no es otra cosa que el hilo conductor de su propia vida.
Alejandro siempre fue un hombre con estrella, uno de esos artistas capaces de cambiar el destino con una sola moneda. Un artista que desde sus inicios, fue transformando su manera de entender su profesión, de la misma manera que ha ido cambiando su vida.
Este torero, considerado, para mí, una de las principales figuras de la actualidad, es aún más importante por aquello que le hace a los toros. Que por cierto, a los aficionados es lo único que nos debería preocupar.
Lo único realmente importante es lo que los toreros son capaces de hacerle a los toros
Hace ya un tiempo
Hace tiempo, que Talavante viene toreando sumamente bien, dos o tres temporadas en las que su tauromaquia ha vuelto mejorada. Como si regresara a aquellos tiempos novilleriles, cuando el torero aún fresco, y "ajosetomasado", toreaba con suma facilidad, a través de los ojos de un genio. El añorado, Antonio Corbacho.
Talavante, siempre fue una esponja, ha sabido beber de grandes fuentes en distinto tiempo. De su etapa sin caballos, era una mezcla entre Joselito y El Juli, del que más tarde, ya siendo figura, se chupó media tauromaquia suya. Después ha ido cogiendo de unos y otros, de aquí y de México, hasta que un día, después de aprender mucho y bien de una de las grandes debilidades para los toreros, Curro Vazquez, decidió que llegados a este punto, su condición de figura, iba a ir de la mano de su libertad como artista.
La libertad del artista. La libertad del arte
Total, que Talavante, al que he tenido manía durante algunas temporadas, porque pudiendo torear como quisiera, toreaba como uno más, ha firmado en la pasada Feria de Fallas, la que para mí, ha sido la mejor faena, la faena más sería, fiel a un estilo, la más entregada, de mayor responsabilidad y quizá de menor repercusión, de toda la Feria.
Valencia, ha supuesto después de Olivenza, la primera feria importante y el primer medidor de intenciones que hemos podido ver en directo, gracias a la tele.
Me encanta este renovado Talavante, un torero que como bien dice mi amigo Javi Hernández, juega desde hace varios años en otra liga. Alejandro, cada día más clásico, es un artista de vanguardia, capaz de soltarle a los toros los vuelos por abajo sin descomponer de arriba, muy capaz de pasarse los toros muy cerca y de mejorar cada tarde. Una tauromaquia lenta, ceñida, pausada y limpia, una tauromaquia muy fiel, muy pura por comprometida, que nace de un sentimiento interior, del sentimiento de querer no mirarse más en nadie, sino todo lo contrario, empezar a servir de guía para generaciones nuevas y próximas figuras, como es el ejemplo del elegido, Gines Marín.
Un toreo que puede servir de guía para las nuevas generaciones
Talavante está toreando para la Historia
Talavante está toreando para la Historia, porque con anterioridad seha estado mirando mucho en ella. Un torero conritmo, que maneja los tiempos perfecto, que tiene un embroque lento, capaz de variar las suertes sin perder el estilo. Cada vez mejor capotero, cada vez más suelto, más hermoso, más sutil.
Pecho, cintura y compás, y sobre todo, y por fin, personalidad.
Me atrevo a contar todo esto, primero porque me encandila el torero, segundo porque rectificar en manías también es de sabios y porque la apuesta para este año y la de cada vez más taurinos, tiene nombre propio, Alejandro Talavante. Quien dentro de unos días, toreará la afamada corrida de Resurrección en Sevilla, y para más INRI, al lado del último gran genio hispalense, Morante de la Puebla.
Sevilla es el siguiente objetivo del extremeño.
Addenda. Para quien tenga interés es seguir y comprobar la evolución en el último año de este grandioso torero, insertamos 3 vídeos de 3 actuaciones: Almería en 2015 y las tardes de Olivenza (con un toro muy "cabrón" de Garcigrande) y Valencia (con menor repercusión mediática de lo que sus tres faenas merecían)
Un niño (Roca Rey) saluda a una figura del toreo (El Juli)
Los que están: El Juli
Lo de Juli, en Valencia, fue una tarde de figura indiscutible, de mantener su posición tocando todos los palos y resortes para seguir comunicando con el toro y con el público.
No hay reinvención en su toreo, ni un Juli nuevo, ni un triunfo o faena de clamor. Hay una ambición por encima de la media que, después de 20 años, sigue siendo admirable. Pero no hubo una gran faena para analizar, una faena de esas magníficas, sino el conjunto y la defensa de una categoría indiscutible.
