jueves, 21 de agosto de 2014

Una tarde que no tuvo historia pero hizo historia

Por Jose Morente

 

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Ferrera banderillea a uno de los toros de Miura en Málaga

 

Casi sin historia

Si la fecha del 19 de agosto de 2014 va a pasar a la historia del toreo por la apuesta de Antonio Ferrera de encerrarse en solitario con 6 toros de Miura (algo que han hecho muy pocos diestros desde que el toreo es toreo y los miuras son miuras), desde luego no pasará por lo que pasó en el ruedo. Mejor dicho, por lo que no pasó.

Y lo que no pasó es que tenemos que acostumbrarnos y aceptar que estas corridas, que estos encastes, responden a la tauromaquia de hace siglo y medio cuando la faena de muleta sólo servía para preparar al toro a la muerte y lo importante era la suerte de varas, pero que no responden ni pueden responder al toreo actual, cuando lo que importa, ¡y como!, es el toreo de muleta y las prestaciones que sea capaz de dar el toro a lo largo de toda la lidia.

La tesitura está clara: O esos encastes se adaptan al toreo moderno (algo muy difícil por no decir improbable) o tendremos que adaptar el toreo y adecuarlo al comportamiento de esos toros (algo muy difícil por no decir improbable si se plantea con carácter general como se quiere plantear).

Sin embargo, fue eso último es lo que hizo Ferrera quien, de forma correcta, fue poniendo el acento en los primeros tercios, especialmente en el segundo pues ya sabemos que es un banderillero si no ortodoxo, si muy espectacular. Ayer, además estuvo acompañado por cuadrillas de la máxima solvencia, en este tercio y en el de varas, aunque, por lo que respecta al tercio de varas, sólo al final se empezaron a poner los toros de largo en el caballo.

 

Peligro sin emoción

Su actuación con la muleta (clave en la impresión que al público le produce cualquier tarde de toros) fue motivo de polémica entre aficionados.

Los toristas irredentos (que solo miran al toro y desdeñan el toreo) sostenían que Ferrera estuvo mal y por debajo de sus toros. Los resultadistas impenitentes (los que solo miran el resultado, el lucimiento, sin mirar el toro) sostenían lo mismo.

Los defensores de esas dos posturas extremas coincidían ayer. Unos por defender a estos encastes, pase lo que pase. Otros, porque si el diestro no para los pies, nunca se les ocurre pensar que el problema puede estar en el comportamiento del toro. Son las dos caras de una misma moneda, por muy contradictorio que parezca. Que lo es.

En mi opinión, sin estar bien (con los miuras es difícil estar bien), Ferrera estuvo por encima de sus toros pero como digo, en mi opinión.

Y es, como me decía un miurólogo de reconocido prestigio, los miuras de la encerrona de Málaga tuvieron el peligro propio del encaste pero no transmitían emoción ninguna. No daban sensación de peligro. Entre otras cosas por su debilidad extrema. Tan extrema que hubo quien la achacó a enfermedad. Para mí, la enfermedad se llamó falta de casta. Una falta de casta preocupante y, eso pese a que los dos primeros toros demostraron una cierta nobleza. Pero era una nobleza pajuna y dócil, poco vibrante.

 

Una tarde frustrante

En resumen, una tarde de la que el público salió decepcionado por el comportamiento de los toros pero que, a la postre, brindó momentos interesantes en los tercios de varas y en los de banderillas.

Eso y la falta de adaptación del toro de Miura a los tiempos modernos es lo que, al final, quedará en nuestras memorias de esta corrida junto al dato, ya histórico, de la encerrona.

