miércoles, 14 de enero de 2015

Cuaderno de notas (XXXIX) O razón o dogma

 

Escolástica medieval

La escolástica medieval trataba de conciliar la verdad absoluta con la razón. Vano intento. O lo uno o lo otro.

 

“Esa mitificación de algunas figuras del toreo está expuesta a un sistema cerrado, es decir, a una escolástica. Y toda escolástica es intemporal y, por tanto, antihistórica.

No interesa hoy la fe del carbonero, sobre todo en cuestiones no religiosas, sino, en todo caso, el análisis del científico, la lógica del hombre inteligente capaz de replantearse personalmente los mitos establecidos y convertirlos en problemas vivos.

Aquí, en el toreo, como en todo, o se es un intelectual auténtico o se es un dogmático. Y hay que elegir.

Ahora bien, ¿en que situación anímica ha de encontrarse el hombre para descubrir la verdad? Los griegos, tan amigos de ella, respondían: la admiración.

Con ella se inicia la teoría

Guillermo Sureda Molina “El toreo gitano” (1ª ed., Palma de Mallorca, 1967. Página 84)

martes, 13 de enero de 2015

Cuaderno de notas (XXXVIII) Aprendiendo a morir

 

Aprendiendo a morir-enfermeria

El momento de la muerte del verdadero compañero de capeas del Cordobés fue recreado en la película Aprendiendo a morir (1962)

 

“Fue en Loeches. Mi amigo Manolo que en gloria esté, se encontró con un toro de cinco años en una capea.

Toreábamos juntos. A mí me dio una cornada en la pierna y cogió al otro maletilla. Llegamos los dos a lo que era el Sanatorio de Toreros y nadie nos atendió. Yo venía bien pero Manolo venía muy mal. Tenía cogida la femoral (…)

Como lo mío era de la pierna para abajo, era muy difícil que pudiera ocurrir algo. Pero a él –cuando entró en la enfermería de aquel pueblo, que sólo tenía cuatro paredes, una cama y algo para poner una inyección- le pusieron en la cama que ocupaba yo (…)

En el Hospital Provincial estábamos en dos camas juntas. Por la mañana vi venir a la madre y a una niña que tenía. Manolo tenía muchas gomas puestas. Vi que la madre lloraba (…)

El muchacho no hablaba pues estaba enganchado por todos lados; me miraba, nada más. En una madrugada, me despierto y veo al sacerdote a los pies de la cama, y a unos señores que le están envolviendo en una sábana.

Cuando vi eso, me tapé la cabeza y me arrugué. Me entraron temblores, porque aquello era una cosa terrible que había ocurrido silenciosamente.

Por la mañana llega la madre y se agarra a la cama pegando unos gritos terribles: “¡Mi hijo! ¿Dónde está mi hijo?” (…)

Esto es el toreo”

Declaraciones de Manuel Benítez el Cordobés en “La voz del toreo” de François Zumbiehl (1ª ed., Madrid, Alianza Editorial, 2002, pág. 162)

sábado, 10 de enero de 2015

Cuaderno de notas (XXXVII) Pero en vez de uno, le pegó tres

 

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18 de septiembre de 1941. Antonio Bienvenida da tres pases cambiados seguidos a un novillo de Antonio Pérez en Madrid

“[Mi padre] también tuvo una escuela muy profunda porque mi abuelo fue en la cuadrilla de Gordito y de Bocanegra. Fueron unos maestros grandiosos. Ahí surgió toda esa torería del Papa Negro, de los pases cambiados…Eso era de Antonio Carmona el Gordito.

(…) Antonio [se refiere a su hermano] no había visto nunca un pase cambiado.

El triunfo grande de Antonio en Madrid, cuando sorprende de novillero, el 18 de septiembre del 41, con los tres pases cambiados, es una faena que le cuenta mi padre que la había visto mi abuelo, que la había hecho el Gordito.

Antonio se acuerda de todo esto cuando sale el novillo de Antonio Pérez.

Pero en vez de uno, le pegó tres.”

 Declaraciones de Ángel Luís Bienvenida en “La voz del toreo” de François Zumbiehl (1ª ed., Madrid, Alianza Editorial, 2002, pág. 58)

 

Entrada relacionada: La dureza del toreo (IX) Antonio Bienvenida

jueves, 8 de enero de 2015

Lista de grandes kikiriqueros

Por Jose Morente

Kikiriqui (2)

¡¡¡Kikirikí!!!

