sábado, 18 de mayo de 2013

Ampliando nuestra biblioteca taurina (IV) Cargando la suerte

Por Jose Morente

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Un libro clave para entender los conceptos técnicos básicos del toreo y su evolución: “Historia verdadera de la evolución del toreo” de José Alameda.

La defensa de las normas y la valoración de los mecanismos técnicos del toreo tienen que efectuarse en los foros apropiados (libros, blogs, conferencias, etc.) pero nuncanunca- dentro de las plazas de toros.

Nota previa:

Esta entrada se publicó inicialmente como apéndice en la entrada tercera de la mini-serie dedicada al controvertido tema de “cargar la suerte”. Sin embargo, me ha parecido oportuno desgajarla de aquella y darle lugar independiente en este blog, lo que permite incluir un breve, aunque apasionado, comentario a cada uno de los libros incluidos en esta relación 

Nota aclaratoria (26/05/2013 12:00)

Publicada esta entrada, mi amigo Pocho Paccini Bustos me reprende cariñosamente en un comentario a este post. Y como Pocho tiene razón en lo que dice o, mejor aún, como puede que yo no me haya explicado bien en lo que he dicho, me parece oportuno aclararlo.

Puede que lo que aquí se dice a continuación, no se entienda bien si no reparamos en que los comentarios que se hacen a los libros escogidos se refieren a lo que esos libros dicen sobre la técnica del toreo y más concretamente sobre el toreo en redondo y la cargazón de la suerte.

Es evidente que el toreo abarca muchas más cosas y que los autores citados por Pocho (Domingo Ortega, Corrochano o Vidal, a quienes he leído con fruición y cuyos textos me conozco casi de memoria) hablaron de muchas de esas otras cosas de un modo que sigue siendo perfectamente válido hoy día.

La imagen que de Joselito el Gallo, de su maestría y su torería,  transmite Corrochano es magnífica y da cabal y perfecta idea de como era, en realidad, el torero. La descripción de Vidal del ambiente de una tarde de toros en Madrid, fue siempre exacta y muy divertida y amena. La explicación de Ortega de como era "su" toreo es muy docta y al nivel del mejor de los intelectuales pese a no serlo (¿O sí?) él.

Cuestión distinta es lo que Ortega, Corrochano o Vidal dijeron o escribieron sobre la específica materia que tratamos en esta entrada: la técnica del toreo y, en concreto, la del toreo en redondo y el mecanismo de cargar la suerte, donde creo que ninguno supo ver que estaban hablando de un modo de torear específico pero que, en el toreo como en la vida, siempre hay otras opciones. Nos gustarán más o menos  pero tan válido es el toreo “en ochos” como el toreo “en redondo”.

Ortega, Corrochano y Vidal (pensaron como piensan muchos) que, en el toreo, sólo hay una técnica válida (la que a ellos les gustaba o convenía) y que lo que varía es el estilo o acento personal de cada torero.

Un error, visto con la perspectiva de hoy y a la luz de los escritos de Pepe Alameda quien explicó como eran realmente las cosas, el primero. Bueno, el primero, no. Antes de él, Luís Bollaín entró en el tema (y de forma brillante) pero no le sacó tanta punta histórica como Alameda quizás porque el árbol de su belmontismo no le dejó ver el bosque del toreo completo.

Como Ortega, Corrochano y Vidal fueron anteriores a Pepe Alameda (ya señalo eso con motivo de Vidal), la duda es que hubiera pasado si le hubieran podido leer en tiempo y forma ¿Que hubieran dicho, en ese caso, Ortega, Corrochano o Vidal? ¿Como hubiera influido en sus teorías?.

Nunca lo sabremos, Lo que si sabemos es que no parece que sea aceptable que despachemos a Alameda con el calificativo de autor ingenioso pero prescindible, como ha hecho algún lector del blog, sólo porque sus tesis no cuadran con las nuestras; porque no cuadran con el esquema mental que nos hemos hecho de como es y como debe ser el toreo.

Cuando surgen ideas o planteamientos nuevos… toca reciclarse.

 

Cargar la suerte. Bibliografía recomendada

Tauromaquia de Pepe Hillo. 1ª ed.: La tauromaquia ó Arte de torear. Obra utilísima para los toreros de profesión, para los aficionados, y toda clase de sujetos que gustan de toros (Cádiz. 1796). 2ª ed. Tauromaquia o Arte de Torear a caballo y a pie. (Madrid. 1804).

Esta es la obra clásica, fundamental e iniciática de la técnica en el toreo. Aconsejable para todos los aficionados entre 7 y 77 años. Además, pese a lo que pudiera parecer, se lee de un tirón. Una vez leída, es aconsejable releerla a saltos.

Apabulla su modernidad. Y lo más importante es que no establece cánones sino reglas “derivadas de la experiencia” y, sobre todo, adaptadas a las condiciones de los toros.

Cuando, por ejemplo, se explica el pase natural, no se establece un único modo de realizarlo sino tantos modos como tipos de toros diferentes se consideran (boyante, bravucón, de sentido, etc.). A cada toro corresponde un modo distinto de colocarse y un modo distinto de manejar los engaños. Lo contrario de lo que preconizamos hoy día los aficionados que sólo aceptamos un modo único de torear, para no complicarnos la vida.

Si no la escribió, está claro que Pepe-Hillo revisó y autorizó su tauromaquia, pues los atinados consejos técnicos que contiene sólo pueden conocerlos y enseñarlos cabalmente quien sea torero.

Tauromaquia de Pepe Hillo Turner 001

Portada de una reedición (la de Turner, Madrid, 1982) de la Tauromaquia de Hillo con el famoso grabado del torero sevillano con la muleta en la izquierda, la espada en la derecha, el corazón en el centro y el toro muerto a sus pies.

 

Tauromaquia de Montes. Tauromaquia completa, ó sea El arte de torear en plaza: tanto a pie como a caballo (1ª ed. Madrid. 1836).

Esta es la primera revisión de importancia de la Tauromaquia de Pepe-Hillo. Su interés está no sólo en los matices que introduce al texto de Hillo, sino en el extenso capítulo que dedica a la “Reforma del espectáculo” y que ha sido base de todas las reglamentaciones que han venido después.

Monte fue el primer gran reformador y, al tiempo, codificador del toreo y a él se debe la organización actual de la corrida de toros, así como una serie de innovaciones de mayor o menor interés.

Paquiro, ha sido en el toreo, el Joselito del siglo XIX por su visión de futuro (igual que a Joselito lo podemos considerar el Paquiro del siglo XX, por lo mismo)

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Portada de la primera edición de la Tauromaquia de Francisco Montes (Madrid, 1836). El capítulo dedicado a la “Reforma del Espectáculo” contiene ideas y propuestas que se han mantenido prácticamente iguales en estos casi dos siglos transcurridos desde su publicación.