Los que llegan: Roca Rey
De Roca Rey, se ha hablado mucho y muy bien en estos días. Totalmente impactante para quienes no conocían al torero. Tiene una ambición tan grande como su capacidad delante del toro. No ha dejado -desde niño- escapar una sola tarde, ni ahora se le escapa una sola embestida, Es un torero que en sus forma se asemeja a Perera y Castella, pero que, en el fondo, quiere ser un Juli. Su ídolo desde niño. De hecho hace honor a su admiración, porque sigue sus pasos.
¿O ya no nos acordamos de la revoluciónJuli, del impacto Juli, de lo que supuso para el toreo, para las empresas, para la taquilla? Cuando sus triunfos se repetían todas las tardes y cuando saliera lo que saliera de chiqueros, el triunfo estaba más que asegurado.
Dicho esto, chapeau, por el Juli y por Roca Rey, su sucesor. Dos elegidos para el toreo, que tienen una absoluta facilidad para desarrollar su profesión y hacerle a los toros de todo y muy bien hecho.
Resumen:
Primero.- Qué Roca Rey va a ser en el Toreo lo que le dé la gana
Segundo.- Qué el Juli ha sido, es y será en el Toreo lo que le dé la gana y
Tercero.- ¿?
[Nota del editor: El punto tercero, que tiene mucha sustancia, lo dejamos para la próximaentrada]
El toreo de muleta del Juli en Valencia en 2016 (Foto Arjona para Aplausos)
Joselito el Gallo, en Valencia en 1916
Si la nostalgia del pasado nos impide apreciar y valorar el presente...entonces recordar el ayer no merece la pena pues el pasado se convierte en una rémora que nos imposibilita entender el toreo
Pero si el pasado sirve para hacer acopio de imágenes, recuerdos, gestos, posturas, anécdotas, improntas, trazos, proezas y apuestas con las que aderezar e ilustrar el presente, el pasado se convierte en necesario e imprescindible.
Talavante de rodillas en Valencia en 2016 (Fotografía de Arjona para Aplausos)
Joselito el Gallo de rodillas en Valencia
Las circunstancias cambian y no todo lo antiguo permanece, pero muchas cosas del toreo de hoy no se pueden entender sin entender cabalmente el toreo del ayer.
López Simón en Valencia, desplante (Fotografía de Alberto de Jesús para Mundotoro)
Joselito el Gallo en Valencia, desplante
El reto y la tarea para los aficionados más exigentes es el mismo reto que tienen los arqueólogos en su trabajo: Encontrar en los vestigios del pasado algunas claves del presente.
Andrés Roca Rey, ayudado por bajo, en Valencia (Fotografía de Alberto de Jesús para Mundotoro)
Joselito el Gallo, ayudado a media altura, en Valencia
El partidario número uno de Joselito fue Juan Belmonte (Fotografía de portada de Arte Taurino-1915)
Belmonte, joselista
La amistad entre Joselito y Belmonte, entre José y Juan, fue proverbial.
Dentro de la plaza no se concedían cuartel pero fuera era distinto. Y los comentarios elogiosos del uno sobre el otro, abundan. Algo que con la retranca de Belmonte y el orgullo de Gallito no puede dejar de sorprendernos.
Repasando estos días las crónicas de la temporada de los mano a mano de los dos colosos (la del año 15) me encuentro con unas declaraciones de Belmonte que me parece interesante recuperar. Pero antes conviene que nos pongamos en situación.
José y Juan habían toreado juntos en Valencia el día 22 de junio, con toros de Campos Varela, bien presentados pero escasos de bravura. Aunque sin problemas pues con esos dos torerazos, lo que no ponían los toros, lo ponían ellos (que dicho sea de paso, es lo mismo que ha ocurrido en todas las épocas con todos los buenos toreros).
Belmonte estuvo muy bien y si -en algún toro- no estuvo mejor fue porque, realmente, no tuvo material para más lucimiento. El caso es que gustó mucho a los valencianos, saliendo a hombros.
