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lunes, 15 de mayo de 2017

¡Maldigo esta Fiesta!

Por Jose Morente

La historia del toreo está jalonada de broncas épicas y tremendas trifulcas. Por ellas, y no por el trato a los animales, podemos calificar de cruel al público de los toros. Cientos de años de civilización deberían servir para que el personal reflexionase y los comportamientos cambiasen.  Lo que antes podía ser motivo de diversión, hoy no es admisible (En la imagen, de Julián López-Mundotoro, David Mora -con la dignidad del héroe caído- contempla impotente el transcurso del tiempo)
Cuando en Sevilla sacaron a saludar a Morante después de que, tras una gran faena, le hubieran echado un toro al corral por transcurrir el tiempo reglamentario, hubo algunos aficionados (demasiados, para mi gusto) que se indignaron y consiguieron que ardieran las redes sociales. No podían entender la benévola (y, sin embargo, justa) actitud del público sevillano. Ellos querían sangre.

Es el mismo planteamiento de aquellos otros aficionados madrileños que se levantaron contra Antonio Ferrera hace unos años en una corrida de Victorino en Madrid, cuando este torero pretendía apuntillar a un toro que había destrozada la rodilla y la carrera profesional del tercero de su cuadrilla en funciones de puntillero.

Y es el mismo planteamiento de quienes, hace muy pocos días y también en Madrid, pedían (con una desmesurada saña y exagerada indignación) que sonara el tercer aviso para David Mora por su desacierto con el descabello. Excesivo rigor con un torero que sólo estaba fracasando en una suerte menor.

Y es que, como bien dice Carlos Ruiz Villasuso en Mundotoro:
"Donde el fracaso no nos basta. No sólo no admitimos que sea el otro lado del éxito, algo pueril, pues el día y la noche siempre se besan a compás de todos los números de los calendarios, sino que sólo nos sirve la derrota. Somos hoy esos que la derrota del otro nos hace más grandes. No el fracaso. Esa forma de pedir la hora de pie, puño en alto, las venas de los cuellos iracundas y las gargantas en graderío de coliseo y el alma desbordando calificativos de paredón. Somos esos que no hacemos prisioneros. Somos la batalla al grito de no hay cuartel. No nos sirve la belleza triste y de luto de pena del fracaso. Sólo nos vale la derrota. Y de ella preferimos la que termina con la humillación".
Esos deshumanizados e insolidarios espectadores de hoy, capaces de empatizar antes con los animales que con las personas, son, a fuer de animalistas encubiertos, (in)dignos herederos de aquellos otros que hace casi justo 100 años, increparon e intentaron agredir a Gallito y Belmonte, a cuenta de una corrida de Murube que, por la glosopeda o por lo que fuese, salió cayéndose. Era el 15 de mayo de 1920. Al día siguiente Joselito se encontró con su destino en Talavera.

Energúmenos de ahora, émulos de aquellos otros energúmenos de antes que prepararon el Gólgota para el mejor de los toreros.

Si esta Fiesta (la del rigor mezquino y la malévola saña) es la Fiesta que predican algunos... ¡Maldita sea esta Fiesta! 

Madrid. 15 de mayo de 1920. Un mulillero contempla filósofo, antes del arrastre, a uno de los toros de esa tristemente famosa corrida. Han pasado 100 años y seguimos igual.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Cuando en Madrid se abría la Puerta Grande (casi) todas las tardes

Por Jose Morente

David Mora agradece a "Malagueño" de Alcurrucén su bravura y su nobleza (Fotografía de Andrew Moore)


David Mora y Malagueño

Ayer el público de Madrid recompensó a un toro y a un torero. El torero es David Mora (de todo el escalafón quizás el que más se merecía un éxito de este calibre) y el toro se llamaba Malagueño, de Alcurrucén (ya van dos años seguidos que esa ganadería da el premio gordo en San Isidro). A Malagueño le dieron una merecidísima vuelta al ruedo y a Mora dos merecidísimas orejas y lo sacaron por la Puerta Grande de las Ventas. ¡Bien hecho!

Ese y no otro es el Madrid que nos gusta. El que sabe recompensar a toros y a toreros. El Madrid de siempre. El de antes. Un Madrid exigente pero justo que, cada vez, aparece menos.


Madrid hoy

Y es que el de hoy es, por el contrario, un Madrid en horas bajas, alicorto y capitidisminuido, que ha sustituido la exigencia por la más dura intransigencia. En Madrid ya no se jalea sino que se vocifera.

Y aunque algunos no lo sepan y no se lo crean, Madrid no siempre ha sido así. Salvo con los toreros dominadores y mandones (a los que Madrid nunca ha tragado) esta plaza ha sido siempre exigente pero justa.

Eso antes, porque lo que antes era normal hoy se ha convertido en una excepción. Como el premio de la Puerta Grande, de esa Puerta Grande por la que ayer salía emocionante y emocionado David Mora.

