Por Jose Morente
Joselito triunfó sobre los toros y sobre los demás toreros y, no sin muchas dificultades, sobre los públicos aunque no pudo ganar, pese a Talavera, la batalla póstuma y mediática a Juan Belmonte. Pero si consiguió que, años después de su muerte, su concepto del moderno toreo en redondo se impusiera. Eso es algo que algunos aficionados todavía no le han perdonado y su factura la siguen pagando y muy caro, aún hoy, sus discípulos
La fuente del toreo en redondo. Joselito el Gallo
Por si no estuviera suficientemente claro y para evitar confusiones, lo mejor es acudir a las fuentes, a los orígenes. Vamos a ver, por eso, tres imágenes de la tanda de naturales que dio Joselito el Gallo en Madrid, la tarde de los 7 toros de Martínez, al segundo de la tarde, Descarado de nombre.
1. El cite
El torero cita algo encorvado, o sea, inclinado hacia el toro, presentando la muleta, que va cogida por el extremo del estaquillador (no por el centro) y no algo adelantada, al ojo contrario.
2. El embroque
Todo el cuerpo (cintura, torso, cabeza, barbilla) se inclina y acompaña el viaje de un toro al que se lleva muy toreado en un trayecto muy largo. Incluso llega a flexionar ligeramente la pierna izquierda, un gesto muy suyo. Aunque torea a media altura, la intención del torero de bajar la mano, para conseguir que el toro humille, es evidente. La imagen, captada de la película de esa tarde, es excepcional pues refleja de manera magistral el concepto del toreo del menor de los hijos de la señora Gabriela.
3. El remate
El muletazo ha finalizado pero el torero, que se mantiene inclinado hacia el toro, sigue presentando la muleta (tender la suerte) para ligar este pase con el siguiente, para darle continuidad al muletazo. El talón de la pierna contraria está levantado lo que acentúa aún más la inclinación del cuerpo en el remate.
4. El cite del siguiente muletazo
El toro no ha acabado todavía de salir de los vuelos de la muleta y, Joselito que no ha perdido el norte (o sea, el centro de la suerte), le está ya presentando la muleta perfectamente colocada para ligar ese natural con el anterior. Si en ese momento, el torero se atravesara, como piden hoy (a veces, a voces) los aficionados desconocedores de la técnica real del toreo en redondo pero devotos de los cánones, el toreo ganaría, quizás, en emoción aparente (lo de aparente ya lo explicaremos otro día) pero perdería ligazón, calidad, coherencia y verdad y sobre todo, perdería el centro..
Nota: En los comentarios a la entrada anterior se suscitaba una interesante reflexión sobre la “naturalidad” en el toreo, con sesudas e interesantes observaciones J.C. Romero y Jack Coursier, entre otros lectores del blog. Me parece pertinente hacer aquí alusión a esas reflexiones al hilo de estas imágenes de Joselito el Gallo
¿Decadencia o desconocimiento?
Si hay algo por lo que algún día habrá que pedir cuentas a más de uno, es por la demonización que, críticos y aficionados dogmáticos y/o apocalípticos, han hecho del toreo de línea natural, del toreo en redondo. Todo en aras de imponer un concepto del toreo (el suyo) que, por mestizo, resulta teórico e imposible.
Este planteamiento radical, ha causado y causa un daño enorme pues el canon que se predica (un verdadero remix) es excluyente y ha desorientado a muchas generaciones de aficionados que, por ello, han acudido a las plazas provistos de una enorme lupa y dispuestos a juzgar a los toreros no por su toreo sino en base a esos conceptos que, repito, son especulativos y dogmáticos pero no pragmáticos o basados en la experiencia.
Como son conceptos teóricos, raras veces (por no decir nunca) podemos ver en las plazas lo que se nos propone en la teoría y el aficionado acaba insatisfecho tarde tras tarde y, lo que es peor, achaca su desencanto (fruto, casi en exclusiva, de su desconocimiento de la correcta técnica real del toreo en redondo) a la decadencia de la fiesta que atribuye a la incompetencia de toreros y ganaderos pero nunca a la suya propia.
El toreo, el concepto del toreo en redondo de Paco Camino y Joselito el Gallo es, aunque puede sorprender hoy día a los nuevos aficionados, un concepto del toreo grandioso y enorme (el de los años 60 inspirado en el de los años 20). Puede que distinto a lo de hoy (¿O quizás no tanto?) pero sobre todo, distinto a como ahora nos dicen que se toreaba en aquellos años…
Un cite sin complejos
Ese concepto es el mismo del que se nutre el toreo del Juli, aunque las inquinas viscerales y personales que suscita este diestro impidan a algunos percatarse de ello y analizar el tema sin pasión y con objetividad (“la pasión ciega el conocimiento”).
Pero el cite esta ahí (aunque quisieran borrarlo). Su novedad, puede que relativa, es muy sencilla: El Juli quiere coger al toro muy adelante y traérselo muy toreado y, sobre todo y aquí puede estar la clave de la posición de la muleta, muy humillado desde antes de llegar al embroque.
Un cite que sólo es posible o pertinente con un toro bravo y que humille (no al revés). Pero eso es algo que no presenta problemas para un torero como el Juli, que a su conocimiento de las suertes une un magnífico e intuitivo conocimiento de las reses por lo que es capaz de adaptar aquellas (las suertes) a las condiciones cambiantes de estas (las reses) y no sólo de un toro a otro sino también a lo largo de las cambiantes condiciones por las que pasa cada burel e, incluso, a lo largo de un mismo muletazo.
Vistas esas imágenes, y volviendo a la cuestión de origen, creo que hay que replantearse la pregunta que nos hacía Vazqueño: ¿El Juli es un precursor? Y sustituirla por esta otra ¿No será más bien –cite incluido- un verdadero continuador y renovador del toreo que practicaban algunos de los toreros que le han precedido?
Secuencia de un natural del Juli en Aranjuez.
Un “cite sin complejos” de un “torero sin complejos” que ha desconcertado a los aficionados acomplejados, Un cite novedoso que permite dotar al muletazo de una mayor longitud y profundidad pues el torero está toreando antes de que el toro entre en una muleta que permanece siempre tendida para engarzar cada natural con el anterior.
Un muletazo que comienza por abajo, muy por abajo, para traer al toro humillado. Que sigue pasando al toro cerca, muy cerca, de la pierna del torero y que termina (como remataban Camino y Joselito) a media altura para darle al toro mucha salida y no tener el torero que enmendar su posición entre pase y pase.
Un natural que es un prodigio de técnica torera por la precisión en su ejecución y porque responde a un concepto muy claro y muy puro (por no contaminado) del toreo.
El mismo toreo en redondo de siempre, renovado y remozado una vez más.