Tauromaquia de Guerrita. Escrita por Leopoldo Vázquez, Luis Gandullo y Leopoldo López de Saa bajo la dirección técnica de Rafael Guerra, Guerrita. (1ª ed. Madrid. 1895).

Aunque la “Tauromaquia de Guerrita” es, como libro, farragoso y algo desigual en sus distintos capítulos (producto de las diversas manos que intervinieron en el mismo) los aspectos técnicos del toreo (escritos bajo la dirección del genial espada cordobés) son del máximo interés y las correcciones que efectúa a los textos clásicos son muy interesantes y de mucho calado, aunque puedan pasar inadvertidas al lector menos atento.

Son esos matices, los que diferencian la Tauromaquia de Guerrita de las que se habían escrito después de la de Montes, pues estas últimas se limitaban a transcribir con excesiva fidelidad todo lo dicho por el genial torero de Chiclana.

Ninguna de esa Tauromaquias intermedias tiene mayor interés que el histórico pero la de Guerrita permite, en parte, entender como se toreaba a finales de siglo XIX. O, mejor dicho, como se pretendía torear.

Tauromaquia de Guerrita

Portada de la primera edición de la Tauromaquia de Guerrita (1895). Un texto que explica las novedades que Guerrita introdujo en el toreo

 

Salvador, Amós. Teoría del toreo. Escrita en mayo de 1908 y publicado por entregas por el diario la Voz desde el 15 de enero de 1955 [Esta publicación incluía unas Apostillas del Duque de Veragua].

Es este uno de los textos más interesantes en la materia, pues se aparta de la sistemática de las Tauromaquias tradicionales y contiene un enfoque novedoso del toreo que, para Amós Salvador, sólo se puede explicar a partir del conocimiento de las condiciones básicas y de las condiciones particulares  de las reses.

El libro se escribió en la primera quincena del mes de mayo de 1908 por lo que el toreo del que habla era el que existía antes de la llegada de Joselito y Belmonte. Por eso, este tratado no nos sirve para entender la revolución que ambos diestros introdujeron, aunque sí para entender el contexto en que dicha evolución se produjo.

Se publicó, por folletones, en el diario la Voz en 1955 (se puede consultar en Internet) y también en edición de los Bibliófilos taurinos en 1962.

Teoria del toreo

Portada de una edición moderna de “Teoría del Toreo” de Amós Salvador, que incluye las “Apostillas del Duque de Veragua” (Madrid, Edit. Biblioteca Nueva, Colección “La piel de toro” dirigida por Andrés Amorós, 2000). Aunque no puedo asegurarlo, el diestro dibujado en la portada me recuerda a Manolo Cortés.

De la Loma, José (Don Modesto). Desde la Barrera-Dos palabras sobre el Guerra, cuatro sobre Fuentes y algunas más acerca de Bombita, Machaquito y Gallito  (1ª ed., Madrid, El Liberal, 1910)

El de don Modesto, es un libro que, en su época (1910), tuvo mucha difusión pues recogía las crónicas de las “figuras” de entonces: Guerrita, Fuentes, Bombita, Machaco, Pastor y el Gallo.

El interés que tiene en el tema que nos ocupa es que, Don Modesto fue un decidido defensor del toreo de compás abierto de Bombita que, en su día, recibió muchas críticas.  En su defensa, y frente al toreo de compás cerrado, don Modesto argumentaba que el compás abierto tenía más mérito por lo difícil de corregir la posición en esa postura si el toro entraba vencido, algo que resulta cuando menos discutible.

Y es que siempre, los defensores de una forma de torear han utilizado la ética (a la que yo prefiero llamar “mérito”)en defensa de su concepto del toreo. Mi opinión es que no es fácil evaluar desde el tendido la ética real sino sólo apreciar la sensación de riesgo que a nosotros nos produce.

 

1910 Don Modesto Desde la barrera

Portada del ejemplar que se encuentra en la Biblioteca Digital de Castilla y León, cuya ficha bibliográfica atribuye la edición al diario El Liberal (Tengo un ejemplar con una portada distinta –en blanco y negro- de Editorial Renacimiento, probablemente editado en aquellos años pues aparece la fecha del año 1910 a mano)

Borrell, Félix (F. Bleu) Antes y después del Guerra (1ª ed., Madrid, 1914)

Es este un libro más que interesante, pues F. Bleu fue el típico aficionado dogmático partidario y defensor de los cánones antiguos del toreo y, por tanto, del toreo seco y exento de adornos cuyo mejor exponente fue el rival de Lagartijo, Salvador Sánchez Frascuelo, quien concitaba en sus filas a lo más rancio de la afición de entonces.

Visto con ojos de hoy, el toreo propugnado por Bleu, el toreo épico, de poder a poder, del torero valiente ante el toro fiero, mantiene su vigencia y sigue provocando el entusiasmo de los públicos pero también hay que decir que las propuestas de los toreros que se encuadran en este concepto, con ser harto meritoria no se ha distinguido por su aportación a la evolución de la fiesta, antes al contrario.

No obstante, y pese a su radicalismo, Bleu transigía y aceptaba, como válidas, muchas más innovaciones técnicas (por ejemplo, la pierna izquierda retrasada de Guerrita en el natural) que las que -100 años después- son capaces de aceptar los aficionados dogmáticos de nuestros días, herederos espirituales del farmacéutico madrileño.

 

Antes y despues del Guerra F. Bleu 001

Portada de la primera edición del libro de F. Bleu. Aunque Guerrita aparece en el título se trata de una estrategia comercial para incrementar ventas pues, al autor, el Guerra no le gustaba un pelo y en realidad, el libro es un panegírico de Frascuelo y también, aunque en menor medida, de Lagartijo.

Orts y Ramos “Uno al Sesgo. El arte de ver los toros-Manual del aficionado a la Fiesta Nacional (1ª ed. Barcelona, 192-?) (2ª ed. El arte de ver los toros-Guía del aficionado, Barcelona, 1928?)

A finales de la década de los veinte, las aportaciones de Joselito y Belmonte habían cristalizado en un nuevo modo de torear. Las tauromaquias antiguas (incluso la de Guerrita más reciente) habían quedado caducas pues el toreo  había tomado nuevos rumbos.

Orts y ramos (Uno al Sesgo), escribió este pequeño tratado para intentar explicar a los nuevos públicos, de forma sencilla y amena, como era el nuevo toreo.

Todavía faltaba mucho para lo que vendría después. pues era el año en que Chicuelo acaba de hacer o estaba a punto de hacer la faena a Corchaíto que marcaría toda una época.