David Mora, emocionado, camino de la Puerta Grande de las Ventas (Fotografía de Andrew Moore)

Las Piuertas Grandes de antaño

Todavía queda algunos aficionados que siguen empeñados en ningunear y menospreciar a los toreros de hogaño con el curioso argumento de la escasez de trofeos (escasez relativa pues a algunos todavía les parecen excesivos los premios que hoy se otorgan) que, según ellos, obtienen los toreros actuales, en especial las figuras, comparativamente con los éxitos y triunfos tan abundantes en los toreros de antaño, 

El ejemplo más socorrido es el número de puertas grandes conseguidas, en la plaza de Madrid, por los toreros de antes -los de los años 50 y 60, sobre todo- frente al escaso bagaje que presentan los de ahora. Según eso, los toreros de antes eran grandes toreros no porque lo fueran sino porque cortaban más orejas mientras que los de ahora son peores toreros no porque lo sean sino porque rara vez obtienen el ansiado premio de la puerta grande de las Ventas.

El argumento es artero y falaz. En primer lugar, porque antes los públicos eran, en general, mucho más entusiastas y generosos por lo que se prodigaban más (mucho más que hoy) en recompensar el mérito de los toreros. Lo que no sucede en nuestros días, ya que impera, en algunas plazas, el cicaterismo más exagerado.

1966. Década de los 60. Cuando en Madrid se pedían orejas con tanta prodigalidad como acierto (Fotografía de El Ruedo)
Y, en segundo lugar, porque, la mayoría de las veces, son esos mismos aficionados (en Madrid son legión) los que se entretienen (la cosa les debe resultar muy divertida) en reventar los legítimos triunfos de los diestros de nuestros días mediante (¡en eso son unos artistas consumados!) una estratégica colección de pitos, improperios, denuestos, palmas de tango y demás elementos de un repertorio tan amplío como execrable (el execrable repertorio de una"mala baba" gratuita y sin fundamento).

Pero, como aquí los discursos huelgan, vamos a los hechos, Y para hechos, nada mejor que repasar el resultado artístico y en trofeos de una feria de San Isidro de aquellos -por esos mismo aficionados protestantes- añorados años 60 del toreo (y que también nosotros añoramos... pero de otra forma). 

En concreto, vamos a viajar hasta la feria de San Isidro de 1966, la de hace justo medio siglo. 

La Feria de San Isidro de 1966. Programa de mano (Fotografía Todocolección)

Los carteles de 1966. Ordoñez, al final, se cayó de los carteles (Todocolección)


El San Isidro de 1966

La Feria de 1966 comenzó el sábado 14 de mayo con una corrida de Benitez Cubero y finalizó el domingo 29 con la tradicional corrida de Miura.

La corrida inaugural la torearon Bienvenida, Manolo Amador y Paco Pallarés. Bienvenida cortó uina oreja y Amador tres por lo que la puerta grande se abrió ya el primer día de feria (¡Igualito que ahora!).

Antonio Bienvenida inauguró la feria cortando la primera oreja. Una oreja que paseó por el ruedo de las Ventas con su proverbial torería (Fotografía El Ruedo)
Y Manolo Amador, abrió la Puerta Grande. Todo el primer día de feria ¡Eran otros tiempos! (Fotografía El Ruedo)
En la corrida del Santo, con toros de Osborne, solo obtuvo trofeos Antoñete (una oreja) que resultó herido de levedad, saliendo sus compañeros de vacío. A la postre, gracias a la televisión la corrida se convirtió en emblemática e histórica. Fue la tarde de Atrevido.

Antoñete frente a Atrevido. No hubo Puerta Grande pero si una faena para la historia (Fotografía El Ruedo)

El lunes, aniversario de la muerte de Joselito, volvieron los éxitos de puerta grande. Diego Valor cortó 3 orejas y abría la de las Ventas que, por lo que estamos viendo, se abría en aquellos años con enorme facilidad.

Puerta Grande de Diego Puerta (Fotografía el Ruedo)

El martes, gran lío. El Cordobés también le cortó dos orejas a su primero y pudo abrir la ansiada Puerta Grande, pero le abroncaron tanto en su segundo toro (6º de la tarde) que renunció a salir por ella.

En el segundo toro del Cordobés se produjo la gran bronca. El de Palma del Río renunció a salir a hombros aunque había cortado dos orejas del toro anterior (Fotografía el Ruedo)

El miércoles, 18 en la confirmación del Inclusero, Litri, que sustituía a Antonio Ordoñez, cortó una oreja en cada toro y Andrés Vázquez dos del sexto, Hubo pues doble salida a hombros por la puerta grande de las Ventas que, como se ve, no se cerraba nunca.

Ordoñez, fue el gran ausente de ese año (Fotografía el Ruedo)

La cosa cambió al día siguiente con los antaño temidos pablorromeros pero que entonces ya sólo eran temidos por su flojedad de remos y por llevar las caras a media altura. El Inclusero cortó, pese a todo, una solitaria oreja.



