Por Jose Morente
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| Cogida de Morante en Sevilla (foto: Arjona) |
Queremos que los toreros sean valientes y se queden quietos pero también queremos que los toros no les cojan. Son las contradicciones de los aficionados, pues vistos los imponderables que tiene el toreo, resulta ser una ecuación casi imposible. De ahí la grandeza y la dureza de esta Fiesta nuestra.
Una grandeza y dureza que vienen desde sus orígenes. Que no es de ahora, aunque lo de ahora, así visto, sigue siendo igual de duro que lo de antes. Y no se trata de comparar durezas, porque cada época es cada época y el toreo, en todas las épocas es profesión de máximo riesgo a veces no evidente.
Llevaba Morante una feria de Sevilla excepcional cuando surgió la sorpresa y la cornada. Cornada grave e incomodo porque afecta a la zona del esfinter.
Hace muchos años, un 29 de agosto de 1909, un toro de Gamero Cívico cogía al torero Curro Martín Vazquez (gran estoqueador y padre de los toreros Pepín, Manolo y Rafael Martín Vázquez) en el Puerto de Santa María en una cogida muy similar a la de Morante que le causó un destrozo importante del que tardó bastante en recuperar.
Lo contaba el propio diestro al periodista Parmeno:
Y salió mi toro -un toro negro, mú grande y mú bien armao- y fui a doblá con el en el primer quite, y me enganchó por una pìerna y me dió tres surríos y me estampó en er suelo, y me buscó ayí, sin fijarse en los capotes, y me asertó de pronto con una corná en el rezto.
Yo sentí lo missmo que si me hubieran atisao una patá en er guesesito que tenemos aquí, en sarva sea la parte, y me levanté sin mucho trabajo, y me yevé la mano atrá naturalmente, y, al vérmela coloraísima, quise apartá a corré. Pero no había hecho un movimiento cuando me entró el sudó de los insurtos y me caí, y me metieron a puñaos en la enfermería, y me tendieron en una bancá grande, único aparato que había en aqueya sahúrda.
Y no fué esto lo peó; lo peó fué que se aturruyaron los médicos. Yo, que oía caé mi sangre de la banca a las losas, les pedía caridá: "¡Curarme, por lo que más queráis ustedes!¡Curarme, por Dió!"
Y, por fin, me taponaron con unos argodones, me pusieron en una camiya y me yevaron a la carrera al hospitá. Pero ¡la que en el hospital me esperaba!...
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| Morante en la camilla tras la cogida de Sevilla (Informalia) |
Vinieron las curas dolorosísismas que omitimos y sigue la entrevista con el padre de los Martín Vázquez contando este sus penurias tras esa cogida:
- A los nueve días me trasladaron a Seviya, y una semana después volvieron a olearme, y mejoré y empeoré en veinte ocasiones, y, a los sinco meses, pa ver lo que impedía que me curara, me cogieron por su cuenta los médicos y me abrieron en caná, y pasaron otros tres meses, y por fin, grasias a Dios, entré andando en mi pueblo. Pero, ¿sabe usté como entré? Pos entré con el fistre roto.
- ¿El fistre?
- ¿No se yama así? Pos como se yame. Er caso es que con ná con que tosiera. se salía de mi cuerpo lo que de ningún cuerpo se debe salí.
- ¡Ah! Era el esfínter lo que tenía usted roto.
- Eso. Y figúrese mi situación toreando con semejante avería.
- Pero, ¿toreó usted así?
- ¿Y que iba a haser? Toreé dos veses, al año y medio de la corná- El primer día fue en Mursia. Salí taponao y vendao, y ni de esa manera evité lo que no podía evitarse. En la plaza procuré que me reventará un toro, y luego, en la fonda, romí a yorá como un niño chico. Y trabajé en Nimes con idéntico resultao, y, con la desesperación ya, me fuí a Barselona pa retirarme y morirme en un rincón si no me curaban, y Raventó, un medico catalán, me compuso el fistre, o como se yame, y no sé como no me vorví loco de alegría. ¡Pos no era ná ser un hombre otra vé lo mismo que los demás hombres! ¡Me netró un való y una satisfasión y una confiansa!... Había gastao unos miles de duros en la enfermedá: había hipotecao una casa que le compré a mi madre, y había aumentao mi familia con tres chiquiyos que dejó mi hermana al morí; pero tenía mi fistre y podía corré y brincá y ganarme nuevamente un sitio entre los toreros, y tó me importaba un comino.
| Curro Martín Vázquez, el señor Curro, tras la cogida del Puerto con el "fistre" roto (foto: Actualidades) |

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