El resto es historia. Chicuelo daría la alternativa a Manolete y este rendido admirador del torero de la Alameda, incorporaría y depuraría la técnica que el sevillano, a su vez, había aprendido de Gallito y de Belmonte. El círculo estaba ya a punto de cerrarse.

  1928 (ca.) El arte de ver los toros Uno al Sesgo

En la portada de una de las muchas ediciones del librito de “Uno al sesgo” subtitulado “Guía del espectador”, Joselito el Gallo destronca con la muleta en la izquierda a un toro que se enrosca en espectacular posición. Estaba naciendo una nueva época donde los toreros van a empezar a poderles a los toros con el toreo de brazos sin exageraciones a la hora de abrir el compás. Frente al toreo espatarrado y por bajo de Bombita, el natural de Joselito está marcando un nuevo camino y, de ahí en adelante, se podrá dominar a los toros, toreándolos (no bregando)

Federico M. Alcázar. Tauromaquia Moderna (1ª ed. Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, S.A., 1936)

Que el toreo de brazos era lo más importante teóricamente, lo demuestra este libro de Federico Alcázar, llamado Tauromaquia moderna” y publicado en 1936.

El toreo iba evolucionando y a la época del parón y los pies juntos, le siguió en los años de la República, la moda del compás abierto cuyo principal interprete será el extraordinario diestro de Borox, Domingo Ortega.

Por ello, pese a defender que la suerte se carga con los brazos, el libro de Federico M. Alcázar, contiene muchas disquisiciones sobre la forma de colocar las piernas, cual debe adelantarse y cuando.

Pues la atención de los espectadores (la práctica que no la teoría) había desplazado el interés de estos desde los brazos a los pies del torero quizás porque se pedía que estos se mantuvieran lo más quieto posibles mientras pasaba el toro. Algo que no se conseguirá hasta una década después con Manolete.

Lo que no contiene este libro,como ningún otro de la época, es una distinción clara entre el toreo “en redondo” y el toreo “en ochos” y lo que implica cada uno, algo que no se planteará hasta la década siguiente.

1936 Tauromaquia Moderna Federico Alcazar 001

Portada de la 1ª edición de la “Tauromaquia moderna” de Federico M. Alcázar. Alcázar fue consciente de que no se puede juzgar el toreo de una época con los criterios y las normas de otra distinta, algo de lo que deberíamos tomar nota los aficionados actuales.

Bollaín. Luís. Los dos solos. (1ª ed., Madrid, Editorial Mon, 1948)

El primer libro de Luis Bollaín no sólo es un clásico sino que estoy por decir que el mejor de toda su producción. Con frescura y desparpajo, el autor se confiesa belmontista acérrimo (apasionado de Juna Belmonte), al tiempo que admirador de Manolete (lo que no quiere decir que se declare manoletista). Una combinación explosiva y a cuya explicación dedica las muchas páginas de este volumen.

Gráficos, esquemas y, sobre todo , muchas fotografías componen una nueva forma de hablar de toros que descubre Bollaín y de la que, este blog, se confiesa deudora.

Además, Bollaín -en esta su primera obra- es mucho menos dogmático que, en las que le siguieron,  pues luego. enrocado en su castillo belmontista, ya nada o casi nada que no fuese Belmonte tendrá cabida. La única excepción, la de los toreros puros, tal que un Antonio Bienvenida, Pepe Luis Vazquez o Antoñete, pese a que, en la práctica, el modo de torear de estos toreros se alejase mucho del de Belmonte para aproximarse al de Manolete.

En cualquier caso, y respecto al tema de cargar la suerte Bollaín aporta el dato fundamental de considerar que consiste en gravitar el peso sobre la pierna de salida (como hoy lo consideran los profesionales) aunque señalando que lo de adelantar la pierna es mera cuestión de estética no de ética.

Y, otro tema que nadie o casi nadie había tratado entonces, salvo él, es recalcar la sustancial diferencia que hay entre ligar un natural con otro (toreo en redondo) o ligarlo con el pase cambiado o el de pecho (toreo en ochos). Bollaín se decanta por este último por culpa de su filiación belmontista pero el futuro del toreo iba ya por el otro lado.

06 Los dos solos-Luis Bollain

Nada más y nada menos que Manolete y Belmonte en la portada del libro de Bollaín

Ortega, Domingo. El arte del toreo y la bravura del toro. (1ª ed., Madrid, Revista de Occidente, 1960) [Son dos conferencias. La primera –El arte del toreo- se dictó en el Ateneo de Madrid en marzo de 1950]

Si, por una parte, la conferencia de Domingo Ortega, en el Ateneo de Madrid, hay que calificarla de magistral, por otra, no se puede dejar de advertir la enorme confusión que los conceptos en ella expuestos han traído a los aficionados.

Ortega era torero de toreo cambiado, “en ochos”, por lo que, en esa Conferencia, va a poner el énfasis (con brillantez y coherencia) en el toreo de “pata ‘alante”, que es lo coherente y adecuado en este modo de torear.

Lo que no es coherente ni adecuado, sino querer coger el rábano por las hojas, es, como hizo Ortega y como hacen sus exegetas, pretender aplicar esa técnica (propia del toreo “en ochos” al otro modo de torear, al toreo “en redondo” pues este es conceptual y radicalmente distinto de aquel. Ahí radica la el quid de la cuestión y el origen de la confusa situación actual.

En mi opinión, un libro magnífico pero sólo apto para aficionados con un profundo conocimiento previo de la materia

11 D. Ortega. El Arte del Toreo 2ª ed 001

Portada de la 1ª ed. de la Conferencia del Ateneo que se hizo conjuntamente con otra conferencia pronunciada diez años después en el Circulo de Bellas Artes: “La bravura del toro

 

Corrochano, Gregorio. ¿Qué es torear?-Introducción a la Tauromaquia de Joselito. (1ª ed., Madrid, 1953)

El caso de Gregorio Corrochano es uno de lo más sorprendentes pues, supuesto defensor de Joselito (el libro se escribe en su memoria y reivindicación), no supo calar más allá de los aspectos más externos y evidentes de la figura del torero de Gelves.

Don Gregorio ni siquiera atisbó el alcance de la propuesta de toreo en redondo que hizo, Joselito. Ni, mucho menos, la evolución de este modo de torear que llegaría a Manolete, vía Chicuelo.

Por eso, contradictoriamente, el concepto del toreo de muleta que se describe en el libro, es neta y puramente belmontista y orteguiano (de Domingo Ortega, no de Ortega y Gasset), no gallista. Y es que, no hay que olvidar, la Tauromaquia de Joselito (su introducción en realidad) se escribe en 1953, tres años después de la Conferencia de Ortega en el Ateneo.