 

El kikirikí es un ayudado a dos manos con los codos altos. Con los codos, al menos, por encima de la cintura.

Este muletazo fue inventado por Joselito el Gallo. De ahí, y de la figura que compone el diestro al ejecutarlo, viene su nombre.

El kikirikí es uno de los mejores remates para cerrar una tanda de pases con la muleta (según Prudencio Germán). La pena –añado yo- es que se vea demasiado poco. Aunque por suerte, todavía se ve.

Incluimos a continuación un listado de grandes intérpretes del kikirikí

 

1. Joselito el Gallo

Joselito fue el genial inventor de ese chispazo genial.

Le vemos aquí en distintas variantes del muletazo que creó:

Kikiriquí!!!!!!!<br /><br />(me encanta esta foto)

Kikirikí de Joselito con el compás cerrado. Con los pies juntos.

muleta-20 - copia

Joselito elevándose sobre las puntas de los pies. Sutileza muletera.

muleta-1

El toreo en movimiento. Cuando el kikirikí parece un paso de sevillanas

muleta-3

El modelo original y modélico del kikirikí. Una estampa de torería y una imagen para la posteridad. Con el compás ligeramente abierto y cargando el peso del cuerpo hacia delante pero con los dos codos simétricamente dispuestos por encima de los hombros como las alas de un gallo. De ahí el nombre.

 

2. Pepe Luís Vázquez

Otro diestro que los bordaba. ¡Pepe Luis!

Pepe Luis Kikiriki 001

La gracia en estado puro (y algo más que gracia). Los dos codos van a la misma altura y por encima de la cintura como en Joselito aunque, en este caso, por debajo de los hombros. Los pies van juntos.

Pepe Luis Kiquiriqui (3)

Los codos van ahora desemparejados. Esa será la tónica del kikirikí moderno. El brazo del estoque muy arriba con el codo muy alto por encima de la cabeza. El brazo de la muleta, algo más abajo sujetando al toro.

 

3. Antonio Bienvenida

La línea más pura, más clásica y más elegante del toreo

Antonio Bienvenida kikiriki

Antonio Bienvenida ejecuta el kikirikí en la plaza de la Maestranza de Sevilla a un toro que se frena y defiende.

Decía Ángel Luís Bienvenida que el Papa Negro les había enseñado a él y a sus hermanos que los muletazos “nunca había que llevarlos pensados”.

En las imágenes que insertamos a continuación podemos disfrutar con Antonio Bienvenida rematando una tanda de muletazos. El toro se le revuelve y el maestro improvisa un precioso kikirikí.

4. Antonio Ordoñez

Simplemente, Ronda mirándose en Sevilla.

Una foto de Jose Morente.

El rondeño, aunque poco dado, en general, a pinturerías sevillanas era capaz de interpretar este muletazo tan sevillano con absoluto respeto a sus formas y a su esencia. La mano del estoque, con el codo a la altura del hombro, se acerca a la de la muleta, lo que permite montar la muleta más en corto.

 

5. Pepe Luis hijo

En la estela de Antonio Ordoñez

Una foto de Jose Morente.

Este inspirado remate de Pepe Luís Vázquez Silva rezuma torería y gracia. Las manos casi juntas.

 

6. Curro Romero

Arte y majestad, como le cantara Camarón, tiene este muletazo de Curro

Curro Romero

En el caso de Curro, el latigazo de este kikirikí adquiere un empaque propio de la personalidad de este torero. Un muletazo de tremendo sabor.

 

7. Morante de la Puebla

¡Y nos estábamos olvidando de Morante! (nos dice Juan Antonio Polo)

Una foto de Juan Antonio Polo Sánchez.

Una ejecución en la línea del kikirikí más actual. Con el detalle añadido de marcar la salida del toro con la mano de la muleta, no hacia afuera, sino hacia los adentros. Un detalle que evoca y recuerda a Antonio Ordoñez.

 

Y hasta aquí esta lista de grandes intérpretes de este muletazo en la que faltan algunos toreros, por supuesto, pero en las que, todos los que están, lo son.

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Epílogo gallista.