Conviene, pues, que nos hagamos a la idea y que, cuando vayamos a la plaza a ver corridas de este y similares encastes, no nos creemos falsas expectativas. No nos creemos falsas expectativas y no exijamos a los diestros faenas imposibles con este tipo de toros como le exigieron, ayer a Ferrera, algunos desorientados espectadores.

martes, 19 de agosto de 2014

Un cierto desencanto

Por Jose Morente

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Juan Belmonte en un natural a un toro de Saltillo en Barcelona, el día de San José de 1917. Eran, evidentemente, otros tiempos

 

El toreo anda dividido

Cada vez admiro más la capacidad de las figuras de tiempos pretéritos capaces de triunfar una tarde con murubes o ibarras y la siguientes con Pablo Romeros o Miuras.

Y es que cambiar el chip, de un día a otro, no resulta nada fácil pues pasar de las embestidas bravas y nobles de las ganaderías punteras a las reservonas del toro que sabe que se deja algo detrás es muy, pero que muy complicado.

Hoy el toreo anda dividido entre el toro y las corridas que torean las figuras y el toro y las corridas que torean los diestros especialistas en esas corridas duras. Entre medias, queda una especie de limbo taurino formado por los festejos que no entrarían ni en una ni en otra categoría. Una especie de purgatorio de toros y toreros que aspiran a la gloria y sueñan alcanzar las alturas del escalafón.

En esa especialización, que supone enfrentarse tarde tras otra a los galafates de Miura, Dolores Aguirre, José Escolar o Adolfo Martín, el toreo, el buen toreo se resiente y los diestros encasillados a la fuerza en esas corridas duras van, cada vez más, perdiendo el tino, la finura y la vista.

 

El Cid no acaba de encontrarse

Eso es lo que le ocurrió al Cid ayer en Málaga. Que le salió un toro noble y que no terminó de creérselo, tardó en enterarse y acabamos con la sensación agridulce entre el disfrute que supuso paladear unos excelentes naturales mezclada con un cierta desazón por el tiempo perdido. Por lo que pude ser y, finalmente, no fue.

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Algún natural del Cid nos hizo recordar al excelente torero que lleva dentro 

El realidad, no uno sino dos toros nobles le tocaron en suerte al sevillano pues el primero, aunque flojo, también lo fue.  Un toro con el que tampoco se entendió ni encontró el de Salteras.

Para colmo, y como es habitual en este torero, mató mal al cuarto, toro en el que consiguió que la plaza se le entregara. La estocada hizo guardia y la oreja se esfumó como por ensalmo. Y van…

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Cuarto toro. Una embestida descompuesta y un capote perdido que tapa la cara del toro y que, casualmente, tapa también la estocada que hace guardia. Una picardía del Alcalareño que no gustó ni un pelo al respetable.

El otro toro bueno

Otro toro bueno y además, de vibrante condición, fue el quinto que correspondía a Javier Castaño quien, sobre la mano derecha, construyó una faena de tono menor pero que, coronada por un contundente  estoconazo mereció el premio de la oreja.

Su cuadrilla, una vez más, estuvo cumbre. Esa manera de picar de Tito Sandoval o esos pares de Adalid o Fernando Sánchez saliendo al paso de la cara del toro, pusieron a la plaza en ebullición. La brega de Marcos Galán fue también notable. Todo muy emocionante y meritorio.

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Javier Castaño. Una estocada vale una oreja. En este caso, además, la estocada vino acompañada de dos primeros tercios de mucho interés.

 

El tedio, el lote malo y la actuación de Escribano.

Quitando al bonancible cuarto y al bravo quinto, el resto de la corrida no respondió a las expectativas que siempre genera en los aficionados un encierro de esta ganadería. En particular, los tres primeros decepcionaron profundamente y un halo de aburrimiento se enseñoreó de los tendidos.

Y sin embargo conviene recordar que el tedio más absoluto, el desencanto y el aburrimiento no eximen del peligro en el ruedo (Un aserto que tiene validez en las corridas toristas y en las otras).