03 Que es torear. Corrochano. Nueva ed 001

Para que la cosa estuviera más clara, la segunda edición del libro de Corrochano incluía la Introducción a la Tauromaquia de Domingo Ortega

 

Sureda Molina, Guillermo. Tauromagia (1ª ed. Madrid, Espasa-Calpe S.A., Colección Austral nº 1.632  1978)

Sureda tiene claro que, sobre el cargar la suerte, existen dos corrientes de opinión y que cada cual tiene valedores de altura aunque él, personalmente, se decanta por la línea del toreo de piernas.

La influencia de Domingo Ortega, en sus tesis, es enorme y es que, ningún tratadista de la época, es capaz de discutir al maestro cuyo prestigio en los ruedos arrasa también fuera de ellos en los foros intelectuales del toreo.

Sureda tan atinado en otros temas, no supo salir del tópico en estas cuestiones. Tampoco llegó a calar el alcance del toreo en redondo. Pero no sería el único a quien se le escaparon estos matices.

Tauromagia Guillermo Sureda 001

La edición primera de Tauromagia, en la Colección Austral de Espasa es de 1978, una época muy compleja del toreo que Sureda intenta desentrañar.

Vidal, Joaquín. El toreo es grandeza (1ª ed., Madrid, Ediciones Turner, 1986)

Con los planteamientos anteriores, Joaquín Vidal elaboró una teoría muy peculiar del toreo y de apariencia muy brillante.

El modo de torear que preconiza el periodista del País se basaba sobre todo, en los conceptos de Domingo Ortega y Gregorio Corrochano pero aplicados de forma especulativa al toreo en redondo. Un imposible, como algún torero ya le reprochó en su día al crítico.

Para Vidal (como para otros autores) el toreo moderno sería creación de Juan Belmonte casi exclusivamente. Pero la contradicción surge de inmediato pues el toreo del trianero “en ochos”, nada tiene que ver con el toreo “en redondo” que hoy se practica.

En vez de analizar como había evolucionado el toreo (tal y como hizo Pepe Alameda), Vidal prefirió buscar una cabeza de turco y acabó culpando a Manolete de la degeneración de la fiesta (tesis que han asumido de forma acrítica todos los seguidores de este crítico taurino) con lo que de rebote, anatemiza al toreo actual al que achaca lacras que no le corresponden..

La solución al conflicto la encontró Vidal convirtiendo a Manolete en el culpable de la corrupción de la Fiesta con lo cual todo volvía a tener sentido y el papel del trianero se mantenía (siquiera fuera de manera forzada incólume).

Ese planteamiento nefasto pero de mucha repercusión, gracias a la gran caja de resonancia que le proporcionaba el diario “El País”, ha propiciado en varias generaciones de aficionados que lo tenía como oráculo, una incapacidad estructural para “leer” y “entender” correctamente el toreo actual. En esa estamos.

Vidal tiene, si acaso, la disculpa de que recogió y heredó los tópicos que circulaban en su época. El fundamental libro de Pepe AlamedaHistoria vedadera de la evolución del toreo” se publicó en 1985 cuando Vidal ya había acuñado y cerrado sus teorías. Cuando ya era tarde.

.El toreo es grandeza-Vidal (Turner, 1987) 001

A partir del manejo de los tópicos de la época, Joaquín Vidal acuño una teoría cerrada y coherente (aunque alejada de la realidad). Lo peor es que se propone un único sistema de torear e incluso un único modo correcto de torear. Queda ya muy lejos la propuesta de Pepe-Hillo adaptando las reglas a las condiciones de los toros, algo que el crítico del País ignora olímpicamente ¿Para que complicarse con sutilezas técnicas?

Fernández Valdemoro. Luís Carlos (José Alameda). El hilo del toreo (1ª ed. Madrid, Espasa Calpe. S.A., Colección la Tauromaquia nº 23, 1989) [Las tesis expuestas en esta obra póstuma se contenían ya en: Historia Verdadera de la Evolución del Toreo. 1ª. ed., México, Bibliófilos taurinos de México, 1985]

Hubo que esperar a la llegada de Alameda para que alguien pusiera orden en esta rocambolesca historia.Alameda, era yerno de Domingo Ortega, quizás eso le permitió y facilitó decir lo que dijo y discutir al maestro indiscutible. Lo primero que hizo Alameda fue poner en solfa (en sus justos términos) lo que Ortega había dicho en la Conferencia madrileña.

Alameda no niega la validez de la propuesta de Domingo Ortega, sobre el toreo de línea cambiada, pero señala que existe otro modo de torear, bien distinto y tan válido como aquel (el toreo de línea natural). Una tesis más que razonable.

La apreciación de Alameda de que existen dos modos distintos de toreo. permite entender y comprender muchas cosas de la historia del toreo que, de otro modo, no se comprenderían. Además, proporciona una explicación razonable (y no una descalificación dogmática) de las claves del toreo moderno lo que facilita acercarse al mismo para disfrutarlo sin prejuicios. Nada más y nada menos.

 

El hilo del toreo 001

La obra póstuma de Alameda. Un libro imprescindible para todos los aficionados que quieran entender de verdad lo que pasa en el ruedo sin prejuicios ni posicionamientos previos.

Cargar la suerte (III) Concluyendo (por ahora)

Por Jose Morente

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Frankestein, novela de Mary Shelley, cuenta la historia de Víctor Frankestein, un joven estudiante de medicina suizo en Inglaterra que pretende crear un cuerpo a partir de la unión de partes diferentes de cadáveres diseccionados. El experimento concluye con un éxito más que relativo o sea, en fracaso  El mismo fracaso al que conduce inexorablemente la ilusoria pretensión de algunos aficionados de querer insertar (contra viento y marea) la técnica de la pierna adelantada en el toreo en redondo.

Nota: Nos ilustraba Juan Antonio Polo, en la primera entrega de esta serie, sobre lo que significaba “cargar la suerte” en la época de las primeras Tauromaquias algo que no tenía nada que ver con el significado actual del término. Significado actual que nos desvelaba con su habitual maestría Fernando Cámara, en la segunda entrega. Ni uno ni otro significado coinciden con el que tiene hoy este término tal y como lo entienden los aficionados más dogmáticos, para los que “cargar la suerte” es adelantar la pierna de salida. Significado éste último que es innecesario comentar pues es de sobra conocido y sus matices están explicados en los textos de Gregorio Corrochano o Joaquín Vidal. Sin embargo, lo que ellos proponen (“adelantar la pierna de salida”) no tienen encaje en el toreo “en redondo” que es el gran logro de la Tauromaquia de todos los tiempos, sino al toreo “en ochos”, mucho más arcaico. Descontextualizado el mecanismo técnico de adelantar la pierna de salida del modo de toreo en el que tiene su cabal encaje (el toreo en ochos), resulta una técnica inadecuada que ha propiciado la confusión en la mente del aficionado y una injusta valoración, por parte del mismo, del toreo que hoy se hace.

