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domingo, 16 de julio de 2017

La última tarde de Manolete en Madrid

Por Antonio Luis Aguilera

Como era habitual en la Beneficencia, los toreros (Manolete, Gitanillo y Pepín) cumplimentan a Franco (Fotografía publicada en el Ruedo el 17 de julio de 1947)
La expectación por ver al torero de Córdoba era enorme. El monstruo actuaba en la corrida de la Beneficencia sin cobrar sus honorarios, para contribuir, con su toreo y con su generosidad, a financiar las obras de ampliación del Hospital Provincial de Madrid. Nadie podía imaginar que aquella luminosa y calurosa tarde del 16 de julio de 1947 el famoso diestro iba a echar su último paseíllo en Las Ventas, pero el destino había previsto que el cartel de ese día pasara a ocupar un lugar preferente en los anales de la plaza monumental: Toros de Bohórquez para Gitanillo de Triana, Manolete y Pepín Martín Vázquez.
El segundo toro de la tarde se había defendido con aspereza, sin permitir que Manolete le impusiera su toreo. Durante el trasteo, parte del público, de ese que disfruta levantando ídolos para luego pisotearlos, se metió con él enviándole algunos recados con intención de herirle: ¡Ya era hora de que vinieras a Madrid! ¡Aquí queremos cogerte! ¡Lo de siempre, Manolete, lo de siempre! ¡Menos cuento, acércate más y menos cuento!... Los aficionados de verdad observaron que el toro no admitía faena y optaron por callar, pero su respetuoso silencio fue utilizado como caja de resonancia por los desalmados que ofendían al torero escondidos en la inmensa masa de público.  

Manolete iniciando su faena a Babilonio por estatuarios como en él era habitual (Fotografía publicada en el Ruedo, el 17 de julio de 1947)
Manuel tenía puesta toda su esperanza en Babilonio, el quinto de la tarde, pero una vez más falló el tópico y el toro resultó tan manso como toda la corrida, costó trabajo meterlo en el caballo y la ardua lidia para llevarlo y traerlo despertó en su comportamiento una clara incertidumbre, que desarrolló vacilando en las primeras arrancadas, donde protestó con violentos derrotes cuando era obligado por la poderosa muleta de Manolete, quién a pesar de los tornillazos lo recibió sin dudas, con unos portentosos y majestuosos doblones rodilla en tierra, rematados con calculada severidad, dejando caer la franela sobre la arena. Fuera de la segunda raya, el cordobés probó el toreo en redondo, pero el manso volvió a sacar su genio y su  peligro, se quedaba corto, medía y buscaba sin disimulo al torero, que lógicamente hubo de resolver mejorando su terreno. Fue entonces cuando desde un tendido de sombra un miserable gritó con todas sus fuerzas: ¡Cobarde

La mejor contestación a ese injusto grito la dio Gerardo Diego: "¡Cobarde! grita un cobarde/y un valiente palidece/la afrenta ciega la tarde/y el instante enorme crece"
Un sentimiento de vergüenza ajena se apoderó del monumental recinto. Manolete, de forma instintiva, levantó la mirada tratando de localizar el lugar que ocupaba el valiente espectador, pero inmediatamente volvió su mirada al toro, atornilló las zapatillas en la arena, y con la muleta en la diestra aguantó impávido las inciertas acometidas del murubeño, que probaba y había que esperarle mucho. La angustia se adueñó de la plaza ante el estoicismo de Manolete, que espeluznantemente resistía en el sitio, sin variar su posición, hasta que en un pase el toro derrotó de forma seca y le hirió en la pierna izquierda. El fugaz gesto de dolor del espada encogiendo la pierna hizo pensar que se trataba de un simple varetazo o un pisotón. 

