Mostrando entradas con la etiqueta El toro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El toro. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de junio de 2015

¿Qué es preferible?

Por Jose Morente



Toro de Daniel Ruiz lidiado ayer en Alicante


Los usos y abusos de los años 60 (años en los que se lidiaba habitualmente un toro de poca edad y poca cara) provocaron las demandas quizás justificadas de los años de la transición.

Sin embargo, la moda del toro grande que se impuso la plaza de Madrid a partir de los años 80 no solo trajo consigo la desaparición de algunos encastes (hoy llamados minoritarios) sino también una cierta preferencia o tendencia a primar la apariencia frente a la esencia.

Y, en efecto, hoy se tiende a poner el trapío del toro (a veces, muy mal entendido e interpretado) por encima de su comportamiento. Quizás porque es más fácil distinguir un toro grande de un toro chico que discernir sobre los infinitos matices que conforman la bravura.

Esa exigencia de un trapío a veces desmesurado y/o desproporcionado a las características de cada encaste y cada plaza hace que hoy se hile (y muy fino) en los reconocimientos veterinarios.

Esta bien la exigencia en ese sentido pero siempre que no olvidemos que tan importante es la presencia del toro en el reconocimiento matinal como su comportamiento en el ruedo por la tarde.

Y llegados a este punto, la pregunta-duda es razonable ¿Que es preferible? ¿El toro de las 12 (el del reconocimiento) o el toro de las 5 (el de la plaza)?

¿Que es preferible? ¿El toro que a algunos no les gusta en el reconocimiento (por ejemplo, el ejemplar de Daniel Ruiz cuya foto encabeza este post y que se lidió ayer en Alicante) pero que luego entusiasma al público en la plaza por la tarde? ¿O por el contrario, tenemos que optar por el toro que asusta en el reconocimiento (por ejemplo, el Adolfo de la foto que cierra el post lidiado hace un par de años en Daimiel) y que luego no tiene un pase ni un paso ni un aplauso en el ruedo?

Yo lo tengo claro.

Para mi, tan importantes son el trapío como el comportamiento. En ese sentido, me dan igual ganaderías y encastes.

Pero lo que también tengo claro, lo que NO quiero es que el toro de Madrid, las hechuras del toro de Madrid y el volumen del toro que se exige en la plaza de Madrid (lógicas por otra parte en ese plaza), se impongan en el resto de las plazas que no son Madrid.

Y es que uno empieza a estar cansado de quienes quieren imponer (por bemoles) un mismo toro en todas las plazas sean de la categoría que sean o sea, de quienes quieren convertir en un aburrimiento solemne lo que era un espectáculo vibrante y emocionante en los años 60. Un espectáculo vibrante gracias a los buenos toreros que había entonces pero, sobre todo, gracias al toro terciado y vareado pero con buenas hechuras que se lidiaba en aquella época. 

Que es el toro que normalmente embiste aunque no guste a algunos en los reconocimientos.


Toro de Adolfo lidiado en Daimiel hace un par de años.

Postdata: Hablo del volumen que se exige en Madrid..... a las ganaderías que no son del gusto de esa plaza porque a las ganaderías que son del gusto de Madrid, en Madrid le perdonan todo...hasta la falta de trapío. ¡Imparcialidad que le dicen!


jueves, 19 de marzo de 2015

Postales taurinas (XIV) La bravura inútil

Por Jose Morente

 

052--644x362 - copia

Toro bravo en el campo (ABC)

Decía Gregorio Corrochano que el toro bravo lo era por mero instinto defensivo o sea, por miedo. En el fondo, una frase llamativa más de las que tanto gustaban al gran crítico de ABC.

Sin embargo, viendo la foto de este toro en el campo, nadie pensaría que el toro pueda ser un animal cobarde. Al contrario, si fijamos nuestra atención en su bella estampa, la sensación que nos transmite el toro en la dehesa es de seguridad y aplomo. Una seguridad y aplomo que son hijas de su poderío y fortaleza pero sobre todo, que son, tienen que ser, hijas de su valor, de su bravura.

Es el toro, además, el animal más noble de todos pues nunca embiste a traición. Otro dato más que añadir a su carácter. Un animal así, tan leal y tan noble, es evidente que no puede ser cobarde sino que tiene que ser bravo.