Ayer hubo mucho peligro sordo en algunos toros. Ese que no se transmite al tendido y que resulta por ello, mucho más peligroso para el torero que debe afrontar unas embestidas inteligentes sin que su apuesta consiga respuesta de los espectadores que, desatentos a lo que pasaba en el ruedo, agotaron en los tres primeros toros el stock de pipas de toda la Feria (lo que se supone que, en estas tardes, no debería ocurrir bajo ningún concepto pero que ocurrió).

Escribano, con el peor lote (escrito queda), se justificó en unos tercios de banderillas donde la emoción y el riesgo primaron sobre la ejecución.

Un par al quiebro citando sentado en el estribo y donde estuvo a punto de ser cogido nos recordó, a la postre, que estábamos en una corrida de Victorino.

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Escribano se la jugó, sin cuentos, en los tercios de banderillas

lunes, 18 de agosto de 2014

Una grata impresión

Por Jose Morente

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Vieja estampa. El debutante Joaquín Galdós en el túnel de la Malagueta con su cuadrilla.

Málaga, 17 de agosto. Primer festejo de Feria

Decía hace unos días -en facebook- Paco Carmona, a raíz de una discusión de aficionados,  que cuando llegara la primera novillada de la feria de Málaga ya podría apreciar quien quisiese, a la vista del comportamiento y hechuras de los novillos, las condiciones que tiene el toro que hoy se lidia en las plazas.

Y es que, al margen de las exigencias normales de las figuras (similares a las que han tenido las figuras de todas las épocas) hoy día sale a las plazas un toro mucho mejor presentado, con más trapío y, sobre todo, con más fuelle que el que salía hace solo 30 años.

Y si el aserto vale para las corridas de toros, con más razón vale para las novilladas.

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Seriedad y pitones. El toro que se lidiaba en los 60 tenía mucho menos presencia que los novillos que salen hoy a las plazas de toros.

Otra cosa es el comportamiento, la mayor o menor bravura, y, en ese aspecto los de Fuente Rey dejaron mucho que desear, defraudando a los aficionados. Salvo primero y sexto, una mansada en toda regla. Y, unos más y otros menos, con las complicaciones inherentes al sentido y la falta de bravura.

O sea que los novillos, no nos gustaron nada. Al contrario, vaya como compensación, los novilleros nos causaron (los tres) una grata impresión.

 

Ginés Marín

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El buen toreo en redondo de Ginés Marín

Para empezar, destaquemos la actitud y aptitudes de Ginés Marín quien superó con solvencia las complicaciones (muchas) de los novillos de su lote (el peor).

El toreo actual desdeña los recursos de la vieja lidia para los toros complicados y, aunque se empeñen en lo contrario los viejos aficionados, la papeleta del toro manso se solventa hoy toreando en redondo pero exponiendo y arriesgando lo que ni se exponía ni se arriesgaba cuando se admitían las licencias y recursos que permitían, y aún aconsejaban, las viejas Tauromaquias.

Para eso, hace falta mucho valor y mucha cabeza. Y mucho valor, nota aguda del valor, e inteligencia es lo que puso, en el ruedo de la Malagueta, el torero de la Escuela de Badajoz.

Decir hoy día, Escuela de Badajoz, tiene tanta importancia y dice tanto, como hace un siglo, lo tenía decir que un torero era de la Escuela sevillana o de la rondeña o de la cordobesa. Así de importantes son los toreos que tiene hoy esa tierra.

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Desplante de Ginés Marín. Si al conocimiento y experiencia adquiridos en la Escuela, se une el valor y la tranquilidad, la mezcla es explosiva

Fernando Rey

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Así de bien, torea (y toreó ayer) al natural Fernando Rey

Pero si Badajoz se lleva, hoy por hoy, la palma, Málaga a la chita callando se va haciendo también escuela de tronío y es que las enseñanzas de Fernando Cámara no deben caer en balde.

Fernando Rey, solventísimo y sobrado en este escalafón novilleril, se encontró con un potable (perdón por la expresión) primer novillo y lo llevó, en redondo, con muletazos de largo trazo y emocionante recorrido. Con sobriedad suma, construyó una faena maciza y muy redonda que no coronó con la espada.