Disfrutamos de nuevo con Joselito en este muletazo pero, ahora, no en fotografías sino visto por

1934 (p. Estampa Chaves XV) Joselito faena - copia

Martínez de León

Joselito visto por Antonio Casero (6)

Antonio Casero

muleta-44 - copia

Roberto Domingo

Joselito kkrk

Diego Ramos

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Y ahora ya de remate y como era de esperar, Joselito en un kikirikí pero… ¡de rodillas!

muleta-14

¡Ahí queda eso!

Addenda puntillosa

Si nos ponemos exquisitos y milimétricos hay que precisar que, en rigor, sólo los muletazos de Joselito el Gallo son auténticos y verdaderos kikirikís. El resto de los muletazos aquí fotografiados –magníficos por otro parte- habría que catalogarlos, al no elevar los dos codos, como pases ayudados por delante. Nosotros, sin embargo, hemos optado por incluirlos en esta selección al considerarlos como un muletazo de la misma familia o derivado del kirikikí.

martes, 6 de enero de 2015

Los toritos de Calera

Por Jose Morente

Aldeadávila de la Ribera, Manolo Cañuelo, 1958 - copia

“Ya está el torito en la plaza”. El origen del toreo como el del Flamenco es popular y ambas manifestaciones se nutren de lo popular (Capea en Aldeadávila de la Ribera, Manolo Cañuelo, 1958. Fotografía del Blog Desolvidar de Patxi Mendiburu)

El flamenco se ha construido en muchas ocasiones a partir de letras populares o cultas, provenientes del folclore, la tonadilla, la zarzuela, las coplas de ciego o los romances. Son canciones que se han andaluzado o agitanado al meterlas por los ritmos o compases propios de nuestra tierra.

Reconstruir este proceso, localizar estas letras o esas músicas, tiene por tanto el máximo interés para comprender la génesis de nuestra cultura flamenca o, lo que es lo mismo, la génesis de nuestra cultura.

En septiembre de 2013, Alejandro Talavante se encerraba delante de las cámaras de TVE con 6 toros de Zalduendo en Mérida. Una actuación exitosa que, sin embargo, fue objeto de no pocas críticas entre otras cosas porque en uno de sus toros, el torero extremeño osó arrancarse por bulerías lo que fue objeto de multitud de comentarios, discusiones y críticas. El hecho tuvo, como es lógico, su pertinente entrada  en este blog.

No voy a volver sobre lo que hizo Talavante esa tarde ni a valorar de nuevo lo oportuno o inoportuno de su cante (oportuno para unos e inoportuno para otros, como siempre ocurre). Lo que me interesa ahora es que el cante de Talavante, concretamente el principio de esa letra que cantó por bulerías (Ya está el torito en la plaza / Y el torero en la barrera…) tiene su origen en una copla del folclore popular.

En efecto, Patxi Mendiburu nos cuenta, en su blog Desolvidar, que la letra original (“Ya está el torico en la plaza / y el torero en la barrera / y la dama en el balcón / pidiendo que el toro muera”) se ha cantado, con ligeras variantes, por tierras de Zamora (concretamente en Fermoselle), Salamanca, Toledo, Gran Canaria y Extremadura.

En Almendra, municipio de Salamanca cercano a Fermoselle se canta “la Coronela” (canción torera tradicional) que podemos escuchar  ahora en una versión grabada por el tamborilero  Isaías y que se encuentra en youtube.

Otra letra, seguramente emparentada con la anterior y localizable en Castilla la Mancha, se titula "Los toritos de Calera" y empieza así:

Dicen que vienen, que vienen / los toritos de Calera / Dicen que vienen, que vienen / y a la plaza nunca llegan…

A partir de las distintas versiones conocidas de este cante, incluida la que cantaba en su familia su hermana Esperanza, Patxi Mendiburu ha reconstruido la que el piensa que debe ser la versión completa de “los toritos de Calera” y que también podemos escuchar en youtube, en montaje propio y con su propia voz.

Tiene mucho interés oírlo (y tambén verlo pues las imágenes del montaje de Patxi son también muy interesantes).

 

Y esta es la letra

 Ya está el torito en la plaza

Dicen que vienen, que vienen

los toritos de Calera;

[dicen que vienen, que vienen,

y a la plaza nunca llegan.] (bis)

 

Subió la cuesta corriendo

por bailar y no bailó,

perdió la cinta del pelo,

mira que jornal ganó.

Por las montañas de San Andrés

la vi llorosa, la consolé.