El momento de la cogida con la pierna izquierda del torero levantada por el derrote seco del pitón del toro de Bohórquez (Fotografía publicada en el Ruedo el 17/07/1947)
Mas él sabía que estaba herido y continuó su faena con indecible exposición, perseverando su toreo sobre ambas manos, mientras un hilo de sangre bajaba por la pantorrilla tiñendo de rojo la media. La casta de Manolete suplía su falta de facultades, seguro de su dominio fue bajando cada vez más la muleta hasta imponerse definitivamente a Babilonio, que acabó entregado al espada que domeñó su violencia, y colaborando en una faena que fascinó a veinticuatro mil personas que no creían lo que veían sus ojos. La afición comprobó que el torero estaba herido, y se entregó unánime e incondicionalmente ante la belleza e importancia de aquella faena emocionante, dominadora, de quien erguido como una torre en el ruedo, aguantó, ligó y bajó las manos como nadie antes lo había hecho.  

Con la media ensangrentada y la mirada clavada en el morrillo, Manolete atacó derecho y dejó una estocada en todo lo alto que, en escasos segundos, provocó la muerte del murubeño. 

La estocada. Un hilo de sangre mancha la media rosa. Manolete mata a Babilonio (Fotografía publicada en el libro "Cuando suena el clarín" de Corrochano)
Los miembros de la cuadrilla le esperaban al salir de la suerte, y el torero se echó en sus brazos para que lo llevaran a la enfermería, donde fue intervenido quirúrgicamente. Cuando toda la plaza se puso en pie, unos aficionados desvelaron a la policía el escondite y la identidad del espectador que había insultado al torero, y esta hubo de acudir de inmediato para prestarle protección. A Manolete le otorgaron las orejas, que no pudo pasear por el ruedo donde había derramado su sangre.    

El Mosntruo camino de la enfermería en brazos de las asistencias (Fotografía publicada en El Ruedo, el día 17)
Estando recuperándose en el Sanatorio La Milagrosa de Madrid fue visitado por José María Carretero, escritor montillano que popularizó el seudónimo El Caballero Audaz. El paisano le comentó la mala pata que había tenido la corrida, pero Manolete mostró su disconformidad con unas palabras que delataban su grandeza como hombre y como torero: ¡No lo creas!... Yo la consideré una corrida de suerte, a pesar de la cogida que me tiene aquí fastidiado... Se trataba de una corrida de Beneficencia, en la cual yo no cobraba nada. En estas obras benéficas, el millonario, con sacar la cartera y dar un cheque de cien mil pesetas, ya está listo; pero yo he tenido la satisfacción de haber colaborado en una obra de caridad con dinero, con mi arte y, porque Dios lo ha querido, con mi sangre; esto es un lujo que no se lo puede permitir todo el mundo. Además, tuve la suerte de torear a gusto y bien.

Manolete recuperándose de la cogida en el Hospital, donde le entrevistó el Caballero Audaz (Fotografía publicada en el Ruedo el 24 de julio)
Cuarenta años después, quien hilvana estas líneas tuvo el privilegio de sujetar el traje que Manuel vistió aquella tarde, un terno celeste y oro, ligeramente palidecido por el tiempo, que el torero regaló a su íntimo amigo Manuel Sánchez de Puerta Guerrero. Con emoción acariciamos las taleguillas, que se hallaban como se las quitaron en la enfermería, mostrando el boquete que horadaba la seda a la altura de la pantorrilla izquierda, la huella de Babilonio, teñida con un reguero de sangre que llegaba a los machos. Aquellas taleguillas testimoniaban la entrega del rey de los toreros, el extraordinario matador que implantó definitivamente el toreo ligado en redondo como canon de faena seriada, donde el espada deja venir al toro por su terreno natural para llevarlo hacia atrás y hacia dentro, la sólida estructura de un sistema capaz de acoger los más diferentes estilos, al que habrían de adaptarse todos los toreros. 