Hoy se premia la prontitud y no la buena ejecución y un estoconazo, al tercer intento, supone perder los trofeos por merecidos que fuesen. No parece justo.

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Además de su gran faena al primero y su disposición en el cuarto. Fernando Rey nos regaló un vibrante y emocionante quite al sexto. ¡Tila, tila! que decían los antiguos.

Joaquín Galdós

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Galdós toreó muy bien pero mató aún mejor. Es un cañón con la espada

De otro novillero, hubiéramos dicho que nos sorprendió su debut por la seguridad, aplomo y firmeza que derrochó pero de Joaquín Galdós no podemos decirlo, sencillamente porque eso era lo que de él esperábamos.

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Que los novilleros de ahora vienen más “estudiados” que los de antes, es evidente. Pero que vienen con los mismo arrestos y ganas que los de antes, no lo es tanto. Sin embargo, eso es lo que hay. Galdós, recibió  de rodillas en los medios con la muleta al sexto de la tarde así de bien. Estampa de novillero antiguo. 

Lo que si nos sorprendió fue su capacidad, para tal y como iba la larde, arrancar una oreja al segundo de su lote (que era un “tío”) por una faena de calidad e inteligencia adobada también con derroche de valor.

Lo mató de un soberbio estoconazo. El premio merecido nos supo a poco quizás porque el mérito esta vez estuvo todo de parte del torero.

La Presidencia no lo entendió así. Es una lástima porque el esfuerzo y la firmeza del debutante (y su torería) debieron obtener la recompensa que supone salir a hombros por la Puerta Grande de una plaza de primera. 

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Joaquín Galdós triunfó en su debut. Causó (igual que sus compañeros) una gratísima impresión.

 

Fotografías: Eduardo Nieto (SUR Digital)

viernes, 15 de agosto de 2014

Chacón. Enamorado de las malagueñas

Por Jose Morente

1922-06-28 (p. La Voz) Luis Bagaria entrevista a Chacon caricatura

Caricatura de Chacón por Luís Bagaría.

 

Le decía Chacón al periodista Galerín en el Liberal de Sevilla en una entrevista publicada en julio de 1922 y que está transcrita íntegramente en la página web de flamenco-world:

De este café pasé [en el verano de 1886] a Cádiz, a la feria del Perejil, ganando siete pesetas diarias. Allí cantaba por seguiriyas Enrique Ortega, tío del padre de ese niño Caracolito, y el Mellizo.

 

1922-06-28 (p. La Voz) Luis Bagaria entrevista a Chacon (detalle)

En otra entrevista que le había hecho el caricaturista Bagaria unos días antes (el 28 de junio del mismo año) para la Voz, Chacón añadía que, entre los asistentes, se encontraba también Mangoli, el hermano del Mellizo (Fragmento de la entrevista donde nombra a Mangoli, publicado en la página Papeles Flamencos)

  1873-08-24 Cafe de Madrid (Cadiz) Mangoli (Copia)

Cartelería del Café Madrid de Cádiz de 1873. Entre los participantes se anuncia a Manuel Jimenez, hermano de Enrique El Mellizo, y que era conocido con el sobrenombre de Mangoli (Mingoli en el cartel). Ese día se iban a cantar las piezas más escogidas del repertorio moderno (Cartel publicado en Los fardos de Pericón) 

 

1901-08-08 (LIEyA) La Velada de los Angeles en Cadiz 01 - copia

La Velada de los Ángeles se celebraba en los primeros días de agosto. Se la conocía como Feria del Perejil por celebrarse en la Alameda o Paseo del Perejil, nombre que es el clásico sarcasmo gaditano y que alude al escaso arbolado que, en sus primeros años, presentaba esa Avenida llamada realmente de las Delicias (Foto publicada en el número de 8 de agosto de 1901 de la Ilustración Española y Americana) 

Y añadía Chacón que, la presencia de esos grandes cantaores, le impresionó:

Ya ve usted cómo cantarían, que yo, al verlos en el café cantante, dije a mi tocaor, el maestro Patiño: Yo no canto por seguiriyas. Me da vergüenza. ¿Y entonces, qué quieres cantar, "armamía"?... Tóqueme por malagueñas. Y canté por ese cante, que no sabía bien, y me aplaudieron mucho.