Antoñete (historia verdadera...) 001

En el toreo de línea natural, en redondo, lo adecuado es la colocación de perfil  con la pierna de salida alineada o retrasada respecto a la otra como hace, en la fotografía y de forma magistral, el maestro Antonio Chenel “Antoñete”, quien torea en líneas paralelas con el toro. En este modo de torear, la suerte no se carga adelantando la pierna de salida sino quebrando la cintura para hacer gravitar el peso del cuerpo sobre aquella (Fotografía del libro Historia Verdadera de la evolución del toreo de José Alameda).

El eterno debate

Hoy día se considera que “cargar la suerte” es adelantar la pierna de salida en un momento determinado y de una forma determinada.

Pero la cosa no es tan simple y, esa afirmación, exigiría muchas matizaciones. Además, así entendido, el concepto es fuente de innumerables controversias y eternos debates entre los aficionado ya que, lo que para unos constituye la “piedra angular” del toreo, para otros es una “ventaja inaceptable”.

Y es que, como decía Guillermo Sureda Molina, en advertencia previa que queremos asumir nosotros:

“En ambas posturas están aficionados buenos y profesionales buenos. De modo que, en principio –amigo lector- y sea cual sea su opinión sobre lo que ahora nos ocupa y preocupa-, las cosas no están tan claras como a simple vista puede parecer. ¿Cargar la suerte constituye una ventaja o significa la indispensable rúbrica para un toreo de calidad?”

Como sobre este tema hay un tremendo confusionismo, deberemos empezar por el principio. Y, como decía Sureda, el principio es contestar a una nada sencilla pregunta ¿Qué es cargar la suerte? ¿Cómo se carga la suerte?

 

Cargar la suerte en el siglo XIX

En la primera entrega de esta serie, Juan Antonio Polo, nos transportaba a principio del siglo XIX y nos ayudaba a indagar el origen de un concepto que está claramente explicado en las Tauromaquias primitivas, las de Pepe-Hillo y Paquiro. Para los clásicos,  la suerte (cada suerte) tiene tres tiempos: citar, cargar y rematar. Y, según Hillo,

cargar la suerte (tiempo central) es aquella acción que hace el diestro con la capa, cuando sin menear los pies, tuerce el cuerpo de perfil hacia afuera, y alarga los brazos cuanto puede”.

Cargar la Suerte Hillo

[Una advertencia al margen: Lo que aquí se dice para el toreo de capa es aplicable por extensión al toreo de muleta y así lo entendían entonces ambos diestros (Hillo y Paquiro) en sus respectivas tauromaquias].

En cualquier caso, al leer la definición de Hillo surge la primera sorpresa: En las tauromaquias decimonónicas, cargar la suerte, que corresponde al momento central del pase o lance, consistía en sacar los brazos para resolver el embroque del toro. La suerte se carga con los brazos, y no con las piernas que permanecen o deben permanecer inmóviles (“sin menear los pies”).

Más claro, imposible. Durante todo el siglo XIX, esa fue la manera en que el concepto se entendía y practicaba, por lo que la respuesta a la pregunta ¿qué es cargar la suerte? no planteaba problema alguno entonces. Se consideraba que el torero cargaba la suerte cuando el toro pasaba (probablemente de modo fugaz) gracias a su mando y a su buen juego de brazos.

Y se consideraba que no se había cargado la suerte cuando el toro arrollaba al torero (le ganaba terreno por falta de mando) o no acababa de pasar (o sea, cuando el torero daba medios pases o pases por la cara).

La lidia lám. detalle (1883-03-30) Natural de Cayetano Sanz

Durante todo el siglo XIX, la suerte se cargaba con los brazos sin  la colaboración (al menos, en la teoría) de las piernas que no debían moverse. En la imagen, pase natural de Cayetano Sanz, según un detalle de una lámina de la Lidia correspondiente al número del 30 de marzo de 1883.

Pero el toreo es, como toda actividad humana, evolución y cambio. Por eso (seguimos otra vez a Sureda) “casi todas las normas son, por lo menos discutibles, porque son contingentes y mutables”. Tomemos nota.

 

Cargar la suerte en el siglo XX

Como el toreo es cambio, a nadie puede extrañar que, el concepto de cargar la suerte, pueda haber cambiado en los dos siglos largos que llevamos desde que se definió en las primeras tauromaquias. Eso es lo que pasó en el primer tercio del siglo XX. Mejor dicho, lo que pasó a finales del siglo XIX.

En efecto, en esa época Guerrita, que se había colocado de perfil para torear a la verónica en un intento de alargar el pase y, sobre todo, poder ligar un lance con el siguiente, empezó también, en el natural con la muleta, a retrasar la pierna de salida para alargar el pase en el –todavía testimonial- toreo en redondo (aunque entonces a nadie se le ocurría hablar de “pierna escondida”) y, sobre todo, empezó a abrir el compás (El toreo “espatarrado” que tanto  censuraba el intransigente y retrógrado, pero buen testigo de la época, farmacéutico de la Puerta del Sol, F. Bleu).

 

DANONE FIEBRE TIFOIDEA CASA BORELL 1915

Una contradicción. Muy conservador en tema taurino pero avanzado en su profesión, el establecimiento de Borrell en la Puerta del Sol de Madrid fue uno de los primeros que vendía yogures en España. El Yoghurt-Cit-Borrell (Del blog: Historia Urbana de Madrid)

 

1899-09-19 (p. 28 del 08 SyS) Valladolid Guerrita Saltillo 001

Aunque la fama de innovadores se la llevaron el Espartero y Antonio Montes, los cambios profundos los trajeron Guerrita y Bombita. El Guerra empezó abriendo el compás en la muleta como se puede apreciar en este pase por alto que le dio en Valladolid a un toro de Saltillo el 19 de septiembre de 1899 (publicado en Sol y Sombra el 28-9-1899).

Pero fue Bombita quien hizo escuela. El Bomba se apoyaba en la pierna de salida para cargar la suerte. El objetivo era despedir mejor al toro y separarlo del cuerpo del torero (Toreo de expulsión que era muy apropiado para el modo con el que entonces se engarzaban los pases pues todavía se toreaba “en ochos”). Ayudarse con los pies para cargar mejor la suerte era  muy recomendable (y por eso se aceptó) con los toros broncos y fieros pero censurable (y por eso se protestó) con los toros nobles y pastueños.

img_0017 Bombita toreando de muleta

Pero fue Bombita quien por sistema empezó a ayudarse apoyándose en la pierna de salida cuando cargaba la suerte con los brazos. Con la ayuda de las piernas la acción de cargar la suerte con los brazos se acentuaba.