Bravura que es atávica e instintiva pero también, al mismo tiempo, cultural, o sea modelada por el ganadero generación tras generación, familia tras familia. Afinando el instinto y depurando la embestida.

Una bravura que, ahora en el campo y mientras llega el momento de manifestarse en la plaza, sólo podemos intuir o adivinar mirándole  a los ojos pues es, en los ojos del toro, en su mirada, donde se encuentra y esconde su bravura.

Una bravura, no obstante, todavía potencial y que, sin torero que la enfrente y domine, se nos antoja innecesaria y superflua. Una bravura inútil.

domingo, 3 de julio de 2011

Las castas de toros originarias

 

Altamira

Pintura rupestre de Altamira. En España existían ya toros desde muy antiguo

Aunque es innegable la existencia de toros en Iberia desde muy antiguo, sobre el origen del toro bravo existen varias hipótesis. Del uro primitivo (bos primigenius), que aparece representado en las paredes de las Cuevas del Cuaternario y que desapareció de Europa en la Edad Media, al toro de plaza hay una larga historia.

Uro Ortega y Gasset 001

Dicen que aún quedaban Uros primitivos (bos primigenius) en los bosques de Prusia a principios del siglo XVII. Este grabado del último de su especie se lo envió Ortega y Gasset a Domingo Ortega y se publicó en el libro de conferencias de este último “El arte del toreo y la bravura del toro”.

Uro zoologico Wiesbaden 001

En el siglo XX hubo algún intento de “reconstruir” el Uro primitivo. Este ejemplar fue “creado” por el Doctor Lutz Heck de Wiesbaden.

Lo más probable (Cossío, Luís Uriarte) es que el toro que había en la península descienda del uro primitivo, pero de un uro degenerado, de menor tamaño y más o menos doméstico, según casos y zonas.

También parece ser que a España llegaron toros por el norte (El Bos taurus célticus, que trajeron los Celtas) y por el  sur peninsular (El Bos taurus aficanus. El toro africano).

Este último, el toro africano (O sea, el toro de Egipto) era más corpulento que el céltico y de cuernos robustos y lomo ensillado y siempre de temperamento bravo. Al mezclarse con el uro aparecería el auténtico toro español: el Bos taurus ibéricus, aún más robusto y de cuernos más desarrollados.

Bos africanus

Bos africanus en un grabado de época

Las castas fundacionales. El tratado de Daza

Preciosos manejos Daza 001

El libro de Daza en edición de la Real Maestranza de Caballería y de la Universidad de Sevilla (1999) y con un título recortado por lo extenso del original

Las grandes ganaderías destinadas a criar toros de plaza (como entonces se decía) se forman bien entrado el siglo XVIII, aunque ya antes existían ganaderos afamados.

Estas ganaderías se formaron a partir de la raza existente en la Península (Bos Taurus Ibericus) y cuyas reses pastaban en manadas más o menos salvajes por todo el territorio, aunque presentando diferencias morfológicas y de comportamiento entre ellas. Diferencias debidas al clima y a una precaria selección.

Toros en la marisma 001

Toros en la marisma

El primero que hablo sobre las castas fundacionales u originarias fue el piquero José Daza en un libro de extenso y extraño título.

Aunque para Daza existían más castas, creo que podemos (como hace Cossío) reducir las castas originarias a tres:

Casta castellana

Para Daza, eran toros que destacaban por su resistencia y dureza propia del clima castellano. Muy grandes, hermosos y de horrendo aspecto, por lo que dice que si fueran igualmente ágiles y uniformes en bravura “en cada corrida darían fin de caballos, Picadores, Toreros y aún  de las gentes subidas en los andamios

Sin embargo (alguna ventaja tenían que tener), no recargaban sobre el objeto derribado, del que una vez alcanzado “con desprecio, se retiran”.

Dentro de los toros castellanos destacaron los toros Jijones (llamados así por el nombre de sus ganaderos, el primero Miguel Jijón). Luego se llamaron jijones (por extensión) los toros de pinta colorada encendido, que era el propio y característico de este ganado.