Desde aquella noche quedé enamorado de las malagueñas, y empecé a quitar y poner de mi cosecha.

A partir de ahí, Chacón tuvo un éxito enorme con su “invento” 

Tanto gustaban que quedó en el café establecida una competencia entre el Mellizo y yo.

Una cosa horrible. Subíamos al tablao Enrique el Mellizo, que ganaba ochenta pesetas por noche, con su tocador el maestro Tapia, y yo, que ganaba siete pesetas, con el maestro Patiño. Cantaba él una copla de seguiriya y luego yo una malagueña. Las discusiones duraban un rato, y volvía él de nuevo, y otra vez el niño, como a mí me decían.

Única fotografía conocida del Mellizo

¿Recuerda usted la malagueña que cantaba entonces?

Como si fuera ahora. Esta era (textual):

Dando en el reloj la una
de aquella campana triste
hasta las dos estoy pensando
el querer que me fingiste
y me dan las tres llorando
.

Chacón grabó ese cante en 1909, 23 años después de estrenarlo, en una grabación con Habichuela para la casa Odeón. Un disco que fue reeditado por Sonifolk muchos años después con una espectacular limpieza de sonido, por medios digitales.

Eran las primeras grabaciones del jerezano y aunque su voz no se adecuaba a los medios de grabación de entonces como la de otros cantaores de menor valía, el resultado merece la pena pues don Antonio conservaba aún intactas todas sus facultades. Lo que se nota y mucho en esas grabaciones del año nueve.

Lo oímos

CD Antonio Chacón  Álbum de Oro

Fonotrón editó en 1994 un “Álbum de Oro” con las primeras grabaciones del jerezano. El tratamiento digital del sonido permitió conocer estos cantes sin el ruido de fritura característico de los viejos discos de pizarra.

Audición

De aquella campana triste (Malagueña de Chacón)

Don Antonio Chacón. Guit,: Juan Gandulla “Habichuela”

Odeón 68.103 (1909)

 

 

Este cante corresponde a una las malagueñas creación del propio Chacón como bien decía el artista en las entrevistas que le hicieron Galerín y Bagaría.

 

Esta misma malagueña (grabada en una única ocasión) la grabó Chacón con otras dos letras distintas ”¿Qué tienes por mi persona?” (4 veces) y “A dar gritos me ponía” (1 vez).

 

Para Blas Vega, esta malagueña tiene leves ecos del Mellizo, nada extraño visto su origen. Sin embargo, el genio musical de Chacón le aporta a este cante tal riqueza de matices (“empecé a quitar y poner de mi cosecha”) que lo convirtien en algo diferente de las malagueñas hasta entonces conocidas. No es raro, por ello, que a estas malagueñas de Chacón (igual que a las que compuso Fosforito el de Cádiz) se las empezara a denominar y conocer como “malagueñas nuevas”

martes, 12 de agosto de 2014

Cuaderno de notas (XXXI) El riesgo no ha disminuido

 

1944-10-01 (p. 03 El Ruedo) Madrid Sindicato Manolete natural

En el toreo moderno, de Manolete a nuestros días, no ha disminuido el riesgo pues el menor poder de los toros ha sido compensado con una mayor exposición por parte de los toreros (Fotografía del Ruedo. Manolete en Madrid el 1 de noviembre de 1944. Corrida del Sindicato) 

 