Y en efecto, a su sistema, al sistema de Manolete, tuvieron que adaptarse todos los toreros, comenzando por ese genial Pepín Martín Vázquez que supo adaptar a la estética sevillana los modos y maneras toreras del rey de los toreros: ¡Manolete! (Fotografía de un natural de Pepín de esa tarde publicada en el Ruedo el día 17) 
Addenda:

A la semana siguiente, no sólo el Caballero Audaz, sino también un reportero del Ruedo entrevistaba a Manolete postrado en cama y recuperándose de la cogida. Esto es lo que opinaba el de Córdoba sobre el público madrileño:


El toreo de aguante y exposición que Manolete prodigaba todas las tardes (Fotografía de un natural a Babilonio publicada en el Ruedo, el día 17)
Esa faena y la del segundo toro (de Vicente Charro) están recogidas en la colección Achúcarro. La vemos.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Paco Camino (IV) La estocada

Por Jose Morente

Paco Camino habló el 20-N en Málaga: Todo un lujo

Camino ha hablado y hay que seguir hablando de él.

Hace ya 4 años cerrábamos (o pretendíamos cerrar) una mini-serie de 3 entradas que quisimos dedicar a uno de los mejores diestros que un servidor ha podido ver en una plaza de toros: Paco Camino

Sin embargo, el pasado viernes, 20 de noviembre, Paco Camino estuvo en Málaga, en el Colegio de Abogados, hablando de toros. Un acto organizado por Montera Siglo XXI y en el que se dijeron coas muy interesantes y muy sustanciosas. Tanto, que hemos creído oportuno retomar aquella serie que habíamos dado por finiquitada.


La estocada según Camino

En la tercera de aquellas entradas sobre el Maestro de Camas, hacíamos una referencia, breve referencia, a esas estocadas del camero que tanta ayudaron a cimentar su merecida fama.

La estocada más famosa de Camino. Una fotografía archiconocida y archidifundida.

Hoy, a la vista de los comentarios que, sobre la suerte suprema, ha hecho el maestro en Málaga, queremos volver sobre el tema, ampliando y documentando lo que dijimos en su día.

Camino recordaba que, a principios de los 60, le tenía perdido el sitio de la estocada y que lo cogió gracias a su padre, el banderillero Rafael Camino:
"Yo empecé a matar los toros bien pues... yo llevaba una racha muy mala de matador de toros y me dice mi padre: 
-¡Quillo! ¿Qué pasa? ¡Que no le cortas una oreja ni a una burra!" 
-¡Papá, es que con la espá ando...! 
-¿Con la espá andas...? 
Esos días toreaba yo (sería a la vuelta de Sevilla), toreaba yo en el Puerto de Santa María y me recogió con el coche y me dice "¿Qué no los matas?" "Es que no lo veo" "¿Que no lo ves? Lo que no tienes es lo que hay que tener. Lo que hay que tener: Dos". 
Y digo yo "¡Vale!" 
"Tu na más que salga el toro  Cuando salga el toro na más, no; cuando lo vayas a entrar a matar, te pones en medio de los pitones y te tiras al morrillo y con esto, con esto [se señala la boca] le das en el morrillo, donde están las banderillas, y le das. Y aunque te partan las banderillas esto y esto y esto [y se vuelve a señalar la boca], dale y tú verás como se matan los toros". 
Se lo hice a uno de Carlos Nuñez y le corté el rabo pero me podía haber pegado una voltereta. "¿Padre, y esto?" "Pues esto todos los días". Y ahí aprendí yo (...) Había que tirar donde miraba uno... y ya está. Eso de decir, claro, a lo mejor yo, en esa época, pasar al toro me costaba trabajo, lo que sea, y me decía mi padre: "al toro hay que pasarlo. Pasarlo y luego con esto, con la boca, donde están las banderillas, donde han picado al toro".
La corrida del Puerto -que se celebró el día 10 de julio de 1960- está reseñada, telegráficamente, en el Ruedo.

El reseñista no sólo se muestra demasiado conciso al hablar de Camino (que fue al fin y al cabo el triunfador por el número de trofeos) sino que le birla el rabo. El colmo es que de sus estocadas, no dice ni pío.