Otra solitaria oreja cortaría el Pireo en la corrida de Baltasar Ibán del viernes día 20. Una ganadería que, entonces se disputaban la figuras.

Verónica del Pireo en la corrida del día 20 a un toro de Ibán. Un toro muy terciado pues aún no se había cruzado con Juan Pedro (Fotografía El Ruedo)

Los éxitos volvieron el sábado 21 con los de comerciales y algodonosos toros de Alipio Pérez Tabernero. Paco Camino y Tinín cortaron una oreja cada uno pero el Viti hizo doblete en un toro saliendo por la puerta grande.

El día 21 el Viti hizo doblete y una faena calificada de histórica (Fotografía El Ruedo)
El domingo, sin embargo y con los toros de Torrestrella, solo Manolo Amador pudo cortar una solitaria oreja.


Corrida "tediosa" calificaba el Ruedo a la del día 22. Los dibujos de Antonio Casero no tenía, sin embargo, nada de tediosos.
Lo mismo ocurrió el lunes con los Juan Pedro Domecq. Antoñete cortó oreja a su primero, mientras que Aparicio y Camino se conformaron con ovaciones y vueltas al ruedo.

El martes 24, con toros de Felipe Bartolomé (Santa Colomas remezclados, según Clarito) Antoñete cortó 2 orejas y Tinín, una. El Cordobés tuvo mala suerte pues aunque cuajó un toro, falló a espadas.

Antoñete cortó dos orejas en la corrida de Felipe Bartolomé(Fotografía El Ruedo)
Pero el miércoles 25, se produjo la clásica explosión (clásica entonces) con los tres espadas a hombros. Litri y El Viti desorejaron cada uno a uno de sus toros mientras Puerta cortaba una oreja en cada uno de los suyos. Los toros eran de Garzón.

En aquella época, todos los años había una corrida (una, al menos) en la que los tres matadores salían a hombros por la Puerta Grande. Hoy día, desde 1982 no se ha vuelto a producir tal evento...  Ni se producirá visto el celo con el que los guardianes de la pureza intentan evitarlo. Siempre la demagogia ha dado buenos frutos
Ni el jueves 26 ni el viernes 27 hubo trofeos y eso que torearon Camino, El Cordobés y Raúl García, la primera tarde, y Ostos, Puerta y Fuentes, la segunda.

Pero el sábado 28, penúltima de feria, Antonio Bienvenida y Curro Romero se las vieron mano a mano con un excelente encierro de Antonio Pérez (los "AP"). Los dos salieron a hombros tras cortar, cada uno, dos orejas en uno de sus toros.


La ausencia de Ordoñez, dejó la penúltima de Feria en un mano a mano entre Antonio Bienvenida y Curro Romero. Los dos salieron a hombros (Fotografía del Ruedo)
Finalmente, con los miuras de cierre, el domingo 29, se las vieron Bienvenida, Ostos y Murillo que no pudieron obtener ningún trofeo. Miura siempre ha sido Miura. 


La Feria se cerró con la corrida de Miura que no dio opciones de trofeo a la terna. Bienvenida se adornaba no obstante con mucha torería. Cerraba la feria como la empezó (Fotografía El Ruedo)

Balance final




En una feria de 15 corridas de toros (no hubo novilladas y los rejoneadores actuaban de uno en uno como prólogo o epílogo de las corridas "formales") se cortaron 36 orejas y se abrió la Puerta Grande en ocho tardes. Dos de ellas por partida doble y una por partida triple. Lo que no está nada mal.

Todavía se lidiaba un toro terciado y de poca edad que, por tanto, tenía mucha más movilidad que el galafate gigantón y cornalón, muy baqueteado y manoseado, o sea, muy correoso que ahora tanto gusta y que sólo excepcionalmente (como Malagueño) embiste con repetición y ritmo. Un toro que, en general, transmite muy poco y obliga al torero a ponerlo todo de su parte.

El público, el aficionado, era quizás mucho más entendido que ahora. Desde luego, era mucho menos dogmático, los pinchazos en lo alto se valoraban igual que una estocada buena y mejor que una estocada mala y aunque ya la prensa empezaba a arrear con cánones y tópicos, la baraja de toreros, de estilos de toreros, era amplía y se podía triunfar manejando conceptos muy diferentes. La diversidad de estilos era un valor apreciado y valorado por la afición. Al contrario, de lo que hoy ocurre ya que por mor de los talibames que tienen secuestrada ideológicamente a la plaza, triunfar resulta casi imposible para la mayoría de los toreros.

Madrid ya no es lo que era.

Lo peor es que, tal y como están las cosas, difícilmente lo volverá a ser.