Pero si Belmonte estuvo muy bien, Joselito estuvo realmente superior. Su faena al tercero fue -según todos los revisteros- un derroche de torería y buen hacer. Leamos lo que decía de esa faena el corresponsal de Arte Taurino:
"Joselito. Al tercer toro lo capoteó muy ceñido y valiente (ovación) En quites, colosal (Ovaciones). Y con la muleta llevó a efecto una faena MONUMENTAL, COLOSAL, ASOMBROSA, Cuanto se diga es poco lector amigo. Por "acá" no recordamos cosa parecida ni creo que ningún torero la pueda mejorar. Fue una faena torera, artística, de valiente, de maestrazo. MARAVILLOSA. El nene templó, mandó y dominó a la res con una sabiduría y un lucimiento tal que volvió al público loco de entusiasmo, el cual no cesaba de aplaudir, olear y aclamar al grandioso Joselito. ¡Extraordinario! ¡Extraordinario! Atacando con coraje arreó cuatro buenos pinchazos que valieron por otras tantas estocadas (Ruidosa ovación al final)"
Confieso que al leerlo me pareció la crónica un pelín exagerada sobre todo, sabiendo como las gastaba -salvo honrosas excepciones- los "chicos" de la prensa. Eso, o que el revistero era más gallista que Menchero, lo que ya es decir.
Pero sigo leyendo y un par de números después me encuentro, en la misma revista, un titular cuando menos sorprendente: "Belmonte, Joselista"..
Titular del artículo publicado en Arte Taurino el 12 de julio de 1915
Al principio me quedé perplejo. ¿Como se mastica eso de un Belmonte partidario de Joselito el Gallo, su máximo rival y competidor?
Luego, me acordé de lo que nos dijo Rafaelito Chicuelo en la Alameda debajo de la estatua de su padre a Salomé Pavón, a un servidor y a todo el grupo de gallistas allí reunidos. Chicuelo decía que todos los toreros de aquella época -su padre incluido, por supuesto- eran partidarios de Joselito y que el más gallista de todos ellos era JuanBelmonte.
Con Salomé Pavón y Rafael Chicuelo en la Alameda
Algo más predispuesto pero todavía cierta suspicacia, empiezo a leer, lo que supongo divagaciones de un revistero partidista del menor de los Gallos y me encuentro con la sorpresa.
En realidad, el artículo lo que hace es una magnífica defensa de ambos toreros contra esos partidarios estériles y cerriles que tanto han abundado siempre en el toreo. Lo mejor de todo, es que el artículo recoge la opinión del propio Juan Belmonte sobre la faena de Gallito al tercer toro de la corrida de Valencia del día 22 de junio. Aquella cuya reseña acabamos de copiar.
Dice Juan de esa faena:
"Yo no he visto a José hacer una faena tan grande y tan sublime como la que hizo ¡Qué dos pases dió derodillas, chipén! Rozándole los pitones en el cuerpo; un asombro de valentía y de arte; cuanto se diga es poco. A mí me dejó asombrado, hasta el punto de que el toro siguiente el mío, yo no acerté a torearlo, y salí del paso únicamente; me encontraba sugestionado por lo que acababa de ver hacer a Joselito..."
Recorte del artículo "Belmonte, joselista" publicado en Arte Taurino el 12 de julio de 1915.
Resulta que, al final, el revistero de Arte Taurino que había firmado la reseña de la corrida del día 22, se había quedado corto en los elogios.
Joselito en Valencia el 22 de junio de 1915, con las dos rodillas en tierra (Fotografía publicada en Sol y Sombra. Aunque el pie de foto dice que se trata del 5º toro, estoy convencido que la foto corresponde al 3º de la tarde, el de la crónica de Arte Taurino y el comentario de Belmonte. En cualquier caso, el muletazo es magnífico. El toro va metido en la muleta -pero no tapado por ella- y el aguante del torero -que sin embargo, no denota crispación- resulta evidente. Una "fotaza".
Admiración mutua
Las opiniones de Belmonte sobre Joselito, me parecen muy reveladoras del clima de respeto y admiración mutua que existía entre esos dos toreros que se encuentran sin duda entre los más grandes de toda la historia. Por si fuera poco, se conocen muchas otras declaraciones de ambos en la misma línea elogiosa y admirativa hacia el competidor y compañero.
Creo que es importante destacar esas elegantes maneras, especialmente en nuestros días cuando son tantos los aficionados que achacan falta de torería a los toreros actuales por la forma educada, correcta y amable que tienen de relacionarse entre ellos. Lo cierto es que se nos pone como ejemplo y contrapartida a los toreros del pasado. Unos toreros del pasado que, nos dicen, andaban siempre a la greña, escupiéndose a la cara y lazándose miradas asesinas dentro y fuera de las plazas. Una actitud que, a la vista de la opinión de Juan sobre José y viceversa, cada vez me resulta más increíble.