No tenemos fotos de ese día pero si la tenemos de una estocada suya también en el Puerto de Santa María a un toro de José Luis Osborne, muy pocos días despumes, concretamente el 31 de ese mismo mes. La foto es impresionante y prueba que Camino puso en práctica el consejo de su padre: dar con la boca en el morrillo, en el sitio de las banderillas. Aquí está:

Camino en el Puerto, el día 31 de julio de 1960 poniendo en práctica el consejo de su padre o sea, dando con la boca en el morrillo del toro de Osborne. Camino había recuperado el sitio de la estocada. La foto de es antología. Así se matan los toros ¡Tremendo!
A título anecdótico hay que indicar que esa tarde (la de la foto) era la de la reaparición de Luis Miguel en Andalucía, El Ruedo, por ello le dedicó una página completa.

El Ruedo dedicó una página completa a la corrida del Puerto, la de la reaparición de Luis Miguel.

Hay que matar despacio

Lo que si que recalcó Paco Camino en Málaga es que la suerte hay que hacerla despacio lo que entraña un indudable riesgo de cornada.
"Entrar a matar es que..., es que pierdes mucho tiempo porque pierdes la vista. Generalmente, pierdes la vista porque claro, haces así y haciendo así despacio e irte así... porque si haces así y así   [hace el gesto de echar la muleta bruscamente hacia adelante] eso es un trapazo que le pegas a los ojos, le quitas, le pegas un trapazo le haces así y le metes la espada, pero eso no es ná, eso no es entrar a matar. Entrar a matar es cogerlo así y ponerte ahí y ahí voy... y despacio. 
Y claro a mi han pegado muchas cornás de entrar a matar por eso. Pero, bueno, he sido un buen ejemplo en eso de la estocada".
Y, lógicamente, cuando se les coge "el sitio de la muerte" a os toros, los resultados no se hacen esperar. Camino en Barcelona el día 11 de agosto de ese año  viendo caer al toro fulminado por la estocada (Fotografía publicada en El Ruedo)

Tauroteca. Para matar bien uno de Camas.

Vamos a ver (y escuchar) al propio Paco Camino explicando su forma de matar. Se trata de un track de un capítulo de la serie "Grandes del toreo por dentro" de Canal +. Merece la pena.



martes, 13 de octubre de 2015

Luis Miguel cierra el círculo (I) El sueño del pase circular

Por Jose Morente


En 1900, la Lidia publicaba este dibujo de Perea con el título de "pase en redondo por bajo". La lámina parece representar el inicio de un pase en redondo con la muleta muy baja, arrastrando por el albero. El torero está más encorvado que para los pases naturales, lo que es lógico si se piensa que tiene que traer al toro toreado desde más lejos y llevarlo más lejos que en el natural, un pase de por sí, de menor recorrido, de menor. Salvo la posición de frente, el muletazo de Perea recuerda en cierto modo, al toreo de nuestros días.

El pase en redondo

José Sánchez de Neira en su monumental obra "El Toreo" (1ª ed., Madrid, 1879) decía:
"Los pases que siendo regulares, son, como hemos dicho, á una mano y continuados, se llaman en redondo; pero entiéndase que no puede decirse 'en redondo' á un solo pase, porque éste sólo describe, cuando más, medio círculo, y ha de formarle entero con dos o más pases".
Sánchez de Neira utilizaba el término de pase en redondo pero, en realidad, se estaba refiriendo a lo que hoy conocemos como toreo en redondo. Hoy llamamos toreo en redondo (que no pase en redondo) a la sucesión de varios naturales o derechazos seguidos y continuados.

En nuestros días, la cosa está clara y hablamos de "toreo en" redondo y no de "pase en" redondo pero en tiempos de Neira y hasta bastantes años después de Neira, existió cierta confusión terminológica.


Ramírez Bernal replica a Neira

En 1896, el tratadista malagueño Aurelio Ramírez Bernal, en Sol y Sombra, discrepaba de lo que decía Sánchez de Neira sobre el pase en redondo.  