Lo que va de ayer a hoy. La corrida de Pablo Romero en el Batán. Cuando Madrid era Madrid


sábado, 27 de febrero de 2016

Cantar el toreo

Por Luis Miguel López-Rojas

Un grupo de facebook "Quedada para el 21 en Vistalegre"  organizado por Rocío Pedroso y Paco Carmona (... ¡Y quedamos!)
El pasado domingo, 21 de febrero de 2016, vivimos en el Palacio Vistalegre una tarde memorable. Tarde en la que volvían a la vida torera, dos héroes. David Mora, dos años después de esa brutal cogida en la puerta de chiqueros del coso venteño. Que a punto estuvo de quitarle la vida. Salvada ésta. Las secuelas en su pierna que casi se convirtieron en irreversibles e irrecuperable para el toreo. Y Saúl Jiménez Fortes, que compartía cartel con David en aquella ocasión y que un año después, en apenas seis meses, sufrió dos cogidas en el cuello, que le tuvieron a milímetros de la muerte. 

Pero ambos, después una dura travesía en el desierto, volvían a la vida para volver a jugársela. Una tarde en la que se concentraron muchos de los valores que encierra el toreo. El toreo es valor, es sacrificio, afán de superación, respeto, humildad, solidaridad, compromiso, entrega absoluta… pero sobre todo es vida. El toreo es la vida misma. 

Se acumularon una cantidad de emociones indescriptibles. Sólo los que estuvimos allí sabemos lo que vivimos y lo que sentimos. Incluso presenciamos el milagro de la bravura. Con un toro con una forma de embestir grandiosa. Una pena que no se le pudiera perdonar la vida para que todo lo vivido hubiera trascendido más allá de los muros de Vistalegre. Enviar a la sociedad este mensaje de vida. 

Muchas veces, la mayoría, los aficionados tratamos de empequeñecer el toreo. Destacar lo negativo. Seguro estoy que si se hubiera perdonado la vida a ese toro, se hubiera abierto todo un debate de las razones que cada uno tendría para no haber concedido tal privilegio. Del mismo modo que buscamos de las actuaciones de los toreros, lo que no se adecua a lo que cada aficionado entiende como interpretación “única y verdadera del toreo”. Ser negativo y poner todo lo que encierra este mundo bajo sospecha, se considera sinónimo de buen aficionado. Nada más lejos de la realidad. Pero el problema no es la consideración de buen o mal aficionado, sino la imagen que transmitimos a los que nos ven desde fuera.

Por la evolución de los tiempos, la tauromaquia ha ido perdiendo cada vez más repercusión social. Hoy en día, es una gran desconocida. Relegada al olvido en los medios de comunicación generalistas. Muchas veces de forma interesada. Se encuentra tan debilitada, que todos los contrarios a ella han encontrado un caldo de cultivo ideal para atacarla. Lo que hace escasas décadas parecía impensable, hoy es una amenaza tangible y real. Si además, para aquellos que viven en la neutralidad, o en el desconocimiento,  los que se supone somos aficionados, que nos gusta y la amamos, les transmitimos una imagen tan negativa, tan nefasta, flaco favor estamos haciendo.

Por eso es tan importante difundir y cantar tardes como la del domingo en Vistalegre. Cantar el toreo y su grandeza. Que se conozcan historias como las de David y Saúl.

Todo somos conscientes que es un mundo imperfecto, y también por eso nos gusta. 

Algo muy grande debe ser para ser capaz de juntar a un grupo tan diverso y lejano de personas a cuya cita acudimos. Nueve malagueños, capitaneados por el alma de este blog (gracias Morente), que recorren media España en furgoneta, eso sí, furgoneta de toreros, conducida por chófer de toreros. ¡Ole! De Madrid, de Arganda, de Toledo, de Jerez de la Frontera… de otros países, amigos franceses (Jack Coursier y su encantadora esposa), italianos (Nicola con el grupo del Club Taurino Italiano presidido por Paolo)… más de veinte personas que compartimos mesa y mantel, sin importar edad, sexo, nacionalidad, ideología, religión…sólo un nexo de unión. Nuestro amor a este rito ancestral.  Y un objetivo, devolver a estos dos héroes en forma de apoyo, cariño y admiración, una ínfima parte de tan alto tributo que les ha tocado pagar. Hoy triunfa la vida y el toreo.

En Vistalegre. Venidos de todas partes.
Mención especial para Paco Carmona, convocante, alma y motor de esta reunión, de esta "quedada". Ser torero es una filosofía de vida, una forma de vivir. Has sido, eres y serás torero toda tu vida. Capaz de transmitir con la pasión del que ama. De descifrarnos los códigos del toreo. Con una capacidad pedagógica fuera de lo normal. Dentro del grupo tan diverso, capaz de entrar en conversación con todos y cada uno de los allí presentes. Encontrando siempre la distancia y altura adecuada. Presenciar una corrida a tu lado es encontrar la Piedra Rosseta del toreo, sobre todo para mí, que en cuestiones técnicas, tan rápido pierdo las manos… Gracias Paco, tu amistad es un regalo.

Esto es lo que vivo.  Esto es para mí este mundo grandioso. Tan grande como la inmensidad el mar. Me marcho feliz a casa.  Con una imagen y un sonido. Un sombrero cordobés arrojado al albero, a los pies de dos toreros que vuelven a la vida… y el sonido de las olas, las olas del mar… del mar del toreo.