Sin embargo, la innovación fue calando poco a poco, lo que aparece reflejado en las crónicas de la época, no sin sus pertinentes debates. El caso es que, como el toreo se estaba parando (lo de pararse los toreros ya había empezado antes de Belmonte), la atención de críticos y aficionados se empezó a centrar en la posición de los pies y sobre todo en el movimiento (o ausencia de movimiento) de estos.

Así, a las censuras de F. Bleu al Guerra, les sucederán los elogios de Don Modesto a Bombita. Don Modesto, en su libro Desde la Barrera (publicado en 1910) alaba el toreo de piernas abiertas con el que Bombita se ayudaba al cargar la suerte, al tiempo que censura el juntar los pies a cuerno pasado.

Don Modesto no sólo consideraba que lo pertinente era abrir el compás sino que llegaba a afirmar que era más meritorio porque, con el compás abierto, el diestro no podía rectificar si el toro venía vencido. Hecho que no es totalmente cierto pero que caló en los aficionados de la época.

Durante la época de Joselito y Belmonte, se produce el “gran cambio” y el toreo quedó “patas arriba”. En ese contexto, los viejos términos decimonónicos son desplazados por otros nuevos.

Belmonte impone su trilogía de “parar, templar y mandar” que sustituye con acierto a la antigua trilogía decimonónica “citar, cargar y rematar” pues la propuesta belmontista es mucha más adecuada al nuevo toreo que está llegando. Ya no se trata de que el toro pase, sino de que pase alrededor del torero (toreo de reunión que no de expulsión) y además de que lo haga más lentamente que lo había hecho hasta entonces.

Juan Belmonte (Veronica)

1916-03-14 (TyT) Gallito natural

Joselito y Belmonte. Ambos toreaban con el compás abierto como lo hacia Bombita y antes lo había hecho Guerrita. Pero Juan paraba y templaba y José ligaba el toreo en redondo. Importante precisión: Ambos sacan la pierna de salida pero no hacia el frente (de donde viene el toro) sino más bien hacia atrás (hacia donde va el toro).

El toreo en redondo con el compás cerrado fue, poco a poco, cogiendo vuelo pues satisfacía los gustos de los públicos pero la crítica al toreo de pies juntos había hecho mella y se exacerbaría a partir de mediados de los años 20, como reacción de los aficionados al “toreo de parón” que trajeron los diestros de la época.

¡Los tiempos cambian que es una barbaridad! (como hubiera dicho Fernández Salcedo). Y lo que unos años antes se censuraba con acritud (el compás abierto), ahora se elogiaba con desmesura.

1933-05-27 (La Estampa) Villalta en un pase por alto

Don Modesto fue el primero en valorar el toreo de compás abierto no sólo por su estética o su eficacia sino también incluso por su supuesto componente ético. Su consideración (harto discutible) de que el toreo de compás abierto es más meritorio que el toreo a pies juntos o de compás cerrado caló hondo no porque fuera verdad (que no lo es) sino porque se ha repetido con machacona insistencia por todos sus exegetas. Don Modesto, era un crítico muy hiperbólico y desenfadado lo que le daba mucho crédito (¡¿?!) entre los aficionados.

En los años 20, el toreo de parón acabó por decantar el criterio de los aficionados en contra del toreo a pies juntos. La oposición de los aficionados al toreo a pies juntos no tenía justificación pues el toreo estaba cambiando y ya no se toreaba “en ochos” sino “en redondo”, algo que no supieron ver ni ellos ni los críticos más afamados. Como siempre ocurre el cliché (el tópico, la moda) se imponía sobre la realidad (En la foto, Villalta da un pase por alto en el estilo de parón de la época. Fotografía publicada en la Estampa el 27 de mayo de 1933)

Por todo eso, aunque, en los manuales y tratados de tauromaquia, se seguía señalando que la suerte se cargaba con los brazos, ya los aficionados y cronistas taurinos consideraban que la suerte sólo se podía cargar adelantando la pierna de salida, en suma, abriendo el compás.

La pierna contraria se adelanta (Cronica Imparcial 17-05-1931)

Federico M. Alcázar en su Tauromaquia moderna decía que la suerte se cargaba con los brazos pero en las crónicas del Imparcial (periódico en el que escribía) se contaba otra cosa (Reseña del Imparcial de 17 de mayo de 1931)

Como dijo Clarito en una crónica  del Liberal en marzo de 1931, ante la llegada de Domingo Ortega:

“Estamos ante el caso insólito de un mozo de pueblo que se atreve, y no sin cierto éxito, a traer una moda para el toreo de las ciudades. La moda no es siempre cosa nueva. Ya se sabe: van y vuelven. Anteayer falda larga. Ayer falda corta. Y en el toreo, después de una época de “pies juntos”, vuelve ahora este mozo con el compás…

Como en la aparición de toda moda, las exageraciones menudean. Y a veces, se adelanta la pierna como si el compás tuviese por vértice el centro del Estrecho y por apoyo los dos continentes”.

  s.f. Lima Domingo Ortega Pase de pecho

Según Clarito “Las exageraciones menudean. Y a veces se adelanta la pierna como si el compás tuviese por vértice el centro del Estrecho y por apoyo los dos continentes”. En la foto, Domingo Ortega en un pase de pecho con el compás exageradamente abierto.

Después de la guerra y con el toreo vertical de Manolete, las posturas de aficionados, críticos y profesionales se van a radicalizar todavía un poquito más si cabe.

Manolete, torero de la más pura escuela, defenderá y practicará el clasicismo del compás cerrado (adecuado al toreo en redondo que él practicaba) si bien girando el cuerpo hasta colocarse de perfil, desde el cite y no sólo en el embroque, con lo que aporta al toreo de muleta la misma innovación que, al de capote, había aportado su paisano Guerrita.

Coherentemente para Manolete, adelantar la pierna de salida, para ayudarse a expulsar al toro del terreno del toreo, era una “ventaja”.

1947-07-10 Pamplona Manolete al natural 002

Manolete torea al natural, quebrando la cintura y confiando el mando sobre la embestida del toro al juego de sus brazos, Clasicismo puro. La instantánea (que corresponde a la tarde del 10 de julio del año 47 y está sacada del libro la Tauromaquia de Manolete. Vol. VII de Paco Laguno) podría ilustrar perfectamente la definición del pase natural en la tauromaquia de Pepe-Hillo pues no cabe mayor pureza. 

Curiosamente, los aficionados que había aceptado y aceptan la posición del perfil en el toreo de capa no la aceptaron (ni la han aceptado todavía) en el toreo de muleta. Una curiosa contradicción (aunque esta vez relativa).