El riesgo, entonces como ahora, aumentaba con el poder del toro, pero no se intentaba, ni el público lo exigía como hoy dementemente hace, que con todos los toros el diestro parara y se ciñera, ni aún graduaba el mérito exclusivamente por ello. Había, pues, más holgura y libertad en los medios defensivos, y al no exigirse el gallardearse y ceñirse a todo evento, y admitirse reservas y recursos en los toros difíciles, se eliminaba el mayor riesgo del de poder, que no requería una lidia especial por sus condiciones sino, simplemente, una brega más dura y precautoria (…)

Me interesa declarar que no pienso que haya disminuido el riesgo. Torear un toro que puede poco con el estilo plástico de hoy es seguramente más expuesto que torear un toro de poder con los recursos admitidos antaño como corrientes.

Lo que se ha disminuido de riesgo por el toro, se ha aumentado con creces por el torero; y, sobre todo, no hay toro por flojo que le imaginemos, que no pueda dar una cornada de muerte.

José María de Cossío. Los toros-Tratado técnico e histórico. Tomo I (5ª ed. Madrid, Espasa-Calpe, S.A., 1964. Págs. 898-899)

miércoles, 6 de agosto de 2014

Postales taurinas (IV) El desgarro de Curro Puya

Por Jose Morente

 

img_0009 Una veronica de Gitanillo de Triana

Curro Puya toreando a la verónica

“He visto las fotografías de Curro Puya, el viejo, y es un desgarro… [Con la capa] se exponía tanto y tenía tal pureza que, cuando daba un pase, no pensaba más que en eso, en ese desgarro que le salía de dentro, con mucho dolor y que, entonces, proyectaba fuera”

Declaraciones de Pepe Luis Vázquez a François Zumbiehl recogidas en el libro “El discurso de la Corrida” (1ª ed., Barcelona, ediciones Bellaterra, 2009)

sábado, 2 de agosto de 2014

El cite (3ª parte) Del frente al perfil

Por Jose Morente

El litrazo

Uno de los cites más impactantes de la Historia del toreo. El Litrazo  Un cite donde se daba mucha distancia a los toros y donde además, el torero se presentaba con la muleta escondida detrás de su cuerpo. Emoción en estado puro.

 

Cuando Miguel Baez Litri salía de novillero, con la muleta detrás del cuerpo y citando a las reses desde un extremo a otro de la plaza, para dar su litrazo, en los tendidos se armaba una verdadera tremolina.

Una tremolina que era, en cierto modo, la herencia de aquel cite de Manolete, citando de perfil pero muy de cerca, que tanto emocionó a quienes tuvieron la suerte de verlo en directo.

Y es que el cite del primer muletazo (e incluso el de inicio de una tanda cualquiera) es como la tarjeta de presentación del torero. Toda una declaración de intenciones.

Quizás por eso, por ese carácter emblemático y simbólico que tiene el cite, los aficionados tendemos a concederle una importancia desmedida que trasciende a sus meros aspectos técnicos e instrumentales aunque sean estos últimos los que más nos interesan a nosotros y de los que hablaremos en esta entrada.

 

1896-05-31  (p. 06-08 Pan y Toros) Reverte citando

Reverte armó también un lío tremendo, en las plazas de España y Francia, con sus alardes toreros entre los que destacaba ese cite a cuerpo gentil y muleta plegada que, muchos años después, dio en llamarse “el cartucho de pescao” (Fotografía de Sol y Sombra. 1896)

 

Un largo trecho histórico

Entrando de lleno en las cuestiones técnicas o de fondo, y dejando al margen las cuestiones formales o simbólicas, en  la primera entrega de esta serie veíamos como la colocación del torero frente al toro, había ido cambiando, de forma paulatina, a lo largo del tiempo.

Desde el iniciático cite de frente que permite adelantar al máximo la muleta para controlar el primer tiempo del muletazo (algo clave cuando el muletazo sólo tiene un tiempo) al cite de perfil, con la muleta retrasada, que permite alargar el trazo de este y asegurar un buen remate (algo clave cuando el muletazo gana extensión y profundidad y se pretende ligarlo con el siguiente), el toreo tuvo que recorrer un largo trecho.