Por esto yo canto al toreo, y lo grito al mundo…

Hasta pronto, amigos.

Luis Miguel López Rojas.


Un sombrero cordobés (el del gran aficionado malagueño Juan Manuel Pozo Torres) que acabaría volando hacia el albero, en perfecta parábola, a los pies de dos toreros que vuelven a la vida (Fotografía: L.M. Sierra)

jueves, 25 de febrero de 2016

Bienvenida a dos toreros

Por el Divino Calvo (Fotografías: L.M. Sierra)



Domingo, 21 de febrero de 2016. La madrileña Vistalegre vuelve a abrir sus puertas. Los carteles anuncian la Feria de Invierno, pero hoy es primavera. Primavera para dos hombres. Primavera para dos toreros. Vuelve a lucir el sol en sus vidas, después de tantos días oscuros, de dolor, de dudas, de miedos, de sacrificios, de incertidumbres, de sufrimientos… Heridas que se cierran a la par que se abre el portón de cuadrillas. Hoy quedan atrás como cicatrices del alma Vuelven dos héroes. DAVID MORA y SAÚL JIMÉNEZ FORTES. Han vuelto a la vida, para libremente, volver a jugársela. Para ellos, vivir sin torear, no es vivir. La grandeza del toreo. 

Jamás asistí a festejo alguno que el mismo momento de romper el paseíllo supusiera un triunfo. Triunfo grande. Triunfo de ley. Plaza en pie. Paseíllo ansiado. Paseíllo tantas veces puesto en dudas, como veces fue soñado. Corazones que se estremecen y emociones que afloran. MORA Y FORTES vuelven a sentir esa ovación atronadora, que les arropa, les anima, les empuja y ayuda a espantar sus miedos. A medida que avanzan, sus pasos cada vez más firmes, y la ovación más grande. Y se sienten TOREROS. Ovación que sólo cesa en el momento de cambiar la seda por el percal, para volver a rugir en el momento en el que, montera en mano, ambos saludan desde el tercio.  Todos, absolutamente todos, incluidas las cuadrillas que desmonteradas también aplauden. Imagen imborrable. De público a toreros. De toreros a toreros. Emociones a flor de piel ¡BIENVENIDOS DE NUEVO! ¡TRIUNFO CONSUMADO!

Corrida de Parladé, correctamente presentada y con muchos matices. Sobresaliendo el quinto. EXTRAORDINARIO. 

No sé podía haber elegido David Mora, mejor toro para reaparecer. Serio por delante, vareado y un poquito alto. Buen recibo a la verónica, ganando pasos, para rematar en los medios con chicuelina, media y revolera. Gran comienzo capotero que le sirvió para soltar nervios y muñecas. Galleo para poner en suerte en varas y quite por verónicas. Brindis al cielo y al público. Inicio por estatuarios. Su cuerpo, ciprés que espanta dudas pasadas. Dos series por el pitón derecho. La inactividad reflejada en brusquedad en el toque, pasa factura. Pero en el remate de la segunda tanta, cambio de mano por el lado izquierdo que se convierte circular, lento, eterno. El toro se desliza tras su muleta, y descubre su secreto al torero. Muleta a la mano izquierda para ahora sí, que los naturales surjan largos y profundos. Embestida fija y clara, con el único defecto de no ser muy humilladora. Toro ideal para su vuelta. Faena que rompe. Dos series que llegan al público y al torero. Encendida la mecha, vuelta al pitón derecho. Esta vez la serie redonda y profunda. Por  momentos se abandona, figura desmayada y mirada al tendido. Cierre a pies juntos. Espadazo y pañuelos al viento, para descerrajar la puerta grande en la primera intentona. Torero y público en feliz reencuentro.

Primer toro y dos orejas ¡Benditas orejas!


No tuvo la misma suerte en el sorteo, Saúl Jiménez Fortes con el colorado enlotado para su reaparición. Bastito y acapachado de cuerna. Su debilidad en los cuartos traseros y un quite por chicuelinas tras el cambio de tercio, lo condenó a volver a los corrales. Corrió turno el malagueño. Salió por chiqueros el que debía hacer tercero. Bajo y acorde con la categoría de la plaza y de la ocasión. Ajustadísimo quite por chicuelinas para entrar la tarde. Al igual que Mora, brindis al público, que tanto cariño le mostró. Inicio por alto a pies juntos. El mismo valor, el mismo concepto, la misma pureza, el mismo compromiso con el toreo del Fortes de siempre. 

Buenos primeros muletazos de las series. Pero en ese intento de Saúl por buscar el toreo que apague el fuego de lleva su alma, alarga en exceso las series. Somete al burel a una exigencia que su bravura no aguanta. Protestas del toro a partir del tercero, que restan rotundidad a los finales. Acorta distancias para encontrar esos terrenos tan comprometidos, donde el malagueño, tan cómodo se encuentra. Remata de su primera obra con manoletinas. El fallo a espadas y con el descabello deja el premio a una ovación.