 

Ya está el torito en la plaza

y el torero en la barrera,

[y la dama en el balcón

pidiendo que el toro muera.] (bis)

 

Subió la cuesta corriendo

por bailar y no bailó,

perdió la cinta del pelo,

mira que jornal ganó.

Por las montañas de San Andrés

la vi llorosa, la consolé.

 

Ya ha muerto el toro en la plaza

y el torero sale de ella,

[y la dama en el balcón

ya está tranquila y serena.] (bis)

Ya está el torito en la plaza

y el torero en la barrera,

[y la dama en el balcón

pidiendo que el toro muera.] (bis)

 

Subió la cuesta corriendo

por bailar y no bailó,

perdió la cinta del pelo,

mira que jornal ganó.

Por las montañas de San Andrés

la vi llorosa, la consolé.

 

Y esta la letra que cantó Talavante

Ya está el torito en la plaza

y el torero en la barrera,

Lo cita el banderillero

mientras el Maestro lo espera

 

Vaya estampa de torero

con su capote de seda.

y ese toro de Zalduendo,

como al caballo lo lleva.

 

Están naciendo los olés

en las gargantas morenas

Mi Talavante en el ruedo

vaya estampa más torera

 

De ahí, del folclore popular, salta esa letra de los toritos de Calera al flamenco, lo que es habitual.

Y del flamenco pasa a la plaza, por mor de Talavante, lo que no es nada habitual.

Talavante

Mi Talavante en el ruedo/vaya estampa más torera…

domingo, 4 de enero de 2015

De ayer a hoy (I) Los correderos

Por Jose Morente

Pedraza_corredero (Aplausos)

Toros de Pedraza de Yeltes en el “corredero” de la ganadería (Fotografía de Aplausos)

A principios del pasado siglo, las malas lenguas, sostenían que la explicación del difícil comportamiento en las plazas del toro de Miura se debía a que el ganadero los “meneaba mucho en el campo” o sea que les obligaba a moverse todos los días.

1909 (Carralero) El manoseo de los MIuras 01

El “meneo” de los toros de Miura era vox populi entre los aficionados y se denunciaba incluso en la letra impresa como en esta cita del libro “Los toros de la muerte” de José Carralero Burgos (1ªed., Madrid, Imprenta Gutenberg Castro y Compañía, 1909, página, 12) texto que data sólo de un año después del famoso pleito de los Miuras. En realidad, un plante de los toreros encabezados por Bombita y Machaquito contra los toros de Don Eduardo.

Joselito banderillea en tablas a un MIura (Nicolas Salas) 001

Joselito el Gallo banderilleando a un toro de Miura (Fotografía del libro de Nicolás Salas “Sevilla en tiempos de Joselito y Belmonte”). El poderío físico del toro de Miura, que los aficionados de la época achacaban a que se les meneaba en el campo, es patente en esta fotografía

Han pasado más de 100 años y son ya muchas las ganaderías que han convertido en costumbre esa práctica, habiendo habilitado espacios “ad hoc”, destinados específicamente para ese menester.

Son los denominados “correderos”. Unos circuitos de blando suelo donde los toros de saca son obligados a correr cada determinado tiempo con objeto de aumentar su resistencia.

La utilización de estos métodos ha cambiado radicalmente el comportamiento del toro en el campo y puede también que su comportamiento en la plaza. Y lo cierto es que, desde hace un par de décadas (posiblemente desde que se implantó este sistema), los toros han dejado de caerse y su resistencia física ha aumentado de forma notable.

1974-04-30 (p. ER) Toro inválido Curro Romero Sevilla

Sevilla. Feria de abril de 1974. Entre el enfado del respetable y ante un contrito Curro Romero que tuvo una muy mala tarde, un toro de Carlos Núñez se echa en el albero durante el primer tercio (Aclaración para espectadores neófitos: El toro no se ha caído por tropezón o falta de coordinación inicial sino que, literalmente, se ha echado en la arena por falta de fuerzas y casta. Por desgracia esa situación fue moneda corriente hasta hace unos veinte años.

Que esa mejora del comportamiento pueda estar relacionada con esa nueva práctica de los correderos, parece bastante probable. Sin embargo, no son pocos los que opinan que no todo son ventajas y que esta tarea acarrea también daños colaterales. Esa es la opinión de Raúl Galindo quien en su libro “El Toreo, en teoría1 (ª ed., Barcelona, Editorial Bellaterra, 2014, pág. 49) opina que:

Es evidente un aumento de las dificultades que estos animales presentan a los toreros: se mueven más, duran más, se entregan menos y poseen un mayor sentido fruto del trato frecuente con hombres y caballos en el campo”.