Un trecho que documentábamos fotográficamente en nuestra segunda entrega, pues una imagen no sólo vale más que mil palabras sino que, además, como el algodón, nunca engaña (lo que no siempre se puede decir de aquellas).

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Secuencia histórica. Lagartijo-Antonio Fuentes-Belmonte y Manolete. Del cite de frente al cite de perfil, el toreo ha recorrido un largo trecho

El problema del torero

Mientras los aficionados nos perdemos en nuestros eternas discusiones bizantinas y montamos teorías más sofisticadas que la de la relatividad, en menos que canta un gallo, sobre cualquiera de estas cuestiones, los toreros tienen una aproximación, a estos temas, mucho más sencilla y pragmática.

Al diestro lo que le urge no es resolver, en cada muletazo, abstrusas cuestiones filosóficas, sino solventar -con eficiencia y garantías- el problema de cada embestida. Por eso, para el torero el cite, así como todas los demás cuestiones técnicas vinculadas al muletazo son, esencialmente, un problema práctico.

 

Rafael Gómez Ortega (EL GALLO). Nació en la madrileña calle de la Greda (hoy de los madrazo) el 17 de julio de 1882, pero se le ha considerado siempre sevillano porque de Sevilla fué toda su estirpe y a la vera de la Giralda se crió y residió toda su vida.<br />  Tomó la alternativa en la ciudad de Sevilla de las manos de Bombita (Emilio), el 28 de septiembre de 1902, con toros de Otaolaurruchi.<br />  este doctorado se lo confirmó Lagartijo-chico en Madrid el 20 de marzo de 1904, por cesión del toro Barbero, negro y de buen tipo, de la ganadería de Veragua.<br />  Su apogeo fué desde 1910 a 1914, en cuyos años se le considero imprescindible en todo cartel de altura; siguio toreando hasta el año 1935, en varios ciclos.

Acostumbrados como estamos a ver a los toreros de hoy citar con el máximo aplomo y firmeza, esta imagen de un Rafael el Gallo dubitativo e inseguro, con la muleta por delante y bajo la atenta mirada de su hermano José, nos sitúa en el meollo del problema del cite: Un problema complejo cuya resolución, que debe hacerse sobre la marcha, se convierte -muchas veces- en un verdadero milagro.

Dos precisiones previas

Una precisión importante es que, esta discusión sobre la colocación del torero (de frente, de tres cuartos o de perfil), se refiere exclusiva y únicamente al primer muletazo de la tanda cuando se torea en redondo.

Cuando se da ese primer muletazo (o cuando los muletazos se dan de uno en uno, lo que viene a ser lo mismo), es cuando el torero debe optar por cruzarse más o menos o por colocarse más o menos de frente o perfil.

A partir del segundo muletazo, la colocación óptima (si el toro repite) será ya siempre la de perfil, con ambas piernas en línea o con la segunda ligeramente retrasada respecto a la trayectoria del toro.

Sobre la colocación, para simplificar el análisis, y dentro de la posible gama que va desde el cite de frente al cite de  perfil, vamos a referirnos exclusivamente a estas dos posiciones extremas, dejando al margen las soluciones intermedias (como el cite de tres cuartos) cuya valoración y encaje  dejamos en manos y al buen criterio de nuestros lectores.

 

El cite de frente

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Cite de frente. Luís Bolívar cita de frente, a un veleto de Guachicono, en Calí (Foto del blog Toros, Literatura y más).

El cite de frente permite lanzar más adelante la muleta para tapar el cuerpo y, por tanto, controlar con más seguridad el primer tramo del muletazo, el del momento del encuentro con el toro. Si bien, por lo forzado de la postura, se pierde algo de control en el remate.