Colorado el tercero, segundo de Mora. Destaca quite por chicuelinas, con gracia y garbo. Grandioso segundo tercio. Ángel Otero y José María Tejero con los palos. Iván García en la brega. Capotazos medidos, uno extraordinario que arranca ese “bieeeenn” de los aficionados. Vistalegre se viste de Maestranza. Iván, sabemos que tu plata, es oro. ¡Suerte en tu nueva andadura! Público en pie y los tres montera en mano. Brindis a todos los médicos que han hecho posible este milagro y que hoy, casi veintiún meses después, Mora vuelva a pisar un ruedo. Toro con muchas teclas que tocar, exigente y desagradecido. Aunque su labor no pudo llegar con fuerza al tendido, si le sirvió para comprobar que está preparado para resolver problemas y retos mayores. Llenar el depósito de su confianza. Estocada desprendida y ovación desde el tercio.

Toda la belleza del tercio de banderillas
Bizco de pitones el cuarto. Brindis sin palabras de Fortes a su padre. Sólo con una mirada que se cruza, hijo y padre, torero y familia, saben lo que han pasado y todo lo que se quieren decir. La condición del toro y dos desarmes impiden que la faena coja vuelo. Nuevo cierre por manoletinas con los pitones sacando hilos de los alamares. Estocada defectuosa y saludos en el tercio para recibir la ovación.



Lo de no hay quinto malo, una vez más, se volvió a cumplir. Y en esta ocasión, fue bueno, muy bueno... EXTRAORDINARIO. Precioso de hechuras, con cuello y descolgado. Hizo honor a su nombre “Cantaclaro”. Lo “cantó” pronto. Embistió “claro”. Lo recibió por verónicas Mora, en un capote que si ya era uno de sus fuertes ha adquirido un nuevo poso, una cadencia y una torería superior. Buen puyazo en todo lo alto de Israel de Pedro, y el toro empujando como los bravos. Con fijeza, colocada su cabeza muy abajo en el caballo. Generosidad para invitar en quites al sobresaliente Chapurra, que correspondió a la invitación con uno por verónicas con mucho sabor. Tan jaleado por el público, que Mora decidió dar réplica… por el mismo palo. Un ramillete de seis o siete verónicas, recreándose en la embestida y buscando en cada una, la excelencia. Y para rematar la media que abrocha una tarde cumbre con el capote. Todos pensamos que esas embestidas, podrían pasar factura al “Cantaclaro”, que no andaba sobrado de boyantía.

Brindis a Tejero, su apoderado, aquel que en todo este tiempo de incertidumbre jamás le abandonó. También Compartido Casas que se incorpora en esta nueva etapa. 

Los bravos, se vienen arriba, y las fuerzas brotan de su depósito de bravura. Inicio por abajo precioso, rodilla flexionada, y esa embestida que busca el infinito, pero a ras de suelo. Tanto se siente el torero, que en un muletazo deja de conducir la embestida, parón aguantado y remate. Huele a faena grande. Toro y torero a los medios. Distancia. Esa distancia de Antoñete y Rincón que tanto gusta en Madrid, que por eso estamos a sus puertas. Y en toro deseando embestir. Dos series con la derecha rotundas. Se rompe el torero. Sólo quedaba una duda, el pitón izquierdo. Y en el primer natural, se despeja la incógnita. El toro embestiste todavía mejor si cabe. Más largo, más humillado, más profundo…, ¡qué forma de embestir!, ¡qué forma de colocar la cara! Lo que vino después es difícil describir, porque no pertenece a este mundo, sólo al mundo de los sueños de David. Olvidarse del cuerpo. Ese cuerpo, que tanto le hizo sufrir. Y torear. Todos los momentos de amargura merecieron la pena, sólo por vivir este instante. Borracho de toreo, se marchó por la espada. Tan absorto, que quizás se olvidó del animal que le estaba haciendo feliz. Haberlo sacado nuevamente a los medios, seguramente hubiera resultado definitivo para un viaje de retorno a la vida, al campo. Pero cerrado en tablas, tan confiado, vino la voltereta. Por fortuna el pitón no caló. Cierre por manoletinas y escasas voces en el tendido solicitando el indulto. Tres pinchazos acabaron con un triunfo que hubiera sido de clamor. Una pena que un mensaje de vida no pudiera haber trascendido fuera de los muros del Palacio Vistalegre. Porque el toreo también es vida. Del hombre y en ocasiones del toro. La vuelta al ruedo, esta vez  solicitada por el público para “Cantaclaro” como mal menor, no fue atendida por el presidente. Y me mente se pregunta ¿qué le faltó a este toro para no merecer tal honor? Al final para las frías reseñas, todo quedará en vuelta al ruedo del Mora y ovación en el arrastre, pasto de olvido del que no estuvo allí.