 

Domingo Ortega, cuya magnífico toreo, personal e intransferible, sale de las capeas castellanas y tiene, por tanto, un marcado cariz defensivo, pues practicaba el toreo de expulsión o “en ochos”, se instituyó, a raíz de su Conferencia (“El arte del toreo”) dictada en 1950 en el Ateneo madrileño, en el principal referente teórico del discurso en pro de la pierna adelantada. Para Ortega, cargar la suerte, entendida como adelantar la pierna de salida, será la pieza clave del toreo de muleta y de capa.

Domingo Ortega Pase de pecho (Foto. Espasa calpe Archivo) 001

Domingo Ortega adelantando la pierna de salida (de froma ya más moderada y convincente) en un pase de pecho. Ortega defendía la norma de adelantar la pierna de salida, en el embroque, como exponente máximo de clasicismo, lo que no es correcto. Adelantar la pierna, como hemos visto, no tiene nada de clásico (pues responde a un concepto defensivo del toreo: el toreo de expulsión o “en ochos”). Algo que ningún historiador taurino ha denunciado con la necesaria contundencia.

Cuando en el toreo actual en ochos, la pierna de salida deba adelantarse, lo correcto, como enseñaba el maestro Cámara, será hacerlo de forma moderada para no expulsar al toro del terreno del torero sino para estrecharse con él y sólo después que el toro haya arrancado (aunque antes de entrar en jurisdicción) pues ahí radica, para algunos y  como hemos dicho, el mérito de la suerte.

 

Un debate semántico

Las discusiones entre aficionados pecan normalmente de falta de rigor histórico. Los términos (como el de cargar la suerte) se sacan de su contexto y, como decía Humpty-Dupty en Alicia en el País de las Maravillas, se les hace decir lo que conviene al que los utiliza.

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Humpty-Dupty a Alicia “Las palabras significan lo que yo quiero que signifiquen porque yo soy el que manda” (Ilustración de Tenniel)..

Para defender el toreo de “pata ‘alante”, se utilizan las citas de las antiguas tauromaquias pero sin profundizar en su sentido original con lo que se las tergiversa y, en cierto modo, manipula. Además, defendemos como clásicas, innovaciones heterodoxas y reputamos como ventajista al toreo puro y ortodoxo. Un galimatías donde al final nadie se aclara.

El cambio operado en el  término “cargar la suerte”, que pasa de significar “sacar los brazos” a significar “sacar las piernas” es, por tanto en el fondo, una cuestión semántica, como muy bien detectó en su día Juan Antonio Polo.

Ese cambio de significado ha sido posible gracias a la riqueza y diversidad de la palabra “cargar”, como me apuntaba, con acierto, Jack Coursier días pasados en un correo privado.

Que la discusión planteada sobre el significado de “cargar la suerte” sea fundamental o principalmente una cuestión semántica, lo demuestra el hecho de que muchas de las reflexiones que sobre ese término se hacen empiezan (o acaban) acudiendo a los diccionarios.

Eso es, exactamente, lo que proponía Jim Verner en un artículo publicado en septiembre de 1999 en “La Divisa” y titulado “How to ‘cargar’ a Tempest in a Teacup” (que traducido –poco literalmente- quiere decir “Como cargar una tempestad en un vaso de agua”).

Jim ha tenido además la gentileza de proporcionarnos (por facebook) un enlace a los diccionarios históricos.

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Diccionario de la lengua de la época de la primera tauromaquia (Este concretamente es de 1803, un año antes)

Si vamos a esos diccionarios (En este caso al Diccionario de la Academia de 1791 que era el vigente cuando se publicó la primera edición de la Tauromaquia de Pepe-Hillo) y buscamos el significado de la palabra cargar (a secas, pues el término cargar la suerte no aparece por ningún lado) nos encontramos ante una diversidad de definiciones.

Lo curioso es que, todos los autores taurinos hasta la fecha se han detenido, sin embargo, en la primera definición del término “cargar”:

Cargar. Poner o echar un peso sobre el hombre, sobre las bestias, carros, naves o cualquier otra cosa” o sobre sus derivados”

Def cargar

Sin embargo, nadie (que sepamos) ha relacionado “cargar la suerte” con otra acepción del Diccionario que, realmente, mejor cuadra (en nuestra opinión) a lo que se estaba definiendo (sacar los brazos hacia afuera para salvar el embroque del toro). Es esta:

Cargarse: Echarse con todo el cuerpo hacia alguna parte”

 Cargarse

Y también se acerca al concepto taurino, esta otra definición que da el Diccionario de Autoridades de 1729:

Cargar a esta o la otra parte

Cargar la suerte sería, en ese sentido, encaminar al toro por otro lado distinto para que deje el que llevaba.

Mientras esta segunda definición cuadra al toreo de brazos (dirigir la embestida con los brazos y el quiebro de cintura); la  primera, cuadra al toreo de piernas, aunque pone el acento no en el movimiento o desplazamiento de estas (dinámica), sino en la distribución de pesos –gravitación- del cuerpo (mecánica). Cuestión esta sobre la que debemos detenernos

 

Cargar la suerte en el siglo XXI

Creo que el primer autor que puso el dedo en la llaga de forma contundente, en esta cuestión del desplazamiento de los pesos, fue Luís Bollaín, quien en su libro “Los dos solos”, donde analiza el toreo de Belmonte y el de Manolete, afirma que:

cargar la suerte es hacer gravitar el peso del cuerpo sobre la pierna de salida”

Para Bollaín, no basta abrir el compás. Si el peso del cuerpo no se desplaza (no se carga) sobre esa pierna de salida, no se estaría cargando la suerte.

Los dos solos pag 51 001

Para Bollaín, no basta con abrir el compás, como hace Antonio Bienvenida (foto de abajo) sino que hay que hacer gravitar el peso del cuerpo sobre la pierna de salida, como hace –no podía ser otro- Juan Belmonte (foto superior)

Esquema Luis Bollaín 001

Geometría Bollainíana. Según Bollaín, el toreo de pies juntos acorta la longitud del pase lo que se supone se demuestra con el gráfico que insertamos (de su libro “Los dos solos”).

La opinión de Bollaín es muy interesante pues coincide con la forma en que los profesionales y los aficionados más avezados entienden actualmente el concepto de cargar la suerte, tal y como nos explicaba Fernando Cámara en la segunda entrega de la serie.

Y es que, desde los años 60 del pasado siglo, el toreo ha vuelto a abrir el compás (moderada o exageradamente) pues así es más fácil “mandar” sobre la embestida del toro y “llevarlo” a donde el torero quiera. El peso del cuerpo, se hace gravitar primero en la pierna del cita para pasarlo después, en el remate, a la pierna de salida, acompañando el recorrido del toro que pasa por delante del cuerpo del torero y no por su costado (como, valga la paradoja, pasaba en el antiguo toreo de frente).