Según Galindo, eso es lo que está exigiendo, de los lidiadores actuales, una preparación física y técnica mayor que la que era necesaria sólo unas décadas atrás.

Perera 001 - copia

Un toro mucho más exigente puede ser la explicación de la importancia –excesiva en el sentir de algunos aficionados- que los toreros de hoy conceden a la técnica (En la imagen, natural de Miguel Ángel Perera, pleno de dominio, mando y técnica)

El caso es que el “manoseo” (o “meneo”) del ganado tan criticado hoy, podrá quitar fiereza al toro como piensan algunos pero está claro que, unido a la  mayor edad con la que se lidian los toros en nuestros días (un dato que se obvia y olvida con demasiada frecuencia), acrecienta el sentido (pues este es hijo de la experiencia) y aumenta, por consiguiente, el riesgo en la plaza.

En resumen, empieza a resultar palpable, en el toro de hoy, ese mayor poderío derivado, entre otras razones (como la mejora de la alimentación o los saneamientos sistemáticos), de la práctica de los correderos.

Un mayor poderío que resulta clave y condiciona la lidia pues como bien decía el genial Rafael el Gallo, en clasificación que nos recordaba Raúl Galindo, pertinente al hilo de este tema:

No hay más que dos clases de toros los que pueden y los que no pueden

 

Rafael cn puro) y sombrero - copia

Para Rafael el Gallo sólo hay dos clases de toros. Aunque la fama la lleva su tocayo Guerrita, las sentencias del genial torero gitano quedan para la posteridad (Fotografía de Rafael en Chicote)

Y lo relevante, en cualquier caso, es que el toro de hoy y por las razones dichas, puede más.

Sobre todo, si lo comparamos con el toro de hace unos veinte o treinta años.

Parlade 4 Gubridor

Gruñidor, toro de Parladé lidiado en las Ventas el pasado San Isidro.  Incluso en las ganaderías que no pueden tildarse de duras y en las ganaderías comerciales salen hoy toros muy exigentes para los toreros. Y es que el toro de hoy además de una imponente presencia física presenta más poderío que el toro de hace veinte o treinta años. La práctica de los correderos puede ser la clave o, al menos, una de las claves de este cambio.

 

Nota.Sobre esta nueva serie

Cuando se repasa la historia del toreo con un mínimo de rigor, lo primero que sorprende es el hecho de que algunas costumbres, bastantes prácticas y muchos términos tenidos por modernos sean en realidad tradicionales.

Cuestión distinta es el alcance que pudieron tener en su ápoca y el alcance que puedan tener hoy.

Indagar en esas relaciones, en ese hilo invisible (“el hilo del toreo”) que va de ayer a hoy y que une el pasado con el presente, es el objeto de esta nueva serie que hoy iniciamos.

sábado, 3 de enero de 2015

La dureza del toreo (X) Vida y desgracia de Juan Lucas Blanco

Por Jose Morente

 img_0143 Cogida de Lucas Blanco (Lám.) - copia

Cogida de Juan Lucas Blanco en Madrid en 1846 (Lámina de la Lidia publicada el 21 de noviembre de 1888)

A la muerte del Chiclanero, el toreo entró en una etapa sino de decadencia, si de cierto decaimiento. Ya lo decía la copla popular:

Ya se murió Curro Montes

Ya se murió el Chiclanero

Ya no quedan en el mundo

arte, valor ni salero

Fue una época dura con Cúchares amo del cotarro pero con la afición añorando las estocadas del Chiclanero y, sobre todo, el magisterio del Napoleón de los toreros, Francisco Montes Paquiro, el Curro Montes de la copla.

Uno de los diestros que gozó de cierto fervor popular, por esos años y por los anteriores, allá a mediados del XIX, fue el sevillano Juan Lucas Blanco, hijo de aquel diestro Manuel Lucas Blanco que murió ajusticiado en Madrid por haber matado a un hombre de un navajazo en una reyerta.

Guztavo Doré

Gustavo Doré grabó esta escena de “lanzar el cuchillo” para el “Viaje por España” que realizó con el Barón Charles Davillier. Una reyerta a navajazos que acaba de modo similar a aquella en la que participó Manuel Lucas Blanco.