Para Ramírez Bernal, no puede llamarse "pase en redondo" al conjunto que forman varios de ellos. Serán, en cualquier caso, varios pases diferenciados pero nunca uno sólo.

Por otro lado, y eso es lo más importante, en su opinión no es posible físicamente conseguir que el toro trace un círculo completo en pos de la muleta (algo en lo que coincide con Neira) en consecuencia, el pase en redondo es un imposible.

 

El aficionado malagueño Aurelio Ramírez Bernal, tratadista tradicionalista, daba la réplica a Sánchez de Neira en un artículo publicado en noviembre de 1898 en el semanario Sol y Sombra. Sólo un par de años antes había salido a la luz la segunda edición (corregida y aumentada) de "El Toreo", la obra magna de Sánchez de Neira y que puede considerarse el Cossío del siglo XIX. 

Para afirmar que no es posible conseguir que el toro trace un círculo completo en un mismo pase, Ramírez Bernal se apoyaba en una carta que decía poseer escrita de puño y letra por el torero Manuel Domínguez quien hablaba de media vuelta y no de cerrar el círculo entero. Decía Domínguez en su carta:
"Los pases de muleta en redondo son aquellos que se dan al natural llevando la muleta por bajo y el diestro va ocupando el terreno que deja el toro y concluyen en media vuelta, quedándose el  diestro en el terreno que antes ocupara el toro, y por tanto preparado para dar el pase de pecho si el toro se prestara para ello".

El círculo completo ¿un imposible?

Lo curioso con esas afirmaciones es que, en el Arte de Torear (Una especie de Tauromaquia autorizada por Domínguez aunque firmada por José Blanc y publicada pocos años antes, en 1890) se podía leer lo siguiente:
"Pase en redondo.- El que da el diestro moviendo poquísimo los pies trazando un círculo completo y llevando al toro tras la muleta, Hasta quedar en la situación en que comenzó el pase. Son de mucho castigo cuando se dan bien".
Domínguez, en su Tauromaquia,  defendía lo que, según Ramírez Bernal, negaba en privado: que el toro puede seguir la muleta más allá de media vuelta hasta completar el círculo.

En noviembre de 1951, Don Justo publicaba en el Ruedo un interesante artículo sobre el tema que estamos tratando e incluía este sugerente y pertinente gráfico (pertinente pues no debemos olvidar que el toreo es geometría aplicada) donde se demuestra que la ligazón de tres o dos pases naturales constituyen el llamado toreo en redondo (Esquemas I y II) . Sólo se podría llamar en propiedad pase en redondo a un único natural continuado y largo (Esquema III)

Un pase perdido.

Hoy sabemos que hacer recorrer al toro un círculo completo en un sólo muletazo, es perfectamente posible pero entonces, el tema se prestaba a discusión. Y es que, ese pase en redondo completo, hasta completar el círculo, que define José Blanc sólo existía posiblemente en los textos escritos. y, quizás, también en la memoria de los viejos aficionados que decían haberlo visto practicar al mítico Cayetano Sanz.

[Nota al margen: En aquellos tiempos fini y primiseculares, se hablaba de pases en redondo pero para referirse a otros muletazos diferentes y que nada tienen que ver con estos que estamos comentando]

Lo cierto es que, a finales de siglo XIX, tanto el pase en redondo (hasta completar el círculo) como el toreo en redondo (dos o más naturales seguidos cerrando el círculo o los círculos), estaban prácticamente perdidos.


El pase y el toreo en redondo andaba -a finales del XIX y principios del XX- perdidos o eran desconocidos. En 1912. Mundo Gráfico incluía esta foto de un genial muletazo en silla de Rafael el Gallo, muletazo que se etiquetaba de forma sorprendente como "pase en redondo" cuando se trata evidentemente de un pase cambiado por bajo: De igual modo, en el texto de La Lidia que acompañaba al grabado del pase en redondo que encabeza este post se hablaba confusamente de pases ayudados.