Y es que una cosa es el comportamiento de los toreros (de ayer y hoy) dentro del ruedo donde nadie se deja (ni ayer ni hoy) ganar voluntariamente la partida y otra, muy distinta, su actitud fuera de la plaza donde la educación no está reñida con la torería, antes al contrario. Y eso, tanto ayer como hoy.
La competenciaferoz no excluye las buenas formas (Tomás y Juli en Badajoz en 2012)
Defensa del toreo de rodillas
Otro detalle que me ha llamado bastante la atención es que lo que a Belmonte le llamó la atención, en la faena que hizo Joselito en Valencia, lo que en verdad más valoró de esa faena, fue la forma de Joselito de salir de rodillas al toro de Campos Varela.
Hoy, cuando un falso concepto del purismo ha casi desterrado el toreo de rodillas de las plazas, la opinión de Belmonte puede resultarnos bastante chocante
Sin embargo, el toreo de muleta de rodillas ha gozado de gran predicamento a lo largo de la historia del toreo. Sin ir más lejos, su practica era muy habitual y celebrado en la Edad de Oro del toreo.
Por eso, leídas las declaraciones de Belmonte sobre el toreo de rodillas de Joselito, me hubiera gustado saber lo que hubiera pensado y dicho el Pasmo de Triana de la arrucina de rodillas que Alejandro Talavante le pegó enla plaza de las Ventas a un torazo de los de nuestra época.
Un alarde al que, sin embargo, nosotros no le hemos dado la importancia que realmente tiene.
Talavante en las Ventas. Arruizina de rodillas (Captura de pantalla de Canal+)
Personalmente estoy convencido que Belmonte se hubiese emocionado con ese alardede valor verdadero del torero extremeño,tanto como se emocionó cuando se arrodilló Joselito en Valencia, jugándose de verdad el tipo.
Y es que Belmonte era una persona cabal y sensata. Toreando y opinando.
Juan Belmonte en Valencia el 22 de junio de 1915. Un torero cabal y sensato, toreando y opinando
El toreo clásico, relajado y puro de Rafaelillo con la man izquierda a un toro de Miura (Fotografía Rullot-Aplausos)
Una muy pobre entrada registró la última de la Feria de Julio en Valencia para ver el mano a mano entre Rafael Rubio “Rafaelillo” y Manuel Escribano con los legendarios Miuras, que en la semana se habían mostrado fieros en el desencajonamiento público.
Corrida mal presentada por desigual la del hierro sevillano, con un segundo de escaso trapío protestado de salida y un tercero muy justo, pero la tarde fue más que entretenida, porque los Miuras tuvieron calidad y emoción, y los de a pie no se guardaron nada.
La pelea entre sí de los Miuras, con la muerte de uno de ellos, propició una desencajonada espectacular
Rafaelillo. Derrocha torería por lo clásico
Dicen que clásico es lo que no se puede hacer mejor y así estuvo hoy "Rafaelillo" en el coso de la calle Játiva. Clásico, enorme, sublime, eterno, excelso, son adjetivos que bien pueden describir la actuación del murciano, que hoy estuvo en torero toda la tarde y toreó al natural como pocos lo han hecho en lo que va de la temporada.
Con el que abría la tarde se mostró con oficio, el toro tiene buena condición y emoción en su embestida. Con el capote se gustó lanceando a pies juntos y con la muleta muy firme. El toro que embiste con calidad, pero que no regala nada, se traga los dos primeros muletazos de la serie, pero no así el tercero. Un mirón con peligro que desarrolló sentido fue el primero de la tarde. Faena larga de entrega, dominio y valor.
Su segundo, justo de presentación, tuvo un gran pitón izquierdo. En el caballo es pronto y se arranca de largo al galope. En la muleta humilla y embiste con gran calidad. La primera tanda es de tanteo con la derecha, rematada con un soberbio cambio de mano por bajo. Faena de mano baja y temple. Naturales de enjundia a un bravo y noble Miura que por el derecho se quedaba corto. Estocada de buena ejecución y oreja que pudieron ser dos si el toro no demora en caer.
Con el último de su lote estuvo antológico, conjunción perfecta entre toro y torero. De salida lo recibe con dos largas cambiadas de rodillas, el toro repite en el capote y remata la serie con una media de lujo. Bien picado este quinto y al quite el sobresaliente por delantales. Derechazos de rodillas en el inicio de faena y puesto de pie derroche de torería en el cambio de mano. Lo que siguió fue un compendio de buen torear, desmayo, temple y suavidad. Con la izquierda toreo del bueno, para destacar dos naturales que quedaran en el recuerdo, citando dando el medio pecho, llevando al burel, largo, templado y rematándolo atrás. Se escribe fácil, pero todo esto a uno de Miura. Otra faena de dos orejas malograda con la espada.