La posición del torero (de sus piernas) permanece invariable desde el cite, como se hace desde Manolete, pero retrasando la pierna de salida, como hacía Guerrita.

manolo Martinez (Historia verdadera) 001

En los 60 el compás se vuelve a abrir, de forma más o menos moderada y la pierna de salida se coloca paralela a la otra o retrasada respecto a la misma, para alargar el pase y darle mayor profundidad y enjundia. En la foto, Manolo Martínez hace precisamente eso y carga la suerte con los brazos y el quiebro de cintura echando el peso del cuerpo sobre la pierna de salida. (El comentario a pie de foto es de José Alameda de su libro “Historia verdadera de la evolución del toreo”)

 

Recapitulando

Si relacionamos lo dicho en estas tres entradas dedicadas al tema de cargar la suerte con las reflexiones hechas en anteriores entradas de este blog sobre el toreo en redondo y el toreo en ochos, podríamos llegar a las siguientes conclusiones.

Definición de Cargar la suerte:

  • Acepción 1ª (Siglo XIX). Desviar la trayectoria del toro sólo con los brazos
  • Acepción 2ª (Siglo XX). Adelantar la pierna de salida
  • Acepción 3ª (Siglo XXI). Hacer gravitar el peso del cuerpo sobre la pierna de salida (se adelante ésta o no).

Tesis primera: Dos modos de torear distintos

El toreo en redondo y el toreo en ochos son dos modos radicalmente distintos y antagónicos de torear. Cada uno de ellos con sus propias normas y reglas (¿cánones?) y con su propia evolución. Lo que es bueno y adecuado en uno de estos modos,  puede ser contraproducente o inadecuado en el otro, como enseñaba el maestro José Alameda. 

Conclusión primera: Los dos modos de torear tienen igual validez

Proponer que sólo es válido uno de estos modos de torear (ya sea el toreo en ochos o el toreo en redondo; ya sea el toreo de compás abierto o el de pies juntos) es una incongruencia y desatino si se atiende a la verdadera historia del toreo (no a la inventada) y supone cercenar por la mitad la riqueza y complejidad históricas de este arte.

Tesis segunda: Cada modo de toreo tiene sus propias reglas o normas

Adelantar la pierna de salida es un mecanismo propio del toreo de expulsión o toreo cambiado o contrario y, por tanto, adecuado cuando se torea “en ochos” (alternando los pitones) como sucede en el toreo a la verónica o cuando se liga un pase natural con un pase cambiado pero es algo inadecuado, a priori, en el toreo en redondo.

En el toreo en redondo, (toreo de reunión o toreo de línea natural) lo correcto es hacer gravitar el peso del cuerpo pasándolo de la pierna de entrada (cite) a la de salida (remate) pero sin menear los pies. En el toreo en redondo, la colocación de perfil y la posición retrasada de la pierna de salida han sido mecanismos recomendados siempre por los grandes teóricos del toreo de todas las épocas.

Conclusión segunda: En un modo de torear, no se deben insertar elementos técnicos ajenos al mismo.

Insertar elementos de un determinado modo de torear (como puede ser el mecanismo de adelantar la pierna de salida propio del toreo en ochos) en el modo de torear opuesto (como es el toreo en redondo) es una incoherencia técnica y estilística y sólo puede producir monstruos taurinos (¿Frankestein?).

Reflexión final (en voz alta)

La confusión sobre los mecanismos técnicos del toreo que existe hoy día, genera un batiburrillo de difícil digestión. Además la intransigencia de los aficionados más radicales, sobre estos temas, es un error de bulto que parece difícil de corregir.

La situación no es nueva pues los aficionados casi nunca hemos ayudado a la evolución de la fiesta, labor asumida, casi en exclusiva, por toreros y públicos. Al contrario, nuestra defensa de los cánones (erróneos o mixtificados las más de las veces) se ha convertido precisamente en el principal freno de cualquier innovación.

A este respecto, es sintomática la situación actual en la plaza de Madrid, cuyo sector más radical alborota y altera (con el rigor del iluminado perteneciente a cualquier secta religiosa) el orden normal de la lidia en la defensa de unas normas y códigos mixtificados y abstrusos que a nada conducen.

Los aficionados, sin embargo, deberíamos ser capaces de entender cabalmente la historia completa de la fiesta (que es mucho más rica -en matices y variantes- de lo que el reduccionismo imperante nos quiere decir).

También se podría admitir (en cierto modo y sólo hasta cierto punto)que velásemos por mantener la coherencia intrínseca (¿pureza?) de cada modo de torear, señalando y explicando según nuestro leal saber y entender (sin acritud ni estridencias y, desde luego, nunca dentro de la plaza) las desviaciones que –a nuestro entender- se produzcan.

Lo contrario de lo que solemos hacer.

 1920-05-21 (p) Nuevo Mundo Joselito en Barcelona 03

Preconizar, un único modo de torear, es incongruente y va contra la historia misma del toreo.

En la foto, Joselito el Gallo, el torero con mayor capacidad de adaptación a los distintos y diversos modos de torear y también uno de los diestros más innovadores de la historia (lo que no entendieron –como era previsible- los aficionados de su época), en Barcelona el 21 de mayo de 1920 (Fotografía publicada en Nuevo Mundo)

 Cargar la suerte. Bibliografía recomendada

Menciones.

Vaya por delante mi agradecimiento previo a Juan Antonio Polo y Fernando Cámara por sus dos magníficas entradas sobre este tema.

Esta última entrega no hubiera sido posible sin aquellos lectores y amigos que han colaborado con sus comentarios a pie de página a los que creo de justicia citar aquí pues sus ideas han servido para ordenar y precisar las mías.

Entre los lectores,  tengo que agradecer y citar, en primer lugar, a Gil de O., gran aficionado y ya buen amigo, por sus constantes, extensas e intensas reflexiones sobre el toreo. Sus continuas aportaciones a este blog, con su experiencia y conocimientos, son siempre valiosas y bien recibidas. Como valiosas y bien recibidas son las opiniones de Alberto Marcos Morante; El Chacho; Abel Frías Mazueco; Paolo; Alberto Franco; Francisco Butler y Vazqueño que han realizado comentarios a las dos entradas anteriores.

También debo agradecer a quienes han aportado sus opiniones sobre este tema mediante mail o facebook como Jack Coursier, Félix Rubio, Joseph Allen y, especialmente a Luís Miguel López-Rojas (con quien tengo afinidad total en cuestiones y criterios taurinos) y Gastón Ramírez Cuevas (con quien sostengo el más cordial y divertido contraste de pareceres que pueda uno imaginar).

Finalmente, quiero mencionar también a aquellos anónimos (o pseudo-anónimos) que, cual los toros complicados, nos obligan día tras día, a afinar y afilar el lápiz.