Garrote-Vil (1)

La parafernalia de una ejecución pública (Cuadro de Ramón Casas)

Juan Lucas, quiso ser torero como su padre y encontró el apoyo de un diestro de tronío, Juan Yust quien le prohijó, le llevó a vivir a su casa y le enseñó el oficio. Yust lo llevaba como segundo espada a todas las plazas excepto a Madrid, ciudad que tan nefasta había sido para su padre y que también lo sería para él.

Juan Lucas Blanco

Uno de los pocos retratos conocidos de Juan Lucas Blanco (Cossío. Tomo III)

Dice Néstor Luján que:

Juan Lucas era un joven atolondrado, muy esbelto, gallardo y de seductora simpatía. Cantaor notabilísimo, buen pimplador, alegre, dicharachero, franco y popular en sus sentencias y donaires, tuvo bien pronto prestigio entre la juventud sevillana, tan jacarandosa y arrabalera

A mí esa descripción (salvo en lo de “pimplador” que, en su caso, en el de mi amigo, sustituiría por “piropeador” y en lo de la juventud aunque esta es más estado de ánimo que cuestión de carnet de identidad) me cuadra a las mil maravillas con la idiosincrasia de un muy buen amigo mío, así que me imagino perfectamente el tipo y el personaje igual que si le hubiera conocido en persona.

1853-09-28 Sevilla (p. LL 1886-06-28) Alarde de Dominguez y Juan Lucas Lamina - copia - copia

Juan Lucas Blanco en la plaza. Fuera de ella ya lo hemos descrito (Detalle de una lámina de la Lidia de junio de 1886, que ilustra un quite disputado por este diestro con Manuel Domínguez en Sevilla en septiembre de 1853)

Muerto Juan Yust de cólico cerrado en 1842, Juan Lucas casó un año después con su viuda mientras seguía con su, por entonces, exitosa carrera como torero.

Según Cossío:

Su toreo, parado, seco, le coloca en la línea de los toreros cortos y valientes a lo Espartero, a lo Reverte o a lo Antonio Montes, que tan sólo había de tener realización en el caso genial de Juan Belmonte” 

Lo cierto es que su toreo “corto, rudo y petulante” podía brillar y de hecho brillaba con los poderosos pero bravos y nobles toros andaluces de la época. Con ellos, Lucas podía triunfar ruidosamente lo que le permitió adquirir un extraordinario cartel afianzado por tardes históricas como aquella en la que mató seis toros de Lesaca de siete estocadas recibiendo.

la foto

Merino, berrendo en castaño de Hidalgo Barquero, lidiado en Madrid en 1854.

Dice Velázquez y Sánchez en los Anales del Toreo que “Las ganaderías de Lesaca, Taviel de Andrade, Hidalgo Barquero, Arias de Saavedra, Castrillon, Martin, Rarbero, Concha Sierra, Duran, Carrera, Nuñez de Prado, Romero Ralmaseda y Suarez, suministraban á las empresas corridas de bichos pujantes, francos de juego, ardientes de condición y exentos de esas malicias que hacían á Costillares y á Hillo rechazar á los toros castellanos, declarándolos impropios para la lidia en buena ley como la permiten los nobles y boyantes bichos de la privilejiada Bética”.

En su entorno y a la vista de su forma franca de estoquear, “a pecho descubierto”, se temía por el momento en el que tuviera que enfrentarse a eso temidos toros colmenareños, tan complicados, resabiados y de tan dura pelea. Algo que le advirtió el Chiclanero.

Quizás por ello y porque en la Villa y Corte fue donde habían dado garrote vil a su padre, es por lo que otro de los amigos de este, el experimentado Juan León (discípulo del aquel Curro Guillén muerto en Ronda por un torito de Cabrera) y ya matador de fuste, le aconsejaba no acudir a esa ciudad.

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Una terna de mediados del XIX: Chiclanero, Juan León y Casas (Grabado de Lake Price).

Sin embargo, Juan Lucas, desoyendo todos esos sensatos consejos, decidió presentarse en Madrid. Y fue toreando en esa plaza, en 1846, con Joselito el Chiclanero y el gitano Lavi cuando recibió, en el bajo vientre, una tremenda cornada que puso en peligro su vida.

img_0143 Cogida de Lucas Blanco (Lám.)