Rafaelillo que pudo cortar cuatro se tuvo que conformar con el premio de una oreja por su poca fortuna en los aceros. Las orejas son prescindibles y su triunfo fue de ley
Escribano. Premio a la casta torera
Manuel Escribano tuvo menos suerte con su lote. Su primero de escaso trapío fue protestado de salida y el juez no encontró mejor pretexto el que doblara las manos en el caballo para devolverlo a los corrales. El segundo (bis) fue un sobrero de El Ventorrillo que fue a menos, galopó en banderillas, pero transmitió muy poco en la muleta. Un medio toro al que las figuras hacen embestir, pero que Escribano no le encontró el sitio.
El cuarto de la tarde embiste con la cara a media altura, un manso reservón sin ninguna transmisión que no se empleó nunca. El que cerraba la feria fue un toro feo, alto y largo que tampoco se empleó de salida, noblote el de Zahariche que embiste sin ton ni son y llegó sin gas a la muleta. No se quiso quedar atrás el de Gerena y se pegó el arrimón librando la cornada después de ser prendido tras un desplante. Vuelve Escribano a la cara del toro y le receta una gran estocada. Oreja, premio a la casta torera.
Y gracias a Talavante que, el día anterior y pese al viento, se atrevió a torear en los medios sin refugiarse en los papelillos.
Y gracias a los toros de Garcigrande/Domingo Hernández que, justo de presencia alguno e incluso anovillado alguno, embistieron por derecho, 6 de 6, como embestían las buenas corridas de los años 60 (aquellas que tenían un año menos pero que propiciaban unas tardes inolvidables).
Y gracias al buen hacer de Finito que dejó en Valencia, al toro de más clase, profundidad y recorrido, un ramillete de preciososnaturales.
Y gracias al valor y decisión del Juli que, dando la réplica a Talavante, también se fue a los medios, en su primer toro, cuando soplaba intenso el viento, para torear de verdad y que volvió a irse a los medios, en su segundo, para darse la réplica a si mismo y en medio de un tremendovendaval, para torear con la casta y la rabia con la que sólo torean las figuras verdaderas a los toros bravos y encastados.
Y gracias a Perera que, para darle la réplica al Juli, salió de rodillas (otro alarde) en muletazos infinitos y, luego ya en pié, toreó con el valor y la precisión a los que nos tiene acostumbrados.
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Gracias al viento que, unido a la tremenda apuesta de dos toreros, convirtió en épica una tarde que, en otras circunstancias, no hubiera pasado de extraordinaria y que permitió vivir ayer lo que se vivió ayer en la plaza de toros de Valencia.
Morante con la izquierda en su segundo toro. Eso es torear (fotografía de la web de la plaza de toros valenciana).
Goza y disfrutan los públicos con los toreros artistas, esos que desde el Lavi a Morante, pasando por Rafael el Gallo o Curro Romero se han movido en el filo de la navaja que separa el ridículo de lo sublime.
Ayer, Morante en Valencia pegó el petardo y pasó un miedo inmenso (“mucho miedo” dijo) en su primero, un complicado toro de Victoriano del Río.
Pero del éxito al fracaso (y viceversa) hay sólo un paso y, luego, en su segundo, cuarto de la tarde, de nombre “Cóndor”, número 59, tostado listón, de 491 kilos, con cuatro años y cuatro meses, de brava y bonancible embestida, un toro que se le entregó en la muleta, Morantehizo y dijo el toreo como sólo los artistas verdaderos y auténticos saben hacerlo y decirlo.
Pero en Valencia, en los dos primeros días y con dos más que interesantes y variadas corridas de Fuente Ymbro y Victoriano del Río, ha habido más, bastante más.
Así, a la magia de Morante, se le han unido el valor y la pureza, siempre auténticos, de Saúl Jímenez Fortes; el oficio y saber estar de Juan Bautista; el excelente ymecidotoreo de capa de Daniel Luque y esa precisión extrema en el manejo de las telas del Juli, quien lleva un computador en la cabeza y que, para colmo, gasta bragueta.
No cabe encerrar el toreo en los estrechos márgenes de nuestras mentes siempre limitadas. Lo importante es que, todas esas emociones tan diferentes, son compatibles. Todas caben pues el toreo es inmenso.
Pero, eso sí, quede constancia, la guinda, la diferencia, la ha marcado el toreo eterno de Morante de la Puebla.