Jijones, por cruza con este encaste fundacional, llegaron a ser también los toros colmenareños (los de las ganaderías de Colmenar Viejo: Aleas, Martínez, Bañuelos, etc.), llamados los toros de la Tierra, y hoy desaparecidos.

Toro Colmenareño (Aleas) 001

Toro colmenareño (De Aleas)

La casta Navarra

Por el contrario, todavía quedan hoy día ganaderías que conservan ejemplares de casta Navarra, aunque no se lidian en corridas y se destinan a concursos de recortadores.

Estos toros –decía Daza- eran pequeños en tamaño pero demasiado grandes en bravura y astucia. Los picadores inexpertos al verlos los llamaban torillos de Navarra para al final jactarse de haber picado “unos señores toros”.

Llavero de carriquiri 001

Cabeza de toro de casta Navarra: Llavero de Carriquiri, quien en octubre de 1960 en la plaza de Zaragoza tomó ¡53 varas!

Estos toros no han desaparecido, pero dejaron –como hemos dicho- de lidiarse en plaza, no sólo por su comportamiento, más adecuado al sistema de toreo antiguo, sino sobre todo por su escaso tamaño, en un proceso muy similar al que hemos vivido en los últimos 40 años, donde la exigencia de los públicos (especialmente, el de Madrid con su enorme repercusión mediática) de un toro de mayor tamaño y trapío, se ha llevado prácticamente por delante y hecho desaparecer aquellos encastes que producen ejemplares más terciados.

Encaste contreras

Toro de encaste Contreras (Un derivado de Murube). Terciado y de escasos pitones para lo que hoy se exige.

Es evidente que la exigencia del público madrileño no tenía por objeto, ni mucho menos, la desaparición de estos encastes pero esa ha sido la perversa consecuencia de la –en mi opinión- errónea actitud adoptada por el público aficionado de los años 80 del siglo pasado.

dolores-aguirre

Las hechuras que se piden hoy en la mayoría de las Plazas de primera (Aquí un toro de una de las ganaderías predilectas de la afición madrileña) ha supuesto la imposibilidad de acudir a estas plazas para las ganaderías de reses más terciadas y encornaduras menos destartaladas.

Los toros Andaluces

De los andaluces dice Daza que por lo común son muy carniceros (o sea, de mucho peso) y de buena traza y estatura. Aunque algunos, por abandono de los dueños, se han bastardeado, aquellos que han sido objeto de cuidados se han afinado y hecho muy estimables.

Cossío añade que aúnan la bravura y nobleza necesarias y con la “vivacidad y alegría” que exige la lidia.

El toro andaluz fue definido fundamentalmente por dos ganaderos: El primero, el Conde de Vistahermosa, cuidó sus reses (procedentes de Rivas) con esmero y sin mezclarlas con ningunas otras.

Toro Vistahermosa (Murube) 001

Toro Vistahermosa (De Murube). El toro de la foto, fino de cabos y bien puesto de pitones, con el que Cossío ilustra la casta Vistahermosa, no podría lidiarse hoy día en Madrid ni en otras plazas de primera.

El segundo fue Vicente José Vázquez, un ganadero alquimista, quien logró reunir lo mejor de todo lo que había en su época y crear con ello una ganadería singular

Toro Vazqueño 001

Toro Vazqueño (De Matías Sánchez Cobaleda)

Toro vazqueño (Concha y Sierra) 001

Toro Vazqueño (De Concha y Sierra)

Además, y procedentes de los toros de los diezmos, también destacaron en su tiempo las ganaderías de Cabrera (de la que proviene Miura) y Gallardo (de la que proviene Pablo Romero), que –por suerte y aunque cruzadas- han llegado a nuestros días.

1247401257374miura-dentrodn

El toro de Miura (Cabrera cruzado con Vistahermosa) es agalgado, sin morrillo ni papada y con mucho cuello. Un toro muy listo y que aprende rápido.

4569-240608012431

El toro de Pablo Romero, hoy Partido de Resina (Gallardo cruzado -según dicen- con Saltillo) es el más guapo de toda la cabaña brava. Sin embargo, últimamente, su comportamiento en la plaza no suele estar a la altura de sus magníficas hechuras.

(Continuará…)