Extraordinario muletazo a un toro extraordinario
Cerraba la tarde Saúl, con el sobrero que debió sustituir al primero. Del hierro de Juan Pedro, marcado con la V ducal de Veragua. El de peores hechuras. Alto, cuesta arriba, estrecho de sienes. Pronto mostró su escasez de fuerzas.  Definitivamente, Fortes no tuvo suerte en el sorteo. Capote a la espalda en los medios para un quite por gaoneras, firmes las plantas. Brindis a David Mora, que viene a enlazar con aquel brindis de San Isidro, en el que Fortes a través de la cámaras quiso homenajear a David. Yéndose a mismo lugar donde éste cayó. La misma tarde que al final resultaría también trágica para el malagueño. Todos y cada uno de los brindis de la tarde tuvieron su particular historia. Brindis que cierran páginas para abrir otras nuevas.

El valor. Capote a la espalda en los medios

A los medios y cartucho de “pescao” homenaje a Pepe Luis. Rebrincado y sin calidad el toro, sólo permitió al torero demostrar su firmeza. No se aburrió,  volvió a pisar el terreno y el sitio de siempre. Bernadinas de cierre y nuevo fallo a espadas. Suerte en la que Saúl debe mejorar. 

Se intuye en Fortes una lucha interior, una búsqueda de caminos para que brote ese concepto tan puro que lleva dentro. Porque Saúl es tan sincero, tan honesto, con el toro que tan duro le pegó, con el toreo, con la vida y consigo mismo, que ha emprendido un camino que no conoce atajos. Pero más pronto que tarde llegará. Las piezas encajarán y lo que hoy es desasosiego, mañana será armonía. Y emergerá ese torero grande que esconde su alma. Saúl ha vuelto. Sául ya está aquí.

Así termina una gran tarde que empezó con triunfo. Dos toreros, uno en hombros camino de la puerta grande y otro a pie, sobre su propio destino. DAVID MORA y SAÚL JIMÉNEZ FORTES, están de vuelta ¡BIENVENIDOS TOREROS!

El abrazo de dos toreros que nos puso un nudo en la garganta ¡Bienvenidos!



Texto: Divino Calvo
Fotografías: L.M. Sierra





miércoles, 5 de octubre de 2011

La Plaza de Madrid apuesta por la épica

 

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Iván Fandiño fue cogido el sábado en Madrid por el quinto toro de la tarde al que recetó una sensacional estocada igual que al primero. ¡Ha resucitado Mazzantini!

La foto –magnífica- es de Juan Pelegrín (Blog -de fotos- de Manón)

 

El debate del futuro de la fiesta. De Sevilla a Barcelona.

Si hay algo que nadie podrá negar es que el año que finaliza ha sido, probablemente y por muchos motivos, una de los temporadas claves de la Historia del Toreo. Y no lo digo sólo por los acontecimientos  de orden estrictamente taurino acaecidos este año, sino porque -en mi opinión- ahora es cuando se está empezando a dilucidar el futuro de la Fiesta.

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A porta gayola recibió David Mora a su primer toro. Su toreo de capa tiene enjundia. La larga cambiada es de libro, A la verónica, Mora mece muy bien el capote.

 

La buena noticia fue la reaparición a finales de julio del diestro José Tomás. Pocos toreros en la historia se han recuperado después de una cornada del calibre de la sufrida por el diestro de Galapagar (tremendamente castigado por los toros) y desde luego muy pocos lo han hecho con la solvencia y contundencia con la que ha vuelto el torero de Galapagar quien ha estado por encima -muy por encima- de todos sus toros.

Más complejo se presenta el tema del porvenir de nuestra fiesta. No por falta de toreros. Al contrario, vamos sobrados de buenos y excelentes, sino porque en España y en algún país sudamericano se han empezado ya a cuestionar la ética de las corridas de toros. Y cuidado que el debate de fondo no ha hecho más que empezar pues las prohibiciones actuales han tenido, en realidad, más trasfondo político que taurino.

Pero debajo de esas posiciones partidistas subyace un problema y una cuestión de mayor calado que es la licitud ética del trato que se da al toro en la plaza. Cuestión esta que aleja de la fiesta a muchos jóvenes.

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Fandiño en el sobrero de Lozano Hermanos, ganando el pitón contrario muy enfrontilado con el toro.

 

Barcelona prohíbe la fiesta

Intereses partidistas fueron, sin embargo, la causa del acontecimiento del año. Algo que muy pocos creían probable: La prohibición de la fiesta de toros en la Comunidad Autónoma Catalana.

La respuesta a la prohibición fue contundente y el fin de semana de las fiestas de la Merced se congregó en Barcelona una selecta y nutrida representación de la gran familia del toreo que reivindicó a voz en grito el derecho a la Libertad, negado por una deleznable, miope e interesada clase política catalana.

Pero si Barcelona ha abierto el debate del futuro de la fiesta y lo ha puesto sobre la mesa, lo importante son las respuestas que a esta complicada situación puedan presentar profesionales y aficionados. Urge plantear alternativas viables.