Joselito el Gallo reinventa el toreo en redondo

Hacia 1914, o sea pocos años después de la réplica de Ramírez Bernal a Neira, Joselito el Gallo recuperaba el toreo en redondo al convertir en habitual en sus faenas (lo haría muchísimas tardes), iniciarlas con un pase por alto (cambiado, ayudado o de la muerte) al que seguían engarzados 3 naturales seguidos cerrando el círculo. Eran tres naturales que, a veces, se convertían en 4, 5 ó 6 si el toro lo permitía.
Frente al toreo derechista y conceptualmente arcaico de Belmonte (natural o derechazo ligados invariablemente al de pecho). Joselito hizo del natural, la marca de la casa. José dio naturales de todos los estilos: erguido o encorvado; encajado o natural, dando salida o recogiendo al toro, a media altura o por bajo. Su natural nunca era el mismo pues se adaptaba a las condiciones de cada res. Pero lo importante era su obsesión por ligarlos en tandas de, como mínimo, tres (3) naturales seguidos. Ese era, después de un pase por alto, su inicio de faena. Un inicio de faena que hizo furor entre los toreros. Los críticos de la época, igual que en nuestros días y como siempre ocurre, más atentos al fondo que a la forma, no supieron ver el germen de futuro que ahí se encerraba. 

El "invento" de Joselito fue seguido por casi todos los toreros que le siguieron (aunque algunos pocos como Belmonte o Domingo Ortega permanecieron al margen de esa verdadera revolución).

Pocos años después de la muerte de JoséChicuelo, gallista hasta la médula, convirtió la sucesión de naturales -con sus faenas a Dentista en México y a Corchaíto en Madrid- en paradigma de su toreo.

Uno de los naturales que Chicuelo dio a Dentista (1925). Un natural de legítimo cuño gallista pero ejecutado con ese pellizco que solo atesoran los verdaderamente artistas. Chicuelo lo era. Y de los más grandes.

De Chicuelo, el concepto del toreo en redondo pasó a Manolete quien erigió el toreo en redondo construido mediante tandas de muletazos, como base de su faena y de la faena moderna.

Un natural de Manolete en Madrid (1944). Manolete redondea (y nunca mejor dicho) la senda iniciada técnicamente por Gallito y elevada a pura creación artística por Chicuelo (en cuya línea estaba). Con él, el toreo por tandas de naturales (y derechazos ) se convierte en la base y esencia de la faena moderna.
El pase en redondo cerrando el círculo.

Por lo que respecta al pase en redondo completo -el que se describe en la Tauromaquia de Manuel Domínguez o el que dicen que hacía en los ruedos Cayetano Sanz- hubo que esperar algo más de tiempo para poder volver a verlo en las plazas.

Pero eso lo contaremos en la próxima entrega

(Continuará...)

miércoles, 22 de abril de 2015

Cuaderno de notas (XLIX) Manuel Mora-Figueroa: De Joselito a Manolete.

 

Manuel Mora-Figueroa banderilleando a un novillo a puerta cerrada en Barcelona, en un singular mano a mano con Manolete y con Manolo Escudero de sobresaliente. Casi nada. Manuel Mora-Figueroa era hermano de Ramón, el genial inspirador y creador del toro de Tamarón-Conde de la Corte.


"Soy amigo de muchos toreros y creo que sé apreciar bastante objetivamente sus cualidades artísticas. Fui gallista, de Joselito, porque, por lo que recuerdo, creo que ha sido el torero más completo que yo he conocido.

He admirado a Belmonte (padre), Chicuelo, Manolo Bienvenida, Barrera, Lalanda, Ortega, etc...., a cada uno en su estilo y cualidades, y hoy admiro y aprecio muchas cosas de muchos.

Pero el que más me gusta es Manolete, sin que esto signifique menosprecio a las demás figuras."

    Declaraciones de Manuel Mora-Figueroa a Pilar Yvars en El Ruedo (nº 150 del 8 de mayo de 1947)

 

Manuel Mora-Figueroa con Manolete en Barcelona, mano a mano