Esta será, por tanto, la colocación más adecuada cuando se cite al toro de largo, lo que se producirá generalmente en los primeros compases de la faena.

Y será la más adecuada, no solo porque en esos momentos, el diestro no tiene todavía seguridad absoluta sobre como se comportará el toro en la muleta (como será su embestida) y para ello es bueno taparse sino, sobre todo, porque al conservar el toro sus fuerzas casi intactas, el problema de que rebase o no el cuerpo del torero (el problema del remate) se convierte en un problema menor ya que la inercia derivada de la propia velocidad que, en esos primeros compases, trae el toro en su arrancada (especialmente si se le cita muy de largo) le permite rebosarse y salir de la muleta sin problemas para el diestro.

En el inicio de faena o con un toro pronto, el torero lo que necesita es controlar el primer tramo del muletazo, no el tramo final, y la colocación de frente es la que le permite hacerlo de la forma más eficiente.

 

El cite de perfil

Belmonte acortó las distancias lo que le obligó a forzar algo su posición en el cite. Si bien, generalmente citaba de tres cuartos, llegado el caso podía posicionarse totalmente de perfil como vemos en esta curiosa y antigua postal.

Por el contrario, cuando la faena avanza, la arrancada del toro se torna más corta y lenta y desaparecen las inercias, por lo que empieza a resultar más complicado conseguir que el toro rebase el cuerpo del torero.

En esa situación, el problema no está ya en controlar el primer tramo del muletazo (pues la poca distancia a la que se cita y la menor velocidad del toro ayudan al torero en ese trance) sino en conseguir controlar y alargar el tramo final del muletazo, el remate. Y ello, no sólo por seguridad y para que el toro no se quede debajo del cuerpo del diestro sino, sobre todo, para poder ligar correctamente cada muletazo con el siguiente de la tanda cuando se torea en redondo.

En esas condiciones (tramo final de la faena con el toro más agotado o parado), la posición de perfil con la muleta retrasada a la altura del cuerpo del torero será, por tanto, la más correcta y adecuada pues permite controlar mejor el remate del muletazo.

 

De frente al perfil durante la misma faena

La posición de la huella de los pies del torero en el cite, ha ido cambiando paulatinamente a lo largo de la historia, pasando del cite de frente al cite de perfil, paulatinamente, como veíamos en las entradas anteriores..

La ancestral identificación entre toreo puro y cite de frente (y la del toreo de ventaja con el cite de perfil) no es correcta y responde, por tanto, a una concepción superficial, arcaizante y ahistoricista.

Hoy día, esas diferentes formas de citar, se pueden observar en cualquier faena pues no resulta extraño que el torero pase del cite de frente al cite de perfil en la misma faena, atendiendo así a las cambiantes condiciones de los toros.

El cite de frente es idóneo en los toros prontos y que vienen de largo (lo que es habitual en los primeros compases de cada faena), pues permite controlar el inicio del muletazo. El menor control del remate se compensa por la inercia que trae el toro en su arrancada.

El cite de perfil es idóneo en los toros tardos a los que hay que citar en corto y pisarles su terreno para que se arranquen (lo que es habitual en los tramos finales de cada faena), pues permite un mejor control del remate y facilita ligar cada muletazo con el siguiente de la tanda cuando se torea en redondo.

 

 

En el toreo, todo es relativo

Entre el cite de frente y el cite de perfil, desde el inicio al final de la faena y de un toro a otro, caben todas las posiciones intermedias  (como el cite de tres cuartos) que puedan imaginarse. Posiciones que deben adoptarse en función de las concretas condiciones del toro en cada momento de su lidia.

Sin embargo, en el toreo todo es relativo y, sobre las condiciones del toro prevalecen, la mayoría de las veces, las modas de cada época y, muy especialmente, los gustos personales y los conceptos de cada torero concreto.

Que es lo que tendremos ocasión de comprobar en la siguiente entrada de esta serie.

 

(Continuará…)