 

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El toro va con la cara muy alta (no humillaba). El torero (David Mora) le presenta la muleta a media altura y carga el peso del cuerpo en la pierna de salida que –correctamente- no avanza, sino que profundiza e intenta alargar el pase. 

 

Sevilla se apunta a la estética

Y en ese sentido, la primera respuesta válida, la dio Sevilla por su feria de abril, indultando un nobilísimo toro de Núñez del Cuvillo al que hizo un sensacional trasteo José María Manzanares.

Sevilla apostaba, por tanto, por la evolución de la fiesta en la línea del toreo artístico que abriera hace ya casi un siglo Juan Belmonte.

El toro que preconizaba Juan Pedro Domecq y el toreo como expresión de un sentimiento estético son las apuestas de futuro que hizo la afición sevillana

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El toro humilla y el torero (Fandiño) lleva la muleta por abajo. La cabeza del toro está pasando la altura del cuerpo del torero. A partir de ese momento el brazo irá hacia atrás para rematar el pase hacia dentro.

 

Madrid apuesta por la épica

Y en ese debate, entre la negación del presente (que representa Barcelona) y la propuesta de futuro (que significa Sevilla), teníamos mucho interés en saber lo que proponía Madrid. Cual era la propuesta de esa afición. Tema capital por la importancia de la plaza y por la repercusión que los criterios de sus aficionados y periodistas tienen en el resto de España.

Ha habido que esperar a la Feria de Otoño (San Isidro y el Aniversario carecieron de fuste) pero la respuesta de Madrid al debate planteado no ha podido ser más clara ni más contundente.

 

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Los toreros apretaron mucho en quites. Tanto, que Mora fue cogido en ese tercio por el sobrero de Lozano Hermanos.

Fue en la corrida del sábado pasado cuando se dieron los parámetros de lo que quiere y gusta en esta plaza: Toreros emergentes y con mucho valor enfrentados a toros difíciles y fieros que alzaprimen el mérito del triunfo.

La actuación de Iván Fandiño y David Mora ante los muy complicados toros de Gavira fue una de esas tardes que nunca podremos olvidar. La tremenda decisión, la enorme raza y el infinito arrojo  que mostraron estos dos grandísimos toreros fueron las bazas usadas para presentar credenciales, pegar un tremendo aldabonazo en la puerta e intentar abrirse hueco en la ya muy copada primera fila del toreo actual.

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Tremendas manoletinas de Fandiño al quinto

Actuación heroica y tarde épica la de estos dos diestros, Iván Fandiño y David Mora, que además nos permitió ver (¡Gracias, toreros!) lo que ya no se suele ver en la fiesta de hoy: la importancia de un tercio de quites, la emoción de la suerte de matar, el valor en estado químicamente puro…

Faltó el tercio de varas, pero ya he dicho que los toros no acompañaron pues mansearon y se limitaron a presentar complicaciones y hacer muy difícil estar en la plaza. Pero, en resumen, en Madrid el sábado se vivió la emoción de la fiesta en estado puro. En su faceta épica llevada al límite.

 

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El muy emotivo momento de la estocada al quinto de la tarde. Mazzantini (Perdón, Fandiño) embrocado en el momento de clavar el estoque. El toro le levantó por los aires y murió cuando el torero se levantaba auxiliado por los peones.

 

Conclusiones

Veo difícil (muy difícil) exportar y generalizar la propuesta madrileña al resto del orbe taurino. Al día a día de la fiesta. Tanta intensidad creo que ni la aguantarían los toreros ni la soportarían todos los días los públicos de hoy.

Tampoco creo que  ahí esté la solución de los males actuales del toreo, pues este camina inexorablemente por otros derroteros más acordes con la sensibilidad de los públicos actuales. Bien está y así son las cosas.

Sin embargo, creo que no debemos echar en saco roto la propuesta madrileña.  En la emoción del toro fiero y el toreo lucha está el origen de este espectáculo que nos apasiona, algo que nunca deberíamos olvidar y que debemos, por todos los medios y de algún modo, preservar.

 

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El último (un marrajo) se cebó con David Mora y le levantó los pies del suelo varias veces. El torero ni se inmutó. Lo mató de un estoconazo como se ve en la foto.

La propuesta madrileña no parece viable generalizarla por cuanto supone la vuelta a un pasado imposible y quizás mitificado pero cualquier opción de reforma del toreo que se plantee (del tipo que sea) tiene que mantener su dosis de épica tan necesaria en este rito. Ahí está el ejemplo de José Tomás y el interés de los públicos y aficionados por las propuestas heroicas de este torero.

Bienvenido sea el futuro, aunque nos traiga un toreo y una fiesta de toros muy distinta a la que conocimos y conocemos. Pero deseemos (y procuremos) que venga adobada con su dosis imprescindible de emoción. De aquella emoción que nace del valor desmedido del torero que va más allá de la lógica y la razón.

Creo que está en nuestras manos conseguirlo.

 

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¡La épica del toreo!

Fotos: Juan Pelegrín (Las Ventas), Burladero.com y Aplausos