La grave cogida de Madrid de Juan Lucas Blanco fue plasmada en la pertinente lámina de la Lidia (publicada el 21 de noviembre de 1888)

Un año después, en Almendralejo, recibiría otra cornada de similar gravedad.

Ahí se acabó el torero y, a partir de ahí, ya nada fue igual. Juan Lucas se acobardó, perdió la seguridad inconsciente que antes tenía y los percances se multiplicaron.

Como le faltaba ya toda la confianza, quiso recuperarla en el fondo de las botellas y empezó a presentarse en las plazas completamente ebrio y sin facultades, por lo que los percances y cogidas eran continuas.

Parecía un pelele en manos de los toros.

En alguna ocasión, se le tuvo que prohibir salir a torear en ese estado de embriaguez en el que se presentaba y, otras veces, los Presidentes tuvieron que ordenar su retirada del ruedo por el mismo motivo.

Bandas de cajas de pasas - copia

Bebida y toreo no casan bien –ni siquiera cuando se trata de publicidad de uva pasa moscatel malagueña- aunque hayan casado más veces de la cuenta (Detalle de una banda horizontal para lecho de cajas de pasas. Litografía: R. Santa María. Málaga. Finales del XIX)

Juan Lucas Blanco murió en 1867, alcoholizado y en la más absoluta indigencia, en el Hospital General de Sevilla.

Hospital Cinco Llagas antes - copia

Juan Lucas Blanco falleció en 1867 en el Hospital General de Sevilla que, según me informa mi amigo Manuel Esteban Jaimez Pastelero, es el conocido Hospital de las Cinco Llagas o de la Sangre, una de cuyas salas (posiblemente muy parecida a aquella en la que muriera el torero sevillano) podemos ver en esta antigua fotografía que forma parte de la Exposición que sobre este edifico se hizo en el Hospital Virgen del Rocío en 2011.

Hospital de las Cinco Llagas (Parlamento de Andalucia) 02 Manierista

Hoy, el Hospital de las Cinco Llagas (del que destaca su portada manierista), donde falleció Juan Lucas Blanco, es la sede del Parlamento Andaluz.

Hospital cinco llagas (ABC) - copia

En este foto antigua se aprecia la proximidad del edificio hospitalario (Al fondo en la imagen) y la muralla de la Macarena (en la izquierda de esta fotografía que forma parte del archivo de ABC)

Adenda Macarena

Como mi amigo Manolo Jaimez es buen macareno, no puedo dejar de pasar la ocasión de recordar la vinculación de esta Cofradía con el Hospital donde falleció nuestros diestro. Una vinculación que llegaba hasta el punto que, en el camino de regreso a su Basílica. durante su recorrido procesional de Semana Santa, se incluía todos los años una visita a los enfermos del citado edificio.

Cuando, finalizada la Guerra Civil, la Macarena se tuvo que trasladar temporalmente, a la Iglesia de la Anunciación se decidió, para no alargar su recorrido, finalizarlo en el Hospital de las Cinco Llagas. Allí permanecían los pasos hasta el Domingo de Resurrección en el que regresaban a la Iglesia de la Asunción.

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El itinerario procesional de la Macarena en 1938 finalizaba en Hospital Central u Hospital de las Cinco Llagas (De la página web La Sevilla que no vemos)

Macarena saliendo actual Salón de Plenos

La Macarena en el Hospital de las Cinco Llagas. Concretamente ante la fachada del actual Salón de Plenos (Fotografía de la web del Parlamento andaluz).

La Macarena en el Hospital

La Macarena entrando al Patio Central del Hospital de las Cinco Llagas (De la web La Sevilla que no vemos)

Estas visitas al Hospital de las Cinco Llagas son relativamente modernas pues, en tiempos pasados, circulaba el pábulo de que la Cofradía podría perder la propiedad de la imagen de la Virgen si aquella entraba en el recinto hospitalario ya que se suponía que la talla había sido adquirida a esa Institución a cambio de un reloj y con esa condición resolutoria.

Una leyenda improbable pero que fue creencia arraigada en el barrio, tanto que el pueblo llano se negaba a que la imagen entrase en el edificio. Por ese motivo,  es casi seguro que Juan Lucas Blanco no pudo recibir la visita de la Esperanza Macarena durante su estancia y agonía en el Hospital de las Cinco Llagas.

Una pena más que añadir a su triste final…